



Se equivoca quien piense que la crisis de Ceuta se solventará dejándola pasar. Nunca ha sucedido así con los territorios norteafricanos españoles. Entre 1909 y 1921 la ciudad de Melilla protagonizó dos sonoras crisis que hicieron sucumbir gobiernos, acabaron con carreras políticas y que incluso sirvieron de cimiento para la caída de la Monarquía en 1931. Ceuta y Melilla son ciudades españolas desde 1580 la primera y desde 1497 la segunda. Ceuta fue conquistada por los portugueses frente a los Benimerines en 1415, en una sola noche, la del 21 de agosto. Algo parecido ocurrió con Melilla en la noche del 16 al 17 de septiembre, pero en los años finales del siglo XV. La ciudad de Melilla pertenece a España apenas una decena de años después que Almería, Málaga o Granada.
¿Por qué las crisis en las ciudades norteafricanas afectan tanto a la política nacional? Porque están vinculadas a cualquier aspecto del Estado, y porque no hay una sola provincia española que no tenga residentes melillenses o ceutíes, y porque cualquier territorio, comunidad, región, municipio, y ciudad española tiene paisanos caídos en las Guerra de África o de Marruecos, también conocidas como las «guerra de Melilla». Uno de las más vinculados a Melilla es Cataluña, ya que Josep Tarradellas hizo aquí el servicio militar, y la Semana Trágica se inicia con motivo del nuevo reclutamiento, tras el desastre del Barranco del Lobo. Otra característica es que estas crisis siempre se han dado en el mes de julio, algo que recordábamos en este blog, hace poco más de un mes. Ambas ciudades no solo son parte integrante del territorio nacional, algo que han reconocido todas las constituciones españolas, sino que además, son una de sus partes más sensibles, por su repercusión internacional, y su específica composición social. que comprende a todas las comunidades del Estado.
La mala interpretación de cualquiera de sus parámetros, que son muy complejos, condenan a quienes sean los encargados de su gestión, en cualquier ámbito. desde el local, hasta el nacional. Porque o no hacer nada, es siempre peor que equivocarse. Los errores siempre se pueden rectificar, pero la inacción resulta siempre letal. Ceuta y Melilla son cuestión de Estado, y sus crisis solo pueden resolverse con una acción conjunta, que deje de lado las diferencias políticas y conceptuales. De Ceuta y de Melilla no se puede sacar una rentabilidad política clara, pero sí pueden arrastrar al abismo a cualquiera.
Marruecos, el actor principal siempre presente
Marruecos está a solo 5 km. del Centro de Ceuta, y a 2,8 del de Melilla. Es una entidad siempre presente en el exterior y el interior de ambas ciudades. Mientras los partidos políticos buscan argumentos a contrapelo para responsabilizarse mutuamente de la crisis, el actor principal no ha abierto ninguna boca autorizada, y eso que 160 de sus conciudadanos han perdido la vida en una maniobra de invasión ciudadana. Nadie en el gobierno marroquí ha asumido sus culpas ni responsabilidades, ni tampoco la Corona Alauita ha emitido comunicado alguno. Y Marruecos está absolutamente atento a cualquier comentario que exprese cualquier político y organización española, y a toda expresión personal de voces autorizadas, y a cualquier opinión publicada en los principales medios españoles. Evidentemente no se puede decir que Marruecos, o su gobierno, hayan organizado este brutal asalto a las fronteras de Ceuta del 30 de Julio, pero o lo han permitido o lo han tolerado. Quien debe explicar lo que ha ocurrido es el primer ministro de Marruecos, y pedir las disculpas oportunas a España, su país amigo y principal socio y aliado. Salvo Javier Urtasun, ministro de Cultura, y el diputado de la coalición Sumar Enrique de Santiago, nadie más ha interpelado de modo directo al gobierno marroquí. El Parlamento Democrático de España debería acordar mañana 3 de septiembre, pedir explicaciones a Marruecos por lo sucedido, y no derivar hacia Israel, Rusia y las redes sociales, la convocatoria y ejecución del asalto.
Tres libros y muy pocas conclusiones
En Ceuta y Melilla se conviven con esto desde siempre. La realidad es que salvo Adolfo Suárez en 1980, ningún presidente de los Populares ha visitado la ciudad en ejercicio del cargo. Ni José María Aznar (1996-2004), ni Mariano Rajoy (2011-2018), lo hicieron. Rodríguez Zapatero sí lo hizo en 2006, pero no le quedaron ningunas ganas de repetir la experiencia. Alfonso XIII visitó Ceuta en una ocasión, y Melilla en tres. Después de eso solo el rey Juan Carlos I en 2007. Felipe González, gran amigo de Marruecos y totalmente en silencio en esta crisis. no visitó las ciudades en sus largos 14 años de gobierno (1982-1996). Habría que preguntarle qué piensa. ¿Qué se debe hacer? Debería ser una obligación del presidente del gobierno visitar ambas ciudades, al menos una vez por legislatura. Pedro Sánchez, pese a las duras imprecaciones de las que es objeto, ha visitado tres veces Melilla y cuatro Ceuta. como conclusión diremos que no se puede achacar al Gobierno la presente crisis, pero ha fallado en todo lo demás. Las relaciones con el país vecino y amigo están en mínimos institucionales, pese a la cesión del Sáhara, sin contrapartida por parte de Marruecos. Hay tres libros que anticiparon todas estas cosas: El primero de ellos es el de Ceuta y Melilla en la encrucijada de Gibraltar, del profesor Jesús Salafranca. Era un concepto erróneo que pervivió durante décadas, porque Gibraltar nada tiene que ver con Melilla y Ceuta. El segundo libro es el de: Melilla, rehén de España y Marruecos, del singular escritor y político Juan Garbín, del que nos quedamos con el título, porque Melilla y Ceuta son solo rehenes de la cambiante política marroquí. El tercero, y mucho más polémico, del que se extraen abundantes datos, es el de: Ceuta y Melilla en el aire, del periodista Ricardo Crespo, cuya publicación le costó el tener que abandonar la ciudad.
El Ministerio del Interior en el ojo del huracán ceutí
Dos días completos, 30 y 31 de julio entrando ciudadanos marroquíes y subsaharianos en la ciudad de Ceuta, sin que mediara acción por parte del gobierno de España, y con el Ministerio del Interior en estado de shock absoluto. Entraron un número incalculable de invasores o aventureros, porque esta maniobra no fue migratoria, y se han quedado en Ceuta un número indeterminado. Esta vez, el Caballo de Troya estaba hasta los topes. ¿Porqué no se advirtió todo eso? ¿Porqué Ceuta estuvo inane ante la avalancha de aventureros durante dos días? En las crisis de 1909 y 1921 al primero que se cesaba o dimitía era al ministro del ramo, en aquellos tiempos el de la Guerra. La situación de Fernando Grande Marlaska es insalvable. Sin embargo ha emergido como un submarino, la ministra de Defensa Margarita Robles, cuya valía viene avalada por el mote con que la etiqueta el clan: la pájara. Estamos con ella. ¿Por qué no se hizo nada desde el asalto de los 10.000 en 2021?
La manifestaciones y la situación de Ceuta
Ceuta tiene el apoyo de todo el país, eso se ha hecho evidente hoy. En Melilla, la ciudad hermana, 10.000 melillenses han llenado la plaza de España. No ha sido ninguna exaltación nacionalista ni ultraderechista. Quien diga eso no sabe en qué mundo vive. Reducir todo a un conflicto entre el supuesto fascismo y el socialismo revolucionario, no tiene idea de qué va la historia actual. La mayoría de los increpantes, no distinguirían un fascista mussoliniano de un guardia rojo bolchevique. Ceuta, sobre todo, y Melilla, son las ciudades con más derecho a manifestarse. La manifestación en Melilla ha sido ejemplar, con lemas de apoyo a Ceuta y en la que solo un par de veces han intentado repetir la jaculatoria clásica contra Pedro Sánchez, secundada solo por el grupúsculo increpante. Ni una sola bandera preconstitucional.
La crisis continua, está abierta, y todavía no se sabe el alcance y calado de la misma. Se dice, por medio de los analistas expertos en Marruecos, que en el Reino alauita conviven dos tendencias, una claramente antiespañola, y otra proclive al entendimiento con España. Desde 1863, hay muchos tratados firmados entre ambos países. Es hora de exigir, promover, el pleno cumplimiento de los mismos, y acabar para siempre con los dobles juegos diplomáticos. Es hora de una relación franca y abierta. Ceuta y Melilla necesitan vivir sin incertidumbres políticas. Por el contrario no hay sombras sobre la verdad histórica. Nadie que lea esta última reflexión, verá jamás una Ceuta y Melilla que no sean españolas. Pero esto es algo que deberán empezar a manifestar e interiorizar, en la clase política española.





























