Monseñor Satué y el oficio de la Fe


En solo dos meses desde su nombramiento para el ministerio episcopal, monseñor Satué ya ha visitado dos veces la ciudad, mientras que para ver a anteriores obispos a veces, pasaban hasta uno y dos años. Es además, el primer obispo que ha pasado casi una semana en la ciudad, y también es el primero que dialoga de modo directo con la feligresía, sin pasar por los filtros de agrupaciones, cofradías y comunidades de diversa divisa. Son demasiadas novedades en muy poco tiempo. ¿Se traducirán todas estas novedades en cambios? Da la sensación de que sí. El tiempo episcopal de inmediato acabó en estancamiento, frente a problemas que no conoceremos o solo muy por encima. La información de «calidad» que maneja un obispo, un cardenal, o un nuncio, es mucha. Sin esa clase de información fina no se podría gobernar nada, ni resistir 2000 años, a un mundo que no se detiene frente a los cambios, y que continua su avance constante.

Nos acercamos al encuentro con Satué, hasta la iglesia de San Agustín del barrio del Real, porque es la parroquia de la demarcación del Alminar, y porque era un encuentro abierto. Siempre estamos dispuestos a oír y a escuchar, para obtener perspectivas nuevas de las cosas. Si solo acudimos a escuchar a aquellos/as de los que nos consideramos correligionarios, no aprenderemos nada nuevo nunca, y no queremos solidificarnos en una única creencia y dirección. La vida y las sociedades humanas son muy diversas. Una parte importante de lo que sucede a nuestro alrededor, tiene que ver con lo religioso y la religión. Incluso hay actividades, como la política, que tienen mucho de creencia, e incluso constituyen sus propias feligresías.

La cruz de monseñor José Antonio Satué

A las preguntas y exposiciones de los fieles, casi todos implicados en comunidades, sobre sus problemas y contingencias, monseñor Satué explicó que cada uno lleva su propia cruz, y la suya en este caso la de obispo: Yo no hago milagros, no soy Dios, afirmó. Por eso se trabaja en comunidad, para aliviar y compartir la carga y la responsabilidad, que uno voluntariamente asume. Fue el primer aviso de la gran andanada, que iba a lanzar al final de su charla. La vida de una parroquia, de una demarcación eclesiástica, como Melilla, no cambia susceptiblemente por un cambio de obispo o de párroco. Además, no se mostró partidario de «grandes vuelcos tras un nombramiento«, algo que sí dejó claro. Quien espere revoluciones no las encontrará, porque la Iglesia no se mueve así. Lo que sí quedó claro es que solo se debe trabajar desde la iglesia y para la comunidad, en su totalidad, sin excluir a nadie. Tanto el propio obispo Satué como el párroco Victor Hugo Andrade, señalaron claramente uno de los males actuales: «las comunidades y grupos que se convierten en grupúsculos, que trabajan y actúan desde la Iglesia, pero que solo procuran el bien, y la supuesta salvación, para sí mismos y los de su comunidad». La admonición sonó clara y contundente. Es una advertencia de esas que no se pueden dejar pasar, porque es uno de los males que está vaciando las iglesias, las cofradías, las comunidades. Las personas, o algunos grupos de ellas, se apropian de todo, y retuercen los reglamentos como si fueran gomas.

Quanto, quando, sicut, quid

La iglesia es una institución y comunidad de personas de vida consagrada, instituida por Jesucristo, para acompañar a la humanidad hasta el fin de los tiempos. Para ello, se ocupa de las personas, hombres y mujeres, que la integran. El obispo José Antonio Satué percibió mucha preocupación por el quanto y el quando, pero ningún «mea culpa«, ningún sicut, ni quid. La realidad de las iglesias vacías, o casi, de la falta de colaboraciones, no se traduce en un intento de aproximación a el porqué se procede ese alejamiento, o el cómo evitarlo, o en positivo, el cómo procurar que más personas se acerquen a ella, a procurar sentirse parte de una comunidad amplia y no específica. Y este fenómeno ocurre en todos los ámbitos sociales. El mal no solo es el relativismo, sino el individualismo normativo, y el sectarismo comunitario. El creer que la razón propia es la de todos, y que eso excluye a todos los demás.

Las propiedades de la iglesia de San Agustín y el Cristo de Limpias

Todas las propiedades físicas de la iglesia de San Agustín se obtuvieron gracias a los extraordinarios ingresos que generaba un culto único en Melilla, el del Cristo de Limpias. El culto fue abatido por el hoy sacerdote diocesano y ex paul, creador de un movimiento personalista, Jesús Hurtado, en 1989, tras la reforma integral de la iglesia. El daño que se hizo a la feligresía del Real fue inmenso, y cientos de fieles la abandonaron para siempre y nadie ha pedido perdón por ello. Se entregaron firmas de los fieles al entonces obispo de Málaga monseñor Ramón Buxarrais.

  Desde la misma creación de este blog, pusimos todo nuestro empeño en recuperar ese busto y recuperar su historia. En el año 2014, una feligresa del Real nos entregó el busto original del Cristo de Limpias. Un año después se lo entregamos al párroco Rafael López Cordero, que lo restauró y repuso al culto, en una visita del obispo Catalá Ibáñez en 2016.

Solo se mantuvo allí tres años, porque un monaguillo impío, mal aconsejado, lo sacó de la urna bendecida, cometiendo un acto sacrílego, y lo cambiaron por el actual, que es absolutamente falso. Estos son los actos, entre otros muchos, de quienes se adueñan de las cosas que no les pertenecen, y que provocan que la gente común abandone los templos, pasando por encima de párrocos y de obispos.

Profecía sobre el fin de las Torres V Centenario


En enero de 2012, en el Alminar primigenio, escribíamos esto:  «Así pues, si evaluamos individualmente los tres conceptos que debe cumplir una obra pública, el suspenso total a esta obra es inapelable. Es un lugar inhóspito. El envejecimiento de los materiales es extremo para solo los 15 años que lleva construida. Mi vaticinio es que en no mucho más de ese plazo, deberá ser abandonada y finalmente «demolida»».

Las Torres V Centenario se ocuparon y abrieron al público en el año 2000, lo que sitúa el plazo de esta profecía en un entorno comprendido entre los años 2027 y 2030. Escribíamos aquel artículo porque la primera borrasca del año 2012, provocó inundaciones en el «platillo», o sede del Tribunal de lo Contencioso, y en los pasadizos que conectan las Torres Norte y Sur. En la actualidad, la comunicación entre las Torres ya no está permitida, ni para el público, ni para los funcionarios que trabajan en ellas. El deterioro de las estructuras metálicas es ya irreversible, tras no haber realizado trabajos de mantenimiento desde su puesta en servicio en el primera año del siglo XXI.

El entorno de trabajo ya no es seguro, y está fuera de los criterios actualmente vigentes sobre «seguridad e higiene en el entorno laboral». En 2017 se retiró toda la estructura metálica de los embellecedores o quitamiedos, que cubrían todo la parte acristalada de cada una de las 11 plantas del edificio, tanto en una como en otra torre. Esto quiere decir que las cristaleras está ya expuestas a los agentes erosivos, agua, viento y salitre. El aumento en la fuerza de los vientos y el incremento e intensidad de los fenómenos atmosféricos costeros, convierten estos edificios en muy vulnerables. La caída no deseable, cualquier día, de uno de los cristales, obligará a desalojar los Torres de modo íntegro. Salvo los cristales, nada más protege a los trabajadores y usuarios que las visitan y habitan de una circunstancia adversa.

En 2014 se desmontó toda la estructura del ascensor panorámico sin que se llegara a utilizar jamás. Sus márgenes de seguridad operativa no cubrían, ni alcanzaban, los estándares mínimos. El platillo superior, pensada como zona recreativa y panorámica nunca cumplió esa función. La verdad es que nada en las Torres cumplió la función para la que estaban previstas. En ellas se llegaron a proyectar la presencia de hoteles y de alquiler de apartamentos, o lo que es lo mismo, un uso residencial combinado con otro administrativo.

Más allá de proyectos neo faraónicos o de huidas especulativas inmobiliarias, las Instituciones Públicas Estatales y Locales, deberían tener en el primer lugar de la agenda, el cómo sacar a los organismos de la Administración de las Torres, en un plazo no superior a 5 años. Una zona ideal para instalar una sede única para la Administración del Estado y la de Justicia, sería el acuartelamiento de Primo de Rivera. Y esto constituye una necesidad obligada. Las Torres V Centenario ya no tienen más recorrido. La eficiencia energética de estos edificios es igual a 0, no tienen aislamiento adecuado. Son muy frías en invierno y muy calurosas en verano, y su única posibilidad de climatización adecuada es mediante el consumo eléctrico desproporcionado. La ventilación natural resulta un recurso limitado, porque se enfrentan a los vientos dominantes en Melilla, por lo que la mitad de los días del año, las ventanas que pueden abrirse son las menos, y durante un tiempo escaso.

Además, porque siempre hay algo más, tras la retirada de los protectores metálicos en 2017, está prohibido el acceso a los balcones laterales, por el riesgo de caídas o derrumbe. Las Torres no son seguras, no lo han sido nunca. Ahora se acaba de sanear «el platillo» de estructuras metálicas corroídas.

Hasta 2025 no se construyó una entrada de acceso común, que protegerá a ciudadanos y trabajadores  de las inclemencias meteorológicas.

Notas: (1) https://elalminardemelilla.com/2017/11/26/la-ruina-metalica-de-la-torres-v-centenario/; (2) https://elalminardemelilla.com/2012/01/17/torres-del-v-centerario-de-melilla/

Reglamentos y honores en Melilla


En torno a las Medallas de Melilla

En el decimoquinto años de nuestra existencia, confesamos no entender cómo y porqué se conceden honores en Melilla, o porqué se niegan, pese a existir un reglamento que lo explica. ¿Influye el color político otorgante en la concesión de la medalla o reconocimiento? Aquí sí podemos concluir que, en todos estos años de observación, resulta un hecho determinante. La incapacidad para reconocer algún mérito en el rival político o en el adversario, todo lo que no sea el acólito, es absoluta. Pero eso ya es algo de lo que ya advirtió el evangelista Mateo: «Si solo queremos a nuestra familia o a nuestros amigos», ¿Eso qué merito tiene?

En 30 años de «Medallas de Oro Melilla«, ya hay datos inexplicables, como que instituciones y organismos diversos, acumulen más medallas que melillenses reconocidos. Una buena práctica sería, dado que solo se pueden conceder dos medallas anuales (algo que se ha incumplido en ocasiones), sería reconocer a una institución y a una persona. Lo que debería también procurarse, salvo en circunstancias excepcionales, es que la máxima distinción de la Ciudad, se otorgue en vida. En caso de fallecimiento, y a título póstumo, la distinción debe concederse en un plazo máximo de dos años. Al menos es lo que prescribe el reglamento. De lo que no dice nada es acerca de que la medallas puedan acumularse. Solo la UNED ( 2003 y 2025), y la Comandancia de la Guardia Civil (2004 y 2009) tienen dos. Un solo colegio, el de La Salle-El Carmen, y los regimientos militares de Ingenieros, Regulares y Artillería, pero no el Tercio, lo que resulta extraño.

  El Cuerpo Nacional de Policía (2006) también la tiene concedida. El Rey Juan Carlos la tiene concedida desde 1997. Solo tres  mujeres han sido reconocidas a lo largo de estas tres décadas, Pilar Muñoz (2007), Carlota Leret (2020) y Carmen Perea (2025).

Existe otra anomalía importante, y es que en al menos 4 años (1996, 1999, 2001 y 2002), no se concedió ninguna medalla de oro. Las razones sólo puede buscarse en las convulsiones políticas de aquellos años. Ningún presidente autonómico, o político relevante, ha sido reconocido con esta distinción. Todos los centros institucionales, como las comandancias militares han obtenido la máxima distinción melillense, pero la Delegación del Gobierno nunca, ni siquiera en los años en los que existía la monocromía.

  La medalla a Mustafa Arruf

Surge la cuestión de reconocer a título póstumo a Mustafa Arruf, uno de los escultores melillenses con más proyección nacional e internacional, y que al menos tuvo la oportunidad de disfrutar en vida,  de reconocimientos y honores artísticos, como una avenida con su nombre,  algo que pocos han conocido, porque el Poder suele ser cicatero en reconocimientos. La cuestión es complicada, sobre todo si la opción que se propone resulta ser la alternativa del diablo, o sea,  una propuesta que esconde una trampa.

  El querer denominar con su nombre a la Escuela Municipal de Enseñanzas Artísticas,  y sustituir un nombre consolidado como el de Enrique Tierno Galván, sobre todo cuando el reglamento de honores y distinciones dice que: «debe evitarse en lo posible,  sustituir unos nombres por otros». Creo que ni siquiera al propio Arruf le resultaría grata esa opción. Entre otras cosas porque ello implicaría eliminar un busto del «viejo profesor», creado por otro artista melillense, nunca reconocido en lo más mínimo,  como es López Yebra, lo que resultaría un agravio.

  La cuestión sigue en el aire. De momento la dejamos abierta. Lo que hay que cuidar de Mustafa Arruf es su obra, y dar su nombre al Museo de Arte Contemporáneo, porque él dedicó muchos años y trabajo a Melilla la Vieja.

Una fotografía en Adamuz


Una singular batalla, como diría don Quijote, se está produciendo en las redes sociales, a cuenta de una fotografía en la que aparecen el Rey Felipe VI, Jefe del Estado, junto a los ministros Oscar Puente y Mª Jesús Montero, el presidente andaluz Juan Manuel Moreno, autoridades locales, de la infraestructura ferroviaria, y Fuerzas de Seguridad del Estado.

  No están posando, motivo principal  de acusación de la campaña orquestada en redes sociales, contra la Democracia y sus representantes, sino que se detienen unos segundos para mirar al tren Alvia de RENFE, que se encuentra justo enfrente, y en un estado sobrecogedor. Todo se ve perfectamente en el vídeo colgado por la Casa Real, y en la selección de fotografías,  entre ellas, la de la discordia, que es la primera que mostramos.

  Es un recorrido, no se busca una foto emblemática, sino que se produce. La Reina Letizia se vuelve a mirar hacia la cabeza tractora del tren , y la ministra Montero también se gira y sale de plano casi inmediatamente. Un fotógrafo de Casa Real hace la fotografía, desde posición situada más a la izquierda, y con mayor perspectiva de la máquina accidentada, y lo que captura es una instantánea. Y el intenso debate empieza ahí.

  Lo paradójico, es que defensores y detractores piensen, al unísono, que la imagen es dañina para las Instituciones del Estado, y la divulguen, bien acompañada de opiniones defenestradoras, o negando su existencia, ofreciendo datos de que es una foto amañada, y así salvaguardar el prestigio institucional. Se divulga también la especie de que por un momento fue retirada, y luego vuelta a reponer,  en los portales digitales de la propia Casa Real, algo que no es cierto.

  Unos al negar la imagen, y otro al afirmar que es un posado, algo también falso, nos obligan a buscar la verdad, y dejar en evidencia los amaños, que no las fotografías. Si hay algo absolutamente cierto en este trágico suceso, son las 45 víctimas mortales y el dolor irreparable de las familias. El accidente de Adamuz marca, eso sí, el final de un ciclo político,  y todo el año 2026, recién iniciado. Es ya una cisura, un antes y un después.

  Las consecuencias inmediatas las va a pagar, de modo inexorable,  el ministro de Fomento Oscar Puente, que no parece mal gestor, y que sí está personalmente afectado por la tragedia. No finge, y eso se nota. Su problema, evidenciado en un accidente terrible, es que no ha podido desprenderse del lastre heredado de su anterior titular, el ministro Ábalos,  y de su obscena gestión.

El accidente del 18 de enero en Adamuz, señala el final de un deterioro imposible de alargar por más tiempo, propiciado por un ministro calamitoso, Ábalos,  que se tragará al ministro de Fomento actual, y quizá su alcance no se detenga en este punto fatídico.

El jaque no es solo contra Oscar Puente y el gobierno. Es  tambien contra el Estado, la Corona, y contra la Democracia. Por eso hay que sacar todo a la luz, sin olvidar, en ningún momento a las víctimas (Q.e. P.D).

Nota: El 26 de mayo de 2003, 62 militares españoles, y 13 tripulantes,  perdieron la vida en un accidente en Turquía.  Federico Trillo era Ministro de Defena y nunca dimitió, ni aceptó su responsabilidad.

En memoria de las víctimas de Adamuz


La inevitabilidad de la tragedia

  18 de enero de 2026, día de San Suceso, Adamuz (Córdoba). Un tren de alta velocidad circula en línea recta en dirección a Madrid. Algo no determinado lleva al maquinista a accionar el frenado de emergencia. Los tres vagones finales de una composición de ocho, del tren Iryo, descarrilan e invaden la vía paralela. Podría ser también que se desestabilizaran antes los vagones, y que eso provocará el accionamiento del frenado.

Apenas dos kilómetros más arriba,  en dirección sur, un tren Alvia desciende hacia Huelva, en el mismo tramo recto de Adamuz. A 200 km/h de velocidad de los trenes, ese espacio se recorre en apenas 20 segundos. El tren que desciende impacta con los vagones desplazados y sale despedido de los raíles. 500 personas  comparten el suceso, están en el mismo lugar y a la misma hora.

  La fatalidad, el azar, lleva a que casi una de cada 10 personas pierda la vida. Esa es la tragedia. Poco más de media hora antes,  otro tren circuló en dirección a Madrid por ese mismo lugar y por esa misma vía. Quiere decir que las causas del accidente se armaron en apenas la media hora al paso del tren o de los trenes. Es la fatalidad del azar,  también conocida como teoría del demonio de Laplace, o del instante único, porque en este caso parece que se descarta el error humano como causa.

  Hace 13 años, en el día de Santiago del año 2013, la fatalidad alcanzó a un tren Alvia, en la línea de Alta Velocidad de Madrid-Santiago de Compostela, en la curva fatídica de Angrois Entonces, como hoy, evitamos cualquier ruido político, cualquier mezcla con argumento alguno, que no sea o fuera, la conmemoración y recuerdo de las víctimas. Era un Alminar todavía en rodaje, y no lo hicimos con la intensidad que ahora. Todo el esfuerzo debe dedicarse a las víctimas, tanto a las mortales, como a aquellas que han resultado heridas, o a los que han perdido a un familiar con el que viajaban, al que esperaban en las estaciones de destino, o al que acaban de despedir. Aparte de esclarecer la verdad, es necesario reconfortar a todos los heridos y familiares, y despedir dignamente a los que ha perdido la vida.

«Todo lo que ocurre está determinado por una sucesión de causas, porque según el demonio de Laplace, todo lo que ocurre está determinado por una sucesión de causas y efectos»1. Y a veces no habrá culpables. Lo que siempre hay o habrá, son víctimas, que merecen, ante todo, la atención y el recuerdo. El ruido está distorsionando todo en España, desde hace demasiado tiempo. La recta de Adamuz y la curva de Angrois, ya están igualadas.

Nota: (1) La conciencia contada por un sapiens a un neandertal. Millás y Arsuaga

 

La puerta del año


Se abre para cada uno de nosotros, de modo individual, la puerta del año, del que no sabemos qué nos deparará, ni a donde nos conducirá. Aunque también hay una puerta colectiva que atravesamos todos, queramos o no. La impredecibilidad del futuro es una ley. Tener algún tipo de certeza es algo que nos da tranquilidad, aunque como hemos podido comprobar, nuestro mundo es cambiante, en el que todo puede alterarse en un instante, pero eso no está en la previsión, aunque sí en la posibilidad. Por tanto, lo mejor es atenerse al plan establecido y continuar nuestra con nuestra «rutina». En caso de desorientación, o de confusión por múltiples acontecimientos, hay que retornar hasta algún punto de referencia, para después seguir. Ante un gran abanico de posibilidades abiertas en estos cinco primeros días del 2026, hemos preferido la serenidad de la reflexión.

Entramos en el decimoquinto año de existencia del Alminar, y ya hemos sobrepasado hace mucho cualquier previsión. Desde que decidimos retirarnos de la contingencia política en mayo de 2023, transitamos sobre terreno libre, explorando espacios vacíos que no habíamos recorrido, y hechos e historias de los que nos habíamos ocupado. Hay que dar finales a las historias, y saldar todas las deudas posibles. Que quede tinta en el tintero y aceite en la lámpara, pero que no nos detengamos, ni quedemos a oscuras, por desidia nuestra. Contra eso hay que luchar de modo constante. Es algo que creemos haber cumplido hasta el momento.

Hemos visto y conocido muchos más de lo que hemos escrito. A la postre, toda obra de escritura es una selección, aunque en esencia está aquí lo mas importante o todo aquello que ha emergido por encima de la realidad circundante. Hemos concentrado el esfuerzo de todo este tiempo, década y media, en varios temas clave, pero solo uno principal, que es la ciudad de Melilla.

  La lámpara que mantenemos encendida desde hace tanto tiempo,  es para servir de guía e iluminar a todo el que quiera y que aquí entre. La puerta que mantenemos abierta, también.  Las cifras de seguimiento indican muchas cosas, pero la más importante es la de la compañía,  la de la Comunidad del Alminar. Siendo el mismo lugar, ha cambiado casi todo.  Hay lugares a los que tenemos que volver, cometidos que cumplir y más historias que fijar.

 

Feliz Navidad a la comunidad del Alminar


   Un año más y ya son quince, en el que deseamos Felices Fiestas de Navidad a toda la comunidad alminarense y a todos los que la integran, mujeres y hombres de buena voluntad.

  A todos los que siguen aquí desde el principio,  a los que ya no están,  a los que llegan ocasionalmente y no se detienen, a los que nos visitan y se quedan, como en el presente año, en el que hemos alcanzado la cifra de 180.000 visitas, el quinto mejor registro de toda nuestra historia, después de la del año 2007.

   Son muchos los acontecimientos que hemos visto pasar y en realidad, los cambios son muy pocos. Los cambios son percibidos a una escala temporal mucho mayor, si es que llega a haberlos. Seguimos viendo casi a los mismos, en circunstancias muy poco diferentes.

  Lo inevitable no puede evitarse, esta va a ser una de nuestras máximas, aunque el discurso habitual y dominante diga que sí.  Cambian, sobre todo las ópticas, no la manera de mirar. La perspectiva necesita un amplitud mucho mayor. En otras escalas, como la geológica, nuestra era es insignificante,  aunque probablemente sea la que mayor impacto tenga sobre el planeta que habitamos. En todo este horizonte temporal, la existencia de El Alminar apenas es un leve arañazo en el tiempo. Se necesita mucho más para dejar,  lo que llamamos huella.

  Huella profunda ya ha dejado,  el que es el melillense más universal de la historia,  y que tiene su lugar específico en nuestro blog y comunidad. Es Fernando Arrabal,  alminarense de Honor con el que tuvimos la oportunidad de reencontrarnos una vez más, en las inmediaciones de la playa de San Lorenzo, «donde su padre le enterreba los pies en la arena».

  La vida de las personas y de las colwctividades se conforma entre los que no puede evitarse, y aquello en lo que podemos intervenir, que es muy poco. Son muchos los elementos y circunstancias que intervienen en cada decisión.

  El Alminar creció y surgió en unas difíciles condiciones, como una lámpara encendida en medio de la oscuridad y esa sigue siendo nuestras única labor e intención.  Vigilar y rellenar el aceite de la lámpara para que sigue encendida, y mantenerla alejada de los impíos.  Solo así puede ser útil esta labor, porque la luz debe iluminar para todos.