La garza solitaria


 

              En el parque forestal de Melilla, aparte de la decoración vegetal, ya no hay fauna animal. Las carpas desaparecieron hace tiempo, porque no se podía mantener la oxigenación del agua. Los dos estanques están yermos de vida. Apenas resiste alguna tortuga. En otro tiempo también existieron las ranas, pero provocaban molestias a los vecinos con su croar. No hay ningún especie animal que evite la proliferación de los mosquitos de aguas turbias. Antaño también se dejaban ver los murciélagos por estos lares, pero tampoco quedan. El mundo animal huye de la deforestación sintética.

          Es el parque forestal con superpoblación de nombres (Rey Juan Carlos, Felipe VI, habitación Gloria Fuertes, y centro de interpretación de la naturaleza Ramón Gavilán). Hay algo que no se entiende y es por qué este último nombre tiene dos lugares dedicados en Melilla, uno de ello, y recientemente, la Universidad a Distancia.

           En este tipo de naturaleza poco hay que interpretar. El parque es realmente un solarium, por no escribir secarral, en donde la fauna no resiste, como los pobres y ya extintos mapaches, de los que dimos cuenta hace no mucho tiempo. Los burros si aguantan y las acémilas, junto con la vaca y las siempre inquietantes cabras, pero nada más.

       Aquí no hay nada que pescar, parece pensar la garza y es cierto. No hay nada que llevarse al pico. Pese a toda la lluvia caída, no hay sensación de verdor, ni frondosidad vegetal, ni siquiera sensación de ambiente fresco. El calor y la estación seca se acercan de modo inexorable. Todo es un decorado, debajo de la tierra pardusca, hay una manta o tela que impide la proliferación de la vegetación. Incluso los álamos de la zona alta parecen estar secándose. Son árboles que proporcionan abundante sombra, pero necesitan mucha agua o la proximidad de un río. Nada de eso hay aquí. Solo la garza solitaria.

 

 

Una carretera estratégica


  Preferencia de paso para carros de combate

     La carretera de circunvalación es una carretera estratégica, esto quiere decir que se adapta a la orografía del terreno, de hecho se construyó sin puentes y respetando los badenes de los arroyos, lo que la convertía en inundable. También se la llama carretera perimetral.

      En un tiempo, un consejero de Fomento, cuando se inauguró el tramo de carretera del polvorín de Horcas, llegó a decir que gracias a esa obra: «los camiones de gran tonelaje podrían ir desde el puerto hasta la frontera sin necesidad de atravesar el centro de la ciudad». Era una frase hueca, una fantasmada, porque el acceso a la carretera por encima de la plante incineradora es casi inaccesible a los camiones de gran tonelaje. Además, las rampas de la zona del barranco del Nano son impracticables para camiones y exigirían la construcción de rampas de frenado.

       El problema ahora es que la carretera perimetral, de circunvalación o ML 101, es inaccesible entre martes y jueves debido a la ocupación de la misma por los coches del comercio atípico o contrabando. Ya hemos calculado que desde el domingo por la tarde, se empiezan a asentar en la misma una media de 200 vehículos por kilómetro, y llegan a ocupar más de dos kilómetros de su trazado.

       Por si fueran pocas estas dificultades, es una vía estratégica, adaptada a las necesidades de la Defensa Nacional, y por parte de su recorrido es normal encontrarse con vehículos militares Humvee multi-propósito, en sus patrullas tácticas, o incluso con carros de combate, como el que obligó a detener el tráfico atípico para permitir su paso por la vaguada del arroyo de Farhana.

       Puesto a pedir, no puede haber mayor  emoción en un campo de golf que la que ofrece el de Melilla, junto a ejercicios tácticos, saltos a la valla, o aterrizaje de aviones.

        Nota:https://elalminardemelilla.com/2015/04/07/una-carretera-en-las-nubes/

Última imagen de un árbol


        La última imagen de este árbol junto al mercado del Real fue tomada hace un año, en mayo de 2017. La poda constante y total, año tras año, echa a perder la solidez del árbol, sus ramas principales y seca sus troncos. El árbol pierde luego su resistencia frente a los vendavales. El terreno sobre el que se asientan es también muy importante, para que se enraícen y se agarren con firmeza al suelo.

       En esa última imagen una solitaria hoja verde parecía pedir auxilio. Era su último soplo vital.  Si no lo hubiésemos fotografiado no podríamos mostrarlo. Ha pasado un año desde esa fotografía y el árbol ya solo es leña y un vago recuerdo que termina disolviéndose. En su lugar, y a modo de expiación han instalado allí unos macetones, pero nada podrá sustituir al árbol que estuvo allí desde siempre. Sus congéneres del otro lado de la calle, o de la acera de enfrente no están en mucho mejor estado.

      Ha costado mucho recuperar esa imagen, perdida entre otros tanto miles. En solo tres día El Alminar llegará a su 7º aniversario. Durante años vimos árboles tapados en las calles del barrio del Hipódromo. Eran laureles y constituían un misterio. Aquello ocurrió en los dos primeros años del Alminar. Hoy nada queda de aquellos árboles, que eran laureles. Nada sabemos de qué problema tenían, cuál era el motivo por el que se tapaban, ni de por qué finalmente han desaparecido.

        Si no lo hubiésemos escrito y  fotografiado en aquel tiempo, no existiría el recuerdo, ni la constatación del hecho. En aquel momento parecía hasta absurdo escribir o fijarse en algo que parecía no tener sentido, y sobre todo seguir insistiendo en ello. Han pasado los años, el blog sigue aquí, y con él la memoria escrita y visual. Es la única manera de fijar las cosas y tener conexión con el pasado. Hubo hasta algún comentarista que decía que eran laureles venenosos o tóxicos.

        Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/02/03/los-arboles-tapados-del-hipodromo/

Cuando Melilla fue Mesopotamia


                «Abril que termina lloviendo, a mayo llama riendo». Los refranes y dichos populares de los agricultores hacen constantes referencias a las lluvias de este mes, y tambien a cambiante climatología.  Toda la lluvia de este mes es buena, y sobre todo, si continúan  en mayo, para que junio y el verano no sean demasiado secos, porque el tiempo del calor es largo, y luego se echan de menos las tardes frescas, que no frías de abril.

              «El abril de las aguas mil, si no al principio, al fín» y esto es lo que ha ocurrido en este final de mes en Melilla, en el que hemos vuelto a ver los cauces del río de Oro y sus afluentes,  los arroyos de Mezquita y Farhana llenos de agua. ¿Cómo fue la comarca de Melilla en el pasado remoto, cuáles eran sus nombres?. No lo podemos saber porque no hay registros, y los castellanos cuando llegaron a la región renombraron todo lo que encontraron. Los geógrafos que visitaron la ciudad como El Brekri, no aportaron nombres para la historia.

             Mesopotamia significa «entre ríos» y esa definición sería la más adecuada para describir el territorio melillense como enclave neolítico africano o mauritano. Una serie de colinas ya muy rebajadas o casi desaparecidas, y una cuenca fluvial de arroyos y torrentes con el río de Oro como cauce principal.

             La comarca de Melilla está formada por diversos accidentes geográficos, entre los que destacan sus cerros (Camellos, Cabrerizas, Horcas, Sidi Ouarich), la meseta de Beni Chicar, de la que Rostrogordo es la parte melillense y grandes barrancos de roca caliza, incapaces de retener el agua por sí mismos, situados la mayor parte de ellos  en la margen izquierda del río (Nano, Hidúm, Cabrerizas, Horcas y Carmen). Los habitantes neolíticos tendrían que situarse en las zonas altas de los cerros, junto a embalses naturales, en donde el suelo compuesto de arcillas y limos impermeabilizase el terreno y formase pequeñas balsas de agua.

              Todos esos depósitos conformaban un terreno muy fértil y de arenas rojas, distinguibles en las obras actuales del barrio del Real, a ambos lados del cauce antiguo del Mezquita, con cabecera y desembocadura propias. El arroyo que procede de Farhana, es el principal afluente del río de Oro en su margen derecha.

                 Los más de 70 litros por m² caídos durante los días 25 y 26 de abril han vuelto a hacer circular el agua por los secos y sucios cauces de la comarca de Melilla.

 

 

Filtraciones en el «aparcamiento magno»


                               El agua se filtra en Isla de Talleres

         El agua siempre se filtra. Esto lo aprendí en curso online sobre construcción de presas de la Universidad Politécnica de Madrid. Por este motivo no se puede edificar presas sobre rocas calizas, porque no retienen el agua. Existen varios errores así en la geografía nacional. Por ello hay que buscar suelos impermeables, o impermeabilizar los materiales. Todas las presas tienen en su interior filtros y drenes que desalojan el agua por debajo del núcleo central impermeable o del muro pantalla, porque el agua siempre se filtra. Esto es lo que está ocurriendo en Isla de Talleres, en la planta subterránea tercera de su aparcamiento.

          Nada de esto nos importaría si la Ciudad Autónoma de Melilla no hubiese invertido aquí 14 millones de euros en la compra de 707 plazas de aparcamiento, que apenas se utilizan, y de las que una cantidad apreciable, casi un 10%, son de tamaños demasiado reducidos para los vehículos actuales, o por estar delimitadas por un número excesivo de columnas. Esto es lógico porque en realidad se trata de la sustentación de las otras plantas y del edificio que hay encima.

        La planta s3, de color verde,  casi nunca se utiliza y solo se abre en casos excepcionales como durante la celebración de la Carrera Africa de La Legión, o en épocas festivas, en las que se prevé una mayor afluencia de público al centro urbano. Claro que en un Gobierno Local que dice apostar por el transporte público (aunque le ponga cada vez más obstáculos en su recorrido), las rutas pedestres, o el uso de medios alternativos como la bicicleta, y que obstaculiza a diario el acceso al centro de la ciudad en coche; no resulta congruente que  gaste esa desmesurada cantidad de dinero en unas plazas de aparcamiento, que a todas luces son excesivas. Parece más bien una subvención encubierta a una  empresa constructora. Las plazas de garage no se utilizan, porque pese a las campañas en contra, el vehículo solo se utiliza en Melilla cuando es necesario. Desde el sábado a medio día hasta el lunes a primera hora, Melilla es una ciudad casi sin coches.

            Lo que resulta sorprendente, es que estas dos plantas que vemos, sean solo una cuarta parte de las 3200 que existe y que se encuentran en no se sabe qué lugar. Quizá cerca del infierno, aunque esas son privadas y no nos interesan. El caso es que la mitad de las plazas públicas de aparcamiento se encuentran en una planta en que la humedad y el agua ya han aparecido. Al no utilizarse, no funcionan los extractores de aire y el ambiente es muy denso y cargado de humedad. La planta parece un gigantesco y deshabitado condensador de agua. Afortunadamente la iluminación de la planta es verde, porque si hubiesen escogido el naranja, parecería la mismísima entrada del averno. Ahora parece una pecera o un acuario.

 

 

 

Historias del amianto


                                Los grandes molinos de Melilla

       Instalaron el amianto sin que supiéramos lo que era, amparados en la impunidad del franquismo. Escondieron su peligrosidad letal bajo distintos nombres y convivimos con este material durante décadas, de hecho lo seguimos haciendo. Sigue a nuestro lado pero ahora lo empezamos a ver, descubrir y detectar. En toda esta historia hay una parte que no es inocente; la de los productores y distribuidores, en el caso de España la familia March. Ellos sí sabían con qué clase de material se enfrentaban y su peligro. Los que pagaron un precio muy directo fueron los trabajadores y sus familias.

       Los grandes molinos de Melilla nos han acompañado durante muchas décadas, están dentro de la huella aérea de la pista de despegue del aeropuerto de Melilla, junto a la cabecera 33 de la pista de aterrizaje. También lo está la urbanización La Araucaria. Oficialmente no influyen en la maniobra de aproximación al aeropuerto, pero en nuestra ciudad no hay problemas con las licencias urbanísticas.

       Los silos en donde se elaboraba la harina son de hormigón, sin embargo las cubiertas de las naves de almacenaje, y las de la cinta transportadora del grano, sí son de uralita. Las placas de uralita no representan un peligro directo, salvo que estén fuera del periodo de vida útil, cumplido en 1990, que es cuando empieza su degradación superficial. En todo este tiempo hemos observado un detalle nuevo, y es que la sujeción de las placas a las vigas metálicas, se realizaba mediante miles de perforaciones (justo lo que no debía hacerse), que las anclaban a su sujeción. Esto quiere decir que millones de partículas de fibrocemento fueron directas al medio ambiente. Hoy en día es uno de los puntos de degradación de las placas, pues se trata del lugar en el que el material está fracturado.

                          Las familias humildes que convivieron frente al amianto

          Con las familias pobres y humildes no suele haber demasiadas consideraciones, no se les cierra la calle por las noches para que no les molesten el tráfico rodado. El grupo de viviendas sociales de la calle Luis de Ostáriz, procedentes de las extintas barriadas de Primo de Rivera, García Valiño y Conguitos, han convivido sin saberlo con el amianto en sus mismas inmediaciones. Se trataba de toda la techumbre de la antigua lavandería del Hospital Militar de Melilla, y que ha sido retirada en los últimos tres meses. No dimos la alerta porque no tenía sentido crear alarma social con algo que ya iba a ser retirado, como así ha sido.

          Lo que parece una irresponsabilidad grave es no haber retirado ese material, en el momento de ser habitadas las nuevas viviendas, allá por la década de 1990. No se sabe el comportamiento epidemiológico de las fibrilas que se liberan en las placas de uralitas degradadas.

El lugar de las cosas inservibles


                          La mujer desnuda, la vaca y la fuente

           No hay estatuas de mujeres en las calles y plazas de Melilla. Todas están dedicadas a varones y salvo Lope de Vega, todos las demás son de acontecimientos militares. Solo hay un híbrido entre mujer y victoria alada que se supone representa a la duquesa de la Victoria. La otra imagen femenina es una mujer desnuda y  no sabemos muy bien qué representa. La escultura está situada en el pequeño jardín de la Viceconsejería de Festejos, en las dependencias anexas al Auditorium Carvajal. La escultura no tiene firma alguna, año de elaboración o leyenda con su motivo de composición. La vimos por primera vez en julio de 2014.

             Hace tres años la escultura estaba sola, hoy tiene a un  lado una vaca pintada de Valdivieso, el artista y politico juvenil del partido popular, que prometió acabar con el modo de gobierno conocido como «imbrodismo», y que consiguió tres espléndidos reportajes en la ya desaparecida revista Interviu. Melilla se llenó de vacas pintadas de colores que luego fueron desapareciendo, al mismo ritmo que la publicación de los reportajes. De todo aquello no queda nada, solo un recuerdo que se va difuminando con el tiempo.

            La estatua de la mujer sigue en el mismo lugar, afortunadamente, pero ahora acompañada de una vaca y de una fuente procedente de algún otro lugar que ya nadie recuerda ya. Ahora constituye el entorno más kitsch de toda la ciudad de Melilla. Es imposible saber cuál es el sentido de esa extraña composición, que no puede llamarse artística. Es una acumulación de cachivaches que podría incrementarse en el futuro.

             La ciudad se está llenando de estatuas de demonios, como la de Crono, de aviadores en tamaños ciclópeos, de hélices de avión, de cañones y de otros elementos igualmente extraños. Nadie entiende esta nueva política monumental.

       Nota:https://elalminardemelilla.com/2014/07/04/escultura-de-una-mujer-desnuda/