




Los paneles de información de vuelos del Aeropuerto de Melilla no ofrecían incidencia alguna, porque no las hubo, ni demoras, ni cancelaciones, ni nada. Ningún panel informa del overbooking, porque no se trata de una ilegalidad, sino de una práctica contemplada en el Reglamento (CE) 261/2004, de la Unión Europea, que además fija unas indemnizaciones y responsabilidades en caso de que ocurra, y evitar así asientos vacíos en las aeronaves. Solo que a veces el sistema se desborda, aunque era un día pristino.
El vuelo IB2253 del 14 de julio entre Melilla (MLN) y Granada (GRX), se vio afectado por esta circunstancia, reparada en lo posible, y de manera inmediata, por los gestores de la línea aérea de entre Melilla y los destinos peninsulares, en este caso Iberia y su filial Air Nostrum.
Se ofrecen otros vuelos, traslados alternativos, opción a cambios de billete, pero la situación geográfica de Melilla, dificulta de modo mayor la reparación del plan previsto, que a menudo puede implicar un árbol de conexiones difíciles de remendar. Cuando las suspensiones o cancelaciones son por causas climatológicas, no hay circunstancias reparadoras, porque desde Melilla solo se sale en barco o en avión. Hay un overbooking negativo, cuando el avión se ve obligado a operar bajo condiciones difíciles y debe reducirse de modo obligatorio el número de pasajeros a bordo, para reducir peso. En este caso, la visibilidad era óptima y el viento era apenas una brisa caliente de componente sur. Aun así, había exceso de carga y sobreventa de billetes, y al menos a 20 pasajeros les fue denegado el embarque, con la consiguiente caída de planes y enlaces.
Sin embargo, la cuestión no es esta, sino el criterio para delimitar quienes no suben al avión. El día anterior ya había una señal de alarma, y es que el checking en línea ya ofrecía las siglas SBY (en el limbo), que en principio no significa más que «el comandante de la aeronave», se reserva el derecho de ordenar el vuelo, en función de la carga, o del exceso de pasajeros. Luego en la Terminal aeroportuaria te asignan el asiento y no hay mayor problema. Solo en Melilla es posible acercarse al aeropuerto y preguntar cual es el problema. Sin embargo, los mostradores y los teléfonos de información de Iberia ya decía que había más reservas solicitadas que asientos disponibles, lo cual resultaba un tanto desconcertante, porque las aplicaciones no permiten asignarse asientos ya ocupados, y cuando no hay billetes disponibles, no se puede acceder a la información del vuelo. Algo no cuadraba. Ofrecían la posibilidad de acudir con antelación al aeropuerto, porque los asientos son asignados o confirmados en orden de llegado, aunque luego dijeron los operarios de Iberia que «esa respuesta es absurda». Si se compra un billete y la aplicación te permite asignar un asiento, tu asiento es ese. En caso contrario no se podría hacer la selección.
La clave está en desde donde parte o se origina esa «sobreventa», de existir, o cómo se determinan los asientos que van fuera, caso de que hay que reducir parte del pasaje por peso, o porque el avión asignado es de 60 plazas y no de 72, como posible ejemplo. Aquí la casuística era muy variada. No vale la preferencia de la fecha de compra, ni la de impresión de la tarjeta de embarque, ni tampoco la diligencia o retraso en la llegada al aeropuerto. Nada de eso sirve como baluarte o amuleto. El hecho se produce y es irreversible. La gravedad del incidente dependerá de todas las acciones concertadas que anule. No todas las circunstancias son evaluables económicamente. No hay una respuesta clara a lo sucedido. Los vuelos de Madrid y Málaga salieron sin incidentes y con todo su pasaje.
Luego quieren o pretenden que no usemos tanto los móviles, pero todas estas cosas se arreglan, o no, con gestiones digitales.
modelo de ciudad, transporte y empleo. En realidad no hay ni había mucho más para gestionar en esta perdida ciudad. Es increíble el desdén y la falta de mínima empatía de la clase política, encabezada por PP (partido «popular», hay que fastidiarse) y el POSE. Ni una sola acción en condiciones con (contra) las empresas que nos tienen secuestrados con contratos multimillonarios y nuestro generoso bolsillo, según sus intereses corporativos con el aplauso de nuestros «dirigentes».
Ese piloto melillense que lleva años y años clamando pacientemente con sus opiniones técnicas en ristre, que jamás han sido rebatidas ni asumidas.
La única, la única, razón por la cual no nos hemos extinguido es el alarmante presupuesto anual de Melilla, que tapa toda la mediocridad del imbrodismo y de la complaciente ineficacia del POSE local, cuando le toca chupar de la teta de Madrid.
¿No les da vergüenza que no haya una sola medida de «gestión» que poder valorar en por lo menos las últimas tres décadas, con gente que se ha hecho literalmente millonaria desde el poder político?
No hay nada. No hay modelo. Es solo subvenciones y la obligación del Interés Público. Sin eso, no nos moverías de aquí. Pero vistas las capacidades de algunos gestores, lo milagroso es, como tú dices, que nos mantenemos aquí.