Con Ceuta, desde El Alminar


Esto no es inmigración.  Los menores no emigran solos, sin padres,  sin algún tipo de estructura familiar.  Es otra cosa. España es un país que constitucional y democrático, por lo que resulta chusco que una parte de la mayoría progresistas que apoya al gobierno, le pide que proteja los Derechos Humanos. Si dudasen de eso, no se entendería que apoyasen a un gobierno del que desconfían.

  Cuando se asaltan las fronteras de un Estado de forma masiva,  en avalancha,  ya sea inducida o no, el articulado que se aplica es el de la expulsión inmediata, previo confinamiento e identificación.  En el caso de los menores,  lo que tendría que exigirse es la colaboración obligatorio del gobierno marroquí.  El fin protegible por la Ley no puede ser que los menores queden desarraigados de sus padres,  como demandan algunos juristas mediáticos, ni que se fomente este tipo de entrada en un país soberano, perteneciente a la Unión Europea, y firmante de todos los Tratados Internacionales posibles. Esto es un asalto fronterizo, con características de invasión organizada. Y a la vez, todos en Ceuta y Melilla saben porqué se huye desde el otro lado, en esas condiciones.

Ceuta, Melilla y las fronteras

La avalancha invasora ha superado las 40.000 personas, en tiempo récord, y eso es la mitad de la población de Ceuta. ¿ Qué ciudad de España soportaría una situación así,  sin que estallasen todo tipo de conflictos?  Ninguna.  Esta realidad solo es posible por la situación de convivencia multicultural existente en las ciudades españolas norteafricas, Ceuta desde 1580 y Melilla desde 1493. Para los derrotistas añadiremos que en el Tratado de Independencia de Marruecos de 1956, se reconocía la realidad española de ambas ciudades.

  Cualquiera de los 170.000 españoles residentes en Ceuta y en Melilla, es perfectamente conocedor de la realidad social y política marroquí, que explica estas avalanchas, sin necesidad de buscarles justificaciones peregrinas.  Es más,  los melillenses y ceutíes nos sentimos muy poco identificados o representados,  por las opiniones que los tertulianos de diversa adscripción emiten sobre nosotros, eso sí,  a muchos kilómetros de distancia y sin haber pisado las ciudades, o como máximo durante unas pocas horas. No somos reductos medieval, sino todo lo contrario. Un conocido de ascendencia rifeña me dijo en 2023: «No queremos Marruecos en Melilla». La solución no es deshacerse de nosotros. 

  Esto quiere decir que la realidad de las ciudades es netamente española y multicultural,  y que lo que los ciudadanos melillenses y ceutíes quieren es una actuación política clara sobre las ciudades y unidad política en la defensa de su integridad, tanto física como política. Sobran también los posicionamientos medievales.

En ninguna ciudad se vivió un confinamiento tan duro como en Melilla y Ceuta, durante la pandemia. Maruecos tardó 3 años en reabrir el paso fronterizo al tránsito humano y con muchas restricciones. La avalancha de 2021 y la actual de 2026, demuestran que la política de no hacer movimientos significativos,  como impedir la visita del Rey Felipe VI a ambas ciudades, no sirve para nada. Ni reconocer el Sáhara,  ni no reconocerlo.

  La otra cosa que sabemos en Melilla o Ceuta, es que al perímetro fronterizo no puedes acercarte individualmente para nada, sin que la patrulla reglamentaria, de cualquier lado de la frontera, te de el alto. Si se acercan 40.000 y pasan, el problema y la causa están en el otro lado.

Hay un dato poco divulgado y conocido, y es que el PP gobierna en solitario en Ceuta,  con la abstención del PSOE, para evitar la entrada de VOX en el gobierno. El camino era esa. El actual desgasta a los dos partidos mayoritarios. Ya se está lejos de culaquier pacto de Estado.

Nota:https://www.libreriaprimerapagina.es/ceuta-ciudad-y-frontera/

 

Cultura, nación y Campeones del Mundo


  Somos campeones del Mundo de fútbol y esta vez con plena conciencia y convicción.  En 2010 todo nos fue pillando por sorpresa, y fuimos pasando cada eliminatoria hasta llegar a la final, en donde alzamos la Copa del Mundia por primera vez.  Todo fue tan sorprendente que no dio tiempo a que se arnasen las ideologías destructivas.  Rodriguez Zapatero estaba en pleno derrumbe político y en un colapso económico que siempre negó. Pero fuimos felices por lo inesperado.

  En este campeonato del mundo, con soporte básico de Estados Unidos,  México y Canadá, aunque menos, ya sabíamos a lo que veníamos y se empezó chocando con Cabo Verde.  Nadie recuerda que hay un país campeón que ya no existe,  la República Federal de Alemania, que en 1974,  empezó el Mundial perdiendo contra su otra mitad, la República Democrática de Alemania,  cuyo nombre era mentira. Pero esa derrota inicial les despertó y acabaron ganando. Algo similar le ha ocurrido  la selección de España de 2026.

Sin embargo,  este vez estaba todo despierto,  los sentimientos nacionales, los nacionalistas, los apasionados de la selección de su país, y también sus detractores, que son del mismo calado del nacionalista que critican,  pero en términos más restrictivos. Se llama nación al terreno que pisan solo los nacionales del terruño,  aunque eso sea imposible de determinar. Es un nacionalismo excluyente.

  Hay otra nación que ya no existe,  que era tremendamente competitiva, Yugoslavia, y que desde su despedazamiento violento no ha vuelto a conseguir nada, salvo el esloveno Pogačar, pero en ciclismo. La suma actual de las partes,  no alcanza al todo anterior, y hablamos solo de deporte.  Algunos empujan hacía ese camino deportivo,  como el diputado español Aitor Esteban, adalid del mosaico deportivo del terruño,  que no de la nación. Ha dejado de ser un político de referencia. Ahora los nacionalistas pretenden selecciones nacionales, para hacer exactamente aquello que denigran.

  España en la Plaza de las Culturas

La selección española es del pueblo llano. Hasta ahora existía cierto reparo en la élite cultural y política, a identificarse con los colores de la selección. A aprovechar sus éxitos sí, eso saben todos, como ocurriera en el primer Operación Triunfo. Ahora los colores de la camiseta nacional son los de la España multicultural, progresista y plurinacional. Pero el asunto no cuela para los nacionalismos irredentos. Su siguiente exigencia será la de la selección nacional propia, eso sí, en la FIFA no entiende de barcos, solo de dinero, y exigen liga tribal, como Gales o Escocia. Por eso Inglaterra juega sola, y no existe selección de Gran Bretaña. El fútbol es un fenómeno de masas, de esas masas que luego votan, y por eso todos los ojos y elogios han caído sobre nuestra selección nacional. Si Javier Bardem viste la camiseta de la selección, es que algo está cambiando de orientación, y no es el viento. Aunque resulta elogiable y reseñable, porque el mundo cultural era refractario a la camiseta nacional.

Sin embargo, en Melilla, la Plaza de las Culturas cobró más sentido que nunca. El pueblo llano y anónimo, fue llenando la plaza desde las primeras horas de la tarde. La gente sigue a su selección desde hace mucho. Ahora es el centro de la política nacional y de valores de todo tipo. Que el deporte y el fútbol son un fenómeno de masas, lo saben en EEUU desde hace mucho, que utilizaron todas las modalidades deportivas en su guerra ideológica contra la extinta URSS. El fútbol es un fenómeno cultural mundial, y Donald Trump aprovechó la final del Campeonato del Mundo, para evadirse de sus inmensos problemas políticos. Pero «fútbol es fútbol».

En 2010 estuvimos en esta misma plaza, en aquella final sorpresiva. En aquella ocasión El Alminar no existía, aunque ya era. Surgió un años después. En el presente año hemos acudido para dejar testimonio del pueblo y su alegría. A diferencia de otros lugares, en Melilla no hay violencia futbolera, y esto hay que reseñarlo. algún día, la Selección Española de Fútbol tendrá que jugar un partido en nuestra ciudad. Enhorabuena a los Campeones del Mundo, que también somos todos, menos los que se han excluido, en una guerra absurda.

 

Los 18 segundos de Adamuz


El Último Tren, de Elena Fragío

La publicación de: Adamuz, El Último Tren, de Elena Fragío, viajera herida y superviviente del accidente del 18 de enero, junto a la localidad de Adamuz, en Córdoba, nos permite asomarnos a una tragedia reciente, ocultada por el insalubre clima de confrontación política, en el que se pasa siempre por encima de las víctimas.

A las 18h 10, sale de la estación de Atocha en Madrid, la composición Alvia 2384 de 4 unidades, con un peso aproximado de 1600t, y 187 pasajeros a bordo, en dirección sur. En dirección opuesta, norte, desde la estación María Zambrano de Málaga, inicia su trayecto a las 18h 40, la composición Iryo 6189 de 8 unidades, con 317 pasajeros y un peso aproximado de 4000t. Ambos trenes se desplazan a 200 km/h, o sea, que recorren 1 km cada 20 segundos. La recta de Adamuz, en la que se van a cruzar los trenes tiene algo más de esa longitud, casi 2. El destino de todos los que viajan a bordo de los trenes, va a cambiar en ese brevísimo lapso espacio-temporal. Es tan breve que ni siquiera los supervivientes se van a dar cuenta de lo ocurrido. Ninguno es consciente de que el tren Alvia 2384, en el que viaja Elena Fragío, va a impactar contra el vagón 6 del Iryo 6189, descarrilado e interceptando su vía, junto con las unidades 7 y 8 (1500t en situación de inercia).

El alcance de la cabeza tractora del Alvia 2384 sobre la unidad 6 del Iryo 6189 se produce (según Adif), a las 19h 43´44″. Es un cruce más entre trenes, de las decenas que se producen a diario, de las centenas a lo largo de un mes, y de los miles a lo largo de un año. Nunca pasa nada, salvo oscilaciones, vibraciones, y traqueteos molestos, que refieren y graban cientos de usuarios. Pero esta vez iba a resultar diferente.

  Una tramo de rail llevaba probablemente meses, con su límite de resistencia de materiales rebasado.  El material aguantaba en su posición, pero comprometido, y cada día lo tensionaban más,  los pasos continuados de los trenes.

Elena se encuentraba en el Alvia 2384, regresabando desde Madrid con un grupo de amigas, que han realizado una prueba para Instituciones Penitenciarias. Salvo pequeñas inquietudes, ninguna advierte que la fatalidad ya ha marcado a esos dos trenes. Son las 19h 44′ 00″. Los trenes enfilan opuestos la recta de Adamuz,  que van a recorrer en 30″. Solo los maquinistas ven las luces de sus cabezas tractoras una frente a la otra.

  En el segundo 40, del minuto 44, de la hora 19, el fragmento del rail se parte por la presión y el traqueteo del Iryo, desequilibrando el tren, que descarrila a partir de la unidad 6, que se cruza sobre la vía contigua,  junto con los vagones 7 y 8. Los pasajeros notan una fuerte vibración y un zigzageo violento,  que desplaza a los pasajeros y los derriba, junto con los equipajes y objetos libres. En ese instante ya hay heridos y muertos,  pero nadie sabe que ha ocurrido.

  El rail se parte y saca de las vías a unidades que pesan 500t cada una. El vagón 6 intercepta la vía contigua,  justo cuando la cabeza del Alvia está en ese punto.  Y en ese momento,  la brutalidad de la física se adueña del esapcio.  Las 1600t del Alvia desplazándose a 200 km/h, o lo que es lo mismo, a 55m x sg, golpean al vagón 6 del Iryo, y lo devuelven a su vía,  junto con los vagones 7 y 8. El impacto desplaza 1500t como si fueran cajas de zapatos vacías. La fuerza del impacto alcanza los 4,8 millones de Newtons, y por la Ley física de acción y reacción, vuelven al Alvia pero en sentido opuesto. El tren empieza a deshacerse a 200 km/h, hasta incrustarse en el talud, cuando su energía en desplazamiento llega a cero. Lo describe perfectamente Elena Fragío: «De repente se apagó la luz, en la profunda oscuridad todo empezó a girar. Cabezazos. Golpes. Hierros retorciéndose. Cristales explotando. Gritos. Un estruendo imposible de describir y de olvidar. El vagón giraba sobre sí mismo a una velocidad descomunal. Durante dos kilómetros volamos por la vía…Seis segundos de no entender qué estaba pasando1«. «El impacto final fue distinto. Ya no girábamos. Estábamos cayendo, una detención violenta2«. Los 5 millones de newtons se habían consumido. 46 vidas se habían perdido, con más de 100 heridos de los 500 viajeros totales.

¿Porqué nadie vio al Alvia 2384?

El maquinista del Iryo advierte a la estación de Atocha de que ha sufrido un enganchón con la catenaria y de que han descarrilado, y avisa para que cierren la línea al tráfico, cosa que hacen, pero no menciona en ningún momento que acaba de cruzarse con un Alvia, del que nadie da referencias. Un pasajero de ese tren, en redes sociales, sí se da cuenta de que acaban de cruzarse con otro tren. Es Oscarteach en X y lo describe así: «Yo iba en el vagón 5 del Iryo. A los pocos segundos de notar las sacudidas  y de ver como el vagón 6 se tambaleaba, pasó el Alvia a toda velocidad. No fue un choque, fue un roce».

  Está describiendo el instante exacto. La rotura del rail, el descarrilamiento del Iryo y la interceptación del Alvia sucede en una fracción temporal de 6 segundos.  El maquinista del Alvia muere en ese instante y el tren se deshace hasta agotar la energía del impacto, y desaparece durante dos horas,  lleno de heridos y de fallecidos. Los pasajeros se rescataron a sí mismos, en la oscuridad y el frío de la noche,  hasta que dieron con ellos. Un guardia civil de servicio,  que se adentró en la oscuridad con un linterna, fue el primero en ver la magnitud de la catastrofe,  dos horas después.

  En el centro de control de Atocha dejaron de verlo,  ni siquiera preguntan a la interventora en dónde se encuentran, y le dicen que vaya a buscar al maquinista.  Y la olvidan y se olvidan del Alvia. Ni siquiera le preguntan qué ha pasado. ¿No hay el equivalente a un transpondedor  en lo trenes?.

  La cuestión final

¿Qué había ocurrido? La Alta Velocidad es una infraestructura ferroviaria que desplaza un tren a la  velocidad de despegue de los aviones. Si no estuviesen afianzados a la plataforma de rodadura con un diseño geométrico perfecto, saldrían disparados como misiles en las rampas de lanzamiento.  No puede haber descuidos, desidias,  tramos sin vigilancia. Es una infraestructura que no admite espacio para la corrupción.  No es una carretera, no vale un parche de asfalto,  un repintado. Entre 2018 y 2021 hubo una gestión obscena sobre el área transportes.

  Desde 2023, el nuevo ministro, Oscar Puente,  gestiona el caos ferroviario a su estilo, el de la conquista del Oeste. Eso le ha perdido, en una tragedia de la que no es responsable. Ha faltado humildad y empatía con las victimas, que son las que importan, tanto aquí,  como en otros lugares. Pero esta ha sido una tragedia en la que el deficiente estado de vigilancia de la infraestructura, ha generado la causa. Ha sido determinante. No es una catástrofe natural.

Notas: 1 y 2, Adamuz, El último tren. Elena Fragío. Editorial Niebla, 2026. Los nombres, de los trenes de Adamuz | Capilla de Juan el Bautista

El Desembarco de Normandia


Hay una realidad, y es que no podremos ir a todos los lugares del mundo. Siempre tiene que existir alguna selección.  Pero en el tiempo actual, el de la comunicación y las imágenes, alguien cercano puede compartir sus fotografías de ese lugar, y así poder escribir y reflexionar sobre un hecho concreto. Una norma del Alminar es trabajar con fotografías propias originales,  o cedidas por colaboradores del blog.

  El Día D, la hora hache, se produjo el 6 de junio de 1944, en las playas francesas de Normandia, en las primeras horas del día. El asalto a la fortaleza nazi de Europa Occidental,  algo demandado por el zar rojo, Iosif Stalin. En junio de 1944, la Rusia soviética había liberado su territorio, pero el territorio europeo invadido por los nazis estaba intacto. Esa fue la necesidad de la invasión Aliada de Europa, a cuyo frente se encontraban las fuerzas de Estados Unidos, que ya colaboraban con Inglaterra en otros frentes.

  En este blog sostenemos una teoría,  y es la de que el desorden político actual tiene su causa en la destrucción de Europa llevada a cabo por la Alemania nazi. La composición de la población europea fue alterada de modo irreversible, con los planes nazis de «destrucción de la población judía y otras razas inferiores». Pero tampoco es eso de lo que queremos reflexionar.

  La muerte y las guerras

Nadie quiere morir en las guerras de otros, en realidad, nadie quiere morir, ni en guerras ni de otro modo. Y sin embargo, los dirigentes de las naciones no paran de llevar a cabo guerras, en donde mueren militares y civiles en cantidades inasumibles. El nazismo es la peor categoría de mal al que se ha enfrentado la humanidad. Su impiedad no tiene parangón, ni equivalencia posible, por muchas barbaridades que hayamos visto o estemos viendo. Antonio Escohotado, el sabio descreído del comunismo, abordó a un perplejo Pablo Iglesias (ex ministro del Gobierno), en su programa, con este pregunta trampa: ¿Qué diferencia ves tú entre un nazi y un bolchevique? La pregunta era trampa porque fue formulada a bocajarro y no puede responderse sin reflexión, pero hoy, sí tenemos una posible respuesta, que compartimos. La respuesta es: «el propósito criminal«. El nazismo es el grado más elevado de maldad, porque establecía a priori quién no podía estar esa sociedad futura, y no dudaba en eliminar físicamente a todos aquellos que no podían estar en ella. Es ese apriorismo el que diferencia al nazismo, de cualquier otra perversidad. Y al hubo que enfrentarse, aun aceptado que la mitad de Europa, que ya había sufrido la bestialidad nazi, quedara en manos del bolchevismo estalinista. Como dijo el Papa Juan Pablo II, «el comunismo fue el mal necesario». Si la Alemania nazi no hubiese dedicado la mitad de su esfuerzo bélico, con su enorme coste humano, a la lucha contra Rusia, la suerte de Europa no hubiese sido ninguna. Si algo era esencial al nazismo, era la impiedad.

El Desembarco de Normandía, 5000 buques de guerra, lanchas de desembarco, 1600 aviones, y 160.000 soldados con sus cadenas de mando, material bélico, y todo tipo de pertrechos, se prolongó durante tres días, entre el 6 y el 8 de junio. El desembarco tuvo un inmenso coste humano, que cifran en torno a las 200.000 víctimas en las Fuerzas Aliadas (EEUU, UK, Canadá), de las cuales 40.000 fueron victimas mortales. Los cementerios militares que rodean Normandía albergan esa cifra aproximada de fallecidos. A día de hoy, ninguna nación europea, salvo Rusia, soportaría una cifra de víctimas semejante.

El Mundo, Europa, los mares, España, albergan enormes fosas comunes de soldados, en su mayoría hombres, fallecidos o matados en guerras. No se han calculado nunca esas cifras, pero son pavorosas, así como la localización de los enterramientos. España está llena de esas matanzas, y cómo dijera Manuel Azaña en uno de sus últimos discursos en España: Paz, Piedad y Perdón: «Lo que importa es tener razón y también saber defenderla. A la larga es seguro que la verdad y la justicia se abren paso, pero para hacerlo en necesario que la verdad se depure y acicale, balo la lima de un juicio independiente».

Las guerras son malas. A ella llevan a las naciones dirigentes enloquecidos. Cuando la guerra estalla y la muerte se adueña de los que hasta ese momento estaban vivos, ya no tiene remedio. El daño ya está hecho. En la guerra no gana el que tiene razón, sino el que emplea más medios. La razón hay que defenderla con razones, mucho antes.

Nota: Fotografía de Feliciana Torralbo (cedidas).

El fenómeno de Morante, según Rubén Amón


Cuestiones sobre la Tauromaquia

  El tema de la tauromaquia es un de esos que son más definitorios que el de ser creyente o no, de izquierdas o de derechas,  o monarquico o republicano. En la posición sobre la tauromaquia quedas definido para siempre, porque es un asunto en el que no cabe perdón.  Aquí no existen las categorías de taurino arrepentido o de objetor de conciencia. En el Alminar no somos antitaurinos, pero no hemos ido nunca a una corrida de toros. Defendemos los derechos de los animales pero sin estar en la órbita del animalismo. Pensamos que la tauromaquia es manifestación cultural intrínsecamente hispana, en la que no cabe una posición rotunda y excluyente, porque tiene muchas ramificaciones.

Gracias a un libro de Carlos Rojas Vila, El Valle de los  Caídos, con las pinturas de Francisco de Goya como eje,  pudimos descubrir  la descripción de un cuadro impresionante, la de un toro bravo de ojos enrojecidos, mirando atentamente a un observador imaginario frente a él. Como si esperase un posicionamiento del observador. ¿Es un expresión cultural bárbara o solo atávica? Porque una expresión cultural lo es, sin que quepan dudas. La cuestión es la categorización, pero no podemos resolverla.

Rubén Amón y Morante de la Puebla

  En sus propias palabras, las de Rubén Amón: Morante,  punto y aparte, «es un libro apresurado», escrito en tres semanas, según manifestaciones del propio autor, tras una grave cogida del torero de La Puebla del Río. El libro fue presentado por la Consejera de Cultura de Melilla Fadela Mohatar, y Rubén Amón estuvo acompañado por el también periodista Paco Reyero.

  Rubén Amón, periodista de tradición familiar, polifacético y de amplia trayectoria (no vamos a descubrir ni a uno ni a otro), pergueña un libro de narrativa abundante (no biográfico), discursiva, pero no ordenada,  sobre las sensaciones y hecho más importantes de este excepcionales torero, que según Amón  es «la suma de todos los toreros» que en el mundo han sido, pero no de modo estudiado, sino espontáneo e intuitivo.

   El torero y la tauromaquia

  Querámoslo o no, la tauromaquia ha sido adoptada por un determinado modo de percibir y sentir el ser hispano, aunque no se puede achacar de esto a la propia tauromaquia. Como dijo el propio Rubén Amón en la presentación de su libro en la sala noble de la Consejería de Cultura (antigua Cámara de Comercio), el mundo taurino había entrado en crisis y retroceso, por el peculiar modo de gestión que imponen los empresarios taurinos y los ganaderos. No solo por «el acoso de determinados partidos de izquierda y de algunos entes nacionalistas». Hay un tercer aspecto y es la evolución de parte de la sociedad, sobre el modo de percibir a «la fiesta» o a «las corridas de toros», en lo que respecta al también indudable «mal trato» del toro en la plaza. En Portugal, el lugar de residencia actual del torero Morante de la Puebla, no se mata a los toros. O sea, que siempre hay otro modo de entender las cosas, y de llevarlas a la práctica. En este mundo, casi todos tienen parte de razón y carecen de ella, casi en la misma medida. No hay verdades absolutas, como dijera Wittgenstein. Nadie tendrá nunca la última palabra sobre algo. Lo que no puede ser es que determinados segmentos sociales se apoderen de cosas, que en teoría, pertenecen al acerbo cultural común. O se comprende esto, o el camino a recorrer va a ser malo.

Morante de la Puebla

Rubén Amón nos describe a un torero irrepetible, con 28 años de trayectoria, completamente inclasificable, independientemente de los vectores políticos, y sometido una dura enfermedad mental, que él mismo desveló en 2025. Si entendemos la tauromaquia como un liturgia atávica, en la que los toreros son los sacerdotes en un ritual de muerte animal, en el que exponen su propia vida e integridad física, no cabe la opción de alegrarse de la muerte de un torero en plaza, ni de deleitarse en el sacrificio ritual de un animal. El toreo a pie es algo relativamente moderno, que data de finales del siglo XVIII, y se considera a la Real Maestranza de Ronda en Málaga como la plaza pionera del toreo moderno.

Por eso, el toreo se lleva a cabo con estrictas reglas que nadie puede, ni debe saltarse, porque todo se lleva a cabo con el permiso de la Autoridad de la Plaza y la Gubernativa. O sea, que si Morante de la Puebla no recibió el rabo del 4º toro, requisito imprescindible para salir por la Puerta del Príncipe de Sevilla, en la última Feria de Abril, no podía salir por ella. Lo que quiere decir, que la autoridad competente, que no la policía de Marlaska, hizo muy bien en impedirlo. Si se quiere defender una causa, no se la puede sacar del ámbito en el que tiene su sentido. No podemos hacer ahora una bandería, una más, de los toros, de la Tauromaquia, que es lo que es, pese a todos.

La denominación de las calles


  Decisiones salomónicas

  Las decisiones salomónicas nunca satisfacen a nadie, porque solo significan tomar partido a medias. Es un no atreverse a tomar una decisión completa e indivisible. Dividir una calle en su denominación, es ir contra la normativa aprobada por los propios ayuntamientos sobre esta materia.  En Melilla se ha hecho ya en varias ocasiones y siempre mal (Conde de Alcaudete, Alcalde de Móstoles) y ahora se pretende hacer lo mismo con la calle Lope de Vega.

Las calles de preservar la unidad en la denominación, y esto no lo decimos nosotros, sino la norma: «No se podrán fraccionar calles que por su morfología deban ser de denominación única. En consecuencia, se procurará que una calle tenga una denominación única, a menos que llegue a variar la dirección en ángulo recto, o que esté atravesada por un accidente físico, o cortada por una calle más ancha, o por una plaza». Esta redacción es la del Ayuntamiento de Almería, pero en sus diferentes versiones, la unidad de criterio prevalece. Para no tener complicaciones, si hay unidad visual y no hay cortes, la denominación debe ser la misma. La calle de Alcalá en Madrid tiene 10,5 km. de longitud. Algo parecido ya pasó en la calle de Hermanos Peñuelas, cuyo nombre debería removerse al completo, y a la que seccionaron las escalinatas, para darle el nombre al hermano lasaliano Crescencio Sáinz. El mismo reglamente citado, indica que las denominaciones de personas vivas, deben estar muy acreditadas y fundamentadas, y con la proposición de nombres del pasado debe ocurrir lo mismo. Tanto para quitarlos como para proponerlos.

Calle Lope de Vega

Es una calle muy consolidada en Melilla, desde la década de 1930. Tanto el busto de Lope de Vega en el parque Hernández,  como la placa de la calle con su nombre,  fueron donaciones del Ateneo de Melilla, entidad que tuvo gran proyección en la ciudad, hasta el alzamiento franquista, que puso fin a sus días. No nos imaginamos, aunque son sobradamente capaces de hacerlo,  que desplacen el nombre de Lope y su placa hasta la siguiente manzana, y que se quede solo con media calle o menos.

  Hay calles sobradas, pendientes de cambio, para reconocer a una persona, y figura notable de la cultura en nuestra ciudad, como fue Ángel Castro Maestro, sin causar sobresaltos que le estremecerían hasta a él mismo. Si lo que se pretende es que su nombre esté cerca de la UNED, a la que dedicó gran parte de su vida, entidad de la que acabó siendo un referente,  también hay opciones.  Cualquier cosa, antes que media calle.

  

 

 

11 de marzo, atentados en los trenes de Madrid


Un atentado terrorista checheno en un vagón del Metro de Moscú, llevado a cabo el 6 de febrero de 2004, causó 40 muertos y más de 100 heridos. Solo ese dato hubiese sido suficiente para dirigir las sospechas de los atentados de Madrid, en una dirección distinta a la del atentado terroristas de ETA, que por aquel entonces todavía seguía asolando a la sociedad española y condicionando la actividad política. ¿Por qué? Pues porque una organización o banda terrorista tiene una firma propia, un sello, al igual que los perfiles de «asesinos en serie». Sin descartar nada, las sospechas deberían haberse dirigido hacia una hipótesis de autoría islamista pura, sin colaboraciones o interacciones de ningún tipo. A lo largo de ese día, la intervención de Arnaldo Otegui, por entonces en el organigrama de la organización terrorista, dejó claro que descartaban cualquier implicación, aunque solo fuese en modo de colaboración. «Ni son sus métodos, ni sus fines«, fueron sus palabras y él sabia lo que decía y porqué.

¿Por qué se mantuvo el gobierno de José María Aznar en la hipótesis falsa? Un gobierno es la entidad mejor informada de un país.  Pasado el estado de shock, por la magnitud del atentado,  el gobierno debería haber reaccionado el día 12, y no dar lugar a la frase lapidaria de Rubalcaba: «España merece un gobierno que no les mienta». La realidad es que ningún gobierno debería mentir, en ninguna circunstancia.

Sobre el 11-M hemos leído todo: Lo bueno, lo falso y lo malo, como en el libro de Martín Gadner. Lo falso es lo que todavía intenta apuntalar la versión errada de la coautoría de ETA y de algunos sectores del Estado profundo,  para provocar un vuelco electoral, que sí se produjo,  fue por la actitud enrocada de un gobierno totalmente desbordado. Se contó en su día la anécdota,  no se sabe si cierta o aproximada, de Mariano Rajoy abriendo la puerta de Aznar en la calle Génova: «Tú y tus guerras», dicen que dijo, o al menos eso fue lo publicado. La realidad dice también, que en la reivindicación del atentado que realizó Al Qaeda, no mencionó en ningún momento al posicionamiento de España en la 2ª guerra de Iraq (2001). José Mª Aznar jugó a ser «señor de la guerra sin serlo«, y quedó políticamente condenado por un atentado espantoso en Madrid, una ciudad sacudida permanentemente por ETA. Hasta Tony Blair, ex primer ministro del Reino Unido pidió perdón por la foto de Las Azores, y por secundar una guerra con información falsa. Saddam Hussein era lo que era, y el mundo no ha sido mejor desde entonces, y a la vista están los hechos.

¿Por qué esa irreductibilidad en no reconocer un error tan manifiesto? Es incomprensible y la política española está lastrada y crispada desde entonces. El presidente Aznar rompió una tradición de un siglo, la del no alineamiento de España en conflictos internacionales, iniciada con Alfonso XIII. En ese sentido, guste a unos y no a otros, el actual gobierno de Pedro Sánchez, da continuidad a esa tradición de neutralidad de la política española, que Franco no cumplió, porque sí se alineó con el EJE, y envió tropas a la campaña contra Rusia. Esto son hechos históricos, independientemente del posicionamiento de cada uno. Esto es una guerra de Estados Unidos e Israel, frente a un Estado teócrata y homicida como es el de Irán, pero son los intereses de ellos, y los motivos verdaderos no están expuestos.

Terrores y terrorismos en el 11 de marzo

El mundo en el año 2000 estaba sin reglar, ni vigilar. El acceso a teléfonos móviles y tarjetas prepago era ilimitado. España seguía luchando contra los zarpazos mortales de ETA, por eso el terrorismo islamista extendía sus tentáculos sin apenas control. Amer Azizi, ya era un nombre consolidado en los círculos terroristas de Al Qaeda en esa fecha. Fernando Reinares es uno de los autores que incluimos en la etiqueta de «lo verdadero», dentro de las investigaciones sobre los atentados de Madrid. Solo ponemos objeciones al título de su último libro: 11-M, pudo evitarse. No se pudo evitar ese atentado, como tampoco se pudo evitar el del 11 de septiembre en Nueva York en 2001. Como tampoco el muy posterior de la sala Bataclán en París, el 13 de noviembre de 2015. Francia y Estados Unidos son naciones mucho más solidas y de tradición democrática más consolidada que España, y no evitaron nada. A posteriori los indicios parecen mucho más evidentes.

El reencuentro de un libro, del grupo de lo malo, titulado A Tumba Abierta, de Fernando Múgica, motiva este artículo, que pretende ser aclaratorio. Se trata de una conversación con Javier Lavandera, uno de esos personajes al que el análisis marxista integraría dentro del concepto de Lumpen. El otro sería Jesús Tashorras, el vendedor de la dinamita. En ese año 2000 y posteriores, el desorden reinaba en las minas asturianas. En palabras de Lavandera: «Gijón era un mundo podrido». La dinamita se distraía con destino a sabe dios que fines. Todo eso lo captaron los organizadores de la trama islamista de Azizi y prepararon su atentado, con años de antelación. Probablemente, esto es suposición, decían que necesitaban la dinamita para ETA, pera encubrir sus verdaderos fines, o quizá ni siquiera eso sea creíble. Cuando se va a hacer algo así, no se da pista ninguna, ni falsa, ni por mucho menos verdadera.

El gobierno de Aznar entró en convulsión y no supo explicar nada. Del error inicial se pasó al sostenimiento de la mentira,  aún siguen en ella, y eso fue lo que soliviantó a la gente, que provocó el vuelco electoral. Luego hubo otras causas, pero la principal fue esa. La verdad está ahí, aunque asociaciones, grupos y personas, busquen todavía la suya. El otro error, que se sigue cometiendo, es buscar relación entre las acciones terroristas y su atentados, y alguna causa original que lo justifique. Eso no existe. Es una ecuación falsa. Ningún grupo terrorista, ninguna guerrilla revolucionaria, ha mejorado nunca nada con su existencia y «luchas armadas».

Todo eso surge del erróneo concepto anarquista de que el problema es el Estado, y que hay que combatirlo con la violencia. Al Estado nunca se le derroca o derriba con violencia, todo lo más, se le conduce hacia algo peor. En los casos de las revoluciones triunfantes, esto es más evidente aún. El Estado de los Soviets, que fue fuente y modelo de inspiración para el mundo entero durante un siglo, fue infinitamente peor que la Rusia de los Zares. El paradigma del mal será siempre el nazismo. Han pasado 24 años, la herida política sigue abierta. Las 193 víctimas quedaron allí para siempre. Lo seguimos leyendo todo, pero nunca daremos cabida a lo falso.

Nota: Atentados de Madrid, 15º aniversario | El Alminar de Melilla