Archivo de la categoría: Historia

De Valsaín a Las Ardenas


50º aniversario del rodaje de Patton en San Ildefonso 

 

   Valsaín es una población segoviana de 176 habitantes, perteneciente al término municipal del Real Sitio de San Ildefonso, también conocido popularmente como La Granja, localidad edificada por el monarca Felipe V, el animoso, el primer Borbón español que se asentara en el trono en 1700. Sin embargo, el asentamiento de poblaciones en el lugar puede ser mucho anterior, aunque no existen evidencias. De hecho, en el primer cuarto del siglo XVI, el monarca español Carlos V edificó allí un palacio de caza y descanso, junto a la famosa pradera de Valsaín y sus legendarios caballos.

        El Real Sitio de San Ildefonso es conocido por su Palacio Real (el Versailles español) y el de Caza, que se encuentra en la cercana localidad de Riofrío. Ambos fueron  utilizados para el rodaje de la película Patton en 1970, del que se cumplen ahora 50 años. Es un lapso de tiempo suficiente para que las cosas empiece a caer en el olvido, y para que ya no existan recuerdos claros.

     La población de Valsaín lleva dedicada a la cría de caballo y a la industria maderera desde hace más tiempo del que puede documentarse, en un paraje natural privilegiado, atravesado por el río Eresma. Segovia se convirtió en la frontera entre la España musulmana y cristiana entre los siglos X y XI, lugar obligado de paso de los ejércitos califales que subían a realizar sus “aceifas” anuales al norte peninsular, por encima de la línea del Tajo. Es seguro que nada de esto fue tenido en cuenta por los estadounidenses en 1970, cuando decidieron convertir todo el paraje de San Ildefonso en Las Ardenas, para la película sobre el legendario general Patton.

      Las Ardenas fue la última gran ofensiva de la Alemania hitleriana en 1944, en un desesperado intento de contener el implacable avance anglo-estadounidense sobre Alemania, tras el desembarco de Normandía. La película recibió 7 premios Oscar, de las 10 nominaciones para las que fue propuesta. Se escogió España para el rodaje, además de por las localizaciones, por la cantidad de material alemán que tenía el ejercito español en  aquel momento (1970). Valsaín y el entorno de Guadarrama difieren mucho de Las Ardenas, entre otras cosas por la ausencia de montañas en los Países Bajos, lugar en donde se produjo la decisiva batalla antes de la derrota alemana en el frente del Oeste. El otro lugar de rodaje fue Almería.

                                 Stalin en el palacio de Riofrío

         ¿Se imaginan un retrato de Stalin en el palacio de Riofrío, en plena dictadura franquista?. Los dos palacios reales de San Ildefonso fueron ampliamente utilizados para las escenas de las reuniones del Estado Mayor de las fuerzas de los EEUU , las del Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada o SHAEF, y para el decisivo encuentro con los mandos soviéticos de la Guerra. Este fue el motivo de que se instalara un retrato de Iosif Stalin en el interior del Palacio de Riofrío. La plaza mayor del municipio de San Ildefonso o la montaña de Peñalara, aparecen en la película de un modo inequívoco, así como también la pequeña localidad de Valsaín (Malmedy); y el interior del convento abandonado que fundara la célebre “monja de las llagas”, conocida como Sor Patrocinio.

         La película sobre el general Patton, muerto en Alemania en 1945, fue rodada en el 25 aniversario del final de la II Guerra Mundial, y es una de las más galardonadas de la historia del cine norteamericano.

   Nota: https://elalminardemelilla.com/2016/09/04/valsain-las-ruinas-del-esplendor/

El general Patton en Tabernas


          50 años del rodaje Patton entre Almería y Tabernas

Enrique Delgado                 

        El controvertido y desequilibrado general estadounidense George Patton, nunca estuvo en la localidad almeriense de Tabernas, ni tampoco en Real Sitio de San Ildefonso en Segovia, sin embargo, estas dos localidades españolas fueron los escenarios principales de la película Patton (1970), galardonada con 10 Oscars  de la Academia de Hollywood en 1971, el de mejor película, mejor dirección y mejor actor principal. La selección de escenarios incluyó también a Volubilis en Marruecos, Almería capital, el Palacio de Riofrío, y la vertiente segoviana de la sierra de Guadarrama, que se convirtió en Las Ardenas.

          Sin embargo lo que nos interesa no es nada de eso, sino la más que probable destrucción real de una de las torres de la antigua alcazaba musulmana de Tabernas, lugar en donde se firmó la capitulación de Almería en 1489 entre Fernando el Católico y Muhammad XII al Zagal, tío de Boabdil, último rey nazarí de Granada. La alcazaba fue destruida por los propios moriscos, en la denominada como Guerra de las Alpujarras, en el final de siglo XVI. Desde entonces presenta un aspecto ruinoso.

               La destrucción de una torre, para el rodaje de Patton (1970)

             La cuestión es si se autorizó la voladura de una de las torres, una puerta, o parte del lienzo de la muralla. Hemos visto casi fotograma a fotograma toda la película, realizada hace 50 años, y hemos identificado muchos lugares, pero prestando especial atención a las de la alcazaba de Tabernas. Se rodaron allí varias escenas de batallas, que en la película se identifican con Túnez y el África Corps de Rommel, y con la liberación de Sicilia. Resulta curioso ver la entrada de las tropas aliadas anglo-estadounidenses en Messina, y ver claramente la plaza de la catedral de Almería.

            ¿Se voló parte de la muralla de la alcazaba para rodar una escena bélica?. La respuesta es sí, pese a haber sido declarado bajo la protección del Patrimonio Histórico Español, por un decreto de 1949. Las autoridades franquistas no sentía ningún respeto real por el patrimonio histórico y cultural. Lo mismo les daba autorizar la voladura de una torre para una película como Patton, o robar dos figuras de la catedral de Santiago para regalárselas a la familia Franco. En el colmo del despropósito, la escena no debió resultar demasiado cinematográfica, porque apenas se identifica en la película. La puerta que hoy aparece reconstruida al completo, fue probablemente la que volaron en 1970.

                 La colina de la alcazaba, el propio castillo y Tabernas, constituyen un enclave mágico, cargado de historia y de belleza natural.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2016/12/26/la-alcazaba-de-tabernas/. https://almeriapedia.wikanda.es/wiki/Castillo_de_Tabernas

La expedición Magallanes-Elcano


 

                                La vuelta al mundo, una historia con narrador

         El portugués Fernao de Magalhaes fue el Capitán General de la expedición para dar la primera vuelta al mundo, nombrado para tal fin por su Majestad Católica el emperador Carlos V. En conjunto fue una expedición dantesca, que tuvo graves problemas de indisciplina. Todos los pormenores del viaje se firmaron en la Capitulaciones de Valladolid, firmadas ante el propio rey el 28 de marzo de 1518. Las tripulaciones de los distintos barcos sumaban un número comprendido entre 235 y 265 marineros, predominantemente españoles. La rencillas entre las diferentes nacionalidades fueron constantes, y las vicisitudes fueron tantas y de tal calibre, que convirtieron el regreso de la única embarcación superviviente, la nao Victoria, en una epopeya legendaria.

           El otro gran nombre que sobresale en esa expedición fue el de Juan Sebastián Elcano, del que apenas existen referencias biográficas. Desapareció para siempre de la historia, en un posterior viaje a Las Molucas, años después de la 1ª circunnavegación que le inmortalizó. No existe tumba de Elcano, ni siquiera se sabe en dónde murió. Para muchos, las consecuencias científicas, geográficas e incluso de pensamiento, de esta primera circunnavegación, fueron muy superiores al propio Descubrimiento de América, aunque un hecho es consecuencia del otro.

                     Antonio Pigafetta, el cronista del la vuelta al mundo

           La historiografía española padece el mal de enaltecer los méritos de uno o unos, en detrimento de otro o de otros que de modo indudable, contribuyeron al logro del mérito  que nos ocupa. Fernando de Magallanes fue un gran marino, víctima de una traición de un marinero de la propia expedición, encontrando la muerte en la isla de Cebú, en los últimos días de abril de 1521. Tras los diferentes motines y ejecuciones, Juan Sebastián Elcano era ya el único marino experimentado, capaz de hacerse cargo del final de la expedición, que no era otro que el regreso a Sevilla.

       Trinidad, Victoria, Concepción, San Antonio y Santiago eran los nombres de las 5 naves expedicionarias. La flota partió de Sevilla el 10 de agosto de 1519, y no salió a mar abierto hasta el día 20 de septiembre en Sanlúcar de Barrameda. En la Patagonia, en marzo de 1520 se registró el primer motín. La nave Santiago se hundió en el mes de agosto. La San Antonio viró 180º y puso rumbo a España en clara deserción. Todos los tripulantes fueron arrestados al llegar a Sevilla. A finales del mes de octubre de 1520, completaron el paso por el estrecho, que hoy honra con toda justicia a Magallanes, y al que debe su nombre.

                   Tras la muerte de Magallanes, tuvieron que deshacerse de La Concepción, devorada por la carcoma, y ya todo el peligro lo constituían los portugueses, que apresaron a los tripulantes de La Trinidad. En diciembre de 1521, La nao victoria al mando de Elcano, emprendió el difícil viaje de regreso por el otro lado del mundo. Con solo 18 hombre llegaron a Sanlúcar el 22 de septiembre y dos días después a Sevilla.

                        Entre los supervivientes estaba el italiano Antonio Pigafetta, cronista de la expedición, quién hizo entrega al emperador Carlos V del diario oficial de la expedición. No se ha conservado ninguna edición original del diario de viaje, desaparecidas se supone, en saqueos, incendios o en robos. Lo habitual en estos lares.

                             Hace unos años estuvo en el puerto de Melilla una réplica de la Nao Victoria, que visitamos, y cuyas fotografías hoy acompañamos de este texto, y de los tres grandes nombres de esa expedición, de cuyo inicio se han cumplido 5 siglos.

Nota: La primera vuelta al mundo. Antonio Pigafetta, Alianza editorial

 

Memoria e Historia en Melilla


                                  Virgilio Leret sigue esperando

          La Ley de Memoria Histórica fue aprobada por el Gobierno de José Luis Rodriguez Zapatero el 26 de diciembre de 2007. Desde entonces, y han pasado 12 años, los avances en Melilla han sido nulos, y ya no es cuestión de seguir esperando más tiempo. En nuestra ciudad, bajo el gobierno del Partido Popular no solo no se realizó ningún avance, sino que se produjeron tres clarísimos fraudes, como fueron la sustitución de la placa de homenaje a Franco en el pabellón militar de la calle Castillejos, el entierro subrepticio de los restos del golpista Sanjurjo en Melilla, y el traslado del espadón de la Cruz de los Caídos al cementerio público de la Purísima Concepción. Los dos primeros fraudes a la Ley fueron autorizados por el hoy diputado por Melilla Díaz de Otazu, el segundo por el anterior gobierno municipal. Es hora de corregir ya estos errores.

          Sanjurjo no puede ser exhumado de nuevo, pero tanto la placa falsa plaza de Franco como el espaldón de los Caídos sí pueden ser retirados de forma inmediata, a ser posible antes del próximo 2 de noviembre, cuando las autoridades civiles y militares acuden al cementerio de Melilla para rendir homenaje a los melillenses ilustres, y a los fallecidos en acontecimientos trágicos, como la explosión del polvorín de Cabrerizas, los fallecidos en el accidente aéreo de Pauknair, o la rotura del depósito de agua de Cabrerizas.

                                Virgilio Leret, gloria de la Aviación española

              En la parte trasera del panteón de Aviación del cementerio municipal, existe varias filas de nichos en donde están enterrados militares de aviación, fallecidos en diversas circunstancias, bien en accidentes aéreos en la bade de Hidros de Mar Chica, como caídos en combate de la aviación de Franco, como Jiménez Benamú. También existe un nicho anónimo, en donde quizá reposen los restos de Virgilio Leret, aún sin identificar. Hay otros muchos nichos vacíos, por lo que pedimos que en al menos alguno de ellos figuren los nombres de del comandante de Aviación Virgilio Leret y los alféreces de la Base del Atalayón que fueron ejecutados con él, Luis Calvo y Pedro del Pozo, en aplicación de las leyes de guerra, sin juicio alguno y sin posibilidad de defensa, en la madrugada del 18 de julio de 1936.

                La Ley de Memoria histórica fue aprobada hace ya 11 años, por lo que no entra dentro del periodo de 100 días de cortesía, y porque Pedro Sánchez es Presidente del Gobierno de España desde junio de 2018. Alguna vez hay que empezar a apostar por reivindicar la memoria de los represaliados por mantenerse en defensa de la legalidad del gobierno legítimo. También exigimos a la Comandancia de Melilla, que sustituya la placa del Manuel Romerales Quintero, y se haga constar su grado de Comandante General de Melilla, fusilado en cumplimiento de su deber. Esto no puede esperar más. El gobierno de Zapatero aprobó la Ley, pero le pasó el muerto (Franco) al siguiente gobierno, y todavía estamos con él a cuestas.

 

Nota: https://leymemoria.mjusticia.gob.es/cs/Satellite/LeyMemoria/es/memoria-historica-522007

Torreones musulmanes hispanos


                           Entre Almería y Turégano

Enrique Delgado

         ¿Es Serafín Fanjul un arabista contra lo árabe?. Su libro “La quimera de al Ándalus”, escrito en Nijar en 2003, intenta romper la idealización del pasado musulmán hispano, del que tampoco suele tenerse una imagen clara. En cualquier caso es imposible resumir o sintetizar en una imagen única un periodo histórico de 781, ocho siglos. Su tesis principal, declarada en este libro, es negar que la invasión árabe de 711 modificara o dejara algún rastro identificable en el fenotipo hispano-romano, y sobre todo, que perviva herencia genética alguna.

         Para Fanjul, la entrada de los árabes en la legendaria fecha fue un una invasión en toda regla y un vuelco social y político de proporciones no conocidas has entonces. Esto es erróneo, pues fue mucho más cruenta la entrada de los romanos y el posterior proceso de romanización, que no solo duró 200 años, sino que además supuso el exterminio casi completo de grandes y diferenciados grupos étnicos ibéricos. La violencia de las legiones romanas sí es legendaria

           Los árabes, o los omeyas, con su ejército mayoritariamente bereber, se hicieron con la casi totalidad de la península en solo 3 años, y casi sin batallas que hayan dejado algún rastro histórico. Lo que sí es un mito o una quimera es Covadonga, en donde una escaramuza de exploración acabó convertida en batalla decisiva. Quien reivindique a Pelayo y la marca de La Reconquista hace sencillamente el ridículo. Las realidad es que los árabes nunca estuvieron interesados en el norte de España, ni en las tierras por encima de la línea del río Duero. Como ejemplo baste decir que la ciudad de León se mantuvo abandonada desde la caída de Roma en 476, hasta su ocupación incruenta en 856 por Ordoño I de Asturias. Los Reinos cristianos del Norte tardarían otro siglo en rebasar el Duero, y un siglo más en llegar hasta el Tajo en 1085.

      Si en el nombre de una potencia, el Califato de Bagdag, se ocupa una extensión de 600.000 kms² en solo 3 años y se asienta sin encontrar resistencia reseñable hasta casi 3 siglos después, en el final del siglo X, es que no ha existido oposición de ningún tipo. El Reino Visigodo estaba disuelto, carecía de ejército y estructura de Estado, y por eso nadie hizo frente a la invasión de 711. No existe la inversión social y política que Fanjul se esfuerza en poner de manifiesto.

                                   Torreones y murallas musulmanas hispanas

         Escrito todo lo anterior, hay que aclarar que en aquella época no existía el adjetivo islámico como definición política o religiosa. Tampoco había un término único que agrupara a la nueva población bereber y árabe asentada en Hispania. No se les conocía como musulmanes de modo conjunto. En la definición de los términos está empeñada desde hace años la profesora y arabista Luz Gómez García, porque todo debe significar lo mismo para todos, o no habrá manera de aclarar las cosas. Los “arabo-bereberes hispanos” nunca islamizaron ni lo pretendieron, los actuales sí.

          En cualquier caso, todo fue borrado tras la conquista final de 1492 y las “guerras moriscas” de 1500, 1567 y la definitiva expulsión de los moriscos españoles en 1609. No quedó nada de la lengua, cultura o religión de los hispanos de religión musulmana. Solo es posible buscar restos de torreones, de murallas, algún que otro alminar, como el de Bollullos de la Mitación, o alcazabas, como la de Trujillo y sus espléndidos aljibes, además de los monumentos más característicos y universalmente conocidos.

            Los libros de historia en Segovia, apenas dedican una decena de líneas a reflejar el periodo comprendido entre 712, fecha probable de la llegada de los árabes, y 1086, cuando la ciudad y provincia quedaron bajo el dominio cristiano. Por eso resultan sorprendentes los restos de la alcazaba califal de Turégano, no suficientemente reflejada y acreditada como tal.

            Los ejércitos andalusíes y califales tenías dos rutas principales de ascenso hacia el norte, según el historiador Fernando Aznar, una la de Mérida y la otra la de Toledo y Madrid. Al carecer de fuentes, debemos comparar estructuras. Las murallas de Turégano son califales. El tipo de construcción y la presencia del adarve (pasadizo interior) acreditan  su adscripción. Sin embargo, Turégano está muy cerca del Duero, la marca norte del territorio Andalusí, de ahí la importancia de esta alcazaba, su antigüedad y su gran perímetro.

 

 

El cabo de Trafalgar


             Trafalgar es el único nombre de un lugar geográfico español que los ingleses pronuncian con perfección. De hecho, la principal plaza de Londres se llama Trafalgar Square, con su inmenso obelisco, en cuya cima se yergue la estatua del almirante Horatio Nelson, vencedor y muerto a su vez, en la batalla que le inmortalizó.

                  La batalla del Cabo de Trafalgar reafirmó la supremacía inglesa en el mar para todo el siglo, y acabó con los planes de Napoleón para invadir Inglaterra. Todo esto sucedió un 21 de octubre de 1805. La flota hispano- francesa estaba compuesta por 33 barcos, bajo el mando del almirante Pierre Vileneuve, mientras que la inglesa, de 27 navíos estaban al mando de Horatio Nelson. Villeneuve, cumpliendo órdenes de Napoleón, buscaba el Mar Mediterráneo para emplazar la batalla, pero la flota de Nelson los alcanzó en Trafalgar, en el Océano Atlántico.

                  La victoria tiene muchos padrinos, y la derrota solo padrastros y este es uno de esos casos. La flota hispano-francesa adoptó una táctica anticuada y situó todos los barcos en línea hacia el norte, mientras que Nelson dividió a su flota en dos , y atacó a Villeneuve desde el Oeste y en ángulo recto, lo que provocó una maniobra desafortunada del francés, haciendo virar en redondo a sus barcos,  lo que resultó fatal para el resultado de la batalla. Literalmente, Nelson y el también almirante Cuthbert Collingwood, embistieron a la flota hispano-francesa, dividiéndola en dos. Fue una maniobra arriesgadísima, pues podían haber quedado atrapados en el centro de la flota “aliada”, pero resultó genial. Los barcos ingleses se movieron constantemente, envolviendo, atacando y desordenado los barcos de la línea hispano-francesa.

                Poco antes del mediodía, al inicio de la batalla, Nelson pronunció su inmortal orden: “England expects that every man will do his duty” (Inglaterra espera que cada hombre cumpla con su deber). España perdió más que nadie en aquella desgraciada batalla, el Annual de los mares. En las derrotas solo queda el consuelo del recurso al heroísmo. La flota hispano-francesa pagó con 3200 vidas y 2000 heridos la derrota, mientras que los ingleses tuvieron 450 muertos y 1200 heridos. Eso sí, hicieron más de 7000 prisioneros y destruyeron 22 barcos, además de la gloria de la Victoria, nombre del barco que mandaba Nelson. Entre ellos se hundió el día 24 el Santísima Trinidad, el barco más grande construido hasta ese momento y que pertenecía a parte española de la flota.

               Lo absurdo de Trafalgar se demostraría apenas algunos años después, con la invasión napoleónica de  1808 y ya declarada la Guerra de la Independencia, en la que España necesitó  la ayuda de Inglaterra para la liberación del territorio peninsular. Es más en algunas batallas, los ejércitos inglés y español actuaron conjuntamente.

                 Para conocer lo acaecido en este batalla es inevitable el recurso a Benito Pérez Galdós, que inició con ella sus afamados Episodios Nacionales (Trafalgar). Existe otra novela de Arturo Pérez Reverte (Cabo de Trafalgar), que repite el esquema del clásico Galdós (ecuánime y reposado de principio a fin) pero que no aporta nada nuevo, salvo una narrativa más racial y patriotera. La primera seguirá siendo un clásico y la segunda desaparecerá de la memoria. Tres nombres de calle melillenses (Churruca, Gravina y Apodaca) mantienen el recuerdo de Trafalgar.

                                          El Cabo de Trafalgar

             Es uno de los más conocidos y renombrados cabos del sur español, situado al oeste de Gibraltar. El paraje es de una gran belleza y es un entorno natural protegido, del que destaca su gran tómbolo de arena. Está incluido desde 2001 en el catálogo de Monumentos Naturales de Andalucía.

 

 

Constantinopla, 29 de mayo


        En la tarde del martes 29 de mayo de 1453, el sultán Mehmet II, escoltado por los Jenízaros, atravesó la derruidas murallas de Constantinopla por el valle del Lycos en dirección a la gran catedral de Santa Sofia, la obra más hermosa que jamás se haya construido para dar culto a Dios. Las órdenes eran claras, no se podían tocar ni Santa Sofía ni la iglesia de los Santos Apóstoles. La conquista otomana fue mucho más respetuosa con la ciudad que lo que había sido el salvaje asalto a la misma por parte de los integrantes de la peste de la Cuarta Cruzada de 1204, llevada a cabo en nombre del Papa romano Inocencio III. Los griegos no perdonaron nunca el saqueo y la profanación de Santa Sofía por parte de los cruzados latinos.

         Mehmet II oró en ella en la tarde noche del 29, cuando ya había sido transformada en mezquita. Las crónicas cuentan que lloró al ver el estado en que había quedado la capital bizantina.

         Los bizantinos iniciaron las peticiones de ayuda al Occidente europeo en 1451, tras conocerse la noticia de la subida al trono de Mehmet, el hijo de Murad. Sin embargo, los recelos pesaban en ambas partes. Roma siempre sintió envidia del prestigio de Constantinopla, con la que rivalizaba. Las desavenencias eran históricas, políticas y religiosas. Por su parte, los bizantinos recelaban de la ayuda latina, pues el recuerdo del asalto de 1204 seguía vivo.

         Constantino XI Paleólogo, último emperador de Constantinopla estaba dispuesto a tragarse todo el orgullo de siglos, con tal de salvar a su ciudad. Sin embargo, la oposición de los nobles bizantinos encabezados por el Megadux Lukas Notaras, que no estaban dispuestos a abdicar de  la tradición histórica y someterse al Papado, acuñaron un  lema que pasó a la historia: “Antes el turbante turco, que la mitra Papal”. Pese a todo, se celebró una misa de unificación y Constantino aceptó la primacía romana, lo que provocó la desafección del clero ortodoxo, encabezado por Jorge Scholarios (quien luego se convertiría en el primer Patriarca bajo dominio turco, con el nombre de Guennadio) y de parte de los nobles. Según ellos, el sometimiento al Papado sería solo una humillación sin beneficio alguno. Sin embargo, perder la ciudad era mucho peor, como pensaba el emperador.

         El sitio de Constantinopla se inició el 2 de abril, cuando las primeras tropas turcas se dejaron ver por los bizantinos y fueron tomando posiciones a ambos lados del mar de Mármara. El Sultán Mehmet solo temía la ayuda occidental, pero ya habían calculado que esta, de producirse, se decidiría muy tarde. sus previsiones fueron correctas, pues el Papa ordenó el auxilio de la ciudad el 6 de junio, cuanto ya llevaba 8 días en poder de los otomanos. Las naves venecianas de auxilio conocieron la noticia el día 9 en Creta, cuando se encontraron con los últimos barcos que habían abandonado la ciudad. Un monje cretense anotó en su diario: No hubo ni habrá jamás, un suceso más terrible*, y tenía razón. La noticia llegó a Venecia el 28 de junio, a Bolonia y al cardenal Besarión el 4 de julio, y finalmente al Papa el día 8. El abatimiento fue absoluto.

                                    El misterio de la puerta de Kylokerkos

           Los soldados griegos, los genoveses, los venecianos e incluso los catalanes eran unos 5000, frente a los 50.000 del ejército del Sultán. Pese a la diferencia, incluida la muy superior artillería otomana, puede decirse que los defensores de la ciudad habían ganado la batalla táctica. La triple muralla de Constantinopla tenía unas puertas que comunicaban los distintos perímetros. En las primeras luces del día 29 sucedieron dos hechos trágicos, el primero fue la herida mortal de Giovannni Gustianiani, el heroico genovés que tenía a su cargo la defensa de las murallas terrestres de las ciudad, lo que provocó el pánico entre sus tropas.

              El segundo hecho sería el más grave, y es que alguien (la sombra de la traición) dejó abierta la puerta interior de Kylokerkos, por la que entraron los Jenízaros, subiendo hasta la torre de Blanquernas. Los defensores de la ciudad, al ver los estandartes otomanos sobre las murallas dieron la ciudad por perdida y el pánico se extendió a lo largo de toda la muralla. Las tropas del Sultán entraban ya en la ciudad a través de las brechas abiertas. Al ver la situación, Constantino XI se despojó de sus insignias imperiales y junto a Francisco de Toledo y Juan Dálmata, se arrojó contra un grupo de atacantes turcos, desapareciendo para siempre. Dicen que su cadáver fue reconocido por los calcetines, bordados con el águila imperial de Constantinopla.

           Nadie pudo reponerse nunca de esta pérdida, porque en Constantinopla se perdió todo, desde las obras de arte religioso más importantes de toda la cristiandad, como el icono de la Hodigitria, pintado por el evangelista Lucas; hasta los edificios más espectaculares erigidos hasta entonces. Las iglesias se salvaron en su mayor parte, bien para ser transformadas en mezquitas, o para proseguir su culto cristiano ortodoxo. Mehmet II era un hombre religioso, y otorgó la protección de sus tropas a los templos bizantinos.

           Los acuerdos para respetar los lugares de culto de la Iglesia cristiana ortodoxa se mantienen hasta hoy en día, en el que Bartolomé I sigue ejerciendo el Patriarcado Ecuménico de Constantinopla desde la actual Estambul. Tres iglesias siguen activas en Estambul: Santa María de los Mongoles, San Demetrio Kavanou y San Jorge de los Cipreses.

Fuente: *La caída de Constantinopla, Steve Runciman.  Fotografías: Caner Cangül y del autor.