Cultura, y la imagen del Gobierno


    

     ¿Puede una sola Consejería sostener toda la imagen de un gobierno? La respuesta es un sí rotundo. En medio de unas circunstancias atroces, las peores posibles, solo la Consejería de Cultura y su titular: Elena Fernández Treviño, ha mantenido una actividad constante, de gran transcendencia para la ciudad, en momentos en los que los que cualquier otra, hubiese cogido el hatillo y se hubiese largado a casa. En algunos momentos ha llegado a dar la sensación de que ella y su consejería, eran todo el gobierno. Su capacidad para trascender sobre acontecimientos paralizantes, produce asombro, así como su capacidad de trabajo. En algunos instantes, en los que nada podía hacerse debido a las restricciones, aparecía la consejera de Cultura, y por cualquier rendija, calle o esquina, te organizaba una actividad.

      Reducida al mínimo posible, Elena Fernández Treviño no ha suspendido nunca las actividades del Día de Melilla, incluso en el año 2020, cuando una tormenta infernal descargó únicamente en el espacio temporal de la propia conmemoración y la reorganizó apenas dos semanas después. Las actividades culturales de ese verano supusieron un rayo de esperanza, en una ciudad que estaba conmocionada tras los duros meses de confinamiento y restricciones.

En la primera ocasión que pudo, se cargó la estatua de Franco, algo que parecía un objetivo solo reservado a los titanes. Si no ha demolido el monumento del 17 de Julio en la plaza Héroes de España, es poque no le ha acompañado el resto del gobierno, y porque no ha tenido tiempo físico. Si no ha realizado más actividades, hasta llenar Melilla entera, es porque está atada y limitada por los presupuestos, y muy vigilada por otras consejerías, que son las que deciden el reparto del dinero. El gran mérito es organizar mucho con poco, y acertar.

    El nuevo espacio conmemorativo de la Plaza de las Culturas es idea suya, más diáfano y visible que el de la Plaza de Armas, porque ella siempre prioriza la Cultura, y comprenda perfectamente las Armas, porque parte de su familia pertenece a ellas. Nombres que han recibido la Medalla de Oro en su mandato ( Mariano Remartínez, Carlota Leret, Carlos Baeza, Javier Imbroda) solo han sido posibles gracias a su sensibilidad hacia cualquier comentario o sugerencia que se le haga, bien de modo directo, o en cualquier parte de la red universal.

La Cultura, con Elena Fernández Treviño, ha brillado en estos cuatro años, y eso es mérito suyo, y también de quién la designó para esa labor, Gloria Rojas. En los últimos tiempos ha topado con la iglesia, la de Melilla la Vieja, aunque sea un asunto pendiente del pasado. Sin embargo, quien la conoce, sabe o intuye, que incluso de ese atolladero, saldrá con el mayor brillo posible, tanto el suyo, como el de su ciudad. Nunca se da por vencida y tiene una perseverancia a prueba de cualquier bomba.

Ayer, en la plaza de Estopiñan, el ex presidente Juan José Imbroda, la señalaba directamente. Estaba solo acompañada por Francisca Maeso, la consejera sanitaria. Desde 2019, estamos escribiendo que la vicepresidenta primera Dunia Almansouri, otra joya de este gobierno, debería estar ahí con ellas, dada su representación institucional.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2020/09/17/rayos-y-centellas-sobre-el-17-de-septiembre/

¿Conquista o fundación de Melilla?


La necesidad del Día de Melilla

Sabemos que fue en septiembre, y que una de las dos crónicas de la conquista fija la fecha en el día 17, aunque cambiando el año, por el de 1496. Sabemos también que no hubo una gran batalla, más bien casi ninguna, en el momento de ocupación y conquista. Hubo un enfrentamiento armado, pero cuando ya estaba asentada la propia conquista. Melilla existía ya con ese nombre, por lo que no fue fundada. Fue reedificada y reconstruida, porque estaba en mal estado debido al abandono, al constante asalto de los piratas, y a que ya no era sostenida por ningún imperio. Los almohades desaparecieron de la historia de España en 1248, tras la conquista de Sevilla, y el Reino de Fez no tenía suficiente fuerza.

En el ciclo de conferencias desarrolladas con ocasión del 450 Aniversario de su conquista, en el Casino Militar de Melilla, Tomás García Figueras relató minuciosamente los datos disponibles, que no son muchos más de los que hay ahora, y mencionó que el morisco Mebile, informó al duque de Medina Sidonia del mal estado de la ciudad, en 1495. Ese mal estado se acrecentará con la certeza de su inminente conquista, según había quedado estipulado en el Tratado de Tordesillas en 1494, entre España y Portugal. Se acaba de derruir la ciudad, para que no sirva de refugio a «los cristianos», como reflejará en su obra, Juan León, el africano.

La estrategia política de los Reyes Católicos estaba centrada en África. En 1497 ningún español había pisado todavía el continente americano. Nadie podía saber en aquel momento que España se iba a convertir en el mayor imperio que habría de conocer el mundo y que el norte de África, estaba a punto de perder su interés estratégico y político para España.

Dia de la Ciudad Autónoma de Melilla

A la efeméride de la conquista solo se le empieza a dar importancia tras la expansión de la ciudad desde sus límites históricos, en lo que siempre hemos denominado como «la larga noche de los 400 años». La definición como día de la conquista solo empieza a tomar cuerpo histórico con el franquismo. Ya en Democracia, en la etapa de Gonzalo Hernández y a las puertas del ayuntamiento, se celebraba una pequeña fiesta popular, en la que se repartían bocadillos, cervezas y refrescos. Será con Ignacio Velázquez cuando se declare día festivo, y se consolide la celebración, tras la aprobación del Estatuto en 1995.

Melilla necesita un día que la identifique como Ciudad Autónoma, pero esto debe hacerse con consenso y con el acercamiento de posturas. Rechazarlo sin más, y sin proponer nada a cambio no es una actitud que sirva para el futuro de la ciudad. Insistir solo en la efeméride bélica, sin escuchar otro tipo de contenidos, tampoco, porque tampoco puede hacerse de un día, lo que no fue. El Día de Melilla necesita de una definición y de un acuerdo, pero con un requisito irrenunciable, que es el de su vinculación efectiva con la historia de España, y en este caso existen solo dos posibilidades. El día del Estatuto (13 de marzo) no sirve para nada, y no es el día de Melilla, porque entre otras cosas, no es lo que estaba previsto en La Constitución. Tampoco ayudó el que fuese urdido detrás de las cortinas del salón de Plenos.

Melilla no fue fundada, en ningún caso, pero sí es un primer intento de buscar un camino que sirva para todos. Sin olvidar la efeméride, se intenta buscar una alternativa. Sin embargo, esta iniciativa no llevará a ningún lado, si los dos partidos mayoritarios persisten en tirar en sentidos opuestos, sin ofrecer opción alguna. Al final, Melilla se quedará sin Día propio, y eso traerá malas consecuencias.

De la propuesta Fundación española de Melilla, entendemos que ha sido elaborada por la parte socialista del gobierno, sin colaboración alguna de los socios cepemistas. De todo lo propuesto, es digno de alabar el interés por resignificar el 17 de septiembre, y la inclusión de los fuegos artificiales. Todo lo relacionado con las Medallas de Oro de la ciudad (Javier Imbroda y Carlos Baeza) y los pebeteros a las víctimas de la pandemia, son un acierto y deben permanecer. La sustitución del lugar del evento, plaza de Las Culturas por la de Armas, es algo que debe continuar y definirse más, pero para eso es necesario el acuerdo y el debate público en la Asamblea.

Lo que sí hay que replantear, aunque históricamente conste como conquistador de la ciudad, es el homenaje a Pedro de Estopiñán, cuya estatua e invención histórica es solo atribuible al alcalde franquista Mir Berlanga. A lo largo de 11 años hemos indagado todo lo posible sobre la figura de Estopiñán, y pese a la certeza de su nombre, existencia y fecha de fallecimiento, no hay nada más. Se puede mantener el 17 como Día de Melilla, porque el acontecimiento es real, pero sin el escollo político del conquistador. O estamos todos juntos en esto, o la catástrofe y la fractura social de la ciudad llegará antes de lo que nadie desea, y de lo que esperábamos ver.

Una fecha tan redonda, 525 años desde la conquista, hubiese merecido un esfuerzo mayor.

Nota: https://elalminardemelilla.com/2021/10/14/hic-iacet-don-pedro-de-estopinan/

El aparcamiento de Talleres Montes


El antiguo barrio del Industrial y el Paseo Marítimo, conforman un área de un escaso kilómetro cuadrado. Cualquier solar allí vale su peso en oro. Hoy es el segundo barrio más habitado de la ciudad y con el mayor índice de densidad de población. La planificación urbana se ha decantado por la rentabilidad crematística. Las reformas de las calles solo han contribuido a crear un área de tráfico muy denso, pese a que sus principales calles son ejes urbanos de comunicación. El trasporte urbano no entra dentro de él. No hay espacio. Las últimas casas de planta baja han caído, para edificar en su lugar grandes edificios de viviendas, de 4 plantas y gran concentración de viviendas. Las reformas de las calles no han preservado espacio público de esparcimiento, y han liquidado todo el aparcamiento público posible, mientras que no todas las viviendas nuevas disponen de garajes propios, o no son suficientes.

No tendríamos objeción alguna si se tratase de una explotación privada de aparcamiento, sean quienes los dueños, si es que alguien lo conoce. Pero al tratarse o pretenderse como «aparcamiento público», sí tenemos todas las dudas y objeciones posibles. Los coches son artefactos cargados de combustible y la entrada y salida del aparcamiento subterráneo se realizan por el mismo lado, una junto a otra y sin separación posible. Además, el sótano no es cerrado, está concebido como aparcamiento abierto, por lo que precisaría de vigilancia. Este nuevo uso precisará de algún acuerdo de Pleno Municipal y de algún tipo de licencia.

Los Talleres Montes, que se quisieron derribar enteros, era un edificio de una sola planta. Ahora tiene tres, la planta baja es comercial, y los dos superiores son aparcamientos del propio establecimiento, que curiosamente tienen entrada y salida independientes, y en laterales opuestos. ¿Es seguro el pretendido nuevo aparcamiento? Para empezar, precisará de una reforma en el acceso, que correrá a cargo de la Ciudad Autónoma de Melilla, no sabemos si como entidad colaboradora o promotora. Lo que sí aseguramos ya, es que todo el aparcamiento público de superficie existente en ese tramo de la calle comandante García Morato, desaparecerá. Es más, las 100 plazas de aparcamiento ofertadas coinciden casi una por una, con las que se han hecho desaparecer en la superficie, algunas con obras contrarias a la seguridad vial, como la instalación de un carril de bicicletas en la calle Marqués de los Vélez. No puede ocultarse un carril bici detrás de la línea de aparcamientos.

La solución propuesta es del manual de la obra susceptible de sospecha. Primero se crea la necesidad (falta de aparcamientos) y luego aparece la solución. Con las nuevas edificaciones autorizadas y las de los próximos y escasos solares que ya quedan por edificar, ni siquiera estas 100 plazas propuestas, serán solución alguna. Son conocidos como «el aparcamiento negro», por los años que llevan sin uso alguno, ni siquiera privado. Las vías de entrada o salida son espaciosas, a diferencia de Isla de Talleres, pero las embocaduras son muy angostas. Esta es la zona, de ciudad de peatones, que más pasos de cebra ha suprimido.

La Patrona, de nuevo en las calles


      Una situación insólita ha concluido en la calurosa tarde del 8 de septiembre de 2022. La Virgen de la Victoria, uno de los símbolos más importantes de la ciudad, ha vuelto a procesionar por las calles del centro de Melilla, tras cuatro años de ausencia. En 2018 y 2019 motivos climatológicos impidieron la procesión, y en los dos años siguientes (2020 y 2021) las restricciones provocadas por la pandemia de la Covid-19, exigieron su permanencia en el interior del templo.

    Los símbolos no pueden estar tanto tiempo ausentes de los lugares en los que tienen su sentido. Este año no hubo foto de familia y autoridades, en los escalones de la iglesia Arciprestal del Sagrado Corazón. Las puertas permanecieron cerradas hasta el mismo instante de la salida procesional. Todo ha sido más solemne. Las agrupaciones de la Guardia Civil y de Regulares, escoltas naturales de la Patrona Coronada de Melillla, esperaban al pie del templo la salida procesional, los primeros para abrir la procesión, los segundos para cerrarla, y en medio la Banda de Música.

   La imagen de la Virgen de La Victoria lleva asentanda en el templo del Sagrado Corazón desde 2016, cuando se iniciaron las obras de rehabilitación del templo de la Purísima, en Melilla la Vieja. En su momento supuso una conmoción, pero la imagen está mejor asentanda en el centro de la ciudad y es más accesible a todos.

El recorrido de la procesión patronal es más corto y cómodo para todos, aunque este año cambió el sentido del recorrido, en dirección a la plaza de España, para recorrer la avenida en sentido ascendente. Ese cambio provocó que la imagen de la Ntra. Sra. de la Victoria girase sobre las cabezas del público y fieles allí congregados, como si quisiese integrarse con la gente.

Todo parece reintegrarse lentamente a su sitio. La gente ha sufrido mucho en estos dos últimos años. Se necesita un poco de calma, pese a la incertidumbre. Los melillenses quedaron satisfechos y amparados por la presencia de su Patrona, una vez más, en las calles de la que es su ciudad, desde 1497.

   

Conquista de Hispania, conquista de Al Ándalus (711-1492)


Enrique Delgado

La nueva ideologización del mundo recarga debates de solución imposible, dada la enorme distancia del momento en que se produjeron y también, al tratarse de un periodo de tiempo tan largo, superior al de la dominación romana, hay que secuenciarlo para poderlo entender en su enorme dimensión. Claudio Sánchez Albornoz, Mª Jesús Vigueras, Manuel Aznar, Emilio González Ferrín, Serafín Fanjul, Pedro Martínez Montávez, Emilio García Gómez, Carmen Ruíz Bravo-Villas ante, Rafael Sánchez Saus, son entre muchos, historiadores y arabistas que se han ocupado del estudio e interpretación, de la historia de «la España musulmana», o de Al- Ándalus, y que hemos leído y consultado. Como la historia está también ideologizada, los historiadores marcan tendencias o líneas de interpretación, a veces muy enfrentadas entre sí.

Tanto daño hacen a la verdadera historia las simplificaciones de VOX y la leyenda de Pelayo, como los bulos de la exministra Mª Antonia Trujillo, acerca de Ceuta y Melilla. No es que no existiese don Pelayo, o que no se sucediese «la escaramuza bélica» de Covadonga, en pleno centro de Asturias, solo que en una realidad muy distinta a la interpretación creada a posteriori. Del mismo modo, ni Ceuta ni Melilla han estado vinculadas nunca a Marruecos, aunque estén en territorio norteafricano.

Pelayo, el noble godo huido hacia el norte tras la conquista de Córdoba por la invasión norteafricana, murió sin conocer que había iniciado la reconquista, ni dado origen a un Estado que tomaría forma en 1492. En realidad, entre el año 711 y el 856, en el que Ordoño I ocupó la abandonada ciudad de León, los resistentes del norte no habían puesto un pie fuera de sus montañas. El nuevo poder del Sur, que ya era musulmán y emiral desde el 756, no encontraría oposición alguna en siglo y medio, salvo escaramuzas y conflictos fronterizos, algunas rebeliones, conspiraciones, revueltas internas y guerras civiles, como la de Bobastro, en 928.

711, ni árabe, ni islámica: Norteafricana

La aportación del historiador y arabista Emilio González Ferrín, en su Historia General de Al Ándalus, es tan sorprendente como novedosa. El norte de África, que todavía seguía siendo conocido como Mauritania, estaba compuesto por una amalgama de pueblos, autóctonos o bereberes en su mayor parte, a los que se habrían unido los judíos de la diáspora, pueblos procedentes de las invasiones bárbaras, como los alanos, y los restos de los pobladores de los diversos imperios dominantes, como romanos y bizantinos. En 711, los invasores o migrantes, que cayeron sobre la península ibérica y acabaron con el Reino Visigodo, en total descomposición, no eran ni árabes, ni islámicos, porque ni la religión ni el idioma, habían llegado hasta sus filas. Los ocupantes de Hispania hablaban probablemente latín y griego como lengua común, lo que habría facilitado la comunicación y asentamiento en las ciudades hispanas. Esto refuta en principio, la tesis de la gran inmersión cultural, religiosa y lingüística, defendida siempre por Serafín Fanjul, en su libro Al Ándalus contra España. Pero esto solo explica el primer medio siglo, porque el árabe y lo islámico, sí llegarían con Abderramán I y el Emirato de Córdoba, y culminarían con la islamización completa de todos los territorios, bajo el emirato de Abderramán II (822-852), cuando la «reconquista» no ha dado señales de aparición todavía. Es más, esa fue la época más esplendorosa de Al Ándalus.

También parece claro que la expedición exploratoria, y la participación en la contienda civil visigoda, tenía una doble cabeza rectora: el yemení Muza Ibn Nusair, y Tariq Ibn Ziyab, tenía unos límites establecidos por el Califato de Bagdad. ¿Por qué se convirtió en una conquista plena, con dos expediciones ordenadas por Nusair entre 711 y 712? Probablemente fueron las circunstancias, y el entendimiento verbal, entre las ciudades hispano-visigodas con los nuevos dominadores, pero no todas. En algunas, como Mérida, la rendición solo se consiguió tras meses de lucha. Aun así, no hay explicación suficiente para que en 718 esté dominada casi toda la Hispania visigoda, y que el último encontronazo bélico sea el de Covadonga, en 722. La Crónica Mozárabe, de 754, sí habla de árabes, sarracenos y mauros (bereberes), como elementos distintivos entre los conquistadores. La tesis de invasión y conquista tampoco queda refutada del todo, pese a que Ferrín afirme que «seremos la última generación que llame conquista a lo sucedido en 711», fuese lo que fuese. Tras la batalla de la laguna de La Janda, en donde desaparece el ejército visigodo de Rodrigo, se abre una continuidad muy diversa, en la historia de Hispania, y que en aquel momento no había tomado forma.

La cuestión del Norte y los mozárabes

Conforme un poder se asienta, comienza a defenderse, a volverse más intolerante, y ya solo se ocupa de su supervivencia y perdurabilidad. La creación del Emirato de Córdoba, luego califato, empiezan a generar una emigración hacia el Norte, en «los territorios no sometidos». Se va yendo la población arabizada culturalmente (mozárabes), pero no islamizada (muladíes), que permanecían como población de 2ª categoría, y en algún momento también la judía. Todos van repoblando las tierras del Norte, y llevando su cultura, conocimientos y lengua; lo que irá homogeneizando su identidad, muy diversa hasta ese momento. Al final, el desdén de las crónicas musulmanas hacia «Pelayo y su grupo de asnos«, resultará ser el mayor error estratégico de los conquistadores norteafricanos, entre otras cosas, porque no tenían conciencia de serlo. No podían saber que hasta el año 900, lo conquistado en 711, permanecería en sus mismas dimensiones territoriales, con muy pocas alteraciones. El Duero y el Ebro constituyeron las fronteras entre el Norte y el Sur, a lo largo de casi 4 siglos. La repoblación se irá asentando sobre las zonas que permanecieron sin habitar, al norte del Duero y hasta la cadena del macizo cantábrico y sus intricados valles y orografía.

El desplazamiento de las tropas de Tariq y Muza, que se dividen tras Guadalete para reencontrarse en Toledo en 712, sugiere una estrategia plena de conquista, que fueron variando, dada la facilidad de la misma. Hasta el año mil, las aceifas musulmanas y las expediciones cristianas, rebasarán constantemente las fronteras establecidas, hasta el mismo norte, Santiago en 998 (Almanzor), o Almería en 1147 (Alfonso VII).

En el año 1002, el de la muerte de Almanzor, el gran Visir de Al Ándalus, tanto los reinos del norte, como los del Sur, son reinos de población hispana, pero de religiones diferentes. Las interferencias, relaciones comerciales, familiares, bélicas, a uno y otro lado de las marcas altas, son tantas, que resulta imposible enumerarlas. Nadie lamentó la caída de los visigodos, y las crónicas posteriores sugieren que la población hispanorromana no vivió peor o más sometida que durante la dominación visigoda. Todo cambió, eso sí, con la desaparición del Califato, tras la muerte de Hisham II, el último califa, en 1031. En ese año sucumbe la unidad de Al Ándalus, surgen la Taifas que aguantarán relativamente bien, hasta la llegada en 1086, de los imperios extranjeros (almorávides y almohades), muy fanatizados y que activaron, lo que ya sí puede ser denominado como reconquista.

En 1085 Alfonso VI de León llega a Toledo, al río Tajo, que ya nunca volverán a rebasar los musulmanes hispanos. En 1086, este mismo rey es derrotado en Zalaca, en las inmediaciones de Badajoz, frente a un ejército almorávide en expedición temporal, comandado por Yúsuf ibn Tasufín. De no haber sido porque la repentina muerte de su heredero le hizo regresar a su reino, esta derrota podría haber salido muy cara para la incipiente «reconquista» del territorio de Al Ándalus. Casi 400 años fueron necesarios para volver al río Tajo, y habrían de pasar casi dos siglos más, para poder volver a pisar el Guadalquivir.

La enormidad de la expedición de conquista de Muza y Tariq en 711, solo tendrá equivalencia en la del Reino Nazarí de Granada, conquistado en tan solo 10 años, por los Reyes Católicos, en 1492. Entre un suceso y otro habrían de pasar 781 años. En ambos lados de Hispania, el azar y la mano del destino, también jugaron sus bazas.

Si la desorientada exministra Trujillo pretende homogeneizar la influencia marroquí en Al-Ándalus, considerando como tales a almorávides y almohades, habrá que decirle que esta se limitó a 162 años, quedando finiquitados como tales, con la conquista de Sevilla en 1248, año en el que puede considerarse culminada la fase más amplia de la reconquista. El Reino Nazarí de Granada sobrevivirá encerrado en sus límites geográficos casi 250 años, y opondrá una resistencia de tan solo una década. Al final todo acabó con la misma celeridad que empezó.

Las caras de Melilla


Enrique Delgado Jiménez

Son 33 inmuebles y componen un grupo de 144 caras o rostros humanos. No son todas las que estuvieron, porque en el tiempo del Alminar (11 años) hemos vistos desaparecer al menos 10 de ellas. Su presencia se extiende desde la calle Alta, en Melilla la Vieja o Pueblo, hasta la calle Cataluña, en el barrio del Real, aunque estas son las más comprometidas, y su desaparición es prácticamente segura. Curiosamente, son las más parecidas entre sí, pese a que las de la calle Alta son las más pequeñas de todas, pero parecer proceder de un molde o patrón común. El predominio es de las figuras femeninas, 112, y una presencia testimonial de figuras masculinas, 4. Las caras o rostros infantiles son 28, de los que niños parecen ser 16, frente a 12 figuras niñas. Los rostros de los infantes son de dos tipos, salvo las dos niñas de la calle Millán Astray, que se diferencian claramente del resto y parecen dormir.

Hay otros grupos de pequeñas figuras (victorias aladas y una divinidad oriental), en las calles Alonso Martín nº 15 y Carlos Ramírez de Arellano nº 13 (9 y 16 respectivamente). No hay figuras completas, salvo los niños colgantes del edificio Melul, en la avenida principal. Todas las caras miran hacia el frente, salvo algunas del edificio de La Reconquista, que miran hacia el Sol poniente y a su lado derecho. Algunas, las que están sobre los portales, parecen realizar una leve inclinación hacia adelante, como saludo o señal de respeto. Suelen estar situadas muy altas, en las columnas de las azoteas, y en las esquinas de los edificios, por lo que muchas no son conocidas.

Además de un motivo ornamental, tienen un valor simbólico, cuyo valor ya nos es desconocido, o en desuso. Es un claro componente del neoclasicismo imperante en las primeras décadas del siglo XX. También aportan un matiz orientalista a las edificaciones. Las hemos visto en Segovia, en Almería, en Palacios Reales, en Catedrales, pero el alto número existente en Melilla, las convierte en algo atractivo. Están hechas de materiales pobres, como el cemento o el yeso. No parece haber ninguna labrada. Muchas están ocultas por el mismo tono de color de la fachada, que las oculta e invisibiliza. Otras están deslucidas por el cableado, y desconocemos si originalmente tuvieron alguna policromía espacial. La ponemos en un primer catálogo, diferenciadas del resto del universo decorativo modernista (monos, dragones, leones, grifos, monstruos). Si estuviesen pintadas en colores distintos del resto de las fachadas, resaltadas, e incluso identificadas, serían uno de los grandes atractivos del modernismo melillense, incluso para los propios ciudadanos, que las desconocen casi en su totalidad.

Calle/plaza/avenida /Figura /Situación /Unidades

Alta nº10 mujer estable 6

Álvaro de Bazán nº36 mujer estable 6

Antonio Falcón nº10 mujer peligro 2

Cabo Ruíz Rodríguez nº 42 niños estable 3

Capitán Viñals nº 2 hombre riesgo 4

Cardenal Cisneros nº 1 mujer estable 10

Cardenal Cisneros nº 10 mujer estable 3

Cataluña nº 36 mujer peligro 5

Duquesa de la Victoria nº 11 niñas estable 5

Duquesa de la Victoria nº 10 niño estable 1

Duquesa de la Victoria nº 15 mujer estable 2

Duquesa de la Victoria nº 20 mujer estable 1

Duquesa de la Victoria nº 30 niñas estable 4

FernándezCuevas nº 4 niña estable 1

García Cabrelles 34 mujer riesgo 4

García Cabrelles nº 1 mujer estable 6

General Pareja nº 12 mujer estable 5

General Polavieja nº  35 mujer estable 6

General Polavieja nº 34 y 36 mujer estable 6

Gran Capitán nº 35 mujer riesgo 4

Juan Carlos I Rey nº 9 mujer estable 6

León nº 14 niños estable 3

López Moreno nº 12 mujer estable 1

Lopez Moreno nº 16 mujer peligro 10

López Moreno nº20 mujer estable 1

Martín de Córdoba nº 16 niños estable 9

Menéndez Pelayo nº 3 mujer estable 15

Miguel Zazo nº 35  mujer estable 2

Millán Astray  nº 10 niñas estable 2

Reyes Católicos nº 1 mujer estable 8

Reyes Católicos nº 2 mujer estable 2

Sor Alegría  nº 9 mujer riesgo 1

Jesús de Perceval y los indalianos


Almería indaliana

En una calle de la capital almeriense, denominada Jesús de Perceval, languidece arruinada y devorada por la vegetación, una antigua casona que fuera residencia de uno de los más conocidos pintores almerienses, impulsor y creador del movimiento Indaliano, Jesús de Perceval. Almería ejemplifica en grado máximo, el haber sido crisol de todas las violencias posibles, primero con los comités populares revolucionarios, que ajusticiaron a 465 personas, entre 1936 y 1938. Luego recibió los duros bombardeos de la marina de guerra italiana, de la alemana y de la aviación franquista, en todo el periodo de guerra civil (con cifras imposibles de conocer) y finalmente, fue objeto de la represión del nuevo Estado Nacional de Franco, que alcanzó a las 373 personas, según la estimación de Víctimas de la Guerra Civil (1999) de Santos Juliá y otros autores. Almería fue el punto final de la huida y masacre de la población civil, huida de Málaga, tras su asalto final efectuado por las tropas franquistas en el mes de febrero de 1937, en lo que se conoce como «La Desbandá, y que constituyó uno de sus más atroces episodios, junto con la plaza de toros de Badajoz y Paracuellos del Jarama.

El arte en un Estado totalitario

Contamos todo esto porque uno de los papeles de Jesús de Perceval dentro del totalitarismo franquista, en su faceta artística, fue el de imaginero, y restaurador del patrimonio artístico religioso, que había quedado enteramente destruido, tras el incendio de iglesias en la capital almeriense, tras la sublevación militar contra La República, en julio de 1936. Antes de todo, ya era un artista conocido y con proyección dentro de Almería, en el prolífico universo artístico republicano. Luego vino el apagón, y la dureza de la provincia, reflejada en Campos de Níjar de Juan Goytisolo.

Jesús de Perceval creó un espacio físico, esta finca urbana abandonada, en donde se cobijaban artistas de todos los campos, y también un espacio imaginario, el Movimiento Indaliano. Colorido, luminosidad, regreso a los orígenes, al mar común, el mediterráneo, y el uso de una técnica pictórica en desuso, la encáustica. En realidad, para uno de sus biógrafos Antonio F. Gil Kayros, todo fue un movimiento propagandístico, bajo el férreo control de Falange. Perceval era amigo de otro pintor, Zuloaga, el retratista de Franco. El arte tiene poco espacio dentro de los totalitarismos. El nazismo calificó como «arte degenerado» a todas las vanguardias y quemó miles de obras artísticas. La Rusia de Stalin promocionó lo que se denominó como «realismo socialista», que si bien era hermoso, era también mentira. En España sucedió algo similar, desapareciendo artistas y sus obras. Se promocionó el costumbrismo y el retorno a un pasado tan mítico como irreal.

Hasta los primeros años del siglo XXI, con algunas exposiciones y conferencias, se intentó reflotar el proyecto de la Casa Museo de Perceval, pero pasados 20 años desde el 2002, última referencia conocida, todo parece haber quedado en el olvido. Cuando preguntamos en Almería a quién pertenecía esa casona en ruina, nos dijeron el nombre con un susurro. Regresa al génesis del movimiento indaliano, supondría regresar también a ese pasado de violencia que asoló Almería en apenas un lustro. En la actualidad, sus cuadros pueden verse en la Casa Mueso de Doña Paquita.

Nota: https://elpais.com/diario/2002/12/18/andalucia/1040167350_850215.html