




Hay una realidad, y es que no podremos ir a todos los lugares del mundo. Siempre tiene que existir alguna selección. Pero en el tiempo actual, el de la comunicación y las imágenes, alguien cercano puede compartir sus fotografías de ese lugar, y así poder escribir y reflexionar sobre un hecho concreto. Una norma del Alminar es trabajar con fotografías propias originales, o cedidas por colaboradores del blog.
El Día D, la hora hache, se produjo el 6 de junio de 1944, en las playas francesas de Normandia, en las primeras horas del día. El asalto a la fortaleza nazi de Europa Occidental, algo demandado por el zar rojo, Iosif Stalin. En junio de 1944, la Rusia soviética había liberado su territorio, pero el territorio europeo invadido por los nazis estaba intacto. Esa fue la necesidad de la invasión Aliada de Europa, a cuyo frente se encontraban las fuerzas de Estados Unidos, que ya colaboraban con Inglaterra en otros frentes.
En este blog sostenemos una teoría, y es la de que el desorden político actual tiene su causa en la destrucción de Europa llevada a cabo por la Alemania nazi. La composición de la población europea fue alterada de modo irreversible, con los planes nazis de «destrucción de la población judía y otras razas inferiores». Pero tampoco es eso de lo que queremos reflexionar.
La muerte y las guerras
Nadie quiere morir en las guerras de otros, en realidad, nadie quiere morir, ni en guerras ni de otro modo. Y sin embargo, los dirigentes de las naciones no paran de llevar a cabo guerras, en donde mueren militares y civiles en cantidades inasumibles. El nazismo es la peor categoría de mal al que se ha enfrentado la humanidad. Su impiedad no tiene parangón, ni equivalencia posible, por muchas barbaridades que hayamos visto o estemos viendo. Antonio Escohotado, el sabio descreído del comunismo, abordó a un perplejo Pablo Iglesias (ex ministro del Gobierno), en su programa, con este pregunta trampa: ¿Qué diferencia ves tú entre un nazi y un bolchevique? La pregunta era trampa porque fue formulada a bocajarro y no puede responderse sin reflexión, pero hoy, sí tenemos una posible respuesta, que compartimos. La respuesta es: «el propósito criminal«. El nazismo es el grado más elevado de maldad, porque establecía a priori quién no podía estar esa sociedad futura, y no dudaba en eliminar físicamente a todos aquellos que no podían estar en ella. Es ese apriorismo el que diferencia al nazismo, de cualquier otra perversidad. Y al hubo que enfrentarse, aun aceptado que la mitad de Europa, que ya había sufrido la bestialidad nazi, quedara en manos del bolchevismo estalinista. Como dijo el Papa Juan Pablo II, «el comunismo fue el mal necesario». Si la Alemania nazi no hubiese dedicado la mitad de su esfuerzo bélico, con su enorme coste humano, a la lucha contra Rusia, la suerte de Europa no hubiese sido ninguna. Si algo era esencial al nazismo, era la impiedad.
El Desembarco de Normandía, 5000 buques de guerra, lanchas de desembarco, 1600 aviones, y 160.000 soldados con sus cadenas de mando, material bélico, y todo tipo de pertrechos, se prolongó durante tres días, entre el 6 y el 8 de junio. El desembarco tuvo un inmenso coste humano, que cifran en torno a las 200.000 víctimas en las Fuerzas Aliadas (EEUU, UK, Canadá), de las cuales 40.000 fueron victimas mortales. Los cementerios militares que rodean Normandía albergan esa cifra aproximada de fallecidos. A día de hoy, ninguna nación europea, salvo Rusia, soportaría una cifra de víctimas semejante.
El Mundo, Europa, los mares, España, albergan enormes fosas comunes de soldados, en su mayoría hombres, fallecidos o matados en guerras. No se han calculado nunca esas cifras, pero son pavorosas, así como la localización de los enterramientos. España está llena de esas matanzas, y cómo dijera Manuel Azaña en uno de sus últimos discursos en España: Paz, Piedad y Perdón: «Lo que importa es tener razón y también saber defenderla. A la larga es seguro que la verdad y la justicia se abren paso, pero para hacerlo en necesario que la verdad se depure y acicale, balo la lima de un juicio independiente».
Las guerras son malas. A ella llevan a las naciones dirigentes enloquecidos. Cuando la guerra estalla y la muerte se adueña de los que hasta ese momento estaban vivos, ya no tiene remedio. El daño ya está hecho. En la guerra no gana el que tiene razón, sino el que emplea más medios. La razón hay que defenderla con razones, mucho antes.
Nota: Fotografía de Feliciana Torralbo (cedidas).