Archivo de la categoría: Historias de Melilla

El Hornabeque


                  El Hornabeque es un foso defensivo de los recintos de la Melilla originaria, modificada por los castellanos para su defensa. Está excavado a mano, por debajo de la roca y separa los recintos segundo y tercero. Al otro lado del baluarte de San Fernando se encuentra el foso de los Carneros, en donde se enterraba a los apestados y a los muertos por traición o fiebres. La excavación del foso en el siglo XVII dejó a la vista dos de los muchos silos de almacenamiento de la ciudad musulmana. Todo está lleno de túneles y vías cubiertas de comunicación entre los recintos, para resguardarse del constante tiroteo de los rifeños sobre la ciudad de los castellanos, que soportó un largo asedio de cuatrocientos años.

                   El foso del Hornabeque fue el lugar de un suceso increíble,  de un intento de asalto a la ciudad, en la que un santón o morabito intentó invadir y adueñarse de la ciudad mediante un ardid o peregrinación de lugareños. Es lo que se conoce como “suceso del morabito”. Los alcaides de Melilla se pasaron sus mandatos de reclamando albañiles, canteros, herreros y ladrillos. Las penalidades fueron muchas, como relata Rodríguez Puget en Crónicas de una fortificación: “El alcaide Bernabé Ramos de Miranda comunica el 26 de enero de 1690 el mal estado en el que se halla la guarnición, con 434 hombres de tomar armas, justos para cubrir la muralla y puestos sobresalientes. Por todo ello no hay gente suficiente para trabajar en las obras más precisas, y al no disponer de albañiles ni canteros están paradas las obras (hornabeque). Extraña el alcaide que los ministros de Málaga reclaman el mal albañil que enviaron, que ya se ha muerto, un herrero y dos canteros en un momento en el que hacen falta muchos”. Melilla siempre estuvo en riesgo de perderse.

                                               Los restos del Belén

           Siempre es necesario contar un poco de historia para recordar en dónde nos encontramos y su contexto. El foso del Hornabeque fue rehabilitado hace unos años y se invirtió en él una suma importante de dinero. Actualmente se utiliza para dos eventos importantes y estables en la ciudad, el mercado medieval y el tradicional Belén de Navidad. Es precisamente de esta última celebración de donde proceden estos “restos históricos” que ahora pueden contemplarse; la fuente romana de mármol,  y los depósitos para el teñido de cuero de procedencia medieval.

                 Una cosa es decorar y ambientar una zona para circunstancias determinadas, con elementos móviles que puedan ser retirados sin problemas; y otra muy distinta dejar elementos anacrónicos fijos como estos dos. No solo no embellecen el lugar, sino que demuestran poco interés por él y su historia.

 

 

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Concepción Pozurama López


             Concepción Pozurama y Alberto Castro Girona

           La rehabilitación del puente de las Minas del Rif, que no de los alemanes, nos ha llevado hasta dos nombres casi olvidados, el del general Alberto Castro Girona, comandante general de Melilla entre 1925 y 1927; y el de su esposa Concepción Pozurama López. Pese al corto espacio de tiempo que estuvieron en la ciudad, dejaron algunas obras permanentes, que dan testimonio de sus nombre.

          La más emblemática, la que lleva el nombre de castro Girona, es la capilla de la Cruz Roja o de San Francisco Javier, bendecida el 27 de septiembre de 1927. La madrina e inspiradora de su construcción fue Concepción Pozurama, quien el jueves Santo de 1925, le dijo a la madre Superiora de la Comunidad de Hijas de la Caridad: “No, madre, esto no puede ser, esto no puede continuar así; esto no es digno ni de Jesús, ni de este edifico. Es necesario que se edifique enseguida una capilla”. Su voluntad e intención se cumplió y dos años después, y casi al punto de marcharse de Melilla, se inauguró la capilla que hoy conocemos. La réplica a tamaño completo del Cristo de Limpias, es también una donación de Concepción Pozurama, pero para la capilla Castrense, bendecida el 22 de noviembre de 1923. Actualmente puede contemplarse en esta capilla.

              En Navalperal de Pinares (Ávila), en la ermita del Cristo, existe una talla de un crucificado firmada por Jerónimo Pozurama, artista que tenía el taller en Madrid. Es casi igual al existente en Melilla, y sigue la línea naturalista y expresiva del imaginero Gregorio Fernández. La talla original del Cristo de Limpias sigue considerándose de autor anónimo. Esta figura de Navalperal es conocida como Cristo de la Indulgencia.

              Alberto Castro Girona siempre estuvo en el escalafón por encima de Franco, y esto hizo que nunca recibiera del futuro Dictador el más mínimo privilegio. En todas las circunstancias en la que se encontraron en la Guerra de Marruecos, Franco estuvo siempre bajo su mando. No se sublevó contra la República, pero aún así fue puesto bajo arresto, dado su inmenso prestigio. Murió el 3 de agosto de 1968, con el rango de Tte. General y está enterrado en el cementerio de San isidro en Madrid, junto a la que fuera su esposa. En Palencia aseguran que dejó escritas unas memorias, que no han aparecido nunca, y que probablemente contuviese referencias sobre Francisco Franco.

                 María de la Concepción Pozurama López, presidenta de Cruz Roja en Melilla, nació en un entorno que podría situarse entre las provincias de León, Palencia y Valladlid, sin que pueda precisarse el dato. Probablemente compartiese los orígenes palentinos con Alberto Castro Girona, quien también tenía orígenes filipinos por parte de madre. Falleció el 21 de febrero de 1978. Concepción tuvo al menos dos hermanos, Elisa y Enrique. Se casaron en 1905, con autorización registrada por el Consejo Supremo de la Guerra, siendo él capitán del Regimiento de Covadonga nº40. La orden la firmó el general Weyler.

              La mezquita del Habús

            Es la primera mezquita edificada en Melilla por los españoles, y es el otro gran legado de Alberto Castro Girona, cuyo empeño personal la hizo posible, pese a las muchas resistencias en contra. En el mes de octube el general Castro Girona recibió la visita de los Reyes de España, Alfonso XIII y Victoria Eugenia, que llegaron a la ciudad el día 7, en su tercera visita a Melilla. La dos anteriores fueron en 1904 y 1911.

            En un principio se pensó que la nueva mezquita fuera inaugurada por Los Reyes, pero se descartó la idea, pues la historia de la ciudad con las mezquitas siempre fue problemática. La mezquita del Habús se inauguró el 18 de octubre de 1927 con la presencia del Gran Visir de Marruecos Ben Azúz, el director de Intervención Civil del Alto Comisario de España en Marruecos sr. Teodomiro Aguilar y el comandante general interino Gonzalez Carrasco. No estuvo Castro Girona, pero la mezquita se inició y acabó durante su mandato

Nota:http://navalperaldepinares.es/turismo-y-senderismo/monumentos/capilla-del-cristo/

San Miguel, la primera calle


 

                San Miguel es la primera calle de Melilla, la primera que conocemos como tal y por su nombre. En ella estaba la primera iglesia o capilla de la ciudad vieja, y también el primer cementerio. La calle está abandonada casi al completo. Todos los números impares son ya edificios vacíos, o algunos en estado de solar, como la Casa de los cuatro patios*. Estuvimos dentro de ella antes de que la derribaran, en marzo de 2012 y lo escribimos, pero se fue al suelo de igual manera. En nuestra ciudad se acaba con la historia a martillazos, o se desmorona por sí misma, pero todo acaba en polvo.

                Existe especulación sobre el suelo en la ciudad vieja y sobre algunos de sus inmuebles, ocurre que tiene un problema y es el suelo. Su catalogación como arqueológico obliga a que cualquier proyecto deba autorizarse, aunque eso tampoco sea obstáculo para nada. La Casa de los cuatro patios fue comprada por alguien relacionado con la misma empresa que intervenía en aquel momento en una de las restauraciones del barrio de Medina Sidonia, el primero de Melilla.

                   Todo está perfectamente relatado en El Alminar, en este largo periodo de 7 años. Todo está escrito, documentado y debidamente fotografiado. Hace unos pocos días, nos escribían de un programa de la televisión autonómica andaluza, Canal Sur, para pedirnos la autorización para publicar unas fotografías. En el primer semestre, concedimos una autorización para la publicación de una fotografías en un medio digital de Almería. Publicamos las fotografías en buena calidad y tamaño para que sean útiles, tanto para hoy, como para el futuro.

                   San Miguel y Gobernador; la historia abandonada

                 Nada hay tan extraño en la ciudad vieja, como lo sucedido con la Casa del Gobernador y de los antiguos juzgados militares. Fue un yacimiento descubierto y excavado bajo la dirección del arqueólogo ceutí  Noé Villaverde en 2002. Posteriormente fue abandonado por más de 5 años, vuelto a abrir de nuevo, y abandonado de modo definitivo. ¿Dónde están las 10.000 piezas de cerámicas, ánforas, loza y ajuar encontrados en todos estos años?.

                   Nadie responde, nadie pregunta y nadie se siente en la obligación de dar la más mínima explicación. Nadie que pretenda entrar en el yacimiento obtiene autorización, ni siquiera cuando la solicitud llega por parte de diputados locales. Lo esconden todo sin que conozcamos la causa. Hemos mostrado el yacimiento lleno de basura, pues durante dos años el edificio fue morada de los menores marroquíes. Ahora todo está tapiado y casi no hay posibilidades de intromisiones indeseadas.

                   Son ya 7 años de secretismo y cerrojazo en el Área 51 de Melilla, y otros tantos de publicaciones desde El Alminar de Melilla. Hemos conseguido fotografiar lo que allí sucede y mostrar su estado al mundo entero. Todos los años en verano, los periódicos nacionales y mundiales se llenan de noticias sobre descubrimientos arqueológicos. El mundo entero, salvo nuestra ciudad, sumida en el más absoluto de los ridículos históricos. Todo es visitable en el mundo entero, salvo aquí.

                 La Ciudad Vieja está abandonada. Los edificios antiguos están deshabitados o a punto de serlo. El yacimiento del Gobernador lleno de maleza, y con el picudo rojo asolando sus dos únicas palmeras. Esto es lo que quieren evitar  que veamos y que mostremos. Las zanjas abiertas hace años presentan derrumbes y  colmataciones. Fue cerrado de modo definitivo en 2011**.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/03/01/la-casa-de-los-4-patios/;https://elalminardemelilla.com/2011/07/07/el-ultimo-ano-en-el-gobernador/

Las novelas malditas


 

                                         Melilla, de Imán a Metropol

                 Melilla y sus tierras, fueron para varias generaciones de soldados de reemplazo, el Afganistán español, al igual que el territorio afgano fue el Vietnam ruso. En Vietnam, el ejército más poderoso del mundo, el de Estados Unidos, fue derrotado sin llegar a perder una batalla importante, al igual que sucediera con los soviéticos en Afganistán. Se habla de las Guerras de Marruecos, aunque también pudiera escribirse “las guerras de Melilla”. El equivalente al Barranco del Lobo marroquí es en Afganistán el túnel y desfiladero de Saalang. Estas experiencias colectivas de las naciones, generan un leyenda propia, que se incorpora a la cultura del país, ya sea mediante la literatura o las canciones.

                        Las novelas malditas serían aquellas en las que nadie se reconoce, ya sea de modo individual o colectivo, o en las que nadie quiere reconocerse, pese a su indudable valor histórico. El valor poético y mítico de las guerras de Melilla, no casan con lo reflejado en Imán de Ramón J. Sender. La advertencia de unos soldados a otros: “el sargento hoy barrunta vino”, es excelsa. ¿Cuántos muertos costaron las campañas marroquíes?. No hay cifras, pese a haber pasad0 ya más de un siglo, aunque pueden calcularse en unas 20.000. Las víctimas mortales del ejército estadounidense se cifran en 58.000, mientras que las del soviético se cifran en torno a las 15.000. La duración de los tres conflictos bélicos se sitúa entre los 10 y 20 años.

                     En la parte que nos toca, La forja de un rebelde de Arturo Barea, puede ser considerada como la mejor novela épica de las guerras de Marruecos. Lo que no es comprensible, pero sí explicable,  es que el aragonés Ramón J.Sender, no tenga nada dedicado en nuestra ciudad, pese a la probada solvencia de su obra, y a que lo que narra está escrito desde su propia experiencia en Melilla.

                        Una novela o libro maldito es aquel en el que nadie quiere reconocerse, o que describe una realidad no asumible. ¿Es Imán una novela maldita?. Posiblemente, aunque cabrían posicionamientos favorables y contrarios. En la que no creemos tener dudas es en Metropol, de Ramón Ayerra, la novela de los soldados de reemplazo en Melilla. La novela se centra en una cafetería que ya no existe, y de la que jamás existirá una placa que recuerde su emplazamiento, pese que marcó toda una época de la ciudad, y que además fue objeto de un atentado o intento del mismo. El otro libro que también entraría dentro de la categoría estudiada, es la recopilación de artículos de Ricardo Crespo, bajo el nombre de Melilla en el Aire. Hoy puede escribirse o incluso hablar de ellos, pero en su momento no. Ricardo Crespo fue el redactor del concepto de “melillismo”, de ese modo especial de vivir y desenvolverse políticamente en la ciudad, que hace que sus más acérrimos e intransigentes representantes, lleven ya décadas fuera de su perímetro de 12,5 kms². Es lo que en el argot de los melillenses que sí residen en la ciudad, hasta el último de sus días, llaman hacer “buchaca”.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2014/12/23/el-barranco-del-lobo/

El cuartel de Santiago


                          Aproximación histórica al cerro de Santiago

       La evolución histórica del acuartelamiento de Santiago es una de las más interesantes de Melilla. Por su situación, en el centro de la comarca de Melilla, debió ser un lugar de asentamiento y población. Desde su colina se observa con perfección cualquier movimiento en la costa, así como en el interior, pues domina toda la vega del río. Durante la época de invasiones normandas y del dominio de la piratería en el Mediterráneo, no solo debió resultar un lugar adecuado para la vigilancia, sino también de refugio. El León Africano afirma que tras el desembarco de los españoles en 1494, año en que sitúa su llegada, “los lugareños huyeron a los montes próximos a la ciudad”, que no podían ser otros que el de Santiago y el de Camellos, desde donde seguir observando el desembarco y refugiarse de una mayor penetración de los españoles.

        En un reciente trabajo, Jadilla Elyaznasi y Mohamed Omar Ouariachi, titulado “Lal-la Zarzut o la historia silenciada de la Melilla Tamazight”, compilan las tradiciones orales sobre el carácter sagrado del monte, y también reúnen todos los datos históricos disponibles referidos al lugar. No era solo pues un lugar estratégico, en el que los españoles construyeron un fuerte con ese nombre, junto con el de san Francisco, en 1570 y que mantuvieron a lo largo de todo un siglo, hasta su pérdida definitiva en 1679. Luego y antes fue alcazaba mora, con la existencia más que probables de atalayas antiguas, que fueron utilizadas por los españoles en la conquista de ese entorno, vital para la defensa de la ciudad.

        Sin embargo, no es ahora el momento de empezar a desvelar la verdadera historia de la Melilla Tamazight y cuyo nombre autóctono ignoramos, sino de mostrar el estado del lugar, y de preguntarnos a dónde fue a parar, y cuando fue retirado todo el amianto o uralita allí existente.

         Santiago, o lugar del morabito y la alcazaba mora, muestra todavía los distintos materiales de su evolución histórica. Hay muros de mampostería de ladrillo del primitivo cuartel del Regimiento de Infantería de Melilla, los muros de cemento de la obra moderna y que alojaron al grupo de Regulares, y también los muros de piedra que nos retrotraen a los siglos de su primitivo origen. Toda conquista utiliza los materiales existentes, los transforma y les da otro uso, y sin querer preserva parte de su historia. El cerro es muy importante, y antes de iniciar alguna obra allí, sería preciso datar los materiales e incluso realizar excavaciones rigurosas, científicas y respetuosas con la historia del lugar.

                                      ¿Dónde está el amianto de Santiago? 

       Lo que resulta inquietante del lugar es aquello que se sabe que estuvo allí, pero que no se ve, la uralita o amianto. Está desmontada en todos los grandes pabellones que alojaron a las compañías de soldados. Queda solo la estructura metálica de soporte, pero el amianto no está. El que puede verse no nos preocupa, porque está localizado y debe retirarse con todas las garantías exigidas por la ley.

      Lo ocurrido con el desaparecido sí es inquietante, porque no sabemos si hay amianto fracturado en el interior del cuartel, o partículas en alguna zona oculta. La cantidad de uralita desaparecida es muy grande, y preguntamos lo mismo que en la del cuartel de Gabriel de Morales, contiguo al de Santiago. ¿Cuándo fue retirada todas esos centenares de placas de uralita del cuartel de Santiago, a dónde fue llevada, quién o quienes lo autorizaron y que medidas de seguridad se tomaron?. Si fue retirada de modo clandestino y triturada en la planta de escombros y mezclada con otros materiales estaríamos ante una irresponsabilidad mayúscula, probablemente delictiva, porque la uralita no puede ser transformada en ningún otro material, ni mezclada, solo almacenarse y conservarse en ese estado durante toda la eternidad, como pretenciosamente denominaron a este material letal: eternity. Ahora ya sabemos que se han hecho muchas cosas de modo oculto y sin que nadie más que unos pocos tuviesen conocimiento de ello.

 

La Duquesa de La Victoria en Melilla


                                     El óbolo del mendigo

Enrique Delgado

       En principio, la anécdota fue escrita en la relación diaria de donaciones reflejadas en El Telegrama del Rif, a los hospitales de Cruz Roja en Melilla, pero el 11 de septiembre se le dio su verdadera importancia. Un mendigo anciano de la ciudad, de los muchos que siempre ha habido, se presentó en el Hospital de la Cruz Roja y solicitó ver a la Duquesa de La Victoria, convertida en un símbolo desde su misma llegada a Melilla. Carmen Angoloti siempre estaba disponible y siempre atendía personalmente cualquier solicitud. Una vez en su presencia, y en las misma escaleras, el anciano indigente sacó un pañuelo de su bolsillo, lo desenrolló y le ofreció una peseta a la Duquesa, lo que probablemente constituían todos sus ahorros. Según relata el periódico, la duquesa solo acertó a darle las gracias y preguntarle su nombre, recibiendo esta respuesta: “anote usted si quiere que es de un pobre”.

      El 21 de septiembre llegó a Melilla una dama de Corte de la Reina Victoria Eugenia, Maria Teresa Almagro y Rávene, para interesarse de modo directo de la situación de los hospitales de la ciudad y en especial del de Cruz Roja, bajo el patronazgo de la propia soberana. Ese mismo día se daba noticia del inicio de un nuevo curso de Damas enfermeras.

      El batallón de La Corona fue objeto de un encendido elogio y homenaje por parte del periódico melillense, dada su eficacia en la defensa de la ciudad, en los primeros días del derrumbe de la Comandancia de Melilla. Se trataba de un batallón de reclutas, que nada tenía que ver con las tropas de Regulares o del Tercio de Extranjeros, dirigidas por Millán Astray. Hasta ese momento, y ya estábamos a 23 de septiembre, no había aparecido una sola palabra sobre el comandante Franco en El Telegrama del Rif.

        Además de la red de hospitales de la ciudad, entre los que destacaban el Docker y el de Cruz Roja, había siempre fondeado en el puerto de la ciudad un buque hospital, El cuerpo de Sanidad Militar estableció dos bases quirúrgicas para heridos, una en Málaga y otra en Cádiz, a donde eran evacuados según el tipo de heridas recibidas. Los Reyes dejaron claro que no se iban a trasladar a Melilla y la Reina Victoria Eugenia sí vio a los heridos, pero en Málaga

                         La red de mujeres. La infanta Luisa de Orleans en Melilla

          El 25 de octubre llegó a la ciudad la infanta doña Luisa de Orleans en representación de la Reina Victoria, y que estaba casada con el también infante don Alfonso de Borbón y Borbón, casado en segundas nupcias. Llegó a la ciudad y visitó los dos hospitales de Cruz Roja, el instalado en el colegio de los Hermanos de la Doctrina Cristiana y el del edificios de las Escuelas graduadas mixtas. La infanta doña Luisa de Orleans llegó acompañada por la señora de Urcola y el duque de la Victoria, esposo de Carmen  Angoloti. Esta es la visita de la Casa Real española, que refleja la serie Tiempos de Guerra, aunque transformada en una visita de la Reina.

                La Infanta doña Luisa se quedó en la ciudad hasta el día 15 de noviembre, en que embarcó de regreso a Málaga. Su estancia no fue solo protocolaria, pues durante todo ese tiempo trabajó como una dama enfermera más, en los hospitales de Cruz Roja, visitando también el hospital militar del Docker. También se celebró un oficio religiosos en el templo del Sagrado Corazón, eme memoria de los innumerables caídos en los combates, y que presidió la Infanta de la Casa Real española. Probablemente ese día 4 de noviembre sea el único en que el que una infanta de España ha estado en el hoy templo arciprestal de Melilla. La infanta estuvo siempre acompañada de la marquesa de Cavalcanti.

          El 23 de noviembre el Gobierno de España concedió la Gran Cruz de la orden Civil de Beneficencia, a Carmen de Angoloti duquesa de la Victoria, máxima distinción del Estado en aquel momento, por su labor en nuestra ciudad, realizada en los dos hospitales de Cruz Roja. Seguidamente se nombró una comisión para llevar a cabo un homenaje a la duquesa, con motivo de la concesión honorífica, por lo que en el último día del mes volvieron a Melilla la Infanta doña Luisa de Orleans y su esposo el infante don Carlos de Borbón, para hacerle entrega de la distinción.

                             Carmen Angoloti, duquesa de la Victoria

          Carmen Angoloti y Mesa, nacida el 7 de septiembre de 1875 en Madrid,  llegó a Melilla el día 30 de julio, acompañada de su esposo Pablo Montesinos y Espartero, gentilhombre de cámara y primogénito de los duques de la Victoria, con quien se casó el 1 de enero de 1893, a los 17 años de edad. El primer edificio utilizado como hospital fue el colegio de los Hermanos de las Doctrinas Cristianas, verificándose su puesta en marcha el 3 de agosto, siendo visitado por el Infante don Alfonso  de Borbón. La colaboradora más cercana de la duquesa fue Carmen Merry del Val, esposa del general Cavalcanti.

      En el último día de agosto, se registró en Melilla la visita del ministro de la Cierva, quién visitó el ya habilitado edificio del Grupo de Escuelas Graduadas Mixtas, ya habilitado como hospital de Cruz Roja y que se convertiría en el edificio principal de esta emblemática Institución El 3 de septiembre se abre el primer curso de damas enfermeras en la ciudad y el día 8 llega hasta estas tierras el comandante de Sanidad militar y ya afamado médico, el doctor Mariano Gómez Ulla.

                                          El golpe de Estado de 1936

       Los militares africanistas ejecutan un golpe de Estado el 18 de julio de 1936 en todo el territorio nacional. Esto provoca el derrumbe del orden público y el caos en el gobierno legítimo. Durante al menos 3 meses, los asesinatos políticos se sucederán por toda la geografía peninsular. Milicianos anarquistas y algunos elementos comunistas constituirán Chekas en las zonas que quedaron en manos de La República. El 30 de agosto de 1936 la Cheka de Bellas Artes asaltó el domicilio de la Duquesa. Pablo Montesinos y Espartero, su marido, será arrestado y asesinado, sin que pudiera volver a localizarse su cadáver. La duquesa de la Victoria es internada en una prisión para mujeres. La noticia que recorrió el mundo es que Carmen Angoloti había sido asesinada. Las Autoridades gubernativas republicanas no tuvieron nada que ver, pues se enfrentaban a un golpe de España y a una declaración de guerra civil. El orden público había sido destruido por los golpistas, pero el daño mediático que provocó la noticia fue inmenso.

       Cuando el Gobierno republicano recuperó el control, cesaron los asesinatos y las represalias, mientras que en la zona franquista fue justo lo contrario, pues se fueron incrementando en la medida que conquistaban territorio a La República española.

      Notas: Mujeres en Melilla, Mª Ángeles Sánchez, 2004. La duquesa de la Victoria, Ignacio Angoloti, Madrid 1958

Tiempos de guerra en Melilla


                   Carmen Angoloti y Mesa, Duquesa de la Victoria

      Lo primero que hay que decir es que la Duquesa de la Victoria perdió la calle que tenía dedicada en Melilla, en la 1ª reforma del callejero llevada a cabo por los franquistas  en 1941. Solo recupero su nombre en marzo de 1991, media siglo después, en la tímida reforma del callejero llevada a cabo por el alcalde socialista Gonzalo Hernández, tras un propuesta de la Asociación Cultural Ateneo. La calle iba a ser denominada como avenida del V Centenario. Hay otro nombre, anterior, el de Consuelo González Ramos, casi olvidado y que también tuvo su importancia en la transformación de la sanidad de guerra en una auténtica sanidad militar.

       Melilla fue el epicentro de la política nacional a lo largo de un cuarto de siglo, desde 1909 hasta 1936, desde el Barranco del Lobo hasta el Alzamiento militar de 1936. En esa corta secuencia temporal, el desastre de Annual en 1921, provocó la mayor conmoción política y social de todo el  siglo XX español.

        En la retirada de Annual, como relata el diputado socialista y también periodista Indalecio Prieto: “Hubo algunos destellos heroicos, pero el honor del Ejército no quedó a salvo. Los oficiales se refugiaban entre los mulos, para poner a salvo sus cuerpos de las  balas del enemigo”. Según los recuentos de Indalecio Prieto, el desastre de Annual se cobró 8668 vidas. Hoy mismo, cuando nos encaminamos hacia el siglo de la trágica efeméride, el Ejército Español no ha publicado ni la cifra oficial de muertos, ni un listado nominal de los que perecieron. en esa semana.

         Según el parlamentario socialista, el desastre se originó por un clima de degradación generalizada que el denomina como “el vicio de Melilla”, donde la malversación de los fondos destinados a las tropas, la prevaricación, el fraude y toda suerte de inmoralidades administrativas, como la concesión de permisos, que minaron la moral de las tropas, y que eran mantenidas en estado casi de indigencia, mientras que la oficialidad vivía en la opulencia. “El problema de España, decía Indalecio Prieto, es de moral y de decencia pública”. No solo era un diagnóstico acertado, es que sigue siendo cierto.

                        Damas enfermeras y la Cruz Roja

          En aquel ambiente de degradación, Prieto detecta a “una bandada de mujeres vestidas de blanco, enfermeras de la Cruz Roja, capitaneadas por la Duquesa de la Victoria y la señora de López Montenegro. Vienen a despedirse de sus enfermos y heridos, es meritoria la labor de estas damas”. De los hospitales dirán que están en “una situación deplorable”, y que hasta el quinto día no se evacuaba de las trincheras a los enfermos de fiebre, hacia los hospitales de campaña.

          Será el propio Indalecio Prieto el que la enaltezca hasta lo más alto. en un discurso en el Parlamento español : “Sin embargo, conozco en esta guerra un heroísmo ante  el cual me hincaría de rodillas, y es el de unas damas que, sea cual fuere su alcurnia; una conciencia honrada como la mía no puede pasar en silencio. Me  refiero a ese grupo pequeño, diminuto, ínfimo, capitaneado por esa heroína que se llama duquesa de la Victoria. Es el único heroísmo español del cual he sido testigo, el único que me siento con valor para exaltar aquí; pero con la exaltación tiene que ir la honda lamentación, entre lágrimas, de que sea un puñado tan escaso, cinco, seis u ocho mujeres, las que andan atendiendo a los heridos, clavando los féretros, amortajando los cadáveres”.

         Carmen Angoloti y Mesa se encontraba en la nebulosa biográfica, hasta que fue rescatada en el libro Mujeres en Melilla*, año 2002. Hasta ese momento era más conocida por su título nobiliario, que por su verdadero nombre. Carmen Angoloti nació el 7 de septiembre de 1875 y murió el 4 de noviembre de 1958. La serie de Antena 3 Tiempos de Guerra, ha abierto la carrera hacia el centenario de la mayor derrota sufrida por el ejército español ante una fuerza extranjera.

          En este punto surge la segunda pregunta, la que nadie se atreve a responder. ¿Cómo es posible que una serie cuyo eje es Melilla, no haya tenido ni siquiera un minuto de rodaje en la ciudad?. Las consejerías de Turismo, Cultura, Comandancia, entidades preocupadas por la difusión de la imagen de Melilla, también por la difusión de la historia y cultura militar, no han dicho una sola palabra. El debate está absolutamente cerrado.

        Nota*: Mujeres en Melilla (http://www.stes.es/melilla/revista/mujer_melilla.pdf)