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Campos de Melilla


                   Este campo de espigas de cebada está por debajo de la pista del aeropuerto, en su lado sur y por debajo del barranco de Alfonso XIII. Es el último vestigio de un pasado de huertas, antes de la invasión del cemento  y de su gris uniformidad. Desaparecen las tonalidades y el contacto con la naturaleza. El imperio gris parece incluso anular la voluntad de resistencia. Esta zona se correspondería con la antigua huerta de La Abastecedora de Alhucemas; un poco más hacia abajo estaría la huerta de Caballería.

                           El primer día hacía viento y el campo de espigas aparece mecido y ondulante, el segundo no, y las espigas aparecen enhiestas. El silencio y la calma reinantes eran iguales ambos días. El bullicio de la ciudad y del tráfico están a poca distancia, pero suficiente.

                            Trigo y cizaña crecen siempre juntos, por mucho cuidado que se tenga en la siembra del campo. No es posible distinguir una planta de otra a simple vista, salvo para los ojos del experto. Solo en el proceso final, en el de la criba, es posible separar ambos granos mediante un tamiz calibrado, pues el grano de la cizaña es más pequeño y cae al suelo.

                           Mayo está a las puertas, mes de labradores. Debe ser un mes caliente y lluvioso a la vez, pero justo hasta su mitad: San Isidro labrador, quita el agua y saca el Sol. Mayo está cerca y será un mes importante, igual que el de hace cuatro años, en el que, de la nada, fue creado El Alminar.

                             El campo de la victoria y el de la derrota es el mismo para los contendientes. Tras la lucha solo queda la paz y el silencio, como testigos mudos de los sucedido. Después,  todo cambia, en uno u otro sentido.

Obras, baches y mentiras de vídeo


 Melilla, estado: en obras

          No es cierto que sea por nuestro bien, ni por mejorar la ciudad. Aguantar y salir indemne de este estado permanente de obras es poco menos que un triunfo. En cualquier lugar, en cualquier circunstancia espera el bache, la zanja o el socavón. Las obras se eternizan, no se cumple plazo alguno, se encadenan en una falta de coordinación absoluta entre las consejerías. El barrio del Industrial, el del Hipódromo, el del Real, el de La Victoria, y la zona Centro fueron reventadas hace no más de cuatro años para introducir en el suelo gigantesca tuberías de saneamiento. Ahora vuelven a introducirse otras, pero no sabemos si son para sustituir las anteriores, reparar algunas, o es porque éstas son nuevas. Los obras nuevas se confunden con las reparaciones y con las averías.

       Si todo fuese por nuestro bien, se coordinarían la obras, y no se esperarían a los seis meses previos a las elecciones para llevarlas todas a cabo, mediante la presentación de vídeos idealizados, que parecen ser de una ciudad distinta a la que padecemos a diario.

      Melilla parece una ciudad bombardeada. Son las mismas obras siempre, en los mismos lugares, o por sorpresa. Las reparaciones llegan tras las obras acabadas, el pavimento está reventado, mezclado el cemento con el asfalto, llenos de costurones, con placas fragmentadas y hundidas. Al igual que en el cuanto des sastre y el rey, ya solo es él, el único que ve su propio vestido. Ya nada se corresponde con la propaganda.