Archivo mensual: agosto 2013

De higos a brevas


Es una expresión clásica que genera no pocas discusiones, pues existe una confusión formidable sobre los frutos de la higuera y su tiempo. Unos dicen que los higos son los oscuros y otros que son los de color verde. El caso es que nadie se pone de acuerdo, ni sobre cuando empieza la temporada ni sobre cuando acaba y las desavenencias se mantienen durante años.
La expresión de higos a brevas marca un ciclo, que va desde el mes de septiembre hasta el mes de mayo del año siguiente. Es un ciclo anual, de un año hasta el próximo. Melilla es una ciudad de higueras, pero salvajes, pues en los parques públicos no hay ninguna. La higuera tiene muchas leyendas y refranes acerca de ellas, e incluso maldiciones si son taladas. La Reina Isabel II ordenó talar una en Melilla, que era milenaria y sagrada, y acabó su reinado en el exilio. De esta higuera y de su historia hemos escrito en El Alminar, y de esta reina escribiremos próximamente.
La cuestión es que la higuera es un árbol que da frutos dos veces en un año, diferenciados en forma, color y sabor. En mayo se inicia el primer florecimiento de la higuera, y esos frutos son las brevas, que pueden ser negras y verdes. En agosto y septiembre culmina la 2ª floración, con los higos, que mantienen ambas tonalidades. Los higos son más pequeños, redonditos y dulces, mientras que las brevas son más alargadas. Eso sí, cuando el color rojo aflora por sus grietas, es que ya empiezan a estar pasados.

PD: http://www.hogar.mapfre.com/noticia/975/los-higos-combaten-como-nada-el-estrenimiento-y-las-verrugas
Notas: (1) https://elalminardemelilla.com/?s=tiempo+de+higueras. (2) https://elalminardemelilla.com/2012/09/21/una-higuera-centenaria-en-melilla/.

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Cuando el bar es la calle


Melilla, la ciudad del ruido público
Hay ordenanzas municipales que impiden beber en las calles, y no se trata de que te detengan por ir con una lata de cerveza, un refresco, una bebida energética, o un botellín de agua. Tampoco hablamos de los bulevares o plazas pobladas de pseudo terrazas, que sirven como ampliación al pequeño local de restauración que le sirve de matriz. En Melilla es usual que la acera, o la calzada se pueblen de mesas de los locales de restauración colindantes, cercenando casi el paso de los viandantes, como ocurre en algunos lugares céntricos. Imaginamos que todos esos negocios tiene los preceptivos permisos, aunque algunos han ampliado el local con instalaciones fijas, que merman el espacio público sobre el que se encuentran. Todas estas son las situaciones privilegiadas, aquellas que cuentan con licencia y permiso de explotación.
Sin embargo, todas estas son actividades molestas, porque generan ruido e impiden el natural descanso de los edificios colindantes. Para conjugar los dos derechos, el del descanso y del trabajo, se debe ser muy estricto en la observancia y cumplimiento de las normas, que es justo lo que no ocurre en Melilla, en donde son los propios propietarios de locales, los que piden el incumplimiento de la hora de cierre. Gente andando y bebiendo hasta altas horas de la noche, generan ruido y molestias. Melilla es una ciudad extraordinariamente ruidosa, es casi una capital del ruido urbano.
Eso sí, existe una zona (explanada de San Lorenzo), en la que vive el actual Consejero de Seguridad Ciudadana, en la que se ha impedido incluso la circulación rodada por la noche, algo absolutamente insólito. En el resto de la ciudad se puede hacer de todo, no solo por la noche, sino a cualquier otra hora del día.
Del botellón al botellín
El barrio del Real y la calle Mar Chica eran lugares tranquilos hasta hace muy poco, pues los locales de copas y nocturnos se habían asentado en el Puerto Deportivo. La situación se está invirtiendo por el progresivo cierre de los locales nocturnos de Puerto Noray, y se están volviendo a instalar en el barrio del Real y en el del Tesorillo. Se evita el ruido en algunas zonas, y se le echa encima a otras.
Todas las mañanas, las papeleras y los alcorques de la calle Mar Chica aparecen llenos de latas y botellines de cerveza y de envase de pizzas. El cierre nocturno del vial que divide los dos sectores del Parque Forestal, por los incidentes que se estaban produciendo allí, obliga a la población juvenil ambulante a recorrer la ciudad de nuevos lugares en los que beber, charlar o comer pizzas.
Cuando se carece de una visión conjunta de la ciudad y cuando no hay alternativas para nada, lo único que ocurre es que se trasladan los problemas de unos lugares a otros, pero sin arreglarse nunca. Las/os trabajadoras/es de la limpieza pública, dedican las primeras horas de cada mañana al vaciado de las papeleras y a la limpieza de los centenares de botellas de bebidas y otros envases que se encuentran en la calle, todos los días, en el San Fermín permanente de Melilla.

Iglesia de San Agustín del Real


Campaña para captar fondos para arreglar la cubierta

Con las catequesis, las comuniones y los bautizos las iglesias se llenan, incluso en la misa del Domingo. El problema está en el día a día y en el mantenimiento. Siempre hay gastos y no siempre suelen estar abiertas. La iglesia de San Agustín fue una de las más ricas de Melilla, tanto en exornos como en propiedades, pues los fieles del barrio del Real donaban incluso inmuebles a la Iglesia. La gran reforma, que amplió los locales sociales colindantes, e incluso la renovación de la cubierta del edificio (antiguo almacén de intendencia), se llevó a cabo en el final de la década de 1980. Hubo reformas necesarias y otras discutibles, como la instalación y mantenimiento del costoso órgano, hoy ya apenas utilizado. El mantenimiento y conservación del órgano tiene que ser llevado a cabo por expertos. Era la iglesia de Melilla que tenía más imágenes y altares y un día desapareció casi todo.
Se creó una comunidad, dirigida por el Padre Hurtado, que dio buscó una nueva forma de entender, tanto la iglesia como la vida en comunidad de creyentes, y los que no comulgaban con “esa vereda o senda”, se apartaron o fueron apartados de la vida parroquial.
Hace dos años, el Episcopado de Málaga intentó reconducir la vida eclesial y nombró a un sacerdote diocesano para dirigir la parroquia, acabando así con 70 años de dirección de los padres paúles. La comunidad cristiana preexistente, parece no haber sintonizado con la dirección de la parroquia y ha abandonado la misma, distribuyéndose por otras parroquias de la ciudad. Es una situación extraña.
El caso es que los años de suntuosas reformas pasaron a la historia y el edificio empieza a notar síntomas de agotamiento. Hay cosas que tienen que ser reparadas con urgencia, como las tejas de la cubierta, cuyas filtraciones provocan goteras y humedades. El párroco ha lanzado una campaña de captación de fondos para diversos arreglos y reparaciones, abriendo la propia cuenta parroquial (2103/2031/96/0010108401), para las donaciones, bajo el lema: Colabora con tu Parroquia.
En los pasados días 27 y 28 se conmemoraron las festividades de San Agustín y de su madre Santa Mónica, hechos que pasaron prácticamente desapercibidos para la feligresía del barrio. Hoy ya casi nadie hace caso de los santos, y eso que San Agustín, tuvo una vida prodigiosa, y merecedora de ser leída, sobre todo, sus “Confesiones”, el libro que más le gustaba a Wittgenstein.

San Agustín, la vida prodigiosa de un santo

Agustín nació en Tagaste, lo que hoy sería Túnez, en el año 354 de Nuestra Era. Durante un largo tiempo se dedicó a una vida licenciosa, narrada por él mismo en “Las Confesiones”. Dedicado a la lujuria, al robo, a los amores deshonestos, o como él mismo decía: “Al gusto por hacer el mal”. Durante años visitó todos los lupanares de la costa africana, o las ciudades más famosas por tener los más atractivos de todos ellos: “me revolcaba en su cieno, como si se tratara de un ungüento oloroso”. Aborrecía las Sagradas Escrituras por aburridas y se convirtió en seguidor de una herejía, la maníquea.

San Agustín muestra claramente dos cosas, una es la perniciosa influencia que ciertas cosas, aparentemente buenas y bellas, pueden tener sobre los blandos espíritus de los adolescentes. La otra es la gran importancia que tienen “las compañías” sobre los jóvenes. Esta última es la gran preocupación de cualquier madre o padre. Agustín tuvo una madre, Mónica (que acabaría siendo santa), que anduvo detrás de él, no dejándole solo en sus fechorías e intentando mitigarlas en todo lo posible. Al final consiguió detener la loca carrera de su hijo; aunque tuvieron que pasar más de diez años para ello. Agustín vio una luz durante una predicación de San Ambrosio.

Desde ese momento, se convirtió en un exégeta de las Sagradas Escrituras y en firme azote de toda herejía, especialmente duro fue con la que había sido su secta nodriza, la de los maníqueos. A partir de ese momento y además de explicar claramente cuales son los caminos que conducen al “pecado”, ideó La Ciudad de Dios, un lugar imposible y a salvo de todo mal. Actualmente, proliferan en todas las religiones, grupos que intentan preservar a los suyos de todo mal, o de todo contacto con el supuesto “pecado”, construyendo oníricas ciudades de Dios, en las que si hay algo ausente no es el pecado, y sí la presencia de Dios, en cualquiera de sus múltiples interpretaciones. Al final, el diablo, como el humo, entra por cualquier rendija.

Si San Agustín enseñó algo, y enseñó muchas cosas, fue que tanto el bien , como el mal, deben ser descubiertos por uno mismo. De lo que hay que dotar a las almas de las personas, es de instrumentos para discernir ambos caminos, incluso que después de haber caído en el malo, uno sepa darse cuenta y rectificar su rumbo. Hay cosas, no muchas, que pueden y deben evitarse.
Nota: https://elalminardemelilla.com/2011/10/24/cambio-de-rumbo-en-la-iglesia-de-san-agustin/

Frontera, del colapso al coladero.



“En Melilla se entra, pero no se sale”. Manuel Céspedes

Hay frases que no merecen perderse y ésta, del que fuera Delegado del Gobierno socialista entre 1986 y 1996, es una de ellas. Por aquél entonces, le reclamábamos al entonces delegado gubernativo, que dejara salir de Melilla a dos ciudadanos búlgaros que habían quedado atrapados en nuestro perímetro. Tanto le insistimos a Manuel Céspedes Céspedes, que en apenas un mes, que a nosotros nos pareció una eternidad, firmó una orden de expulsión y repatriación a Bulgaría; único modo de salir de la ciudad en aquella época. Manuel Céspedes nos dio la orden de expulsión en mano, no era un hombre que soliera esconderse de sus acciones, y nos dijo: “la próxima vez decidle a vuestros amigos que: en Melilla se entra pero no se sale”. En su momento, la frase nos pareció propia de un cinismo administrativo casi intolerable, sin embargo hoy, con la perspectiva, me parece una de las frases más acertadas que se hayan dicho nunca, acerca del problema fronterizo de la ciudad. Se atraviese la frontera en el sentido que se atraviese, nuestra frontera es un cáos o un coladero. Entonces pensábamos que estábamos ante los mayores problemas fronterizos de la historia.
El más que evidente colapso en la frontera, está reventando las posibilidades de Melilla con su entorno, y está creando alteraciones dentro de la propia ciudad. Esta mañana, intentar salir del polígono industrial, por la carretera de Huerta de Cabo, era un ejercicio imposible, salvo que se incumpliese todas las normas posibles de circulación. Da miedo pensar que esta es la zona en la que se han planteado instalar “Centro Comerciales”. Con esta situación fronteriza, cualquier posibilidad de la zona es solo una especulación onírica.
No hablo del “comercio atípico”, sino simplemente del intercambio comercial y humano normal, del que disfrutábamos en el pasado tanto melillenses, como marroquíes. Hoy todo eso es historia, solo los más aguerridos se atreven a soportar las interminables e inhumanas colas de la frontera. Que se puede atravesar a partir de las ocho de la tarde es algo que ni es útil, ni sirve a nadie.
El atasco tiene su extremo a casi un kilómetro de la frontera de Beni Enzar, y la fila de coches es doble.

La temporada de playas en Melilla



Aunque queda el mes de septiembre, preferido por muchos para los baños, es hora de hacer balance de la situación de las playas en Melilla. No ha ayudado en nada el predominio del levante, señalado por el día de San Juan, que aunque muchos lo prefieren, deja el agua caliente, caldosa y llena de suciedad. Este año ha habido demasiada suciedad en el agua, demasiado residuo sólido flotante. La sensación de agua viscosa llega a hacer que uno se bañe con cierta prevención. No tiene solución el hecho de que nos bañemos dentro de un puerto comercial. Tampoco se han hecho públicos en ningún momento los índices de salubridad de las aguas, aunque la percepción habla por sí sola. No se ha llegado a situaciones extremas, como otro año, en el que la rotura de un colector cerró las playas durante unos días. El problema de la desembocadura del Río de Oro sigue sin solución, aunque esa ha sido la causa de infecciones en Melilla en los cinco últimos siglos.
La realidad es que los melillenses nos hemos acostumbrado a una calidad mínima y la hemos normalizado. Cuando uno viaja y ve otras playas, de las corrientes, no de las 100 mejores del mundo en las que quiere participar la playa de La Hípica, se siente una decepción profunda. No tenemos nada y nos hemos resignado ante lo que tenemos, que es nada. No tiene explicación que la playa de La Hípica no tenga una zona de aseos y de vestuarios. Todo lo que hay, que no es mucho, se concentra en la playa de Los Cárabos, y en la zona deportiva de San Lorenzo. El mobiliario de playa está muy envejecido y deteriorado, sobre todos los caminos de madera para acceder a las playas. Hay poca conservación o luce demasiado poco el gasto, o ambas cosas.
Hay que resaltar la poca colaboración en la limpieza de las playas por algunos grupos de personas, a lo que debe añadirse la dantesca situación de suciedad de los diques, y a la celebración indiscriminada de barbacoas en “tercer turno” de uso de las playas. Todo eso ofrece imágenes no muy adecuadas para el fomento del turismo.
También ha ocurrido que las dificultades en el tránsito por la frontera ha hecho que más gente acuda a las playas, incluido el “fracaso” de la nueva playa de Horcas Coloradas. Un siglo de escombros no puede ser retirado en dos años.
PD: Me llamó la atención una noticia de los informativos del verano sobre “La Travesía a nado del Puerto de Barcelona”, en los que se realizan exhaustivos análisis de las aguas, para autorizar o no la competición. En Melilla nos bañamos dentro de un puerto y no hay la más mínima noticia acerca de la calidad de las aguas, y eso que los barcos vacían sus sentinas al llegar a la Estación Marítima.

San Miguel de Cabo Gata


Hay lugares que son algo más que sitios, y el Cabo de Gata es uno de ellos. Es interminable e inabarcable. Acumula más historias de las que pueden llegar a contarse. Hay mucho más de lo que se ve, aunque quien quiera conformarse solo con lo que está a la vista, ya es suficiente. El paraje de Las Salinas y el entorno desértico que le rodea es único. Las montañas son el eco mudo de un pasado volcánico que ya nadie recuerda. Existe allí un humedal en donde pueden verse flamencos y otras aves, casi todo el año. En esa larga carretera que conecta el pueblo de Cabo de Gata (su nombre completo es San Miguel de Cabo de Gata), con el macizo rocoso del legendario Cabo, existe una iglesia que llama la atención desde cualquier punto desde el que se fotografíe la zona.¿Cuántos años estuvo abandonada esa iglesia?, no sé, pero probablemente más de diez. Cada año acudimos a bañarnos a sus interminables playas y la vemos y fotografiamos.
Muchas veces hemos llegado hasta el pueblo de Las Salinas o La Almadraba de Monteleva, por la cercanía de los locales de restauración y de las pequeñas tiendas, en las que encontrar cualquier cosa que se haya olvidado. Cuando solo se quiere disfrutar del agua del mar y de un entorno agreste, se busca el kilómetro 15, en dónde el lecho marino tiene menos rocas y es más arenoso.

La iglesia del arcángel San Miguel
Miguel (quien es como Dios), el más potente de los arcángeles, que son los que están en la escala alta de las criaturas celestiales. El que tuvo que enfrentarse a los ángeles rebelados, y a los que venció, aunque no de modo total, ni definitivo. Los derrotados están confinados en algún lugar, pero siguen teniendo un gran poder de influencia. Esto puede verse todos los días, en cualquier lugar, porque el Mal tiene necesidad de manifestarse y ser reconocido, mientras que el Bien no, es más, este último, pasa desapercibido en la mayoría de los casos.
Tras muchos años de ir a las playas del Cabo de Gata, la más larga es la de San Miguel; en 2010 me acerqué hasta el interior de la iglesia y fotografié su descomposición interior. No existían imágenes en ella, ni exornos, ni casi nada que la hiciese reconocible como iglesia. Tanto es así, que lo reflejé en una entrada del Alminar y escribí lo siguiente: “no he podido constatar bajo qué advocación fue erigida”. En 2011 se celebró allí dentro una misa negra, o algún tipo de actividad de tipo diabólico, y el estado de abandono de la iglesia ya no pudo ser obviado por más tiempo. Las autoridades tomaron cartas en el asunto y restauraron el templo, a costa del ayuntamiento de Almería. Las obras fueron recepcionadas por el obispado de Almería el año pasado.
Este año, al acercarnos por allí nuevamente realizar nuevas fotografías en ese hermoso entorno, pude ver claramente la advocación bajo la que está erigido el templo, que es la de San Miguel Arcángel. En un verano en el que me he encontrado con San Miguel en varios lugares y casi por sorpresa (Torremolinos, Segovia), no podía imaginar que me quedara encontrarla en un último lugar, y que este fuera Cabo de Gata y su extraña y bella parroquia, construida a mediados del siglo pasado. La sola mención del nombre de San Miguel, me hizo comprender todo en un solo instante; el abandono durante una década, la celebración de misas negras, y la derrota casi absoluta del arcángel en el que era su templo, por su principal enemigo, y a la vista de todo el mundo, durante una década. Todo un signo de estos tiempos.
PD: Ahora es una iglesia Rectoral y celebra culto todos los domingos a las 11 de la mañana.
Nota: https://elalminardemelilla.com/2012/07/22/la-iglesia-del-cabo-de-gata/

El monasterio de El Escorial


En toda vida siempre hay un punto central, un lugar talismán, que tiene más significado que otros, y que no tiene porqué ser el lugar de nacimiento o aquel en el que se vive. En la bóveda de la vida, cualquiera de las hiladas es tan importante como las demás, sin embargo, la clave de bóveda es distinta a todo, tiene un función distinta, aunque sea una sola piedra. No hablo de personas, pese a que las cosas no son nada sin ellas. Mi vida, hasta mi llegada a Melilla puede considerarse como errante. Sin embargo, dentro de todos esos cambios, hay un lugar que se ha mantenido como lugar de referencia, y que ha estado presente en las 4/5 partes de mi vida, desde que mis tías paternas decidieran instalarse allí en 1974. Ese lugar es San Lorenzo del Escorial y su espectacular Monasterio, mandado construir por el Rey Felipe II en 1563 y acabado 23 años después, en 1586.
A lo largo 4 décadas, he pasado todos los años, al menos un día, en ese lugar. Una inmensa y portentosa mole de granito, que permanece inalterada desde su construcción, y que no ha necesitado rehabilitación alguna, pese a sus 450 años de antigüedad. ¿Qué llevó a Felipe II a construir un lugar tan diferente a todo y de semejantes dimensiones?, ¿cómo pudo acabarse solo en 23 años?, son algunas de las preguntas que se plantéan en el libro “La historia secreta de los edificios”, de Ricardo Aroca. Pese a todo lo escrito, que es mucho, hay cuestiones que seguirán sin respuesta, Nunca habrá una última palabra para casi nada.
Todas las personas que han significado algo en mi vida, tanto las que ya no están, como las que me rodean y componen mi entorno familiar, han paseado conmigo por la inmensidad de la explanada que rodea al monasterio. Es un contraste sobrecogedor la pequeñez humana frente a las ciclópeas proporciones del edifico, que se agranda cuanto más cerca se está de él. Si se quiere ver bien, hay que alejarse, pero eso también sucede con muchas otras cosas. No puedo separar esas piedras. No hay una sola concesión a la decoración figurativa en sus fachadas o torres. Si impresiones es por su dura sobriedad. ¿Qué mensaje quiso transmitirse con una obra de estas características?. Es sobrio, austero y sin embargo supuso un coste inmenso para su época, lo cual parece contradictorio.
Geoffrey Parker, el mejor biógrafo de Felipe II, retrata al monarca Felipe II como una persona austera y sobria, pero nada sombría. Preocupado hasta el más mínimo detalle por la educación de sus hijos e hijas, a las que escribía para interesarse por “sus menstruaciones”. Huía del trato excesivo que le correspondía como el monarca más poderoso de su época, salvo en casos de inevitable protocolo. En todas las demás situaciones solo exigía el tratamiento de “Señor”. Hoy cualquier cargo político, se desvive por ser tratado como excelencia o ilustrísimo, o se cree, por inaugurar un simple puente, un constructor más grande que Felipe II y su ciclópeo monasterio de piedra. En ninguna parte o lugar del mismo, hay una sola placa que le conmemore como impulsor de la obra.
Este verano, y por primera vez en los últimos 40 años, no estaban en El Escorial ninguna de mis tías, y eso sí ha constituido un hecho duro y diferente. Era una doble sensación de vacío y de estar presentes en cada rincón de El Escorial. Allí también residió la escritora Carmen Conde, muy vinculada a Melilla. En todo siempre busco algún nexo de unión con nuestra ciudad, a la que no olvido, pese a que muchos lo desearían. Sé que a los que se consideran mis enemigos, no le parecería mal lugar El Escorial para que permaneciese allí.
Sobre la luminosa explanada del Monasterio, denominada La Lonja, expuesta al implacable rigor solar del verano y al frío del invierno sin protección alguna, no se nota la negra y cercana sombra del Caudillo Franco y de su tétrico monumento del Valle de Los Caídos. Dicen que el dictador escogió ese lugar para su tumba, porque en altitud está unos pocos metros por encima del Monasterio de El Escorial, o sea, un poco más elevado en el reposo eterno, que los Reyes de España. Tampoco me olvido del dictador.
PD: También hubo quien se creyó más grande que reyes, o a su altura, y casó allí a su hija. El Escorial también es un lugar muy pijo. La Vanidad humana siempre es lamentable.