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Constantinopla, 29 de mayo


        En la tarde del martes 29 de mayo de 1453, el sultán Mehmet II, escoltado por los Jenízaros, atravesó la derruidas murallas de Constantinopla por el valle del Lycos en dirección a la gran catedral de Santa Sofia, la obra más hermosa que jamás se haya construido para dar culto a Dios. Las órdenes eran claras, no se podían tocar ni Santa Sofía ni la iglesia de los Santos Apóstoles. La conquista otomana fue mucho más respetuosa con la ciudad que lo que había sido el salvaje asalto a la misma por parte de los integrantes de la peste de la Cuarta Cruzada de 1204, llevada a cabo en nombre del Papa romano Inocencio III. Los griegos no perdonaron nunca el saqueo y la profanación de Santa Sofía por parte de los cruzados latinos.

         Mehmet II oró en ella en la tarde noche del 29, cuando ya había sido transformada en mezquita. Las crónicas cuentan que lloró al ver el estado en que había quedado la capital bizantina.

         Los bizantinos iniciaron las peticiones de ayuda al Occidente europeo en 1451, tras conocerse la noticia de la subida al trono de Mehmet, el hijo de Murad. Sin embargo, los recelos pesaban en ambas partes. Roma siempre sintió envidia del prestigio de Constantinopla, con la que rivalizaba. Las desavenencias eran históricas, políticas y religiosas. Por su parte, los bizantinos recelaban de la ayuda latina, pues el recuerdo del asalto de 1204 seguía vivo.

         Constantino XI Paleólogo, último emperador de Constantinopla estaba dispuesto a tragarse todo el orgullo de siglos, con tal de salvar a su ciudad. Sin embargo, la oposición de los nobles bizantinos encabezados por el Megadux Lukas Notaras, que no estaban dispuestos a abdicar de  la tradición histórica y someterse al Papado, acuñaron un  lema que pasó a la historia: “Antes el turbante turco, que la mitra Papal”. Pese a todo, se celebró una misa de unificación y Constantino aceptó la primacía romana, lo que provocó la desafección del clero ortodoxo, encabezado por Jorge Scholarios (quien luego se convertiría en el primer Patriarca bajo dominio turco, con el nombre de Guennadio) y de parte de los nobles. Según ellos, el sometimiento al Papado sería solo una humillación sin beneficio alguno. Sin embargo, perder la ciudad era mucho peor, como pensaba el emperador.

         El sitio de Constantinopla se inició el 2 de abril, cuando las primeras tropas turcas se dejaron ver por los bizantinos y fueron tomando posiciones a ambos lados del mar de Mármara. El Sultán Mehmet solo temía la ayuda occidental, pero ya habían calculado que esta, de producirse, se decidiría muy tarde. sus previsiones fueron correctas, pues el Papa ordenó el auxilio de la ciudad el 6 de junio, cuanto ya llevaba 8 días en poder de los otomanos. Las naves venecianas de auxilio conocieron la noticia el día 9 en Creta, cuando se encontraron con los últimos barcos que habían abandonado la ciudad. Un monje cretense anotó en su diario: No hubo ni habrá jamás, un suceso más terrible*, y tenía razón. La noticia llegó a Venecia el 28 de junio, a Bolonia y al cardenal Besarión el 4 de julio, y finalmente al Papa el día 8. El abatimiento fue absoluto.

                                    El misterio de la puerta de Kylokerkos

           Los soldados griegos, los genoveses, los venecianos e incluso los catalanes eran unos 5000, frente a los 50.000 del ejército del Sultán. Pese a la diferencia, incluida la muy superior artillería otomana, puede decirse que los defensores de la ciudad habían ganado la batalla táctica. La triple muralla de Constantinopla tenía unas puertas que comunicaban los distintos perímetros. En las primeras luces del día 29 sucedieron dos hechos trágicos, el primero fue la herida mortal de Giovannni Gustianiani, el heroico genovés que tenía a su cargo la defensa de las murallas terrestres de las ciudad, lo que provocó el pánico entre sus tropas.

              El segundo hecho sería el más grave, y es que alguien (la sombra de la traición) dejó abierta la puerta interior de Kylokerkos, por la que entraron los Jenízaros, subiendo hasta la torre de Blanquernas. Los defensores de la ciudad, al ver los estandartes otomanos sobre las murallas dieron la ciudad por perdida y el pánico se extendió a lo largo de toda la muralla. Las tropas del Sultán entraban ya en la ciudad a través de las brechas abiertas. Al ver la situación, Constantino XI se despojó de sus insignias imperiales y junto a Francisco de Toledo y Juan Dálmata, se arrojó contra un grupo de atacantes turcos, desapareciendo para siempre. Dicen que su cadáver fue reconocido por los calcetines, bordados con el águila imperial de Constantinopla.

           Nadie pudo reponerse nunca de esta pérdida, porque en Constantinopla se perdió todo, desde las obras de arte religioso más importantes de toda la cristiandad, como el icono de la Hodigitria, pintado por el evangelista Lucas; hasta los edificios más espectaculares erigidos hasta entonces. Las iglesias se salvaron en su mayor parte, bien para ser transformadas en mezquitas, o para proseguir su culto cristiano ortodoxo. Mehmet II era un hombre religioso, y otorgó la protección de sus tropas a los templos bizantinos.

           Los acuerdos para respetar los lugares de culto de la Iglesia cristiana ortodoxa se mantienen hasta hoy en día, en el que Bartolomé I sigue ejerciendo el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla desde la actual Estambul. Tres iglesias siguen activas en Estambul: Santa María de los Mongoles, San Demetrio Kavanou y San Jorge de los Cipreses.

Fuente: *La caída de Constantinopla, Steve Runciman.  Fotografías: Caner Cangül y del autor.

 

 

 

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El fin de la familia Romanov


                              La memoria de la historia

                 En el mes de junio de 1918, la familia Romanov fue de nuevo reunida en Ekaterimburgo, tras la anterior estancia en Tobolsk. El día 6, la zarina Alejandra (la nieta favorita de la Reina Victoria de Inglaterra) cumplió 46 años en lo que sería el último mes de su vida. Su hija Tatiana cumplió 21 el día 11, Anastasia 18 años el día 17, y María 19 el 28.

                El 17 de julio de 1918, hace ya 100 años, la última familia imperial de Rusia fue asesinada en la casa Ipatiev de Ekaterimburgo, la ciudad de Catalina, rebautizada más tarde como Sverdlovsk. El Zar Nicolás II, la Zarina Alejandra, las archiduquesas Tatiana, Olga, María, Anastasia y el zarévich Alexey fueron conducidos al sótano de la casa con la excusa de hacer una foto de la familia imperial. Yakov Yurovsky era el jefe de la cuadrilla de guardias rojos y el autor intelectual de la farsa.

               Según relata la escritora Helen Rappaport en “The last days of the Romanovs”, la zarina se dio cuenta de que allí no había sillas, necesarias para una pose oficial, y de que los guardias se situaban bloqueando las puertas. En realidad, según cuenta también Rappaport en “Las hermanas Romanov”, la familia imperial llevaba los meses de junio y julio preparándose para esto. Nicolás II se situó en el centro de la habitación, junto a él la Zarina (que se sentó en una silla traída a propósito pues padecía de ciática), detrás de ella sus hijas Olga, Tatiana y María, y a su derecha su hijo Alexey. Anastasia se situó también a la derecha de su madre, altiva y desafiante ante la guardia bolchevique. Las ventanas del sótano habían sido especial y cuidadosamente cerradas, para camuflar los sonidos de los disparos. La familia imperial rusa había sido despertada a las 2h 25′ de la madrugada. La tensa situación se prolongó durante una hora.

              En la habitación contigua los guardias y ejecutores se repartían cigarrillos, nervios y las armas. Eran 5, sus nombres: Ermakov, Nikulin, Kudrin, Mevdeved y el ya nombrado Yurovsky, quien en el instante definitivo ordeno que un vehículo Fiat arrancara el motor y comenzara a rodear la casa. En el momento de entrar en el sótano, con las armas preparadas. Al abrir la puerta, el Zar se dirigió a Yurovsky y le dijo: “¿Qué vais a hacer ahora con nosotros”, a lo que este replicó con la lectura del comunicado del Soviet de los Urales que les condenaba a muerte. Nicolás quedó anonadado y solo acertó a decir: ¿Cómo, qué, no le entiendo, puede repetirlo?.

                     Yakov Yurovsky sacó su revolver y disparó varias veces sobre el Zar y seguidamente Ermakov descargó su fusil sobre la zarina Alejandra. Tras el tiroteo la estancia se llenó de humo, vómitos y orines, lo que hizo que los guardias rojos tuvieran que salir una y otra vez. Mientras tanto, completamente bebido, Ermakov intentaba acabar a bayonetazos con las archiduquesas, que se habían refugiado malheridas, en las sombrías esquinas. La lóbrega estancia estaba solo iluminada por una fría bombilla. A través del humo y la invisibilidad, Yurovsky fue buscando los cuerpos de las jóvenes para realizar los disparos finales sobre ellas. El último en morir fue el zarévich, más como consecuencia de la hemofilia, que de los desorganizados disparos y bayonetazos del grupo de guardias. El horror duró exactamente 20 minutos. Los Romanov fueron abatidos junto con sus criados. Fue León Trotsky el responsable último de la ejecución.

                                Memoria histórica frente a Causa General

            Todo crimen es un crimen, da igual quien lo lleve a cabo. Los crímenes y más si son políticos, no admiten distinciones. Pueden existir categorías e incluso magnitudes (genocidios, masacres, matanzas) pero no dejan de ser crímenes. El pueblo siempre guarda memoria de ellos. La sangre es un eco que no suele apagarse.

              Tras acabar la Guerra Civil española, Franco ordena abrir la Causa General o investigación sobre los crímenes políticos acaecidos en la zona Republicana, cometidos en su mayor parte por anarquistas y comunistas, nunca por el Estado republicano. Pese a todos los esfuerzos, medios y años invertidos en la Causa General, los investigadores no consiguen rebasar la cifra de 75.000 víctimas. Pese a ser muy alta la cifra, los franquistas esperaban al menos el doble, sus esfuerzos se dedicaron entonces a ocultar las cifras y la realidad de sus propios crímenes.

               Los mismos 40 años que invirtieron en la Causa General, los dedicaron a borrar rastros en los registros civiles, cementerios o cualquier otro lugar. También a borrar fosas, vaciarlas o a hacer traslados ilegales hacia fosas comunes en los cementerios o al propio Valle de los Caídos. Historiadores franquistas como Salas Larrazabal, De la Cierva, y actuales como Moa o César Vidal, se dedicaron y dedican a minimizar la represión de Franco, que triplicó la cifra republicana. Antes del traspaso Constitucional se destruyeron los archivos de Falange.

             La mala fe consiste en decir, con conocimiento de causa: “que hay que hacer una memoria histórica para todos”. Esto es una falacia dicha con mala fe, porque la memoria histórica del franquismo se llama Causa General. Mala fe es seguir impidiendo que se conozca la cifra real de la represión franquista, o que se impida la excavación y localización de las fosas. La ignorancia puede ser perdonada, la mala fe, no.

                                        Nicolás II declarado santo

              Nicolás II Romanov no fue un santo en vida. El reinado del último zar de Rusia estuvo plagado de errores y de baños de sangre, como el del Domingo Sangriento. Las hambrunas mataban tanto en la época de los zares, como en época soviética. Los mismo, aunque con diferente magnitud, sucedió con el recurso al Gulag como método de represión política. La diferencia está en lo que vino después. En 1960 el régimen soviético condenó el stalinismo y daclaró nulas miles, si no millones de las condenas estalinistas. Antes de la caída de la URSS, Mijail Gorbachov ordenó la búsqueda de los cuerpos de la familia imperial rusa. A lo largo de los años, y tras ser demolida la casa Ipatiev, el pueblo erigió una cruz sobre el lugar en donde fueron ejecutados. La Rusia soviética empezó a avergonzarse de parte de su pasado.

      Con el tiempo se erigió un pequeño altar, luego una capilla de madera  y finalmente una catedral, la de la Sangre. En 1991 se localizaron los cuerpos del Zar, la Zarina y de tres de sus hijas. Faltaban el del zarévich y el de la gran duquesa María, que fueron localizados en 2007.   En 2000, la Iglesia ortodoxa de Rusia declaraba oficialmente santos a Nicolás, a Alejandra y a todas sus hijas e hijo (no por sus vidas sino por su muerte). Fue un caso excepcional, pues la Iglesia Ortodoxa no canoniza del mismo modo que la Católica romana.

          Rusia ha ajustado cuentas con el pasado soviético, Alemania con su pasado nazi. En España el franquismo sigue indemne. En Rusia, los nietos y bisnietos de Stalin tienen concedido el derecho a modificar el orden de sus apellidos, para que nadie los pueda identificar con el dictador soviético. En España, su familia se exhibe en cualquier medio público y postula una fundación de homenaje al dictador Franco.

         Nota:https://escritoconsangre1.blogspot.com/2014/03/yakov-yurovsky-el-asesinato-de-los.html?zx=fdf897f0a0464cbd

 

 

 

Los cadáveres exquisitos


 

                              Sanjurjo, Franco y Stalin

               El Tribunal Superior de Justica de Navarra ha dado la razón al Ayuntamiento de Iruña-Pamplona y José Sanjurjo (marqués del Rif) descansará ya eternamente en Melilla. Por este motivo me contactaron en días pasados desde el diario El Norte de Castilla, y les expliqué que aquí ya nadie habla de Sanjurjo, pese a que fue considerado “el verdadero salvador de Melilla” en 1921, aunque hoy ese rango le sea otorgado al impostor Franco. El problema de Sanjurjo es que quiso salvar también a España, mediante el recurso del golpe de Estado.

      Aquí, alejado de cualquier posibilidad de visita masiva, gracias a las comunicaciones navales y aéreas que nos han legado como herencia el gobierno de Mariano Rajoy, no existe posibilidad alguna de culto reverencial. Además, sus eximios restos mortales están alojados dentro del túmulo funerario de Los Regulares Indígenas, con lo solo pueden ser visitados una vez al año, el día 2 de noviembre. La polémica y el mantenerlo vivo en los papeles, que es lo que buscaba su hija Carlota Sanjurjo. Sin embargo, el alto Tribunal de Navarra  ha zanjando el asunto para siempre.

                                            Los cadáveres exquisitos

        Para hacer este artículo, he releído la excelente biografía que sobre Camilo José Cela escribiera el inmortal Francisco Umbral, amigo suyo y que tituló: Cela, un cadaver exquisito. Hoy en día, morirse ya es considerado un mérito suficiente como para recibir un honor, un título, o el nombre de una calle. Por ello, Umbral sorprendió contando cosas buenas y malas de su amigo difunto, por lo que se tachó a su biografía como “ajuste de cuentas”. Hoy solo se acepta la égloga y la hagiografía, olvidándose de que no todo o toda la que fallece es santo/a, y en caso de serlo, cada uno tiene sus devociones. Se puede ser benemérito, pero cada uno de su cofradía.

            En la legislación romana existía un derecho que se denominaba “damnatio memoriae”, o sea, el derecho a dañar la memoria y el recuerdo, siempre que se acreditase que el fallecido había sido “un cabrón”. Hoy esto parece inaceptable, y las familias defienden el honor de los fallecidos hasta casi los umbrales del Juicio Final.

                                                        Franco y Stalin

                   El extraordinario lio que se ha producido en España con respecto a la momia del dictador Franco, tuvo solución en la Rusia soviética con el cadaver embalsamado del Iosip Vissarionovich, más conocido como Stalin, generalísimo de Rusia. Tras su muerte. ocurrida el 5 de marzo de 1953, su cadaver fue embalsamado y expuesto junto a la momia de Lenin en el Mausoleo de la Plaza Roja. Con la desestalinización, la condena de su figura y de su método de gobierno o estalinismo, su cadáver fue retirado del mausoleo, y enterrado de modo discreto, tras las murallas de la Plaza Roja, junto a otras figuras de la historia de Rusia. A los únicos a los que no se les preguntó la opinión, fue a sus familiares. Nadie discutió el derecho del Estado Soviético a dar un modo diferente de recuerdo al que había sido Jefe del Estado desde 1929.

                  La momia de un Jefe de Estado no solo pertenece a la familia, caso de Franco, sino también al propio país, que en algún momento puede optar por dar un tratamiento póstumo diferente al que venía recibiendo hasta ahora. Ahí está el caso de Egipto, en donde los Faraones, Jefes de Estado del pasado egipcio, reposan en vitrinas en los museos, y son fotografiados por millones de turistas al año, encontrándose algunas de ellas casi desnudas. Siempre me da un poco de reparo pensar que el gran Ramsés II, está expuesto a la vista de todos, sin la menor solemnidad, en una sala del Museo de Antigüedades Egipcias.

                     En España debería edificarse un Panteón de los Jefes de Estado y figuras ilustres, y trasladar allí a Manuel Azaña, Antonio Machado, y a tantos otros grandes personajes que están desparramados por el solar patrio o incluso fuera de él. Esa sería la única opción que debería ofrecerse a la familia Franco, o aceptar un enterramiento colectivo de personajes ilustres, como fue el caso de Stalin, o trasladarlo a la cripta familiar de El Pardo, nunca a la Catedral de la Almudena. Este fue el caso de la familia de Emilio Mola (que compartía enterramiento con Sanjurjo) y que decidió trasladar por su cuenta los restos del general golpista y cerebro del Alzamiento, a una cripta familiar, de la que no ofrecieron dato alguno.

            El gobierno de la Nación debería redactar un Decreto Ley, convalidarlo si puede en el Parlamento, y zanjar este asunto para siempre. Cerrar las visitas al Valle de Los Caídos, hacer un censo de los que están allí enterrados, y luego decidir qué hacer con ese lugar. En definitiva, mandar ya a Franco a la historia.

 

Historia de Navidad desde Irán


El griego Alejandro de Macedonia llegó a las tierras de Persia en el siglo IV aC. y desde entonces el mundo cambió para siempre. El arte griego fue influido por el oriental y a su vez, el arte de Oriente recogió las influencias helenísticas. Nunca más fueron igual las cosas. El mundo fue ya diferente. La influencia y similitudes de Persia en Occidente son muchas. El islam Chií es el único que ha desarrollado una institución clerical similar a las de las iglesias cristianas. Es difícil no reconocer en las imágenes de los ayatolás iraníes a los cardenales católicos o los patriarcas ortodoxos. Los alminares vinieron de Persia con la expansión islámica y dieron origen a los campanarios. Las cúpulas bizantinas son originarias de Oriente y luego adoptadas en el arte occidental. Hay que recordar que el Imperio Bizantino existió hasta el siglo XVI. Tanto es así que la cúpula azul del mausoleo de Oljaytu (1302-1312) en Soltaniyeh, provincia de Zanjan, es considerada una anticipación de la cúpula de la catedral de Florencia, o al menos de la misma importancia artística.

Historia moderna de Irán

En la Navidad de 1978 el ejército de la URSS entraba en Afganistán, mientras el Imán Jomeini dirigía desde desde Paris la revolución contra el régimen títere del Sha de Persia, burda recreación del pasado del imperio Persa, apuntalado desde las democracias occidentales, con la ayuda del “gendarme del Golfo”, el Iraq de Saddam Hussein, el amigo de Occidente. Son ya muy pocas las posibilidades de localizar fotografías de líderes políticos de Occidente junto a Saddam. Dentro de no mucho tiempo ya casi nadie recordará estas historias.

El derrocamiento del Sha Reza Palevi se produjo por una revolución popular en la que estaban representados todos los sectores sociales. El shiismo representaba la voluntad de recuperar la identidad nacional y cultural de Irán, en oposición al modelo occidental impuesto bajo el Sha Palevi. En aquellos momentos existían dos tendencias en la revolución iraní, la clerical representada y dirigida por el Imán Jomeini, y la laica, promulgada por Alí Shariati (1977).

La caída del Sha y el triunfo definitivo de la revolución y la proclamación de la República Islámica de Irán se produjo el 11 de febrero de 1979, con el Imán Jomeini como líder supremo.

La expulsión de las industrias petroleras americanas y el inicio de los problemas políticos y sociales fue casi inmediata, como la toma de rehenes en la Embajada de los Estados Unidos en noviembre de ese mismo año. Las sanciones economicas estadounidenses no se hicieron esperar.

1980, la Guerra Irán-Iraq

En el fondo de todo subyace la guerra religiosa entre el hegemónico islam suní y el minoritario chií. Saddam, el gendarme de Occidente, denunció en septiembre de 1980 los acuerdos sobre le desembocadura de Shatt el Arab, y ese fue el inicio de la guerra irano-iraqui.

Iraq fue apoyado por Occidente, Estados Unidos y Arabia Saudí, con el fin de desmoronar el incipiente Estado iraní, aunque produjo el efecto contrario, o sea, su consolidación definitiva. Desde entonces persisten las sanciones económicas americanas, que impiden cualquier comercio de cualquier país del mundo con los iraníes, con cualquier tipo de producto. En la actualidad estás sanciones estrangulan y dañan irremisiblemente las economías de Venezuela, Corea del Norte, Cuba y Rusia.

Pylak Avedian y Zorik Moradian, mártires cristianos armenios de Irán

Esta historia surge con alguien que felicita la Navidad desde la República Islámica de Irán, compartiendo una fotografía de una mujer depositando velas y exvotos sobre una tumba orlada con una bandera iraní. La similitud del culto con las prácticas cristianas es notoria. Al preguntar por más datos acerca de la fotografía nos informan de que se trata de un joven soldado iraní cristiano, de ascendencia Armenia. El otro lugar en donde los cristianos armenios se salvaron del genocidio turco fue en Irán.

Todos los fallecidos iraníes en la guerra irano-iraquí son considerados mártires, en lo que denomina como la “guerra impuesta” o “guerra santa”. La condición de mártires les permite seguir vivos en la memoria colectiva, y ser objeto de constante veneración y culto. La guerra Irán-Iraq se prolongó hasta 1988, en una duración similar al conflicto afgano-soviético. La cifra de muertos o mártires iraníes no se conoce con exactitud, pero alcanza los 183.6230 según la Fundación de Mártires y Veteranos, una organización oficial iraní.

Pylak Avedian, hijo de Tomas y Khatoon, era nieto del sacerdote Arsham Arakilian, natural de la provincia de Isfaham. Tras graduarse en la educación secundaria, fue reclutado, muriendo al inicio de la guerra. Zorik Moradian es el primer caído armenio en esa misma guerra. En Irán, la iglesia cristiana armenia no es perseguida y goza de protección constitucional.

En total, 70 cristianos armenios murieron en la guerra. 4 quedaron como desaparecidos y 35 fueron hechos prisioneros. En la actualidad hay 108 veteranos.

Las Navas de Tolosa


               

             

              El lugar donde la historia duerme

                   El pequeño enclave de Las Navas de Tolosa, es una pedanía del municipio mayor de La Carolina, 15.000 habitantes según el último recuento del INE. En 2010, uno de nuestros más afamados y lenguaraces Académicos de La Lengua, Arturo Pérez Reverte, intentó rescatar la lejana efeméride y trazar un paralelismo entre 1212, y los actuales tiempos. En “La carga de los tres reyes”, publicado el 11 de julio, cometió algunos errores que luego subsanó el 26 de septiembre en “Las 17 Navas de Tolosa”. Lo primero que hay que decir es que no se deben hacer hipérboles históricas, ni trazar paralelismos entre el pasado y el tiempo actual. Aquellas gentes, hispanos en uno y otro lado, lucharon y murieron por otras cosas, que nada tienen que ver con las actuales.
Sin embargo y quizá sin pretenderlo, el más afamado de nuestros académicos, escogió el número 17 (hipotéticas versiones de la batalla), y trazó una línea que separa y une a la vez ésta, Las Navas, con otra llevada a cabo justo 17 años antes y sin la que es imposible entenderla. Nos referimos claro está a la batalla de Alarcos, del año 1195, también en el mes de julio y casi en la misma fecha, y que es conveniente  sacar del olvido. Es verdad que hay muchas cosas yaciendo en el olvido y reposando en la historia.

               La historia la narra quien vence, como escribe la profesora Margarita Torres en Las Batallas Legendarias, 2003. Unas pocas líneas separan al más absoluto de los olvidos, de la celebridad y la conmemoración. Sin embargo, todo lo que hoy somos se conforma con aquellos sucesos. En los campos de Jaén se ha decidido varias veces el destino de España.

                                       Alfonso VIII y los Almohades

                 Alarcos es solo una referencia geográfica de la provincia de Ciudad Real. No hay casi nada sobre Alarcos, porque significó una derrota que a punto estuvo de comprometer todo lo conseguido tras la conquista de Toledo en 1085. Significó un retroceso en la frontera desde el Guadiana al Tajo, nuevamente. Todo lo conseguido durante un siglo, se perdió en un solo día.

                  Según José María Martínez Val, Yaqub al  Mansur, el miramamolín o comendador de los creyentes (Emir al Muminín) , buscó durante varios días al rey de Castilla, hasta que el día 18 de julio de 1195, éste le aceptó el combate en las inmediaciones del castillo de Alarcos. Como era habitual, las huestes sarracenas eran más numerosas. Sin embargo, la precipitación de Alfonso VIII, como también le sucedería 17 años después,  le llevó a cometer un error fatal. Entabló el combate en una posición desfavorable y sin esperar a que llegaran los refuerzos del Reino de León.

                     El desastre fue inmenso, y la victoria del califa Almohade legendaria. Se perdió Alarcos ( hoy uno de los campos arqueológicos más importantes de España), todo el campo de Calatrava y la Orden homónima. En el lado cristiano el silencio y el olvido fueron absolutos, mientras que las crónicas musulmanas amplificaron al detalle la magnitud de la victoria. Esas mismas crónicas cifraron en 30.000 las pérdidas cristianas, por solo 500 en el campo almohade. Es una cifra exagerada, pero no así la magnitud del resultado de la batalla.

                        Las Navas de Tolosa y el pastor Martín Alhaja

        Son muchos los años que he transitado, dormido, comido y deambulado por la villa de Las Navas de Tolosa, que no es el lugar en donde se produjo la batalla de 1212, la que enmendó el desastre de Alarcos. Jaén está lleno de significados y lugares legendarios. El museo de Las Navas se encuentra en Santa Elena, y el lugar de la batalla está en otro punto, denominado como Mesa del Rey, tras descender el puerto del Muradal. Todo coincide con el trazado actual de la autovía A4, en el paso de Despeñaperros.

          Todo es de sobra conocido y fácil de localizar, salvo la historia y el personaje del pastor mozárabe Martín Alhaja o Martín Joya, que salió al encuentro de las tropas del Rey castellano y les indicó el lugar exacto por donde pasar el puerto, y ocultarse del ejército almohade del Miramamolín, en este caso Abu al Nassir, hijo del legendario Yaqub.

           Al igual que en Alarcos, los almohades ya esperaban a los castellanos en perfecta situación de combate y mejor emplazamiento. También en superioridad numérica, que era de 3 a 1. Al Nassir había reunido 200.000 guerreros por 70.000 de los castellanos. En ambos lados la batalla tenía carácter de cruzada. Sin embargo, y gracias a la información de Martín Alhaja, las tropas bajo mando de Alfonso VIII pudieron desaparecer de la visión de los almohades y aparecer delante de ellos. En caso contrario hubiesen sido fuertemente hostilizados y su fuerza podría haber llegado más descompuesta. El calor en el campo de Jaén en los meses de julio y agosto es implacable.

             Al igual que en Alarcos, la ansiedad del Rey estuvo a punto de provocar otro descalabro, pero fue contenido por el obispo de Toledo y hombre de armas, Jiménez de Rada  y el caballero Fernando García*, que retuvieron  al Rey y esperaron el momento idóneo del ataque, justo cuando el ejército del Miramamolín cometió su único error táctico.

               Esto sucedió un 16 de julio de 1212, 17 años después del desastre de Alarcos. Se calcula que unos 100.000 hombres perdieron la vida en aquella jornada. Entonces, el destino se decidía en un solo día. Nunca se ha resuelto el misterio de Martín Alhaja, que no pidió recompensa alguna por su decisiva contribución en el paso de Despeñaperros.

          Nota:*Las Navas de Tolosa, Carlos Vara Thorbeck

 

 

Yevguenia Yaroslavskaia-Markon


 

            Eugenia Markon, Yarovslakaia de casada, nació en Moscú el 14 de marzo de 1902. Era escritora, y murió fusilada en el Gulag de las islas  Solovetsky el 20 de junio de 1931. No pertenecía a ningún partido y fue arrestada el 17 de agosto de 1930. Su fotografía y nombre aparecen en un libro de Galaxia Gutemberg sobre el sistema de campos de concentración de la Rusia soviética, conocidos como Gulag, sin ningún otro dato y el apellido escrito de manera errónea. La ayuda de Alicia, nuestra colaboradora rusa, ha sido fundamental para encontrar información sobre ella, y dar también con la página de Memorial, la organización de Derechos Humanos rusa que se dedica a rescatar los nombres de las personas desaparecidas en el infierno helado del Gulag.

     Había estudiado filosofía en la Universidad de Petrogrado, hoy San Petersburgo. Fue detenida por intentar propiciar la fuga de su marido, el poeta Alexander Yarovslavsky, arrestado en 1928. Aparte, la relación matrimonial ya la convertía en sospechosa. Había sido sentenciada por el tribunal de la OGPU de Leningrado a la pena de 3 años de internamiento en un campo de trabajo. Las condenas inferiores a 5 años, lo habitual eran las condenas de entre 5 y 10 años, se califican entre los presos y presas como “condenas para niños”. Ese intento de fuga y el antecedente de su participación en el intento de la de Yarovslaky, que fue fusilado el 10 de diciembre de 1930, le costó un nuevo proceso y la sentencia definitiva de muerte por fusilamiento.

    Las décadas de 1920 y 1930 fueron las de la persecución de los intelectuales, escritores, poetas, periodistas o de cualquiera  otra forma de disidencia con respecto al régimen de Stalin. En la fotografía de los archivos de la KGB, Yevguenia Yarovlavskaia Markon, pese al escaso tiempo que llevaba presa, aparece bastante demacrada y totalmente indiferente, cuando no despectiva, frente a los retratistas del aparato represivo estalinista.

                            Barracón inmortal (Бессмертный барак)

        Yevguenia Markon escribió unas memorias de 38 páginas sobre su paso por el campo del Elefante, del Gulag de Solovki. Gracias a la ayuda de Alicia Kuchan, podemos sacar a la luz, desde los archivos de Memorial, las palabras de Yevguenia, como homenaje a todas las mujeres que desaparecieron en el Gulag y también a las que sobrevivieron: “Escribo para mí. Escribir para distorsionar la realidad, no es interesante. Además, no tengo nada que perder. Por eso soy honesta”. Esta última frase es de una potencia extraordinaria, porque Yevguenia intentó escapar del fusilamiento a través del suicidio, pero no lo consiguió, pues los guardias rojos consiguieron evitar su muerte voluntaria.

         Imaginar una asociación así en España, hoy en día es inimaginable. Memorial tiene una base de datos con cientos de miles de nombres, de fichas policiales, de fotografías, de cartas, de textos judiciales, de la podrida Justicia de Stalin y de sus verdugos, a disposición del mundo entero, de toda Rusia. Se dedican, sin percibir un solo rublo del Estado ruso, a recuperar la memoria y las imágenes de todas las mujeres y hombres desaparecidos en los campos de trabajo estalinistas.

        Sin embargo, ahora es el momento de dejar que las palabras de Yevguenia salgan a la luz y recorran el mundo: “Te lo advierto, no te sorprendas y no dudes de mi franqueza. Estoy generalmente convencida de que el candor siempre es beneficioso para una persona”. Se trata de una autobiografía apresurada, con una fecha límite, la de su propia vida. Son palabras sinceras y directas, que no escribe para el órgano represivo, lector inmediato del texto, sino para un futuro, para un tiempo que muy bien pudiera ser este.

         No se resignó nunca, sabía que sus palabras acabarían atravesando el tiempo, que sobrevivirían a la tiranía sin igual de Stalin. La introducción a su breve vida, y a lo poco que se sabe de Yevguenia Yaroslavskaia-Markon,  la escribe Irina Fligue, bajo el título  Juro vengar las palabras y la sangre. Irina dice: Es importante recuperar su última palabra, de la que fue privada durante el juicio y antes de la ejecución. Hay un libro suyo publicado en ruso y francés, Viaje por ciudades y aldeas, en el que cuenta su estancia en Europa.

     Nota:https://bessmertnybarak.ru/;(1)https://elalminardemelilla.com/2018/02/14/mujeres-en-el-gulag/

 

La colina del sílex en Melilla


                                                    El país berebere

               El país berebere, como acertara a llamarle Angelo Ghirelli, ocupaba toda la parte norte de África, desde el mar Rojo, hasta el océano Atlántico. A lo largo de muchos años, Ghirelli recorrió todo el norte de Marruecos documentando la presencia humana, reconocible claramente desde el Paleolítico. Paul Pallary, arqueólogo francés, estuvo por la zona en el principio del siglo XX, visitando la isla del Congreso e incluso la comarca de Melilla. En Chafarinas concluyó que la falta de agua  solo podía llevar a la conclusión de que las islas fueron habitadas antes de su separación del continente, o que los nativos de la zona tenían medios y capacidad para acceder hasta ellas y llevar agua. En la isla recogió muchas abundantes muestras de sílex tallado.

               En Melilla, Pallary encontró jaspes y sílex tallados también en una cantidad abundante, tanto en la propia ciudad, como en las colinas circundantes, en torno a los cauces del río de Oro y sus arroyos y en dirección al monte Gurugú. La región es rica en basaltos, jaspes y calcedonia, materiales fáciles de extraer y de tallar. En el lecho del río encontró un hacha de ofita.

                                            Sidi Guariach, la colina del sílex

                  Sidi Guariach no tenía hace varios miles de años el aspecto actual, probablemente formaría una colina de mayor volumen, con cavidades naturales, y con un arroyo en las inmediaciones, llamado ahora de Alfonso XIII. La guerra, los desmontes posteriores y la apertura de carreteras alteraron la zona. Sin embargo, esas alteraciones pueden sacar a la luz yacimientos ocultos, como la cantera de sílex de Sidi Guariach, citada por José Mª Tomassetti, soldado de reemplazo en Melilla en 1992. Esta investigación y trabajo de campo,  publicada por la UNED de Melilla en 1996, fue sin embargo la última. Nadie más ha parecido interesarse por las “industrias líticas en sílex” de la comarca de Melilla.

                    El conjunto de Sidi Guariach es descrito por Tomassetti como un conjunto de dos cerros y un amplio abastecimiento de agua, con la presencia de hasta cuatro pozos y un arroyo. “El cerro está modelado sobre calizas/molasas pliocenas que se asientan sobre un profundo paquete de traquiandesitas, también pliocenas”. En esa época, 1992, identifica la existencia de restos arqueológicos, no conservados posteriormente, y de los que no se ha vuelto a tener noticia. La acción erosiva y humana, alteraciones del terreno, propician el afloramiento de restos y de materiales sin necesidad de excavación previa. José Mª Tomassetti también identificó la existencia de dos fallas, en dirección al colector principal, en dirección E/W.

                   Pasados 25 años de estas prospecciones, la zona está todavía más alterada, por la urbanización y parcelación del terreno para nuevas urbanizaciones. Sin embargo, en una de esas parcelas, delimitada por la calle de Carlota O´Neill en su borde superior, afloran a simple vistas grandes piedras de esa primitiva cantera de sílex. Algunos bloques podrían estar desplazados, pero otros no, pues están fijados al terreno. Además, las parcelas están en niveles diferentes, y las curvas muestran claramente la distinta composición geológica del terreno. Los grandes fragmentos de sílex están en la parte más baja, o sea la más antigua geológicamente.

                                            La industria lítica

      Todo el material extraído en 1992, hasta 825 fragmentos, “estaban fabricados en el sílex local, de calidad media y con frecuentes inclusiones cristalinas y fosilíferas, en estado natural de color marrón e intensidad variable”. Del total de las piezas halladas, se descartaron 318, dadas sus alteraciones o fragmentaciones múltiples. El conjunto se encuadraba en dos amplios grupos, los restos de talla y los útiles propiamente dichos.                Esto que mostramos son los restos de la cantera, visibles gracias al gran deterioro del terreno. La abundancia del sílex hallado, los restos de las fallas, e incluso el agrupamiento (natural o artificial) de grandes bolos de basalto en una de las franjas, harían que mereciese la pena una exploración arqueológica exhaustiva, antes de su irreversible pérdida final.

          Entre los restos de talla y lascas de sílex encontrados, destaca uno que por su forma pudiera tratarse de un bifaz de tipo Achelense, en opinión de un experto. Este útil prehistórico estuvo en uso hasta el Paleolítico medio, lo que podría documentar una presencia constante de población mauritana en la comarca de Melilla, de tierras fértiles y abundante agua.

         Toda esta investigación coincide con la publicación en Ceuta de un libro sobre la obra de Angelo Ghirelli, por el doctor en Historia Antigua Enrique Gozalbes Cravioto, que además es autor de la obra “La ciudad antigua de Rusadir”, obra imprescindible sobre la evolución histórica de Melilla.