¿Quién cerró el Gobernador?


¡ Fuenteovejuna, Señor!

El yacimiento del patio de la Casa del Gobernador (Área 51) y todo su entorno, han reportado algunos de los mayores días de gloria a este blog, sobre todo por la prohibición expresa de que miradas extrañas y ajenas pusieran sus ojos sobre él. El cerrojo fue máximo, aún así hemos aprovechado descuidos para poder acceder al mismo, subido hasta las azoteas y escalado paredes, para poder dar testimonio de lo que sucedía allí dentro. Convertimos en inútil cualquier prohibición. Es cierto que en nuestra ingenuidad, pensamos que alguna vez tendríamos la opción de pedir las llaves y que nos facilitaran unas llaves, sin necesidad de llenarnos de polvo y de cal, algo que por otra parte, jamás nos ha importado. Ese era nuestro sueño, pero por algo somos El Alminar.

La presión ejercida desde este blog, hizo que se mantuviera en pie el resto del antiguo camino cubierto de San Miguel, cuando se demolió en 2012 la antigua comandancia de Aviación, para hacer el Centro Tecnológico. La vigilancia temeraria ejercida desde El Alminar, hizo que se conservaran los restos excavados en el Gobernador, porque la intención era taparlos con un cristal, e incorporarlos a un “hotel con encanto”, sin excavar la superficie completa del patio. La perseverancia ejercida desde el blog, hizo que al menos 3 líneas de muros de piedra, se conservaran en la cuesta de la alcazaba, porque la intención era taparlos por completo.

La alerta permanente que mantenemos sobre todo el Área 51, impide que allí se mueva una sola piedra, aunque algo se nos escapa. La calle de San Miguel, la primera de Melilla, está entera en ruinas, desde el número 1 hasta su final en el número 25. Toda la calle, salvo dos viviendas, se encuentran en ruinas o en estado de solar. Se ha tirado y demolido todo, pero no se puede mover una sola piedra sin excavar primero, porque es un área arqueológica de primer orden, y habrá muchas sorpresas en esa calle, porque en ella están todas las respuestas.

Noé Villaverde, el arqueólogo ceutí expulsado de nuestra ciudad en 2002, cuando se excavó la plaza de Armas y se abrió el yacimiento del patio, nos dejó una copia de su memoria arqueológica, solo con la promesa de no entregarla nunca a nadie, algo que hemos cumplido y que pensamos seguir haciendo. Ese es el motivo por el que sabemos lo que hay, y sobre todo, lo que puede haber en el resto del área no excavada, que incluye tanto el patio de la antigua Caja de Reclutas, como el suelo del propio edificio.

El yacimiento se cerró en 2014, y desde entonces se ha ido deteriorando, no solo el propio patio, sino también la centena de cajas con muestras arqueológicas y cerámicas halladas en todas las excavaciones, que superan los varios miles de muestras, y que languidecen en algún sótano de la zona, y que nadie se ha molestado en datar, conservar o exponer. La información emitida a la luz pública sigue siendo cero, como la piedra encontrada en las murallas con la inscripción del Rey Carlos I, y que solo se ha dado a conocer desde este blog. El yacimiento fue triturado en busca de algo que no apareció y por eso fue abandonado.

En el colmo de los dislates, se declaró como Bien de Interés Cultural todo el edificio, y se descatalogó en el mismo mes. Afortunadamente ya existía el blog, y pudimos dar cuenta de todas las incongruencias y fechorías que allí sucedieron. Ahora sigue abandonado por pura inercia, la misma que lo arrastra desde su abandono. Hoy en día, ya nadie se siente responsable de aquello, ni siquiera los que estuvieron a cargo de esos movimientos extraños. Ya no se distingue nada.

Todo esto es solo un relato, no juzgamos, solo mostramos. Seguimos, con sumo gusto, llenándonos de cal y de polvo, para poder mostrarlo todo, pero eso es algo que no nos importa. Llevamos una década haciéndolo.

Nota:Defensa saca a subasta dos propiedades en Melilla – El Faro de Melilla

En busca de las tejas árabes


Nuevos indicios en el Área 51

Romanos, bizantinos y finalmente árabes, fueron los reyes del ladrillo y de la cocción de tejas. Este tipo de teja, ondulada en el centro, se la conoce todavía como “teja árabe”, aunque su fecha de fabricación sea el siglo XX. Pese a que esto es de manual de 1º de arqueología, en el museo de Melilla, el antiguo, siempre estuvieron expuestas como “tejas de tipo púnico”, hasta que en una breve etapa, se restableció su datación y denominación correcta. Era el año 2013, los almacenes de Las Peñuelas habían sido rehabilitados como Museo Arqueológico y Étnico, y todavía existía ilusión por contar la verdad. Las tejas fueron expuestas como “piezas del mes”, en una acción similar a la de otros museos, para atraer a los visitantes.

Las tejas han desaparecido, no hay manera de localizarlas y ni siquiera están expuestas, pese a su importancia, pues parece que procedían de un enterramiento. No se ha vuelto a saber de ellas. La única fotografía existente, procede de los archivos del Alminar, tiene número DSC y corresponden al año 2013. Llevamos meses buscándolas, sin que nadie, pese a la buena voluntad mostrada, de con ellas, porque hemos encontrado otras, empotrada en su sector de la muralla más antigua.

El 5º principio de la geología, el de las inclusiones, afirma que cuando una roca incluye trozos o fragmentos de otra roca, estos fragmentos tienen que ser anteriores a la formación de la roca que los contiene. Si trasladamos esto a la teoría de formación de murallas, se puede afirmar que los fragmentos contenidos en el relleno de la misma, son forzosamente anteriores a su construcción. Por eso cuando una muralla se desmorona, libera todo el material con el que fue compuesta. La diferente composición de piedras que conforman las murallas, y los distintos materiales utilizados, proporcionan mucha información sobre las mismas.

En una muralla en proceso de desmoronamiento, apareció un hermoso fragmento de teja de color rojo. En las murallas de Melilla la Vieja se distinguen dos tipos de ladrillos, lo rojos (mayoritarios) y los amarillos. Recogido el fragmento desprendido, y en una observación más atenta, pudimos verificar la presencia de dos magníficas tejas, similares a las del Museo de Melilla, utilizadas para macizar el paño de la muralla, en uno de los que es probablemente uno de los más antiguos. Han pasado 6 meses desde el hallazgo, y por fortuna, las dos tejas siguen en su lugar original, no así las del museo, que no aparecen.

Nos hubiese gustado mostrarlo todo a la vez, el fragmento desprendido, las tejas empotradas y las del museo, pero no ha sido posible. Lo que sí creemos, es que la puesta en la luz pública de este hallazgo, forzará la localización de las desaparecidas. Una cosa llevará a la otra, porque en esta ciudad se lee todo, otra cosa es que se reconozca.

Lo lamentable es que se dejen caer las murallas, y luego se mixtifiquen en la rehabilitaciones, con materiales que las alteran y desdibujan por completo, como últimamente se hizo con las del pasadizo del mantelete y la calle de Santiago. Seguimos sin información pública de lo que acontece.

Nota:La piedra del emperador Carlos | El Alminar de Melilla

Miré los muros


La poesía no nos abandona, ni siquiera para escribir sobre ruinas. Han pasado ya un año desde que fotografiáramos por primera vez los muros aparecidos por encima de la puerta de la Alafía, aunque la zona es conocida como alcazaba.

Apareció un complejo entramado de muros y de cercas, que rápidamente se identificaron con el desaparecido fuerte de Santiago, que sin embargo debía situarse algo más arriba, tal y como reconocieron en el mismo momento del hallazgo: el exconsejero argumentó que en el proyecto de reforma de este espacio se contempla señalar dónde están los pilares de este fuerte. Pero hace un par de días se encontró una parte importante del muro y tiene “un valor histórico mayor”. “Esto tiene que ser incorporado al patrimonio histórico de Melilla”, indicó Quevedo que señaló que se ha encontrado más al sur de lo previsto (EFdM 19/06/2019).

Que fuese el de Santiago o el de cualquier otro santo da igual, el caso es que todo se asienta sobre algo anterior, y que lo visto y fotografiado en septiembre de 2019, es solo una leve sombra de lo conservado. No parece ni lo mismo, aunque pronto la vegetación y el césped cubrirá todo. No hay nada identificado ni ninguna información al paseante, porque nadie que se precie puede datar a qué corresponde esos exiguos restos que se han dejado como testimonio. No parecen ni lo mismo.

Un plano de la Biblioteca Nacional de Francia (BNF) señala la existencia o presencia de un fuerte en la zona, pero no la existencia del Rosario o Victoria Chica, por lo que la imagen de Melilla que muestra se corresponde con la inmediatamente anterior a la conquista del cerro del Cubo (1734). El final del siglo XVII fue muy crítico para la historia de la ciudad y los informes salidos de la ciudad hablaban claramente del riesgo de su pérdida completa.

Con lo que pueden y con los materiales disponibles, que eran escasos, modifican, componen y pergeñan nuevas fortificaciones o recomponen las existentes. Que ahí existió un fuerte es obvio, pero que se hizo sobre o con los materiales de algún muro, muralla o edificación anterior, también. Las fotografías muestran trazas de cercas de muy distinta composición. Construir sobre algo existente, hace que también sirva de cimentación y aumente la resistencia de lo edificado.

19 de noviembre, aniversario de la ocupación del cerro del Cubo*

Siendo gobernador de Melilla don Antonio Villalba y Angulo, el 19 de noviembre de 1734, sin disparar un solo tiro y sin lucha de ninguna clase, se ocupó el cerro o altura del Cubo, en una situación crítica. Sin ese hecho, y sin el concurso del ingeniero don Juan Martín Zermeño, que reorganizó las defensas de esa zona y planteó la edificación de las nuevas.

Sin nada de esto, no hubiese habido nada que legar al futuro, de ahí la importancia de haber estudiado la zona en condiciones. Esperaremos próximas oportunidades.

Nota: *Joaquín Rodríguez Puget; Ensayo sobre la evolución del cuarto recinto.

Se oculta, se destruye, se tapa


Es el triple lema de la investigación histórica en la ciudad, de la que ya decimos, que ni a un lado ni a otro interesa a nadie. Hay unas ideas preconcebidas y con ellas se llegará hasta el final, sea cual sea.

Conocíamos historias del pasado de las que nunca más se supo. Sabemos que lo que hemos podido sacar a la luz pública es apenas una tercera parte de lo hallado, porque las órdenes eran muy estrictas. Ninguna mirada extraña podía consentirse. Aún así hemos podido mirar mucho, contando siempre con los colaboradores del blog, y con quien siempre te dejaba mirar, pero solo una vez, porque luego analizaban minuciosamente las fotografías para localizar la posición desde las que fueron hechas. El francotirador debe cambiar constantemente de posición, no puede repetir un lugar y tiene que aprovechar su ocasión, porque se descubre en cada disparo fotográfico.

En esta ocasión, ya la última, habían cerrado el agujero de la valla por la que habíamos pasado las veces anteriores, porque no se puede allanar ningún lugar, pero si hay un hueco se pasa y se camina por la zona. La obligación es fotografiar, no tocar nada y salir sin ser notado.

Rusadir, Alafía y los siglos oscuros

En esta ocasión hemos seguido y documentando fotográficamente todo el proceso, desde el principio hasta el final. Hemos recorrido todo el camino desde el Alfa, hasta su Omega. El desinterés investigador está relacionando con las siglos oscuros. Lo que existiese sobre el peñón calcáreo de la Ciudad Vieja, fue reutilizado por los romanos hasta el año 284 DC, cuando el emperador Diocleciano ordenó el abandono casi completo de la Mauritania Tingitana. En erosión y abandono permaneció hasta el siglo X, cuando la ciudad de Melilla es fundada por Abderramán III en 926. De este modo del siglo X al XV todo es islámico y bereber, y desde los tres años finales del mismo siglo XV al XXI todo es historia española. Esas cuentas están muy claras.

El primer reino conocido y establecido sobre los que hoy conocemos como Marruecos fueron los Mauri*, siglo IV AC., aunque sin llegar a saber cuál era su nombre real, pues todos ellos fueron descritos y nombrados por las potencias dominadoras, ya fuese cartagineses, romanos, árabes, o solo comerciales como los fenicios. Estos últimos trasegaron por el Mediterráneo entre los siglos XII y IV AC., pues como tales desaparecieron bajo el dominio persa en 332 aC. Todo lo que se busca está relacionado con esos ocho siglos oscuros.

El desinterés histórico sobre Melilla

Enrique Gozalbes (2018) escribió el único libro riguroso sobre esa ciudad antigua, en Aportaciones a la Historia de Melilla en la antigüedad. En el libro establecía dos parámetros básicos, el primero la fuerte presencia del elemento indígena en toda la comarca, y la ausencia significativa de restos, debido a la remoción de todo el material existente, en las sucesivas reedificaciones, sobre todo en la etapa musulmana califal y tras la conquista española. Las guerras y la explanación del territorio tras el acuerdo de 1860, hicieron el resto. Hay muy pocos lugares en los que buscar, pero todavía existen. Eso sí, hay que hacerlo con criterios científicos y por especialistas en diferentes periodos históricos.

En estos años hemos aprendido, que cuando lo encontrado no interesa, no se emite información alguna. De haberse hallado una hebilla de un soldado de Estopiñán, un fragmento de plato romano o una pequeña moneda cartaginesa, se hubiese ofrecido una rueda de prensa a la altura de los hallazgos en Egipto. Pero el silencio ha sido absoluto, salvo al principio, pues creó expectativas que luego no se cumplieron. Se ha encontrado mucha cerámica medieval (siglos X al XV)

Las primeras fotografías las realizamos en el mes de enero. Un colaborador nos animó a pasar por allí. Las últimas son de hace dos días, pues otro colaborador no advirtió de que se acercaba el final.

Principio y fin, alfa y omega. Todo y nada.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2020/07/21/alafia-el-yacimiento-desaparecido/; https://elalminardemelilla.com/2018/07/21/la-ultima-nota-de-enrique-gozalbes/

Alafía, el yacimiento desaparecido


                En junio de 2019, el ex consejero Quevedo informaba de la aparición de los restos del fuerte de Santiago, en una datación precisa y rápida. Todo era siglo XVII y XVIII, pero a muy escasos metros de la puerta califal de la Alafía (siglo X). Rápidamente se pergeñaron proyectos, pasarelas flotantes y muros acristalados para poder ver todo el conjunto histórico. En pocas semanas el descubrimiento se oscureció, pese a su importancia y la potencia del nombre invocado, el de Santiago, todo se esfumó. No se volvió a saber nada, ni se informó de posibles hallazgos de cerámica púnica, romana, medieval hispana, lo que suele ser un mal indicio.

                      Melilla, antigua villa, rodeada de una muralla de piedra, que contiene un ciudadela muy fuerte, una mezquita aljama, baños y muchos bazares. Esta era la situación de Melilla en el siglo XI, según el Andalusí El- Bekri, que la visitó hacia la mitad del siglo. Melilla solo tenía dos puertas, la de tierra que se correspondería con la Alafía, y la de mar que se situaría en la actual puerta de la Marina. Como puede comprobarse en una fotografía de los inicios del siglo XX, no existía fuerte alguno en las proximidades de la puerta de tierra, y si un cinturón de murallas de piedra, que parecen corresponderse con la descripción de El Bekri.

                             En enero del presente año, visitamos el yacimiento de la Alafía o de la cuesta de la Alcazaba y ya no se veían las marcas características de un entorno en fase de excavación, de hecho no existieron nunca, lo que parece sugerir que el estudio no fue demasiado exhaustivo. En esa zona, a nada que se abra el suelo para cualquier obra, o nuevo ajardinamiento del paseo, es habitual que salga a la vista, entre la tierra removida,  abundante material cerámico medieval islámico y bereber.

                        Lo que conocemos como alcazaba era probablemente un arrabal y también un área rural y de cultivo. El yacimiento sí parecía bien delimitado, con gran cantidad de muros antiguos de piedra caliza, que delimitaban áreas más pequeñas. Tampoco puede tratarse de las primeras casas de la ocupación de los inicios del siglo XX, porque esas nuevas barriadas estaban sobre el cerro del Cubo y más cercanas al fuerte de san Miguel y de san Carlos. La zona de la Alafía seguía siendo una salida de la ciudad y por ahí ascendía el camino de la alcazaba, que es el nombre por el que siempre ha sido conocido.

                 Se prometió un muro de cristal que dejara ver todo el macizo del baluarte de san Fernando y el foso de los Carneros, al que se añadiría un pasadizo que dejara ver los restos recién descubiertos y bien interpretados y datados. Nada de eso queda. Los muros originales están desapareciendo, desmoronándose y vueltos a cubrir de nuevo. El cemento y el hormigón armado se están superponiendo sobre la piedra original. Rehacer todo con piedra mixtificadora. La comparación fotográfica entre las fotos de principios de año y las actuales, solo dejan lugar para la desolación.

 

 

Historias de la calle de San Miguel


 

 

           El Alminar tiene una fuente principal, y luego se nutre de aportaciones, comentarios y colaboraciones. Hace unos días nos llegó un fotografía antigua de una familia en la calle de San Miguel, la primera calle de Melilla, en donde estuvo la primera iglesia mencionada tras la conquista. Nos la envió una antigua residente en la ciudad, Almudena Otero, y es tan interesante, que merece una entrada dedicada a desvelar los misterios que alberga esta zona, a la que denominamos como Área 51.

                    La Ciudad Vieja o Pueblo, languidece desde hace décadas, sin un plan sólido para su posible resurgimiento. El único que tuvo en proyecto válido fue el alcalde Gonzalo Hernández, al decidir edificar allí unas viviendas de protección oficial. Ese núcleo población ha asegurado unas supervivencia mínima, pero desde entonces, y van ya 30 años, no se ha hecho nada más. La dificultad de los accesos, las amplias zonas abandonadas, la ruina creciente, y la falta de un plan, dificultan su futuro. La noticia de que pervivirá la Fundación Melilla Monumental, no nos produce ninguna sensación, salvo que se abra de verdad a otras aportaciones, menos dogmáticas e intransigentes que las que han regido hasta ahora. No lo decimos por la propia Fundación, sino por la nomenclatura que ha impuesto sus doctrinas, baja las anteriores autoridades de Cultura.

                                          Desvelando el Área 51

              El conjunto de calles que conforman este Área (San Antón, Alta, Ledesma, Plaza de doña Adriana, Soledad, Iglesia y San Miguel) son las que dan una idea del urbanismo original, previo a la conquista, en las pocas casas que quedan en pie. La calle de San Miguel está arruinada y solo quedan tres viviendas habitadas con fachada a esa calle, entre ellas la casa Mesón del Manco. En la calle San Miguel estuvo el primer cementerio de la ciudad.

                  Las más significativa de todas esas casas son dos, la de los Cuatro patios (incomprensible su demolición) y la Casa Lafont, que albergan restos significativos en su interior. Es la zona arqueológica del Área 51, que debería abrirse a la investigación arqueológica científica, con participación de universidades como las de Málaga, Córdoba, Granada o Sevilla. Esto daría mucho realce a la ciudad, y generaría gran cantidad de noticias e interés cultural sobre la misma, con la posibilidad de publicaciones y proyectos posteriores. Lo que ha habido hasta ahora, desde la expulsión de la ciudad de Noé Villaverde (2002) no ha sido ni puede calificarse como investigación arqueológica. Se ha vivido de sus rentas, pero no se ha llegado más allá. El arqueólogo ceutí nos dejó una copia de sus memorias arqueológicas, y aseguramos que no se ha avanzando en nada.

                        El patio de la Casa del Gobernador debe ser abierto al completo, incluido el que pertenecía a la antigua Caja de Reclutas. Que en 20 años no se haya progresado en la zona abierta por Noé Villaverde, y se haya permitido la degradación de toda la zona, no tiene justificación alguna. Hay que derribar muros, levantar el suelo y “que aparezca lo que tiene que aparecer” o lo que quede.

                          La Casa de los Cuatro Patios muestra el acceso a lo que podría ser un aljibe, o una cavidad bajo tierra, que podría proporcionar sorpresas históricas. En la Casa Lafont aparece lo que podría ser la antigua tronera de un fuerte, que no tiene explicación, y cuya existencia no aparece mencionada en parte alguna, salvo en los planos ocultos, esos que siempre aparecen, cuando se encuentra algo comprometido.

               En El Alminar, nuestro agradecimiento será eterno hacia Joaquín Rodríguez Puget, el ingeniero e historiador, que publicó toda la verdad conocida sobre Melilla la Vieja.

 

 

            

 

 

 

El pasadizo de la Alafía baja


                                    Origen y edificación de Melilla

          Hemos escrito mucho de este pasadizo y puerta que comunica la plaza de Armas con la puerta de La Alafía, único resto identificable de la ciudad califal de Melîla. Tenemos que imaginar un entorno en el que no existía el foso defensivo del Hornabeque, y sí una continuidad de la plataforma sobre la que se asentaba la ciudad, desde la Florentina hasta la propia Alcazaba, sin existir foso alguno (Santiago y Carneros)

             La elevación del  peñón rocoso del asentimiento melillense, ya garantizaba una defensa suficiente contra cualquier invasión o ataque. Los únicos restos encontrados de las murallas musulmanas, son de un tamaño 10 veces menor que las edificadas por los españoles, y se hallan en el tramo denominado como la Florentina. La técnica del baluarte es de por sí una defensa pasiva y un avance técnico, muy superior a la artillería existente en la época. Al igual que los rifeños no pudieron volver a reconquistar la ciudad perdida, los españoles no consiguieron conquistar las fortalezas que se iban sublevando en los Países Bajos (Ostende o Flandes).

             Cuando el primer califa de Córdoba y último de lo emires la conquista en 926 dC (314 hégira), no encuentra resistencia alguna. El asentamiento antiguo estaba ya abandonado desde siglos atrás, quizá desde el siglo VIII. Los materiales y los restos que quedasen en pie fueron reutilizados por los lugareños, que vivían dentro del valle del río de Oro. Melilla como tal se funda y entra en la historia en el siglo X.

                           Murallas, mezquita, alcazaba, baños y bazares

            El onubense y andalusí hispano Abou-Obeid El-Bekri, viajó por todo el norte de África reconstruyendo el viaje legendario de los conquistadores musulmanes, en el siglo XI, y describió la situación de la ciudad, rodeada de una potente muralla de piedra y un castillo, en la zona de lo que hoy se conoce como La Concepción, próximo a la Iglesia homónima. Desde allí la visibilidad es máxima en los cristalinos días de poniente, únicos adecuados para acercarse a la ciudad con embarcaciones. La completa visibilidad otorgaba una posición de ventaja para los habitantes, que o bien podía optar por la defensa, o por un repliegue sobre las colinas y cerros que rodean la ciudad. Lo normal era asaltar y saquear las zonas costeras, pero no adentrarse mucho más allá.

                  Tras la caída del Reino de Granada en 1492, las expediciones castellanas a la propia Melilla se suceden, tal era la confianza de la primera potencia mundial de la época, España, que no tenía temor alguno de que se conocieran sus planes de conquista. La inquietud entre los lugareños creció y en 1494 despueblan la ciudad y se repliegan a las colinas y poblados cercanos. En ese mismo año el Rey de Fez se acerca hasta la villa, y al verla abandonada procede a derruir los elementos defensivos y prende fuego al resto de las edificaciones, especialmente a la mezquita, en un doble agravio, tanto a los pobladores de la ciudad, como a los futuros conquistadores castellanos. Tal es así, que cuando estos llegan en 1497: “que tomaron gran disgusto al verla quemada y vacía”, para luego añadir que “en poco tiempo volvieron a poner en pie todos los muros”.

                                   Identificación de los posibles restos

                   Entre 1497 los castellanos ocupan casi toda la planta de la ciudad, entre la pendiente de la alcazaba hasta el límite de la Florentina y baluarte de la Concepción y la reedifican con los avanzados sistemas de edificación, convirtiéndola en inexpugnable. En 1525 el emperador Carlos V ordena un repliegue sobre la parte más alta del peñón rocoso, quedando establecida la frontera sobre la puerta y foso de Santiago. Esta situación  se mantendrá hasta 1550.

                     El resto de muralla de la florentina da una idea de lo que hay que buscar o identificar, lienzos de muralla de piedra caliza blanca o de  color amarillo, que aparecieron en otras zonas de las murallas, como en la cercana Batería Real, aunque fueron eliminados. La mezcla de materiales y de piedras labradas, algunas talladas e identificadas mediante firmas y otras no, nos dan también una idea de esa reutilización de materiales. La presencia del ladrillo rojo también ofrece otro indicio claro, ya que romanos, bizantinos y árabes eran maestros en la edificación con este tipo de material, que puede ser datado, para averiguar su etapa histórica de fabricación.

                      El otro gran indicio son las cenizas del incendio, corroboradas por la capa de cenizas presente en todas las excavaciones realizadas hasta la fecha. En 2013 y gracias siempre a los colaboradores anónimos de este blog, descubrimos la prueba desconocida del incendio de 1494, la viga carbonizada del pasadizo de la Alafía baja. Lo hemos contado todo, pero ahora el techo de vigas centenarias corre peligro de derrumbe y desaparición. Lo hemos vuelto a fotografiar todo.

                                    En el centro del Área 51 de Melilla la Vieja

               Una puerta aparentemente cerrada, de los dos pasadizos del foso del hornabeque o de la Alafía baja, muestra sus secretos con la sencilla maniobra de abrir el cerrojo. Los descubrimientos en el Área 51 de la historia melillense han sido uno de los distintivos del Alminar de Melilla. Una década completa luchando contra el oscurantismo y el abandono absoluto de nuestras historia pasada.

                    El pasadizo está abierto, lleno de escombros, basura y de material inflamable. Un incendio allí podría completar el trabajo iniciado hace 5 siglos atrás y cerrar el círculo para siempre. Tenemos fotos anuales del pasadizo y el techo de madera empieza a ceder, tanto en la parte interior, como en el más próximo al de la viga carbonizada, visible por una ventana enrejada, junto al baluarte de San Pedro, lugar histórico en donde habitaban los alcaides primero, y luego los gobernadores de Melilla. Todo puede caer en cualquier momento. Tanta desatención a la historia antigua de la ciudad no se concibe. Este es el legado heredado, porque este tipo de pasado histórico no interesaba. Urge transformar la visión histórica de la ciudad, y abrir la misma al estudio científico, y especializado en cada distinta etapa histórica. Es algo que llevamos indicando desde el origen del Alminar.

               En solo 7 años, la situación de este pasadizo ha empeorado mucho. Tanto que ahora corre un serio peligro de derrumbe. Esas vigas de madera son centenarias. Toda muralla suele encerrar otra precedente en su interior, salvo que sean de nueva factura, lo que no es el caso. En el enlace que dejamos como nota, se puede comprobar el deterioro del pasadizo. También dejamos como interpretación abierta, la casi perfecta orientación Este-Oeste de la primera ermita de Melilla, o no.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2013/10/23/las-huellas-del-incendio-de-melilla-2/