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Eduardo de Castro, presidente de Melilla


 


                     

         

                              Melilla es la Asamblea y el Pueblo

       A los que cuenten la historia en el futuro, habrá que decirles que el 22 de junio de 2019 significará para nuestra ciudad  lo mismo que el 17 de marzo de  1808 para Aranjuez, cuando el pueblo, cansado de los manejos de Manuel Godoy, el valido de Carlos IV, decidió amotinarse para provocar su salida.

        En Democracia, cada pueblo cuenta, y aunque en Madrid existan unas líneas generales de actuación entre los grandes partidos, luego la especificidad de cada localidad debe albergar un margen de maniobra. Esto es lo que ha sucedido en Melilla, en donde el único diputado de ciudadanos apoyó la mayoría del cambio, que constituía un anhelo de los melillenses desde 2015.

            Hoy , en la puertas del Palacio de la Asamblea se ha vuelto a congregar el pueblo de Melilla, la gente común, que hasta ahora tenía vedado el acceso al edificio del Ayuntamiento en las grandes ocasiones oficiales y de protocolo. Hoy estaban congregadas todas las autoridades civiles y militares, representantes de la Administración, la gente de melilla, excepto los diputados electos del Partido Popular y de Vox, y los representantes del gobierno saliente. Han mantenido su mal estilo hasta el final, que todavía no se ha producido. Un encadenamiento de denuncias y presuntas irregularidades prolongará la incertidumbre jurídica durante los próximos meses.

                                        Tiempos de cambio

          La toma de posesión de Eduardo de Castro, 5º presidente de la ciudad, estuvo refrendada por la presencia de la Ministra de Industria María Reyes Maroto, quien recalcó la vinculación permanente entre Melilla y el Gobierno del Estado, que siempre atenderá a sus necesidades y a su peculiar situación. Tras su intervención tomó la palabra el recién investido Presidente Eduardo de Castro, que dejó clara su voluntad de formar un gobierno para todos y cada uno de los melillenses. Por encima de cualquier nombre estará siempre el interés de Melilla y el de todos los ciudadanos y comunidades que la integran. La desaparición del viejo estilo ha quedado  clara desde el principio, con la presencia del ex presidente Enrique Palacios, invitado por primera vez a un acto oficial desde 1999, cuando dio el relevo a Mustafá Aberchán en el cargo de presidente de la ciudad.

         También y por primera vez en décadas, la puerta de antesala que da acceso al despacho oficial de Presidencia, estaban abierta. Hasta ahora, toda esa área constituía “la zona prohibida” del Poder, como en la era de los emperadores de la dinastía Ming en China. Además, el Salón Dorado se llenó de ciudadanos sin invitación, lo que tampoco ha sido habitual, ni la norma  en los últimos 20 años. También pudimos ver al senador emérito Carlos Benet.

                                             Toma de posesión

         La ceremonia de posesión estuvo muy bien conducida por Antonio Ramírez, el maestro de ceremonias habitual en todo tipo de actos protocolarios, hasta su depuración hace un año. Primero se leyó el Acta de sanción Regia con refrendo de la Presidencia del Gobierno, tras la que se dio paso al  propio acto del Juramento, en presencia de la Vicepresidente de la Asamblea Dunia Almonsouri. El bastón de mando y el collar presidencial tuvieron  que ser recogidos por el propio Eduardo de Castroen ausencia del ex presidente saliente Juan José Imbroda. En todo momento la corrección del público presente fue absoluta, refrendando con aplausos los actos ceremoniales sin gritos ni alharacas, como sí sucediera el pasado sábado, en el Pleno de votaciones.

        El tiempo de cambio  se ha abierto para la ciudad de Melilla. Cuando empezamos a escribir en 2011, el presidente saliente Juan José Imbroda llevaba ya 11 años en el poder. Han pasado 8 años más desde entonces. Hoy hemos visto, relatado y compartido una jornada histórica. Todo bajo la presencia y fe pública del Secretario de la Asamblea Jiménez Villoslada. Lo que importa es lo que él lee y oye.

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Siempre: Giovanni Falcone


 

             La Justicia es lo único que no puede fallar a los ciudadanos. Como cada año, desde el origen del Alminar en 2011, cada 23 de mayo detenemos el movimiento del blog por un día y descansamos, recordando al Juez antimafia Giovanni Falcone, asesinado en 1992. Si escriben el apellido Falcone en el buscador del blog, aparecerá casi el mismo texto, casi el mismo artículo, desde hace 8 años. Su amigo, compañero y también Juez Paolo Borsellino, fue asesinado en atentado el 19 de julio de ese mismo año.

            Los jueces y magistrados son el tercer Poder del Estado. Tiene un blindaje jurídico especial, reciben una formación específica para defender al Estado y a los ciudadanos de los delitos. Los magistrados y jueces deben mantenerse al margen de la contaminación ambiental y política. Es un deber que asumen ante la ciudadanía y ante el Estado, y también es algo que los ciudadanos pueden y debemos exigir a nuestros magistrados. No se puede actuar y juzgar con independencia, si antes se ha confraternizado con aquellos a los que luego puede llegar a juzgarse. Deben estar a resguardo de interferencias e influencias. Cuando uno/a escoge la carrera judicial, entonces hay cosas que no están permitidas o que están vedadas. Son parte de la sociedad, pero para preservarla a ella y al Estado.

                                   Una Ley La Torre en España

         Pío La Torre fue un parlamentario italiano, que impulsó una ley que permitía la apertura de una investigación judicial, solo con la sospecha del enriquecimiento ilícito de un político, de un empresario o de cualquier otra persona. La incautación de los bienes obtenidos de modo ilícito, y la no prescripción de ese tipo de delitos, eran otros de los instrumentos de la Ley la Torre, que fue asesinado el 30 de abril de 1982. La magnitud, extensión y profundidad de la corrupción en España, indican el camino hacia una ley de este tipo en nuestro país. Son demasiadas las causas archivadas y sobreseídas en España por delitos de corrupción, la lenidad de las condenas, y sobre todo, la no incautación de las cantidades robadas, defraudadas y malversadas al Estado. En Marbella apenas se ha recuperado el 1% de lo malversado.

        No sirve esconder la cabeza y mirar a otro lado, Giovanni Falcone lo vio claro: “Nosotros, los magistrados, hemos reivindicado frecuentemente nuestra independencia, pero durante mucho tiempo hemos cedido, en realidad, a las adulaciones del poder político. Al rodearnos de un mando de autonomía formal, el poder nos ha hecho olvidar que no poseíamos autonomía efectiva alguna”. Deberían cancelarse las jornadas y eventos jurídicos en donde magistrados de todos tribunales, acuden a diversas ciudades, a ofrecer charlas y conferencias en los límites del ámbito académico y con un apreciable componente de relaciones con el mundo político.

           Decía Falcone en sus conversaciones con Marcelle Padovani: “En Sicilia no puede decirse, que una persona conseguirá el éxito en la vida, o saldrá de sus apuros, aun estando dotada de inteligencia y de gran capacidad de trabajo. Sicilia se ha convertido en un sistema en el que  el proteccionismo y el nepotismo en una norma de vida. Lo que realmente cuenta entre nosotros es siempre el amigo o aquella relación que nos dará un empujoncito, un ayuda.. Lo que nosotros no podemos ni debemos hacer, es no querer darnos cuenta de hasta qué punto nos hemos habituado a tratar esta tendencia con indiferencia, a considerar como normales ciertas prácticas de apropiación (de los bienes públicos) que se están convirtiendo, un poco por todas partes, en cada vez más corrientes.

Melilla, el arrabal de Fernando


         

               Fernando Arrabal, el melillense más grande y universal que ha dado esta ciudad en sus muchos siglos de historia, es tan grande, que ha convencido incluso a aquellos que no le querían, porque él siempre ha deseado ser querido en Melilla. Ha vuelto a la ciudad, pero en realidad siempre está, nunca se ha ido, porque en su obra siempre está Melilla de una u otra manera, al igual que su propia biografía. El mundo es la ciudad de Fernando, y Melilla su más importante arrabal. Es una unión imposible de ser disuelta y atravesará la posteridad.

                          En 1997, con ocasión del V Centenario de la Ciudad, se publicó su obra teatral completa, bajo la edición de Francisco Torres Monreal, y editada por el patronato del Centenario. También y por iniciativa de la Asamblea, se reinstituyó la Medalla de Oro de Melilla y ese primer galardón fue para él, que se le entregó en el Auditorium Carvajal, de manos del entonces Presidente Ignacio Velázquez.

             Luego llegaron los tiempos de olvido y de la negación, como Pedro. En enero de 2011 volvió a la ciudad casi “como un ladrón en la noche“, de la mano del disidente Velázquez y su extinto Populares en Libertad; y ofreció una conferencia en las catacumbas del Palacio de Congresos.

                                                         Arrabal y Pollux

               Para esta ocasión vino acompañado por el director teatral, traductor y dramaturgo Pollux Hernuñez, quien hizo una larga pero necesaria introducción, que empezó con un retraso no bien explicado. Lo escribimos porque Pollux dijo que una de las obsesiones de Fernando Arrabal era la puntualidad, hecho que luego fue ratificado pro el propio escritor, que dijo que “uno de sus defectos era su manifiesta imposibilidad para llegar tarde”, explicando en una anécdota que dejó de asistir a una conferencia en la Universidad de la Sorbona, porque en la invitación olvidaron poner la hora.

                      Fernando Arrabal vuelve una vez más a sus raíces africanas, que no africanistas. Contó muchas cosas, como la influencia de Luigi Pirandello en su vida. Al parecer y según Arrabal, el dramaturgo italiano, tras serle concedido el premio Nobel de Literatura en 1934 afirmó que el futuro del teatro estaba  en África. El teatro Pánico, la renovación del teatro, surgió de las manos y de la cabeza de un escritor africano, Fernando Arrabal, nacido solo dos años antes de esa profecía. Pirandello era un escritor fascista, como recordó el dramaturgo melillense, porque el fascismo es lo que más daño le ha hecho en su vida.  En 1936, en Melilla, se inició la desaparición de su padre, el teniente Fernando Arrabal, y es esta ausencia y búsqueda del padre perdido, la que también está presente en toda la obra arrabaliana. Cuando se otorgó el nombre su nombre el Teatro Kursaal, pronunció la frase más hermosa posible: “Por fin el nombre de mi padre está ya en Melilla”.

                                                       La inspiración

                     ¿Qué es la inspiración? se preguntaba Arrabal. “Es eso que todo escritor espera por la noches cuando escribe. Sin embargo lo que aparece siempre son los recuerdos y la imaginación”. Esta es la cuarta vez que estamos frente al genio, frente al dramaturgo, frente al melillense más grande de la historia y hemos percibido algo nuevo. No solo es todo eso, es también un consumado actor. Sabe perfectamente en qué lugar se encuentra y frente a quién. No improvisa nada, mide cada palabra y cada gesto. No solo escribe y habla sobre él mismo, es que también se representa. Dice exactamente aquello que quiere decir y lo acompaña de gestos, cambios en el tono de voz y miradas. Una de las cosas que más le gustó de la pequeña sala de conferencias del Kursaal, es que tuviera espejo, y se mostró encantado de hablar frente a un espejo.

                  Desde aquella aparición de 2011, apenas unos meses antes de la creación del Alminar, siempre aparece en Melilla con la misma chaqueta, de emperador oriental y bocamangas napoleónicas. Sin embargo esta su chaqueta quedó manchada con la pintura de una pared o puerta recién pintada. Esto nos lo contó nada más vernos en la puerta del Kursaal, al saludar muy cariñosamente a su amigo, el escultor Mustafa Arruf, con el que volvió a reencontrase y con el que mantiene una larga amistad.

                     Poco público, poca difusión y una sala demasiado raquítica para la grandeza literaria y personal del melillense más universal. A cualquier otro, de infinita menos relevancia, le hubiesen ofrecido el Salón Dorado, la misma Uned.

 

 

 

El fin de la familia Romanov


                              La memoria de la historia

                 En el mes de junio de 1918, la familia Romanov fue de nuevo reunida en Ekaterimburgo, tras la anterior estancia en Tobolsk. El día 6, la zarina Alejandra (la nieta favorita de la Reina Victoria de Inglaterra) cumplió 46 años en lo que sería el último mes de su vida. Su hija Tatiana cumplió 21 el día 11, Anastasia 18 años el día 17, y María 19 el 28.

                El 17 de julio de 1918, hace ya 100 años, la última familia imperial de Rusia fue asesinada en la casa Ipatiev de Ekaterimburgo, la ciudad de Catalina, rebautizada más tarde como Sverdlovsk. El Zar Nicolás II, la Zarina Alejandra, las archiduquesas Tatiana, Olga, María, Anastasia y el zarévich Alexey fueron conducidos al sótano de la casa con la excusa de hacer una foto de la familia imperial. Yakov Yurovsky era el jefe de la cuadrilla de guardias rojos y el autor intelectual de la farsa.

               Según relata la escritora Helen Rappaport en “The last days of the Romanovs”, la zarina se dio cuenta de que allí no había sillas, necesarias para una pose oficial, y de que los guardias se situaban bloqueando las puertas. En realidad, según cuenta también Rappaport en “Las hermanas Romanov”, la familia imperial llevaba los meses de junio y julio preparándose para esto. Nicolás II se situó en el centro de la habitación, junto a él la Zarina (que se sentó en una silla traída a propósito pues padecía de ciática), detrás de ella sus hijas Olga, Tatiana y María, y a su derecha su hijo Alexey. Anastasia se situó también a la derecha de su madre, altiva y desafiante ante la guardia bolchevique. Las ventanas del sótano habían sido especial y cuidadosamente cerradas, para camuflar los sonidos de los disparos. La familia imperial rusa había sido despertada a las 2h 25′ de la madrugada. La tensa situación se prolongó durante una hora.

              En la habitación contigua los guardias y ejecutores se repartían cigarrillos, nervios y las armas. Eran 5, sus nombres: Ermakov, Nikulin, Kudrin, Mevdeved y el ya nombrado Yurovsky, quien en el instante definitivo ordeno que un vehículo Fiat arrancara el motor y comenzara a rodear la casa. En el momento de entrar en el sótano, con las armas preparadas. Al abrir la puerta, el Zar se dirigió a Yurovsky y le dijo: “¿Qué vais a hacer ahora con nosotros”, a lo que este replicó con la lectura del comunicado del Soviet de los Urales que les condenaba a muerte. Nicolás quedó anonadado y solo acertó a decir: ¿Cómo, qué, no le entiendo, puede repetirlo?.

                     Yakov Yurovsky sacó su revolver y disparó varias veces sobre el Zar y seguidamente Ermakov descargó su fusil sobre la zarina Alejandra. Tras el tiroteo la estancia se llenó de humo, vómitos y orines, lo que hizo que los guardias rojos tuvieran que salir una y otra vez. Mientras tanto, completamente bebido, Ermakov intentaba acabar a bayonetazos con las archiduquesas, que se habían refugiado malheridas, en las sombrías esquinas. La lóbrega estancia estaba solo iluminada por una fría bombilla. A través del humo y la invisibilidad, Yurovsky fue buscando los cuerpos de las jóvenes para realizar los disparos finales sobre ellas. El último en morir fue el zarévich, más como consecuencia de la hemofilia, que de los desorganizados disparos y bayonetazos del grupo de guardias. El horror duró exactamente 20 minutos. Los Romanov fueron abatidos junto con sus criados. Fue León Trotsky el responsable último de la ejecución.

                                Memoria histórica frente a Causa General

            Todo crimen es un crimen, da igual quien lo lleve a cabo. Los crímenes y más si son políticos, no admiten distinciones. Pueden existir categorías e incluso magnitudes (genocidios, masacres, matanzas) pero no dejan de ser crímenes. El pueblo siempre guarda memoria de ellos. La sangre es un eco que no suele apagarse.

              Tras acabar la Guerra Civil española, Franco ordena abrir la Causa General o investigación sobre los crímenes políticos acaecidos en la zona Republicana, cometidos en su mayor parte por anarquistas y comunistas, nunca por el Estado republicano. Pese a todos los esfuerzos, medios y años invertidos en la Causa General, los investigadores no consiguen rebasar la cifra de 75.000 víctimas. Pese a ser muy alta la cifra, los franquistas esperaban al menos el doble, sus esfuerzos se dedicaron entonces a ocultar las cifras y la realidad de sus propios crímenes.

               Los mismos 40 años que invirtieron en la Causa General, los dedicaron a borrar rastros en los registros civiles, cementerios o cualquier otro lugar. También a borrar fosas, vaciarlas o a hacer traslados ilegales hacia fosas comunes en los cementerios o al propio Valle de los Caídos. Historiadores franquistas como Salas Larrazabal, De la Cierva, y actuales como Moa o César Vidal, se dedicaron y dedican a minimizar la represión de Franco, que triplicó la cifra republicana. Antes del traspaso Constitucional se destruyeron los archivos de Falange.

             La mala fe consiste en decir, con conocimiento de causa: “que hay que hacer una memoria histórica para todos”. Esto es una falacia dicha con mala fe, porque la memoria histórica del franquismo se llama Causa General. Mala fe es seguir impidiendo que se conozca la cifra real de la represión franquista, o que se impida la excavación y localización de las fosas. La ignorancia puede ser perdonada, la mala fe, no.

                                        Nicolás II declarado santo

              Nicolás II Romanov no fue un santo en vida. El reinado del último zar de Rusia estuvo plagado de errores y de baños de sangre, como el del Domingo Sangriento. Las hambrunas mataban tanto en la época de los zares, como en época soviética. Los mismo, aunque con diferente magnitud, sucedió con el recurso al Gulag como método de represión política. La diferencia está en lo que vino después. En 1960 el régimen soviético condenó el stalinismo y daclaró nulas miles, si no millones de las condenas estalinistas. Antes de la caída de la URSS, Mijail Gorbachov ordenó la búsqueda de los cuerpos de la familia imperial rusa. A lo largo de los años, y tras ser demolida la casa Ipatiev, el pueblo erigió una cruz sobre el lugar en donde fueron ejecutados. La Rusia soviética empezó a avergonzarse de parte de su pasado.

      Con el tiempo se erigió un pequeño altar, luego una capilla de madera  y finalmente una catedral, la de la Sangre. En 1991 se localizaron los cuerpos del Zar, la Zarina y de tres de sus hijas. Faltaban el del zarévich y el de la gran duquesa María, que fueron localizados en 2007.   En 2000, la Iglesia ortodoxa de Rusia declaraba oficialmente santos a Nicolás, a Alejandra y a todas sus hijas e hijo (no por sus vidas sino por su muerte). Fue un caso excepcional, pues la Iglesia Ortodoxa no canoniza del mismo modo que la Católica romana.

          Rusia ha ajustado cuentas con el pasado soviético, Alemania con su pasado nazi. En España el franquismo sigue indemne. En Rusia, los nietos y bisnietos de Stalin tienen concedido el derecho a modificar el orden de sus apellidos, para que nadie los pueda identificar con el dictador soviético. En España, su familia se exhibe en cualquier medio público y postula una fundación de homenaje al dictador Franco.

         Nota:https://escritoconsangre1.blogspot.com/2014/03/yakov-yurovsky-el-asesinato-de-los.html?zx=fdf897f0a0464cbd

 

 

 

Concepción Pozurama López


             Concepción Pozurama y Alberto Castro Girona

           La rehabilitación del puente de las Minas del Rif, que no de los alemanes, nos ha llevado hasta dos nombres casi olvidados, el del general Alberto Castro Girona, comandante general de Melilla entre 1925 y 1927; y el de su esposa Concepción Pozurama López. Pese al corto espacio de tiempo que estuvieron en la ciudad, dejaron algunas obras permanentes, que dan testimonio de sus nombre.

          La más emblemática, la que lleva el nombre de castro Girona, es la capilla de la Cruz Roja o de San Francisco Javier, bendecida el 27 de septiembre de 1927. La madrina e inspiradora de su construcción fue Concepción Pozurama, quien el jueves Santo de 1925, le dijo a la madre Superiora de la Comunidad de Hijas de la Caridad: “No, madre, esto no puede ser, esto no puede continuar así; esto no es digno ni de Jesús, ni de este edifico. Es necesario que se edifique enseguida una capilla”. Su voluntad e intención se cumplió y dos años después, y casi al punto de marcharse de Melilla, se inauguró la capilla que hoy conocemos. La réplica a tamaño completo del Cristo de Limpias, es también una donación de Concepción Pozurama, pero para la capilla Castrense, bendecida el 22 de noviembre de 1923. Actualmente puede contemplarse en esta capilla.

              En Navalperal de Pinares (Ávila), en la ermita del Cristo, existe una talla de un crucificado firmada por Jerónimo Pozurama, artista que tenía el taller en Madrid. Es casi igual al existente en Melilla, y sigue la línea naturalista y expresiva del imaginero Gregorio Fernández. La talla original del Cristo de Limpias sigue considerándose de autor anónimo. Esta figura de Navalperal es conocida como Cristo de la Indulgencia.

              Alberto Castro Girona siempre estuvo en el escalafón por encima de Franco, y esto hizo que nunca recibiera del futuro Dictador el más mínimo privilegio. En todas las circunstancias en la que se encontraron en la Guerra de Marruecos, Franco estuvo siempre bajo su mando. No se sublevó contra la República, pero aún así fue puesto bajo arresto, dado su inmenso prestigio. Murió el 3 de agosto de 1968, con el rango de Tte. General y está enterrado en el cementerio de San isidro en Madrid, junto a la que fuera su esposa. En Palencia aseguran que dejó escritas unas memorias, que no han aparecido nunca, y que probablemente contuviese referencias sobre Francisco Franco.

                 María de la Concepción Pozurama López, presidenta de Cruz Roja en Melilla, nació en un entorno que podría situarse entre las provincias de León, Palencia y Valladlid, sin que pueda precisarse el dato. Probablemente compartiese los orígenes palentinos con Alberto Castro Girona, quien también tenía orígenes filipinos por parte de madre. Falleció el 21 de febrero de 1978. Concepción tuvo al menos dos hermanos, Elisa y Enrique. Se casaron en 1905, con autorización registrada por el Consejo Supremo de la Guerra, siendo él capitán del Regimiento de Covadonga nº40. La orden la firmó el general Weyler.

              La mezquita del Habús

            Es la primera mezquita edificada en Melilla por los españoles, y es el otro gran legado de Alberto Castro Girona, cuyo empeño personal la hizo posible, pese a las muchas resistencias en contra. En el mes de octube el general Castro Girona recibió la visita de los Reyes de España, Alfonso XIII y Victoria Eugenia, que llegaron a la ciudad el día 7, en su tercera visita a Melilla. La dos anteriores fueron en 1904 y 1911.

            En un principio se pensó que la nueva mezquita fuera inaugurada por Los Reyes, pero se descartó la idea, pues la historia de la ciudad con las mezquitas siempre fue problemática. La mezquita del Habús se inauguró el 18 de octubre de 1927 con la presencia del Gran Visir de Marruecos Ben Azúz, el director de Intervención Civil del Alto Comisario de España en Marruecos sr. Teodomiro Aguilar y el comandante general interino Gonzalez Carrasco. No estuvo Castro Girona, pero la mezquita se inició y acabó durante su mandato

Nota:http://navalperaldepinares.es/turismo-y-senderismo/monumentos/capilla-del-cristo/

Parábola del gobernante amable


 

              En 1469, en la ciudad de Lorenzo el Magnífico, en la Florencia de los Medici, nació Niccolo Machiavelli. En la ciudad de Florencia, de las que los Medici eran amos y señores, ningún viento se movía, ya fuese a favor o en contra, sin el soplo de tan afamada familia. El Príncipe de Maquiavelo está dedicado a Lorenzo de Medici, fallecido en 1492. Es una parábola sobre el buen gobierno, y sobre las distintas clases de Poder, sus diferencias y los modos de mantenerlo con el beneplácito de las gentes. El único personaje que hizo frente a un poder tan desmedido fue Girolamo Savonarola con su fulminante Hoguera de las Vanidades. 

                Escribir en Florencia, frente a los Medici no era tarea fácil. Tampoco señalar los defectos de los gobernantes, ni denunciar algunos de sus fraudulentos apoyos, como el de “los mercenarios” o soldados de fortuna, que solo buscan su propio poder, en palabras del propio Maquiavelo, y de los que hay que abstenerse de basar el poder en ellos. Huir de los aduladores, evitar ser despreciado o temido y la posibilidad de ser incluso amado por el pueblo al que se sirve, y no del que servirse. Estos fueron algunos de sus consejos.

               Una lectura simple colocaría al Principe de Maquiavelo en un manual del buen tirano, o de como obviar los escrúpulos, o de como mantenerse en él a toda costa. Una lectura atenta lleva a reflexionar sobre las cosas que no deberían. Evidentemente el margen de Nicolás Maquiavelo era escaso, aunque ya no estaba en el mundo aquel a quien dedicó su libro, Lorenzo de Médici. Curiosamente menciona a Fernando el Católico como ejemplo y modelo de gobernante, a la vez que denigra al Papa Alejandro VI Borgia. Son de los pocos ejemplos contemporáneos que menciona. Maquiavelo fue testigo de la ejecución de Savonarola en la plaza de Florencia el 23 de mayo de 1498.

                               Juan José Vivas, presidente de Ceuta

               En el día de la Autonomía de Ceuta, hoy 2 de septiembre, Juan Jesús Vivas deja una frase para la historia: “No podemos hacer oposición al gobierno, porque no sería bueno para Ceuta”. La labor de un presidente autonómico no es hacer oposición al gobierno de Madrid, sino conseguir lo más posible para el territorio bajo su gobierno. Los logros conseguidos por Ceuta con respecto al gobierno nacional están a la vista de todos. Muchas de las mejoras en materias legislativa y fiscal de las que se ha beneficiado Melilla, lo han  sido por la labor del gobierno de Ceuta, presto siempre a dialogar con el Gobierno de Madrid, independientemente de su color. En Melilla será dan bandazos que pasan de la sumisión absoluta cuando el color político es el mismo, a la beligerancia kamikaze cuando el gobierno es políticamente opuesto.

           Juan Jesús Vivas gobierna en Ceuta con mayoría absoluta desde 2003. Su figura, en lo que no pretende ser un análisis ni defensa de su gestión, es la de la amabilidad política y personal. Una actitud muy olvidada por estos y otros muchos lares. Su gobierno se ha visto salpicado por algunos casos de corrupción, pero actuó con rapidez cortándolos de modo fulminante. Juan Vivas gobierna en Ceuta con una tercera parte de los altos cargos que el gobierno melillense, y sin que la sospecha de practicas administrativas irregulares o errores administrativos, detectadas por el Tribunal de Cuentas en Melilla, hayan recaído sobre su administración.

           Maquiavelo dio vueltas acerca de si conviene al gobernante ser bueno y apreciado por su pueblo, a riesgo de parecer blando o débil. En este caso nos pronunciamos por un sí claro: se debe ser bueno, amable y buscar el aprecio de los ciudadanos. En la política, en la vida, en cualquier otra faceta, lo que importa es el final. Un mal final (Aznar), arruina cualquier expectativa posterior, y uno bueno (Adolfo Suárez), borra cualquier posible error cometido en el ejercicio del Poder. José Mª Aznar es el gobernante mas hosco de la Democracia española, y Adolfo Suárez sigue siendo la imagen del político dialogante. El final de Felipe González, pese a sus indudables logros, fue abrupto pese a que fuese calificado como “dulce derrota”.

          Juan Vivas estaba en Segovia de vacaciones en el pasado mes de agosto. Segovia es también la ciudad de los encuentros estratégicos del Partido Popular, que se llevan a cabo en su Parador Nacional. Junto al colosal acueducto segoviano, surgió este encuentro y esta reflexión, que estaba esperando un momento oportuno.

 

 

 

Ara Malikian en el Auditorium Carvajal


 

                                    Un violinista sobre el suelo de Melilla

             Ara Malikian (1968) músico y violinista libanes de origen armenio y afincado en España es desde hace mucho un nombre propio dentro de la historia de la música, como Paganini, con el que gusta compararse o asemejarse.

               El 8 de julio de 2018 pasará a la historia de la música en Melilla como el día que el que Ara Malikian compartió su incomparable música con el pueblo melillense, en el Auditorium Carvajal, un recinto adecuado para actos lo más abiertos posibles, lejos del restrictivo y pretendidamente selecto Teatro Kursaal. Este Auditoium es para todos y todas los melillenses. Hay que decir que tiene mucha mejor acústica que el templo faraónico y mil millonario del antiguo cine Nacional, hoy Teatro Kursaal Fernando Arrabal, a regañadientes.

                Las gradas del Carvajal son más cómodas y cercanas al escenario, que “el gallinero” del Kursaal. Si en las gradas de este auditorium, se instalasen los mismos asientos de plástico que en la tribuna del estadio Álvarez Claro, este reciento inaugurado en 1962, podría volver a ser un referente en el mundo cultural y musical. Uno de los problemas del Kursaal es el pequeño aforo, y sobre todo, “la exclusividad” de las zonas de butaca y plateas, con entradas casi imposibles de adquirir, cuando llegan a la ciudad artistas de la calidad y nombre de Ara Malikian. Su anterior actuación en nuestra ciudad, queda apenas como un dato en las hemerotecas, y en el recuerdos de los privilegiados.

                               Ara Malikian y el árbol armenio

                    Ara Malikian es un violinista que recoge todas las influencias musicales posibles, y también, y sobre todo, humanas. Su elevadísima categoría musical, está a la altura de su calidad personal. Aúna la excelencia musical y la sensibilidad humana, que transmite a las cuerdas de su violín, que es una extensión de su cuerpo. Todo lejos del divismo, acompañado de excelentes músicos, y con una humildad extraordinaria.

                          Ara Malikian vivió la Guerra Civil del Líbano, en el que era el país más multicultural del mundo, y por su ascendencia paterna, es un exiliado armenio. En 1915, existía en el Imperio Otomano una población de 2,5 millones de armenios. El Imperio otomano estaba regido por el Sultán Abdul Hamid II. El día 24 de abril de 1915, bajo las órdenes del Ministro del Interior Taalat Pachá, se inicia el llamado genocidio armenio. A lo largo de un año, las tropas del Imperio Otomano (derrocado finalmente por Mustafá Kemal Atatürk en 1923) masacraron a 1,5 millones de ciudadanos armenios. El libro El árbol Armenio, de G.H. Guarch, ciudadano español de origen armenio.

                            La República de Turquía no niega el hecho histórico de la masacre en masa de los armenios, pero no le otorga la calificación de genocidio, al no considerarla como algo planificado, que sí parece que lo fue. Lo mismo  ocurre con la matanza de  los Tutsis en Ruanda en 1984, o la de los camboyanos a manos de los Jermeres Rojos de Pol Pot. La diferencia entre masacre y genocidio no radica en la cifra, sino en la voluntad y planificación de la matanza de un determinado grupo étnico.

                               Ara Malikian hizo referencia a su condición de libanés y a sus orígenes armenios. Mencionó tanto la guerra civil libanesa como el genocidio armenio. Su música y propuesta es la mezcla de culturas, la receptividad antes las influencias culturales, la apertura de miras frente a un mundo diverso y plural, con la humildad como principal baza. Nadie es superior a nadie. Una noche mágica, para la historia, con una música y entrega sublimes, por parte del éste libanes iniversal.

                           Una propuesta musical histórica, para una ciudad en la que hay una apuesta por “la desintegración”, con fuerzas tirando en direcciones opuestas y similares intensidades. Las campañas del miedo al otro, como única apuesta electoral, sin participación común en actividades para todos/as, no augura ningún buen fin.