Un día después


                 Solo un día de diferencia y la imagen ha cambiado por completo. Ayer todo estaba teñido por el color naranja del polvo sahariano. No había contraste, todo era uniforme. Hoy todo ha recuperado su color natural y la apariencia a la que estamos acostumbrado. Tan real es uno como lo otro, pero solo es eso, apariencia. Vemos las cosas como las vemos, pero bajo unas condiciones de luz determinadas. Esto pone de manifiesto que lo mismo, un mismo hecho puede ser visto de distinta forma. Dos observadores no  reaccionan igual ante un acontecimiento o una sensación. Un mismo suceso afecta en modo distinto a cada persona. Los animales, los insectos, las aves, los humanos, vemos el mundo de diferente manera. Por eso no pueden emitirse, o deben evitarse las valoraciones y las categorías absolutas., aunque sí existen lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso. Si alguien está en un error hay que hacérselo ver, si alguien afirma decir la verdad debe demostrarlo, pero nunca imponerse. Los hechos sí son ciertos, las valoraciones relativas.

 

Atardecer rojo en Marte


El polvo rojo africano cubre Melilla

    En Marte todos los atardeceres son rojos. El color rojo de su superficie hace que sus atardeceres permanezcan invariables a lo largo de los siglos, por tanto esto puede ser un pleonasmo o una redundancia. ¿Cómo es un atardecer en Marte?. Hace mucho se le llamaba también el planeta gemelo de La Tierra. Hoy ya sabemos que no es así, pero Marte sigue evocando muchas cosas, más en la ciudad que algún día fue calificada como su hija.

       Lo vivido esta tarde en la ciudad debe ser lo más parecido a un apacible atardecer marciano. No se distinguía otro color que el rojo o naranja intenso, que es el color propio de Marte. El viento cargado de polvo sahariano atravesaba Melilla camino del Mar de Alborán y en dirección a la península ibérica.

        Los siempre muy supersticiosos romanos interpretaban los signos y fenómenos meteorológicos como augurios. Relacionaban los signos de tiempo con los acontecimientos que sociales y políticos. Hoy 22 de febrero, día de la cátedra de San Pedro, el polvo rojo africano ha impedido la llegada a nuestra ciudad de Pedro Sánchez, candidato a las primarias socialistas, cuya intención es volver a la secretaría general y llevar a su partido de nuevo a la izquierda. Sin embargo se lo ha impedido un atardecer rojo, no de Marte sino de Melilla. Esto solo puede significar una cosa, que no lo conseguirá. El vaticinio está hecho.

Al abrigo del Cabo


    El accidente geográfico más visible de toda esta costa es el imponente mazizo del cabo de Tres Forcas. El cabo es un factor de protección contra los temporales dominantes en esta zona, los de poniente y los de levante. Para poner a resguardo un barco hay que buscar la costa contraria. Atracar en los puertos cuesta dinero y estar un día más, del necesario para la descarga hace descender el beneficio del transporte. Por eso, en caso de temporales hay que buscar el abrigo de la costa. Hoy el temporal dominante era el de poniente. Este barco de carga, con probable destino al puerto de Beni-Enzar, costeaba en la vertiente de levante de Tres Forcas, bastante cerca de Melilla, por la zona de Cala Trifa. Los geógrafos griegos y romanos dieron buena cuenta de él, después de que toda esta ruta fuese transitada comercialmente por los fenicios.

       No lejos de aquí, en Punta Negri, enfrente de la otra vertiente de Tres Forcas, hay un barco griego que quedó allí varado hace décadas. Son los accidentes del mar, al que no es fácil dominar.

El descanso


 

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La imagen del descanso

             Siempre se necesitará descansar, en un lugar apacible, rodeado de la naturaleza, entre árboles, con el césped a los pies. No todo es horror y crítica. Hay imágenes ideales, días en los que apetece escribir, en los que las palabras solas, y las imágenes también. El tenue Sol de enero a la caída de la tarde, y sin buscarla surge la fotografía idílica, en las faldas del Monte de Mª Cristina, sin ruido de tráfico, frente al cementerio de la ciudad. Es sin ninguna duda, la foto del día. A veces en Melilla no es necesaria la inspiración, ni siquiera buscar nada. Solo mirar y no dejar pasar la oportunidad.

Donde nace el arco iris


          Las leyendas de los niños cuentan que en el lugar en el que nace el arco iris hay unos duendes, que custodian un tesoro, que algunos identifican con una olla llena de monedas de oro. Hemos visto muchos arcos iris, en muy distintos lugares. Incluso vimos un arco iris doble, hace no mucho tiempo. Sin embargo nos faltaba ver su nacimiento, el momento y punto exacto en el que arranca del terreno o del agua. Por lo general, este fenómeno óptico suele estar a grandes distancias  desde la posición del observador.

          Esta mañana no ha sucedido eso, el arco iris estaba prácticamente encima de la ciudad, era corto e intenso y hemos podido ver donde nace, en un lugar del mar muy próximo a Melilla, en el que el agua parece hervir. Tanto da que el arco iris provoque la evaporación del agua en la zona de contacto, o que éste surja, a modo de géiser óptico, desde esos vapores. Hemos encontrado el lugar en el que nace el arco iris.

La pista del avión


        El avión esperaba en la pista para el despegue, como tantas otras veces a lo largo de los últimos años, aunque cada vez menos, porque la frecuencia de vuelos entre Melilla y el mundo exterior sigue descendiendo. Cada vez es más difícil y más caro salir de la ciudad.

      Hay hechos, acontecimientos que se repiten constantemente, como una puesta de Sol, la salida de la Luna, un rayo, el paso de un tren por un túnel, y no por ese dejan de fotografiarse. Siempre se buscar algo, un instante mágico o un efecto difícilmente  repetible. Unas veces se buscan, otras simplemente se encuentran.

        En una mañana espesa de levante y de niebla, el avión esperaba en la cabecera 15 la autorización para el despegue. Un rayo de luz se filtró por una abertura en las nubes alcanzando el fuselaje del avión. Un potente y resplandeciente reflejo, llevó la luz en una dirección diferente, creando un llamativo efecto lumínico, sobre el Cerro de Palma Santa o Loma del Viento.

           No siempre es posible ver algo diferente en lo mismo, en aquello que sucede todos los días. La búsqueda del instante único, ese que no se repetirá más.

El toro del río


                                    Una mañana taurina en Melilla

      Melilla siempre sorprende. En  la mañana de hoy, un morlaco colorado, de una capa, se paseaba por las riberas de río de Oro buscando la libertad. Al parecer se había escapado de una de las ganaderías de la carretera de Farhana. Los tendidos llenos, a una y otra ribera del río. El toro, de gran presencia, nunca le perdió la cara a los ganaderos. Estaba bien plantado, pero  en un terreno resbaladizo. En los burladeros la Policía Local, Cuerpo Nacional de Policía y Guardia Civíl, como mandan los cánones. La expectación creció a lo largo de la mañana, cuando la presencia del cabestro, una deslucida vaca blanca, pareció calmar al morlaco. Solo faltó la presidencia de la improvisada plaza. En las rotondas de ambos del puente del río de Oro, las patrullas de la Policía Local vigilaban por si el toro salía del cauce. En los tiempos que corren, rebasar los márgenes es siempre arriesgado. No hubo desenlace fatal. El morlaco fue indultado por su gran faena.

     Hacía mucho tiempo que no se escapaban toros. Lo sucedido puede ser el origen de una tradición centenaria. En vez del toro de la vega, el morlaco del río de Oro. Con ayuda de los antitaurinos, a los que no es conveniente provocar, la fama de la ciudad podría extenderse a lo largo y ancho del mundo. En tiempos pretéritos, poco más abajo, estuvo una de las históricas plazas de toros de la ciudad.