Urinarios públicos en Melilla


 

                   Es una de las mejores cosas o servicios, que ofrece la ciudad de Melilla. Aunque sea un tema tabú, la necesidad de orinar es algo que alcanza a todo el mundo, y más cuando se va avanzando en las décadas cumplidas. A los hombres este tema les afecta de lleno, aunque no se hable de él. Es algo de lo que se huye como si mentase al demonio. Todas las ciudades quieren recibir turismo, pero luego no ofrecen “urinarios públicos” y eso que el turismo de personas mayores es uno de los más abundantes.

                      En Melilla la Vieja existían unos urinarios públicos, que luego fueron absorbidos por una asociación cultural, casi sin vida pública, y que se mantienen cerrados desde hace más de una década. Las calles y túneles del Pueblo suelen oler a orina, sobre todo la Puerta de la Marina, que rima. Es la zona más turística la que menos opciones tiene.

                              Los franceses, poco dados a los tabúes, han instalados unos urinarios para hombres junto a las riberas del Sena, lo que también ha escandalizado, por hacer demasiado público el asunto, al menos desde el lado masculino. Los llaman Uritrottoir o urinarios de acera.

                                Flavio Vespasiano: “Pecunia non olet”

            Ser emperador después de Nerón no era una tarea fácil. Las arcas del Estado romano estaban tan exhaustas, que era necesario llenarlas con impuestos, pues los derroches se habían hecho norma. El más célebre de todos ellos, o el que ha llegado a la posteridad, fue su impuesto sobre los urinarios públicos, pues la orina era recogida y después de depurada, servía para los artesanos y curtidores de cuero. Su hijo Tito le reprochó ese impuesto y le respondió “el dinero no huele” o pecunia non olet. Esto se hizo luego extensivo y casi equivalía a decir que no había dinero malo. No es así, y los romanos decían esto desde su profundo sentido del Estado. Hay dinero ilícito, dinero manchado de sangre, dinero obtenido de formas no admisibles, y una de las peores es la de los saqueadores del erario público. Vespasiano legó para la posteridad, además de un ejemplo de administración cuidadosa, el Coliseo de Roma. Cuando se administra bien, se pueden hacer obras públicas de gran valor.

                     Volviendo a los urinarios públicos melillenses, hay que decir que son en total cinco. Dos se encuentran en el parque Hernández y otro más en el parque Lobera, que es el más reciente y el que luce el aspecto más cuidado. Los del parque Hernández son de 1960 y se encuentran bastante deteriorados, aunque son los de más uso, por su buena situación. Los otros urinarios públicos son el de la plaza Martínez Campos de el Rastro, es el que peor aspecto presenta; y el de la plaza multifuncional de San Lorenzo. En Melilla se mantienen, cuando ya no existen en casi ninguna ciudad. Esta es una diferencia apreciable con respecto a otras ciudades, que hay que seguir manteniendo, pero en mejores condiciones. Tanto por los trabajadores de estos servicios públicos, como por los usuarios.

Nota: https://www.lavanguardia.com/internacional/20180815/451328035822/polemica-paris-urinarios-calles.html

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Sirgas, tabiques y otras cuestiones


 

                  En Melilla se cumplen varias leyes, aunque no estén escritas, para todos aquellos que nos dedicamos a narrar y dejar constancia del acontecer diario. La primera es que si algo no se fotografía corre el riesgo de desaparecer sin que luego quede el menor vestigio de su existencia. La segunda es que si ese edificio, lugar o desperfecto está fotografiado, entonces puede ya permanecer en el mismo estado indefinidamente, sin que haya prisa por darle fin o por solventarlo; o el efecto opuesto, que sería el de su fin inmediato

       En el caso de que haya que retirarse temporalmente del carrusel de los acontecimientos, bien por decisión propia o por que las circunstancias así lo impongan, entonces actúa la tercera ley, que dice que casi todo permanecerá en el mismo punto en el que se dejó, hasta que alguien vuelva a ocuparse de verificar o no, la evolución de los acontecimientos. Este es el caso o circunstancia de El Alminar de Melilla, que está y permanecerá en un estado latente por un periodo de tiempo difícil de precisar.

          La teoría del observador de acontecimientos, que eso es El Alminar, dice que la observación modifica el hecho observado, porque despierta a veces fuerzas dormidas. Pero también dice que esos hechos sucederán aunque nadie los observe o los relate, aunque eso sí, no se podrá determinar en qué sentido evolucionan, o si lo hacen o no.

            El Alminar publicado asciende a 2100 artículos, con un número aproximado de 5000 fotografías, 18.000 comentarios y casi un millón de palabras escritas. La unión de textos e imágenes ha sido uno de los grandes logros del blog, pues el lector ha podido ver y comprobar aquello de lo que se escribía, formando su propio juicio, en libertar total. Otro dato importante es que a lo largo de 7 años (84 meses), no ha existido un solo mes en el que no haya habido publicaciones. El contacto del blog con la realidad y con los lectores ha sido continuo. Hemos modificado muchas cosas, no hemos podido impedir otras, pero hemos dado testimonio de casi todo.

              De todo lo que hemos escrito hoy, vamos a mostrar pruebas. La primera es de un edificio que ha desaparecido en la calle Lerchundi, el número 1, que se ha volatilizado sin que haya dado tiempo a mostrarlo, ni a fotografiarlo. Un colaborador nos advirtió del hecho, pero ya era tarde. La segunda muestra una ciudad envuelta en el miedo. Cualquier edificio o solar debe ser tabicado o cerrado a cal y canto, para que no se llene de residentes no controlados (se trata de un edificio vacío y luego tabicado). La tercera prueba o imágenes muestran la extensión de la sirga al uso civil, en inmuebles o solares vacíos, y en los que se pretende que no haya intrusiones. Esto no se había visto nunca en la ciudad. Es la prueba del miedo y del estado de la ciudad.

              Lo que queríamos decir, ya está dicho. Hay tanto de lo que escribir, como de lo que ya se ha escrito. El Alminar seguirá, pero en modo latente, et maneat semper. 

 

 

La tormenta de asfalto


 

            A lo largo de todo el mes de septiembre, como si se tratase de una invasión, las máquinas de asfalto, dirigidas por la consejería competente en la materia (alquitrán), han desatado una tormenta de asfalto en el melillense barrio del Real. 25 calles han sido asfaltadas de punta a cabo, todas a la vez y también por partes. Las molestias ocasionadas han sido todas las previstas más el doble.

            Pasado este mes, el de la feria y la vuelta al colegio, y el del regreso a la actividad laboral y cotidiana en los hogares, esas 25 calles lucen un asfaltado brillante, liso, completo, junto con todas sus marcas viales, señales de aparcamientos, y marcas de dirección. En un mes se han asfaltado más de 3 kilómetros de calles. Hay que recordar que el alquitrán es un material reutilizable.

             En primer lugar se limpia y barre la superficie. Luego llegan las máquinas con rastrillos que levanta la capa de rodadura, para ser recalentada, embreada y vuelta a utilizar. Si se mantiene adecuadamente, el asfalto es permeable y en época de lluvias absorbe el agua, cosa que no hace el cemento, que prolifera en otras calles de la ciudad. El asfalto es un material sostenible y el cemento no.

             La pregunta que se hace todo el barrio del Real, pero que no se verá escrita ni contestada en lugar alguno, es porqué si en un solo mes se ha podido reasfaltar casi la mitad de las calles del barrio ( estará todo completo en un plazo casi igual); ha tenido que pasar más de una década para realizarse una actuación así. Han sido diez años de socavones, baches, pavimento zurcido y remendando con cemento en todas las calles, señalizaciones invisibles o inexistentes, y una degradación que solo era la muestra más visible de una gestión sumida en la acedia y en la desidia.

               El estado en que se encuentran ahora las calles, es el que deberían tener siempre, a lo largo de todo el año. Sin embargo no ha sido así. El barrio del Real es el más populoso de Melilla. Si los concejales se eligiesen por distritos, estas cosas no sucederían. Solo la proximidad electoral del año 2019, y el miedo a la irremisible pérdida de la hegemónica mayoría, mantenida durante demasiado tiempo, parece ser la responsable de “estas tormentas de asfalto y de obras”, tendentes a solo una finalidad, que se antoja ya imposible. Algunos ya darían por buena un “dulce derrota”, como dijera un mandatario socialista en 1996.

                Y ya que escribimos de calles y de nombre, ¿ha pensado alguien qué hacer en Melilla con la calle Infanta Cristina?.

Las Navas de Tolosa


               

             

              El lugar donde la historia duerme

                   El pequeño enclave de Las Navas de Tolosa, es una pedanía del municipio mayor de La Carolina, 15.000 habitantes según el último recuento del INE. En 2010, uno de nuestros más afamados y lenguaraces Académicos de La Lengua, Arturo Pérez Reverte, intentó rescatar la lejana efeméride y trazar un paralelismo entre 1212, y los actuales tiempos. En “La carga de los tres reyes”, publicado el 11 de julio, cometió algunos errores que luego subsanó el 26 de septiembre en “Las 17 Navas de Tolosa”. Lo primero que hay que decir es que no se deben hacer hipérboles históricas, ni trazar paralelismos entre el pasado y el tiempo actual. Aquellas gentes, hispanos en uno y otro lado, lucharon y murieron por otras cosas, que nada tienen que ver con las actuales.
Sin embargo y quizá sin pretenderlo, el más afamado de nuestros académicos, escogió el número 17 (hipotéticas versiones de la batalla), y trazó una línea que separa y une a la vez ésta, Las Navas, con otra llevada a cabo justo 17 años antes y sin la que es imposible entenderla. Nos referimos claro está a la batalla de Alarcos, del año 1195, también en el mes de julio y casi en la misma fecha, y que es conveniente  sacar del olvido. Es verdad que hay muchas cosas yaciendo en el olvido y reposando en la historia.

               La historia la narra quien vence, como escribe la profesora Margarita Torres en Las Batallas Legendarias, 2003. Unas pocas líneas separan al más absoluto de los olvidos, de la celebridad y la conmemoración. Sin embargo, todo lo que hoy somos se conforma con aquellos sucesos. En los campos de Jaén se ha decidido varias veces el destino de España.

                                       Alfonso VIII y los Almohades

                 Alarcos es solo una referencia geográfica de la provincia de Ciudad Real. No hay casi nada sobre Alarcos, porque significó una derrota que a punto estuvo de comprometer todo lo conseguido tras la conquista de Toledo en 1085. Significó un retroceso en la frontera desde el Guadiana al Tajo, nuevamente. Todo lo conseguido durante un siglo, se perdió en un solo día.

                  Según José María Martínez Val, Yaqub al  Mansur, el miramamolín o comendador de los creyentes (Emir al Muminín) , buscó durante varios días al rey de Castilla, hasta que el día 18 de julio de 1195, éste le aceptó el combate en las inmediaciones del castillo de Alarcos. Como era habitual, las huestes sarracenas eran más numerosas. Sin embargo, la precipitación de Alfonso VIII, como también le sucedería 17 años después,  le llevó a cometer un error fatal. Entabló el combate en una posición desfavorable y sin esperar a que llegaran los refuerzos del Reino de León.

                     El desastre fue inmenso, y la victoria del califa Almohade legendaria. Se perdió Alarcos ( hoy uno de los campos arqueológicos más importantes de España), todo el campo de Calatrava y la Orden homónima. En el lado cristiano el silencio y el olvido fueron absolutos, mientras que las crónicas musulmanas amplificaron al detalle la magnitud de la victoria. Esas mismas crónicas cifraron en 30.000 las pérdidas cristianas, por solo 500 en el campo almohade. Es una cifra exagerada, pero no así la magnitud del resultado de la batalla.

                        Las Navas de Tolosa y el pastor Martín Alhaja

        Son muchos los años que he transitado, dormido, comido y deambulado por la villa de Las Navas de Tolosa, que no es el lugar en donde se produjo la batalla de 1212, la que enmendó el desastre de Alarcos. Jaén está lleno de significados y lugares legendarios. El museo de Las Navas se encuentra en Santa Elena, y el lugar de la batalla está en otro punto, denominado como Mesa del Rey, tras descender el puerto del Muradal. Todo coincide con el trazado actual de la autovía A4, en el paso de Despeñaperros.

          Todo es de sobra conocido y fácil de localizar, salvo la historia y el personaje del pastor mozárabe Martín Alhaja o Martín Joya, que salió al encuentro de las tropas del Rey castellano y les indicó el lugar exacto por donde pasar el puerto, y ocultarse del ejército almohade del Miramamolín, en este caso Abu al Nassir, hijo del legendario Yaqub.

           Al igual que en Alarcos, los almohades ya esperaban a los castellanos en perfecta situación de combate y mejor emplazamiento. También en superioridad numérica, que era de 3 a 1. Al Nassir había reunido 200.000 guerreros por 70.000 de los castellanos. En ambos lados la batalla tenía carácter de cruzada. Sin embargo, y gracias a la información de Martín Alhaja, las tropas bajo mando de Alfonso VIII pudieron desaparecer de la visión de los almohades y aparecer delante de ellos. En caso contrario hubiesen sido fuertemente hostilizados y su fuerza podría haber llegado más descompuesta. El calor en el campo de Jaén en los meses de julio y agosto es implacable.

             Al igual que en Alarcos, la ansiedad del Rey estuvo a punto de provocar otro descalabro, pero fue contenido por el obispo de Toledo y hombre de armas, Jiménez de Rada  y el caballero Fernando García*, que retuvieron  al Rey y esperaron el momento idóneo del ataque, justo cuando el ejército del Miramamolín cometió su único error táctico.

               Esto sucedió un 16 de julio de 1212, 17 años después del desastre de Alarcos. Se calcula que unos 100.000 hombres perdieron la vida en aquella jornada. Entonces, el destino se decidía en un solo día. Nunca se ha resuelto el misterio de Martín Alhaja, que no pidió recompensa alguna por su decisiva contribución en el paso de Despeñaperros.

          Nota:*Las Navas de Tolosa, Carlos Vara Thorbeck

 

 

La losa de Franco sobre España


 

                  Pedro Sánchez desafía a la maldición de la momia

      La inexorable salida del cuerpo momificado de Francisco Franco del Valle de Los Caídos, situaría al presidente Pedro Sánchez al nivel del legendario Howard Carter, o incluso de héroe mítico Indiana Jones. Nadie más se ha atrevido a desafiar a “la momia” del dictador español de un modo tan directo, y a tan escasos días del 20N, jornada de amplias implicaciones políticas e históricas en España. Fue un 20 de noviembre el día señalado por José Luis Rodríguez Zapatero, para las elecciones del años 2011, que no solo supusieron su tumba política, sino también la de todo el Partido Socialista.

      En Melilla, la que fuera Adelantada del franquismo, se sabe todo un poco antes. Por eso en la ciudad existe una vieja leyenda que afirma que: “Quien toque a Franco pierde las elecciones”. Tan tremenda afirmación fue realizada por fray Puñales en 1991, tras un primer intento del Partido Socialista de entonces por eliminar su estatua de las calles. La intentona supuso el descalabro electoral municipal del socialismo melillense.  Este es el motivo por el que en 2018, la estatua melillense de Franco es ya la única existente en toda España. La derecha teme tanto a la maldición, que jamás se atreverá a tocar nada que tenga que ver con la figura del dictador Francisco Franco.

                    El Valle de los Caídos y un viejo libro olvidado

         Apenas a una decena de kilómetros del Valle de Los Caídos, en la provincia de Segovia, discurre el río Moros. El valle en el que se ubicaría el futuro Mausoleo franquista de Los Caídos, se llamaba de “Cuelga Moros”, tal y como descubre el historiador Daniel Sueiro en La verdadera historia del Valle de los Caídos, publicado en 1976. Aquel nombre, probablemente procedente de los tiempos de La Reconquista, no era el adecuado en unos tiempos en los que la deuda del ejército de Franco con el amigo musulmán, era ampliamente reconocida por su “generosa contribución a la Causa Nacional”. Así pues, todo quedó en el más neutro nombre de Cuelgamuros.

        El libro cuenta con el testimonio directo de prisioneros de guerra del ejército de La República, que fueron los que en definitiva construyeron el monumento, para “redimir” las penas impuestas por su defensa de la legalidad vigente. Eran derrotados, pero del gobierno legítimo.

           Uno de esos testimonios es el de Jesús Castelar Canales, soldado de la 132 División, la de Enrique Lister, reflejada en el capítulo 5. En ella se cuenta como Franco solía visitar las obras, sobre todo de noche: “Estábamos subiendo en el ascensor, y sentimos las dos pitadas. Joder, quién será a estas horas. Entonces viene el arquitecto y me dice: ¿No conoce a ese que está ahí al lado?. Pues no, señor, la verdad. Salía del ascensor y estaba aquello. Y ya vi que era Franco”.

         Es un monumento descomunal. La cripta, excavada en la roca, es de 262 metros de longitud y 41 de altura en el crucero. Los evangelistas del extremeño Juan de Ávalos, soldado republicano, tienen 18 metros de altura cada uno y el conjunto pesa 20.000 tm, tallados en piedra. Las proporciones son  colosales pero con el único fin de amedrentar. La santa Cruz se levanta 121 metros sobre el cerro y es visible desde Madrid, situado a 50 kilómetros de distancia. Su perfil se eleva sobre el del la sierra de Guadarrama, que le sirve de espaldón. Está calculada para que dure más de 1000 años sin agrietarse o derrumbarse sobre su base.

       No es un lugar de reconciliación, porque no fue así concebido. El decreto de creación habla de albergar a Los Caídos en la Guerra de Liberación. Los restos de soldados republicanos sacados de las fosas, o de civiles víctimas de la represión, fueron llevados allí a la fuerzas, desenterrados en secreto y en su mayoría permanecen sin identificar. Pasados ya casi 60 años desde su inauguración, probablemente no podrán ser identificados.

                          Pedro Sánchez y la tormenta roja

           El 22 de febrero de 2017, Pedro Sánchez incluyó a Melilla en su campaña para la reconquista del PSOE para la izquierda, pero se lo impidió un espectacular tormenta roja, que le dio a Melilla el aspecto de una ciudad marciana. Entonces nos pareció que la tormenta indicaba que no conseguiría su propósito. El error estuvo en no percibir que la tormenta roja podría ser él, o en no ver que éste hombre, hoy ya presidente del Gobierno de España, era capaz de darle la vuelta a los vaticinios más adversos. No se atrevió Felipe González con 202 diputados, ni Zapatero con 169.

          Con solo 85 diputados, Pedro Sánchez, un político indudablemente audaz y que sabe asumir riesgos, ha decidido enfrentarse en solitario a la maldición que pesa sobre la momia del dictador. Tiene menos apoyos de los que nadie ha tenido nunca, pero es algo que nadie ha hecho y que le corresponde a la izquierda. En este caso es el PSOE, único partido político con las mismas siglas que en la etapa republicana. Es una deuda que les corresponde resolver.

          El momento debería ser con anterioridad al 20N. Lo que ocurra después ya se verá. Con las maldiciones también hay que acabar o arriesgarse a hacerles frente. El premio será pasar a la historia. Una vez que salgan de allí los restos del dictador, la influencia malévola del monumento se habrá acabado y ya solo quedará la estatua de Melilla. Quien venza a la maldición, se hará invencible.

        Nota:https://elalminardemelilla.com/2016/11/23/monumento-a-franco-dictador/

 

 

Suspensión cautelar de La Victoria


 

                        El retraso que descabaló la procesión de La Patrona

                  Ninguno de todos/as los expertos  que hemos consultado recuerda una suspensión de la procesión de la Virgen de La Victoria, Patrona de Melilla.  Los romanos, grandes supersticiosos, consultaban los auspicios de modo constante. En Roma existía un colegio de augures. Los augures decían, que cuando los dioses estaban descontentos con una situación política o de gobierno, lo manifestaban por medio del tiempo y de circunstancias climatológicas extrañas, o de sucesos que solo se manifestaban en el momento de celebrar el fasto. Solo había una cosa peor que un mal augurio, y era sentar un precedente.

                        Los auspicios son negros desde hace algún tiempo, y hoy la amenaza de la lluvia se cernía sobre la procesión de La Patrona de la ciudad. En el lapso de tiempo que podemos recordar y del que estamos dando cuenta escrita, no habíamos conocido una suspensión de esta procesión. En la semana de feria de Melilla siempre suele llover, eso dice el acerbo popular melillense, pero la negra sombra de las nubes siempre respetaba el 8 de septiembre.

                        Los 1000 fieles y seguidores de la Virgen de La Victoria estaban congregados frente al templo arciprestal casi una hora antes del inicio de la procesión, prevista y anunciada para las 8 de la tarde. Sin embargo, y en contra de lo que ha venido siendo habitual, hoy 8 de septiembre de 2018, se comunicó de modo oficioso un retraso de media hora en la salida del templo. Los fieles congregados temieron por la procesión desde el primer momento. El riesgo de salir y enfrentarse a la posibilidad de lluvia no era grande, porque al estar la imagen de La Victoria alojada en la centenaria iglesia del Sagrado Corazón, apenas se hubiesen tardado unos minutos en hacer regresar a La Patrona de Melilla a su refugio. Ha existido un exceso de cautela, provocado por el retraso en la salida del templo.

                    Llevamos algunos años advirtiendo que el inicio del recorrido procesional es demasiado tardío para el mes de septiembre, porque la mayor parte del recorrido se hace ya sin luz solar. Aun así, y en la duración prevista para el recorrido, dos horas entre las 20 y las 22 horas del día, no ha caído una sola gota, pero al retrasarse la salida, las dudas y los temores se apoderaron de los que tenía que decidir.

                  Dicen los que le conocen, los que se enfrentan con él a diario, que el diablo solo necesita un instante de duda y de tribulación, una pequeña rendija; para entrar y causar un estropicio. Un solo momento de descuido frente a él  y se está perdido. Todas y todos los allí presentes, quedaron desconcertados ante el irremisible anuncio de la suspensión de la procesión patronal de Melilla.

 

 

 

 

 

La mezquita-catedral de Córdoba


 

               En todas las ciudades de España hay catedrales espléndidas, y en todas se puede decidir verlas o no. La visita a cualquier ciudad no cambia por este hecho. No sucede así con Córdoba, en donde irse sin ver el conjunto de la mezquita-catedral, sí cambia el resultado de la visita. La catedral de Córdoba es bonita y está integrada de modo mágico dentro de la mezquita, pero hay muchas catedrales muy hermosas en España, de hecho algunas elevarían preces por superar las 100 visitas diarias. Sin embargo, la mezquita omeya de Córdoba no es algo que puede verse ni en toda la península, ni siquiera en el resto del mundo. Es algo único, inigualable, majestuosa. No se comprende una estancia en la ciudad, que en algún momento no incluya una visita a la antigua mezquita de los omeyas, pese al excesivo precio de las entradas (10€).

              En el año 2014 no pudimos acceder a la mezquita-catedral por causa de los rígidos horarios impuestos por el Cabildo de Córdoba*, en los domingos. No debería ser así, y el culto podría coexistir con el  monumento, que también lo es. El Cabildo tiene que dar gracias el cielo por disponer de una joya arquitectónica única, que atrae de forma continuada a millones de personas de todo el planeta, y ser algo más generoso con el interés de los turistas por el monumento que custodian. Los domingos, en horario de culto, se podría reducir el itinerario de visitas por el interior, pero no cerrarlo de modo completo, y dejar a los turistas en el exterior. Córdoba entera  se ha desarrollado con la atracción de esta mezquita portentosa, y catedral desde 1236. No cabe ninguna duda en cuanto al carácter del edificio.

                                          Mezquita y Catedral

              Por alguna razón que se nos escapa, Fernando III, conquistador de Córdoba en 1236, protegió este templo. No ocurrió igual en tiempos anteriores o posteriores,  con las mezquitas aljamas de Toledo, Jaen, Granada, Sevilla, Toledo, Guadix, Almería y un largo etcétera. Es también claro que existió un consenso entre los conquistadores de Córdoba y su población para mantenerla en pie, mientras se derriban o caían en el resto de las ciudades. Este es un mérito que también hay que reconocer, porque la mezquita se mantuvo en su integridad.  En 1371 se edificó la Capilla Real y en 1523 Carlos V autorizó la construcción de la Catedral de Santa María, dentro de la antigua mezquita omeya. Dicen que el César español se arrepintió o dudó de la autorización, en estas palabras que se le atribuyen: “habéis destruido lo que era único en el mundo, y habéis puesto en su lugar lo que se puede ver en todas partes”.

            Aceptando la veracidad de la frase de Carlos V, hay que decir que la catedral cordobesa se integra de modo perfecto dentro de la mezquita, sin derribarla, y en cierto modo la ha preservado hasta nuestros días. Una, la mezquita, es mantenida por la otra, la catedral, en una simbiosis casi perfecta. Los arquitectos encargados de construir la catedral, obraron un prodigio artístico. En la vecina Sevilla, el Cabildo hermano  no tuvo mayores problemas en arrasar con la mezquita aljama sevillana, dejando solo el alminar o Giralda. Es probable que en caso de no haber aceptado Carlos V la propuesta del Cabildo cordobés, la mezquita se hubiese desmoronado cualquier noche, como sucedió con la de Toledo tras la conquista. Gracias a todas estas extrañas circunstancias y suma de voluntades, hoy se puede disfrutar en un edificio sin parangón en el mundo; lo que demuestra que para preservar algo importante, a veces también es necesario ceder.

                          Chueca Goitia y la mezquita de Córdoba

           En su Historia de la arquitectura occidental, Chueca Goitia describe como:  Abderramán I inicia hacia el 780 la mezquita, un edificio de 11 naves perpendiculares a la quibla y 12 tramos, construido en solo 7 años y sin alminar. Para ello, los arquitectos omeyas tenían que solucionar dos problemas, uno el de las arquerías que sostienen el techo, junto con las canalizaciones de agua, y el otro el de la altura de la nave. “Para ello, levantaron sobre los capiteles una pilastra hasta llegar a la altura apetecida, donde podían arrancar los arcos sustentantes de la cubierta”. Con el doble arco, lograron superar el problema del pequeño tamaño de las columnas disponibles de los antiguos templos y palacios romanos. Los arcos superiores son los sustentantes, y los más bajos cumplen la función de entibo, dando estabilidad y sujeción al plano sustentante. La altura de los arcos cordobeses es muy elegante, pero frágil. Los omeyas hallaron una brillante y esplendorosa solución, que distingue la mezquita de Córdoba de cualquier otra. Aún hoy, es la tercera más grande del mundo, con capacidad para 20.000 fieles, y es uno de los edificios en uso más antiguos del planeta.

       La doble arcada, con hileras que se cruzan en sentido longitudinal y transversal de modo interminable, permitió las sucesivas ampliaciones. La siguiente y más modesta, fue realizada por Abderramán II, que le añadió 7 tramos en dirección sur. Abderramán III, primer califa de Córdoba realizó obras de consolidación en la mezquita y construyó el gran alminar para la mezquita, hoy oculto por el campanario renacentista. La más esplendorosa arquitectónicamente, fue la ampliación de Al-Haken II (segundo califa de Córdoba) según refiere Chueca Goitía, que fijó el límite sur de la mezquita. El arco lobulado, las excelsas cúpulas de nervios, los arcos entrecruzados, la riqueza decorativa y el sublime Mihrab, son las aportaciones del segundo califa cordobés. La última ampliación y final fue la del gran visir de Al-Andalus, Almanzor, que casi la duplicó en superficie. Esta es solo una ampliación política, en palabras de Chueca Goitia, pues  ya no aporta nada desde el plano arquitectónico. Es una constante repetición de todo lo anterior, pero que la llevó a dimensiones únicas.

      Los gruesos muros exteriores que cierran la mezquita a modo de fortaleza, se han desplazado hacia el Sur y hacia el Este en varias ocasiones, en las arriesgadas ampliaciones. En realidad constituyen una muralla, con contrafuertes sucesivos y torres almenadas, que protegen el conjunto interior, desde hace 12 siglos.

     Nota:https://elalminardemelilla.com/2014/08/19/cordoba-cierra-su-mezquita-en-domingo/