Archivo de la categoría: La foto del día

La Libertad guiando al pueblo


 

                Tres días en Melilla de actividades solidarias y de concienciación. Son 450 personas que han venido a Melilla utilizando recursos propios, con los gastos lo más ajustados posibles, y procedentes desde todos los lugares del Estado. Han pagado entre 70€ y 200€ según la distancia de procedencia. Están agrupados en más de 200 organizaciones entre las que Podemos solo es una más.

                   Han sido hostilizados desde el Poder y la ciudadanía les ha mirado con recelo. Se les ha vigilado día y noche, y pese a ello, “se les ha acusado de quemar los contenedores” que ayer ardieron en las calles de Melilla. Podríamos comparar lo sucedido con el trato que se dispensa a cualquier otro colectivo que visita la ciudad (eso sí, a gastos pagados), pero no merece la pena.

                Cuando la Libertad guía al Pueblo, produce imágenes hermosas, como las de estar tarde, ante la estatua que envenena Melilla y cuyo fantasma sigue alterando la vida de gran parte de España.

               Mujeres y hombres de todas las edades, han recorrido todo el espacio que conforma el universo melillense, y han conocido la realidad de la ciudad, viéndola con sus propios ojos, sin que nadie se la falsifique ni edulcore. Sin campañas de publicidad ni propaganda pagada. Melilla abierta y sin fronteras.

               Esta tarde, bajo el implacable sol africano, y frente a la estatua del Tirano, jóvenes y adultos se han subido sin miedo a su pedestal, para poner en evidencia el anacronismo que supone para la ciudad que semejante estatua, sea ya la única que sigue erigida en todo el Estado Español a su funesta memoria. Un grupo de ciclistas ha increpado a los concentrados, desde un vehículo se han dado “vivas” al dictador, y se ha arrojado agua desde lo alto de la muralla.

              En tres días, la caravana de Abriendo Fronteras ha hecho historia en Melilla. Las imágenes que han ofrecido quedarán para la historia. Desde El Alminar les agradecemos haber dedicado tres días a la solidaridad, y a conocernos.

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El último día del Banco Popular


                                  

                                          Génesis y ocaso del Banco de Dios

      En el mundo de la política, en el del deporte, y en otros muchos, el pez chico se puede comer al grande, incluso en el relato Bíblico David derribó a un gigante de una pedrada. En el mundo de las finanzas, y de la banca, de la economía salvaje, esto no sucede. El pez grande, el tiburón blanco, siempre se come al pescado pequeño y obtiene su botín.

      Ayer, 6 de junio, efeméride del desembarco de Normandia en 1944, el conocido como Banco de Dios, el que salvara al Vaticano tras la quiebra del Banco Ambrosiano, sucumbía en el precipicio de los activos tóxicos, los bonos basura y el ladrillo envenenado. Una intuición me llevó a hacer la foto, en un día que había sido muy agitado y en el que ya se barruntaba el gran zarpazo.

       En sus tiempos fue un bocado muy apetecible, pero siempre se resistió a las fusiones y al harén bancario que ha hecho desaparecer a tantos bancos y cajas (Caja Postal, Argentaria, Caja San Fernando, Caja del Duero, Caja de Ahorros de Antequera, Vizcaya, Meridional), incluido el  Banco Pastor, una filiar del Popular y que estaba lleno de toxinas.

      El Banco Popular Español nació en 1926, con el nombre de Banco Popular de los Previsores del Porvenir, siendo su fundador Emilio González LLana y Fagoaga, siendo sucedido por Millet Maristany. A partir de 1947, el Banco Popular recibió a consejeros y accionistas del Opus Dei (Obra de Dios).

      El año 2014 caía depredado en Portugal el Banco do Spirito Santo. En España el nombre del Banco estuvo asociado a los hermanos Valls Taberner, uno de cuyos familiares, Joaquín Navarro Valls fue durante dos décadas portavoz del Vaticano y de Juan Pablo II.

         Era un concepto de banca diferente, casi familiar, que apreciábamos hasta ayer, quienes hemos sido clientes del Banco Popular. A partir de hoy, ya es un banco más. La historia del Banco Popular, se acabó ayer 6 de junio de 2017.

 

La marca africana de Melilla


La carrera de La Legión

            La Africana es la carrera de La Legión, así lo dice de modo inequívoco el lema que colocan sobre la fachada del Casino Militar. Cinco años después, lo que se inició como una prueba básicamente militar, con acceso a corredores del mundo civil, se ha convertido en una “marca” para la ciudad, y una de sus principales señuelos turísticos. En los dos primeros años se extendía a lo largo de dos días, pero los organizadores (La Legión), han ido puliendo los aspectos logísticos, y la han concentrado en un solo día.

            La ciudad de Melilla aporta la infraestructura urbana, pero la organización corre por entero a cargo del Tercio Gran Capitán y de sus voluntarios. Es una carrera de las conocidas como “extremas”, en donde se ponen a prueba los límites físicos y anímicos de los participantes, de los que gran parte son militares de los distintos cuerpos del ejército existentes en la ciudad. Se recorren 55 kms en carrera o a paso de marcha, y 75 si se elige la bicicleta. No es la más dura de las que se organizan, pues ese hito lo tiene la 101 de Ronda, en donde se recorren 101 kms, y se cuenta con un día para hacerlo, bien en bicicleta o en carrera pedestre. Sin embargo, la prueba melillense está más concentrada en el tiempo, con un máximo de 10 horas para completar cualquiera de las modalidades del recorrido.

            Se supone que en este tipo de pruebas se extraen datos antropométricos, biométricos sobre endurecimiento  y resistencia, muy útiles en el ámbito militar. Lo paradójico es que se hayan extendido a la sociedad civil, y se hayan convertido en fenómenos turísticos de primera magnitud para las ciudades en donde se llevan a cabo. Existe también un turismo deportivo, y en él ha quedado encuadrada esta prueba.

               La carrera en Melilla se integra casi completamente en el ámbito urbano, porque la ciudad, en su desarrollo, se extendió hacia el campo exterior, al que hizo desaparecer casi por completo. Melilla es una ciudad africana, desde los inicios de su existencia histórica. La Legión nació en éste continente y para las Guerras de Marruecos. Su presencia histórica en la ciudad  y en África, camina hacia el centenario, que se cumplirá en 2021.

             Como siempre, para mostrarla, hemos buscado un ángulo nuevo, en esta ocasión desde la cafetería del Hotel Ánfora.

En mar hostil


 

                El peñasco rocoso frente al que se alzó la Melilla histórica y antigua servía de atalaya y de vigilancia frente a un mar hostil. La población habitaba y se refugiaba en los cerros cercanos antes de que los españoles o castellanos, se establecieran en “la roca” en 1497. Hubieron de pasar 400 años de penalidades y de larga noche, para que la población pudiera asentarse en el llano. El mar embravecido podía con todo y derrumbaba en sus arremetidas las murallas circundantes. Solo el peñón rocoso y sus cuevas ofrecían amparo frente a un entorno climatológico hostil. Tuvieron que pasar más de 4 siglos para que Melilla pudiera dominar el mar, que tantos destrozos causó en la ciudad. Un temporal tras otro, frente a una muralla líquida que era foso infranqueable, y también esperanza del socorro y del auxilio. Por ahí, entre las rocas desgastadas,  debajo del Faro de Melilla la Vieja, existe una puerta por la que se subían los suministros y se accedía a la salvación.

         En días así, los habitantes veían hundirse barcos, o darse media vuelta, y arruinarse sus esperanzas de un rápido auxilio. La violencia del agua y la corrosión de la sal, desmoronaban las piedras y abrasaba la vegetación. El peñón era solo lugar de vigilancia, atalaya e intercambio comercial, hasta la llegada de los castellanos. Una y otra vez fue abandonado. Vivir y mantenerse ahí, 4 siglos, resultó un infierno.

Un día después


                 Solo un día de diferencia y la imagen ha cambiado por completo. Ayer todo estaba teñido por el color naranja del polvo sahariano. No había contraste, todo era uniforme. Hoy todo ha recuperado su color natural y la apariencia a la que estamos acostumbrado. Tan real es uno como lo otro, pero solo es eso, apariencia. Vemos las cosas como las vemos, pero bajo unas condiciones de luz determinadas. Esto pone de manifiesto que lo mismo, un mismo hecho puede ser visto de distinta forma. Dos observadores no  reaccionan igual ante un acontecimiento o una sensación. Un mismo suceso afecta en modo distinto a cada persona. Los animales, los insectos, las aves, los humanos, vemos el mundo de diferente manera. Por eso no pueden emitirse, o deben evitarse las valoraciones y las categorías absolutas., aunque sí existen lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso. Si alguien está en un error hay que hacérselo ver, si alguien afirma decir la verdad debe demostrarlo, pero nunca imponerse. Los hechos sí son ciertos, las valoraciones relativas.

 

Atardecer rojo en Marte


El polvo rojo africano cubre Melilla

    En Marte todos los atardeceres son rojos. El color rojo de su superficie hace que sus atardeceres permanezcan invariables a lo largo de los siglos, por tanto esto puede ser un pleonasmo o una redundancia. ¿Cómo es un atardecer en Marte?. Hace mucho se le llamaba también el planeta gemelo de La Tierra. Hoy ya sabemos que no es así, pero Marte sigue evocando muchas cosas, más en la ciudad que algún día fue calificada como su hija.

       Lo vivido esta tarde en la ciudad debe ser lo más parecido a un apacible atardecer marciano. No se distinguía otro color que el rojo o naranja intenso, que es el color propio de Marte. El viento cargado de polvo sahariano atravesaba Melilla camino del Mar de Alborán y en dirección a la península ibérica.

        Los siempre muy supersticiosos romanos interpretaban los signos y fenómenos meteorológicos como augurios. Relacionaban los signos de tiempo con los acontecimientos que sociales y políticos. Hoy 22 de febrero, día de la cátedra de San Pedro, el polvo rojo africano ha impedido la llegada a nuestra ciudad de Pedro Sánchez, candidato a las primarias socialistas, cuya intención es volver a la secretaría general y llevar a su partido de nuevo a la izquierda. Sin embargo se lo ha impedido un atardecer rojo, no de Marte sino de Melilla. Esto solo puede significar una cosa, que no lo conseguirá. El vaticinio está hecho.

Al abrigo del Cabo


    El accidente geográfico más visible de toda esta costa es el imponente mazizo del cabo de Tres Forcas. El cabo es un factor de protección contra los temporales dominantes en esta zona, los de poniente y los de levante. Para poner a resguardo un barco hay que buscar la costa contraria. Atracar en los puertos cuesta dinero y estar un día más, del necesario para la descarga hace descender el beneficio del transporte. Por eso, en caso de temporales hay que buscar el abrigo de la costa. Hoy el temporal dominante era el de poniente. Este barco de carga, con probable destino al puerto de Beni-Enzar, costeaba en la vertiente de levante de Tres Forcas, bastante cerca de Melilla, por la zona de Cala Trifa. Los geógrafos griegos y romanos dieron buena cuenta de él, después de que toda esta ruta fuese transitada comercialmente por los fenicios.

       No lejos de aquí, en Punta Negri, enfrente de la otra vertiente de Tres Forcas, hay un barco griego que quedó allí varado hace décadas. Son los accidentes del mar, al que no es fácil dominar.