Agosto, mes de banderas rojas


Banderas rojas en Melilla

    Agosto fríe el rostro. En Melilla, en el Rif, el calor es especialmente sofocante. El predominio del viento de levante durante todo el verano, con la consiguiente prohibición de bañarse, está exasperando a los melillenses, que empiezan a no hacer caso de “las banderas rojas”, como puede verse en la imagen de esta mañana. La imprudencia y el desafio, a veces nacen de la desesperación, y esto es lo que está sucediendo en la ciudad. Está haciendo mucho calor, el levante no da tregua, y la única vía de escape es el baño. Hasta la villa más pequeña de España, tiene una piscina municipal de verano, o una zona recreativa de baños. Aquí carecemos hasta de ese tipo de instalaciones. La desesperación lleva al desafío. No es otra cosa.

          En cuanto a lo del viento de levante, ya lo dijo el almirante de la Mar Océana, Cristobal Colón, que al ser preguntado por la conveniencia o no de la conquista de Melilla, afirmó que: “No era cosa de provecho al estar situado su puerto en el lado de levante, y que resultaría más dificultosa su conquista, que proseguir la conquista de las Indias”. Su razón fue completa, ya que hasta bien entrado el siglo XX, no se consiguió dominar y edificar un puerto seguro para la navegación. Además, la conquista de Melilla retrasó el último de los viajes del Almirante, ya que fue necesario emplear una gran flota para el desembarco en la ciudad.

Los soldados rusos en Afganistán


    En un ejército regular y de reemplazo, no hay forma de desobedecer una orden, ni por parte de los militares profesionales, ni de los soldados en filas. El 25 de diciembre de 1979, el ejército soviético entraba en territorio afgano, cumpliendo una orden del Estado, del Politburó. Han pasado muchos años y vivimos una época sin memoria, en la que a nadie le importan los antecedentes. El problema afgano sigue tal cual estaba hace 40 años, solo que ahora “la misión internacional”, cuenta con el apoyo de la ONU y con el beneplácito de Occidente. Cuando los soldados soviéticos entraron en suelo afgano, en las navidades de 1979, tenían como objetivo una misión internacionalista, de rango similar a las actuales.

     Sin embargo, la situación política internacional era muy diferente en aquel entonces, y el hecho fue aprovechado por los Estados Unidos para debilitar la situación política y económica de la entonces Unión Soviética. En los nueve años que duró la ocupación rusa, los señores afganos de la guerra, recibieron más de 100.000 millones de libras esterlinas en material militar, en apoyo logístico y en asesoramiento militar, proveniente de una o otra manera, de los estadounidenses. Los rusos no esperaban mucha resistencia y estimaban que su presencia en apoyo de la débil República Popular de Afganistán, no se prolongaría más allá de 3 años.

      En los nueve años, un mes y 19 días de intervención soviética, pasaron por el territorio de Afganistán más de 620.000 efectivos militares, en su mayor parte soldados de reemplazo. En esos 9 años tuvieron 14.453 víctimas mortales, y mas de 53.000 heridos, de diferente consideración, según las fuentes estadounidenses. La trampa afgana provocó el agrietamiento interior del Estado soviético, acentuó el colapso económico, y creó un malestar social (no expresado en los controlados medios de comunicación), que llevó a la retirada del ejército en febrero de 1989, siendo el general Boris Gromov el último militar ruso en abandonar suelo afgano, por el puente de La Amistad, sobre las aguas del río Amu-Daria. Era el comandante en jefe de las fuerzas soviéticas en Afganistán.

             Svetlana Alexievich, ¿Un premio a la narrativa antisoviética?

        Reconozco que me gustó mucho el libro de Svetlana Alexiecich sobre la catástrofe nuclear de Chernobil. Narraba lo sucedido de un modo muy original, sin caer en la historia antisoviética. Me alegró también saber que había escrito un testimonio sobre los soldados rusos en Afganistán (1979-1989), y estaba esperando su traducción. Mi decepción al leerlo ha sido profunda y completa. Ahora sé que el premio nobel concedido a la autora bielorrusa, premia su visión antisoviética de la historia. Llegué a pensar que Occidente, 25 años después de la desaparición de la URSS, había cambiado, pero sigue premiando lo mismo en los autores rusos, la disidencia y la visión capitalista de la historia. El capitalismo no perdona la existencia de la Unión Soviética, ni siquiera después de su desaparición. La intervención en Afagnistán provocó el boicot de los Estados Unidos a los juegos olímpicos de Moscú 80

                 Los rusos en Afganistán, según la Nobel Svetlana Alexiévich

         Svetlana escribe muy bien, algunos de sus testimonios son realmente magníficos, impactantes, especialmente las cartas de las madres que perdieron allí a sus hijos. Sin embargo, no contextualiza los hechos y desde el primer hasta el último testimonio, la dirección es única, presentar a los militares soviéticos como una agrupación de delincuentes, sin ideales, cambistas desaforados en los ducán (tiendas de cambalache de los afganos), borrachos, asesinos, drogados e incluso fascistas. Al menos es lo suficientemente honesta, como para incluir en el libro todas las denuncias que le interpusieron sus interlocutores, por la manipulación de sus relatos. Los muchachos de zinc (ataúdes en los que volvían los soldados fallecidos), no es el testimonio que merecen las 14.453 vidas que se dejaron los soviéticos en aquellos valles, teniendo en cuenta que eran soldados de reemplazo, que se convirtieron en héroes a la fuerza.  Cualquier guerra es sucia, no hay nada de romántico en ella. La guerra es el peor de los instrumentos políticos de la humanidad. Ningún ejército resiste que se le “abran sus tripas”, y se muestre ante el mundo como se consigue la cohesión interna, cómo se ejerce el mando, en qué consite una victoria militar. En eso el testimonio general es  tendencioso y denigratorio para con los militares rusos. Alude constantemente a “una verdad que no puede ser revelada”, pero no la hay, salvo la dura y brutal verdad de la guerra, de cualquier guerra.

                Los muchachos de Zinc, testimonios seleccionados:

1- Nosotros fuimos el primer reemplazo de las tropas que intervinieron en Afganistán.. No obedecíamos a una idea, obedecíamos a una orden, Las órdenes no se discuten, si empiezan las disputas entonces ya no es un ejército.

2- A mi mejor amigo, que era como mi hermano, me lo traje de una incursión metido en bolsas de plástico, la cabeza por uno lado, las piernas y los brazos por otro. Lo habían desollado como a un jabalí. No hay otra verdad.

3- En una guerra, matar es solo apretar el gatillo. Sobrevive el que dispara primero. Aquí debéis hacer dos cosas, andar con rapidez y tener buena puntería.

4- Los perros eran de mucha ayuda. Un guardián puedo dormirse, un perro jamás. Estábamos en una trinchera, ya habíamos hecho explosionar un artefacto. Yo salí un momento y cuando volví a saltar adentro: Bam, una explosión. Yo solía llevar un torniquete en la culta de la ametraladora. Yo ya lo sabía, le grité a soldado: ¿Por dónde estás haciendo el torniquete?. Por debajo de la rodilla camarada teniente. Tte. zapador.

5- Un fogonazo, un chorro de luz y ya está. ¿Los brazos? Sí, los tengo. ¡¡Mis piernas!! , ¿dónde están mis piernas?. Capitán, piloto de helicóptero.

6- Nos disparaban con un lanzagranadas. Tuve tiempo de girar la ametralladora, eso me salvó. Yo apretaba, pero la ametralladora continuaba en silencio; luego me miré: tenía el brazo colgando, quemado.  A mí me parecía que estaba apretando con el dedo, pero no tenía dedos.

7- Aquí comprendí que la mina más terrible es la italiana. A las víctimas de esa explosión las tienen que recoger con un cubo.

       De aquí surgieron las leyendas que leíamos en Occidente, acerca de los ataúdes que volvían vacíos, o llenos de opio, o con visones para los jerarcas del partido. La realidad es que la mayoría de los ataúdes volvían vacíos porque no habían nada con qué llenarlos. La mayor parte de las víctimas soviéticas eran por causa de explosiones y no quedaba casi nada de ellos.

          Después de 40 años nada se ha resuelto en Afganistán, el país mayor productor de opio del mundo, en el que se incubó la amenaza del islamismo más radical, y que hoy está diseminado por todo Oriente. En la 2ª guerra del Golfo, 2003, se causó un daño a las infraestructuras del país y a la población civil, en solo un  año, mucho mayor que el causado por los rusos en Afganistán en 9 años. Lo único que ocurre es que no hay nadie que nos lo cuente, porque los medios de comunicación están tan controlados como en Rusia en el periodo soviético. Solo recibimos la información que ellos quieren, como es el caso de este libro, que ha traspasado las fronteras mundiales, gracias a la concesión del Nobel a su autora.

     Fotos: englishrussia.com

Psicosis terrorista


                                                         Construir al enemigo

         Hace años, en Nueva York, me tocó un taxista cuyo nombre era difícil de descifrar y me aclaró que era paquistaní. Me preguntó de dónde era y le contesté que italiano. Me preguntó cuántos éramos y se quedó asombrado de que fuéramos tan pocos y de que nuestra lengua no fuera el inglés.

         Por último me preguntó cuáles eran nuestros enemigos. ¿Perdone?, aclaró despacio que quería saber con qué pueblos estábamos en guerra desde hacía siglos por reivindicaciones territoriales, odios étnicos, violacaciones permanentes de fronteras, etcétera. Le dije que no estábamos en guerra con nadie. Con aire adolescentes me preguntó quiénes eran nuestros adversarios históricos. Le repetí que no los tenemos, que la última guerra la hicimos hace más de medio siglo (II Guerra Mundial), y que la empezamos con un enemigo y la acabamos con otro. 

         No quedó satisfecho. ¿Cómo es posible que haya un pueblo que no tenga enemigos?. Nada más bajarme, le dejé dos dólares de propina, para recompensarle por nuestro indolente pacifismo. Umberto Eco

           Están cambiando nuestros hábitos personales y sociales. Hace unos años, no suponía un problema encontrarse una mochila, una maleta  o un bolso en la calle. Nosotros mismos la recogíamos y la llevábamos a “objetos perdidos” o a la comisaría más cercana. Hoy, hacer algo así parece una temeridad, una acción arriesgada. Un artificiero sabe de sobra cuándo un objeto perdido y depositado en el suelo puede contener una bomba. Sin embargo, en la situación actual cualquier cosa es posible, y una amenaza puede surgir de cualquier lugar y en cualquier momento. En cualquier capital europea, la presencia de soldados en las calles es algo normal. Hace décadas se hubiese considerado algo casi intolerable.

             Esta mañana, el Paseo Marítimo estaba cortado. Alguien había perdido o dejado intencionadamente una mochila en la acera. Crear alarma social empieza a resultar fácil. Estamos en una situación de guerra psicológica, de amenaza difusa pero constante. En ese estado de alarma, es posible aprobar leyes como la conocida como “ley mordaza”, o limitar derechos y garantías judiciales.

            Ya nunca estaremos sin enemigos. Hace décadas fue el comunismo, el eje del mal, o el programa nuclear iraní. Saddam Husseín y Muamar el Gadafi eran amigos de Occidente en un tiempo ya lejano y casi olvidado. Curiosamente, al que fuera el mayor mal que haya conocido el Planeta, el nazismo; se le dejó hacer hasta que todo fue inevitable. Acabar con la hidra nazi costó 50 millones de vidas humanas, una cifra espantosa. El Estado Islámico, cúmulo de terrorismos de diverso tipo, surge de los inmensos errores que supusieron las dos Guerras del Golfo, y de la destrucción del estado Sirio.

             Al enemigo ahora no se le ve, puede ser cualquiera, desde un mercenario entrenado, hasta un conductor de grúas enajenado, o un soliviantado guerrero de la fe. No hay manera de defenderse de algo así. El enemigo que ahora nos acecha, está ahí desde hace mucho.

           Nota:https://elalminardemelilla.com/2016/07/18/el-origen-del-mal/

Las avispas de Las Culturas


                Los niños/as son grandes y atrevidos exploradores. Son ellos los que han descubierto al presencia de dos nidos de avispas en la esquina del baluarte de San Fernando, justo al lado de la embocadura del túnel de Santa Ana. En el pasado verano y otoño, fueron varios los niños que resultaron picados por las avispas, que siempre buscan lugares cercanos al agua para establecer sus colmenas.

                           Las referencias hacen pensar en que son avispas amarillas, por lo general bastante más agresivas que las avispas papeleras. Las avispas amarilla suelen buscar oquedades en las paredes, y lugares cerrados para establecer sus colmenas. Pueden picar llegar a  picar varias veces y también hacerlo en enjambre, se sientan atacadas o no.

                        Su presencia en un área llena de niños, y el pasado historial de picaduras, obligan a  actuar de modo inmediato, y eliminar estos nidos, y buscar otros más, que pudieran estar establecidos en lugares menos visibles. Es una zona de gran tránsito.

                          No deja de ser paradójico, y casi una advertencia, que la nueva plaza de Melilla, la del siglo XXI, el de la convivencia y la modernidad, sea también, lugar de asentamiento de avispas. Hay que estar siempre vigilantes y nunca dar nada por seguro, ni por establecido. Para mantener todo, siempre hay que trabajar, dedicar esfuerzo y atención constantes.

La madre del cordero


 

 

        El cielo está emborregado, quién lo desemborregará; el desemborregador que lo desemborregue, buen desemborregador será.

La protesta contra “los manolitos” en Melilla

      Todo se comunicó con demasiada antelación. En el mes de marzo la multiconsejera Paz Velázquez anunció que el presente año no se permitiría el paso de borregos desde Marruecos y que la prohibición duraría dos años. En un lapso de tiempo tan largo, da tiempo a explicar y también a cometer muchos errores, y la multiconsejera los ha cometido; el principal hace unas semanas cuando dijo que: “el que no quiera celebrarlo en Melilla, puede irse a otro lugar” (léase Marruecos, a su tierra). Una frase así debe costar el puesto, al menos el de la presidencia del Instituto de las Culturas.

            El segundo hecho que llamó la atención es que fuera lanzado el aviso, el redoble del tambor de guerra, desde la consejería de Sanidad, y no desde la Delegación del Gobierno, que es la que tiene las competencias en materia de Sanidad Exterior. En todo este tiempo ha faltado, de modo absoluto, el diálogo. Ante una situación como la de la fiebre aftosa en Marruecos, que es real y está sucediendo; lo primero que debe hacerse es iniciar el diálogo con todos los interlocutores sociales, y con todos los sectores sociales  afectados. Primero se habla, se pone toda la información sobre la mesa, y luego se transmite a la sociedad lo que está ocurriendo. Esto no se hizo desde el principio y ahora estamos ante una situación de conflicto. No se entiende que la CIM (Comisión Islámica de Melilla), no ses un interlocutor ante las administraciones, y ni siquiera esté presente en la Mesa Interconfesional, que debería ser disuelta por su irrelevancia social y política. Existe también un conflicto con los veterinarios de la ciudad, y la negativa a renovar el acuerdo de colaboración por parte del Gobierno local, que tampoco se ha querido explicar Estos son los errores en este lado del campo, ahora vamos a intentar desentrañar los del otro lado.

            En el lado del Voluntariado Islámico (VIAS), Coalición por Melilla, CIM, se aprecia una falta de una voz unificada y consensuada. Hay muchas voces, lo cual es saludable, pero no parece estar todas en la misma sintonía. No queda claro, en ninguna circunstancia, el por qué del rechazo a “los manolitos”, denominación genérica con la que se conoce ya a los borregos peninsulares, cuando probablemente vengan de ganaderías con el certificado “halal” en sus etiquetas. Hay un principio de desacuerdo en el interior de la Comisión Islámica, con una dimisión no llevada a cabo de su presidente

           Es un hecho, que uno de los importadores de los borregos, ya los trajo hace dos años, y es el propietario de las carnicerías Sidi en Melilla. También es cierto que el año pasado no pudo traer, porque se le denegó el permiso, borregos a nuestra ciudad, como era su intención. Es lógico y lícito el intentar cubrir la demanda anual de borregos en Melilla, mediante una iniciativa empresarial, y crear una línea de demanda. Lo que resulta difícil de aceptar es que se haga mediante una imposición, cuya justificación sanitaria no ha alcanzado al sector social afectado.

          Es real la presencia de la fiebre aftosa en Marruecos. No se ha explicado, ni nadie lo ha dicho todavía, cuál podría ser esa medida excepcional, que todos parecer tener en mente, si el conflicto llega a una situación de no retorno. La intención última no se ha puesto sobre el tapete, aunque pueda intuirse. Hay quienes juegan con cartas marcadas, y quienes lo hacen con dos barajas.

     Lo grave, es que al final de todo, la brecha social y económica que divide la ciudad, alcance también al aspecto cultural y religioso, en cuyo caso, Melilla puede ir guardando en un armario el lema de “ciudad multicultural”. Sarajevo también lo fue, y hasta ciudad olímpica.

      Nota:https://elalminardemelilla.com/2016/03/11/el-silencio-de-los-borregos-en-melilla/

El Gurugú calcinado


         El Gurugú calcinado en las escarpadas e inquietantes laderas del Barranco del Lobo. Melilla siempre ofrece una noticia al mundo en los meses de julio o agosto. El monte Gurugú, sus vertientes, sus barrancos,  han calcinado también muchas vidas a lo largo del siglo XX. Su fama y su nombre no se extinguirán nunca. Frente a la casa de mi hermano en Sotosalbos, se extiende la sierra de Malangosto. Su visión, cada año, en época estival también, me resulta tan atrayente como la contemplación del Gurugú y su amenazante presencia. La diferencia, es que aparte de la similitud o no entre ambas montañas, nadie vivo recuerda el más mínimo acontecimiento en las laderas de Malangosto, en los últimos diez siglos, salvo la suspensión de alguna que otra romería o de algún incendio que nadie recuerda.

            Siempre hay que regresar, una y otra vez, con la perseverancia del borrico en la noria, al punto de partida, al lugar en que nos esperan pacientemente. Cualquier espacio que dejemos vacío, lo ocuparán. Aquello que no defendamos nosotros, no lo hará nadie. Hay retiros programados que no dan el fruto buscado, y otros que no se programan, que surgen de las circunstancia, pero que ofrecen algo que no se había buscado. Siempre habrá motivos  para alejarse de todo, pero siempre existirán más razones que nos obliguen a seguir. Bajo un calor abrasador, con todo calcinado a nuestro alrededor, pero volvemos.

Ajedrez en Sotosalbos


 

                Sotosalbos es un pequeño municipio de la provincia de Segovia, de poco más de 130 habitantes y el doble de superficie que Melilla. Lo más que aciertan a decir las crónicas históricas es que el pueblo quedó fijado para el dominio castellano en la campaña de 1086, llevada a cabo por Alfonso VI y que fijó la frontera peninsular hispánica, entre cristianos y musulmanes, en el río Tajo.

                    Siempre hay que fijar un punto desde el cual volver a comenzar. El pasado 2 de agosto, se celebró en la localidad un torneo de Ajedrez. No había vuelto a tocar las piezas de este juego desde hace más de 15 años. Junto con mi padre, Fernando Delgado, teníamos las fichas federativas más antiguas de Melilla, pero fuimos expulsados de la Federación melillense de Ajedrez, por pedir que se celebran elecciones, como en cualquier otra federación, en los últimos años de la década de 1980. En aquellos años, los hábitos democráticos no habían impregnado todavía el tejido cultural y deportivo de la ciudad.  Todos los firmantes de la declaración para pedir elecciones fueron o fuimos expulsados. Un año antes, en 1988, se había celebrado en nuestra ciudad en Campeonato de España Juvenil. En aquellos momentos yo era el secretario de la federación. A pesar de que conseguimos abrir la federación y el deporte del ajedrez a la ciudadanía melillense, nunca nos devolvieron las licencias federativas. mi padre era una de los mejores jugadores de aquella época, y organizador también de muchos torneos, como el memorial de su amigo Andrés Invernón, junto al entonces presidente del Casino del Real, Manuel Benítez.

             El torneo de Sotosalbos se celebró en los salones de la Casa Consistorial y contó con la presencia de 49 jugadores, algunos con puntuación ELO superior a 1400 puntos. Se disputó bajo la modalidad suiza, con 15 minutos para cada jugador. En el ajedrez ya no suele haber distinción de sexo o edad en muchos torneos. Todos/as  juegan contra todos/as, y se van emparejando según  los resultados que se vayan obteniendo. En el 11º lugar se situó Valentina Plamenova, campeona de España de 2015 en la categoría de 8 años, y con una puntuación ELO de  1361. El ganador  Alberto Bernardo, de 14 años, con puntuación ELO de 1713.

           En mi caso supuso un reencuentro con parte de mi historia y de mi pasado. Jugué 6 partidos, venciendo en 3 y perdiendo en otras tantas, quedando justo en la mitad de la clasificación. Ahora, gracias al Alminar, poseo la capacidad de contar las cosas tal y como fueron, para dejar la memoria en su justo lugar.