Héroes, dioses y tumbas


 

En 1915 se puso sobre la mesa la posibilidad de crear un nuevo cementerio sobre la llanura de Mezquita, dada la gran distancia existente entre los barrios exteriores y el cementerio de la Purísima, que empezaba a quedarse pequeño, es más, ya se le consideraba colmatado. Un año después, en 1916, se compra una amplia propiedad a los cabileños de Mazuza, para edificar el «gran cementerio de Melilla». Nada de esto se realizaría.

El 8 de junio de 1915, quedaron concluidas las obras del nuevo mausoleo de los caídos en las campañas de Africa, construido con suscripciones nacionales populares. El vicario episcopal Miguel Acosta, asistido por el coadjutor Martín Pinazo, y el capellán castrense Francisco Ontiveros, bajo la presidencia del general Villalba, bendijo los osarios, las bóvedas y la capilla del nuevo Mausoleo. La construcción del Mausoleo destinado a albergar los restos de los héroes de las Campañas de África, se inició el sábado 7 de enero de 1911, con la presencia del Rey de España Alfonso XIII, del presidente del Consejo de Ministros José Canalejas, la Reina Victoria Eugenia y otras autoriades del Estado y de la ciudad de Melilla. En aquellos momentos y en aquellos años, nadie podía saber que todo iba a dar un vuelco extraordinario, no solo en Melilla y en Marruecos, sino en España entera, cambiando nuestra historia para siempre. El Rey Alfonso XIII visitó con todo su séquito, el Barranco del Lobo, lugar que fue la primera señal de lo que iba a venir, y cuyas consecuencias también fueron muy trágicas, sobre todo en Barcelona.

Al año siguiente de esta efeméride, José Canalejas fue asesinado en Madrid en un atentado terrorista anarquista, el 12 de noviembre de 1912.  En los fondos documentales de Patrimonio Nacional hemos encontrado una extraordinaria fotografía de Alfonso XIII y Canalejas en Melilla en 1911.

Centro de Historia y Cultura Militar

Dependiente del Ministerio de Defensa, este Centro se dedica a la recopilación de datos, hojas de servicios, nombres, fechas, lugares, de todos los militares muertos en Las Campañas de Marruecos, entre 1893 y 1927. La primera de todas es la denominada como Guerra de Margallo, cuyo panteón fue erigido en 1896. Sin embargo, en 1909 debieron añadirse todos los muertos en el desastre del Barranco del Lobo. Hoy en día alberga, además de la tumba del general Margallo (Laureado de San Fernando), otros 45 nichos identificados, 7 de ellos Laureados, y el del propio General Pintos. La denominada como «restos anónimos Barranco del Lobo», contiene los restos de algo más de 400 fallecidos. Estas cifras, con ser ya muy abultadas, se multiplicarían por 20, en lo que adquiriría un nombre propio imborrable, Annual. Esta hecatombe de un ejército español, probablemente la mayor de la historia, cambiaría la inicial concepción del Mausoleo de las Campañas, que pasaría a convertirse en uno de los osarios colectivos más grandes de la nación.

Melilla tiene enterrados en su cementerio a 47 militares con la máxima distinción militar, la Gran Cruz Laureada de San Fernando, y un único bilaureado, el general José Sanjurjo, desde 2017. La novedad que alberga el trabajo de los militares que se encargan de las Campañas de África en el Centro de Historia Militar, es el acceso a los datos mediante códigos QR. De momento está operativo el de los 47 laureados enterrados en el cementerio de la Purísima, con el que se puede acceder a sus datos biográficos, hoja de servicios, partida de defunción, y fotografía personal.

Todos los nombres de los muertos

¿Se llegará a conocer el nombre de todos los muertos y su número total? Es difícil de saber, pero cada año se aproximan más a la cifra total. El caso es que en lo posible no se olvide ningún nombre y ninguna historia. La cifra total conocida hasta ahora es de 14.908 nombres, de los cuales 7998 son fallecidos documentados y 6909 desaparecidos. La base de datos está en actualización constante, y se envían a los que se suscriban a ella mediante un correo electrónico identificado. Eso sí, la mayor parte de ese total son y permanece sin identificar. En el Mausoleo inaugurado por el monarca Alfonso XIII, en su osario central, bajo la cúpula, se encuentran los restos mortales de los 2997 militares sacrificados en la masacre de Monte Arruit.

   La base de datos, financiada por el Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre, está gestionada por los militares Francisco y Pedro Moreno Lara, y el Centro de Estudios Sesmero. Los datos pueden ordenarse de diferentes modos (campañas, provincias, edades) y cuenta también con una relación de las unidades militares que actuaron en Marruecos.

Nota:https://drive.google.com/file/d/1iMEhC9ICi2AybiaOvZdIhwxdEgsFzUO3/view?usp=drive_link

Reflexiones desde el barranco de Cabrerizas


Alguien, mucho antes que nosotros

Alguien, mucho antes que nosotros, talló este sílex, pero no lo traían de aquí, sino de la colina del Sílex y la de los Talladores. Estamos hablando de unos mil o dos mil años antes de que la primera expedición fenicia arribara a nuestras costas, al valle de Melilla. Se pueden entender las razones por las que nadie se tomara, en el pasado, la molestia de conocer quién estuvo aquí antes que nosotros. Lo que no se puede comprender es porqué no se hace ahora, cuando son muchas las referencias históricas, y también los indicios sobre el terreno. Se ha buscado el neolítico por toda la periferia, inlcuidos los islotes, pero nunca sobre la propia ciudad.

Lo que está sucediendo en el Barranco de Cabrerizas es «el eterno retorno de lo mismo». Repasando en el origen del Alminar, hace 14 años, encontramos este artículo dedicado a esta zona singular, asombrosamente virgen hasta el mes pasado. Es el 4º artículo de la ya larga historia de este blog (https://elalminardemelilla.com/2011/05/08/el-barranco-de-cabrerizas/ ) Volvimos a recordar la existencia de un proyecto de urbanización para 400 viviendas en la zona, en aquel año y que por diversas circunstancias cayó en el olvido. Sin embargo, no hay idea de construcción que se abandone, por muy descabellada que sea. En la salida de este barranco están las calles de la Cal, Granito y Mármol, y enfrente la urbanización de Tadino de Martirengo y la huerta Embarek.

Los pobladores del barranco de Cabrerizas

Desconocemos los nombres antiguos de la geografía de la comarca de Melilla, incluido el del río de Oro, así que rebautizaremos todos los cerros, salvo el de Camellos y Cabrerizas. Tenemos pues el del Sílex o Constitución, en donde se hallaron estructuras compatibles con asentamientos de la Edad del Bronce, y del que queda solo un pequeño resto, pero suficiente. Lo más significativo y mantenido hasta la fecha, es el barranco del que llevamos escribiendo desde el origen del Alminar. ¿Por qué se ha mantenido hasta ahora? Pues porque se trata de un barranco, con laderas a Hidúm y Cabrerizas, y es muy difícil urbanizar sobre él, y porque hasta hace unas décadas la parte alta era zona militar. Su mayor deterioro se ha producido en los 5 años anteriores, con la invasión del terreno para el vertido de escombros. ¿Quiénes serían los pobladores de los cerros? Probablemente serías pequeños grupos familiares dedicados a la recolección, caza y pastoreo, pues se encuentran siempre restos de animales en los mismos lugares en donde aparecen restos de utensilios de factura humana. Un producto seguro de la zona era la miel, que ya aparece en algunas monedas, el otro era la cañailla, del que se obtenía el color púrpura, muy buscado por los exploradores fenicios. No hay artefactos de metal, o al menos no han aparecido, y el elemento más significativo para la talla, es el sílex u oro neolítico. Esa es la franja en la que nos movemos, o sea, entre 2 y 5 mil años atrás. Hay cuevas y oquedades en el barranco, algunos todavía tapados, que podrían haber servido como habitáculos humanos y de animales, que han estado en uso a lo largo de 4 mil años.

¿Qué otros indicios existen? En la parte media del barranco, por debajo de la zona más plana, entre ambas laderas, existe un muro de piedra seca para contener el terreno, que no tiene que ver con la obra más reciente, de piedra basáltica del Gurugú. Parece un muro para sostener un antiguo camino o calzada, y está macizado con el terreno, lo que indica su antigüedad. No es algo reciente, porque no presenta similitudes con lo anterior existente. Es piedra muy amarilla, caliza traída de otro lugar. Todo eso parece haber aflorado recientemente y está en dos niveles distintos. También hay huesos de animales grandes, y multiples fragmentos cerámicos, y de lascas de sílex de clara fragmentación humana. Y esto solo es una vista sobre el terreno, con una prospección simple. Todo este entorno debe ser conservado y analizado convenientemente, de modo científico y bajo la tutela de universidades. La verdad está ahí fuera.

El enigma de Enrique Gozalbes


Regreso a la colina del Sílex

En enero de 2018 visitamos por primera vez «la colina del Sílex». Unos meses después Enrique Gozalbes escribía este enigmático mensaje en El Alminar: «Hay aspectos interesantes en Sidi Guariach ¿Podría usted ponerse en contacto conmigo por mail?» Lo hicimos, pero falleció poco después y no pudimos resolver la cuestión. Todo esto es un homenaje a su labor inacabada.

   Después de pensar en esa frase durante estos 7 años, y visitar la zona en innumerables ocasiones, podríamos tener una posible respuesta a esta pregunta. ¿Qué pudo llamar la atención de este eminente historiador y profesor universitario? Es evidente que nada relacionado con la formación geológica del terreno, pues se trata de los restos de una colina semidesmoronada por las obras de urbanización de la zona, compuesta de sedimentos arcillosos, bombas de basalto procedente del macizo volcánico del Gurugú, y de grandes fragmentos de sílex, el oro neolítico.

Lo que pudo llamarle la atención, y que no pertenece al terreno, son los grandes bloques de piedra perfectamente alineados y cortados, en la sección superior derecha de la falla, algunos ya caídos sobre el nivel inferior. La alineación y el corte, totalmente distinguibles de la acumulación desordenada del «debris flow» (flujos de escombros en los que masas de suelo cargadas de agua y roca fragmentada fluyen por las laderas de las montañas, se canalizan hacia los canales de los arroyos, arrastran objetos en su camino y forman depósitos espesos y fangosos en los fondos de los valles)1. Esa alineación y corte pudieron orientar sus ideas hacia restos «organizados» por mano humana neolítica, que es lo que estamos buscando, y que ya detectó José Mª Tomassetti Guerra en 1992, durante su etapa de servicio militar en Melilla: «Una simple visita de reconocimiento nos sirvió para verificar la existencia de restos arqueológicos»2. En su obra La Ciudad Antigua de Rusadir, Gozalbes menciona «los restos de cabañas de la Edad del Bronce«, liquidados sin estudiar, en la construcción del grupo de viviendas de La Constitución. Esto nos sitúa en al menos 3 milenios AC., pero buscamos la presencia neolítica en la comarca de Melilla, unos mil años antes, en el IV milenio AC, de que existen materiales y abundantes objetos, en modos análogos a los encontrados en el monte Gurugú, o incluso en las Islas Chafarinas.

Las colinas ofrecen todo lo necesario para los asentamientos humanos. Son más fáciles de defender, tienen gran visibilidad sobre la zona y disponen de arroyos y pozos en sus proximidades. El presente año 2025, será el que dediquemos a la búsqueda de indicios de la «cultura alminarense» en la comarca y entorno melillense.

El problema de los yacimientos en Melilla

El primer problema identificado en los terrenos candidatos a albergar yacimientos arqueológicos, es la presencia permanente de escombros de todo tipo, pues conviven perfectamente objetos arrojados hace apenas unos meses o años, con otros dejados en el lugar hace cuatrocientos o miles de años. El segundo es que la mayor parte de los terrenos en donde afloran indicios, con la Colina del Sílex, están ya abiertos con la sensibilidad de una pala excavadora, por lo que cientos de ellos ya están destruídos. Sin embargo, esa apertura sin miramientos, nos ofrece la oportunidad de mirar, observar y encontrar sin prospectar. En esta última visita a la colina, hemos hallado otros dos pequeños artefactos de sílex tallado, la piedra taller, y seis pequeños fragmentos de una fina vasija de color negro, con claras evidencias de ser antiguas. Esa es la ventaja de un terreno abierto, que muestra todos sus secretos. El melillense antecesor, la cultura alminarense, está esperando su oportunidad

   Nosotros vamos a abrir todas las puertas de entrada para encontrar, un yacimiento en el propio terreno melillense. El lema de: se destruye,  se oculta, se tapa; no puede seguir vigente en la ciudad.  Todo el mundo académico decía que Schiliemann se equivocaba, y llamaban a Homero «el viejo embustero». Recordamos también, que Atapuerca es solo una trinchera de ferrocarril abierta. Un terreno abierto siempre muestra sus secretos.

Notas: (1) Definiciones, Wikipedia.  (2) Aldaba, UNED, 1996.

La iglesia patronal de Melilla en el limbo


La segunda visita realizada al templo Patronal del Melilla, o de la Purísima Concepción, tras la finalización de las obras de consolidación y excavaciones pertinentes, nos ha llenado de inquietud. Ahora mismo ni es un templo de culto (carece de imágenes), ni tampoco un museo (carece de contenido). La última vez que estuvimos en el templo fundacional fue en mayo de 2022, y vimos cosas que hoy están ocultas,  e intuimos otras que no dejaban ver.

En el año 2016 el templo patronal melillense quedó dañado por el Gran Terremoto del 25 de enero. Desde ese momento el templo quedó cerrado y se iniciaron las gestiones para su consolidación. La imagen de la Virgen de la Victoria salió del templo y desde entonces no ha regresado, ni tampoco se la espera. El resto de imágenes migraron hacia el templo Arciprestal a lo largo de esta casi década, y actualmente abarrotan la iglesia del Sagrado Corazón. Arrumbada ya las leyendas de las basílicas menores que nunca existieron, sería hora de renombrar el templo, la denominación de La Purísima es una obsesión capuchina, y otorgarle el de Iglesia, o templo de la Virgen de la Victoria.

Los materiales con los que fue edificado el templo, son altamente deleznables, en desintegración constante. Las zonas abiertas y expuestas al público, salvo el arco ojival, no datado, carecen de gran relevancia, salvo la de la propia historia del edificio. Las criptas de las capillas no son visitables, y tampoco albergan ya restos humanos de interés históricos. Parece ser que fueron vaciadas en la década de 1960, y de ahí surgió la «leyenda urbana» de los camiones con huesos con destino al cementerio municipal, de nombre homónimo al del templo, igual que el cerro en donde se encuentra el fuerte de Sidi Uariach. Poco más de un año después de finalizarse las últimas obras definitivas, ya ha ladrillos rotos, y pequeños pero constantes montoncitos de arena de la caliza degradada.

La interpretación de lo descubierto es bastante paupérrima y muy poco atrevida. No hay ningún resto identificado del pretérito templo de San Miguel, que da nombre a la calle de acceso a la iglesia, y que debió ser el primero de Melilla, junto con la capilla de Santiago. En lo que fuera las antiguos despachos de la sacristía, han quedado al descubierto unos restos de muros y suelos, de imposible datación. Tampoco se ha hallado ningún objeto o moneda que ayude a situar la cronología anterior. No hay folletos explicativos, ni actividad cultural o museística. El visitante deambula por la nave vacía, sin apoyo documental alguno. El silo descubierto en medio de la iglesia, frente al altar, tampoco es descrito de ninguna manera, ni siquiera como silo. ¿Qué hay allí, dónde está los restos humanos que sí se identificaron? Todo preguntas en el vacío, como la propia nave, que recoge el eco de los murmullos de los visitantes.

Lo que hemos podido documentar con nuestros propios ojos y documentos, lo hemos publicado en este blog , desde hace 13 años. Lo que hemos escrito por textos y trabajos de otros, ha quedado citado, para que así cada cual permanezca con su verdad, o con su ocultamiento. Las criptas existentes están vacías desde hace décadas. La que dicen que contiene restos de «los antiguos melillenses», no está probado por fotografía o texto alguno. El Vicario Roberto Rojo sí los vio y nos lo confirmó. Nada más afirmamos.

No sabemos ni podemos afirmar nada acerca del futuro. Ni siquiera sabemos a quién pertenece la titularidad del inmueble. El uso del edificio sí es de la Iglesia, pero su mantenimiento es también municipal. Se necesita un plan rector, con una zona museística, y restaurar la parte de culto. Conocemos la importancia de ese recinto y de esas piedras para la historia de la ciudad, esa que todavía no se ha contado, pese a algunos y muy notables esfuerzos. No hay sacerdotes, pero ¿Quién dice que hagan falta?. Un patronato dirigido por la Iglesia puede mantener el buen estado de las imágenes, las que regresen, y dotar al lugar de un archivo, sala de lectura y de investigación. Mantener la vinculación de los fieles, y de los que no lo son, con respecto al recinto, pero evitando los estrambotes y usos nefastos del pasado. El que vuelva o no el culto religioso es otra historia. Lo que sea debe hacerse ya, porque en un año o dos, habrá que volver a empezar las rehabilitaciones y mantenimientos. Un Consejo mixto parroquial y municipal, con personas entendidas, que preserve la notoriedad de este símbolo. Nada de lo que se ha hecho hasta hoy ha funcionado, incluyendo a la fundación denominada Melilla Monumental.

El campo de prisioneros de Zeluán


La aparición de un familiar (José Asensio) de Lorenzo Asensio Martínez, soldado de aviación fusilado en Melilla el 22 de abril de 1937, obliga a replantearse muchas de las historias que conocemos sobre la represión franquista en nuestra ciudad, y de su magnitud. Toda Melilla fue una prisión, en la que cualquier fuerte con posibilidad de acoger prisioneros, lo fue (Mª Cristina, Victoria Grande, Rostrogordo). Cuando en la década de 1990 fue abandonada la prisión provincial de Mª Cristina, todo su archivo histórico quedó allí, y fue incendiado por los sin techo. Libros de registro, archivos, expedientes, o lo que queramos imaginar, fue utilizado como material combustible. Del Fuerte de Rostrogordo, el corredor de la muerte de Melilla, y del de María Cristina, no conocemos dato alguno. Si existen esos archivos, están custodiados bajo siete sellos.

Del campo de prisioneros de Zeluán sabemos casi todo, gracias al extenso estudio de Mª Elena Fernández Díaz, publicado por la UNED en 2020, y eso porque a la historiadora Elena Fernández le dejaron conocer todo, pero solo hasta cierto punto. Ella documentó al menos 1462 fichas de prisioneros, aunque las estimaciones duplican esa cifra. Es más, a las casi 300 ejecuciones llevadas a cabo en Melilla , se le podría añadir al menos otro centenar largo de fallecimientos, si contamos los fallecidos por desnutrición y enfermedades, en el propio campo de Zeluán, y en los fuertes militares utilizados como prisión. La cifra real de fallecidos por la represión, podría situarse en el medio millar de personas. Sin embargo, estamos en 2024 (17 años después de la promulgación de la 1ª Ley de Memoria) y no hay acceso a ningún archivo. Ni conocemos lo que hay, ni tampoco lo que se ha ocultado. Aquí pasaron muchas cosas más de las que se han reconocido.

Y en todo esta travesía del desierto, con el consiguiente desánimo por la indiferencia manifiesta, aparece de modo providencial la memoria del soldado Lorenzo Asensio, que nos pide que no olvidemos nada, que los recordemos siempre. Si la carta de Lorenzo, en los últimos instantes de su vida es sobrecogedora, la de su joven novia o amiga, corta la respiración y acongoja. Por eso le damos un lugar específico, porque lo merece.

La carta de Encarnita (Nador, 19 de nayo de 1937)

«Querida Juana, me alegraré que al recibo de esta carta estéis todos bien. Nosotros bien a Dios gracias. De lo que dices que me has escrito dos cartas, pues no he recibido mas que una, fecha del 17. Desde pocos días después de fallecer mi pobre Lorenzo, estoy muy cerrada a responder pues no tengo ganas de nada, pues ustedes se pueden imaginar los fuertes golpes que he llevado, pues no puedo dejar mi casa para ir a Melilla. De lo que me dice usted de la ropa y de las demás cosas pues tengo el gusto de tenerlo todo, hasta que vengan sus padres para entregárselo todo, y si no vienen, yo se lo mandaré porque yo sé mi obligación. Usted no se puede figurar el dolor tan grande que tenía el día 23 por no poder asitir al entierro, pues no fuí porque mi hermano no me dejó ir. Yo no pagué la fosa porque no tenía dinero. A mi no me duele lo que me he gastado, porque él se lo merecía todo y más. Reciban un fuerte abrazo de esta su mejor amiga, Encarnita».

¿Quiénes eran Encarnita o Juana? No sabemos, ha pasado demasiado tiempo. Los testigos de aquella tragedia ya no están. El dolor de Encarnita es abrumador, traspasa el propio escrito e incluso el tiempo. En su carta deducimos la acción de la censura militar, que elimina una carta. También vemos la intervención de su hermano, que le impide ir al cementerio, lo que le hubiese supuesto significarse, y extender la acción represiva, que era multidireccional.

La última carta de Lorenzo Asensio (Zeluán, 21 de abril de 1937)

El soldado de aviación Lorenzo, natural de Águilas, fue condenado en firme el 28 de noviembre de 1939 por auxilio a la rebelión en un juzgado de Melilla, dos años después de haber sido ejecutado. Además se le impuso una multa de 1000 pesetas, que permitió el embargo de los haberes familiares hasta mayo de 1959, fecha en la que se les exoneró de semejante despropósito. Estimando los sueldos de la época, calculamos que la familia apenas habría pagado la mitad de esa multa, transcurridos 20 años desde su fusilamiento. Fue condenado en un Consejo de Guerra, por la que su legalidad fue nula. Dejar sin efecto todas las sentencias de los consejos de guerra, sería la obligación de una Democracia, y por supuesto devolver la cantidades y bienes robados a las familias durante décadas.

Parte de la familia Asensio estaba en Melilla. Lorenzo no se dirije directamente a sus padres pero quiere que les llegue su último recuerdo: «en el caso de que deje de escribir para siempre«, carta que firma en Zeluán el 21 de abril. Parece que eran primas, amigas, o una familia con la que se siente especialmente unido, como refleja en estas últimas líneas, cuando la sombra de la muerte ya le esperaba sin compasión.

   En esta carta muestra una especial  consideración a Antoñita, a Tere y a Leonardita, pero especialmente a Encarnita, a la que se siente unido por encima del resto: «Es por este motivo yo tenía como mis hermanas a Antoñita, a Mari, a Tere y a Leonardita, a las que nunca he olvidado, aunque lo parezca, pero es que no tengo dinero para el sello, y prueba todo ello que mucho nos agradaba cuando íbamos a casa la pobre Encarnita y yo y nos pasábamos todo el rato junto a mis muy queridos tíos y sus muy encantadoras primas…y reciban el cariño de su sobrino que bien y mucho les quiere».

Es la última carta de la vida de Lorenzo, a su tía Juana, y a sus queridas primas. Encarnita cumplió su palabra e hizo llegar todo a sus padres.

Las fosas de los olvidados


Memoria Histórica y la fosa general de la parcela 19

En aquellos años, década de 1980, no había la sensibilidad actual. El cementerio de Melilla necesitaba una nueva ampliación y se creó la Galería Norte, dividiendo en dos la parcela 19, en donde existía una fosa general en la que se enterraron al menos un tercio de las 300 víctimas de la represión franquista en Melilla. Mas de 80 represaliados acabaron en la fosa de la parcela 19, bien de modo directo, o en sucesivos traslados y renovaciones de sepulturas, hasta la inhumación en una de las fosas del olvido. En ese tiempo entre 1983 y 1984, ni siquiera existía un medio de comunicación que pudiese haber dejado constancia del hecho. La fosa general nº19 fue abierta, y trasladados todos los restos hasta el osario general actual. Entre ellos se encuentra Diego Jaén Botella, trasladado hasta la fosa del olvido el 28 de mayo de 1948.

Dos leyes de Memoria, la de Rodríguez Zapatero de 2007 y la de Memoria Democrática de Pedro Sánchez de 2023, y no se ha destinado a Melilla un solo euro, para abrir y documentar las fosas, o para crear alguna entidad memorialista, que se haga cargo de recopilar documentos y expedientes judiciales de los represaliados. Ni un solo euro para indexarlos, clasificarlos, digitalizarlos, y ponerlos a disposición de familiares e investigadores. Se sabe que en algún momento de lo que llevamos de década, los expedientes de los represaliados del franquismo, fueron entregados por el Ministerio de Defensa, sin que sepa el destino, ni el qué se ha hecho con ellos. No hay noticia alguna sobre este traspaso de documentación. No solo no hay interés, sino tampoco voluntad. Habra que esperar a una tercera ley de Memoria colectiva de España, para poder averiguar el alcance de los sucedido en nuestra ciudad. En el osario general del cementerio de la Purísima, no hay un solo rótulo que dignifique los enterramientos de los represaliados, o una ruta de la represión. No hay nada de nada.

A los nuevos revisionistas, encabezados por Miguel Platón, Moa y otros muchos. A los defensores de las pseudo leyes de Concordia habrá que decirles que la memoria histórica del Franquismo se llamó Causa General: La dominación Roja en España, y que no hubo mayores profanadores de tumbas que los franquistas, que no solo abrieron todas las fosas conocidas, sino que además publicaban las fotografías de los asesinados. También abrieron las fosas de los republicanos represaliados, y los trasladaron al Valle de los Caídos, para enterrarlos de manera colectiva e irrespetuosa, sin conocimiento de los familiares, lo que es un delito. El problema de la Causa General, es que no alcazaron la cifra de muertos que imaginaban, y que al final resultó ser solo la mitad, de las que ellos produjeron, bien de modo impune, o con juicios sin legalidad ninguna, diga Miguel Platón lo que diga. Los crímenes en la «zona republicana» están claros y contados desde hace mucho. Los del franquismo no, y esa es todavía la gran diferencia que sigue sin subsanarse.

Lorenzo Asensio Martínez, soldado de Aviación

Lorenzo Asensio Martínez era soldado de Aviación, procedente de Águilas (Murcia), mienbro de una familia asentada en la ciudad, por lo que tenía pase pernocta. Al volver una mañana al cuartel, le solicitan el pase, que leen minuciosamente y descubre que está firmado por «un oficial rojo», al que ya habían fusilado. Lo que le convierte de inmediato en sospechoso. El día 21 de abril de 1937 escribe a su familia desde el campo de prisioneros de Zeluán y ya intuye que lo suyo puede ser grave y así lo advierte a su familia: «..A mi me extraña que el día de la lectura del cargo me pidiesen mucho menos, y el día del Consejo fuese mucho más grave». Y añade: «Si algún día dejara de escribirles para siempre, quisiera que pudieran alguna vez decírselo a mis queridos padres, y demás familia». La justicia franquista era así. en apenas 7 días se amontonaban la detención, la acusación, el juicio, la sentencia, la apelación y la ejecución de la misma. En este caso, aunque lo intuye, es la pena de muerte. Al principio de la carta ya dice que tiene «poca esperanza».

La despedida del soldado Lorenzo Asensio

La siguiente carta está firmada el día 22 de abril de 1937, a las 3 de la madrugada en el siniestro fuerte de Rostrogordo, a solo unos cientos de metros del paredón de las ejecuciones.

«Mis queridos tíos y primas. En los últimos momentos de mi vida escribo esta muy dolorosa carta en la que les digo que muero sin delito y por lo tanto inocente, pues qué justicia hace el Consejo que me pone esta pena. Ahora que mi conciencia queda tranquila y no creo dejar avergonzada a toda mi familia, de la cual siempre los quise y no dudo que os acordaréis siempre.

A Encarnita que remedio cabe que aconsejarla y también quererla siempre como yo la he querido, pues bien sabéis que la he querido mucho y que solo era mi ilusión pero no hay remedio. Vosotros todos quererla mucho, y si podéis decírselo a mis padres por si alguna vez puede abrazarla como ella se merece. Vosotros de mi parte tan pronto recibáis esta carta, visitarla y no cesar de darle abrazos de mi parte.

A mis primos les dais muchos abrazos y a toda la familia y ustedes reciban el cariño de un sobrino que se despide con mucho dolor para siempre. Lorenzo

Sin derecho a la memoria

La carta es estremecedora, y a pesar de los 87 años transcurridos, se percibe el inmenso dolor con el que fue escrita, el de saber que te van a arrancar la vida, de manera injusta y vil. Ante la ausencia de entidades memorialistas en Melilla, me ha sido remitido por un sobrino nieto de Lorenzo (José), desde Águilas. Es un auténtico honor publicarla en El Alminar de Melilla, así como la fotografía del joven soldado, y poder dar a conocer su historia y cruel final. Al menos ya queda la satisfación de haberlo sacado del olvido al que lo condenaron, pero ahora sí para siempre. La memoria ha podido triunfar una vez más.

¿Qué fue de los padres de Lorenzo Asensio? No sabemos cuándo pudieron conocer la noticia. Pero esa misma noche fallece en las faldas de Camellos, Pedro Asensio, de 85 años, víctima de un derrame cerebral, también nacido en Águilas. Podria tratarse de la familia con la que residía y que le daba derecho a ese pase pernocta. Lorenzo tenía 21 años y era soltero. Fue directo a la fosa general 19. Podía incluso tratarse de una casualidad, pero en era algo común que apareciese gente muerta en las laderas de Camellos.

  En la España de Franco la culpa no acababa con la muerte. La Ley de Responsabilidades Políticas extendía la culpa a la familia. A los padres del soldado Lorenzo Asensio les impusieron una multa de mil pesetas que en 1948 todavía no habían acabado de pagar. La ley permitía saquear y robar las propiedades de los fusilados, ya fuesen casa, tierras, coches, joyas o dinero en metálico.

Cala de la Virgen de Trápana


      La pista italiana de Trápani (Enrique Delgado)

  Los nombres salen de algún lugar, o son traídos o llevados por alguien. Trápana es un nombre de origen italiano, que nada tiene que ver con la geografía ni la historia de la zona de Guelaya. Trápani es una localidad de Sicilia, en donde existe una advocación dedicada a la Madonna  di Trápani. Trápana es el nombre de la cala más emblemática de Melilla, a la que se accede desde las Cuevas del Conventico.

  Todo tiene que ver con los misteriosos Frailes Mínimos, procedentes de Italia, que proporcionan a Fernando el Católico la imagen de la Virgen de la Victoria, que resultará trascendental para la conquista de Málaga en 1487, en un momento en el que la desesperación empezaba a abrirse camino, por la tenaz defensa musulmana de la ciudad. Fundados en la mitad del siglo XV por el eremita Francisco de Paula, estarán ya presentes en el episodio más importante de ese final de siglo, la conquista del Reino Nazarí de Granada, iniciada en 1482.

La vía italiana en la historia de Melilla había sido apuntada por el historiador y Cronista de Melilla Antonio Bravo Nieto, y por el historiador religioso José Luis Blasco López, en el número 1 de la revista Trápana, de la Asociación de Estudios Melillenses. El profesor Antonio Bravo, junto con el también historiador Sergio Ramírez González, rematarán la importancia del vínculo italiano, al descubrir los orígenes manieristas de la iglesia de La Purísima, templo patronal melillense, y su relación con el arquitecto italiano Gian Giacomo Palearo. En el citado número de la revista, Nieto destacará la vertebración de la historia de la ciudad con la presencia de órdenes religiosas, y Blasco relatará la historia de la orden más presente y destacada de nuestra historia, la de los Capuchinos. Todos pertenecientes a la Orden mayor de los Franciscanos.

En los primeros años de la conquista, tras la iglesia de San Miguel, la siguiente en ser mencionada es la ermita de La Victoria, mucho antes de la llegada de los frailes capuchinos. No es especular demasiado el decir que aunque no exista constancia documental, de momento, los misteriosos Mínimos debieron deambular junto con las tropas de Medina Sidonia, en los primeros meses y momentos de la conquista de Melilla en 1497. Parte de las tropas, incluso los propios oficiales al mando, serían los mismos que conquistaron las tres últimas capitales de la España musulmana. No es de extrañar que trajeran consigo las mismas imágenes que ampararon esos últimos hechos. El descubrimiento de una aldea llamada Melilla en la región de Calabria, reafirma la idea de la procedencia de esa advocación, que quedaría fijada bajo el nombre de Trápana, en la costa melillense.

Todo hubiese dormido ahí, de no haber encontrado una postal religiosa de la Virgen de Trápana, que se encuentra en el monasterio de las Mercedarias, en la localidad hispalense de Osuna. La comparación de las imágenes, la hace muy similar a la virgen titular de Málaga, la de La Victoria, que guarda a su vez relación directa con la imagen siciliana, de la iglesia de La Anunciación. La característica vinculante, además del alabastro, es que la madre y el niño se miran, no ambos hacia el frente, como suele ser habitual. En el caso de Melilla, lo que no puede asegurarse es que se trate de la imagen primitiva, que debió ser de menor tamaño. La virgen de Trápana es copatrona de la localidad turolense de Cuencabuena, y su festividad se celebra entre el 8 y 10 de septiembre. En San Cristobal de La Laguna (Tenerife) existe también esta advocación.

La pista italiana sigue presente y pendiente de transitar por ella. La hipótesis es clara. La Victoria parece una versión hispana de la de Trápani. La relación con los Mínimos es estrecha y la procedencia italiana casi innegable, junto con la de los frailes Mínimos.