


Perseverar en el error y la responsabilidad administrativa
En democracia, las administraciones se suceden de modo ordenado, con lo cual, contraen un responsabilidad subsidiaria en las acciones y actos administrativos anteriores. Tomar un decisión a sabiendas de injusta o arbitraria, en el mundo judicial es una prevaricación. En el mundo administrativo, tomar una decisión arbitraria y mantenerla a lo largo de una década, no sabemos qué nombre tiene. Hemos escrito de todo sobre este quiosco de venta de cupones de la ONCE, originariamente instalado en la calle del General Pareja, retirado de su posición en 2018, por ampliación de la zona peatonalizada. Fue en principio un acto temporal, que se ha prolongado en el tiempo y que se ha convertido en una irregularidad manifiesta.
En el año 2021 se amplió la arbitrariedad, y se volvió a retirar el quiosco del cupón, esta vez por motivos estéticos, desde la calle Chacel hasta la plaza Héroes de España, gobernando ya el pacto del tripartito, o gobierno taifa. Fue una arbitrariedad no devolver el quisco a su posición original tras el acabado y peatonalización de la calle Pareja. Trasladarlo de nuevo, esta vez al lugar más sombrío, húmedo e inhóspito del triángulo modernista, fue un acto arbitrario sobre la arbitrariedad primera (2018-2021). Mantenerlo, ya abandonado, porque no cumplía las condiciones de Seguridad e Higiene en el Trabajo exigidas por la normativa vigente, supone una continuidad en la arbitrariedad incomprensible. Mientras tanto, la trabajadora asignada en esa zona, prosigue con su jornada laboral, pero en sobre el pavimento y expuesta a los rigores climáticos, pese a ser una trabajadora próxima su edad de jubilación. Al igual que en el segundo traslado, ahora se exigen criterios estéticos, para no reponer ese tipo físico de quiosco (no encaja en el entorno modernista), para no reponerlo de modo inmediato. Este también resulta una excusa, porque hay al menos tres quioscos similares en el triángulo modernista.
Si difícil es explicar porqué no se devuelve al lugar en el que estaba autorizada la instalación, también resulta difícil de explicar porqué una entidad como la ONCE, de interés social, pudo aceptar un traslado así en origen, sin un compromiso de reposición. Ahora creemos que ya es obstinación pura, para no dar la razón ni aparentar que se cede ante la trabajadora y la opinión pública.
En el artículo del año 2024, publicado el 29 de febrero, nos preguntábamos esto: «¿Sirve de algo escribir? La observación atenta nos dice que sí, y algunas de las reacciones posteriores parecen confirmarlo, aunque la resistencia a los cambios o a reconocer los errores, sea una tendencia irreductible en España, o en Melilla». La pregunta sigue en pie y admite mucho debate. Lo que hoy tenemos más claro aún es que, si se abandona el espacio del debate público, de la libertad de expresión, y de la vigilancia del Poder, este ocupa todo el espacio sin remedio. Y la verdad o los hechos de los que quedará constancia, es de aquella y de aquellos sobre los que se escribe.
Nota:https://elalminardemelilla.com/2021/11/08/la-historia-del-quiosco-errabundo/





















