Archivo | 3 abril, 2012

La cuestión de las imágenes


              Todos los años, cuando llega la Semana Santa y veo una imagen detrás de otra, ricamente adornadas, a veces excesivamente, surge en mí la misma reflexión. ¿A quíen se le tiene la devoción, a Dios y a la Virgen o a sus representaciónes?. Que nadie piense que la respuesta es fácil, pues esta cuestión llevó a una guerra abierta entre la Iglesia de Roma y la de Bizancio, que supuso a la larga, la ruptura absoluta entre las dos ramas principales de la Iglesia cristiana. Existe otra iglesia , muy santa también, defensora de la misma Fe en Jesucristo y que suele ser conocida como iglesia ortodoxa.

              Aunque no muchos lo conozcan, existe un patriarca, tan antiguo como el Papa de Roma y con la misma categoría ecuménica, que es el Patriarca de Constantinopla, con el título de “primero entre iguales”. La prevalencia del Papa de romano, su doctrina de la infalibilidad pontificia, son en realidad,  casi una herejía doctrinal, inaceptable para el resto de las iglesias cristianas, a saber:   El Patriarca de Antioquía,  el Patriarca de Jerusalén,  el Patriarca de Moscú y de todas las Rusias, el Patriarca católico de Georgia,  el Patriarca de Serbia, el de Rumania, el de Bulgaria, el arzobispo de Chipre, de Atenas y de toda Grecia; el metropolitano de Polonia, el metropolitano de Praga y de toda Bohemia, y el arzobispo de Nueva York y de Norteamérica. 

       En toda la iglesia cristiana ortodoxa de Oriente no existe una sola imagen en volumen de Jusucristo, de la Virgen o de ninguno de sus santos. La Virgen no ostenta título alguno, salvo el de María Teótokos (madre de Dios). Es más, el 90 % del santoral romano no es ni siquiera aceptado por ninguna de las iglesias de Oriente. Desde que viajé a Grecia en 1998 y ví las iglesias ortodoxas, llenas de iconos y de velas, tuve la sensación íntima de que si alguien está más cerca de la herejía y casi de la idolatría, es la iglesia de Roma. La lucha entre iconódulos (partidarios de las imágenes) y los iconoclastas (defensensores de su eliminación), tuvo su abanderado más célebre en el emperador Bizantino León III el isaurio, en el siglo VIII. Dicen también que Constantinopla cayó abatida por sus inmumerables pecados, que siempre pesan más que las virtudes, que también fueron muchas.

         El mandato del Padre fue claro: “No haréis imagen alguna ni la adoraréis”. Y Jesucristo dijo: “No he venido a abolir la Ley del Padre, si no a hacerla cumplir”. La cuestión no es fácil y sigue abierta.  Aparte de la cuestión de las imágenes, existen otras diferencias doctrinales importantes. En las iglesias de Oriente no se acepta el dogma de la Inmaculada Concepción, ni la Asunción de la Virgen. Solo conmemoran “la dormición” de La Virgen. Muchas de las basílicas de Oriente llevan ese título, el de “la dormición”. Si alguien me preguntase de qué posición me siento más próximo, diría sin dudar  que del de la cristiandad ortodoxa, más allá de la falta y debilidad  de mi Fe, en el sentido tradicional y romano del término.

             También reconozco la belleza de las imágenes y de la hermosa estética de muchas procesiones, e indudablemente, existe una manifestación de Fe real en ellas. Solo quiero decir que nunca hay una única visión,  y que Roma no es toda la cristiandad, ni su visión es única y excluyente.

              Nota: Web del Patriarcado de Constantinopla. http://www.patriarchate.org/index

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