Archivo de la categoría: Obituario

Homenaje al ciclista Carlos Huelin García


         Los integrantes de los diferentes clubes ciclistas de la ciudad, compañeros de trabajo y amigos, convocaron en el día 11 de marzo una concentración y recorrido homenaje al ciclista Carlos Huelin García, fallecido el domingo 5 de marzo en un accidente de tráfico ¿Qué podemos hacer? se preguntaban los concentrados en su manifiesto, ante los más de 3000 melillenses asistentes. Lo principal es concienciarse en el cumplimiento de las normas de tráfico en cualquiera de las facetas que nos correspondan (peatón, conductor, ciclista). En algún momento del día o de la semana , cambiamos de situación con respecto a las vías urbanas, calzadas, calles y aceras, alternando la posición de peatón y la de conductor. No hay casi nadie en la ciudad que en algún momento no se haya visto involucrado en un accidente de tráfico, bien como conductor, peatón o ciclista.

       Hay sucesos, como éste, que conmocionan a una ciudad y de los que resulta muy difícil escribir, entre otras cosas porque son muchas las personas afectadas. El ciclista fallecido pertenecía a una familia muy arraigada en la ciudad, y estaba emparentado con otra de gran presencia y notoriedad; además tenía ya su propia familia. Era y es muy amplio el árbol de relaciones familiares, de amigos y también de relaciones sociales y laborales, que se han  visto afectados por el fatídico suceso.

         No es el momento de otro tipo de reflexiones que no sean las de compartir el dolor de la familia, ante una tragedia que ha afectado a casi toda la ciudad, y ofrecer el pésame a sus familiares.En su manifiesto de homenaje, los convocantes de la concentración se preguntaban si este suceso caería en el olvido. Desde el Alminar pensamos que no solo no caerá en el olvido, sino que marcará un antes y un después en la conciencia colectiva de la seguridad vial en nuestra ciudad, algo con lo que nos enfrentamos todos los días. ¡Qué descanse en paz Carlos Huelin García!

  

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Adiós a Fernando Belmonte


       Regresar de Roma y sin solución de continuidad asistir al entierro de mi amigo Fernando Belmonte es algo que no esperé hacer jamás. La muerte sorprende como un ladrón en la noche. Hay algunas que causan impacto social y conmueven pese a que no se conozca a la persona, pero hay muertes, como la de Fernando, que tienen un alto impacto personal, además del social. Esto es lo que ha ocurrido en este caso.

         Escribir acerca de una de las personas con las que he compartido una de las más largas etapas de amistad de mi vida, es muy difícil, y también porque es imposible hablar de Fernando sin hacerlo de Irene, su esposa; porque en Melilla ellos eran conocidos como  “Fernando e Irene”, de hecho, los conocí juntos y constituían una de las parejas, que en la ciudad se denominan como históricas.

           Hace una semana, una persona que me llama mi amigo, pero que por edad y conocimientos debo considerarle maestro, me recordada una frase que escribí hace un año, en uno de los obituarios más leídos de la historia del Alminar de Melilla: Toda muerte es segura. Muchas muertes sorprenden, algunas hacen enmudecer. Hoy debo añadir que algunas te dejan helado, pero  obligan a escribir sobre  ellas. A alguien como Fernando Belmonte, no se le puede dejar marchar sin escribir acerca de él. Para Irene Flores ha muerto su esposo, para sus familiares el hermano, el tío o el primo, para los amigos un amigo, para la ciudad un testigo, quizá de los mayores, de todo lo que ha sucedido desde la fundación de La Democracia.

         Aquel obituario hizo  que Fernando me advirtiera de algunos errores, como el de no haberle señalado como el primer director de Televisión Melilla, INMUSA; de hecho puede considerársele el fundador de la Televisión melillense. Tenía la confianza para decirme cualquier cosa, después de tantos años de amistad.  La discrepancia, que aclaré en el propio Alminar,  la zanjó el propio Fernando con esta frase: “Una cosa me ha quedado claro, y es que si algún día me muero, quiero que mi obituario me lo hagas tú”. Dicho por una de las mejores plumas periodísticas que haya dado la ciudad, lo consideré como un elogio. Lo que no pensé nunca, es que solo un año después tuviese que hacerlo.

                        Así en la vida como en la muerte

                Fernando inició la lucha por la democracia desde La Dictadura de Franco, militando en el Partido de los Trabajadores de España (PTE), un partido marxísta-leninista, de línea maoísta, que editaba un boletín llamado La Unión del Pueblo. Su familia era de origen modesto, hijos y nietos de los vencidos en la Guerra Civil. Esa etapa no la conocí, pues mi primer encuentro con él fue en su atalaya del diario Sur, cuando tenía delegación en Melilla y era uno de sus redactores.

            No se puede reducir su actividad a la sola condición de periodista, aunque es la que le define y por la que se le identifica. En el diario Sur escribió probablemente sus mejores páginas como profesional de la prensa. Era un atentísimo observador de la realidad y no se le escapaba ningún detalle. Sabía condensar toda la información en el reducido espacio con el que contaban, solo dos páginas. No desperdiciaba palabras porque las conocía todas. Manejaba el lenguaje (a favor o en contra como le gustaba decir), como nadie ha vuelto a hacerlo. Su capacidad para la ironía era infinita, que era tan afilada, que podía atravesar cualquier pared o metal. En algunos aspectos, como estos mencionados, debo considerarle mi maestro en el oficio de la escritura.

              Destacar, brillar, sobresalir en una ciudad de bandos y de facciones como Melilla, es muy difícil, y a menudo  impiden hacer aquello que se desea, y para lo que tenía un “don natural”, como el de la escritura. Alguien como él, debería haber dejado una mayor obra escrita, que le hubiese inmortalizado en la forma en que sus cualidades merecían. Con la madurez, había alcanzado la estabilidad laboral y personal, y también la consolidación académica. Esto le hubiese permitido narrar aquello de lo que había sido testigo y parte, que es el proceso de La Transición en la ciudad, el establecimiento de La Democracia, y sobre todo, el acceso a la nacionalidad española del colectivo musulmán de Melilla. Si hubiese tenido el tiempo necesario para hacerlo, dadas sus condiciones, se hubiese convertido en el Tito Livio de la historia local. Es un dolor sordo el que no haya dejado una obra escrita a la altura de su talento. Todo esto es solo una mínima parte de lo que ha sido. Queda el Fernando cantante, el tenista (con su autodenominada muñeca de seda), el jugador de mus, el Fernando íntimo, el familiar.

            En cualquier caso, ya nada tiene remedio, pero al igual que el divino Augusto, al acercarse el momento de su muerte, solicitó el silencio de los presentes y preguntó: ¿He desempeñado bien mi papel en el teatro de la vida?, a lo que todos dijeron que sí. Complacido, el divino Ottaviano respondió: Plaudite me ergo (aplaudidme pues). 

         La respuesta la dejo ya a criterio de cada uno. A la hora en que fallecía, me encontraba frente a la representación del Juicio Final de Miguel Ángel, en la sublime e inexpresable Capilla Sixtina. Le dedico la fotografía, y por supuesto, el aplauso.

En recuerdo del Vicario José Carretero


   

                Las ovejas y el pastor

         Os lo aseguro: quien no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón y un salteador. Pero quien entra  por la puerta, es pastor de las ovejas. A este le abre el portero y las ovejas escuchan su voz; llama a las ovejas propias cada una por su nombre y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen porque conocen su voz……..El buen pastor expone su vida por las ovejas; el que es asalariado y no pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo, deja las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa…….Tengo también otras ovejas que no son de este aprisco.  A estas es preciso que yo también las guíe, y oirán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Juan 10, 1-16

             José Carretero Ruíz, fue nombrado Vicario Episcopal en Melilla en septiembre de 1991. Fue un movimiento anticipado, porque unos días después llegó a la ciudad monseñor Buxarrais, el obispo dimisionario. Fue su escudo desde el principio, dada la repercusión que causó la noticia y así lo explica en un libro de reflexiones personales, editado por Juan Morales Molero y titulado José Carretero, un cura con olor a oveja : “En aquellos primeros días tuve que hacer de -parachoques- ente él y los periodistas. Su renuncia era una noticia extra y muchos querían entrevistarle. Don Ramón me había prohibido dar sus señas. No consiguió del todo lo que él pretendía,  ser raíz oculta. Casi diez años (hasta el 200o en el que fue relevado en su cargo episcopal en Melilla), coincidí con él en las benditas tierras de Melilla. Él hizo la opción de permanecer allí y allí sigue feliz y convencido de que fue el mejor sitio que pudo escoger para su residencia. 

                             José Carretero, el recuerdo del buen pastor

           Se trata de un buen testimonio de un libro que ha pasado muy desapercibido en las tierras de Melilla, en donde este buen sacerdote dejó un imborrable recuerdo. Hay una cosa que cosa que merece ser destacada por encima de otras, a lo largo de su  estancia en la Vicaría Episcopal, y es su presencia constante en la parroquia. Siempre estaba en el templo. Su despacho permanecía abierto mañana y tarde, y su presencia era permanente.

       Las puertas de La Vicaria casi nunca estaban cerradas, salvo durante las obligadas ausencias. No era amigo de alternar con las élites políticas de la ciudad. Acudía a los actos necesarios e imprescindibles, sin embargo, escogió siempre la compañía de la feligresía, el contacto permanente  con el rebaño. Incluso cuando la oficina parroquial permanecía cerrada, el padre Carretero seguía al frente de su despacho, o en la propia iglesia, o en sus dependencias personales. José Carretero predicó siempre con el ejemplo. Es muy recordado en Tolox, en donde tiene dedicada una calle.

         La enfermedad le sorprendió siendo capellán de Las Hermanitas de Los Pobres en Málaga. En 2011 recibió un homenaje de antiguos alumnos. Murió el 3 de septiembre del año pasado, 2014. El Alminar de Melilla tenía una deuda con su persona y su memoria. El libro contiene una excepcional fotografía de José Carretero, concelebrando misa junto a un enérgico monseñor Buxarrais, apenas 5 años mayor que él.

    Notas:  (1) http://elaelitos.blogspot.com.es/2012/01/d-jose-carretero-ruiz.html  (2) http://imagenesdetolox.blogspot.com.es/2014/04/momento-de-comuniones-en-la-iglesia-con.html

En la muerte de Ángel Valencia


         Un periodista no debe ser nunca noticia, y cuando lo es, suele serlo por motivos que no son buenos, como es el caso. Miguel Ángel Villaverde Valencia era amigo confeso del Alminar. Tenía nuestro permiso para coger cuantas fotos o noticias quisiera, sin necesidad de autorización previa. Han sido varios años de colaboración, de compartir filtraciones, confidencias  y exclusivas, que nos pasábamos de un lado a otro, pero era, sobre todo, amigo.

                        Amigo desde hace mucho tiempo, desde su llegada a la ciudad como jefe de prensa del Ayuntamiento de Melillla (esperamos ver la esquela de la Ciudad Autónoma y de la Asociación de la Prensa); durante la última etapa del regidor socialista Gonzalo Hernández. Un infarto le llevó al retiro prematuro. Siempre se tomó muy en serio las cosas, aunque él no era una persona seria para nada.

                 Tras su retirada de primera línea, fue delegado de Cáritas  de la parroquia de Batería Jota, presidente de la Federación de Asociación de Vecinos de Averroes, en donde vivió la riada de 1997 en primera persona, denunciador implacable de las deficiencias del depósito antes de su estallido, También fue presidente de la Asociación de Vecinos del Tiro Nacional, de la Federación de Asociación de Vecinos (Favecam), y del camping de Rostrogordo. En definitiva, era una persona comprometida y conocedora de la ciudad, en la que se había implicado en múltiples facetas.

                     La última de esas actividades le devolvió al mundo de la prensa, en un autodiário (http://www.norteafrica.com) , que alcanzó las cifras más altas de difusión de toda la historia de Melilla, con 113 millones de visitas en su contador. Ahora ya todo se ha detenido para él, uno de los personajes más peculiares del mundo periodístico de nuestra ciudad, y fundamentalmente, una buena persona.                                     ¡ Descansa en paz, amigo Ángel Valencia !

Ante el asesinato de Hannan Outmane


        El género de la violencia contra las mujeres

        Terrorismo machista, violencia de género, violencia contra las mujeres, son expresiones que se evitan en nuestra ciudad, aunque los hechos demuestren que son claros sucesos encuadrados en estas denominaciones. Hannan Outmane cumplió 18 años el pasado mes de julio, tenía una hija de dos años y un largo pasado de violencia y agresiones físicas en el matrimonio.

       Hannan Outmane, nacida en Farhana, cumplió con todos los pasos que recomiendan las Consejerías de La Mujer y con todo lo indicado en los protocolos de Violencia contra las Mujeres. A Hannan Outmane le fallaron las instituciones, esas mismas que editan las  guías. Cuando llega un caso como este, las instituciones se vuelven rígidas y las autoridades insensibles.   Los lemas y las concentraciones se nos tornan como farsas, porque Hannan ya está muerta, y ello lo avisó, y lo decía a quién quisiese oírla o tuviese unos minutos para escucharla. Me lo dijo en todas las ocasiones en que pude hablar con ella, desde el pasado mes de julio, cuando relaté su historia en El Alminar  y en el diario Melilla Hoy*, en el mes de julio pasado.  Si no existiese ese artículo, hoy muchos podrían seguir enmascarando la ineficacia de las instituciones en este caso.  Sin embargo el artículo existe y allí está todo expresado. La tragedia quedó escrita y anunciada con antelación suficiente, tanta como para haber tomado medidas que quizá hubiesen podido evitar esta muerte. Lo principal era haberla creído y trasladado fuera de Melilla, en donde podría haber esperado con tranquilidad su documentación.

    Cuando la conocí venía acompañada de José Adongo, un inmigrante camerunés llegado a Melilla en 1992, y que ahora reside en la urbanización de Las  Palmeras, me pidió unos minutos para poder explicarme el caso de estas dos jóvenes mujeres (18 y 22 años), primas y acogidas en aquel momento en un piso para mujeres maltratadas, o víctimas de violencia de género. No habían conseguido documentar el maltrato físico, por haberse producido en Marruecos, o por no haber podido salir de sus casas para presentar las denuncias.  Sin embargo, eran objeto de acoso continuo por parte de sus parejas, residentes en Melilla. Ambas estaban pendientes de que se aceptase su solicitud de residencia, por ser víctimas de violencia de género o machista, caso que contempla la Ley.

         La que más peligro corría era Hannan Outmane, la joven mujer asesinada de modo brutal. Era constante objeto de acoso y amenazas por parte de su ex pareja.   Su miedo era constante, y por eso siempre se hacía acompañar por un amigo o un familiar en sus desplazamientos por la ciudad.  Intentaba rehacer su  vida, aunque con una tranquilidad pasmosa, siempre comentaba que tenía claro que tarde o temprano su final sería la muerte. En las tres veces que pude verla, nunca perdía la sonrisa o la esperanza de lograr una vida feliz, aunque tenía claro que para eso debería  obtener la residencia y salir de Melilla . En una de esas ocasiones le indiqué la dirección de un amigo y abogado, para que pudiese orientarla sobre los pasos legales a seguir.  Los ciudadanos crean redes de protección y ayuda, mientras las autoridades responsables viven en su mundo de ediciones, eslóganes, y representaciones.

            Al no poder documentar los malos tratos, tuvo que abandonar el piso en donde estaba acogida y quedó en situación de desprotección. Además,  su ex marido la seguía por todos los centros de acogida en donde estaba y le gritaba desde la calle que o salía de ellos  o la mataría en cualquier momento. Dentro o fuera, de modo voluntario o forzado, quedó en situación de desamparo absoluto, sin documentación, que se demoró mucho, y en la ciudad, al alcance de las ansias feminicidas de su marido y presunto asesino. Hannan Outmane debió ser trasladada junto a su hija fuera de la ciudad, dada la evidente situación de peligrosidad en la que se encontraba, y que percibía cualquiera que hablase con ella, salvo para quienes debieron asistirla y ampararla.

    Todo lo que se diga suena ya a palabrería política hueca y sin alma. Se la acogió, pero las estancias en los pisos tienen sus límites temporales. Se la protegió, pero no lo suficiente. Se la escuchó, pero no la creyeron.  Las leyes, como decía Montesquieu tienen espíritu,  y no puede aplicarse la literalidad solamente al débil.

                Cuando se quiere aparecer a  la víctima como la culpable

      La violencia homicida contra las mujeres tiene sus pautas, y el tratamiento informativo para ocultarla también. Se tarda en aceptar que es un caso más de terrorismo machista. Se intenta diluir la responsabilidad del asesino con información que pretende desacreditar a la víctima, de la que se juzgan hasta sus intenciones. La realidad es que cuando una mujer da el paso de denunciar a su pareja ante la Justicia, es que ya el desastre está próximo, y el peligro es una evidencia para casi todos.

         Si alguien escribió en un informe, luego  publicado en prensa que: ” esta mujer quiere aprovecharse de las ventajas de ser considerada una mujer maltratada”, es que nos encontramos frente a las tinieblas de la frialdad administrativa más absoluta.  Si los que redactaron esa frase y las autoridades que se ampararon en ella y la dieron por buena, bajaron la guardia frente a Hannan Outamne por este motivo y piensan ahora en la consecuencia final (la que ella anunciaba siempre), se enfrentan ahora a algo que no les volverá a dejar tranquilos nunca, porque este final estaba escrito, desde el mes de julio.

PD: A su prima y amiga, Karima H., que la acompañaba en el artículo y que convivía con ella en el centro de acogida, le acaban de desestimar el recurso de reposición, a la denegación de su petición de residencia, por violencia de género no demostrada.

Nota*: https://elalminardemelilla.com/2014/07/24/la-violencia-contra-las-mujeres/

En la muerte de Juan José Medina Roldán


Última foto de Juan José Medina

        Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Porque nada hay tan oculto que no llegue a descubrirse, ni nada tan escondido que no llegue a saberse, porque lo que digáis de noche se escuchará en pleno día, y lo que dijísteis al oído se pregonará desde las azoteas. Lucas 12, 1-7

                    Toda muerte es segura. Muchas muertes sorprenden, algunas hacen enmudecer. Cuando hoy, día de San Lucas, me ha llegado la noticia del fallecimiento de Juan José Medina, confieso que no  lo podía creer. Tampoco que esta foto que le hiciera junto a la sede del partido Populares en Libertad y sede de su televisión,  El Vigía, fuese la última vez que lo iba a ver en vida. Nadie podía imaginarse  un final tan abrupto, tan inesperado.

                  Juan José Medina fue miembro fundador de la Unión del Pueblo Melillense, el partido que creara Pepe Imbroda (qepd). Fue amigo personal de la familia, aunque su última y más larga militancia fuese en el Partido Socalista. Muchos no podían comprender semejantes saltos en su vida, pero el nexo de unión de todo eso era la lucha infatigable contra la corrupción y el abuso en el Poder. Contra esta circunstancia, Juan José Medina era absolutamente intolerante.

                 Fue director del Faro de Ceuta y del Telegrama de Melilla, desde el que denunció de manera inmisericorde “los excesos de la etapa final del gobierno de Ignacio Velázquez”. Cuando fue relevado, por presiones políticas de su cargo en El Telegrama, creó su propio medio de comunicación, al que llamó El Faro. Su contribución ideológica fue trascendental para la presentación de la moción de censura que acabó con el Gobierno de Ignacio Velázquez.

                  También fue Director gerente de la Televisión de Melilla en dos etapas diferenciadas. Su gestión hizo pasar a esta televisión de una mera gacetilla de loa al poder ejerciente, a la Televisión actual. El armazón  de la presente televisión se le puede atribuir sin duda alguna. Cometió excesos, era intransigente en muchas ocasiones, pero porque él identificaba su labor, con la de un adoctrinador en su concepto personal de la libertad de expresión y de la práctica de la política. Cuando detectaba la corrupción, el abuso de poder o la doble moral, era implacable.

                  Esto le llevó a ser destituido por aquellos mismo a los que él contribuyó a encumbrar en la cima del poder político de Melilla, y cuando se dio cuenta de que estos gobernantes, cometían los mismos excesos de aquellos a quienes derribaron, su situación al frente de la televisión local se hizo insostenible.

               Volvió a empezar desde cero, con una televisión, El Vigia, que en origen era solo visible a través de internet. Su empuje le llevó a ser alojado dentro de Cablemel, plataforma que le volvió a situar en medio de un plató televisivo. En su etapa final volvió a una amistad sincera con Ignacio Velázquez, porque en su opinión, el remedio (el imbrodismo), llegó a convertirse en algo peor que la enfermedad a la que se combatía.

                       Juan José Medina se ha convertido en “un mártir” de la libertad de expresión y de la lucha contra la corrupción, sea del color que sea. Ha muerto en el día de San Lucas  y el jueves se leyó en las iglesias su anatema. Ahora ya sé que todo se sabrá, por mucho que su voz  se haya apagado. La trascendencia de su figura y aportación a la vida política de la ciudad tardará algunos años en ser valorada en su justa medida.

                 Que tu reposo sea apacible.

Francisco Pérez Álvarez, descanse en paz


               Ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

           Hoy tres de mayo, festividad no canónica de la Santa Cruz, ha fallecido el que fuera Hermano Mayor de La Cofradía de La Victoria, Francisco Pérez Álvarez, a la edad de 81 años. En la vida se producen a veces extrañas coincidencias, y no dejar de ser llamativo, que un “hombre de iglesia”,  como él se definía, culmine su vida, en el día en el que se conmemora aquello a lo que este hombre siguió durante toda su vida, la Cruz de Jesucristo, representada por su Iglesia. Para casi la totalidad de los que le conocían, era el ejemplo del hombre bueno, de sentimientos franciscanos, gran defensor de la Iglesia del Pueblo, y templo patronal melillense.  Dicen que uno de los días más tristes de su vida, fue el de la marcha de los capuchinos en Melilla La Vieja, en la que estuvieron asentados durante más de cinco siglos, desde 1497  hasta 2004.

           Francisco Pérez Álvarez fue también administrador del Telegrama de Melilla, hasta su cierre en 1984. Fue un prolijo articulista e historiador religioso a lo largo de muchos años, aunque no llegara a publicar libro alguno. Ejerció esa oscura y poco reconocida labor de evitar que las historias se pierdan, pero también, la más necesaria de todas. No siempre debe buscarse  el reconocimiento vano, y Francisco Pérez Álvarez no lo busco en ocasión alguna. En 1993 fue pregonero de la Semana Santa de Melilla.

              Su erudición y  grado conocimiento de la historia de la religiosidad cristiana melillense era absoluta, y aunque era un hombre devoto, no era nada mojigato, ni tampoco alguien que se arrima a los pasillos eclesiásticos para conseguir posición o notoriedad social . En la Iglesia no hay derecha ni izquierda, sino lado de la epístola y lado del evangelio. En las conversaciones que mantuve con él en los últimos años, puedo asegurar, que podía rebasar a su interlocutor, por cualquiera de los dos lados. Si algo consiguió de La Iglesia, como el nombramiento episcopal como acólito en 2003, fue por propio tesón y conocimientos, y sin hacer pasillo.

                 Como le dijo Jesucristo a Poncio Pilato: “no tienes nada en tus manos”, y es verdad que no decidimos ni el principio, ni el final. El ejemplo está aquí, y está hoy, con esta entrada que no pensaba hacer, en un día como este. Hace ya año y medio que decidí crear la categoría del “obituario”, para despedir, con palabras sencillas, a personas que a mi juicio, lo merecen. La muerte no forma parte de la vida, la muerte no se vive, pero siempre nos acompaña, más en unas épocas que otras.

        Que descanse en paz, el Hermano Mayor de La Victoria, Francisco Pérez Álvarez.