El pasacalles del Mercado Renacentista


Nada en un pasacalles es de verdad. Todo es figurado. Es una breve ilusión. Este ha sido un de los pasacalles con más participación vecinal, que salvó la ajustada presencia de figurantes. Lo más llamativo fue la presencia imponente del autómata. Este año no hemos visto dragones, ocas (ya no se puede por la ley animalista), guerreros medievales, comefuegos, faquires, magas y brujos, monstruos de diversa índole, ofidios o al caballo de Troya. La música, esencial a un pasacalles contaba con una modesta comparsa de gaiteros, y otra de tambores. Los bailarines y danzantes también eran escasos. La feria ya no es medieval sino renacentista. Se notaba el agotamiento de la gestión, en un evento con el que ya se cuenta en Melilla, desde hace más de 15 años. Desde San Juan al Mercado medieval, se abre la puerta del verano en la ciudad, y empieza el éxodo vacacional, que despuebla nuestras calles. De aquí a la Feria ya solo quedan los conciertos y sobrellevar el calor de la mejor manera posible. El tamaño de la población melillense no permite más holguras. Pero es interesante que esta actividad se mantenga, sobre todo por el vínculo del melillense con la parte vieja de la ciudad, con la roca calcárea que le da sentido. También es cierto que Melilla no tuvo Edad Media, cuyo fin se señala con la caída de Constantinopla en 1453. Al menos una vez al año, volver a pasar unas horas entre esos muros y pisando ese empedrado histórico, al que cuesta mantener con vida y ligado al resto de la ciudad.

Si hay una cosa llamativa, es la cantidad de personas anónimas que acuden a la Ciudad Vieja, cuando habitualmente creemos que nos conocemos todos. Pues no es así, la presencia del pueblo silencioso es siempre una sorpresa gratificante. Y se puede concluir que quizá no se hagan cosas lo suficientemente llamativas, como para atraer la atención de todos. También acudió mucha gente joven, a un evento al que habrá que darle más amplitud social, en un futuro que ya está muy próximo, el inmediato año 2027.

En la murallas del túnel de Santa Ana, vimos la nutrida presencia del Gobierno autonómico, aunque con algunas ausencias. Esto da algunas pistas, que hemos ido anotando y documentando con fotografías, y que analizaremos en una reflexión pendiente, y de la que ya avanzamos el nombre, que será: «La cuestión del sucesor». Vimos todo, desde la presencia permanente de Miguel Marín Cobos, junto al presidente Imbroda, hasta la aparición, ya más frecuente que antes, de la diputada por Melilla, Sofía Acedo, muy bien situada, en acontecimientos sociales de la ciudad. No quiere decir nada, pero si empieza a ser significativo. El candidato del Partido Popular, que gobierna la ciudad desde 1991, salvo dos interrupciones temporales, es el único que queda por conocer, a menos de un años vista de las próximas elecciones generales y autonómicas.

Acostúmbrate a sufrir con paciencia las contrariedades, a escuchar en silencio lo que desagrada, a estar sosegado entre los turbulentos y a permanecer tranquilo entre el estrépito del mundo.

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