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Corrosión en el Mercado del Real


 

                                   Las décadas perdidas

        A este último tiempo, cuando algún día se escriba la historia, se le llamará el de “las décadas perdidas”, porque nunca antes se dispuso de tanto dinero para inversiones en la ciudad y consolidad su futuro, y nunca se hizo tan poco. Las inversiones se han ido al suelo, a falsas peatonalizaciones, a derroches, a rotondas, y a construcciones faraónicas.        Los casi dos millones de euros invertidos en “la reforma y desfiguración” del bulevar central. se deberían haber destinado a buscar una alternativa al mercado del barrio, en situación de declive económico total, y en evidente estado de ruina y corrosión en su cubierta.

        La reforma del bulevar no ha servido para el fin previsto, fomentar la presencia del peatón y embellecer el paseo, y sí ha retirado del mismo a los autobuses urbanos. No hay peatonalización posible sin transporte público, al que se le está dificultando cada día más la conexión entre los barrios exteriores de Melilla y el centro de la ciudad.

                       1941, la inauguración del Mercado

        El 12 de marzo de 1941, el general Rafael García Valiño visitó las obras acompañado del alcalde Rafael Álvarez Claro y cuya terminación se juzgaba inminente. Tanto era así, que El Telegrama del Rif situaba su finalización para el final del mes de abril. Sin embargo, en el corrupto universo del franquismo, nada sucedía de acuerdo con el plan oficial, de manera que la obra requirió dos ampliaciones de crédito y fueron recepcionadas de modo definitivo el día 21 de agosto.

        Al alcalde Álvarez Claro le gustaba inaugurar cosas con ocasión de la efeméride de la sublevación de Ejército de África, y más conocido como Alzamiento Nacional, o sea el 17 de julio. Este singular alcalde dio origen a una curiosa actitud o síndrome político en regidores públicos melillenses, que consiste en abandonar la ciudad tras el cumplimiento del mandato delegado, y no volver jamás a ella. Las lista de cargos públicos, incluso melillenses, que abandona la ciudad para no regresar o hacerlo ocasionalmente es muy larga, lo que genera cierto resentimiento en la población nativa de la ciudad.

                                        Corrosión en la estructura metálica

          En anteriores artículos hemos incidido en la presencia del amianto o uralita en la cubierta del edificio, un material siempre peligroso y que vuelve a activarse pasado su periodo de vida útil. Degradado por el sol y los agentes erosivos, sobre su superficie lisa se forma un película de la que se desprende partículas con el aire y el agua, potencialmente peligrosas para la salud. Todo el amianto de Melilla debería haber estado retirado en el año 2000. España está infectada de este material.

         La situación física del edificio del Mercado del Real es crítica. La estructura metálica que soporta la cubierta de uralita está en un estado de corrosión completo, y podría quebrase en cualquier momento. Los claves de luz atraviesan el mercado sin casi protección (podrían producirse cortocircuitos con las lluvias y la humedad), y las canalizaciones y los desagües están infectados de ratas. En los últimos 20 años las inversiones en la renovación del mercado o en su conservación han sido nulas. En este tiempo, todas las capitales españolas  muchas otras ciudades, han renovados sus mercados tradicionales de abastos.

 

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Convivir con el amianto


            Lo instalaron entre 1940 y 1980, en cantidades casi epidémicas, y todavía sigue junto a nosotros/as. Hay un pacto de silencio que nadie se salta, la ciudad está inundada de este mineral letal, pero no hay un solo plan previsto para su retirada. Mientras tanto, en una situación de colapso sanitario, se siguen invirtiendo cantidades mil millonarias en maquillaje urbano, como las falsas zonas peatonales del barrio del Real, Carlos de Arellano, barrio del Industrial, o el pseudo carril bici del Paseo Marítimo, mientras se racanea hasta el extremo las inversiones en el futuro de la ciudad. Nos es lógico gastar 10 millones de euros en las zonas mencionadas, y no planificar una verdadera alternativa medioambiental para Melilla.

            Hay algo que ya hemos conseguido y es que el amianto o uralita ya esté en las carpetas de las mesas de los despachos, aunque nadie se atreva a hablar de él en público. En los primeros días de enero comenzó la retirada del amianto en el cementerio de la ciudad, en secreto, sin la menor noticia pública, pero eso sí, con todas las protecciones requeridas para este tipo de material. El contraste es tremendo entre las imágenes de la zona sellada en el cementerio, mientras que se hacía explotar un techo de uralita sobre las mismas narices de los ciudadanos en el hospital del Docker, y no solo el que pudimos fotografiar, pues tenemos constancia de que se repitió el incidente, caída de arboles sobre las cubiertas de uralita, en al menos otros dos barracones. En el acuartelamiento Pedro de Estopiñán, una gran sección de uralita está a punto de hundirse.

             La advertencia resulta curiosa y alarmante a la vez: respirar polvo de amianto es peligroso para la salud, en el cementerio. Mientras tanto, numerosas zonas de la ciudad conviven con amianto fracturado, como el cuartel Gabriel de Morales, junto al de Santiago, o lo tienen casi encima, como las viviendas sociales de la calle Luis de Ostáriz, y que recientemente se ha cubierto con una malla protectora. Los ciudadanos pasean bajo el amianto en el Mercado del Real, y en los pabellones deportivos de la Hípica y en el  Lázaro Fernández, o incluso lo tienen como techo de viviendas, como una que identificamos en la calle Nápoles. Está por todos lados, incluso en forma de bidones de agua, en forma masiva y en pleno centro de la ciudad.

            Tan preocupante como la que se ve, que ya es mucha, está la que podría haber sido eliminada de manera clandestina, cuando el Ministerio de Defensa abandonó estos cuarteles. Junto a los restos de barracones con techumbres de uralita, están los que ya no la tienen, y de la que parte está fracturada en el suelo o desaparecida y evaporada. Las preguntas son directas: ¿Cuándo fue eliminada toda esa uralita, quién lo autorizó o miró hacia otro lado, y sobre todo a dónde fue a parar?. Fragmentar y triturar la uralita de forma clandestina, en los vertederos de escombros, es una de las peores soluciones posibles, además de un delito medioambiental, y un riesgo gravísimo para la salud de los ciudadanos. Hay muchísimas preguntas, ninguna respuesta.

La ciudad deshabitada


               La ciudad deshabitada es aquella en la que los edificios vacíos no deberían tener habitantes. En todas las ciudades hay edificios abandonados y no pasa ocurre nada. Sin embargo en Melilla es sucede lo contrario. Los edificios abandonados están llenos de población no reconocida, por eso los responsables de las áreas no se ocupan de ellos. Melilla se parece cada vez más a Raccoon City o a Silent Hill.

                Algunos responsables políticos parece desconocer la importancia de la expresión “bajo custodia del Estado o de sus Instituciones”. Si una persona, en este caso dos, fallecen en edificios en los que se encuentran bajo custodia (Centro Asistencial, Centro de Menores), se deben dar muchas explicaciones, todas las que se le requieran, y hay que pedirle todas las posibles, y llegado el caso se le pueden exigir responsabilidades políticas. Claro que esto sería en el mundo de la política decente, algo que parece haber dejado de existir en nuestro país, y en nuestra ciudad.

                  Melilla está abandonada en su gestión, y los edificios vacíos están habitados. Son decenas los que hemos mostrado desde El Alminar. Si alguien tiene un edificio, piso o local vacío, debe tapiarlo y amurallarlo, o de lo contrario será destruido por los habitantes inexistentes. Esto es lo que estaba haciendo esta mañana el propietario de un centro de ocio infantil ya en desuso, en el antiguo Barrio industrial, que ha visto devastado su local por “los inexistentes”. El antiguo edificio de Correos tuvo que cerrarse por el mismo motivo, y todo el acuartelamiento de Santiago, y decenas de edificios en el centro de la ciudad, y todo lo que podamos imaginar; incluida la ya derribada residencia militar que acabó destruida en su interior.

                   En nuestra ciudad la excelencia, y ya solo entendemos por esto los edificios nuevos y habitados, convive junto a la mas espantosa cochambre, como es el caso de este gran manzana de casas en el barrio del Industrial, en un estado de deterioro e infección absoluto, junto a edificios modernos y recientes. La manzana arruinada del Industrial merece un comentario aparte, pues es un foco de residencia inexistente. Se ha tapiado todo, excepto una puerta, por la que entran decenas de habitantes “inexistentes”. Aquí ya nada parece existir, ni siquiera el gobierno.

 

 

Uralita destruida en el hospital militar


               La tala de un gran árbol provoca un grave accidente medioambiental

            Ayer, 15 de diciembre, miles de fibrilas de amianto se esparcieron por el medio ambiente melillense, en la zona del antiguo hospital militar y la calle del general Astilleros. En cualquier lugar que no fuese Melilla, las consejerías de Sanidad, Medio Ambiente y Fomento, tendría que responder por este incidente. El amianto es un agente cancerígeno del tipo I, el más peligroso. La uralita, material que infecta la ciudad e inunda los antiguos cuarteles militares, está hecha de fibrocemento, o sea, de amianto.

            La uralita vuelve a ser peligrosa cuando se degrada, cuando se fractura, o cuando ocurre algo como lo que denunciamos en El Alminar. La demolición de los pabellones del hospital del Docker y la poda y tala por las bravas de todo el arbolado, provocó ayer una situación de riesgo medioambiental y físico de gran magnitud.

             Un árbol centenario (probablemente un eucalipto), de unos 20 metros de altura, situada en la misma entrada del hospital militar, sobre la zona de aparcamientos, fue abatido, con gran peligro, por las motosierras. Una excavadora con un cable tensor dirigía la caída, pero el árbol era demasiado grande, con un tronco grueso y poderosas ramas. No se pudo controlar toda la caída, y parte de las ramas más gruesas y pesadas cayeron sobre el antiguo pabellón colindante con los aparcamientos.

              El impacto fue tremendo, y destruyó al menos 1/3 del edificio y volatilizó la sección de uralita sobre la que cayó. Miles de las peligrosas partículas de amianto saltaron al aire. Este es el respeto que nos tienen las tres consejerías responsables y ya mencionadas. Allí viven cinco personas sin techo desde hace varios meses.

                 La situación en la zona ahora mismo es de extrema gravedad ambiental. La normativa obliga a paralizar la obra en ese sector. Hay que rociar toda la zona afectada con un  producto especial. El escombro ya no puede ser retirado y hay que hacer mediciones del aire, por si hay partículas de amianto en suspensión en el aire. Hay que llamar a una empresa especializada para que selle el entorno y retire la uralita de manera adecuada. Incluso los propios trabajadores pueden ser susceptibles de analíticas específicas.

 

 

 

 

 

¿Edificios deshabitados?


Conservando el modernismo en Melilla

        La segunda ley de la termodinámica dice que la entropía (desorden) de un sistema aislado siempre aumenta, y que cuando dos sistemas se juntan, la entropía del sistema combinado es mayor que la suma de las entropías de los dos sistemas individuales. Esto quiere decir que el desorden en una ciudad siempre aumenta, lo mismo que en un gobierno que lleva demasiados años en su función, y que es más ineficaz con cada año que pasa. La combinación de estos dos factores hace que ese sistema conjunto, Melilla en este caso, tienda a convertirse en un agujero negro, salvo que se impongan las medidas correctoras suficientes para evitar el crecimiento de la entropía. “El que con el tiempo aumente el desorden o la entropía es un ejemplo de lo que se llama la flecha del tiempo”*. De un vaso que este siempre sobre una mesa, podemos afirmar que con el paso del tiempo acabará roto, salvo que gastemos una gran cantidad de energía en conservarlo.

         Un edificio arruinado y de aspecto lamentable nos indica que ya ha envejecido, que no hay cuidado alguno sobre él, y también nos muestra de modo inexorable la flecha del tiempo. Cuando más descuidado esté, quiere decir que más tiempo ha pasado desde su construcción o desde que nadie se ocupa de su mantenimiento.

           En la calle Duquesa de la Victoria hay solares eternos y edificios semiarruinados de los que nadie se preocupa. Toda la calle ofrece un aspecto lamentable y esto nos indica muchas cosas. la principal es que Melilla se encuentra en un estado entrópico puro, Los edificios antiguos y destartalados se desmoronan sin que nadie lo evite (hay tres consejerías responsables de que esto no ocurra), bajo la única mirada de los ciudadanos. Desde este modesto blog del Alminar ya hemos lanzado varias advertencias sobre estados absolutos de abandono. Son los ciudadanos y ciudadanas los que te cuenta o advierten de una situación, y también somos nosotros los que denunciamos ese estado catastrófico.

           Estos edificios modernistas en lamentable situación y tétrico aspecto y que parecen estar habitados, bien por los menores desamparados o por la población vagabunda. Melilla tiene su “Corte de los milagros”. solo que aquí no estamos en el París de Victor Hugo. No estamos en el siglo XIX, sino en el XXI. Tampoco están Esmeralda, Quasimodo ni el archidiácono Frollo. Casi el mismo artículo que el de hace unos meses (1). La flecha del tiempo siempre apunta en la misma dirección.

   Nota:* Historia del tiempo, Stephen W. Hawking.

(1)https://elalminardemelilla.com/2017/06/17/asalto-y-ocupacion-de-edificios-en-melilla/

 

Atrapados en el aparcamiento


Triple fila en la plaza Consejo de Europa

          En la plaza del Consejo de Europa, frente al hotel Melilla Puerto y las torres del V centenario existe un aparcamiento público gratuito. Es utilizado tanto por trabajadores de las torres de la Administración del Estado como por sus usuarios. El aparcamiento está sin control desde el primer día, y solo la presencia de “los gorrillas” o aparcacoches voluntarios, evita el colapso del mismo.

           No todo es responsabilidad de las autoridades de Seguridad Ciudadana, porque hay una evidente saturación del aparcamiento, y una utilización muy por encima de su capacidad. También hay conductores/as que no respetan norma alguna de aparcamiento, y que ni siquiera se fijan en si dejan bloqueados otros vehículos o sin posibilidad de maniobrar.

          Sin embargo, esta situación se produce desde el año 2011, el mismo en el que pavimentaron la plaza y la dejaron al libre albedrío y sentido común. Escribimos de eso entonces y ahora, seis años después, volvemos a escribir lo mismo. Si se hubiesen pintando las plazas de aparcamiento, y marcado las zonas de giro, no existirían estos problemas, pero la norma en Melilla es inaugurar mucho y despreocuparse después.

        Entonces, como ahora, se siguen produciendo los encierros de vehículos, la saturación del aparcamiento y el uso de la triple fila. Ahora y entonces son los aparcacoches lo que normalizan la situación y evitan que aquello sea un caos, o una zona impracticable. Todas las semanas alguien tiene que llamar a la grúa. Todo se evitaría si se pintasen o marcasen las líneas de aparcamiento y giro con la pintura usual en estos casos. Se aparcaría mejor y no habría tantos problemas.

          Al poco tiempo de su inauguración ya era difícil distinguir entre el pavimento verde (el de los aparcamientos) y el gris, que es el de la circulación y giro. Seis años después allí no se distingue nada y la situación sigue igual. Por eso hemos vuelto a escribir de lo mismo, porque nada cambia en Melilla.

    Nota:https://elalminardemelilla.com/2011/05/25/aparcamiento-desregulado/

 

 

A vueltas con las rotondas


  Incongruencias circulatorias en Melilla

      Obstaculizar el tráfico no significa peatonalizar. Lo sucedió bajo el monumento de la antigua Cruz de los Caídos es una buena muestra de ello. Al cortar la posibilidad de escape hacia el lado izquierdo de la calle duquesa de la Victoria, obliga a que todo el tráfico que baja de la calle del General Aizpuru tenga que dirigirse de modo inevitable hacia la supuesta rotonda de la mencionada calle. No todo lo que es redondo es una rotonda.

       Leemos a diario como la Guardia Civil publica y recuerda las normas de circulación en rotondas, pero resulta necesario e imprescindible que para aprender a circular por ellas, lo primero que se requiere es que lo sean. En Melilla tenemos falsas rotondas y falsos túneles. La rotonda de la calle Duquesa de la Victoria no lo es, porque lo primero que se aprende es que los vehículos que circulan por los carriles que forman la rotonda tienen preferencia en el giro, y esto no sucede así en esta de la que escribimos. Está mal diseñada y queda estrangulada en el acceso a la calle Luis de Sotomayor, en donde los dos carriles se auto estrangulan, introduciéndose en ella, cual punta de lanza, el carril procedente de la Avenida de La Democracia.

     La rotonda queda saturada por el tráfico excedente al que se le ha impedido girar por la antigua Cruz,  y que procede de la calle Aizpuru, y también por el procedente de la plaza de toros. En horas punta el embotellamiento es completo. No hay manera de salir de la zona, salvo tras una espera que puede llegar a superar los 10 minutos. Es claro que los responsables de Seguridad Ciudadana no entienden de Seguridad Vial, dos área s que deberían separarse, peor no creando una nueva viceconsejería.

    Hay que volver a definir el tráfico en la rotonda y darle preferencia a ambos carriles en dirección a Luis de Sotomayor, retirando el ceda el paso penetrante de la avenida de la Democracia. En cuanto a la antigua Cruz de los Caídos, debería reabrirse al menos una de las zonas de giro cerradas, la que prolonga la calle Aizpuru, para que no obligue a llegar hasta la “falsa rotonda”, para girar en dirección al Tesorillo.

      Aprovechando la rotonda del  lugar, y la oportunidad de la serie de Antena 3 Tiempos de Guerra, nos gustaría aclarar qué representa realmente la estatua allí instalada. ¿Es una victoria alada, o es un extraño homenaje a Carmen de Angoloti y Mesa, más conocida como la Duquesa de la Victoria?. Como efigie ni siquiera resulta  original. más bien confunde, porque tiene muchos elementos comunes con este tipo de estatuas. Las alas son muy similares a la efigie dedicada a la Reina Isabel I de Castilla, la más bella de las  instaladas de la ciudad, tras la eliminación de las esculturas de Mustafa Arruf.