





En el canto XI de la Odisea, el héroe viajero Odiseo, el de las mil tretas, llega hasta uno de los bordes del mar, para recibir las predicciones del adivino Tiresias de Tebas, que se levanta desde el inframundo, junto con miles de muertos en batallas pasadas. A cambio de las profecías debe realizar un homenaje y sacrificio a los que habitan en el Hades, y la promesa de rendir un posterior homenaje a todos los caídos en la guerra de Troya. Está claro que nuestra tradición de honrar la memoria de los muertos, y proveer el descanso en paz de sus almas, tiene más de tres mil años de antigüedad, y es una herencia griega.
Si hay un lugar en España en donde esta tradición no se limita solo al día asignado (2 de noviembre), sino que se mantiene a lo largo de todo el año, especialmente los viernes, es en nuestra ciudad. Ahora que se están identificando y localizando la inmensidad de las fosas comunes del franquismo (algo absolutamente necesario), hay que decir que la mayor fosa común de España, perfectamente delimitada y dignificada, se encuentra en Melilla. Es la de los héroes anónimos de las guerras de África. No debería ser causa ni motivo de discordia el que se quieran recuperar e identificar los restos, de los represaliados del franquismo. Es algo que también se hace en Rusia con las víctimas del estalinismo. La dignificación de los muertos es algo que nos distingue como cultura humana.
Ánimas en Melilla (del Barranco del Lobo a Monte Arruit)
El 27 de julio de 1909 cambió para siempre la historia de España. Una escaramuza en las inmediaciones de Beni Enzar, provoca una respuesta militar desde la Comandancia de Melilla, que ordena a la 1ª Brigada Mixta de Cazadores de Madrid, a cuyo frente estaba el General Pintos, el avance en dirección al monte Gurugú. Las fuerzas rifeñas de Ouchen (el lobo), dominan las alturas de las cañadas y barrancos. Cuando las fuerzas españolas están en un lugar sin retorno, atacan, y el desastre es inmediato. Se producen mil bajas, de las que 400 serán mortales. Nadie lo espera, el Gobierno el que menos (algo habitual en España). Se inicia la leyenda de Melilla. La Semana Trágica sacude a Barcelona y a España, y los muertos se quedan aquí para siempre, en donde son venerados y cuidados desde entonces, pero no serán los últimos. El 21 de julio de 1921 se produce el Desastre de Annual, que sacudirá la nación hasta sus cimientos. El 9 de agosto de 1921, la masacre y martirio del Ejército español, rendido y superviviente de Annual, supone una de las páginas bélicas más negras de la historia militar universal. Sin embargo, la censura militar oculta lo sucedido allí. Nuestras fosas se llenan con más de 15.000 soldados muertos, más jefes y oficiales. La mayoría de ellos será para siempre «héroes anónimos». Son las fosas comunes identificadas, más grandes de España.
Héroes anónimos, fieles difuntos
El cementerio de Melilla es un lugar activo. Tiene sus sacerdotisas (mujeres vigilantes), sus cultos propios y también sus ritos. En la grandes fosas de las Ánimas, las que están debajo del panteón de los mártires de Monte Arruit, la actividad es incesante, pero silenciosa. Siempre se encuentran cosas nuevas y hay cierto orden litúrgico. Todavía existe unas rústicas hornacinas, en donde la gente coloca sus velas. Ahora se ha reutilizado una barbacoa como improvisado lampadario, y también ha aparecido un reclinatorio sobre la parte alta de las fosas. Con el tiempo, y esta es nuestra profecía, aquí habrá pequeño oratorio, dedicado solo a las Ánimas de África. La aparición del libro de Isidoro Luque, Melilla Misteriosa, ha puesto estos temas en actualidad, cuando parecían un tanto olvidados.
Invocaciones para los difuntos:
-Concédeles, Señor, el descanso eterno y alúmbreles la luz eterna. Descansen en Paz, amén. -Jesús piadoso, dadles el descanso eterno, amén. – Oh Señor omnipotente, os ruego que libréis a las almas del purgatorio, y particularmente a quienes cayeron en batallas y guerras, sin el consuelo de ver a sus seres queridos. – Oh Dios creador y redentor, tened misericordia de las almas del purgatorio, especialmente de las más olvidadas, y las restablescáis en la salvación eterna, amén.
Desde hoy y cada 27 de julio, conmemoraremos a las Ánimas de África.





























