Archivo mensual: agosto 2018

Cuatro, tres, dos, uno, cero


 

                El último día del edificio del Cine Español

      Hoy, 27 de agosto, la implacable pala excavadora ha enviado los últimos restos del Cine Español del Barrio del Real, al infierno gris de los escombros. Desde hace algunos años solo quedaban en pie los muros del recinto. Un partido político, de cuyo nombre es mejor no acordarse,  llevó en su programa su rehabilitación y su uso cultural para el barrio, en una nueva vida arquitectónica que ya no se producirá.

       En 2014 publicamos un artículo alertando de la situación de ruina de tres edificios emblemáticos del barrio del Real (1). La situación de ruina entonces no era definitiva. Cuatro años después no queda ninguno de esos edificios, pese a que estaban registrados en el catálogo de bienes de interés cultural de Melilla. El proceso es siempre el mismo. Antes de la demolición, se abandona el suficiente número de años como para que la situación arquitectónica sea ya irreversible. Durante todo ese tiempo, la autoridad competente no ejerce en ningún momento su labor de vigilancia, ni obliga a la propiedad a mantenimiento alguno. Cuando la situación de ruina inminente, se autoriza la demolición sin requisito ninguno. La historia, el carácter y la personalidad del barrio, bien éste o cualquier otro, desaparece a golpes de pala excavadora. Melilla fue antaño tierra de cinematógrafos y de teatros, de los que ya no queda casi nada.

       El último en caer ha sido el edificio del Cine Español, inaugurado en 1931, según se indica en la obra de Juan Díez Sánchez, Melilla y el mundo de la imagen. No sabemos hasta qué año se mantuvo la actividad como cine, ni los años que pasaron hasta su transformación en carpintería, su última actividad conocida.

      Al menos ahora sí podemos datar la fecha exacta de su final, el 27 de agosto de 2018. La pala excavadora ponía fin, con una densa nube de polvo, a lo que en un tiempo fue parte de la historia cultural de la ciudad y del barrio. Ahora es polvo, escombro, nada.

       Nota:(1)https://elalminardemelilla.com/2014/05/06/tres-edificios-modernistas-del-real/

 

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Luciérnagas en Isla Canela


 

       En cualquier lugar puede sorprender el arte y la elegancia de años de trabajo, método y entrenamiento. La animación en los hoteles de verano, como el Barceló de Isla Canela, suele tener un nivel medio correcto, sin demasiadas pretensiones, o con la nada desdeñable pretensión de entretener a los cientos de personas que allí se alojan, sobre todo los niños y niñas. Grupos de música, animadoras/es, alumnos/as de los conservatorios y todo tipo de artistas anónimos intentan que la estancia en los hoteles sea lo más apacible posible para los alojados. Son buenas y dignas manera de conseguir dinero para los estudios o de ganarse la vida. Casi nada dejará más huella que la propia extensión del verano.

             Sin embargo a veces sí aparece algún grupo, artista o artistas que llaman la atención, cuyo trabajo sí merece perdurar o que alguien se tome el trabajo de reflejarlo, de relatarlo. En El Alminar estamos para este tipo de cosas, ese es nuestro trabajo y nuestra vocacion.

Firefly, la cuestión del nombre

            El grupo se llama Firefly o luciérnagas y está integrado por gimnastas procedentes de Alemania y Croacia. Se nota la dedicación y horas de entrenamiento que hay detrás de los ejercicios. Pese a la dificultad de ascender por la gasa de ejercicios hasta lo más alto de la percha, y la potencia que se requiere para ello, la sensación que transmitían era la de un movimiento liviano. No hay nada más difícil que luchar contra la fuerza de la gravedad. Se requiere mucha potencia y músculo. Camuflar todo eso para que parezca una ascensión a los cielos, es cruzar la línea que separa lo común, de lo que no lo es.

             Las luciérnagas ofrecieron un espectáculo con composiciones muy bellas con ejercicios muy coordinados y trabajados, resueltos con mucha elegancia y sutileza. Todo lo que hacían era difícil y sin embargo parecía sencillo.

          Un nombre es la mitad de todo. La escenografía estaba relacionada con las luciérnagas y la música escogida resultaba muy adecuada. El único problema es que el nombre de firefly, luciérnagas o fuego volador, está totalmente oscureciendo por la serie homónima.

La historia sobre Trujillo


 

           Las piedras hablan, e imponen su carácter. En Trujillo la historia pesa; está en la paredes, en los sillares, en las columnas. En el antiguo convento de las Descalzas Reales de San Antonio, estuvo hasta el monarca Felipe II, según cuenta el Cronista Oficial José A. Ramos. La Desamortización acabó con su pasado esplendor. Hoy es un hotel de la cadena Izan. Cualquier visitante que llegue hasta esta ciudad se alojará en antiguos palacios, conventos o monasterios. En su antiguo claustro ya no pasean monjas ni se escuchan oraciones, y las antiguas celdas son hoy habitaciones de huéspedes. Lo mismo ocurre con el resto de Trujillo, cuna de conquistadores, como Francisco Pizarro, Lorenzo de Orellana y Diego García de Paredes, el Sansón extremeño, como dice una placa grabada en la Plaza Mayor. La reconversión histórica ha dejado a Trujillo como un lugar de sosiego y descanso. Aquí reposa la historia y pasadas guerras, como la que enfrentó a Isabel de Castilla con Juana la Beltraneja.

           Sin embargo, sobre la ciudad sobresale su imponente alcazaba musulmana, de aspecto formidable. Es muy similar a las otras existentes todavía en la península, como las de Málaga, Almería, Tabernas, Badajoz o Baños de la Encina, con sus características torres cuadradas, su ladrillo rojo, sus aljibes.

           Edificada sobre un cerro, no sólo domina la ciudad, sino también todo la meseta que la circunda. Su posición de vigilancia era crucial. Pese a todo, no pudo resistir el embate y conquista del rey Fernando III en 1232, sólo 4 años antes que Córdoba y 16 años anterior a la de Sevilla, de la que se cumplirán 770 años el próximo mes de noviembre.

       Hay algo que une este lugar con Melilla. Aquí la patrona también es la Virgen de la Victoria, cuya ermita está situada sobre la entrada principal de la Alcazaba.