Uno elevado a tres


Hay tres edificios en una situación arquitectónica muy comprometida en pleno centro de la ciudad. Llevan una década en proceso de autodestrucción. Empiezan a representar un peligro para los viandantes. Desde aquí ya pronosticamos que solo se salvará uno, el que está en la posición central y que tiene un llamativo anuncio en su puerta.

El último o primer edificio de la avenida de Castelar, el que tiene el balcón de madera caerá sin remedio, al igual que se encuentra en el extremo de la calle López Moreno. El deterioro heredado es inmenso, a lo que se ha sumado la crisis pandémica, que está deteniendo cualquier posible cambio de rumbo en la salvación del patrimonio arquitectónico de la ciudad.

Solo con lo existente (barrios casi completos en situación de ruina, como el del Carmen, o en condiciones de habitabilidad inadmisibles, como los de Ataque Seco o el Rastro) hay negocio más que suficiente para mantener el sector de la construcción en lo que queda de siglo XXI. Los rumores de una inminente aprobación del nuevo Plan General de Ordenación Urbana, han acelerado los derribos distintos sectores de la ciudad, que ya de por sí vivían en un constante y permanente “estado de obras”. En este sentido no parece haber un cambio de tendencia, aunque sí se aprecia un mayor control sobre el terreno y espacio urbano.

Existen también una considerable cantidad de solares, y anuncios de venta de casas de planta baja, que conforman una no desdeñable reserva estratégica para el sector de la construcción. La ciudad ha detenido su crecimiento demográfico, y cuenta con un parque de viviendas vacías considerable, por lo que seguir situando a un sector puramente especulativo, como motor principal de la economía de la ciudad, resulta arriesgado, y escasamente rentable para los ciudadanos.

Tirar o no tirar, he ahí la cuestión. Sin embargo, todo este comentario gira en torno al más insólito anuncio que nunca hayamos visto en la puerta de acceso a un edifico, el único que se salvará de los tres.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2020/06/25/estado-suficiente-de-ruina-esr/

Reflexión en la pandemia


Hay un tiempo para cada cosa y una cosa para cada tiempo. Lo importante es darle la cara a los acontecimientos y estar a la altura de lo que se requiere. En el peor momento posible y ante la mayor amenaza que haya tenido jamás el mundo, el Reino Unido de la Gran Bretaña tuvo al mejor dirigente posible, eso se salvaron.

Existe días que no queremos que sean olvidados, y uno de ellos es hoy, 6 de octubre de 2020. Hemos escrito hasta el cansancio, que se estaba dejando la línea de choque frente a “la pandemia de los murciélagos o de Wuhan” en manos del azar, que resulta un aliado cuando se hace todo lo que se debe, o como decía Wittgenstein: “hay que dejar las menos cosas posibles en manos del azar”, si se puede, ninguna, porque el azar el algo que puede volver la cara en cualquier momento, como está sucediendo en Melilla, entre el final del verano y el principio del otoño. En junio no se tiraron cohetes porque lo impedía “el estado de alarma” o las fases del confinamiento.

Hoy, 6 de octubre, hemos registrado el primer sanitario fallecido por Covid, el coordinador médico del SUAP (Servicio de Urgencias de Atención Primaria) José Manuel Galindo Gómez, y hemos iniciado la lista de políticos contagiados, que casualmente es otro sanitario, Mustafa Aberchán. Esto ya es muy grave, porque los sanitarios son la última línea de defensa, aquella retaguardia a la que aplaudíamos en los meses de marzo y abril. Porque hay que ser conscientes de que después de los sanitarios, ya no hay nada más.

Comunidad Sanitaria, Medalla de Oro de Melilla

El pasado 25 de septiembre, en el acto aplazado de la entregas de las Medallas de Oro de la Ciudad, se encendió un pebetero que homenajeaba tanto a los sanitarios, como a todas las víctimas mortales del Covid. Una representación de todos los estamentos de la Comunidad Sanitaria, y de la sociedad melillense depositaron uno a uno, una rosa blanca en homenaje y recuerdo hacia todos los que han perdido la vida, y en consideración y ánimo para los que luchan contra la pandemia, en situación de estrés, de agotamiento, y de claro riesgo para su vida.

Esto es una cadena de responsabilidades, y el que se resiste a usar el cubrebocas (mascarilla) en el Paseo Marítimo, en el bar, en la cafetería, en la calle, o que no guarda las medidas sanitarias de rigor, debe saber, que su irresponsabilidad acaba justo en la línea sanitaria, con los efectos que ya empezamos a ver. Esa irresponsabilidad es responsable de muertes, aunque no quieran ser conscientes de ello, porque el que está contagiado, contagia al que no lo estaba, a veces con resultados fatales.

Sirvan estas líneas como recuerdo eterno a José Manuel Galindo Gómez, y como agradecimiento a toda la Comunidad Sanitaria de Melilla. También como deseo del pronto restablecimiento del cirujano del Hospital Comarcal, Mustafa Aberchán.

Fotos: Javier Bernardo

Imágenes inéditas del tiempo insólito


En el décimo año de escritura en el Alminar, la cifra de artículos publicados es ya de 2336. Hemos alcanzado un millón de palabras escritas y publicado un número indeterminado de fotografías. Las visitas se aproximan ya a los 1,9 millones. Han cambiando muchas cosas, pero bajo la misma esencia, que es lo que contiene la cohesión del blog. La renovación es una exigencia constante en una experiencia así. Una opinión petrificada o fósil acaba por convertir todo en predecible y eso es lo que El Alminar ha intentado evitar siempre. Echamos de menos a los que fueron nuestros comentaristas, que era lo que nos distinguía, pero seguimos escribiendo para todos y todas las/os que nos leen, escriban o no.

Es cierto que en los primeros años el apartado de reflexiones era más amplio, pero en el principio todo era un torrente. En los dos primeros años el número de artículos o entradas publicadas (783) superó al de de días (730). Sin embargo, en todo este tiempo no hemos perdido la conciencia de que esto solo es un blog, uno más entre millones. Nuestra intención ha sido siempre la de mostrar, para que el que lea juzgue y tome su propia posición.

Inédito no es solo lo que es nuevo o desconocido, sino también lo que no ha sido publicado. Imágenes vemos cientos a diario, pero componer con ellas una noticia o u artículo es algo muy diferente, porque escribir y mostrar es comunicar. El Alminar no publicado es mucho más grande del que es visible, pero solo existe el que se ve. Este que está aquí. Siempre hay que decidir y escoger, es algo inevitable.

Vivimos también un tiempo insólito, en donde está ocurriendo hechos que nunca habíamos vivido, como el de “la peste de los murciélagos” o pandemia de Wuhan”. Seguimos escondidos detrás de las mascarillas. En épocas así también surgen profetas apocalípticos, adivinos milenaristas, que siembran confusión en un tiempo, en el que ya nadie parece saber que hacer.

La selección de noticias y la agrupación de las mismas es tal, que resulta imposible determinar el grado de veracidad de las cosas. El tiempo es incierto, incluso desde El Alminar. Nunca imaginamos que llegaríamos hasta aquí, nunca pensamos que viviríamos una época así. Cave credas (guárdate de creerles)

Carlota Leret, Medalla de Oro de Melilla


En los brazos del padre

En el año 2010, recorríamos una vez más el cementerio de Melilla con Carlota Leret O´Neill y su hija Laura, esta vez para el rodaje del documental El Caballero del Azul, patrocinado por Euskal Telebista y la Universidad Pública de Navarra y dirigido por Mikel Donazar. Carlota, siempre atenta a todo, en un instante determinado se empezó a interesar por los movimientos de mi hija, que nos acompañaba en el rodaje. En aquel momento tenía 4 años y Carlota se transportó al pasado y se imaginó, quizá, corriendo al lado de su padre en la Mar Chica. Mi hija, ya cansada, pidió que la cogiera en brazos y en ese instante, justo detrás de mí Carlota le decía: Diga que sí hija, en ningún lado estará mejor que en los brazos de su padre.

Porque todo este viaje que nos ha ocupado 20 años, es el de una hija por recuperar la memoria de su padre, sepultada para siempre en una fosa común para militares, en el cementerio de la ciudad de Melilla. Es el lugar en donde Carlota perdió para siempre el abrazo de su padre. Ha realizado un viaje sin tregua a lo largo de todo este tiempo, con una tenacidad, de la que seguro, su padre se sentirá orgulloso.

El libro de Carlota O’Neill, el original, estuvo siempre en los estantes de la trastienda de la Liberia Mateo. Era un mensaje en una botella, que seguía viajando en el océano de la desmemoria forzada que supuso el franquismo. Porque siempre pretendieron que esos nombres no volvieran nunca.

La carta de Caracas

En 1999 empecé a publicar en el extinto Telegrama de Melilla: La historia nunca contada de la sublevación de julio de 1936, bajo la firma registrada de Meketaton News. Fue la única forma de evitar el veto de la Comandancia General de Melilla, que advirtió al entonces director del Telegrama, que si volvía a ver mi nombre en él, retirarían las suscripciones del periódico en los cuarteles, y dejarían de editar un boletín de información militar que editaban mensualmente, a través de su oficina de comunicación.

Las publicaciones se iniciaron en el mes de mayo y el día 27 de junio dediqué un capítulo a lo que se sabía de Carlota O’Neill y de sus hijas, ya residentes en Venezuela. Gracias a la colaboración de su prima Lidia, conseguí la dirección de un club deportivo de Caracas, al que remití una copia de la publicación, acompañado de una carta personal. Mis esperanzas de obtener respuesta eran por entonces nulas. Sin embargo, un día en el buzón había una carta procedente del otro lado del océano:

“En nuestras manos tu hermosa carta y los reportajes que sobre Carlota
O‘Neill y Virgilio Leret has escrito. ¡¡Gracias!! Gracias por tan hermoso recuerdo a esos dos seres que tanto dieron por la República Española, y por la libertad; gracias por recordar a quienes deliberadamente, por razones que desconocemos, silencian en todas las publicaciones que se han escrito sobre la guerra civil.
¿Quién eres tú querido amigo? ¿De qué planeta has venido? ¿Por qué te
interesan estos seres “olvidados y ofendidos”, como los llamaría Dostoyevski?
Gracias a ti, Melilla, un lugar remoto y terrible, al que habíamos
decidido no volver jamás, ha vuelto a existir, y a pesar de que podría ser muy doloroso, alguna de nosotras planea estar allí la próxima primavera, para visitar esos lugares tan amargos y esos amigos tan queridos.
Mariela y Lotti *.

A partir de aquellas publicaciones, nos vimos envueltos en una dinámica de acoso institucional y de familiares, tanto a nivel personal, como del Colectivo para la Supresión de Símbolos Franquistas (COCISSFRA), con denuncias judiciales, cuyos procesos y sentencias se extendieron a lo largo de 10 años. No contesté a aquella carta, pero en la vorágine posterior, siempre albergué la satisfacción de que les hubiese llegado, y de que ese escrito reavivase el fuego de una memoria a punto de extinguirse.

En el año 2000, gobernando un cuatripartito, en el que también estaban CPM y PSOE, Carlota Leret llegó a la ciudad por primera vez, y acudiendo ella misma a buscarme a mi trabajo. Veinte años después, gobernando una nueva coalición de partidos, y creado un nuevo interregno de libertad, un gobierno de coalición, cierra de la manera más hermosa y honrosa posible, con la concesión de su Medalla de Oro, uno de los capítulos más negros y dolorosos de la historia de la ciudad. Incluso la coincidencia de la distinción con la otorgada al Personal Sanitario de Melilla, por su dedicación y esfuerzo personal dentro de la pandemia que nos asola, enaltece aún más la distinción.

Elena Fernández Treviño, Consejera de Cultura

Toda causa, por muy noble que sea, no solo necesita de alguien que la defienda, pues son numerosas las amigas y amigos de Carlota, sino también de alguien que la represente y que se atreva a enarbolarla. Este ha sido el caso de la Consejera de Cultura Elena Fernández. En esta ciudad, todavía, hay que ser valiente para hacerse abanderado del testimonio que representa Carlota Leret O´Neill. No es una causa fácil y no lo ha sido, porque aunque hemos tenido hondas satisfacciones, también nos ha reportado mucho sufrimiento. Creíamos que ya lo habíamos dado todo y que no teníamos más posibilidades.

Sin embargo, a veces, el mundo cambia en un solo día y por la voluntad de una persona. Gracias eternas a la Consejera de Cultura y al Gobierno de esta ciudad, por haber puesto este magnífico colofón a esta historia. Gracias el Presidente de Melilla, don Eduardo de Castro, por estas palabras: “No podemos devolver la vida a nadie, pero sí mostrarles el agradecimiento y el recuerdo de esta ciudad”.

Notas para un nuevo ceremonial común

Un acto Institucional nuevo, surgido de la suspensión del que desbarató el huracán infernal del pasado 17 de septiembre. Un acto colectivo y laico, que aunó a todos los colectivos que componen la ciudad y que contó con la presencia de todas sus autoridades. Un acto magníficamente conducido por el que debe ser nombrado como “Maestro de ceremonias de Melilla”, Antonio Ramírez. El pebetero con el fuego inmortal que conmemoraba a los fallecidos por la pandemia , con la participación de todos los segmentos que forman la Sanidad de Melilla, fue a la vez sencillo y emotivo. Hay espacio para una cultura y ciudad común, pero hay que empezar a trabajar en ella.

Nota: *Mª Ángeles Sánchez, Mujeres en Melilla.

Se oculta, se destruye, se tapa


Es el triple lema de la investigación histórica en la ciudad, de la que ya decimos, que ni a un lado ni a otro interesa a nadie. Hay unas ideas preconcebidas y con ellas se llegará hasta el final, sea cual sea.

Conocíamos historias del pasado de las que nunca más se supo. Sabemos que lo que hemos podido sacar a la luz pública es apenas una tercera parte de lo hallado, porque las órdenes eran muy estrictas. Ninguna mirada extraña podía consentirse. Aún así hemos podido mirar mucho, contando siempre con los colaboradores del blog, y con quien siempre te dejaba mirar, pero solo una vez, porque luego analizaban minuciosamente las fotografías para localizar la posición desde las que fueron hechas. El francotirador debe cambiar constantemente de posición, no puede repetir un lugar y tiene que aprovechar su ocasión, porque se descubre en cada disparo fotográfico.

En esta ocasión, ya la última, habían cerrado el agujero de la valla por la que habíamos pasado las veces anteriores, porque no se puede allanar ningún lugar, pero si hay un hueco se pasa y se camina por la zona. La obligación es fotografiar, no tocar nada y salir sin ser notado.

Rusadir, Alafía y los siglos oscuros

En esta ocasión hemos seguido y documentando fotográficamente todo el proceso, desde el principio hasta el final. Hemos recorrido todo el camino desde el Alfa, hasta su Omega. El desinterés investigador está relacionando con las siglos oscuros. Lo que existiese sobre el peñón calcáreo de la Ciudad Vieja, fue reutilizado por los romanos hasta el año 284 DC, cuando el emperador Diocleciano ordenó el abandono casi completo de la Mauritania Tingitana. En erosión y abandono permaneció hasta el siglo X, cuando la ciudad de Melilla es fundada por Abderramán III en 926. De este modo del siglo X al XV todo es islámico y bereber, y desde los tres años finales del mismo siglo XV al XXI todo es historia española. Esas cuentas están muy claras.

El primer reino conocido y establecido sobre los que hoy conocemos como Marruecos fueron los Mauri*, siglo IV AC., aunque sin llegar a saber cuál era su nombre real, pues todos ellos fueron descritos y nombrados por las potencias dominadoras, ya fuese cartagineses, romanos, árabes, o solo comerciales como los fenicios. Estos últimos trasegaron por el Mediterráneo entre los siglos XII y IV AC., pues como tales desaparecieron bajo el dominio persa en 332 aC. Todo lo que se busca está relacionado con esos ocho siglos oscuros.

El desinterés histórico sobre Melilla

Enrique Gozalbes (2018) escribió el único libro riguroso sobre esa ciudad antigua, en Aportaciones a la Historia de Melilla en la antigüedad. En el libro establecía dos parámetros básicos, el primero la fuerte presencia del elemento indígena en toda la comarca, y la ausencia significativa de restos, debido a la remoción de todo el material existente, en las sucesivas reedificaciones, sobre todo en la etapa musulmana califal y tras la conquista española. Las guerras y la explanación del territorio tras el acuerdo de 1860, hicieron el resto. Hay muy pocos lugares en los que buscar, pero todavía existen. Eso sí, hay que hacerlo con criterios científicos y por especialistas en diferentes periodos históricos.

En estos años hemos aprendido, que cuando lo encontrado no interesa, no se emite información alguna. De haberse hallado una hebilla de un soldado de Estopiñán, un fragmento de plato romano o una pequeña moneda cartaginesa, se hubiese ofrecido una rueda de prensa a la altura de los hallazgos en Egipto. Pero el silencio ha sido absoluto, salvo al principio, pues creó expectativas que luego no se cumplieron. Se ha encontrado mucha cerámica medieval (siglos X al XV)

Las primeras fotografías las realizamos en el mes de enero. Un colaborador nos animó a pasar por allí. Las últimas son de hace dos días, pues otro colaborador no advirtió de que se acercaba el final.

Principio y fin, alfa y omega. Todo y nada.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2020/07/21/alafia-el-yacimiento-desaparecido/; https://elalminardemelilla.com/2018/07/21/la-ultima-nota-de-enrique-gozalbes/

Rayos y centellas sobre el 17 de Septiembre


A lo largo de 10 años hemos acudido con regularidad cada 17 de septiembre, a los actos del Día de Melilla. Nunca habíamos visto tal furia climatológica, desatada y concentrada en la media hora del acto de homenaje al Comendador Pedro de Estopiñán. Los actos se había reducido al mínimo para crear las menos incomodidades político-sociales posibles. Este año no había desfile, ni concentración de tropas, ni largo discurso presidencial. Se habían cuidado las normas Covid y se había preparado un Acto central concentrado pero con significado.

A las lluvias se la ve venir, a las tempestades se las predice, pero la furia infernal es así. Llega sin anunciarse, como puede comprobarse en la fotografía tomada apenas 15 minutos antes de la tormenta, y solo precedida por un viento descontrolado (señal clara) que levantó todas las banderas autonómicas, en paz hasta ese momento.

La aparición de los remolinos y de las primeras gotas de lluvia hizo que abandonáramos la plaza de Estopiñán, para buscar cobijo en el túnel de Santiago, tradicional refugio de los melillenses en la larga noche de los 400 años. Desde allí escuchamos el himno nacional, vimos los rayos, oímos los truenos y sentimos la fuerte tromba de agua. Los primeros en llegar fueron los componentes de la banda de música, luego las autoridades presentes en el homenaje, completamente empapadas.

Todo se había cuidado al detalle, pero nadie había previsto la contribución de las potencias infernales. Cuentan que en las obras del monasterio del Escorial, todas las noches aparecía un perro enorme que se identificó con el Can Cerbero, guardián de las puertas del infierno, que espantaba a los obreros. Informado Felipe II de los hechos, respondió con esta afirmación: “Pues si el diablo no quiere que lo hagamos aquí; hagámoslo aquí”. La parte suspendida de los actos previstos por el 17 de septiembre (día que puede ser resignificado) deben celebrarse en el plazo más breve posible y en el mismo lugar, la Plaza de Las Culturas, si es posible.

Por una vez en los últimos 10 años, todo parecía distinto, aunque habían permanecido las tensiones y resistencias procedentes de los mismos lugares. Todo puede cambiarse y estudiarse, pero no por decisiones unilaterales. Lo única condición a la que no se puede renunciar, es a que el Día de Melilla no tenga relación con su españolidad. El día del Estatuto vale para una comunidad autónoma, pero no para Melilla.

Conjuro para cualquier maleficio

¿Qué haces aquí entretenido? Aquí estoy, que Dios me ha traído. No, Dios no te ha traído; te ha traído tu mal. ¡ Si eres blanca, que Dios te aparte; si eres negra, que Dios te eche fuera; y si eres amarilla, que Dios te eche enseguida!

Pedro de Estopiñán


¿Quién fue nuestro fundador, qué sabemos de él? Casi nada y eso que ninguna otra persona tiene dedicadas más edificios, calles, acuartelamientos, cooperativas de trabajadores, clubs deportivos o incluso colegios, a su nombre. Pese a todo, no existe un galardón con su nombre que reconozca a quien se dedique a la investigación histórica seria sobre el pasado de Melilla.

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) fue una creación del Opus Dei, de hecho ellos fueros sus primeros gestores. Antes solo existían el Instituto de Estudios Africanos , y el Instituto General Franco para la investigación hispano-árabe.

Resulta muy indicativo que tengamos que recurrir a estos dos últimos Institutos de investigación, para intentar averiguar algo sobre la figura de la figura a la que se atribuye la conquista de la ciudad en 1497.

Hipólito Sánchez de Sopranis escribió una aproximación biográfica a nuestro legendario personaje, en 1953. Los Estopiñán son una familia cuyo patrón es Remón de Estopiñán el viejo, al que el autor califica como el primer linaje indígena de la provincia de Cádiz. Pedro de Estopiñán pertenece a una rama secundaria de la genealogía, en su cuarta generación, y era hijo de Ramón de Estopiñán y doña Mayor de Virués.

Dentro de una prosa grandilocuente y fantasiosa, no podemos aclarar si nuestro fundador nación en Cádiz o en Jerez de la Frontera, ni siquiera su fecha de nacimiento. El autor solo pudo documentar la presencia del padre como Jurado en Jérez, en las posibles fechas de su nacimiento. En 1489 nació el primer hijo de Pedro el conquistador, por lo su nacimiento podría situarse en la década de 1460. En 1496 sí era el contador oficial de la casa de Niebla, lo que sí indicaba cierto prestigio social y posición. Su hermano Bartolomé sí participó en la conquista de Las Canarias, entre 1480 y 1483.

El conquistador tenía otros dos hermanos, Servando e Isabel. Él contrajo matrimonio con Beatriz Cabeza de Vaca, con la que tuvo al menos 5 hijos. Fue hombre de más fama que riqueza, porque los sueldos en aquellos tiempos no solían ser altos. Probablemente la organización de la conquista sí estuvo a su cargo, quizá la dirección técnica, pero no la realización del plan, algo mucho más complejo. En su elaboración sí suena nombre muy significados en la historia de España, como Martín Galindo, Martín Bocanegra o Ramírez de Madrid, el marido de La Latina.

Consta su presencia en una almadraba atunera de Conil, en donde participó en el apresamiento de una galeota de moriscos, que intentaba arribar a las costas gaditanas. Los pocos datos recopilados sobre su biografía consolidan más el perfil de consejero más que el de militar. Su vida era muy poco pública. Tras la conquista de 1497, todo parece oscurecerse, aunque se sabe que se dedicó a la producción y venta de vino, pues tenía viñas propias. Organizó otras expediciones, como la de Salses, y también participó en el viaje a Flandes en 1505, para tomar contacto con los nuevos soberanos de Castilla (Juana y Felipe), tras la muerte de Isabel I o la conquista de Mazalquivir en 1505, que resultó desastrosa en el aspecto económico.
¿Se arruinó aquí el conquistador de Melilla, comprometiendo su posible fortuna en esta última empresa? Los datos muestran que murió repentinamente en Guadalupe (Cáceres) a finales de 1505, dejando a su Beatriz, su viuda e hijos en una difícil situación económica. Hubieron de vender propiedades y haciendas para cubrir las deudas . Beatriz, tía del fututo conquistador Alvar Núñez Cabeza de Vaca (que explorara y anexionara para la Corona española todo el sur de Norte América, desde Florida hasta California) fue amparada por familiares y contadores que liquidaron sus deudas, estableciéndose de modo definitivo en Jerez de la Frontera.

En la investigación histórica suele decirse es que si un documento no aparece es porque no existe o fue destruido. La historiografía franquista removió cielo y tierra para documentar la vida y milagros del conquistador Estopiñán, pero no hallaron nada más. Lo más probable es que su prematura y no aclarada muerte, llevara a los cronistas oficiales de la Casa de Niebla y a la de Medina Sidonia, a otorgarle un papel superior al que en realidad tuvo, en la conquista de Melilla, como privilegio póstumo.