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La mirada perpleja


La escalada melillense en fase 1

                Que a un negocio de hostelería se le permita abrir con determinados requisitos y protocolos, que tengan en cuenta la seguridad de los trabajadores y de consumidores es lógico, porque es parte de la actividad económica de nuestra ciudad. Pero esto es así en cafeterías, restaurantes, bares,  ya establecidos antes del inicio de la pandemia. La norma establece que a los que tuvieran terraza, se les permite ampliarlas en un 30%. La mayor parte de los establecimientos de hostelería todavía no han abierto, porque están adaptando sus locales a las nuevas normas y requisitos sanitarios, intentando que los consumidores vuelvan pero con sensación de confianza.

               Sin embargo, en este caso no estamos hablando de ninguno de esos supuestos. Esto es ocupación de la vía pública sin ningún tipo de norma o requisito sanitario. Es simplemente abrir y jugar a la ruleta rusa, con el consentimiento u omisión consciente de las consejerías responsables (sanidad, seguridad ciudadana, medio ambiente) El local que ha asentado sus mesas sobre el paseo público, es un pub y no tenía actividad exterior. Ninguno de las cafeterías de la zona ha abierto todavía.

                 Los ciudadanos de Melilla, en al menos un 90%, llevamos 60 días confinados en las casas, y saliendo a la calle solo en los tramos horarios establecidos para el paseo. Según esto que vemos en la calle Valencia, con conocimiento del Gobierno de Melilla, se está dando a entender que se puede salir a la calle, independientemente de la edad y de del tiempo de permanencia en la calles.

                  Las salidas están autorizadas para pasear o hacer deporte, con una hora de margen, salvo para beber, actividad que se puede realizar desde las 17 horas hasta las 01h 00 del día siguiente, sin límite alguno. Las autoridades sanitarias recomiendan usar mascarillas y guantes protectores o lavado de manos. Parece que la excepción es solo para la ingesta de alcohol, que ya sabemos que es nocivo para el Covid-19.

                Lo cierto es que todo esto suena a irresponsabilidad profunda por parte de las autoridades, al permitir que ciudadanos se desplacen a áreas de la ciudad en las que no residen, solo para beber, sin protección alguna, en medio de una pandemia. Se recomienda salir con mascarillas, y si se quiere guantes, para ir a la panadería, a los centros de trabajo, a los supermercados, a las pocas tiendas que se les ha permitido abrir y algunas con cita previa, a las peluquerías; pero para beber no hace falta cumplir con norma alguna.

               Se nos llevan exigiendo todo tipo de recomendaciones: Viajar un máximo de dos personas en los vehículos y con mascarillas. Se nos habla de la nueva normalidad, del pago con tarjetas de crédito, de teletrabajo,  de las compras online, salvo para acudir a la taberna, el gran invento romano, que permanece inalterable ad urbe condita.

              La perplejidad es la sensación que sentía ayer esta pareja, que paseaba a su hora, con mascarillas y guantes protectores, frente a la absoluta indiferencia de la fiesta de la acera. Se mezclaron dos realidades diferentes. Lo volvemos a escribir, solo estamos en esta posición gracias al azar. ¿No se decía que el máximo desplazamiento desde el domicilio era de un kilómetro?

              Es la culminación del absurdo, del esperpento. Paseantes que tienen que cruzar a la calzada en su hora reglamentaria, o el contraste entre el trabajador de carga y descarga con guantes y mascarilla, mientras los usuarios no guardan protección alguna. ¿Para qué?

 

 

 

La locomotora averiada


            Durante décadas y hasta hace no mucho, la antigua estación de ferrocarril de Beni Ensar albergó locomotoras y vagones de los ferrocarriles de las Minas del Rif. Eran verdaderas joyas mecánicas de las que España se desentendió por completo. Nunca hubo interés en recuperar esas máquinas históricas, que acabaron por desaparecer.

           En 2013, y gracias a este blog, se conservaron los antiguos raíles del ferrocarril de Las Minas, en la inminente remodelación de la antigua dársena pesquera. En un tardío homenaje al ferrocarril, descubrieron que no tenían ninguna máquina propia y así se agenciaron una máquina alemana propiedad el Ministerio de Defensa. estábamos en plena década melillicida y con un gobierno que no hacía caso a nadie.

           Buscaban un emplazamiento adecuado para la máquina, para que no acabase como la lancha de la Compañía de Mar, destruida y desaparecida, o el barco pesquero, mil veces degradado y usado como dormitorio y aseo público. Abandonar cosas en las calles no equivale a homenajear nada.

               Dijimos entonces y recordábamos ahora, que el mejor emplazamiento era la propia dársena, porque tenía y tiene vigilancia y además, a cierta hora de la noche se cierra toda la zona. Allí no existía la posibilidad de destrucción intencionada, o un uso distinto de la locomotora que no sea el previsto, esto es, el conmemorativo.

                Ha pasado el tiempo, más de un lustro y el fin o el camino hacia el fin de la locomotora es el previsto inicialmente, el deterioro gradual hasta llegar al completo. El camino es largo y lento pero  inexorable, como el de la barca de la Compañía del Mar, como el monumento a las hélices del avión CASA CN-235, como cualquier otra cosa que se instale en Melilla, salvo la estatua de “Franco salvador”. Es el único monumento de la ciudad que se vigila de modo permanente con cámaras de seguridad, para evitar que nadie lo pinte o deteriore.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2013/05/12/un-lugar-para-la-locomotora/

Palos, troncos, árboles


La debacle verde en Altos de la vía

            Hace ya muchos años, más de los que recordamos, denunciamos el lamentable estado del solar y arboleda de Altos de la vía. La desidia que se apoderó de la gestión que hemos padecido durante la última década, creó una enfermedad mayor aún, la indolencia, o lo que es lo mismo, la insensibilidad y desinterés hacia cualquier cosa que suceda a nuestro alrededor. En eso estamos y no hay antídoto. Se puede tratar un virus, pero no un mal que afecta al espíritu o al ánimo.

                Aquella lejana denuncia de la que escribimos hace unos días, provocó una reacción, que consistió en un “poda sanitaria”, o lo que es lo mismo, dejaron convertido todo el pequeño bosque o arboleda en palos. Hicimos fotos de lo uno y de lo otro y gracias a eso, hoy podemos contar de modo científico el número de árboles que se han perdido, y los que se van a perder. La organización melillense Guelaya-Ecologistas en Acción, ha denunciado la desaparición de 5 eucaliptos, pero desde este blog estimamos que serán más, dado el estado terminal de algunos árboles que todavía quedan en pie. Algunos ya está señalados y marcados para la tala.

                  Somos conocedores de que esta es una obra heredada, de que nada de esto importa ya porque la indolencia se ha apoderado de la gente, de que ni siquiera causa escándalo o comentario que esta obra este licitada por 1 millón de euros. Da exactamente igual que estén destruyendo la suave ladera sobre la que se asentaba la arboleda, que el suelo de arena desaparezca para ser reemplazado por hormigón y pavimento. A nadie le importa que los escalones centenarios de madera, hechos con traviesas de ferrocarril sean ya solo un recuerdo fotográfico, o que se esté haciendo desmonte para sustituirlo por un muro de piedra artificial. Todo este millón de euros se volatilizará en apenas 5 años, y en lugar presentará una conservación muy difícil y un deterioro acelerado

El deterioro dantesco


                                          Refugio, deterioro, hambre

           La miseria es un estado en el que la persona no solo carece de recursos básicos para la subsistencia, sino que además no tiene modo de obtener esos recursos. En el capitalismo considerado como sistema económico triunfante, hemos visto que se puede ser pobre  aun teniendo trabajo. El escalón siguiente sería el de la miseria y la condición de miserables.

           El hambre es una sensación o estado (no hemos encontrado una definición satisfactoria) que puede llevar al ser humano a la locura. Durante los 1000 días del asedio nazi a la ciudad de San Petersburgo (Leningrado), el hambre condujo a muchas personas a la locura, y al canibalismo. Los episodios documentados de canibalismo en Leningrado (1941-1944) es uno de los más estremecedores que pueden leerse.

                 Un millar de personas puede estar vagando por la ciudad en situación de miseria, entre mendigos, personas sin hogar, rebuscadores de basura y menores no acompañados. El impacto de este tipo de población deja una huella diaria en la ciudad.

                  Hay que buscar refugio y para ello vale cualquier edificio abandonado, canalizaciones del arroyo mezquita, setos  en los parques y jardines, puentes y locales abandonados. Este conjunto de población difícilmente evaluable, pasa hambre, se encuentras en condiciones higiénicas cercanas medievales, y realiza todas sus necesidades fisiológicas  en cualquier lugar a cubierto. Hay algunos rincones en los parques de la ciudad en los que el hedor resulta insoportable. El riesgo de infecciones y de trasmisión de enfermedades es notoriamente alto. Las lluvias y los torrentes llevan todo ese material orgánico, que se produce a diario, desde los cauces de los arroyos de Melilla, hasta la misma playa y bahía de la ciudad.

                           La desidia y la entropía han cabalgado desbocadas en la ciudad a lo largo de la última década. Se tardarán años en detener ese deterioro y en poder ver atisbos o evidencias del cambio de rumbo. En solo un año, el antiguo y primigenio local del Burger King, ofrece un estado de abandono absoluto. Ha sido asaltado y se han robado materiales en su interior. Lo mismo ocurre con el restaurante Los Salazones, objeto de saqueo y abandono, aunque ya está completamente tabicado y clausurado. Nada aguanta en la ciudad más de un año de cierre.

            Ha llegado el frío y la humedad implacable. Hay que buscar refugio en donde sea, como sea y de cualquier modo.

 

 

 

La charca del cementerio


                  Son muchos y muchas los que nos preguntan qué está pasando con El Alminar, dado el decrecimiento de las publicaciones, pero no ocurre nada. Este blog ya es un legado para el futuro, una lucerna encendida en  la década más oscura de la historia de Melilla, desde el restablecimiento de La Democracia en 1978. Toda obra humana, y esta lo es, deberá cumplir al menos dos condiciones. Si tiene principio u origen, también tendrá final.

                 ¿Cómo se ha podido llegar hasta esta situación, cómo se ha podido mirar hacia otro lado durante tantos años?. No hay rincón de la ciudad que no albergue algo cochambroso en sus inmediaciones. Lo mínimo que se le debe exigir a un gobernante es que conozca la totalidad del territorio bajo su administración. Esto no es imposible en un término municipal del tamaño del melillense, pero para eso un gobierno se divide y subdivide en consejerías y viceconsejerías, cuya acción sí deben sumar el 100% del territorio. Esto no ha sucedido en nuestro caso. Algunos integrantes del anterior gobierno se fueron sin haber siquiera pisado en una parte significativa de nuestro territorio. El municipio más extenso de España es el de Cáceres, con 1750 km², o sea, 140 veces más grande que el de Melilla y prácticamente con la misma población.

          Para descubrir cosas como esta, solo hace falta levantar una alfombra, o simplemente mirar al otro lado de un muro. Detrás del cementerio de Melilla se encuentra el principal foco de contaminación de la ciudad, la planta incineradora. Un poco más allá está el depósito de escombros, en donde se está almacenando la ceniza procedente de la planta. Ese será un legado venenoso para el futuro, pero esa es y será otra historia.

                   La charca pestilente no pertenece al cementerio, está justo detrás del Panteón de Aviación, pero existe. Parece una balsa de exudado de la planta incineradora, mas bien aliviadero que toma de agua. No parece un lugar sano.

 

Calle de El Bierzo


 

La gestión en apariencia

                          Existía una gestión, pero era solo en apariencia, y esa apariencia acababa por hacerse pasar por gestión.  Asociaciones de vecinos como correas de transmisión. Silenciado cualquier atisbo de crítica o de disconformidad. Los medios de comunicación o entregados a  la propaganda o silenciando la realidad, que era la que veían y ven los ciudadanos/as cada día. Desapareció la opinión libre de la gente, ya nadie reclamaba nada y la imagen de la gestión aparente se adueño de todo y se multiplicó por doquier.

                         Las casas se vaciaban, los antiguos vecinos o bien abandonaban la ciudad, o se trasladaban a otros inmuebles y entonces sobrevenían la ruina y el abandono durante décadas, sin que ninguna Consejería responsable se tomase las más mínima molestia por verificar y comprobar cual era y es el estado de calles y barrios. Pasará mucho tiempo antes de que pueda detenerse este proceso de deterioro, para  poder revertirlo y avanzar de nuevo.

                      En Melilla hay cientos de casas abandonadas y vacías en claro proceso de deterioro. También hay muchas casas ya sin dueños y herederos, de las que se están adueñando otros, que nada tienen que ver con sus antiguos y extintos propietarios. Con el paso del tiempo, existe una vía legal para adquirir la propiedad de esa casa abandonada. La casuística en esta ciudad es interminable, supera cualquier cosa que pueda imaginarse.

                     En la calle de El Bierzo del Barrio del Real existen varias antiguas viviendas en completo estado de abandono y ruina. Las que tienen los números 5 y 7 están impracticables como posibles refugios de la población ambulante. Las otras, que se corresponden con los números 14 y 16 lleva abandonada una década, tapiada y ha sido recientemente reventada para su uso como refugio esporádico.

         Este es el estado de abandono y de ilegalidad en el que se encuentra la ciudad. Este es el tipo de gestión que se resiste a dejar paso a otra. Este es el punto desde el que hay que reflotar. Esta era la calle León, pero la gestión aparente decidió dividir el nombre de la mitad de las calles del barrio (Orense-Vigo, Pamplona-Navarra, A Coruña- Ferrol, etc).

 

 

 

La ciudad invisible


 

                        Abandono total en el 4º Recinto
¿Existe el infierno? Sí, y esta a nuestro lado, en la misma Melilla que creemos la única posible. Está mucho más cerca de lo que nos imaginamos. Hasta tal punto que pasamos a su lado y no lo vemos o no queremos verlo. El infierno, uno de muchos, tiene hasta agujero para entra en él, o boca, que es como más comúnmente se denomina.
             Italo Calvino lo describió en Las ciudades invisibles: “El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya está aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos; aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es riesgosa y exige atención y aprendizaje continuos: Buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure y dejarle espacio”.
Todo estas reflexiones acontecen en las conversaciones entre Marco Polo y el Kublai Jan, el gran emperador de los mongoles, en las que pide al gran viajero que le describa cómo es el mundo que no conoce: “Tus ciudades no existen, quizá no hayan existido nunca. Seguramente ya no existirán. ¿Por qué te solazas en fábulas consoladoras?. Bien sé que mi imperio se pudre como un cadáver en el pantano. ¿Por qué no me hablas de eso? ¿Por qué mientes al emperador de los tártaros, extranjero?.
                                       La boca del infierno
Está en el abandonado Rastrillo de Espadas, en la abandonada plaza de la Aviación Española, en el abandonado 4º recinto, en el abandonado fuerte de San Miguel, en el fantasmal Centro Tecnológico del que no se sabe muy bien en qué situación se encuentra, ni para qué sirve. Todo está abandonado y en un fuerte estado de deterioro, a muy escasos metros del Palacio de la Asamblea, en dónde cambiará el destino de la ciudad en tan solo 4 días. Esta ha sido la gestión. Este es el resultado de no querer ver el infierno que crece a nuestro lado. Sin el 4º recinto, Melilla hubiese caído en el asedio de 1774/75, como muy bien escribiera en ingeniero e historiador Joaquín Rodríguez Puget.
En la acera de enfrente se han gastado una cantidad desproporcionado de dinero en ampliar la acera, en la propagandística e inexistente conexión de los dos paseos marítimos. En este pequeño y más antiguo barrio de la ciudad, el de la Alcazaba baja o san Miguel, viven todavía una o dos docenas de familias. Se han quejado en muchas ocasiones de la ocupación de los inmuebles vacíos, del uso de los mismos por los menores y adultos sin techo. Además es una zona histórica que se está desmoronando. No le interesa a nadie en ningún sentido.
“No decimos lo que pensamos. Hace ya tiempo que se nos acabaron las ganas de hablar. Se nos acabaron con el calor. Uno platicaría muy a gusto en otra parte, pero aquí cuesta trabajo. Uno platica aquí y las palabras se calientan en la boca con el calor de afuera”. El llano en llamas, Juan Rulfo.