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Manuel Soria respuesto en Seguridad e Higiene Laboral


                            Un ecologista político en acción

        Manuel Soria González es una persona muy conocida en Melilla, tanto por su actividad ecologista en Guelaya, organización de la que fue presidente durante doce años, como en la formación política Equo, de la que es secretario general desde hace cinco años. Su vida laboral se ha desarrollado en diversos ornanismos de la Administración del Estado, desde el Ministerio de Hacienda, hasta el Instituto Nacional de Estadística.

             El Gabinete de Seguridad e Higiene en el Trabajo, dependiente del Instituto Nacional, es un órgano administrativo que llevaba casi un año descabezado en Melilla, sin nadie al frente, y con muchas obras menores en dependencias de la Administración paralizadas, porque nadie podía supervisarlas. A lo largo del año 2015 se decidió cubrir la vacante por el proceso denominado como “libre designación” en fase de concurso-oposición.

        Este procedimiento administrativo está regulado por la Ley de Administración Pública, y al final del mismo, Manuel Soria obtuvo la plaza por reunir todos los medios exigidos en la convocatoria, y nombrado como Director del Gabinete el 20 de noviembre de 2015. Ese mismo día, fue destituido por una Orden procedente de la Delegación del Gobierno. Esa actuación alteró de manera injustificada, un proceso administrativo público.

         Esto es lo que dice la Sentencia nº 87/2016-E, del Juzgado Central de lo Contencioso Administrativo Nº 2, que anula y deja sin efecto la acción no justificada, de destituir a un funcionario público, que había ganado el nombramiento, mediante un proceso administrativo legítimo y regulado.

            La sentencia declara la nulidad radical de la acción gubernativa, y ordena reponer en su puesto de trabajo al funcionario Manuel Soria Gonzaléz, con condena en costas para la Administración del Estado, y con abono de haberes desde noviembre de 2015, más los intereses devengados.

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Madre Manuela Cataño Flores


                               Las religiosas  esclavas de La Inmaculada Niña     

                          Enrique Delgado

          María Manuela Felipa Dolores de Jesús María Cataño Flores, nació en la ciudad de México el 26 de mayo de 1871. Era hija de un matrimonio acomodado, el formado por Miguel Desiderio Cataño Pérez y María Guadalupe Flores Sánchez. Tuve otros tres hermanos: Concepción Ruperta Sixta, Wenceslao Carlos Miguel de Jesús, y Juan.

      Es un nombre propio muy importante, pues Rosario de la Pureza Cataño Flores murió en Melilla un 7 de octubre de 1948, contando 77 años de edad, como Superiora General de las Esclavas de la Inmaculada Niña, más conocidas como Divina Infantita. Es la personalidad religiosa de más alta categoría enterrada en nuestra ciudad. En la ciudad figura enterrada y registrada con el nombre religioso de Rosario, aunque también se puede ver escrito su nombre como María de la Pureza.

          Rosario era también el nombre de la Madre fundadora,  María Rosario Arrevillaga, a quién sucedió en 1925 como Superiora General, tras su fallecimiento en 1925, a los 65 años, por el contagio de la viruela negra. Su nombre religioso fue el de Rosario de la Pureza.  Se sabe que era tenida en la más alta de las estimas por la Fundadora, conocida también como Madre Infantita, pues dijo de ella que: “Mi hijita Pureza, jamás me dio el mínimo disgusto”.

           La Madre Rosario Arrevillaga nacida en 1860, pertenecía a una familia de la alta clase mexicana, y será quién plasmará, tras una serie de visiones y premoniciones , una congregación,  dedicada al culto a la “Inmaculada niña”, junto con el sacerdote almeriense Federico Salvador Ramón, un 23 de febrero de 1901, siendo ella la 1ª Superiora General de una novísima congregación, que tuvo que pasar bastantes trabas en el Vaticano para su autorización. Como tal fue aceptada en 1963, por el Papa Pablo VI.

         La irradación de la nueva congregación se llevará a cabo en Ciudad de México, en donde se crea la primera residencia, y en Almería, desde donde se extenderá a Melilla (1921), Granada y Málaga. Se integrarán en la nueva Congregación tanto mujeres de la alta sociedad mexicana, como Angelina de Sort de Hebro Mar, como otras de condición social baja, como Manuela García Barreto, que profesará con el nombre de Madre Nacimiento. Fue empleada en el servicio de la familia Arevillaga, y finalmente una hermana más, junto a la Madre Fundadora. Los viajes de México a España serán constantes desde ese 1906, siendo la Madre Nacimiento la primera en llegar a nuestro país. La Madre Nacimiento se estableció entre Granada y Almería.

                                 El vínculo mexicano de La Divina Infantita

          Tras ser nombrada como Superiora General, la madre Rosario de La Pureza, viajará mucho a Melilla, pues tenía especial interés en la extensión de la congregación en África. En su momento tuvieron una residencia en Alhucemas y actualmente solo mantienen la de Nador. Los viajes en aquella época se hacían por mar y la navegación era dura, sobre todo para personas de edad. Son varias las hermanas mexicanas que no solo se establecieron en nuestra ciudad, sino que también están aquí enterradas. La Madre Nacimiento, mano derecha de la fundadora, era una mujer de condición humilde y grandes capacidades para el trabajo. Estaba aquejada de graves dolencias, y falleció en Melilla un 17 de diciembre de 1938, a los dos años de su llegada desde la ciudad de Almería, de donde escapó huyendo de la persecución religiosa, desatada tras el Golpe de Estado del general rebelde Franco. Silencio, observancia regular y sacrificio, eran sus principales reglas. Al fallecer contaba con 52 años.  Todas las principales mujeres que arroparon a la Madre Rosario Arrevillaga, ingresaron en la Congregación entre 1903 y 1907.

          En uno de sus viajes transatlánticos, la Superiora General Manuela Cataño Flores, que destacaba por su profundísima dulzura y humildad, capacidades con las que conseguía quebrar cualquier resistencia, como la del Arzobispo de Granada, al establecimiento en su diócesis de tan singular fundación, y estando en nuestra ciudad, se sintió enferma y falleció de modo repentino. Pese a estar aquejada de graves dolencias y lo avanzado de su edad, nunca renunció a uno de sus viajes. A su fallecimiento, se congregaron en la ciudad las más importantes personalidades religiosas del momento.

         En Melilla se quedó otra madre mexicana, Consolación Orona, que probablemente vino en aquel viaje con la Madre Superiora General. Al fallecer la madre Cataño, se quedó en la ciudad, falleciendo en 2008, a la edad de 105 años. Toda una vida guardando el eterno reposo de la Madre Manuela Cataño.

          En las religiosas esclavas de la Inmaculada Niña, no hay culto a la personalidad. Este es el motivo por el que no destacan a una madre o hermana por encima de otra, sea cual sea su cargo en la Congregación. En la festividad de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos, es bueno rescatar estos nombres, hace ya tiempo olvidados.

Angelo Ghirelli


        Angelo Ghirelli en el País Berebere

       Hemos encontrado un nombre del pasado, y lo enviamos hacia el futuro. La memoria del arqueólogo, arabista y aventurero  italiano, estaba completamente perdida en la ciudad. Dentro de uno o más años, alguien encontrará este artículo y nos indicará un camino hacia su definitivo rescate.

           Estuvo muchos años por la zona norte de Marruecos, en lo que él llamaba “El País Berebere”. Toda esta zona, pese a los baldíos intentos de conculcar la zona, es la antigua Mauritania de los romanos.Hacia el Este se encontraban Numidia, Cartago y la Cirenáica. Aunque su dominio estuviese ligado al poder existente en la península Ibérica, nunca dejó de ser Mauritania o el País de los bereberes.

         La única referencia escrita sobre su persona y actividad, corresponde al militar Francisco Carcaño Mas*, que lo califica de:  trato fino y agradable, de inteligencia despierta y que tenía algo de brujo y adivinador. En sus Rifeñerías, Carcaño nos cuenta también que fue expulsado de la ciudad, por la animadversión y envidia que suscitaba en el otro explorador, Gustavo Debrel, quien siempre obtenía menos resultados que Ghirelli en sus expediciones.

         La aparición de una fotografía suya, quizá la única existente, en uno de sus libros, nos permite por fin poner rostro a lo que solo era un nombre. Angelo Ghirelli dejo cuatro libros publicados: Historia del Norte de Marruecos, El País Berebere, Prehistoria Norte-Marroquí, y El Renacimiento Musulmán, en el que analiza la implantación y evolución de mundo musulmán desde la Hégira hasta lo que entonces era la situación contemporánea. Su Historia del Norte de Marruecos, está editada en Melilla, en la editora de Artes Gráficas-Postal Express, en la calle de Alfonso XIII nº1, año 1926. El País Berebere está publicado  por la Editora Nacional, año 1942. Los apuntes de Prehistoria Norte-Marroquí, en Gráficas Reunidas de Madrid, año 1932.

        Todos los libros cuentan con fotografías, planos, croquis y dibujos, además de los centenares de datos que ofrece. El blog: “El Desastre de Annual”, da cuenta de que Angelo Ghirelli falleció en Palma de Mallorca en 1953.

En el nombre del Vicario


        Roberto Rojo está agarrado a la cruz del sacerdocio desde 1989, cuando fue ordenado como presbítero por el entonces obispo de Málaga monseñor Buxarrais, a la edad de 38 años. Hasta 1986 era un ingeniero informático de éxito en Torremolinos, la ciudad de los 3 enemigos del alma (mundo, demonio y la carne). Su salario en aquel momento quintuplicaba al de un sacerdote. Al igual que Saulo de Tarso, una visión, una llamada, una voz interior, le hizo dejar todo e iniciar sus estudios como sacerdote: “de qué te sirve ganar el mundo si pierdes el alma”. El ingeniero informático decidió, en la cima laboral y de contactos sociales, salvar su alma, y ayudar a que otros no perdieran la suya.

         Tres años después, recién ordenado como sacerdote por el obispo Ramón Buxarrais (la espada flamígera del lujo y de la jet-set), es enviado a Villanueva de Algaidas, un pueblo de poco más de 4000 habitantes, y a un mundo de distancia de Torremolinos. En los primeros años del tercer milenio volverá a la capital del lujo y de la vanidad, a la Babilonia marbellí, a la parroquia del Carmen, pero ya convertido en un defensor del evangelio, de la pobreza y de la caridad. Roberto Rojo escuchó la advertencia del Maestro al rico ostentoso: “deja todo lo que tienes y sígueme”. Un año antes de llegar a Melilla era capellán del hospital de la Costa del Sol en Marbella. Desde el inicio de su vida consagrada desdeña el lujo y vive con modestia.

          El Vicario episcopal es un hombre que mira a la cara. No es fácil de engañar. Sabe distinguir la falsa afectación piadosa, de la verdadera fe, aquella que acompaña hechos y obras. Dicen de él “que se sale siempre con la suya”. No es esa la sensación que trasmite, sino la de una persona a la que debe convencerse de que la propia propuesta es mejor que la suya, en cuyo caso no tiene inconveniente para aceptarla o rectificar. Quizá sea que alguien hace una propuesta personal o para un grupo, y él defiende el interés de la Iglesia, de la colectividad. La actividad de cofradías y congregaciones es una fuente de quebraderos de cabeza para párrocos, vicarios, arciprestes, e incluso obispos.

              Desde el mes de mayo vive una situación de rebelión de una parte de la feligresía en su contra. Está soportando todos los embates, descalificaciones, e insidias. como el maestro Jesús atado a la columna; en silencio, sin replicar a nadie; pese a que algunas de esas críticas han sido  públicas y escritas. Su propuesta de llevar a cabo anualmente la novena de La Patrona de Melilla en la iglesia arciprestal del Sagrado Corazón, ha desatado vendavales y furias en la ciudad, creándose incluso un grupo de presión en oposición a su persona y a su propuesta.

        Decía San Agustín que no es posible decir que se ama a la Iglesia y a Dios, a la vez que se desprecia a algunos de sus sacerdotes. Sobre si es o no un buen sacerdote debe juzgarlo Aquel a quien sirve; si es o no un buen vicario debe valorarlo el obispo que lo nombró para este cargo. Queda solo en nuestras manos decidir si es una buena persona. Por lo que conozco de él, por lo que he visto en los últimos meses y sobre todo, por algunas de las acciones movidas en su contra, debo decir que sí lo es. Sabe reconocer sus errores, los dice claramente. También saber escuchar y actúa siempre de frente.

               ¡Con la misma vara que midáis, seréis medidos!

Monseñor Buxarrais, 25 años en Melilla


          El 11 de septiembre de 1991, las agencias de noticias lanzaba una primicia de gran alcance y repercusión: El Vaticano aceptaba la renuncia del Obispo de Málaga, D. Ramón Buxarrais Ventura, de tan solo 62 años, para ser nombrado párroco en Melilla, concretamente en el Centro Asistencial o la Gota de Leche. En aquellos momentos el vicario episcopal era José Carretero, recientemente fallecido, y que había sido nombrado para el cargo por el propio obispo dimisionario.

           Ningún prelado había hecho hasta ese momento nada semejante, con su carrera episcopal a mitad de recorrido. Es probable que monseñor Ramón Buxarraís hubiera llegado a recibir otro nombramiento, e incluso la púrpura cardenalicia. Sin embargo, renunció a todo, para regresar al rellano, al cargo de párroco o simple sacerdote; que es lo que siempre deseó ser. Antes de ser nombrado como obispo de Málaga lo había sido también de Zamora.

           Entre sus muchos escritos y libros publicados, está el de Reflexiones de un obispo que no quiso serlo. Las especulaciones sobre su dimisión fueron intensísimas a lo largo de muchos meses, es más, se pensó que no aguantaría demasiado tiempo “como cura de aldea” en la ciudad de Melilla. Monseñor Buxarrais alegó siempre motivos de salud, y de cansancio psicológico para abandonar un cargo, que aceptó por obediencia. Otros motivos no existen o no se sabrán nunca. La realidad es que hubo que dar muy buenas razones para que el Vaticano, regido en aquel momento por Juan Pablo II, aceptara una dimisión que vio siempre con mucho recelo.

           Monseñor Buxarrais llegó a la ciudad un 14 de septiembre de hace ahora 25 años, un cuarto de siglo, y jamás dio muestras de haberse arrepentido de la decisión tomada, ni de liderar ninguna corriente, del tipo de las que estaban entonces en boga, como la Teología de la Liberación. Él se liberó de todas las ataduras y se dedicó desde entonces a servir a los pobres, a los ancianos/as y a todos los menesterosos. Ahora mismo están fundando y poniendo en pie una escuela de niñas en Cabo de Agua

          Nada ha cambiado desde entonces ni en su ánimo ni en su carácter, salvo que en 1991 era el más joven entre los residentes del Centro Asistencial, y ahora es de los más ancianos. Hasta que Dios quiera, como él mismo dice. Es una efeméride importante, que no podía dejarse pasar. Su primera entrevista la concedió el día 18 de septiembre, al diario Melilla Hoy.

           Monseñor Buxarrais, obispo emérito de Málaga. oficia misa diaria abierta al público, en la capilla del Centro Asistencial, desde diciembre de 2011, tras la marcha de las Hijas de La Caridad. Cada vez está más concurrida. A sus 86 años, monseñor Buxarrais colabora con cualquier párroco que se lo solicite, y se le puede ver en los diversos templos de la ciudad.

Enrique Palacios, el presidente olvidado


 

El ex presidente Palacios, víctima de la inseguridad ciudadana

     El que fuera presidente de Melilla en 1998, fue víctima el pasado martes de la inseguridad ciudadana, no reconocida en la ciudad, y  a la que se denomina como “sensación de inseguridad”. Resulta paradójico que el que fuera concejal delegado de seguridad ciudadana, bajo el mandato de Ignacio Velázquez, haya resultado objeto de una agresión violenta, con el único fin de robarle el teléfono móvil. El hecho es también un síntoma. No existe ninguna zona segura en la ciudad.

          Como en los buenos tiempos del franquismo, o de la prensa soviética, hay que leer entre líneas para intentar atisbar la realidad. Cuando se dice que un dispositivo de 700 agentes vigilará la seguridad de la Feria, se está diciendo que la inseguridad es mucha. Esa cifra es la que desplegaron los golpistas de Turquía para intentar tomar el poder. Cuando el consejero de Seguridad Ciudadana dice que: las peleas en la Feria son las normales, se está reconociendo un grado de violencia normal. La realidad es que fuera del recinto blindado de la explanada de San Lorenzo, el resto de la ciudad es una boca de lobo.

            Enrique Palacios fue presidente de Melilla en 1998, durante ese año y el siguiente, el de la presidencia de Mustafa Aberchán, fuimos libres. Nos gobernaban las coaliciones y el cuatripartito y nadie imponía su concepción cesarista del poder.

             Enrique Palacios Hernández es sobre todo, una buena persona. Su situación actual es la de funcionario municipal jubilado y dedicado a las labores familiares. Cuida de sus hijas y nietos. Ha pasado duros trances en la vida, tras abandonar la política, relacionados siempre con la salud. Llevó de manera estoica su regreso a su puesto de trabajo en la Policía Local, y en esa situación, se ganó el aprecio de muchos, por la modestia con la se reintegró a su empleo de siempre. Esto es algo de lo que no serían capaces casi ninguno de los que vemos.

             Al salir a su paseo matutino, fue asaltado por una o varias personas. No pudo ver nada porque le intentaron asfixiar, le tiraron al suelo y le dieron un brutal puñetazo en un ojo, que le pudo ocasionar la pérdida de la visión. Tras pasar un día en observación, fue dado de alta y se restablece en su domicilio. El hecho no existe como estadística de inseguridad ciudadana, porque al no ver nada, no ha podido denunciar nada.

               Desde el Alminar le deseamos un restablecimiento completo.

Parábola del socialista y el vicario


                  Yo soy el buen pastor. El que es asalariado y no pastor, ve venir al lobo y abandona a las ovejas, y el lobo las arrebata y dispersa. Yo conozco las mías, y las mías me conocen. Otras ovejas tengo que no son de mi aprisco; esas también las tengo yo que recoger. Evangelio de Juan.

          José Torres Vega, médico endocrino y socialista apasionado es una de las mejores personas de Melilla, y con él, su mujer Mª del Carmen Muñoz. Es un matrimonio al que siempre se les ve juntos, tanto, que ambos fueron atropellados gravemente en mayo de 2015, cuando salían de votar del Colegio Reyes Católicos. Pepe Torres es socialista y su mujer también, él fue secretario general y presidente del PSOE de Melilla, ella concejala en al menos dos legislaturas. José Torres, Pepe Torres, resultó afectado de manera muy grave, debatiéndose  varios meses, 7, entre la vida y la muerte.

             Reconozco que en un principio me sorprendió la presencia del veterano y entrañable socialista en la misa del pasado 1 de julio, la primera del sacerdote melillense Ruíz Guillot, pero luego no, porque pensé que en esa amplia familia hay integrantes muy significados de los socialistas melillenses. Luego, reflexionando en casa, y en días posteriores, me llamaron la atención las muchas y significativas ausencias, entre los que se denomina a sí mismos, hombres y mujeres de iglesia, y eso que la celebración litúrgica contaba con la presencia de monseñor Catalá Ibáñez, obispo de la diócesis.

                                  Pepe Torres y la parábola del buen pastor

              Pepe Torres me manifestó que quería hablar conmigo y contarme algo importante. Me lo encontré apenas dos días después y me contó lo que sigue: “Durante los primeros días posteriores al atropello, se me acercó el Vicario Roberto Rojo, y además de tranquilizarme, me preguntó que si deseaba que me administrase el sacramento de la “extrema unción”; a lo que le respondí que yo era médico, socialista, y que no creía en otra cosa que no fuera el ADN. Luego me dijo que si no me importaba que viniera todos los días a hablar un rato conmigo. Le dijo que por supuesto podía hacerlo. A lo largo de 7 meses, más de 200 días, el Vicario Roberto Rojo, no faltó un solo día a la cita. Nunca intentó hacer proselitismo, ni yo le hablé nunca de política. Entre nosotros se estableció una sólida y profunda mistad, surgida en circunstancias muy especiales.

              Me contó todo esto porque había seguido atentamente la conspiración de la derecha eclesial de la ciudad contra el vicario episcopal, algo nunca visto hasta la fecha, y también porque  había leído mi artículo,  publicado en El Alminar, y en los medios de comunicación de la ciudad. Quería que contase con ese elemento de juicio, no solo para mí, sino para todos aquellos que nos leen y siguen. He de reconocer que es un dato importante, para unir a otros muchos, de los que nada puede decirse, aunque muchos ya han salido a la luz en los medios de comunicación, y en conciliábulos en las redes sociales.

               Seguimos pensando lo mismo, que entre las ovejas, hay acechando lobos. Que hay muchos que pretender darle lecciones a Dios, que creen que las cofradías son cortijos, y que las están vaciando de gente y de fe. También seguimos pensando que el Vicario debió conducirse de otra manera en muchas cuestiones, pero que también, los peores enemigos los tiene o ha tenido dentro. Quienes han aireado todo, eran los que estaban más cerca suyo. También ha quedado muy claro que cuenta con el apoyo del Obispo de la Diócesis. Todo esto es lo que ha salido a la luz ahora, y por eso también es muy importante lo relatado por Pepe Torres, un socialista creíble y convencido.

           Nota:https://elalminardemelilla.com/2013/04/23/el-por-que-de-las-parabolas/