El monumento al Socorro


El monumento al Socorro de Melilla fue presentando en sociedad el 24 de julio de 2025, a las autoridades, en el Salón Dorado del Ayuntamiento de Melilla. Es obra del escultor y docente Jesús García Ligero, que describe así su monumento: «Concebido no como una alegoría bélica, sino como un canto al auxilio, al esfuerzo colectivo y al reconocimiento». Es una alta columna recubierta de mármoles blancos, de gran impacto visual, de base escalonada, con una reproducción de las caras modernistas que adornan muchos edificios melillenses. También hay cuatro figuras masculinas que representan a todos los soldados caídos en los trágicos acontecimientos de 1921.

El ejército español fue aniquilado a partir de las 22h 30′ del día 21 de julio. A las 05h 00 del día 22 de julio, el General Silvestre está todavía vivo, y el Ejército está todavía sobre la llanura de Annual. El ejército de Abdelkrim empieza a presionar sobre los flancos, en las primeras hora del día. A las 10h 00 se decide el abandono del campamento y se inicia la desbandada. El Rey Alfonso XIII es informado en la tarde de ese mismo día e inicia el regreso a Madrid, desde San Sebastián, en un tren regular. En la media noche de ese día el Ejército ya no existe. Caen o se abandonan las posiciones que flanqueaban la ruta de escape de Annual. Ese día de resistencia sin esperanza será decisivo para Melilla, porque fijará a las fuerzas de Abdelkrim en la zona, mientras el gobierno de España, reacciona ante la magnitud de la catástrofe y prepara la rápida respuesta. Empieza el auxilio a Melilla, es el 23 de julio. A lo largo de todo el día 23, fuerzas y posiciones españolas resisten, pocas, pero las suficientes para impedir la progresión de las fuerzas rifeñas hacia las inmediaciones de Melilla. Esos ejemplos de heroísmo final, sobre todo en Monte Arruit, donde el ejército salvado resistirá hasta la primera semana de agosto, dará el tiempo suficiente para cubrir todo el perímetro defensivo. El 24 se resiste o se defiende el ejército, en diferentes lugares, desde Zeluán hasta Nador en tierra, con Sidi Dris y Afrau en la costa, a vida o muerte, sin otras opciones. Todos esos muertos, la mayoría anónimos, sin esperanza alguna, salvarán a la ciudad. Lo mejor del monumento, son los soldados encadenados.

El 24, a las 08h 00, llega un batallón del Regimiento de La Corona, que marchará directamente a las líneas defensivas. Luego llega el Tercio de Extranjeros, con Sanjurjo al frente. Al final de la noche hay en Melilla 4 Regimientos: Borbón, Corona, Extremadura y Granada, juntos con dos Tabores de Regulares. En total 3149 efectivos militares. El día 9 de agosto, al día siguiente de la capitulación de Monte Arruit, hay en Melilla 25.806 efectivos.. Este es el auxilio a Melilla.

El monumento del Socorro

La inspiración del monumento (su musa) al Socorro, concepto creado en Melilla, es Elena Fernández Treviño, quien en febrero de 2021, en una acción sorpresa, desde su consejería de Cultura, decidió quitar la estatua de Franco, bajo las murallas de Melilla. El Partido Popular reaccionó, y presentó una moción para homenajear a todos los salvadores de la ciudad, y ahí se creó el concepto del «socorro». El creador de este concepto es Juan José Imbroda, entonces Senador popular, y líder de la oposición en la Asamblea de Melilla. Contamos todo esto porque es imprescindible mencionar el contexto, para entender porqué en la placa no existe la leyenda que hubiese sido más lógica: «La Asamblea y el Pueblo de Melilla, a todos los que..», como sí reza en el Alcázar de Segovia, en el monumento a los Héroes del 2 de Mayo. El centenario y conmemoración del Desastre de Annual, coincidió con el gobierno tripartito, en 2021, que se celebró en un acto solemne y posterior desfile en la Avenida Rey Juan Carlos I. Quedó pues esa deuda pendiente por resolver.

El emplazamiento lógico de este monumento hubiese sido en la plaza de Héroes de España, pero los Héroes de Las Campañas ya están homenajeados y reconocidos en el monumento central de la Plaza de España, cuyo centenario se cumplirá en 2031. Aunque reconozcamos a todos aquellos que perdieron la vida en aquellas trágicas fechas, y que merezcan sin duda alguna la gratitud eterna de los melillenses, algo que hemos promovido siempre en este blog, se trata de un monumento sin consenso político, inaugurado apresuradamente, y en una posición que no le corresponde. Está situado de modo excéntrica. No se entiende tampoco que no se avisara a nadie para su inauguración. No fue la gente de Melilla, ni los representantes de la oposición autonómica. Si era una homenaje, no merecía ese vacío.

La construcción se desarrolló de modo apresurado esa misma semana, estando prevista su inauguración para marzo de 2026. Vimos desde el lunes 5, levantar las hiladas de ladrillo, sin aparente relleno interno, y sin esperar una consolidación más firme del cemento fresco, y seguidamente recubrir todo con las placas de mármol, para finalmente colocar las ménsulas con rostros femeninos, en forma de omega invertida. Un monumento así, merecía que la columna central fuese una pieza de mármol de un solo bloque, que hubiese asegurado su duración eterna. La apariencia es que es frágil y que tendrá problemas pronto. La placa central conmemorativa debería mencionar los nombres de todos los que llegaron a Melilla el día 24 de julio. Desde este blog, e incluso antes de que el Alminar existiera, ya insistimos en la necesidad de recordar a todos los que llegaron ese día. Para el recuerdo y la memoria eterna, los obelisco deben acabar en pico. A Melilla la salvaron todos.

Nota:La noticia del Rgto. de La Corona nº 71 | El Alminar de Melilla

Cuando se remueven cielo y tierra


Reflexiones sobre los terremotos de Granada.

De la tierra..

Dicen que cuando se remueven cielo y tierra, puede pasar cualquier cosa, y producirse sucesos insospechadas o no previstos, que alteren devenir vital. Nuestro mundo se encuentra sobre gigantescas placas de rocas sólidas, de muchos kilómetros de espesor, que llamamos placas tectónicas, y en conjunto, corteza. Toda esa inmensidad se mueve sobre una pasta viscosa y ardiente a la que denominamos manto. Las grandes placas tectónicas, de volúmenes inimaginables, se mueven, chochan entre si, se empujan, e incluso se meten unas debajo de otras, y se funden o crean corteza terrestre nueva. Las grandes placas tectónicas se componen de fragmentos corticales, limitados por fallas, que a modo de mosaicos geológicos, forman el mundo que habitamos. Esos choques de las placas, o las rupturas y desplazamientos de los fragmentos, provocan los movimientos sísmicos que agrietan ciudades, edificios y carreteras, desde Alhucemas y el Mar de Alborán, hasta la ciudad y provincia de Granada. Ponemos estos parámetros para limitar el espacio físico que nos concierne, y en el que está nuestra Melilla. Granada sufrió una serie de terremotos en 2021, que han tenido una serie nueva en 2026. mientras que Melilla sufrió el gran terremoto de 2016, el más grande registrado en la zona, y que tuvo un movimiento constante a lo largo de todo ese año. Las tensiones entre las placas y fragmentos acumulan una enorme cantidad de energía, que se libera cuando una zona o punto concreto se rompe o desliza, y libera toda esa energía acumulada a lo largo de años o décadas.

Al cielo

Lo que se mueve en la tierra es visible. Deformaciones en los suelos blandos, como las carreteras. Fracturas en los suelos duros y también las grietas y derrumbes en los edificios y construcciones de otro tipo. ¿Pero cómo sabemos qué ocurre en el cielo, que resulta ser una ilusión óptica, pues solo hay Cielo en la Tierra?

En el pasado mes de septiembre, en un viaje a Granada, pudimos comprobar los daños producidos en las escaleras mecánicas y ascensores del Metro de la capital. Grietas en paredes y derrumbes, y también en la ciudad de Santa Fe, de la que ya hemos escrito. Los efectos sobre el cielo los pudimos comprobar en una boda en la Capilla del Sagrario, situada junto a la Catedral. Y observamos esa remoción del cielo en una novia, que acudía a casarse en una de las capillas más solicitadas de la Diócesis granadina. La novia resulta ser lo más vistoso en una boda tradicional, celebrada frente al Padre Eterno. Seguro que reservó la fecha y el lugar con al menos un año de antelación. Lo que no podía intuir o imaginar esa novia, es que se casaría frente a la mismísima Patrona de Granada, la Virgen de las Angustias, que solo una semana antes había sido trasladas desde su Santuario, debido a los daños provocados por la serie de terremotos, que se produjeron desde los días finales del mes de agosto. Probablemente constituyó una coincidencia afortunada para ellos, casi un guiño del destino, o de los cielos, el que esos novios se casasen, de modo imprevisible, frente a la Patrona de su ciudad.

Este artículo, reflexión, y ejercicio literario estaba ya previsto. Pero toda previsión quedó alterada en el mes de septiembre. Es también algo que ya habíamos hecho en 2012, en el primer año del Alminar. Unir dos hechos disímiles y sin ninguna conexión aparente. Una  integrante silenciosa de la anónima comunidad alminariense, nos había pedido hace tiempo, si podíamos volver a conectar, aunque de manera ocasional, con el estilo imperante en esos años del Alminar oculto, cuando nuestros lectores diarios no llegaban al centenar, y que fue nuestro génesis.

Nota:La torre herida por el rayo | El Alminar de Melilla

La ciudad y los helicópteros


Nos hemos acostumbrado a oírlos. En Melilla son una sensación de seguridad y también de inquietud. Hemos aprendido a distinguir los vuelos rutinarios de los alarma o los de salto a las vallas del perímetro. En la península no suelen escucharse, salvo los de la costa, o los de extinción de incendios. Si los escuchas sobre las carreteras, es que debes tomar precauciones, pero todo eso suele ocurrir en verano. Lo normal es no oírlos. Si se escuchan se asocian a una señal de alarma. Los grises de los barcos de La Armada suelen verse en Cádiz, y atraviesan el cielo como los rayos, y con gran estruendo. Suelen ir a baja altura.. Se despliegan en misiones de adiestramiento y de vigilancia.

Los familiares y amigos peninsulares preguntan siempre si vivimos con miedo, pero eso no. Los melillenses, e imagino que ahora también los ceutíes, lo que vivimos es con incertidumbre, pero no sobre el futuro de las ciudades, que nadie verá otro mas que el actual, sino por el periodo que atañe a una vida, a una generación. Eso es algo que no existe en ninguna otra ciudad de España. Nadie malgasta un solo minuto de su tiempo en pensar sobre el futuro de la ciudad, o el propio en ella, y en sus calles. Melillenses y ceutíes estamos acostumbrados al tránsito, a ver desaparecer a amigos y conocidos de toda la vida, y a encontrártelos luego por las ciudades del sur peninsular, mayoritariamente. Esa es una de las leyes de Melilla, la sensación interna del nómada, del éxodo permanente, de la diáspora.

No esperábamos un mes tan agitado en septiembre, pero el 30 de julio cambió todo en Ceuta y en Melilla por el efecto de los vasos comunicantes. La incertidumbre ha tomado cuerpo, y se pasea como un fantasma por las calles de la ciudad. Se habla menos, se miran las cosas de otra manera. Eso sí, la población de ambas ciudades están acostumbradas al acoso, al asedio, al cierre a cal y canto de las fronteras, al incumplimiento de los Tratados firmados entre España y Marruecos. La pretensiones sobre la soberanía de ambas ciudades son como un espantapájaros que agitan al otro lado de la frontera, pero que esta vez se han sustanciado en forma de una invasión poblacional multitudinaria. Nadie sabe, porque es secreto de Estado, cuántas personas han entrado, cuántas han salido, ni cuántas quedan. El asalto a las fronteras españolas en Ceuta ha tenido un doble objetivo, uno probar cuántas personas pueden entrar en un máximo de dos días (100.000), el otro es la erosión de la ciudad, el socavamiento de la cohesión interna, de la confianza en el futuro personal, que no el de las ciudades.

Pero el futuro que nos importa es el que podemos ver, el que nos atañe directamente, y el que podemos dejar previsto en un periodo de tiempo razonable. Todo eso ha saltado como un cristal al que arrojas una piedra de gran tamaño. Toca reconstruirlo todo, mientras la batalla política se torna en ver quién se acerca más a la verdad, sin mentir de un modo ostensible. Mientras tanto los helicópteros sobrevuelan y recorren el perímetro y lo vigilan todo, incansablemente. Ellos seguirán ahí, nosotros también. Hay que mantenerse, por todos los que se mantuvieron en la larga noche de los 400 años.

Calle Fernando Belmonte Montalbán


  Entrar en el callejero de una ciudad es el honor máximo. Otorga una visibilidad y una proyección absoluta, desde el pasado hacia el futuro. Once años después de su fallecimiento, el tiempo ha cribado cualquier controversia,  dejando solo como poso sus méritos, que eran muchos. El otorgar su nombre a una calle de Melilla es un justo reconocimiento,  especialmente por su decidida apuesta por la realidad multicultural e intercultural de nuestra ciudad, que plasmó en hechos, además de en declaraciones y posicionamientos personales. Siempre desde una óptica de izquierdas, no dogmática, y sí muy social y comprometida.

  El Instituto de las Culturas es una creación suya, y nunca debió ser relevado de él. Fue un error que no debió cometerse, que se agravó por la nula relevancia de su sustituto,  del que ni siquiera se recuerda el nombre.  Así se pasó de una entidad relevante y de gran proyección,  a algo anodino y que si subsiste, no se sabe su función.

Fernando Belmonte dejó como legado común a la Asociación Nana, que representó tras el descubrimiento de la placa, unas bonitas y entrañables danzas, le reconoce como su principal impulsor. Él fue el primero en descubrir el valor intrínseco de esta asociación, y el primero en apoyarla desde su Instituto. Su formación izquierdista (Partido del Trabajo de España) le permitió reconocer el valor de la cultura y del arte, como ascensor social, y como elemento de expresión de los que no tienen voz. El arte y la cultura te coloca en pie de igualdad.

En los años que transformaron Melilla (1980-1990), Fernando Belmonte trabajó desde el diario SUR como periodista comprometido. Esto quiere decir que sus crónicas y relatos periodísticos iban un poco más allá, pero preservando el papel principal. Ocurre que como nos dijo un periodista de El Mundo en una visita a Melilla: «La realidad es esta, o escribes la noticia o eres parte de ella. La dos cosas no». Cuando este sucede, el periodista es objeto de las iras públicas. La actualidad nos muestra que el periodismo de hoy en día es más político que informativo, y el de esas primeras décadas de la Democracia era en sentido inverso, en el que primaba la información sobre la tendencia.

Como ha dicho hoy Juan José Imbroda, presidente de Melilla, en el acto de homenaje: «Aunque proviniendo de trincheras diferentes, coincidimos en un campo común, la defensa de la multiculturalidad melillense, que es lo que nos hace diferentes«. Este es el legado que hay que preservar». Indudablemente no es lo mismo hacerlo desde la trinchera izquierda que desde la derecha, pero el reconocimiento a esa igualdad y paridad es el enfoque imprescindible. Ese es el objetivo último al que se dedicó Fernando Belmonte. El Pacto por la Interculturalidad (que no pudo desarrollar él), representa una constitución interna de la ciudad, un reglamento de convivencia que resulta ser su legado más firme. ¿Qué le faltó a Fernando Belmonte? Evidentemente todos estos años. Su obra escrita empezaba a ocupar en espacio importante, tanto su tesis sobre la lucha del Colectivo Musulmán por sus derechos civiles, como su inicio en el proceso de recuperación de la memoria de la lucha contra Franco en la Transición.

Fue también el descubridor de la potencialidad del NO-DO, que ahora nos administran desde RTVE, y consiguió traer a la ciudad todas las filmaciones sobre Melilla, que fueron más de las emitidas, como ahora se ha descubierto. Fernando, el adalid de la palabra escrita, descubría la potencialidad de las imágenes. Su pasión por el archivo del No-Do fue arrebatadora. Con la imagen no se puede mentir, y eso es lo que se descubre ahora con el No-Do oculto. La narración, el texto, el argumentario, normalmente se usan como sedantes para adormecer las imágenes, porque esta no puede negarse, aunque se intenta.

¿Qué hay de Fernando Belmonte en El Alminar? Pues probablemente más de lo que podamos identificar, pero hay una característica esencial que viene de él, y es la de mostrar desde el mismo título del artículo, lo que se quiere decir. Esto nos lo dijo hace mucho un policía nacional jubilado: «No estoy de acuerdo en lo que escribes, pero me gusta porque desde la primera línea se sabe lo que quieres decir». La acidez, la profundidad de lo que Fernando escribía, como hoy ha reconocido el presidente Imbroda, le hacía diferente. Era «una persona notable para la ciudad, que ahora se enorgullece de tenerlo en su callejero». A él, que tanto huía de este tipo de reconocimientos.

En mi cabeza siempre está presente su frase última, con esa mezcla de admiración y mordacidad con que las decía, algo así como el sabor del jengibre: «Una cosa tengo muy clara, si algún día me muero, quiero que mi obituario lo escribas tú». Lo cierto es que a estas alturas jamás pensé que hubieran pasado ya once años desde que la escribí. Deberíamos estar comentando todo lo que está sucediendo. Una de las calles más merecidas, y por unanimidad, algo que hay que agradecer a todos, en estos tiempos que corren.

Nota:La historia audiovisual de Fernando Belmonte | El Alminar de Melilla

Monseñor Satué y Dimas, el buen ladrón


«Los últimos serán los primeros, y los primeros los últimos», decía la lectura litúrgica del pasado día 20 de septiembre, la del ciclo A, leída en la parroquia de Sta. Mª Micaela en Melilla, eso sí, con la diferencia de que en esta ocasión, el texto litúrgico se leía frente al obispo, muy vigilante y tenso en casi todo momento. No bajó la guardia, no se permitió distracciones. El calendario pastoral en su cuarta visita a la ciudad, era muy denso. La mayor parte de los fieles asistían a una misa de domingo, pero esta vez con el obispo y el nuevo párroco al frente.

Por eso les hablo en parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen.  Porque en verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron. Este es el misterio, en el mismo lugar y ante lo mismo, no todos entienden lo que se ha dicho, o creen entender cosas distintas. ¿Qué es lo que permite tomar decisiones correctas? La información de calidad, algo que ya dijo Benedicto XVI, en sus conversaciones con Peter Seewald. Un obispo, un presidente de gobierno, un Papa, tienen información de calidad y con ella actúan, por eso ningún Poder es inocente en ese sentido. El único que sabía lo que estaba pasando allí, era el obispo Satué.

Así pues, en medio de la homilía, monseñor Satué se detuvo y preguntó: ¿Quién creéis que es el primer santo? Nadie dijo nada, no se escuchó proponer ningún nombre. Hasta que José Antonio Satué deshizo el interrogante: «Es Dimas, él es el primer santo, el ladrón crucificado junto a Cristo, el primer creyente, el que le interpela de modo directo: -Señor, acuérdate de mí cuando esté en el Paraíso»-. Mientras tanto, del Gólgota hacia abajo, los apóstoles corrían en desbandada para ocultarse, ante la magnitud del desastre. El proclamada Mesías había sido liquidado en la cruz, sin que ninguna intervención celestial lo hubiese evitado.

Esta parábola, dicha allí en medio, en la nave de Sta. Mª Micaela, con lo que había pasado, y lo que estaba sucediendo, la remoción total del clero en Melilla, cobraba otro sentido, pero no sabemos cuál es el que quiso darle el propio interviniente. Tenemos el nuestro, pero es distinto. «Los últimos serán los primeros. Pagad a todos empezando por los últimos«.

Melilla, por los siglos de los siglos


Melilla fue conquistada en la noche del 17 de septiembre de 1497, aunque no exista certeza sobre si fue ese día u otro. La expedición fue preparada con meticulosidad. No se podía fallar, como tampoco fallaron los portugueses el 21 de marzo de 1415. Ceuta estaba bajo el dominio de los Benimerines o merinídas, y Melilla estaba bajo la posesión del Reino de Fez, que vino a expulsar a los castellanos, varias semanas después. Ni los benimerines ni los fesíes pueden considerarse como precursores del Reino de Marruecos (que es un país contemporáneo) así como tampoco almorávides y almohades. Ninguna de esas entidades existía ya, cuando llegó la conquista española. El Sultanato de Marruecos, que sí es la base del actual Estado marroquí, surge a partir de 1510, con todas estas herencias. Todos los Tratados comerciales, los acuerdos, tanto la guerra como la paz, firmados entre España y Marruecos, se firmaron con el Sultanato. Esto quiere decir, que pese a las leyendas áureas, no se le ha quitado ninguna ciudad a nadie, ni a ninguna entidad estatal existente que puede reclamarlas. Ceuta y Melilla quedaron fuera del acuerdo de Independencia de Marruecos en 1956, que evitó considerarlas como parte de su territorio. La reivindicación actual procede del revisionismo neo imperialista de la historia marroquí, con la que algunos grupos de pensamiento y movimientos políticos españoles «contemporizadores» con Marruecos, muestran comprensión, pero sobre el vacío de argumentos históricos, políticos y del Derecho Internacional.

La obligada presencia Institucional del Estado

En los 15 años del Alminar de Melilla no recordamos la visita de ningún ministro en el Día de Melilla, que mientras no se de diga o proponga otra fecha, sigue siendo este, el 17 de septiembre. El partido extinto de Coalición por Melilla se empeñó, sin respaldo alguno, en el anodino día del Estatuto. Lo que siempre hemos defendido desde este blog, es que esta efeméride debe estar necesariamente unida la vinculación de Melilla a España. Los acontecimientos del pasado mes de julio en Ceuta, demuestran la necesidad política de hacer hincapié en esa vinculación. Todas las ciudades del sur de España celebran su día con la efeméride de la conquista, desde Sevilla hasta Almería. El último que vino para esta celebración, fue Mariano Rajoy en 1997, cuando era ministro de Administraciones Públicas.

La situación de Ceuta, invadida poblacionalmente el pasado 30 y 31 de julio, y el futuro de ambas ciudades no se resolverá sin el consenso y el diálogo político, entra la mayoría de los partidos políticos españoles, en un acuerdo firmado. Ambas ciudades son españolas per saecula saeculorum, por muchas crisis con las que se las quiera asolar, o pretenda hacer zozobrar. Si el confinamiento pandémico fue duro en toda España, en ningún lugar lo fue tanto como en las ciudades norteafricanas, cerradas a cal y canto por tierra, mar y aire. Marruecos tardo más de tres años en reabrir sus fronteras con las ciudades de Ceuta y Melilla, sin ni siquiera permitir la evacuación de sus nacionales, que quedaron atrapados por miles en las ambas ciudades españolas.

La presencia de ministros del gobierno debe ser una obligación en cada 17 de septiembre, así como una visitas institucional del Presidente, una vez por legislatura. Felipe González, José María Aznar y Mariano Rajoy, nunca vinieron a Ceuta y Melilla en sus ejercicios de gobierno. De nada sirve tener contemplaciones con quien nunca las tendrá contigo. Lo único resaltable del presente Día de Melilla, ha sido la excepcional visita de la Ministra portavoz Elma Saiz Delgado, que no debería ser excepcional, sino constante, o al menos habitual. La presencia de la dotación de La Armada en los actos de homenaje y conmemoración, ha sido también muy destacada y vistosa. Vinieron a bordo de su buque de acción marítima (BAM) Tornado.

Esta es una de esas citas a la que no hemos fallado en estos 15 años, y también decimos que no pensamos nunca haber vivido una situación así, pese a que los melillenses nativos, de cualquier condición, llevan advirtiendo de que más tarde que temprano, esto podría ocurrir. Estaremos aquí siempre, en estas dos ciudades, este el el único mensaje que hay que repetir, una y mil veces. Nadie verá nunca otra cosa, salvo que el fin del mundo o «el meteorito», disponga otra cosas. Pero mientras que el Día del Juicio llega, hay que armar de estabilidad física y emocional ambas ciudad.

  En un país como el nuestro,  damos por supuesto que se cumplen los Derechos Humanos. No nos cabe alguna duda al respecto, pero quien no los cumple,  quien ha expuesto a sus nacionales a una situación así no es España,  ni mucho menos Ceuta, es Marruecos.  Si en algún lugar del Estado español sabemos distinguir entre un fenómeno inmigratorio y una invasión poblacional, que no militar, es en Ceuta y en Melilla.

Un día en la misa de Víctor Hugo Andrade


En 7 años no hemos ido una sola vez, hemos ido muchas, bastantes, las suficientes. Siempre con el párroco Víctor Hugo Andrade, natural de Colombia, también de orígenes gallegos. Antes de llegar a España también estuvo de sacerdote en México, en algunos de los Estados más violentos del país, como Guerrero. Allí tenía un amigo, también sacerdote, que fue asesinado hace ahora un año, era Bertoldo Pantaleón Estrada. Esa fue una de las ocasiones. Cocula, ciudad natal de sacerdote asesinado, está cerca de Taxco, en donde se celebra una de las Semanas Santas más peculiares del mundo, no de México.

Víctor Hugo Andrade llegó a Melilla en en el verano de 2019, procedente de Villanueva del Rosario, población cercana a Málaga. La parroquia de San Agustín, una de las que tiene más territorio, pues en su época comprendía los Peñones españoles, atravesaba un tiempo revuelto, sustituyendo al párroco Rafael López Cordero, llegado a Melilla en 2014, y que en 2015 repuso el culto al Cristo de Limpias en la iglesia de San Agustín, abatido por la herejía en 1989. Hoy, a la hora de escribir estas reflexiones y notas, ni Rafael López Cordero es ya sacerdote, ni el busto original, bendecido por el obispo Jesús Catalá, está ya en la parroquia. Un acto sacrílego volvió a hacer desaparecer el original y repuesto busto de Cristo en agonía. En estas condiciones, con una feligresía inestable, y sometida a grandes vaivenes de asistencia, llegó el padre Víctor Hugo, a tierras melillenses, y expresado en sus propias palabras: «Llegué con miedo y me voy con lágrimas», tras 7 años de presencia en tierras melillenses, que concluyeron el pasado 13 de septiembre. El próximo párroco tomará oficialmente posesión el próximo día 18 del presente mes.

Su salida envía señales de difícil interpretación, pero el nuevo obispo de Málaga, José Antonio Satué, así lo ha decidido, tras su visita a las distintas parroquias de la ciudad, en el pasado mes de febrero. En la misma nave de San Agustín vaticinó un cambio lento y gradual, alejado de cualquier aspecto revolucionario, y al final se decidió por un cambio total y de un solo golpe, como el del «hacha del Bautista». En este mes de septiembre se despedirán de Melilla tanto el vicario episcopal, Eduardo Resa, como dos sacerdotes de las iglesias más grandes y emblemáticas, los reverendos Eduardo Chirino y el propio Víctor Hugo. ¿Qué ha ocurrido? Nada que pueda saberse, porque la Iglesia jamás manifiesta sus motivos últimos. Lo que sí queda claro es que el obispo Satué Huerto va a controlar muy de cerca a la ciudad, en su dimensión eclesiástica. Catalá fue un obispo lejano, y el oscense Satué va a ser todo lo contrario. Aquí no se va a mover una hoja sin que se sepa en el palacio episcopal de Málaga. Aquí y en este ámbito, han sucedido muchas cosas, la mayoría de ellas por libre. Los sacerdotes, por muy hábiles que sean, deben contar con el respaldo constante del obispado, porque si no, son neutralizados por las camarillas.

Víctor Hugo Andrade ha sido un párroco hábil y comprometido con la feligresía del Real, que había desaparecido casi en su totalidad de la iglesia. Ha recuperado a muchas personas de las que les gusta aparecer y vincularse con su parroquia territorial, sin pertenecer a grupo eclesial alguno. Ese ha sido parte de su mérito, además de la gestión administrativa y física, que es mucho más laboriosa y ardua de lo que parece o se conoce. Cada grupo tiene su susceptibilidad y apego, y moverse entre todas esas sensibilidades es difícil. Los escándalos de Santa Mª Micaela en 2023, provocaron el traslado de parte de los grupos de catequesis al Real, y esta otra célebre y tradicional iglesia, ha necesitado 3 años para levantar la cabeza, y sacudirse el terrible sambenito de encima, de la mano del padre Eduardo Chirino, que también será relevado el viernes 18.

Víctor Hugo Andrade Madiedo será uno de esos nombres que no será olvidado en la historia diocesana y parroquial de nuestra ciudad, prueba de ello es la intensidad de la despedida, en una iglesia abarrotada, como muy pocas veces se ha visto en la última década, o incluso más. Los coros, la gran presencia de fieles, que hicieron fila para trasmitirle gratitud, y también de personas que fueron importantes, como el exconsejero de educación, y organista meritorio, Javier Martínez Monreal. Como dijo el propio párroco: «Ninguna despedida es dulce», pero añadimos que algunas no son tan amargas. La vida es así, y todo está dejando muchas señales, en los últimos días. El reverendo Víctor Hugo Andrade se va a la Cala del Moral, y a Totalán,. en Málaga. Son un centenar de nombramientos de un solo golpe, con el hacha del Bautista.

Nota:Carta despedida a D. Rafael López Cordero – Cofradía «Ecce-Homo» y Amor Vélez-Málaga; El cambiazo de la urna | El Alminar de Melilla