Archivo mensual: febrero 2018

Tiempo de acacias y de podas


      La acacia es un árbol ornamental, de rápido crecimiento y follaje denso que proporcionan sombra fresca y abundante. Es un árbol muy vistoso y cuya floración, por regla general se produce entre marzo y abril. Podarlas en los días finales de febrero es un despropósito, porque su época adecuada sería el otoño.

          Los expertos no se ponen de acuerdo sobre la necesidad de podarlas, aunque sí establecen algunos parámetros. Uno es que la poda debe ser solo de mantenimiento, y nunca en sus ramas principales. Hacerlo de una manera excesiva y talar las ramas, puede provocar la pérdida de la floración e impedir el crecimiento del árbol.

           En la calle Cataluña del barrio del Real, existía uno de los más bonitos paseos de acacias de la ciudad, que tras una poda implacable quedaron convertidas en fantasmas de lo que algún día fueron. Todo lo que se está haciendo en Melilla es contraproducente para el arbolado y para las aves, pero eso es igual. Los expertos aconsejan podar solo las ramas muertas de las acacias. La poda constante hace que la acacia pierda forma y crezca de una manera desordenada.

            Anunciada la poda en la calle Severo Ochoa, acudimos a observar los árboles. La poda que se realiza en Melilla no es de mantenimiento, es de guillotina, por eso los árboles aparecen despeluzados, sin forma en su copa. Nos fijamos en que había dos árboles secos, solo con el fruto, sin ramaje ni frondosidad alguna. Eso quiere decir que no aguantaron la poda anterior, pero no les ha servido para librarse de esta. Están claramente mutiladas en su desarrollo. Algunas tienen troncos raquíticos y parece poco probable que los alcorques en donde están plantadas, además del riego que necesitan, reciban el abono adecuado.

         No parece que la consejería mediambiental piense que los árboles necesiten alimentarse.

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Noticias del parque Murias


 

                La masa de hormigón es un conglomerado de cemento, piedras, cenizas volantes y agua. Las hormigoneras hacen girar de modo constante esta mezcla para conseguir una masa lo más homogénea posible, en la que no debe quedar aire. Una vez seco conforma lo que pudiera llamarse una “roca artificial”. El cemento es el conglomerante que unifica toda la masa de hormigón y la hace endurecer. Según se va produciendo el proceso de fraguado genera un reacción isotérmica, genera calor, por eso el hormigón se debe mojar constantemente. La masa de hormigón tiende a igualarse con la temperatura ambiente, despide calor, y esto hace que baje la temperatura interna, con lo que se inicia un proceso de retracción. Esto quiere decir que la masa de hormigón al perder temperatura pierde volumen y puede producirse un proceso de fisuración. Si la temperatura sube mucho en el proceso de fraguado, luego el descenso es mucho mayor y pueden producirse grietas. Para corregir este efecto, en construcciones con grandes masas de cemento, se emplean las cenizas volantes, que son un aditivo para el hormigón y se obtienen de las centrales termoeléctricas. Las cenizas volantes y la presencia de agua son necesarias en el proceso de fraguado. Las primeras hacen bajar la temperatura en el proceso y el agua es necesaria para que se produzca la reacción de fraguado.

           El parque comercial Murias es una enorme mole de hormigón en masa, que no tiene armaduras metálicas. Las vigas verticales e incluso las horizontales llevan el refuerzo de acero para resistir las tracciones del hormigón, pero las plataformas o losas que conforman el suelo o el techo, según en que posición se esté, no. Los suelos se forman por fraguado, con placas de hormigón independientes unas de otras. Los puntales y el entablado de madera son consustanciales a las obras que solemos ver en las calles, sobre todo en la construcción de edificios.

               La aparición de un bosque de puntales en una significativa parte del aparcamiento del nuevo parque comercial han desatado los rumores. Los agoreros contra la gran superficie pronostican su hundimiento cada mes. En un primer momento surge la duda de si una parte del edificio se hunde o sigue en construcción. La explicación parece estar relacionada con la construcción de una nueva fase en la fachada Oeste.

                     El sobrepeso de la nueva obra de ampliación parece haber aconsejado el apuntalamiento de la parte correspondiente al aparcamiento, o justamente lo contrario, esto es, que la sobrecarga haya hecho resentirse de algún modo ese segmento de la losa y aconseje un refuerzo extra. En cualquier caso una gran superficie comercial no se implanta para luego desaparecer. Se transformará mucho, y muchas de las firmas comerciales actuales desaparecerán y llegarán otras, pero la desaparición total es algo que no parece estar en el horizonte más próximo.

Los mapaches de la Granja Escuela


                El avestruz nunca llegó, y los mapaches han desaparecido. El aviario tropical está lleno de palomas, una solitaria ninfa y no sabemos si algún cuervo. Están eso sí, los pavos reales exiliados del parque Lobera, y también los patos, en claro proceso de merma poblacional. Las cabras están mejor que nunca, y la solitaria vaca. Los loros de las jaulas de aves tropicales también han desaparecido. Una vez hubo allí una gran colonia de gorriones, y hasta de ranas, que también fueron hechas desaparecer.

               Hacía tiempo que no volvíamos a visitar la Granja Escuela, la misma a lo que no iban a cambiar el nombre de Gloria Fuertes y que ahora se llama de otra manera. Fueron incapaces de reconocerlo, incluso aunque se les demostró con pruebas. El corral de las gallinas y del gallo tiene una ajetreada vida. Ellos sí viven bien. Viéndolos, se comprende esa expresión de ser “el gallo del corral”. No deja de vigilar ni un solo momento, y controla a la perfección todo el espacio. Si algo se mueve en su corral, le da caza.

           Sin embargo, hoy buscamos a los mapaches, que ya no están y no tenemos noticias sobre su traslado. Eran una pareja, bastante sociable, pero que pasaban la mayor parte del tiempo en su habitáculo, hoy vacío. Hace unos días, el gobierno de la ciudad mostraba su gestión de la Granja y anunciaban un nuevo programa de “caninoterapia”, además de la que ya existe con equino. Presentaron también las nuevas pérgolas, en las que han reutilizado los bancos de la avenida Duquesa de la Victoria, pero no hablaron ni dieron noticia de los mapaches.

        Vivimos en un mundo muy visual. Lo escrito queda, pero pierde fuerza si no hay imágenes. La memoria es frágil y hay que asentarla. En Melilla no existen hemerotecas digitales, el principal enemigo del engaño. Algún periódico local ya ha eliminado esta opción. Solo existe y se recuerda lo que se ve. El arma de la desmemoria es muy potente.

 

 

 

El regreso de la poda total


 

Árboles como postes

                  Ya ni siquiera nos asombra, ni nos indigna. Es solo que todavía no nos hemos acostumbrado a este tipo de poda constante y total, a este desafío arbóreo. Ya ni siquiera lo vamos a encuadrar en “denuncia con foto”, o en “otras noticias”. Con el apartado de foto comentario es bastante. Después de lo que hemos visto, hasta derribar un árbol de 25 metros sobre un barracón en el Docker, nada puede espantarnos ya.

                  Las ramas de los árboles proporcionan sombra en la estación de calor, que en Melilla es larga, y refugio en la de lluvia, que es corta pero intensa. Si se poda todo, y hasta este extremo no ofrecen ni lo uno ni lo otro. En febrero se anuncia el calor, ya lo dice el refranero: En febrero busca la sombra el perro, en marzo el perro y el amo.

                  Los árboles son importantes para una ciudad. Deben ser conservados y cuidados, porque embellecen las calles y además son beneficiosos. En ellos anidan aves urbanas que eliminan los insectos, y cuyos trinos alegran el paseo. Los sonidos de la naturaleza son terapéuticos. Sin embargo, las aves urbanas como los gorriones, están desapareciendo de las ciudades, entre otras cosas y casi como causa principal, por este tipo de podas constantes, que no respetan sus épocas de anidación.

                     Dejar un árbol como un poste es algo que no puede entenderse. Eliminar todo su ramaje para que en la estación seca no haya sombra no tiene explicación. Lo normal sería podar las ramas más bajas, las más secas o las enfermas, en definitiva, todas aquellas que deslucen el árbol. La acacia es un árbol ornamental, lo que quiere decir que una de sus principales funciones es embellecer, pero ni esa función se les permite.

                   Siempre los mismos temas, siempre los mismos lugares. Si traemos al Alminar de nuevo el tema de las podas, es porque los comentarios de los transeúntes eran de perplejidad ante esta nueva campaña de podas totales. La acacia es un árbol pequeño que no necesita una poda tan completa, bianual en este caso. Son muchos los árboles que no superan las podas. Tenemos un censo pendiente de esta categoría.

 Nota:https://elalminardemelilla.com/2014/01/08/la-mala-sombra-de-los-podadores-2/

 

Tráfico ordenado en el Rastro


              Una y otra vez, con la perseverancia del borrico en la noria (san Josemaría dixit), hemos criticado el caos circulatorio del Rastro, en la confluencia de las calles del Gran Capitán, general Margallo, alférez Montes Tirado y la bajada de la carretera del Tiro Nacional. La situación se ha mantenido así desde mucho antes de la creación del Alminar (ab alminare condito) en 2011.

              En enero de 2014 * propusimos una solución que se puede leer en el artículo de enlace. Básicamente consistía en un isleta central que separase la circulación ascendente y descendente, reorganizar el tráfico en la zona, cambiar alguno de los sentidos de la circulación, e incluso impedir algunos giros y maniobras.

             Han pasado cuatro años. A finales del mes pasado se comunicaba el inicio de las obras en la zona y desde entonces hemos permanecido en silencio pero atentos. En el día de hoy hemos acudido a ver el resultado de una obras a las que no se les ha dado demasiada importancia en su resolución. No tenemos noticias de si han sido inauguradas o de que los miembros del gobierno hayan acudido a visitarlas.

            La sorpresa ha sido muy grande al contemplarla. La obra está bien hecha y sigue en 3/4 partes la propuesta elaborada por El Alminar hace casi 4 años. Se ha creado una isleta central que separa ambos sentidos del tráfico. Se ha creado un carril específico para facilitar el giro de la COA (autobus urbano de Melilla) y se ha construido una pequeña rotonda para facilitar los cambios de sentido. Por primera vez se han creado unas pocas plazas de aparcamientos que facilitan la carga y descarga, y además se han cambiando el sentido de la circulación en la calle Montes Tirado.

             Apenas ha llevado un mes el realizar este proyecto y hasta su coste entre dentro de lo aceptable. Es una autentica lástima que se hay tardado tanto tiempo en llevarlo a cabo y que todo lo que hay alrededor (un entorno degradado) no acompañe con lo que es una zona comercial, perteneciente al centro de la ciudad.

             Escribimos en una ocasión que si nos encontrábamos con algo bien hecho, lo diríamos sin mayor dilación y sin confusión alguna. Esto está bien hecho. Muy tarde, sin tiempo para casi nada más, pero bien.

        Nota:https://elalminardemelilla.com/2014/01/25/el-gran-lio-del-rastro/

 

La redada de cada día


          Con mucho cansancio, un amigo e integrante de las Fuerzas de Orden Público, nos comentaba la redada diaria que deben realizar buscando menores e incluso adultos, en los lugares más inverosímiles de furgonetas, camiones y casi todo tipo de vehículos. Ese es un trabajo constante en el que los candidatos a polizones corren peligros muy serios, como el de morir asfixiados en las hormigoneras y camiones de cementos, o en los engranajes de los ejes de los camiones, o aplastados en los contenedores de papel usado que parten hacia la península. Con una habilidad propia de artistas, ahuecan uno de los fardos de papel , dejando una falsa tapa de cartón y se meten dentro.

       Es una rutina en la que descubren a la práctica totalidad de los que intentan abandonar la ciudad, a la que se podría comparar con el juego del gato y del ratón, si no corriese riesgo todo el mundo, tanto los polizones, como los propios integrantes de las fuerzas del orden. Es un estrés continuado que socava la estabilidad emocional de los que deben enfrentarse a esto a diario.

         No suelo haber resistencia, ni malos modos, es más, suelen saludar a los agentes y despedirse con un “hasta mañana”. El trabajo de unos es intentar escapar de la ciudad y el de otros impedirlo. Así un día tras otro, como una de las penas del infierno, que claramente está aquí, en la tierra, frente a nosotros. Cuando alguno muere, o resulta herido, tampoco los agentes escapan a los percances, los titulares informativos procedentes de Melilla atraviesan el mundo entero, y la imagen de la ciudad se aproxima más a los pasados tiempos del presidio.

       Estamos rodeados de vallas, de concertinas, tanto para entrar como para salir. Esta situación ya la previó hace mucho tiempo el delegado del gobierno Manuel Céspedes Céspedes, 1986-1996: “Melilla es una ciudad en la que se entra, pero no se sale” (Melilla is a city in which one enters, but does not leave). Se refería obviamente a la inmigración irregular, ya que fue él el primero que tuvo que aplicar el protocolo de Schenguen. La inmortal frase resume mejor que ninguna otra la actual tesitura. A diferencia de otros cargo públicos afectados por el síndrome de Alvarez Claro (marcharse de la ciudad el mismo día de cesar en el cargo), Manuel Céspedes sigue residiendo en su ciudad natal.

El cuartel de Santiago


                          Aproximación histórica al cerro de Santiago

       La evolución histórica del acuartelamiento de Santiago es una de las más interesantes de Melilla. Por su situación, en el centro de la comarca de Melilla, debió ser un lugar de asentamiento y población. Desde su colina se observa con perfección cualquier movimiento en la costa, así como en el interior, pues domina toda la vega del río. Durante la época de invasiones normandas y del dominio de la piratería en el Mediterráneo, no solo debió resultar un lugar adecuado para la vigilancia, sino también de refugio. El León Africano afirma que tras el desembarco de los españoles en 1494, año en que sitúa su llegada, “los lugareños huyeron a los montes próximos a la ciudad”, que no podían ser otros que el de Santiago y el de Camellos, desde donde seguir observando el desembarco y refugiarse de una mayor penetración de los españoles.

        En un reciente trabajo, Jadilla Elyaznasi y Mohamed Omar Ouariachi, titulado “Lal-la Zarzut o la historia silenciada de la Melilla Tamazight”, compilan las tradiciones orales sobre el carácter sagrado del monte, y también reúnen todos los datos históricos disponibles referidos al lugar. No era solo pues un lugar estratégico, en el que los españoles construyeron un fuerte con ese nombre, junto con el de san Francisco, en 1570 y que mantuvieron a lo largo de todo un siglo, hasta su pérdida definitiva en 1679. Luego y antes fue alcazaba mora, con la existencia más que probables de atalayas antiguas, que fueron utilizadas por los españoles en la conquista de ese entorno, vital para la defensa de la ciudad.

        Sin embargo, no es ahora el momento de empezar a desvelar la verdadera historia de la Melilla Tamazight y cuyo nombre autóctono ignoramos, sino de mostrar el estado del lugar, y de preguntarnos a dónde fue a parar, y cuando fue retirado todo el amianto o uralita allí existente.

         Santiago, o lugar del morabito y la alcazaba mora, muestra todavía los distintos materiales de su evolución histórica. Hay muros de mampostería de ladrillo del primitivo cuartel del Regimiento de Infantería de Melilla, los muros de cemento de la obra moderna y que alojaron al grupo de Regulares, y también los muros de piedra que nos retrotraen a los siglos de su primitivo origen. Toda conquista utiliza los materiales existentes, los transforma y les da otro uso, y sin querer preserva parte de su historia. El cerro es muy importante, y antes de iniciar alguna obra allí, sería preciso datar los materiales e incluso realizar excavaciones rigurosas, científicas y respetuosas con la historia del lugar.

                                      ¿Dónde está el amianto de Santiago? 

       Lo que resulta inquietante del lugar es aquello que se sabe que estuvo allí, pero que no se ve, la uralita o amianto. Está desmontada en todos los grandes pabellones que alojaron a las compañías de soldados. Queda solo la estructura metálica de soporte, pero el amianto no está. El que puede verse no nos preocupa, porque está localizado y debe retirarse con todas las garantías exigidas por la ley.

      Lo ocurrido con el desaparecido sí es inquietante, porque no sabemos si hay amianto fracturado en el interior del cuartel, o partículas en alguna zona oculta. La cantidad de uralita desaparecida es muy grande, y preguntamos lo mismo que en la del cuartel de Gabriel de Morales, contiguo al de Santiago. ¿Cuándo fue retirada todas esos centenares de placas de uralita del cuartel de Santiago, a dónde fue llevada, quién o quienes lo autorizaron y que medidas de seguridad se tomaron?. Si fue retirada de modo clandestino y triturada en la planta de escombros y mezclada con otros materiales estaríamos ante una irresponsabilidad mayúscula, probablemente delictiva, porque la uralita no puede ser transformada en ningún otro material, ni mezclada, solo almacenarse y conservarse en ese estado durante toda la eternidad, como pretenciosamente denominaron a este material letal: eternity. Ahora ya sabemos que se han hecho muchas cosas de modo oculto y sin que nadie más que unos pocos tuviesen conocimiento de ello.