Los tres niveles de una visita Real


La intrahistoria periodística, de la visita de Los Reyes a Melilla

El 14 de octubre de 2026 quedará como una jornada histórica para Melilla, tras la visita a la ciudad, por primera vez en su reinado, del Rey Felipe VI y la Reina Letizia. Casi 100 años después de la última visita del Rey Alfonso XIII (1927), y tras casi dos décadas de la anterior visita Real, la de Juan Carlos I en 2007. Tres visitas Reales en 100 años. No es mala cifra.

Lo que nos interesa resaltar ahora, son los tres niveles en los que se materializa esa visita. Una es el nivel más visible, el más amplio, el popular, el de la ciudadanía. Es el que más interesa resaltar, el del contacto directo del Pueblo, en el que reside la soberanía nacional, del que emanan todos los Poderes. En teoría y sobre el papel, todo se hace en su nombre y por delegación, en el bautismo de las urnas, al que tanto se teme, y al que tanto se condiciona en su voto. Las calles llenas, miles de rostros e imágenes privadas y públicas, que serán mostradas en televisiones, en plataformas digitales, en la prensa escrita, en las revistas. Son cientos las opiniones y testimonios recogidos en las calles. Eso sí, tiene un condicionante grande, y es que solo se puede escoger un emplazamiento. Luego es difícil moverse entre las zonas acotadas. La suerte consiste en llegar pronto y que por ese lugar pasen los monarcas, la Jefatura del Estado. En esta ocasión, han sido un millar de ciudadanos los que han podido saludar físicamente a los Reyes, y tener una imagen con ellos. Los Reyes recorrieron casi un kilómetro de vallas, de modo completo, para saludar a la mayor cantidad de gente posible.

El otro nivel es el del estamento oficial, el más cercano de todos, y también el más restringido. Los cargos políticos elegidos de modo directo por el Pueblo, los designados por el gobierno de turno. Los representantes locales, los de los poderes del Estado, de las Fuerzas de Orden Público y Militar. Los representantes de asociaciones constituidas en toda la ciudad. Todos ellos asisten a la recepción oficial, y comparten momentos y saludos con los Reyes, y también tienen fotos individuales. En teoría representan a la ciudadanía que estaba en la calle.

El tercer nivel es el de aquellos que hacen posible todo esto, los periodistas acreditados para cubrir estas visitas, y luego divulgarlas. Son los colaboradores necesarios de la verdad política, aunque paradójicamente tengan luego «mala prensa», son la alfombra a la que todos sacuden cuando no reflejan aquello que que quieren, o del modo en el que debe ser. Es el nivel más sacrificado. Son los que están más cerca de todo, pero en los que nadie se fija. Casi nadie los saluda o reconoce. No hay fotografías colectivas de ellos, ni con ellos tampoco. Están en todo, en espacios muy acotados, con distancias mínimas de aproximación. Son movidos continuamente, como los peones de un tablero de ajedrez. Por su lado pasan los alfiles, las torres, los caballos y por supuesto, los Reyes del tablero. Son imprescindibles, cubren toda la visita palmo a palmo. Toman centenas de imágenes, que deberán seleccionar in situ, para las agencias o sus medios, y con suerte verán publicadas una pocas, o un minutaje relativamente corto, después de 12 horas de trabajo. Cambian de un lugar a otro, pero de eso nadie se dará cuenta jamás. Sin embargo, es la labor más interesante, la más satisfactoria, la más vigilada, de la que más recela el Poder Público, porque es sobre la que reposa todo este entramado. Y no es fácil entrar en ese grupo. El Alminar de Melilla lo ha conseguido.

Los Reyes de España en Melilla


Felipe VI y la reina Letizia visitan la ciudad Melilla

La visita cursada a las ciudades de Ceuta y Melilla, primera en sus 12 años de reinado, iniciado en junio de 2014, soluciona una anomalía institucional e histórica, para con las dos ciudades norteafricanas. Se contarán tantas historias y opiniones como asistentes a los encuentros llevados a cabo en cada ciudad. Nuestro compromiso, el de este blog, es con la ciudad de Melilla, y supone un regalo histórico, el poder cubrir en directo, algunos de esos momentos en las calles de nuestra ciudad, no todos. Por eso seleccionamos dos puntos clave, un la llegada a la plaza de España, en donde ya estuvieron SS. MM. los Reyes Juan Carlos I y Sofia en 2007, y el otro el barrio de La Victoria, un lugar inédito en la visita no solo del actual Rey Felipe VI, sino en el de cualquier Jefe de Estado que haya visitado la ciudad a partir de 1860. Esta ha sido la gran novedad introducida en el viaje de Felipe VI y la reina Letizia, a Melilla, única capital española que no habían visitado hasta ahora.

La entrega con el pueblo, con la gente, con los habitantes de Melilla ha sido total. Han recorrido paso a paso y mano a mano, las filas del público asistente, sin desatender una fotografía, una firma, un selfie, un abrazo, un saludo o una pequeña confidencia o frase amable. Han saludo a más de mil personas una a una, unas cifras insólitas para este tipo de visitas de Jefes de Estado. La población de Melilla ha respondido y ha llenado calles y plazas, a la vez que las dejaba casi vacías de circulación para la comodidad de la visita Real. Quizá esa entrega ha sido una manera de compensar de de reconocer que esa ausencia tan larga, has sido injusta, pero no por la voluntad de la Casa Real. Quién se lea la Constitución vigente sabe que Los Reyes no viajan a donde quieren, sino a a donde les autoriza el gobierno de turno. Lo mismo ocurre con sus discursos. El margen de maniobra es escaso y casi imperceptible. Con esta visita queda todo en paz, y las cuentas afectivas e institucionales saldadas.

Una visita como esta, histórica por sí misma, y con un elevadísimo contenido institucional, no puede desdeñarse, y hay que hacer lo que sea necesario, para dejar testimonio de ella en El Alminar de Melilla. Reconocemos que tras 15 años de escritura constante, este sería un adecuado epílogo, o al menos el principio más digno posible para una etapa final. No va a ser así, o quién sabe, porque todo tiene principio y final, aun cuando a veces, el final sea el principio. Han pasado 15 años, en la otra visita Real, la de 2007, no existíamos, aunque ya éramos. Ahora sí dejamos constancia de ello.

¿Qué imágenes designar entre cientos? ¿Cómo hacer ver que una visita a Melilla es más significativa que 50 a cualquier otra capital? Es difícil. Hay que haber vivido aquí o seguir haciéndolo. Aquí el tiempo se contrae y una década parece un siglo. Una visita intensa, una jornada larga, de esas que no te imaginas o esperabas ver, y que al final ocurre. No se le puede sacar en las fotografías, de entre los miles que se han hecho, pero el personal de Seguridad de la Casa Real ha estado magnífico, atendiendo a los periodistas y sus requerimientos, vigilando a los Reyes y pendientes del público y de cada circunstancia. El Sol se desplomaba con ganas sobre le reinaugurada Plaza de España y ha habido varios desmayos. Contener y vigilar tantos parámetros requiere una dedicación y concentración absoluta.

Estamos en época electoral, los debates afectan a casi todo, y hay campañas a la vista de todos y otras sumergidas en los fondos. Hoy la Casa Real ha hecho campaña por sí misma, y ha superado todas las expectativas. La forma del Estado es un debate secundario, lo que importa es su contenido, y el actual satisface a la mayoría, al menos en los 12 últimos años, con una imagen moderna y dinámica, capaz de contener a todos, que no contentar. El refrendo de la Casa Real, de la Monarquía, es la cercanía y la entrega para con su pueblo, y la manera de ponerlo en valor, es la que hemos visto, con entrega absoluta. Con esta visita damos por cerradas muchas cosas.

El monumento al Socorro


El monumento al Socorro de Melilla fue presentando en sociedad el 24 de julio de 2025, a las autoridades, en el Salón Dorado del Ayuntamiento de Melilla. Es obra del escultor y docente Jesús García Ligero, que describe así su monumento: «Concebido no como una alegoría bélica, sino como un canto al auxilio, al esfuerzo colectivo y al reconocimiento». Es una alta columna recubierta de mármoles blancos, de gran impacto visual, de base escalonada, con una reproducción de las caras modernistas que adornan muchos edificios melillenses. También hay cuatro figuras masculinas que representan a todos los soldados caídos en los trágicos acontecimientos de 1921.

El ejército español fue aniquilado a partir de las 22h 30′ del día 21 de julio. A las 05h 00 del día 22 de julio, el General Silvestre está todavía vivo, y el Ejército está todavía sobre la llanura de Annual. El ejército de Abdelkrim empieza a presionar sobre los flancos, en las primeras hora del día. A las 10h 00 se decide el abandono del campamento y se inicia la desbandada. El Rey Alfonso XIII es informado en la tarde de ese mismo día e inicia el regreso a Madrid, desde San Sebastián, en un tren regular. En la media noche de ese día el Ejército ya no existe. Caen o se abandonan las posiciones que flanqueaban la ruta de escape de Annual. Ese día de resistencia sin esperanza será decisivo para Melilla, porque fijará a las fuerzas de Abdelkrim en la zona, mientras el gobierno de España, reacciona ante la magnitud de la catástrofe y prepara la rápida respuesta. Empieza el auxilio a Melilla, es el 23 de julio. A lo largo de todo el día 23, fuerzas y posiciones españolas resisten, pocas, pero las suficientes para impedir la progresión de las fuerzas rifeñas hacia las inmediaciones de Melilla. Esos ejemplos de heroísmo final, sobre todo en Monte Arruit, donde el ejército salvado resistirá hasta la primera semana de agosto, dará el tiempo suficiente para cubrir todo el perímetro defensivo. El 24 se resiste o se defiende el ejército, en diferentes lugares, desde Zeluán hasta Nador en tierra, con Sidi Dris y Afrau en la costa, a vida o muerte, sin otras opciones. Todos esos muertos, la mayoría anónimos, sin esperanza alguna, salvarán a la ciudad. Lo mejor del monumento, son los soldados encadenados.

El 24, a las 08h 00, llega un batallón del Regimiento de La Corona, que marchará directamente a las líneas defensivas. Luego llega el Tercio de Extranjeros, con Sanjurjo al frente. Al final de la noche hay en Melilla 4 Regimientos: Borbón, Corona, Extremadura y Granada, juntos con dos Tabores de Regulares. En total 3149 efectivos militares. El día 9 de agosto, al día siguiente de la capitulación de Monte Arruit, hay en Melilla 25.806 efectivos.. Este es el auxilio a Melilla.

El monumento del Socorro

La inspiración del monumento (su musa) al Socorro, concepto creado en Melilla, es Elena Fernández Treviño, quien en febrero de 2021, en una acción sorpresa, desde su consejería de Cultura, decidió quitar la estatua de Franco, bajo las murallas de Melilla. El Partido Popular reaccionó, y presentó una moción para homenajear a todos los salvadores de la ciudad, y ahí se creó el concepto del «socorro». El recuperador de este concepto es Juan José Imbroda, entonces Senador popular, y líder de la oposición en la Asamblea de Melilla. Contamos todo esto porque es imprescindible mencionar el contexto, para entender porqué en la placa no existe la leyenda que hubiese sido más lógica: «La Asamblea y el Pueblo de Melilla, a todos los que..», como sí reza en el Alcázar de Segovia, en el monumento a los Héroes del 2 de Mayo. El centenario y conmemoración del Desastre de Annual, coincidió con el gobierno tripartito, en 2021, que se celebró en un acto solemne y posterior desfile en la Avenida Rey Juan Carlos I. Quedó pues esa deuda pendiente por resolver.

El emplazamiento lógico de este monumento hubiese sido en la plaza de Héroes de España, pero los Héroes de Las Campañas ya están homenajeados y reconocidos en el monumento central de la Plaza de España, cuyo centenario se cumplirá en 2031. Aunque reconozcamos a todos aquellos que perdieron la vida en aquellas trágicas fechas, y que merezcan sin duda alguna la gratitud eterna de los melillenses, algo que hemos promovido siempre en este blog, se trata de un monumento sin consenso político, inaugurado apresuradamente, y en una posición que no le corresponde. Está situado de modo excéntrica. No se entiende tampoco que no se avisara a nadie para su inauguración. No fue la gente de Melilla, ni los representantes de la oposición autonómica. Si era una homenaje, no merecía ese vacío.

La construcción se desarrolló de modo apresurado esa misma semana, estando prevista su inauguración para marzo de 2026. Vimos desde el lunes 5, levantar las hiladas de ladrillo, sin aparente relleno interno, y sin esperar una consolidación más firme del cemento fresco, y seguidamente recubrir todo con las placas de mármol, para finalmente colocar las ménsulas con rostros femeninos, en forma de omega invertida. Un monumento así, merecía que la columna central fuese una pieza de mármol de un solo bloque, que hubiese asegurado su duración eterna. La apariencia es que es frágil y que tendrá problemas pronto. La placa central conmemorativa debería mencionar los nombres de todos los que llegaron a Melilla el día 24 de julio. Desde este blog, e incluso antes de que el Alminar existiera, ya insistimos en la necesidad de recordar a todos los que llegaron ese día. Para el recuerdo y la memoria eterna, los obelisco deben acabar en pico. A Melilla la salvaron todos.

Nota:La noticia del Rgto. de La Corona nº 71 | El Alminar de Melilla

Cuando se remueven cielo y tierra


Reflexiones sobre los terremotos de Granada.

De la tierra..

Dicen que cuando se remueven cielo y tierra, puede pasar cualquier cosa, y producirse sucesos insospechadas o no previstos, que alteren devenir vital. Nuestro mundo se encuentra sobre gigantescas placas de rocas sólidas, de muchos kilómetros de espesor, que llamamos placas tectónicas, y en conjunto, corteza. Toda esa inmensidad se mueve sobre una pasta viscosa y ardiente a la que denominamos manto. Las grandes placas tectónicas, de volúmenes inimaginables, se mueven, chochan entre si, se empujan, e incluso se meten unas debajo de otras, y se funden o crean corteza terrestre nueva. Las grandes placas tectónicas se componen de fragmentos corticales, limitados por fallas, que a modo de mosaicos geológicos, forman el mundo que habitamos. Esos choques de las placas, o las rupturas y desplazamientos de los fragmentos, provocan los movimientos sísmicos que agrietan ciudades, edificios y carreteras, desde Alhucemas y el Mar de Alborán, hasta la ciudad y provincia de Granada. Ponemos estos parámetros para limitar el espacio físico que nos concierne, y en el que está nuestra Melilla. Granada sufrió una serie de terremotos en 2021, que han tenido una serie nueva en 2026. mientras que Melilla sufrió el gran terremoto de 2016, el más grande registrado en la zona, y que tuvo un movimiento constante a lo largo de todo ese año. Las tensiones entre las placas y fragmentos acumulan una enorme cantidad de energía, que se libera cuando una zona o punto concreto se rompe o desliza, y libera toda esa energía acumulada a lo largo de años o décadas.

Al cielo

Lo que se mueve en la tierra es visible. Deformaciones en los suelos blandos, como las carreteras. Fracturas en los suelos duros y también las grietas y derrumbes en los edificios y construcciones de otro tipo. ¿Pero cómo sabemos qué ocurre en el cielo, que resulta ser una ilusión óptica, pues solo hay Cielo en la Tierra?

En el pasado mes de septiembre, en un viaje a Granada, pudimos comprobar los daños producidos en las escaleras mecánicas y ascensores del Metro de la capital. Grietas en paredes y derrumbes, y también en la ciudad de Santa Fe, de la que ya hemos escrito. Los efectos sobre el cielo los pudimos comprobar en una boda en la Capilla del Sagrario, situada junto a la Catedral. Y observamos esa remoción del cielo en una novia, que acudía a casarse en una de las capillas más solicitadas de la Diócesis granadina. La novia resulta ser lo más vistoso en una boda tradicional, celebrada frente al Padre Eterno. Seguro que reservó la fecha y el lugar con al menos un año de antelación. Lo que no podía intuir o imaginar esa novia, es que se casaría frente a la mismísima Patrona de Granada, la Virgen de las Angustias, que solo una semana antes había sido trasladas desde su Santuario, debido a los daños provocados por la serie de terremotos, que se produjeron desde los días finales del mes de agosto. Probablemente constituyó una coincidencia afortunada para ellos, casi un guiño del destino, o de los cielos, el que esos novios se casasen, de modo imprevisible, frente a la Patrona de su ciudad.

Este artículo, reflexión, y ejercicio literario estaba ya previsto. Pero toda previsión quedó alterada en el mes de septiembre. Es también algo que ya habíamos hecho en 2012, en el primer año del Alminar. Unir dos hechos disímiles y sin ninguna conexión aparente. Una  integrante silenciosa de la anónima comunidad alminariense, nos había pedido hace tiempo, si podíamos volver a conectar, aunque de manera ocasional, con el estilo imperante en esos años del Alminar oculto, cuando nuestros lectores diarios no llegaban al centenar, y que fue nuestro génesis.

Nota:La torre herida por el rayo | El Alminar de Melilla

La ciudad y los helicópteros


Nos hemos acostumbrado a oírlos. En Melilla son una sensación de seguridad y también de inquietud. Hemos aprendido a distinguir los vuelos rutinarios de los alarma o los de salto a las vallas del perímetro. En la península no suelen escucharse, salvo los de la costa, o los de extinción de incendios. Si los escuchas sobre las carreteras, es que debes tomar precauciones, pero todo eso suele ocurrir en verano. Lo normal es no oírlos. Si se escuchan se asocian a una señal de alarma. Los grises de los barcos de La Armada suelen verse en Cádiz, y atraviesan el cielo como los rayos, y con gran estruendo. Suelen ir a baja altura.. Se despliegan en misiones de adiestramiento y de vigilancia.

Los familiares y amigos peninsulares preguntan siempre si vivimos con miedo, pero eso no. Los melillenses, e imagino que ahora también los ceutíes, lo que vivimos es con incertidumbre, pero no sobre el futuro de las ciudades, que nadie verá otro mas que el actual, sino por el periodo que atañe a una vida, a una generación. Eso es algo que no existe en ninguna otra ciudad de España. Nadie malgasta un solo minuto de su tiempo en pensar sobre el futuro de la ciudad, o el propio en ella, y en sus calles. Melillenses y ceutíes estamos acostumbrados al tránsito, a ver desaparecer a amigos y conocidos de toda la vida, y a encontrártelos luego por las ciudades del sur peninsular, mayoritariamente. Esa es una de las leyes de Melilla, la sensación interna del nómada, del éxodo permanente, de la diáspora.

No esperábamos un mes tan agitado en septiembre, pero el 30 de julio cambió todo en Ceuta y en Melilla por el efecto de los vasos comunicantes. La incertidumbre ha tomado cuerpo, y se pasea como un fantasma por las calles de la ciudad. Se habla menos, se miran las cosas de otra manera. Eso sí, la población de ambas ciudades están acostumbradas al acoso, al asedio, al cierre a cal y canto de las fronteras, al incumplimiento de los Tratados firmados entre España y Marruecos. La pretensiones sobre la soberanía de ambas ciudades son como un espantapájaros que agitan al otro lado de la frontera, pero que esta vez se han sustanciado en forma de una invasión poblacional multitudinaria. Nadie sabe, porque es secreto de Estado, cuántas personas han entrado, cuántas han salido, ni cuántas quedan. El asalto a las fronteras españolas en Ceuta ha tenido un doble objetivo, uno probar cuántas personas pueden entrar en un máximo de dos días (100.000), el otro es la erosión de la ciudad, el socavamiento de la cohesión interna, de la confianza en el futuro personal, que no el de las ciudades.

Pero el futuro que nos importa es el que podemos ver, el que nos atañe directamente, y el que podemos dejar previsto en un periodo de tiempo razonable. Todo eso ha saltado como un cristal al que arrojas una piedra de gran tamaño. Toca reconstruirlo todo, mientras la batalla política se torna en ver quién se acerca más a la verdad, sin mentir de un modo ostensible. Mientras tanto los helicópteros sobrevuelan y recorren el perímetro y lo vigilan todo, incansablemente. Ellos seguirán ahí, nosotros también. Hay que mantenerse, por todos los que se mantuvieron en la larga noche de los 400 años.

Calle Fernando Belmonte Montalbán


  Entrar en el callejero de una ciudad es el honor máximo. Otorga una visibilidad y una proyección absoluta, desde el pasado hacia el futuro. Once años después de su fallecimiento, el tiempo ha cribado cualquier controversia,  dejando solo como poso sus méritos, que eran muchos. El otorgar su nombre a una calle de Melilla es un justo reconocimiento,  especialmente por su decidida apuesta por la realidad multicultural e intercultural de nuestra ciudad, que plasmó en hechos, además de en declaraciones y posicionamientos personales. Siempre desde una óptica de izquierdas, no dogmática, y sí muy social y comprometida.

  El Instituto de las Culturas es una creación suya, y nunca debió ser relevado de él. Fue un error que no debió cometerse, que se agravó por la nula relevancia de su sustituto,  del que ni siquiera se recuerda el nombre.  Así se pasó de una entidad relevante y de gran proyección,  a algo anodino y que si subsiste, no se sabe su función.

Fernando Belmonte dejó como legado común a la Asociación Nana, que representó tras el descubrimiento de la placa, unas bonitas y entrañables danzas, le reconoce como su principal impulsor. Él fue el primero en descubrir el valor intrínseco de esta asociación, y el primero en apoyarla desde su Instituto. Su formación izquierdista (Partido del Trabajo de España) le permitió reconocer el valor de la cultura y del arte, como ascensor social, y como elemento de expresión de los que no tienen voz. El arte y la cultura te coloca en pie de igualdad.

En los años que transformaron Melilla (1980-1990), Fernando Belmonte trabajó desde el diario SUR como periodista comprometido. Esto quiere decir que sus crónicas y relatos periodísticos iban un poco más allá, pero preservando el papel principal. Ocurre que como nos dijo un periodista de El Mundo en una visita a Melilla: «La realidad es esta, o escribes la noticia o eres parte de ella. La dos cosas no». Cuando este sucede, el periodista es objeto de las iras públicas. La actualidad nos muestra que el periodismo de hoy en día es más político que informativo, y el de esas primeras décadas de la Democracia era en sentido inverso, en el que primaba la información sobre la tendencia.

Como ha dicho hoy Juan José Imbroda, presidente de Melilla, en el acto de homenaje: «Aunque proviniendo de trincheras diferentes, coincidimos en un campo común, la defensa de la multiculturalidad melillense, que es lo que nos hace diferentes«. Este es el legado que hay que preservar». Indudablemente no es lo mismo hacerlo desde la trinchera izquierda que desde la derecha, pero el reconocimiento a esa igualdad y paridad es el enfoque imprescindible. Ese es el objetivo último al que se dedicó Fernando Belmonte. El Pacto por la Interculturalidad (que no pudo desarrollar él), representa una constitución interna de la ciudad, un reglamento de convivencia que resulta ser su legado más firme. ¿Qué le faltó a Fernando Belmonte? Evidentemente todos estos años. Su obra escrita empezaba a ocupar en espacio importante, tanto su tesis sobre la lucha del Colectivo Musulmán por sus derechos civiles, como su inicio en el proceso de recuperación de la memoria de la lucha contra Franco en la Transición.

Fue también el descubridor de la potencialidad del NO-DO, que ahora nos administran desde RTVE, y consiguió traer a la ciudad todas las filmaciones sobre Melilla, que fueron más de las emitidas, como ahora se ha descubierto. Fernando, el adalid de la palabra escrita, descubría la potencialidad de las imágenes. Su pasión por el archivo del No-Do fue arrebatadora. Con la imagen no se puede mentir, y eso es lo que se descubre ahora con el No-Do oculto. La narración, el texto, el argumentario, normalmente se usan como sedantes para adormecer las imágenes, porque esta no puede negarse, aunque se intenta.

¿Qué hay de Fernando Belmonte en El Alminar? Pues probablemente más de lo que podamos identificar, pero hay una característica esencial que viene de él, y es la de mostrar desde el mismo título del artículo, lo que se quiere decir. Esto nos lo dijo hace mucho un policía nacional jubilado: «No estoy de acuerdo en lo que escribes, pero me gusta porque desde la primera línea se sabe lo que quieres decir». La acidez, la profundidad de lo que Fernando escribía, como hoy ha reconocido el presidente Imbroda, le hacía diferente. Era «una persona notable para la ciudad, que ahora se enorgullece de tenerlo en su callejero». A él, que tanto huía de este tipo de reconocimientos.

En mi cabeza siempre está presente su frase última, con esa mezcla de admiración y mordacidad con que las decía, algo así como el sabor del jengibre: «Una cosa tengo muy clara, si algún día me muero, quiero que mi obituario lo escribas tú». Lo cierto es que a estas alturas jamás pensé que hubieran pasado ya once años desde que la escribí. Deberíamos estar comentando todo lo que está sucediendo. Una de las calles más merecidas, y por unanimidad, algo que hay que agradecer a todos, en estos tiempos que corren.

Nota:La historia audiovisual de Fernando Belmonte | El Alminar de Melilla

Monseñor Satué y Dimas, el buen ladrón


«Los últimos serán los primeros, y los primeros los últimos», decía la lectura litúrgica del pasado día 20 de septiembre, la del ciclo A, leída en la parroquia de Sta. Mª Micaela en Melilla, eso sí, con la diferencia de que en esta ocasión, el texto litúrgico se leía frente al obispo, muy vigilante y tenso en casi todo momento. No bajó la guardia, no se permitió distracciones. El calendario pastoral en su cuarta visita a la ciudad, era muy denso. La mayor parte de los fieles asistían a una misa de domingo, pero esta vez con el obispo y el nuevo párroco al frente.

Por eso les hablo en parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen.  Porque en verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron. Este es el misterio, en el mismo lugar y ante lo mismo, no todos entienden lo que se ha dicho, o creen entender cosas distintas. ¿Qué es lo que permite tomar decisiones correctas? La información de calidad, algo que ya dijo Benedicto XVI, en sus conversaciones con Peter Seewald. Un obispo, un presidente de gobierno, un Papa, tienen información de calidad y con ella actúan, por eso ningún Poder es inocente en ese sentido. El único que sabía lo que estaba pasando allí, era el obispo Satué.

Así pues, en medio de la homilía, monseñor Satué se detuvo y preguntó: ¿Quién creéis que es el primer santo? Nadie dijo nada, no se escuchó proponer ningún nombre. Hasta que José Antonio Satué deshizo el interrogante: «Es Dimas, él es el primer santo, el ladrón crucificado junto a Cristo, el primer creyente, el que le interpela de modo directo: -Señor, acuérdate de mí cuando esté en el Paraíso»-. Mientras tanto, del Gólgota hacia abajo, los apóstoles corrían en desbandada para ocultarse, ante la magnitud del desastre. El proclamada Mesías había sido liquidado en la cruz, sin que ninguna intervención celestial lo hubiese evitado.

Esta parábola, dicha allí en medio, en la nave de Sta. Mª Micaela, con lo que había pasado, y lo que estaba sucediendo, la remoción total del clero en Melilla, cobraba otro sentido, pero no sabemos cuál es el que quiso darle el propio interviniente. Tenemos el nuestro, pero es distinto. «Los últimos serán los primeros. Pagad a todos empezando por los últimos«.