La historia sin final feliz


Fallece Paqui, la vendedora de la ONCE que luchó por su quiosco

Este fin de semana falleció Paqui, de modo repentino, en una operación rutinaria. Había pasado muchas vicisitudes desde el primer traslado de su quiosco de loterías de la ONCE en el año 2018, desde la calle del general Pareja, en su emplazamiento original, hasta la calle Chacel. Había empezado la peatonalización del centro comercial urbano, y se hizo sin contemplaciones para con los negocios existentes. Pero este primer traslado al menos contó con la pervivencia del quiosco de Paqui, en el que llevaba desempeñando su labor desde los primeros años del siglo XXI. En la calle Chacel se estaba bien, y todavía se contaba con la luz eléctrica en el interior del quiosco, pero era más inclemente, más fría en los inviernos y más calurosa en los veranos.

Pero en 2019 cambió la Administración Autónoma de manos, y la peatonalización llegó a la calle Chacel, y el quiosco fue trasladado a la peor situación posible, sin que la ONCE, una organización benéfica y de interés social, luchara debidamente por el regreso del establecimiento de loterías a su posición original. En 2021, el quiosco situado frente al edificio neomodernista, fue desplazado a la plaza de los Héroes de España, sin conexión eléctrica y apoyado sobre tacos de madera y trozos de ladrillo. El lugar era terriblemente húmedo y sin condiciones laborales. Paqui lo aguantó todo, y desde ese año, empezamos a denunciar su situación fuera de la normativa laboral, y su regreso a la calle del General Pareja. Todo sin éxito, por supuesto. En 2023 regresó la administración originaria, sin que hubiera demasiado interés en su reposición. El quiosco fue cerrado por insalubre, y los trabajadores volvieron a la venta a la intemperie, incluida Paqui. En todo el tránsito habían pasado 8 años desde el primer desmantelamiento. Paqui sufrió el desgaste físico de la situación, pero sin perder la sonrisa o el ánimo. siempre contaba cosas y no perdía la esperanza de regresar a su calle, pero no a la intemperie, y a su quiosco. Bromeábamos sobre el corte de la cinta de reinauguración, y desde el Alminar le prometimos disparar confeti. En 2024 nos preguntábamos si valía la pena escribir.

Solo en el presente año se obtuvo el plácet para su reinstalación. Le quedaban apenas dos años para jubilarse, después de una vida laboral dura. Hasta la semana pasada, cuando comprábamos o cambiábamos los cupones premiados, con el reintegro, la conversación se dirigía hacia el quiosco reubicado, pero sin fecha de reapertura. Paqui siempre decía: «No sé, pero no me veo ahí», y luego añadía «pero ojalá«. Después de 8 años su escepticismo era completo.

El final que ha llegado es otro, totalmente imprevisto. A veces las decisiones llegan tarde y sin reparación posible. Quizá sea hora de ir diciendo lo que Don Quijote, harto ya de palos y de sinsabores: » Vámonos yendo Sancho, que en los niños de antaño, no hay pájaros hogaño«.

Un año después


  Juan José Imbroda y Sabrina Moh, frente a frente

Si hubiésemos escrito lo que sugería esta foto del 25 de octubre de 2025, nos hubiésemos equivocado. En aquel momento buscábamos el signo o la señal del sucesor, que era claramente Miguel Marín. En política todo es efímero, las declaraciones, las intenciones, e incluso las verdad. La verdad política es solo flor de ese día, válida para ese instante. Transcurría la procesión extraordinaria de la Soledad. El vicepresidente Marín y el presidente Imbroda charlaban con confianza y cruzaban miradas intensas, de complicidad. Un pequeño círculo estaba atento a ellos, a sus charlas. El mundo estaba en desorden sin descontrolar, para luego irse todo definitivamente al traste. Las feroces guerras de Ucrania, Palestina y Sudán proseguían en sus atroces exterminios de población, ante la impotencia de la Comunidad de Naciones. EEUU no había iniciado todavía la guerra contra Irán, mientras que el Israel de Netanyahu no daba por concluida nunca su devastación de la Franja de Gaza.

En España todo estaba mal o bien, según las Cadenas de televisión que se escogiesen, o los medios de comunicación a consultar. Pero la tensión, la angustia y la crispación iban in crescendo. En Melilla Juan José Imbroda meditaba su posible retiro, pero sin signos de ansiedad política. Todo se encaminaba a una sucesión tranquila. Sus cifras sobrecogen a cualquier analista político. Ha militado en 3 partidos políticos distintos, desde el centro a la derecha clásica. Teniendo cargo de alta representación en cualquier gobierno que se haya formado en la ciudad, desde 1977 hasta la actualidad. Dos veces vicepresidente (UCD y UPM), 23 años como Presidente de Melilla y 20 años como senador del Estado. Lo que nos da medio siglo de actividad política ininterrumpida. Hemos consultado todos los registros históricos melillenses y solo hay dos registros parecidos, el de Antonio Villalba y Angulo (1732-1757), 23 años y 8 meses como alcaide de Melilla, y Antonio de Tejada (1571-1595), con un total de 24 años como regidor de la ciudad. Es el selectísimo club del cuarto de siglo, en el lugar de gestión más volátil de todos los existentes en la historia de Melilla.

Pero ya lo dice el poema de Andrés Fernández de Andrada, del siglo XVI: «Fabio, las esperanzas cortesanas, prisiones son do el ambicioso muere y donde al más activo nacen canas. EI que no las limare o las rompiere, ni el nombre de varón ha merecido, ni subir al honor que pretendiere. EI ánimo plebeyo y abatido elija, en sus intentos temeroso, primero estar suspenso que caído; que el corazón entero y generoso al caso adverso inclinará la frente antes que la rodilla al poderoso. Más triunfos, más coronas dio al prudente que supo retirarse, la fortuna, que al que esperó obstinada y locamente. Esta invasión terrible e importuna de contrarios sucesos nos espera, desde el primer sollozo de la cuna». Versión RAE (Real Academia Española).

Sin embargo, en 2026 nos esperaban dos sucesos de gran conmoción social. El primero fue el accidente ferroviario de Adamuz, el 18 de enero, que sobrecogió a toda la nación, por la violencia del impacto de dos trenes de alta velocidad, con una gran cantidad de víctimas mortales (46), que se incrementó con el tren perdido durante una hora, y con los pasajeros autorrescatándose y auxiliándose unos a otros. El ministerio de Fomento está lastrado desde entonces. El otro suceso de gran conmoción y perturbación social y política, fue la invasión de Ceuta, en los días 30 y 31 de julio pasados, en la que 100.000 personas asaltaron la frontera de España con Marruecos, y colapsaron la ciudad. Esta hecho sigue provocando cambios en la política española, y ha sido determinante, entre otros, para provocar el adelanto electoral del próximo mes de noviembre, no pensado y negado hasta este suceso, al que se unió del de la crisis de la vivienda.

La consecuencia más importante para ambas ciudades, fue la de recibir por primera vez, la visita del Rey Felipe VI . Sin que puede vaticinarse nada, nos espera en poco más de medio año, el gran duelo político entre Juan José Imbroda y Sabrina Moh.

Los tres niveles de una visita Real


La intrahistoria periodística, de la visita de Los Reyes a Melilla

El 14 de octubre de 2026 quedará como una jornada histórica para Melilla, tras la visita a la ciudad, por primera vez en su reinado, del Rey Felipe VI y la Reina Letizia. Casi 100 años después de la última visita del Rey Alfonso XIII (1927), y tras casi dos décadas de la anterior visita Real, la de Juan Carlos I en 2007. Tres visitas Reales en 100 años. No es mala cifra.

Lo que nos interesa resaltar ahora, son los tres niveles en los que se materializa esa visita. Una es el nivel más visible, el más amplio, el popular, el de la ciudadanía. Es el que más interesa resaltar, el del contacto directo del Pueblo, en el que reside la soberanía nacional, del que emanan todos los Poderes. En teoría y sobre el papel, todo se hace en su nombre y por delegación, en el bautismo de las urnas, al que tanto se teme, y al que tanto se condiciona en su voto. Las calles llenas, miles de rostros e imágenes privadas y públicas, que serán mostradas en televisiones, en plataformas digitales, en la prensa escrita, en las revistas. Son cientos las opiniones y testimonios recogidos en las calles. Eso sí, tiene un condicionante grande, y es que solo se puede escoger un emplazamiento. Luego es difícil moverse entre las zonas acotadas. La suerte consiste en llegar pronto y que por ese lugar pasen los monarcas, la Jefatura del Estado. En esta ocasión, han sido un millar de ciudadanos los que han podido saludar físicamente a los Reyes, y tener una imagen con ellos. Los Reyes recorrieron casi un kilómetro de vallas, de modo completo, para saludar a la mayor cantidad de gente posible.

El otro nivel es el del estamento oficial, el más cercano de todos, y también el más restringido. Los cargos políticos elegidos de modo directo por el Pueblo, los designados por el gobierno de turno. Los representantes locales, los de los poderes del Estado, de las Fuerzas de Orden Público y Militar. Los representantes de asociaciones constituidas en toda la ciudad. Todos ellos asisten a la recepción oficial, y comparten momentos y saludos con los Reyes, y también tienen fotos individuales. En teoría representan a la ciudadanía que estaba en la calle.

El tercer nivel es el de aquellos que hacen posible todo esto, los periodistas acreditados para cubrir estas visitas, y luego divulgarlas. Son los colaboradores necesarios de la verdad política, aunque paradójicamente tengan luego «mala prensa», son la alfombra a la que todos sacuden cuando no reflejan aquello que que quieren, o del modo en el que debe ser. Es el nivel más sacrificado. Son los que están más cerca de todo, pero en los que nadie se fija. Casi nadie los saluda o reconoce. No hay fotografías colectivas de ellos, ni con ellos tampoco. Están en todo, en espacios muy acotados, con distancias mínimas de aproximación. Son movidos continuamente, como los peones de un tablero de ajedrez. Por su lado pasan los alfiles, las torres, los caballos y por supuesto, los Reyes del tablero. Son imprescindibles, cubren toda la visita palmo a palmo. Toman centenas de imágenes, que deberán seleccionar in situ, para las agencias o sus medios, y con suerte verán publicadas una pocas, o un minutaje relativamente corto, después de 12 horas de trabajo. Cambian de un lugar a otro, pero de eso nadie se dará cuenta jamás. Sin embargo, es la labor más interesante, la más satisfactoria, la más vigilada, de la que más recela el Poder Público, porque es sobre la que reposa todo este entramado. Y no es fácil entrar en ese grupo. El Alminar de Melilla lo ha conseguido.

Los Reyes de España en Melilla


Felipe VI y la reina Letizia visitan la ciudad Melilla

La visita cursada a las ciudades de Ceuta y Melilla, primera en sus 12 años de reinado, iniciado en junio de 2014, soluciona una anomalía institucional e histórica, para con las dos ciudades norteafricanas. Se contarán tantas historias y opiniones como asistentes a los encuentros llevados a cabo en cada ciudad. Nuestro compromiso, el de este blog, es con la ciudad de Melilla, y supone un regalo histórico, el poder cubrir en directo, algunos de esos momentos en las calles de nuestra ciudad, no todos. Por eso seleccionamos dos puntos clave, un la llegada a la plaza de España, en donde ya estuvieron SS. MM. los Reyes Juan Carlos I y Sofia en 2007, y el otro el barrio de La Victoria, un lugar inédito en la visita no solo del actual Rey Felipe VI, sino en el de cualquier Jefe de Estado que haya visitado la ciudad a partir de 1860. Esta ha sido la gran novedad introducida en el viaje de Felipe VI y la reina Letizia, a Melilla, única capital española que no habían visitado hasta ahora.

La entrega con el pueblo, con la gente, con los habitantes de Melilla ha sido total. Han recorrido paso a paso y mano a mano, las filas del público asistente, sin desatender una fotografía, una firma, un selfie, un abrazo, un saludo o una pequeña confidencia o frase amable. Han saludo a más de mil personas una a una, unas cifras insólitas para este tipo de visitas de Jefes de Estado. La población de Melilla ha respondido y ha llenado calles y plazas, a la vez que las dejaba casi vacías de circulación para la comodidad de la visita Real. Quizá esa entrega ha sido una manera de compensar de de reconocer que esa ausencia tan larga, has sido injusta, pero no por la voluntad de la Casa Real. Quién se lea la Constitución vigente sabe que Los Reyes no viajan a donde quieren, sino a a donde les autoriza el gobierno de turno. Lo mismo ocurre con sus discursos. El margen de maniobra es escaso y casi imperceptible. Con esta visita queda todo en paz, y las cuentas afectivas e institucionales saldadas.

Una visita como esta, histórica por sí misma, y con un elevadísimo contenido institucional, no puede desdeñarse, y hay que hacer lo que sea necesario, para dejar testimonio de ella en El Alminar de Melilla. Reconocemos que tras 15 años de escritura constante, este sería un adecuado epílogo, o al menos el principio más digno posible para una etapa final. No va a ser así, o quién sabe, porque todo tiene principio y final, aun cuando a veces, el final sea el principio. Han pasado 15 años, en la otra visita Real, la de 2007, no existíamos, aunque ya éramos. Ahora sí dejamos constancia de ello.

¿Qué imágenes designar entre cientos? ¿Cómo hacer ver que una visita a Melilla es más significativa que 50 a cualquier otra capital? Es difícil. Hay que haber vivido aquí o seguir haciéndolo. Aquí el tiempo se contrae y una década parece un siglo. Una visita intensa, una jornada larga, de esas que no te imaginas o esperabas ver, y que al final ocurre. No se le puede sacar en las fotografías, de entre los miles que se han hecho, pero el personal de Seguridad de la Casa Real ha estado magnífico, atendiendo a los periodistas y sus requerimientos, vigilando a los Reyes y pendientes del público y de cada circunstancia. El Sol se desplomaba con ganas sobre le reinaugurada Plaza de España y ha habido varios desmayos. Contener y vigilar tantos parámetros requiere una dedicación y concentración absoluta.

Estamos en época electoral, los debates afectan a casi todo, y hay campañas a la vista de todos y otras sumergidas en los fondos. Hoy la Casa Real ha hecho campaña por sí misma, y ha superado todas las expectativas. La forma del Estado es un debate secundario, lo que importa es su contenido, y el actual satisface a la mayoría, al menos en los 12 últimos años, con una imagen moderna y dinámica, capaz de contener a todos, que no contentar. El refrendo de la Casa Real, de la Monarquía, es la cercanía y la entrega para con su pueblo, y la manera de ponerlo en valor, es la que hemos visto, con entrega absoluta. Con esta visita damos por cerradas muchas cosas.

El monumento al Socorro


El monumento al Socorro de Melilla fue presentando en sociedad el 24 de julio de 2025, a las autoridades, en el Salón Dorado del Ayuntamiento de Melilla. Es obra del escultor y docente Jesús García Ligero, que describe así su monumento: «Concebido no como una alegoría bélica, sino como un canto al auxilio, al esfuerzo colectivo y al reconocimiento». Es una alta columna recubierta de mármoles blancos, de gran impacto visual, de base escalonada, con una reproducción de las caras modernistas que adornan muchos edificios melillenses. También hay cuatro figuras masculinas que representan a todos los soldados caídos en los trágicos acontecimientos de 1921.

El ejército español fue aniquilado a partir de las 22h 30′ del día 21 de julio. A las 05h 00 del día 22 de julio, el General Silvestre está todavía vivo, y el Ejército está todavía sobre la llanura de Annual. El ejército de Abdelkrim empieza a presionar sobre los flancos, en las primeras hora del día. A las 10h 00 se decide el abandono del campamento y se inicia la desbandada. El Rey Alfonso XIII es informado en la tarde de ese mismo día e inicia el regreso a Madrid, desde San Sebastián, en un tren regular. En la media noche de ese día el Ejército ya no existe. Caen o se abandonan las posiciones que flanqueaban la ruta de escape de Annual. Ese día de resistencia sin esperanza será decisivo para Melilla, porque fijará a las fuerzas de Abdelkrim en la zona, mientras el gobierno de España, reacciona ante la magnitud de la catástrofe y prepara la rápida respuesta. Empieza el auxilio a Melilla, es el 23 de julio. A lo largo de todo el día 23, fuerzas y posiciones españolas resisten, pocas, pero las suficientes para impedir la progresión de las fuerzas rifeñas hacia las inmediaciones de Melilla. Esos ejemplos de heroísmo final, sobre todo en Monte Arruit, donde el ejército salvado resistirá hasta la primera semana de agosto, dará el tiempo suficiente para cubrir todo el perímetro defensivo. El 24 se resiste o se defiende el ejército, en diferentes lugares, desde Zeluán hasta Nador en tierra, con Sidi Dris y Afrau en la costa, a vida o muerte, sin otras opciones. Todos esos muertos, la mayoría anónimos, sin esperanza alguna, salvarán a la ciudad. Lo mejor del monumento, son los soldados encadenados.

El 24, a las 08h 00, llega un batallón del Regimiento de La Corona, que marchará directamente a las líneas defensivas. Luego llega el Tercio de Extranjeros, con Sanjurjo al frente. Al final de la noche hay en Melilla 4 Regimientos: Borbón, Corona, Extremadura y Granada, juntos con dos Tabores de Regulares. En total 3149 efectivos militares. El día 9 de agosto, al día siguiente de la capitulación de Monte Arruit, hay en Melilla 25.806 efectivos.. Este es el auxilio a Melilla.

El monumento del Socorro

La inspiración del monumento (su musa) al Socorro, concepto creado en Melilla, es Elena Fernández Treviño, quien en febrero de 2021, en una acción sorpresa, desde su consejería de Cultura, decidió quitar la estatua de Franco, bajo las murallas de Melilla. El Partido Popular reaccionó, y presentó una moción para homenajear a todos los salvadores de la ciudad, y ahí se creó el concepto del «socorro». El recuperador de este concepto es Juan José Imbroda, entonces Senador popular, y líder de la oposición en la Asamblea de Melilla. Contamos todo esto porque es imprescindible mencionar el contexto, para entender porqué en la placa no existe la leyenda que hubiese sido más lógica: «La Asamblea y el Pueblo de Melilla, a todos los que..», como sí reza en el Alcázar de Segovia, en el monumento a los Héroes del 2 de Mayo. El centenario y conmemoración del Desastre de Annual, coincidió con el gobierno tripartito, en 2021, que se celebró en un acto solemne y posterior desfile en la Avenida Rey Juan Carlos I. Quedó pues esa deuda pendiente por resolver.

El emplazamiento lógico de este monumento hubiese sido en la plaza de Héroes de España, pero los Héroes de Las Campañas ya están homenajeados y reconocidos en el monumento central de la Plaza de España, cuyo centenario se cumplirá en 2031. Aunque reconozcamos a todos aquellos que perdieron la vida en aquellas trágicas fechas, y que merezcan sin duda alguna la gratitud eterna de los melillenses, algo que hemos promovido siempre en este blog, se trata de un monumento sin consenso político, inaugurado apresuradamente, y en una posición que no le corresponde. Está situado de modo excéntrica. No se entiende tampoco que no se avisara a nadie para su inauguración. No fue la gente de Melilla, ni los representantes de la oposición autonómica. Si era una homenaje, no merecía ese vacío.

La construcción se desarrolló de modo apresurado esa misma semana, estando prevista su inauguración para marzo de 2026. Vimos desde el lunes 5, levantar las hiladas de ladrillo, sin aparente relleno interno, y sin esperar una consolidación más firme del cemento fresco, y seguidamente recubrir todo con las placas de mármol, para finalmente colocar las ménsulas con rostros femeninos, en forma de omega invertida. Un monumento así, merecía que la columna central fuese una pieza de mármol de un solo bloque, que hubiese asegurado su duración eterna. La apariencia es que es frágil y que tendrá problemas pronto. La placa central conmemorativa debería mencionar los nombres de todos los que llegaron a Melilla el día 24 de julio. Desde este blog, e incluso antes de que el Alminar existiera, ya insistimos en la necesidad de recordar a todos los que llegaron ese día. Para el recuerdo y la memoria eterna, los obelisco deben acabar en pico. A Melilla la salvaron todos.

Nota:La noticia del Rgto. de La Corona nº 71 | El Alminar de Melilla

Cuando se remueven cielo y tierra


Reflexiones sobre los terremotos de Granada.

De la tierra..

Dicen que cuando se remueven cielo y tierra, puede pasar cualquier cosa, y producirse sucesos insospechadas o no previstos, que alteren devenir vital. Nuestro mundo se encuentra sobre gigantescas placas de rocas sólidas, de muchos kilómetros de espesor, que llamamos placas tectónicas, y en conjunto, corteza. Toda esa inmensidad se mueve sobre una pasta viscosa y ardiente a la que denominamos manto. Las grandes placas tectónicas, de volúmenes inimaginables, se mueven, chochan entre si, se empujan, e incluso se meten unas debajo de otras, y se funden o crean corteza terrestre nueva. Las grandes placas tectónicas se componen de fragmentos corticales, limitados por fallas, que a modo de mosaicos geológicos, forman el mundo que habitamos. Esos choques de las placas, o las rupturas y desplazamientos de los fragmentos, provocan los movimientos sísmicos que agrietan ciudades, edificios y carreteras, desde Alhucemas y el Mar de Alborán, hasta la ciudad y provincia de Granada. Ponemos estos parámetros para limitar el espacio físico que nos concierne, y en el que está nuestra Melilla. Granada sufrió una serie de terremotos en 2021, que han tenido una serie nueva en 2026. mientras que Melilla sufrió el gran terremoto de 2016, el más grande registrado en la zona, y que tuvo un movimiento constante a lo largo de todo ese año. Las tensiones entre las placas y fragmentos acumulan una enorme cantidad de energía, que se libera cuando una zona o punto concreto se rompe o desliza, y libera toda esa energía acumulada a lo largo de años o décadas.

Al cielo

Lo que se mueve en la tierra es visible. Deformaciones en los suelos blandos, como las carreteras. Fracturas en los suelos duros y también las grietas y derrumbes en los edificios y construcciones de otro tipo. ¿Pero cómo sabemos qué ocurre en el cielo, que resulta ser una ilusión óptica, pues solo hay Cielo en la Tierra?

En el pasado mes de septiembre, en un viaje a Granada, pudimos comprobar los daños producidos en las escaleras mecánicas y ascensores del Metro de la capital. Grietas en paredes y derrumbes, y también en la ciudad de Santa Fe, de la que ya hemos escrito. Los efectos sobre el cielo los pudimos comprobar en una boda en la Capilla del Sagrario, situada junto a la Catedral. Y observamos esa remoción del cielo en una novia, que acudía a casarse en una de las capillas más solicitadas de la Diócesis granadina. La novia resulta ser lo más vistoso en una boda tradicional, celebrada frente al Padre Eterno. Seguro que reservó la fecha y el lugar con al menos un año de antelación. Lo que no podía intuir o imaginar esa novia, es que se casaría frente a la mismísima Patrona de Granada, la Virgen de las Angustias, que solo una semana antes había sido trasladas desde su Santuario, debido a los daños provocados por la serie de terremotos, que se produjeron desde los días finales del mes de agosto. Probablemente constituyó una coincidencia afortunada para ellos, casi un guiño del destino, o de los cielos, el que esos novios se casasen, de modo imprevisible, frente a la Patrona de su ciudad.

Este artículo, reflexión, y ejercicio literario estaba ya previsto. Pero toda previsión quedó alterada en el mes de septiembre. Es también algo que ya habíamos hecho en 2012, en el primer año del Alminar. Unir dos hechos disímiles y sin ninguna conexión aparente. Una  integrante silenciosa de la anónima comunidad alminariense, nos había pedido hace tiempo, si podíamos volver a conectar, aunque de manera ocasional, con el estilo imperante en esos años del Alminar oculto, cuando nuestros lectores diarios no llegaban al centenar, y que fue nuestro génesis.

Nota:La torre herida por el rayo | El Alminar de Melilla

La ciudad y los helicópteros


Nos hemos acostumbrado a oírlos. En Melilla son una sensación de seguridad y también de inquietud. Hemos aprendido a distinguir los vuelos rutinarios de los alarma o los de salto a las vallas del perímetro. En la península no suelen escucharse, salvo los de la costa, o los de extinción de incendios. Si los escuchas sobre las carreteras, es que debes tomar precauciones, pero todo eso suele ocurrir en verano. Lo normal es no oírlos. Si se escuchan se asocian a una señal de alarma. Los grises de los barcos de La Armada suelen verse en Cádiz, y atraviesan el cielo como los rayos, y con gran estruendo. Suelen ir a baja altura.. Se despliegan en misiones de adiestramiento y de vigilancia.

Los familiares y amigos peninsulares preguntan siempre si vivimos con miedo, pero eso no. Los melillenses, e imagino que ahora también los ceutíes, lo que vivimos es con incertidumbre, pero no sobre el futuro de las ciudades, que nadie verá otro mas que el actual, sino por el periodo que atañe a una vida, a una generación. Eso es algo que no existe en ninguna otra ciudad de España. Nadie malgasta un solo minuto de su tiempo en pensar sobre el futuro de la ciudad, o el propio en ella, y en sus calles. Melillenses y ceutíes estamos acostumbrados al tránsito, a ver desaparecer a amigos y conocidos de toda la vida, y a encontrártelos luego por las ciudades del sur peninsular, mayoritariamente. Esa es una de las leyes de Melilla, la sensación interna del nómada, del éxodo permanente, de la diáspora.

No esperábamos un mes tan agitado en septiembre, pero el 30 de julio cambió todo en Ceuta y en Melilla por el efecto de los vasos comunicantes. La incertidumbre ha tomado cuerpo, y se pasea como un fantasma por las calles de la ciudad. Se habla menos, se miran las cosas de otra manera. Eso sí, la población de ambas ciudades están acostumbradas al acoso, al asedio, al cierre a cal y canto de las fronteras, al incumplimiento de los Tratados firmados entre España y Marruecos. La pretensiones sobre la soberanía de ambas ciudades son como un espantapájaros que agitan al otro lado de la frontera, pero que esta vez se han sustanciado en forma de una invasión poblacional multitudinaria. Nadie sabe, porque es secreto de Estado, cuántas personas han entrado, cuántas han salido, ni cuántas quedan. El asalto a las fronteras españolas en Ceuta ha tenido un doble objetivo, uno probar cuántas personas pueden entrar en un máximo de dos días (100.000), el otro es la erosión de la ciudad, el socavamiento de la cohesión interna, de la confianza en el futuro personal, que no el de las ciudades.

Pero el futuro que nos importa es el que podemos ver, el que nos atañe directamente, y el que podemos dejar previsto en un periodo de tiempo razonable. Todo eso ha saltado como un cristal al que arrojas una piedra de gran tamaño. Toca reconstruirlo todo, mientras la batalla política se torna en ver quién se acerca más a la verdad, sin mentir de un modo ostensible. Mientras tanto los helicópteros sobrevuelan y recorren el perímetro y lo vigilan todo, incansablemente. Ellos seguirán ahí, nosotros también. Hay que mantenerse, por todos los que se mantuvieron en la larga noche de los 400 años.