Archivo mensual: noviembre 2020

Úbeda la capital del Sur


Úbeda, la ciudad de las cúpulas

En Úbeda murió desterrado San Juan de la Cruz, el más grande místico de la historia, un 14 de diciembre de 1591. El granadino Antonio Enrique, fue el tercer ganador del Premio de Poesía Ciudad de Melilla, en el año 1981, con una obra titulada La ciudad de las Cúpulas (La nostalgia en Úbeda). En la actualidad reside en Guadix

La Ciudad de las Cúpulas y de las Mezquitas, es el espacio pictórico idealizado de Carlos Baeza, el gran artista contemporáneo melillense. Un pintor y dibujante a la altura de Vicente Maeso. Melilla no es solo fuente de grandes escritores y poetas, sino también de artistas, que de modo casi mágico, confluyen en un mismo espacio, ya sea físico o recreado. Otro melillense, Juan López Merino, es el autor del monumento más bello de la ciudad, el dedicado a los Héroes y mártires de las campañas de África, sito en la Plaza de España. Todos coinciden, de alguna manera u otra en Melilla, la Ciudad de las Cúpulas. Sin embargo, salvo en el caso de Maeso y de Mustafa Arruf, no hay más artistas melillenses en el callejero de la ciudad. Una deficiencia a corregir, en un nomenclátor que precisa de una urgente expurgación.

Hemos cubierto a pasos agigantados la brecha existente en El Alminar, con respecto a los(as autores/as melillenses, y su premio internacional de Poesía. Y como en un carrusel, unas cosas nos han llevando hastaa otras. El último redescubrimiento es la obra premiada de Antonio Enrique, dedicada a la bellísima ciudad de Úbeda, perteneciente a una provincia, Jaén, en donde al menos dos veces se ha decidido el destino de España; Las Navas de Tolosa en 1212, y Bailén en 1808. Una curiosa repetición de cifras en las efemérides, y en la que sumando las tres últimas de Bailén, a la de Las Navas, nos ofrece el número 2020. Hemos estado en todas esas localidades, incluida Úbeda, pero ahora todas confluyen aquí, en el año indicado por ellas.

Úbeda fue una de las tres capitales del Sur, junto con Sevilla y Córdoba, conquistadas todas en la campaña de Fernando III, el santo. En esa posición se mantuvo hasta que le llegó la inevitable hora de la decadencia, en el siglo XVI, cuando la conquista del Reino de Granada desplazó la estratégica posición geográfica de la que disfrutaba. Ese pasado esplendoroso es el que evoca en su nostalgia, el poeta premiado, en una obra que parece más prosaica que poética. Abigarrada de imágenes, de historias, de descripciones y de la omnipresente nostalgia.

La piedra como papiro del tiempo. Úbeda doncella evocadora. Úbeda la de las mil cúpulas. Úbeda princesa y Dama. Úbeda, bañada por el Guadalquivir, solitaria y de esplendor remoto. Úbeda y la cúpula de la iglesia del Salvador del Mundo.

Sobre el olivar, se vio la lechuza volar y volar. Campo, campo, campo. Entre los olivos, los cortijos blancos. Y la encina negra ,a medio camino de Úbeda a Baeza. Antonio Machado

Y como colofón, cerrando el círculo, en un final inesperado, un libro esperaba entre los anaqueles, el de Antonio Enrique y su nostalgia de Baeza, con una especial dedicatoria de un padre a su hija: Para Malale, con todo el cariño de papá. Ricardo. Melilla (09/04/1984)

Miré los muros


La poesía no nos abandona, ni siquiera para escribir sobre ruinas. Han pasado ya un año desde que fotografiáramos por primera vez los muros aparecidos por encima de la puerta de la Alafía, aunque la zona es conocida como alcazaba.

Apareció un complejo entramado de muros y de cercas, que rápidamente se identificaron con el desaparecido fuerte de Santiago, que sin embargo debía situarse algo más arriba, tal y como reconocieron en el mismo momento del hallazgo: el exconsejero argumentó que en el proyecto de reforma de este espacio se contempla señalar dónde están los pilares de este fuerte. Pero hace un par de días se encontró una parte importante del muro y tiene “un valor histórico mayor”. “Esto tiene que ser incorporado al patrimonio histórico de Melilla”, indicó Quevedo que señaló que se ha encontrado más al sur de lo previsto (EFdM 19/06/2019).

Que fuese el de Santiago o el de cualquier otro santo da igual, el caso es que todo se asienta sobre algo anterior, y que lo visto y fotografiado en septiembre de 2019, es solo una leve sombra de lo conservado. No parece ni lo mismo, aunque pronto la vegetación y el césped cubrirá todo. No hay nada identificado ni ninguna información al paseante, porque nadie que se precie puede datar a qué corresponde esos exiguos restos que se han dejado como testimonio. No parecen ni lo mismo.

Un plano de la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) señala la existencia o presencia de un fuerte en la zona, pero no la existencia del Rosario o Victoria Chica, por lo que la imagen de Melilla que muestra se corresponde con la inmediatamente anterior a la conquista del cerro del Cubo (1734). El final del siglo XVII fue muy crítico para la historia de la ciudad y los informes salidos de la ciudad hablaban claramente del riesgo de su pérdida completa.

Con lo que pueden y con los materiales disponibles, que eran escasos, modifican, componen y pergeñan nuevas fortificaciones o recomponen las existentes. Que ahí existió un fuerte es obvio, pero que se hizo sobre o con los materiales de algún muro, muralla o edificación anterior, también. Las fotografías muestran trazas de cercas de muy distinta composición. Construir sobre algo existente, hace que también sirva de cimentación y aumente la resistencia de lo edificado.

19 de noviembre, aniversario de la ocupación del cerro del Cubo*

Siendo gobernador de Melilla don Antonio Villalba y Angulo, el 19 de noviembre de 1734, sin disparar un solo tiro y sin lucha de ninguna clase, se ocupó el cerro o altura del Cubo, en una situación crítica. Sin ese hecho, y sin el concurso del ingeniero don Juan Martín Zermeño, que reorganizó las defensas de esa zona y planteó la edificación de las nuevas.

Sin nada de esto, no hubiese habido nada que legar al futuro, de ahí la importancia de haber estudiado la zona en condiciones. Esperaremos próximas oportunidades.

Nota: *Joaquín Rodríguez Puget; Ensayo sobre la evolución del cuarto recinto.

Mujeres escritoras de poesía


Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla

Con un solo comentario, la poeta y escritora Encarna León, descubrió una importante falla en El Alminar. En una década no hemos escrito nada del Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla. Esto es algo que queda solucionado aquí mismo. Este premio es una parte muy importante de la cultura de la ciudad desde 1979. También nos señaló un error que corregimos: El premio ha sido ganado en dos ocasiones por poetas melillenses (Miguel Fernández,1982; y Antonio Abad, 1986) pero por ninguna mujer melillense. Solo Josela Maturana (2000) y Elena Fernández (2012), han sido las únicas poetas melillenses en alcanzar el galardón de obra finalista. En el caso de la primera poeta, esto se produce al año siguiente de obtener el premio de Poesía Carmen Conde (1999), convocado por la editorial Torremozas, desde 1984.

El premio de poesía de Melilla cuenta con una colección propia, RUSADIR, que edita tanto la obra ganadora como la finalista. En una primera etapa se denominó como Premio de Poesía Ciudad de Melilla, que años más tarde fue elevado a la categoría de Internacional. En el año 2003 se conmemoró la XXV Edición, con una publicación antológica que corrió a cargo del profesor y gran impulsor del mismo, José Luis Fernández de la Torre. En las obras consultadas de las autoras melillenses, se percibe la influencia redaccional de Miguel Fernández . Esto es algo que el profesor Fernández de la Torre le señalará a Encarna León en su prolijo estudio sobre su obra poética, en concreto a la hora de enfocar Sobre cristal desnudo (1994): No resulta fácil presentar estos poemas o series de Encarna León, pues se quieren homenaje y rememoración de Miguel Fernández. Intentar animar a los posibles lectores y decir que sobre cristal desnudo es una invitación a la lectura de otros títulos y obras o poemas resulta utópico o imposible.

Encarna León resulta más cercana cuanto más se acerca a sí misma y se desprende de otros aditamentos, ya heredados o alcanzados en su extensa y no completa obra. Y como dato aportado por ella misma y de modo quizá inconsciente, nos refiere esta anécdota del más grande escritor melillense, Fernando Arrabal, quien se ve a sí mismo como un Mesías de las letras, en postal que él mismo me enviara. En la dedicatoria que le firmara, escribe: “Para R. y Encarnita esperando que se libere y venga a pasar unas vacaciones conmigo en Hawai“. Lo que viene a ser una reinterpretación del pasaje evangélico: ¡Señor! ¿Qué tengo que hacer para salvarme?. ¡Deja todo lo que tienes y sígueme. Fernando Arrabal le pide a Encarna León que se libere de sus ataduras y le siga, al Olimpo de las Letras, en donde él habita.

Camino de Soledad

Camino de soledad tengo a mi paso y un estallido de brumas sin fin, quiebra mi voz. Cierro mis ojos porque mirar no puedo allá.

Adormecido el corazón se queda luego, insensible al tiempo y al espacio gris que me acongoja inesperadamente solo.

Josela Maturana, la obra finalista (2000)

Josela Maturana es la primera mujer que se acercó al Premio de Poesía Ciudad de Melilla, en el primer año del tercer milenio. Es una escritora con mucho oficio, que también ha escrito obras de compromiso social, como El rapto de las Sabinas: Mujer y analfabetismo. Para muchos, en entre los que nos incluimos, esta nativa melillense saltó al imaginario público cuando sustituyó en el callejero al invicto general Moscardó, héroe del Alcázar de Toledo.

El trabajo con el que obtuvo el reconocimiento como finalista lleva por título: La soledad y el mundo.

Yo he buscado esas rutas en las cartas del tiempo, bajo las nubes pardas, predicciones y envíos, señales en la noche, y he mirado a los hombre que vagan en el borde como propio destierro sin encontrar mi nombre, una huella o un rastro de clara compañía.

En las autopistas una especie transita rurales desvaríos, atajos industriales, meridiano profundo circundando al hombre fuera de toda aldea, de asilo refugiado a donde va el retorno y les acompaño.

Nota: En el anterior artículo sobre mujeres poetas, se originó un debate sobre el término poetisas, que hemos resuelto con esta fórmula empleada en el premio Carmen Conde, convocado para mujeres escritoras de poesía.

Hospital, el avance de las obras


El hospital estaba abandonado y vacío, y solo las gaviotas anidaban entre sus salas. Así fue un año tras otro. Mientras tanto, lo viejo convivió con lo nuevo, y solo al séptimo se reiniciaron las obras. Eso sí, hubo que empezar desde el principio. ¿Hubiese sido todo diferente de haber estado en marcha? Seguro que sí, y no hubiésemos pasado esta zozobra.

La buena política no es la que actúa cuando los hechos ocurren, si no aquella que los prevé antes de que sucedan. La población de Melilla crecía y crecía y los recursos e infraestructuras eran los mismos, e incluso se paralizaron algunos que ya estaban en marcha, como las obras del nuevo hospital. Así lo que se proyectó por 41 millones de euros, acabará costando 90 y todo porque en una obra en ejecución, se quiso introducir una “modificación abusiva”, como al final acabaron dictaminando los tribunales.

Así sucedió que mientras se paralizaba una construcción, también se socavaban los cimientos de la sanidad pública y sus prestaciones, mientras que proliferaron las consultas y micro clínicas privadas. Porque descubrieron, que la gente paga por su salud, como es lógico. El daño de la pandemia ha sido mayor, porque han confluido la disminución de recursos para el sistema sanitario durante una década, y también un mala gestión y derroche durante ese mismo tiempo. Descubrieron también que los funcionarios y trabajadores sanitarios siguen trabajando, aunque sea en condiciones pésimas y de saturación total.

Así pues, llegó la pandemia y pilló a todo el Estado, incluidas sus Autonomías, sin recursos y sin capacidad suficiente para hacerle frente. Esto ha ocurrido tanto en las que estaban mal gestionadas, como en aquellas que “supuestamente” eran ejemplo de gestión. Todo estaba bien, pero solo para hacer frente a la gripe estacional. Una pandemia ha desnudado al mundo, y no estamos en el siglo XIV, alterando toda su economía. El llamado mundo desarrollado está padeciendo lo que es habitual en los países en vías de desarrollo, casi anualmente.

Nos nos debería haber ido tan mal como realmente nos ha ido, en un
Estado que ha dispuesto de una cantidad ingente de recursos en las últimas décadas. España es el 6º país del mundo en contagios y el 9º en víctimas mortales, aunque la responsabilidad se comparte y distribuye en las Autonomías, salvo en el caso de Melilla y Ceuta.

El mundo no volverá a ser el mismo, pero no sabemos cuando. Lo que sí hemos comprobado, es que de la gran masa arbórea del antiguo hospital militar o del Docker, no ha quedado absolutamente nada.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2015/01/24/profecia-del-fin-del-capitalismo/

Karpov y Kasparov en Sevilla


Los recuerdos también necesitan ser recordados. En 1987 se presentó una oportunidad única y es que por primera vez, el Campeonato del Mundial de Ajedrez se celebraba en una ciudad española, Sevilla, que empezaba su gran transformación hacia el 5º Centenario del Descubrimiento.

Anatoli Karpov (1951) era una joven promesa de la escuela soviética de ajedrez, que en 1974 se proclamó candidato a enfrentarse contra el estadounidense Boby Fischer, el campeón vigente. En aquel entonces todo era política, hoy los deportes son solo deportes. Nadie que se precie discute la genialidad del ajedrecista americano, pero tampoco pueden pasarse por alto sus desequilibrios y tremendas obsesiones, que le llevaron a alterar por completo el campeonato mundial de 1972, en el que le arrebató el título a Boris Spassky en Islandia, único país en el que Fischer aceptó jugar, para escapar de las asechanzas del espionaje soviético.

El 3 de abril de 1975, el estadounidense renunció a la defensa de su título de campeón del Mundo, pese a haberse aceptado sus todas sus exigencias, y fue desposeído del mismo. Nunca quiso enfrentarse a Karpov, que sigue siendo uno de los mejores ajedrecistas de la historia, dominando este deporte y juego durante una década. Por contra y pese a que su máximo brillo fue muy concentrado en el tiempo (1970-1974), el americano sigue siendo considerado “el mayor genio del ajedrez”, mientras que la década de Anatoli Karpov (1975-1985) parece como si fuera cualquier cosa, y no lo fue.

Ajedrez en Sevilla

Da igual cuando se vaya a Sevilla, siempre tiene magia, aunque en verano parezca agostarse. Sin embargo, un puente de la Constitución o de la Inmaculada, sí es un buen momento para acercarse a la capital de Andalucía, pudiera decirse que es casi una fecha ideal. En 1987 se celebró allí el campeonato, en el que ya Kasparov era el campeón, y Karpov era nuevamente el aspirante.

Armado con una credencial de redactor gráfico del Melilla Hoy, que me concedió la entonces Redactora Jefe Irene Flores, y con nuestras respectivas parejas, acudimos a Sevilla, para dejar constancia de tan especial acontecimiento. Fuimos hasta Málaga en avión y luego nos trasladamos hasta la capital hispalense en tren, en la que nos alojamos en el Hotel La Rábida. El campeonato se desarrolló a lo largo de varios meses, desde su inicio en el mes de octubre. Nos vimos completamente inmersos en la magia de la ciudad, y también, en el inigualable ambiente del Teatro Lope de Vega , que acogió el campeonato.

Se disputaba la partida nº 21. La diferencia competitiva entre ambos ajedrecistas era pequeña, aunque eran totalmente opuestos en el estilo y aptitudes personales. Gary Kasparov dominó el ajedrez mundial durante 15 años (1985-2000). Eran más que jugadores. Como siempre, Kasparov solía llegar un poco antes y esperar a su rival.

Fernando Arrabal y el ajedrez

No muchos saben, que nuestro más universal melillense, el escritor Fernando Arrabal, no solo es un extraordinario jugador de ajedrez, sino también un ferviente partidario de Bobby Fischer y fervoroso creyente en la “maldad soviética” ejemplificada en Anatoli Karpov. Desde las páginas de El Mundo (16-01-1992) ironizó sobre las memorias de Karpov, que se presentaron ese año en Estados Unidos, con un artículo titulado: Campeón…¿Gracias a Dios?.

Nota: Un accidente al abrir la máquina fotográfica, para revelar el carrete, nos privó de cualquier recuerdo de aquel viaje. Solo se salvaron las fotografías de Karpov y Kasparov.

La nueva valla de Melilla


No es el muro de Trump, ni el de Berlín, ni tampoco el de Palestina, aunque en algún momento tanto el mandatario americano Donald Trump, o el israelí Benjamín Netanyahu, se justificasen antes las críticas recibidas, intentando una desproporcionada comparación con la valle perimetral melillense, que sí es verdad que ha dado mucho que hablar a lo largo y ancho del mundo.

La valla Marlaska reduce en mucho el impacto paisajístico sobre la anterior, que sí daba la sensación de perímetro carcelario. Muchas han sido las imágenes horrendas sucedidas en torno al perímetro melillense, pero la culpa o responsabilidad no cae sobre nosotros, sino sobre la localidad luxemburguesa de Schengen, en donde se firmó en 1985 el tratado de desaparición de fronteras interiores de la Unión Europea, y el surgimiento de las fronteras exteriores.

El Acuerdo se firmó en el mismo mes en que España se integraba en la Unión Europea, por lo que tuvimos que prepararnos apresuradamente para desempeñar la labor de gendarme, que la propia Unión Europea nos asignaba. La famosa carretera perimetral y su correspondiente valla fronteriza, se empezaron a construir en el mismo año de Chernobyl, en 1986.

En Melilla no estuvimos muy pendientes de ese tremendo accidente, porque la ciudad vivía la convulsión social de la reivindicación de la nacionalidad española, por parte de los rifeños nativos de la ciudad, y cuya cifra alcanzaba en aquellos momentos las 18.000 personas. El surgimiento de la valla y el perímetro fronterizo tampoco preocuparon demasiado a los melillenses, porque se estaba más atento a los debates parlamentarios de la nunca puesta en vigor de la Ley de Extranjería, y a todo la peripecia política del líder histórico de los melillenses rifeños, Aomar Mohamedi Duddú.

Todos los periodistas nacionales e internacionales pasaron por nuestra ciudad, incluso el celebérrimo Arturo Pérez Reverte, sin que ninguno se percatase de que la ciudad estaba cambiando en dos aspectos, el interior con el proceso de documentación, y el exterior con la valla de Schengen, exigida por la Unión Europea. Desde entonces, las fronteras de los denominados países desarrollados, empezaron a recibir un flujo constante de inmigrantes, cuyas procedencias iban cambiando según el deterioro económico de sus países, las hambrunas provocadas por el entonces incipiente cambio climático, y sobre todo por la acción de las guerras provocadas o consentidas por el Nuevo Orden Mundial.

Desde 1990, Melilla ha visto llegar a ciudadanos de casi todos los países africanos y del Medio Oriente, a los que nunca ha detenido la valla primigenia, la triple malla, o la temida y terrible sirga. Tampoco la altura o el grosor de la misma. La vieja frontera se extendía como el lomo de un Dacentrurus armatus.

La valla fronteriza no va a desaparecer. La promesa era retirar la sirga, y todos los elementos dañinos para las personas, quedado ahora una valla más evanescente y que a veces parece difuminarse con el paisaje colindante. La presión migratoria se ha desplazado ahora a Canarias, en donde viven una situación similar a la de Melilla, en los años de mayor afluencia de inmigrantes. A la actual, de color blanco, se la denomina como valla de Marlaska.

El fin del oratorio Ben Yelún


Enrique Delgado

Conocemos perfectamente que no era una mezquita, que era solo un oratorio, pero eso no le resta importancia. Los planes del anterior gobierno de “despejar la muralla” nos alcanzan hasta el presente, aunque con intenciones muy distintas a las puramente artísticas o estéticas.

El edificio data de 1911, estaba construido sobre una superficie de 139 m2, constaba de dos plantas, siendo su último uso el religioso, y con una edificación total 365 m2. Sin embargo el problema se arrastraba desde 1863, cuando se demolió la mezquita de La Higuera en el cerro de Santiago. Desde esa fecha, los comerciantes fesíes que entraban a comerciar a diario en la ciudad, tras el acuerdo aduanero con el Sultanato de Marruecos, no tenían ningún lugar en donde poder realizar las oraciones prescritas por el Corán.

En su origen este edificio fue destinado a almacén, y en el realizaban sus transacciones las familias fesíes que mantenían el histórico lazo comercial con la ciudad de Melilla, a cuya capital, Fez, estaba vinculada. Estas familias consiguieron que una parte del edificio se destinase al oratorio, cosa que se admitió en esa primera etapa de su historia. Posteriormente perdió su uso religioso y fue un comercio de repuesto de vehículos y chatarrería, recuperándose su uso religioso en la década de 1980.

Esas familias de comerciantes de Fez, en parte están establecidas hoy en la ciudad, son los Ben Yelún, Ben Haddad, Bouhayad, Ben Riuan, Ben Akbil, Nassidi y Ben Yahya, siendo esta familia la encargada de su administración religiosa y a la que también pertenecía su imán más conocido.

Es importante que siga existiendo un oratorio en la zona del Mantelete, porque tiene su arraigo y sentido histórico. En la misma calle de Santiago, y en lo que parece ser una acera extendida, existía antes un inmueble. Sería posible permutar o ceder el terreno, para reemplazar el oratorio musulmán que va a ser desalojado y derribado. De todas formas, no se conserva la muralla original, sino que se mixtifica con falsa piedra, como se ha hecho en el tramo que antes ocupaba el almacén de Ayú Lalchandani. La de Santiago era una calle comercial. ¿Qué sentido tiene, además de crematístico, desalojar un inmueble que va a ser derribado?

El barrio del Mantelete, denominación que desapareció con el alcalde Ignacio Velázquez, está en estado de práctica ruina, es el primer barrio extramuros, y tiene una importancia histórica enorme. Vamos a seguir muy pendientes de él, porque la esencia de la ciudad de Las Culturas (cristiana, musulmana y hebrea) está aquí. No está la ciudad para crear nuevos problemas, ni para añadir otros agravios.