Negra espalda del tiempo


Javier Marías, el escritor intimista

Bajo el foco de la muerte, acaecida en Madrid el 11 de septiembre, apenas unos días antes de cumplir los 71 años, cobran un sentido nuevo, algunas de sus novelas, como la que da título a este artículo. A diario, en distintas bocas, y como gran conclusión solemne, escuchamos la sentencia que todo lo puede: «el tiempo coloca a cada uno en su sitio», pero que realmente no es cierta, porque entre otras cosas, al tiempo no le importamos nada, es más, no nos tiene ni en consideración. ¿Cuál sería el lugar de un escritor tan diferente como Javier Marías? No puede responderse, pero éste no, ni en este momento. La pandemia del Covid, oficialmente acabada, y de la que ya casi ni se refieren las estadísticas, se sigue cobrando nuevas vidas, algunas tan significativas como la suya.

En Negra espalda del tiempo, Javier Marías intenta deshacer algunos enredos creados por una novela anterior Todas las almas, que recrea el ambiente de Oxford, ciudad en la que pasó 2 años como profesor. Sin embargo, la novela es muchas cosas más, porque intenta precisar nuestra capacidad o imposibilidad para describir la realidad, o escribir sobre ella, sin que se desprendan sobre el texto retazos biográficos, alteraciones, confusiones.

«Creo no haber confundido todavía nunca la ficción con la realidad, aunque sí las he mezclado en más de una ocasión, como todo el mundo, no solo los novelistas, no solo los escritores». Al intentar contar algo, lo deformamos: «porque la palabra -incluso la hablada, incluso la más tosca- es en sí misma metafórica y por ello imprecisa», escribía en la obra mencionada, en 1998.

Quizá la proximidad del nuevo milenio, o algún acontecimiento no precisado, le llevó a ocuparse sobre la trascendencia de la obra, de la novela, sobre el propio autor: «Su final quedará también fuera, y seguramente coincidirá con el mío, dentro de algunos años, o así lo espero. O puede que me sobreviva ese fin como nos sobrevive casi todo lo que emitimos o nos acompaña o causamos, duramos menos que nuestras intenciones. Dejamos demasiado puesto en marcha y su inercia tan débil nos sobrevive».

«Los libros que escribimos pero también los que solo compramos y una vez leímos o permanecieron cerrados hasta el final en su estante y proseguirán en otro sitio su vida de espera a la espera de que otros ojos más ávidos o sosegados». También, pero esto ya no lo escribió, los libros esperan en sus estantes a que un nuevo acontecimiento, una manera diferente de leerlos y entenderlos, aporten un significado que en su momento no entendimos, ni vimos.

Al escribir sobre texto y nombres ya olvidados, les damos nueva vida, otra oportunidad: «O dicho de otra manera, seré memoria suya sin haberlos visto y sin que ellos pudieran preverme en su tiempo ya perdido, seré su fantasma». Esto es lo que hacemos al escribir o recordar a quienes no hemos conocido.

«La ciudad de Oxford, donde casi nada se ignora, y lo que se ignora se crea y si no se inventa. Qué peligrosas las voces con crédito, las autorizadas, las que nunca mienten, como si aguardaran el día en que de veras valga la pena o les toque hacerlo, y entonces persuaden sin ningún esfuerzo de lo más fantástico o ponzoñoso. Puede que la mía vaya siendo una de esas, por la edad y algún escrito. Pero yo nunca miento». Una formidable advertencia escrita hace un cuarto de siglo. Lo que nos sobreviva, es algo que no podemos saber.

Adiós a Carlota Leret O’Neill


Carlota, la hija del capitán Leret

Carlota Leret estaba acostumbrada a vadear todo tipo de tormentas, en una vida que le fue adversa desde muy pequeña, concretamente desde el mes de julio de 1936, en Melilla. Una adversidad la ha perseguido hasta su último país de adopción, Venezuela, y hasta su mismo final.

El rigor del bloqueo y la ruina del Estado venezolano y de la República Bolivariana, a los que se sumó la pandemia del Covid, y que le impidieron recibir en persona la Medalla de Oro de la Ciudad de Melilla en 2020. Algunos problemas de salud que había superado con su tenacidad acostumbrada, como la implantación de un marcapasos en marzo del presente año.

Nos habíamos acostumbrado a que Carlota Leret podía con todo y que siempre volveríamos a verla una vez más. Sin embargo, las complicaciones de un imprevisible accidente doméstico, sucedido en los primeros días del mes, la llevaron al fatal desenlace de su fallecimiento, el día 7 de agosto, cuando todavía tenía mucho que decirnos.

Carlota Leret está presente en mi vida desde el año 2000, y en El Alminar desde el mismo año de su creación en 2011. Carlota apareció en la historia de Mellilla en el verano de 2000 y desde entonces se constituyó en el gran símbolo de la Memoria Histórica de la ciudad. Siempre sumó amigos/as en sus numerosas visitas a nuestra ciudad, y en Madrid, en dónde tenía su residencia de España.

Removió el cielo y todos los archivos para recuperar la memoria de su padre, encontrando grandes apoyos en el Ejército del Aire, pero no logró su otro gran objetivo, el más importante, el de remover la tierra y localizar los restos de «su papá», como le llamaba, aunque para todos nosotros/as sea el capitán Leret. La dimensión personal y humana nunca debe perderse de vista, porque Carlota buscaba a su padre, por encima de cualquier otra cosa. Incomprensiblemente, ningún Ministro de Defensa dio la orden de abrir la fosa en donde yacen sus restos. Sin embargo, para el dos veces golpista, dos veces laureado y dos veces enterrado, José Sanjurjo Sacanell, todo fue posible. Pasaron también los fuegos artificiales del aeropuerto Virgilio Leret. Aunque de esto último la responsabilidad recaiga compartida con la otra parte de su familia, los autodenominados como «los Leret», que prefirieron denegar la autorización para que el aeropuerto de Pamplona llevará su nombre, antes que tener que compartir ese honor con sus hijas legítimas y de sangre. Cuando alguien denomina a su página como «la verdad», es que solo cuenta lo que no lo es.

A la verdad se la reconoce, pero no se anuncia. La verdad de Carlota Leret O’Neill resplandece por sí sola, aunque ella ya no esté. Nunca respondió a los desaires recibidos, como el que la impidió recitar los versos de su madre en el fuerte/museo de Victoria Grande de Melilla. Se dio por satisfecha con la representación entre sus muros, en 2021, de una recreación de Romanza entre Rejas, a cargo de la compañía de Ceres Machado. Descansa ya para siempre, apreciada e inolvidable amiga Carlota, con tus padres, y tu hermana Maria Gabriela.

Adiós a Manuel Céspedes


Sobre 1985 y 1986 todo está por escribirse, sobre todo por los que fueron sus testigos directos, eso si, sin rencor y analizando todo con la perspectiva que ofrecen los años. Manuel Céspedes Cespedes, hombre de absoluta confianza de Felipe González, llegó a Melilla en el tercer trimestre de 1986, con la ciudad al borde del conflicto civil. Fue recibido bajo los titulares de «Inmensa esperanza» y «El pacificador».

Melilla había salido del franquismo como una ciudad totalmente empobrecida, y con un problema de regularización documental, que dejó atascado la Unión del Centro Democrático. El artífice de la reforma que impidió al colectivo musulmán o rifeño, seguir accediendo a la nacionalidad española fue el diputado García Margallo. Por tanto, fue la derecha la que dejó cargada la bomba del conflicto social que tomó cuerpo en 1985, bajo el liderazgo de un funcionario municipal, y militante socialista, Aomar Mohamed Duddu.

Una vez que se ponen en marcha las dinámicas sociales, luego son muy difíciles de controlar eso fue exactamente lo que ocurrió. Hoy sabemos que fue el profesor Jesús Morata, director provincial del MOPU (Ministerio de Obras Públicas), el que escribió la célebre carta publicada en un diario nacional, con el título de Legalizar Melilla, así como otras cartas publicadas en la prensa local bajo el pseudónimo de Yugurta. Es cierto que el partido socialista, del que yo era secretario general de las Juventudes, estaba dividido frente al asunto de las nacionalidades, pero no es menos cierto que todas las fuerzas de centroderecha, sin excepción, estaban unidas frente a los Acuerdos de Madrid, y a la vía del acceso administrativo a la nacionalidad española. En ese contexto llegó Manuel Céspedes a Melilla.

El amigo de Felipe González

Llegados al poder en octubre de 1982, los socialistas de Felipe González tenían por delante la labor de desarmar al ejército franquista, en permanente estado de ruido de sables; modernizar a España; abrir la Verja de Gibraltar; reconocer al Estado de Israel; introducir a España en las Instituciones Europeas, y sobre todo, aguantar la ofensiva terrorista más brutal de toda su historia, de ETA, dispuesta a volcar la incipiente democracia española. Todo esto con unas relaciones muy tensas con Marruecos, a cuyo frente se encontraba Hassan II. En esas circunstancias, Felipe González se desprendió de su hombre de confianza, y que mantuvo al frente de la Delegación de Gobierno en Melilla, hasta el final del mandato socialista en 1996.

Un servidor del Estado

Eso es lo que siempre fue y quiso ser, el Manuel Céspedes político, único aspecto sobre el que podemos juzgarle. Hubiese obtenido de Felipe González lo que hubiese querido, pero siempre rechazó las puertas giratorias y acabó su carrera como funcionario en una comisaría de Madrid. A diferencia de otros muchos agitadores de 1986, tras jubilarse regresó a Melilla, su ciudad natal, en la que ha fallecido en el día de ayer.

Fue secretario general del Partido Socialista y diputado de la Asamblea en 2003. Tras su retirada de la política en 2004, tuvimos ocasión de hablar en profundidad de los temas que nos separaron en el aspecto personal y recomponer nuestra relación . Él siempre creyó en que la regularización documental era la única vía posible para el futuro de la ciudad y apostó por ella, pese a las reticencias internas y frente a una derecha muy beligerante e incluso hostil.

Se ha ido y ya descansa, pero el diseño de la ciudad actual, se gestó en su larga década frente a la Delegación del Gobierno. Había una foto que le gustaba especialmente, en la que se le ve detrás de Felipe González, en el entierro del capitán genetal de Madrid Guillermo Quintana Lacaci, asesinado por ETA en enero de 1984, rodeados ambos de Mandos del Ejército y de Policías Militares.

Nota:Abril, 1986, Melilla, Chernóbil | El Alminar de Melilla. La espléndida fotografía es de Raúl Cancio.

En recuerdo de Mauricio Benain Belilty


Llegué a Melilla en 1979 procedente de Segovia, un lugar en donde los judíos habían sido expulsados en 1492 (el mayor error de la historia de España) y los últimos moriscos en 1614 (el 2º mayor error de nuestra historia). Cuando me incorporé al Instituto Leopoldo Queipo disfruté desde el primer día de una mezcla étnica deslumbrante, y también de la compañía de mujeres. En el medievo castellano, mi instituto era solo masculino, el Andrés Laguna. La luminosidad de Melilla me pareció otro mundo. Maanan, Elías, Mauricio, Esther, Pedro, Carlos, Rosario, y tantos otros compañeros y compañeras, cambiaron mi modo de ver las cosas. El mundo no era solo Uno y Trino, sino algo más, que en aquella época solo tenían Melilla y Ceuta. Poco a poco me fui convirtiendo en un cosmopolita. Cuando volví a ver a mis amigos y compañeros en Segovia, me sentía como alguien que había viajado en el tiempo.

Claro que no todo fueron luces, pues un año después, por aquellas obligaciones del servicio militar, conocí al Ejercito de Franco, que se resistía a desaparecer, y eso sí que era caverna, y no la de Platón. Así pues, aquella primera imagen se retiró a la zona en donde los recuerdos se embellecen. Sin embargo la semilla de la convivencia estaba allí. Solo necesitaba ser fomentada en la dirección correcta.

Melilla: Comunidad de comunidades

Musulmana, cristiana y judía, dice nuestro himno, compuesto por Aña Riaño, que por cierto, tiene calle dedicada en nuestra ciudad. Se escribió en ese orden por razones rítmicas y musicales, dejando fuera la comunidad hindú, por los mismos motivos. Incluso esto creó polémica en su momento.

Hace unos años, recuperé el contacto con Mauricio Benain, que por entonces trabajaba en la Farmacia del barrio de La Constitución, y me recordó nuestras clases de Ética en el Instituto, a las que acudíamos, cristianos no tridentinos, hebreos y rifeños. Eran clases con contenido formativo, evaluables, y en donde todo se debatía y ponía en cuestión, desde diferentes perspectivas. Mucho más tarde, la visión religiosa se adueñaría de todo, y hoy solo se puede escoger el tipo de enseñanza religiosa que se desea.

Las celebraciones religiosas, como bodas, comuniones, bautizos o el Brit Milá, se reanudaron tras la finalización del confinamiento, y seguían permitidas durante el presente «estado de alarma», eso sí, con las debidas garantías sanitarias, el respeto a los aforos y las medidas individuales. Sin embargo, y como ocurre siempre, el azar o el destino, juegan con sus propios dados. Los sucedido en la Comunidad Israelita de Melilla es una gran tragedia, que concierne a la ciudad entera.

Solo el Colegio de Farmacéuticos, iban insertando sus esquelas en el diario Melilla Hoy, sin que la noticia del suceso, tomaras cuerpo en la ciudad. El día 11 de diciembre, con ocasión del encendido de las Luces de las Culturas en la plaza de Menéndez Pelayo, pude hablar, con Mauricio. Le comenté algunos proyectos para El Alminar, y quedamos en vernos para después de las navidades y Januká. Intenté fotografiar a su grupo, pero se excusaron por tratarse del viernes. Ese día eran los encargados de encender la Menorá. Luego llegó el silencio, cada unos a sus ocupaciones, y finalmente la tragedia.

El día 12 de enero falleció Reina Belilty Aserraf. El 13, David Benain Truzman, y en el día de ayer, 16 de enero, Mauricio Benain Belilty. Que Yahveh, Yo Soy, el Dios Único, Padre de todo lo creado, Padre Nuestro, Abba, les acoja y resguarde en su Reino, en su insondable Majestad, más allá de la muerte.

Julio Anguita, un comunista en Melilla


           Nunca un secretario general del Partido Comunista de España en ejercicio había visitado la ciudad de Melilla. El primero y hasta ahora el único, fue Julio Anguita, que visitó la ciudad el 4 de diciembre de 1995, siendo entonces diputado del Congreso dentro de la formación política de Izquierda Unida. En el mismo mes, y casi en el mismo día, pero 8 años después, visitó también la ciudad otro secretario general del PCE, pero este histórico, Santiago Carillo Solares.

              En 1994, por desplazamiento en las listas electorales, Abdelkader Mohamed Alí se convirtió en el primer diputado melillense del Parlamento Europeo. La izquierda clásica, ha tenido escasa perspectiva en la ciudad, pese a que siempre ha tenido una notoria presencia y actividad en la ciudad. No solo Carrillo o Anguita, sino también Gerardo Iglesias, fueron destacados líderes comunistas y de capital importancia en la política española.

                 Santiago Carrillo desplazó a los comunistas españoles desde el estalinismo más puro, hasta el eurocomunismo, adelantándose incluso al poderoso partido comunista de Francia. Sin embargo, por razones históricas y políticas, el partido comunista fue diluyéndose, hasta que encontró el amparo bajo la asépticas siglas de IU. Allí encontró una nueva etapa en la que prolongar su vida política. Resulta paradójico que en España la condición de «comunista» tenga una fuerte carga de insulto y acusación política todavía, mientras que Falange, cuya implicación en la represión franquista y en siniestros crímenes, está fuera de toda duda, puede seguir presentándose como tal, a las elecciones Generales y Europeas. Aun hoy en día, se llama peyorativamente comunistas a quienes no lo son, como a la formación morada de Podemos, desde la derecha y ultraderecha de VOX, que sí es franquista.

                  A Julio Anguita y su célebre «programa, programa, programa», le correspondió vérselas con los gobiernos socialistas de González (1988-1999), con el estallido de la corrupción de Estado, y con el siniestro periodo de los GAL o guerra sucia del Estado contra la organización terrorista ETA, en su etapa más despiadada. Luego llegó la célebre acusación de la pinza, que provenía de un partido socialista incapaz de analizar sus propias errores, y que acusaba a Izquierda Unida de hacer frente al PSOE, junto a la hosca derecha aznarista.

                   A Julio Anguita le debemos los melillenses y ceutíes una cosa, y es el abandono de la tesis tradicional de la izquierda sobre las ciudades norteafricanas, que explicitaba la «retrocesión» a Marruecos de ambos territorios. Este hecho permitió la posibilidad de equiparar las tesis de izquierdas en ambas ciudades, junto con las del resto del país. Ese fue el motivo de su histórica visita de 1995., en la que fue recibida por el entonces máximo dirigente de IU Melilla, Abdelkader Mohamed, que también abandonaría la formación en 1997. La existencia de una izquierda más allá del socialismo, siempre es difícil y comprometida. No solo en Melilla. Anguita abrió la puerta para que otros dirigentes de izquierdas visitasen la ciudad, como Isabelo Herrero, presidente de Izquierda Republicana, que concurrió a las elecciones con sus propias siglas en 2003.                         ¡ Que tu reposo sea apacible, camarada Julio Anguita !

 

In memoriam: Carlos Seco Serrano


 Últimas cartas con Carlos Seco Serrano

           En 1999 internet era un recurso incipiente, no accesible al mundo común como ahora. La única forma de ponerse en contacto con alguien era la guía telefónica y la dirección postal. Eso hice y así contacté con Carlos Seco Serrano para dedicarle un capítulo a su padre, el comandante del batallón de Ametralladoras Edmundo Seco, presente en la Comandancia General de Melilla en la tarde del 17 de julio de 1936. En aquella habitación y reunión hubo grandes traidores, que alcanzarían los máximos grados en el Ejército de Franco.

               En la violentísima reunión en el despacho del General Manuel Romerales, y ante su pregunta de: ¿Pero quién me odia a mí?, el comandante Zanón, de una manera brutal le increpa: «Todo el ejército, mi general». En ese crucial momento, intervino el comandante Edmundo Seco, y ante la amenazadora mirada del jefe de la conspiración en Melilla, el coronel Solans Lavedán, afirmó: «Todos no, mi general, ni Ferrer, ni Rotger, ni yo. Nosotros estamos con usted». Eso es valor y lealtad en estado puro, y sigue sin ser reconocido.

              Hoy 12 de abril de 2020, se ha comunicado el fallecimiento del ilustre historiador, y con él vuelve a morir su padre, Interventor Civil de Villa Sarjurjo (Alhucemas), al que siempre profesó veneración.

                                                     El 17 a las 17

             Este fue el título de un artículo escrito por Carlos Seco Serrano sobre el levantamiento militar en Melilla, solicitado por Manuel Fraga, para una edición conmemorativa sobre los XXV años de Paz, que es como denominaba el régimen a su silencio mortal. Era muy difícil ser historiador en en periodo más negro de la España de Franco.

             Don Carlos, como yo le llamaba, me envió todo, una fotografía de su padre, la carta de su última voluntad y una copia del artículo mencionado, que fue censurado en su 2ª parte, en el diario El Telegrama de Melilla. El artículo era muy extenso y solo se publicó la 1ª parte, pues el director, no autorizó la 2ª. Corría el año 2000 y el búnker franquista ejercía una enorme presión en nuestra ciudad. Entonces no existían los escáneres y tras publicarlo, le devolví los originales.

          En 2002 volvía escribir un relato sobre los últimos días del comandante Edmundo Seco, esta vez en El Faro de Melilla y esta fue la respuesta de Carlos Seco. «Querido amigo: Celebré mucho poder conocer personalmente a usted con motivo de mi reciente estancia en Melilla, y deseo reiterarle mi agradecimiento por sus artículos dedicados a la reivindicación de la figura de mi inolvidable padre. El último artículo, que tuvo la bondad de entregarme, me conmovió profundamente». Hasta ese encuentro que se produjo en el Parador de Turismo, nos habíamos escrito una decena de cartas y llamadas telefónicas.

            Los comandantes Ferrer Madariaga y Rotger Canals, ambos mallorquines,  fueron fusilados el 3 de diciembre de 1936 en Rostrogordo. Seco Sánchez fue trasladado a Ceuta, en donde estuvo preso en el castillo del monte Hacho (junto al teniente Fernando Arrabal, padre del insigne melillense Fernando Arrabal), hasta que fue fusilado el 15 de junio de 1937.

            Entresaco este párrafo de su carta de despedida: «Duéleme, en cambio, la triste estela que en la sociedad en la que viví deja mi nombre, porque he sido calumniado con verdadera saña. Todos me atribuyen cosas que solo han imaginado o que escucharon a otros que no hicieron sino imaginarlas. Los que me conocían saben bien cómo yo era y quizá llegue la hora de la justicia y de la reparación. Y perdono a los que consciente o inconscientemente contribuyeron a mi descrédito y a mi muerte». Adiós. Edmundo. El Hacho.

         Nota: Entre 1995 y 2007, Carlos Seco Serrano estuvo a disposición de la Ciudad de Melilla, para diversos proyectos culturales o editoriales, visitándola en varias ocasiones. En ella residió la familia, hasta que se trasladaron a Madrid tras su fusilamiento en Ceuta. Podemos asegurar, que en esta despedida final, solo hubiese deseado que escribiéramos sobre su padre, al que nunca olvidó.