La oscuridad alcanza a La Victoria


         El desfile procesional de la Virgen de la Victoria, Patrona de Melilla, empezó a oscuras por una descoordinación  con el alumbrado público. En el primer tramo de la carrera hasta el edificio Monumental, parecía que estábamos asistiendo a la procesión de la Soledad. Todo estaba oscuro y el escaso público, que un amigo del Alminar cifra en 500 personas, no daba sensación de calor al ambiente. Empezó demasiado tarde, ya sin luz solar, lo que acentuó esa sensación de penumbra. La hora de inicio debió ser las ocho de la tarde. El trono procesional siempre está custodiado por agentes del Cuerpo Nacional de Policía.

         Faltaba también, aunque nadie se haya hecho eco der eso, la Banda Municipal de Música, que protestaba así por la falta de pago de sus salarios. La Escuela de Música y la Banda de Melilla arrastran problemas de financiación desde  el año pasado. El Gobierno de Melilla promete mucho y cumple mal. Los derroches vacían las arcas públicas.

         Esta vez el día de la Patrona ha coincidido en la parte central de la Feria de Melilla, pero eso no ha contribuido a una mayor presencia en su desfile procesional. Las tinieblas también acechan a la Virgen de la Victoria. Los recientes acontecimientos, sobre todo el atentado de Barcelona, el blindaje de la feria, las detenciones de yihadistas en los días anteriores a la celebración de la procesión, ha influido en el ánimo de la gente, que ya teme los espacios abiertos y este tipo de concentraciones.

         Hace solo un año que la actual Junta de Gobierno de la Patrona de Melilla renovó su mandato, en una situación declaro desafío al Vicario Episcopal y al Obispado, algo que también ha hecho mella entre los congregantes. La imagen ha salido por 2º año consecutivo del templo Arciprestal, y no porque don Roberto Rojo se salga siempre con la suya, sino porque las circunstancias así lo han dispuesto. Las obras prosiguen en la iglesia de La Purísima y no permiten el regreso de la imagen de la Patrona de Melilla.

           Ha pasado un año del  enfrentamiento público entre Congregación y Vicaría Episcopal, y todavía no se ha respondido a la propuesta lanzada desde la Vicaría, que la novena y la salida procesional se efectúe desde el templo del Sagrado Corazón. Nadie ha dado un paso atrás. La imagen de La Victoria se ha pasado el año entero en el templo arciprestal, en un estado muy próximo al descuido, con flores y adornos sin renovar durante meses. En ninguna villa, pueblo o capital española se ve una imagen patronal tan desatendida.

             Cerró como siempre el desfile, la escolta y Banda de Guerra de los Regulares de Melilla, la unidad más condecorada de las Fuerzas Armadas españolas, obtenidas gran parte de esas medallas y distinciones, en lucha contra el Ejército de La República. Esa es la gran reconciliación que todavía debe hacerse en España, el reconocimiento de la lealtad y el valor de muchos soldados, oficiales y mandos del Ejército republicano, que también era ejército español. Por este motivo, la calle del desfile procesional, la de Ejército Español, debería denominarse como avenida de las Fuerzas Armadas Españolas, sin mayor diferencia.

 

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Estampas de la feria muerta


              La Feria de Melilla 2017 está acabada, carece de vida propia, de cohesión, de alma, y tiene hasta un boicot, organizado por un grupo de activistas sociales de otras lides. En ningún pueblo o ciudad de España, se le ocurriría a nadie organizar un boicot activo, contras sus propias fiestas patronales. En 1996, los comerciantes y empresarios de Melilla organizaron un boicot duro contra la feria de Melilla, porque el entonces alcalde había dado su “placet” a la instalación de una gran superficie comercial en la ciudad. Fue un boicot duro y salvaje, en la que los comerciantes, alentados por sus asociaciones patronales como la extinta Cámara de Comercio o  la Asociación de Comerciantes, se negaron a suministrar productos de consumo a las casetas. Comparada con aquella situación, la actual es poco menos que una pataleta, que está dando la puntilla a la agonía de la actual feria.

           La explanada inmisericorde de San Lorenzo carece de sombra, salvo unos breves lapsos. Atravesarla en dirección a cualquiera de las exiguas casetas tradicionales que todavía subsisten, exige un considerable esfuerzo e interés. La Asociación de la Prensa ya no participa, la caseta Latinoamericana tampoco y así hasta completar una larga lista de extinciones. Demasiado sol, demasiado calor  e higiene escasa, en un entorno blindado por el temor a los atentados con camión o furgoneta.

          Sin embargo, la imagen más espantosa, es la exhibición de la caseta vacía y abandonada de Cablemel televisión, presente en la feria durante 7 años. Hemos reflexionado sobre el sentido de esa tétrica imagen, y hemos considerado (consejo de redacción del Alminar), que no tiene otro objeto que infundir el temor, mostrando al mundo cuáles son las consecuencias de desafiar al César. En la Edad Media, se solía poner la cabeza de los malhechores en picotas, a la entrada de las ciudades, o se encerraba en jaulas colgando de un poste, a aquel que había causado alboroto y alterado el bien hacer de los vecinos de una villa. Para ejemplo público se le exhibía ante todos, vivo o muerto, o “hecho cuartos”.

         Así pues, sin necesidad de boicot blando, la Feria languidece ante todos, sin demasiado atractivo, y con muy poco que ofrecer. Habrá que salvar eso sí, al concierto para adolescentes de Sweet California. El nuevo grito de guerra para las adolescentes ya no es “patria o muerte”, “hasta la victoria siempre”, sino “Hey Mickey”. Hay otros conciertos como el de Morat, que ya tenía las entradas agotadas el primer día. El domingo, 2º día de Feria, no estaban en la caseta de información ni los programas, ni los abanicos, ni otros elementos promocionales.

 

El modelo de Feria de Melilla


                              Costumbres y tradiciones en La Feria

            La Feria de Melilla acostumbraba a celebrarse siempre en septiembre, y la tradición dicta que deben hacerse en honor a la Virgen de La Victoria, Patrona de la ciudad. Desde las gobiernos de Ignacio Velázquez empezó a oscilarse con el inicio y final de la feria, y luego, a partir de 2007, cuando se trasladó el recinto ferial a la explanada inmisericorde de San Lorenzo, quiso denominarse como “feria del mar”. Acabaron así con lo poco que quedaba del legado del creador de la feria, el político regionalista Pepe Imbroda. En Melilla no hay tradición o costumbre que no se haya roto o variado en función de los intereses reinantes.

                  De aquella feria, mucho más integradora que la presente, no queda nada, salvo los nombres de dos casetas (Bética y Capirote). En la feria del parque “la Comunidad Musulmana”, tenía siempre una caseta, porque en aquellos años la comunidad musulmana era una entidad cultural, y ahora solo existen las asociaciones religiosas. En aquel entonces la asociación de la Comunidad Musulmana la presidía Jimmi Ahmed Moh. La otra asociación, Terra Omnium (Tierra de Todos), estaba presidida por Aomar Duddú. Los partidos políticos también tenían casetas, otras asociaciones culturales, e incluso las asociaciones vecinales. Cuando el modelo de feria empezó a dictarse desde el Poder, todo lo que era costumbre empezó a desaparecer. La caseta socialista, la bodeguiya, desapareció tragada por el modelo porno. Nada de esto queda, ni siquiera el espíritu.

                  Crear un modelo de Feria cuesta esfuerzo, implantarlo y consolidarlo también, pero sobre todo, requiere participación. En la ciudad sin hábitos democráticos, nada que no sea lo impuesto y subvencionado puede sobrevivir. Hay que ensayar año tras año, retirar lo que se vea erróneo y consolidar lo que parezca apropiado. La feria de la ciudad debe representar a todos, y esta no lo hace. Quizá también porque algunos no quieran participar en ella, pero sobre todo porque no se fomenta. Es una feria sin modelo.

                Para hacer una comparación es necesario buscar un equivalente. Melilla no es Málaga ni Sevilla, pero sí muy parecida a Almería. La Feria de Almería se ha expandido, han buscado un solar grande y amplio para su instalación y alejado del centro de la ciudad.  La explanada de San Lorenzo es demasiado pequeña y no puede atender todas las solicitudes de instalación. En cuanto a las atracciones sucede otro tanto. Hay demasiado poco espacio. Cuando se deja todo el suelo disponible a la especulación, suelen ocurrir estas cosas. En San Lorenzo, la feria de Melilla tampoco tiene futuro. En los últimos días, las condiciones sanitarias del recinto ferial dejan mucho que desear.

            En Almería han hecho muchos ensayos con la “feria de día” hasta que parecen haber dado con la clave. Durante toda la semana de feria cierran y peatonalizan el paseo principal, y llevan acabo concursos gastronómicos, exhibiciones folclóricas. Así la gente disfruta del centro de la ciudad, de sus locales de restauración y de sus comercios, sin las molestias del tráfico rodado. En Melilla se ha olvidado hasta la receta del “rape a la Rusadir”, por lo que sería imposible hacer un concurso de gastronomía melillense. No se va más allá del “tradicional concurso de paellas”.

           Han existido dos oportunidades para que todo fuera distinto, la primera en 1986 con Aomar Duddú y la segunda en 1999 con Mustafa Aberchán, pero lo volcaron todo.

Jueves negro en Barcelona


          Matar  es una maldad, es un acto malo, hacerlo en nombre de un Dios es una aberración, una perversión. El inexistente, cambiante, pero real, Estado Islámico se fundamenta en una interpretación rigoristas y fanática de la religión islámica, en una lectura perversa. La cristiandad ya cometió un error así en el siglo XI, cuando estableció en la zona de Palestina el Reino Latino de Jerusalén. Aquel engendro duró casi dos doscientos años y contaminó durante muchos siglos la idea de paz predicada por Cristo, y sobre todo, la imagen de los occidentales. El Estado islámico como tal no existe, porque no ha generado una estructura de Estado. Son solo inmensos territorios sin control, desde la destrucción de países iniciada en las Guerras del Golfo.

           Hoy casi nadie se acuerda del FIS (Frente Islámico de Salvación) en Argelia. Este tipo de terrorismo liberador causó miles de muertos y siempre buscaban asociar su acción a un islám fanático. Basar todo en la religión, ponerla en el centro de la razón, no suele conducir a la tolerancia. En Europa, la Revolución Francesa de 1789, puso fin a los Estados cimentados en la idea religiosa, y puso al hombre y a la mujer en el centro de los valores humanos. Hoy parece que ese camino se quiere recorrer hacia atrás. Hay cosas de las que hay que desvincularse sin dudarlo un solo instante.

        En El Alminar de Melilla estamos con Barcelona, nos solidarizamos con las víctimas del terrorismo, siempre inocentes. Barcelona es una ciudad que ha soportado la violencia anarquista de los inicios del siglo XX, el cruel trato de Franco durante la Guerra Civil y la postguerra, y el abandono posterior. Barcelona acababa de celebrar con orgullo el XXV aniversario de su Olimpiada, la de 1992, en la que la ciudad renació tras las décadas de castigo franquista. Hoy es una ciudad espléndida, de las más bellas y modernas de Europa.

        El mundo no es hoy un lugar más seguro. El mundo está en guerra con decenas de países destruidos (Iraq, Siria), lleno de Estados fallidos como Somalia, sometidos a hambrunas permanentes, de democracias degradadas (Venezuela) o en dirección hacia democracias totalitarias como Rusia o Turquía. Asistimos a la perversión de los ideales de igualdad y de fraternidad. Todo esto nos afecta y mucho, porque la calidad de nuestras democracias se resiente, y sí cambia nuestros modos de vida. En El Alminar acompañamos el dolor de las víctimas y de sus familias. Hoy, ahora, estamos con Barcelona,  al igual que mañana estaremos con quien sea víctima del terrorismo.

       Siempre habrá esperanza, y ánimo de resistencia, pero los tiempos venideros no parecen buenos. El aumento del racismo, de la xenofobia, de movimientos supremacistas, y de fanatismo de toda índole auguran toda clase de conflictos en las próximas décadas. Mientras tanto, intentaremos que las luces del Alminar permanezcan encendidas, hoy por Barcelona.

 

José Mercé y Tomatito


                                       Flamenco, el canto de Al-Ándalus

         El Flamenco surge en las profundidades de la historia, en el largo sueño ya perdido de Al-Ándalus. Hemos oído almuédanos cantar desde sus alminares, y su ritmo y canto recordaban al flamenco. La oración musulmana se recita o se canta, al igual que el flamenco. La cuestión es que surge de las profundidades, la de la historia, la de los sentimientos, la del espíritu.

       Al Ándalus fue una suma de culturas, que desapareció en la historia por una acumulación de fanatismos y de intolerancia. La gran oleada de fanatismo almorávide del siglo XI acabó con el Califato de Córdoba y estimuló la reacción de los Reinos cristianos del Norte, recluidos en la frontera del Duero y del Ebro.

       De aquella noche, de aquel sueño imposible, de aquella parte de la historia de España,  nos quedó el flamenco, que es su reflejo. Este tipo de cante es el eco de un tiempo profundo que no volverá, un lamento constante, un quejío. incluso en sus ritmos más alegres siempre hay un tono de nostalgia.

       A los grandes de este cante, se les conoce de dos maneras, una por su nombre, como a José Mercé, nacido en Jerez de la Frontera, de esa misma frontera del tiempo y de la historia de la que procede su arte. Siempre habrá fronteras, bien reales o imaginarias, interiores o históricas. El otro modo con el que se designa a los grandes del flamenco es por su apodo, como Tomatito, José Fernández Torres, nacido en Almería. El primero en el cante, el segundo en la guitarra, constituyen parte de ese tronco del árbol del flamenco, que siempre tiene ramas frescas y nuevas.

       Lo nuevo convive con lo antiguo, en permanente renovación, siempre actual y conservando siempre sus raíces, la tradición oculta en la noche de los tiempos de la que surge su lamento, desde lo profundo, desde lo más hondo.

La restauración de Victoria Chica


 

                 Victoria Chica ya solo es un torreón, un foso, y algunas dependencias internas, poco más que el resto de un fuerte. Hubo un tiempo en el que se creyó que desde sus muros se disparó el famoso cañón Caminante, pero esa fue una falsa creencia que deshizo el historiador melillense Antonio Bravo (1). Así pues, afirmar que se está en contra de la rehabilitación del fuerte de Victoria Grande porque desde él se defendió la españolidad de Melilla, es un argumento falaz y de una gran ignorancia histórica.

                 Victoria Chica no corre riesgo alguno de derrumbe, y aún teniendo su importancia histórica, no resulta muy adecuado que se gasten en él casi 3 millones de euros, en una presunta rehabilitación. El lugar podría ser conservado y mantenido con la décima parte de esa cantidad, pero en nuestra ciudad se utilizan argumentos de “estado de guerra política”, con afirmaciones tan impropias como la que hemos mencionando.

                 En Melilla hay una apariencia de gestión, al igual que existe una sensación de inseguridad. Los barrios de la ciudad se vienen abajo, las plagas de insectos y roedores asolan toda la ciudad. Hay muchas carencias  en los barrios, en Sanidad, en Educación, en Transportes, en Empleo, lo que convierte en un desafuero ese injustificado y desmesurado gasto.

               Además, visto lo ocurrido en Victoria Grande, hay muchas objeciones históricas que hacer acerca de este tipo de rehabilitaciones, que más parecen falsificaciones históricas. Victoria Grande ha sido desposeído de su carácter de fuerte militar, y del de prisión política que mantuvo a lo largo de tres siglos. Ahora solo es un espectáculo lumínico en el que es imposible averiguar su pasado. Se elimina la piedra original, se recubre todo de piedra artificial y se laminan los vestigios históricos.  En Victoria Chica, más que en ningún otro lugar, hay vestigios de épocas anteriores que no mencionaremos para no provocar su eliminación.

          Comprometer un gasto de 2.763.900 euros, con recursos propios de tesorería, con un más que posible recurso a préstamos bancarios, en una ciudad en la que siguen existiendo barrios como el del Poblado legionario, con infraviviendas, con tejados de uralita (amianto), es casi inaceptable. Toda la oposición se abstuvo en la votación de semejante despropósito y por ello fueron increpados por el Gobierno de la ciudad. Debieron votar en contra, porque ejecutar proyectos así, descartando necesidades prioritarias de barrios y de personas, no es algo que puedo contar con el refrendo de nadie. Es una huida más en el camino de la irrealidad y los proyectos megalómanos, en los que parecen haberse instalado aquellos que nos gobiernan. Victoria Chica merece ser conservada, pero no a ese precio ni en este momento.

        Eso sí, desde Victoria Chica se contemplan las mejores vistas de la ciudad, pero una vez restaurado hay que conservarlo, y eso es lo que no se sabe hacer en la ciudad, salvo cerrarlo a cal y canto.

Nota: (1)http://patrimonioculturalmelillense.blogspot.com.es/2010/05/precisando-el-punto-cero-de-melilla-la.html

 

Amianto en el Gabriel de Morales


           El amianto no es un material inocente, es letal, un agente cancerígeno del tipo 1, el más alto posible. El 15% de los casos de cánceres o de asbestosis por contaminación por amianto son de origen ambiental, o sea, provocados por su degradación o rotura. Su descomposición provoca que millones de fibrillas de amianto se esparzan por el medio ambiente. En España el amianto se comercializa, usa y distribuye con el nombre de uralita, que está presente en canalizaciones y conducciones de agua, en tejados de edificios y de aparcamientos, y en los bajantes y desagües de los edificios.

          Desde siempre, desde el principio, se supo que este mineral era perjudicial para quienes entraban en contacto con él, y eso quiere decir que su peligrosidad ya se detectó en 1889. Un reciente libro ha vuelto a recuperar toda la información sobre este peligroso agente que nos rodea de múltiples maneras, las principales en el sector de la construcción. El libro se titula Amianto, una epidemia oculta e impune. El libro está prologado por la periodista Soledad Gallego-Díaz.

           En España, casi todo el amianto instalado en edificios, en vías públicas, bajo el suelo de las ciudades, en colegios, en cuarteles, en pabellones deportivos, se llevó a cabo por la empresa Uralita, de la familia March, viejos conocidos de la etapa del Protectorado de España en Marruecos. A lo largo de 50 años, entre 1943 y 1993, la empresa de la familia March distribuyó casi el 80% de toda la uralita instalada en el Estado español. Pese a conocerse su letalidad, fue producido en el mundo entero en cantidades difícilmente imaginables. La inmensa masa de beneficios recayó sobre apenas unas pocas familias, como la Schmidheiny de Suiza. Pese a su riesgo, solo fue prohibido en España en el año 2002. Los afectados por el amianto, que son el 80% de los trabajadores directamente relacionados con este material, ven muy difícil el reconocimiento de la enfermedad como causa profesional y el reconocimiento de indemnizaciones. Las muertes producidas por el mesotelioma, o cáncer de amiento se sitúan en torno a 1.300.000 personas hasta el año 2000.

                       La letal peligrosidad del Amianto

          La producción industrial del amianto fue juzgada en Italia como un caso de homicidio voluntario y se intentó calificar como “genocidio” de tipo industrial. En Suiza se denominó al amianto como Ethernity, es la vanidad propia de los poderosos que se sienten impunes.

         La uralita, el amianto en España, tiene un período de vida útil, tras el cual se degrada y resulta peligrosa. Su descomposición puede provocar la pérdida de fibrillas en el ambiente. Su inhalación provoca enfermedades graves. El otro riesgo es la rotura, que al producirse provoca miles de partículas invisibles, inodoras e indetectables, que son letales.

       La situación en el cuartel Gabriel de Morales de Melilla es muy grave. Como puede apreciarse en las fotografías, queda una nave con el techo de uralita roto y fragmentado, en acceso completamente libre. A la vista de las fotografías surge otra duda, peor aún que esta evidencia y es la del resto de las dependencias sin techo. ¿Estaban también compuestos de uralita; qué se hizo con todo ese material?.

       La uralita debe ser retirada por empresas especializadas, con trabajadores totalmente protegidos y almacenadas  en depósitos, sin posibilidad de tratamiento alguno. Paco Puche, el autor del libro Amianto, identifica otro peligro no valorado aún, el que gran parte de esa uralita se haya retirado de modo clandestino, llevada a escombreras y triturada allí para ser reutilizada como material de relleno. Esta fragmentación devuelve las fibrillas de amianto al medio ambiente, con la posibilidad de ser ingerida o inhalada por las personas.

      La situación del cuartel Gabriel de Morales es muy grave. Lleva una década abandonado. La uralita existente está degradada y rota. Ya no es posible esconder la realidad de la amenaza.