El fenómeno de Morante, según Rubén Amón


Cuestiones sobre la Tauromaquia

  El tema de la tauromaquia es un de esos que son más definitorios que el de ser creyente o no, de izquierdas o de derechas,  o monarquico o republicano. En la posición sobre la tauromaquia quedas definido para siempre, porque es un asunto en el que no cabe perdón.  Aquí no existen las categorías de taurino arrepentido o de objetor de conciencia. En el Alminar no somos antitaurinos, pero no hemos ido nunca a una corrida de toros. Defendemos los derechos de los animales pero sin estar en la órbita del animalismo. Pensamos que la tauromaquia es manifestación cultural intrínsecamente hispana, en la que no cabe una posición rotunda y excluyente, porque tiene muchas ramificaciones.

Gracias a un libro de Carlos Rojas Vila, El Valle de los  Caídos, con las pinturas de Francisco de Goya como eje,  pudimos descubrir  la descripción de un cuadro impresionante, la de un toro bravo de ojos enrojecidos, mirando atentamente a un observador imaginario frente a él. Como si esperase un posicionamiento del observador. ¿Es un expresión cultural bárbara o solo atávica? Porque una expresión cultural lo es, sin que quepan dudas. La cuestión es la categorización, pero no podemos resolverla.

Rubén Amón y Morante de la Puebla

  En sus propias palabras, las de Rubén Amón: Morante,  punto y aparte, «es un libro apresurado», escrito en tres semanas, según manifestaciones del propio autor, tras una grave cogida del torero de La Puebla del Río. El libro fue presentado por la Consejera de Cultura de Melilla Fadela Mohatar, y Rubén Amón estuvo acompañado por el también periodista Paco Reyero.

  Rubén Amón, periodista de tradición familiar, polifacético y de amplia trayectoria (no vamos a descubrir ni a uno ni a otro), pergueña un libro de narrativa abundante (no biográfico), discursiva, pero no ordenada,  sobre las sensaciones y hecho más importantes de este excepcionales torero, que según Amón  es «la suma de todos los toreros» que en el mundo han sido, pero no de modo estudiado, sino espontáneo e intuitivo.

   El torero y la tauromaquia

  Querámoslo o no, la tauromaquia ha sido adoptada por un determinado modo de percibir y sentir el ser hispano, aunque no se puede achacar de esto a la propia tauromaquia. Como dijo el propio Rubén Amón en la presentación de su libro en la sala noble de la Consejería de Cultura (antigua Cámara de Comercio), el mundo taurino había entrado en crisis y retroceso, por el peculiar modo de gestión que imponen los empresarios taurinos y los ganaderos. No solo por «el acoso de determinados partidos de izquierda y de algunos entes nacionalistas». Hay un tercer aspecto y es la evolución de parte de la sociedad, sobre el modo de percibir a «la fiesta» o a «las corridas de toros», en lo que respecta al también indudable «mal trato» del toro en la plaza. En Portugal, el lugar de residencia actual del torero Morante de la Puebla, no se mata a los toros. O sea, que siempre hay otro modo de entender las cosas, y de llevarlas a la práctica. En este mundo, casi todos tienen parte de razón y carecen de ella, casi en la misma medida. No hay verdades absolutas, como dijera Wittgenstein. Nadie tendrá nunca la última palabra sobre algo. Lo que no puede ser es que determinados segmentos sociales se apoderen de cosas, que en teoría, pertenecen al acerbo cultural común. O se comprende esto, o el camino a recorrer va a ser malo.

Morante de la Puebla

Rubén Amón nos describe a un torero irrepetible, con 28 años de trayectoria, completamente inclasificable, independientemente de los vectores políticos, y sometido una dura enfermedad mental, que él mismo desveló en 2025. Si entendemos la tauromaquia como un liturgia atávica, en la que los toreros son los sacerdotes en un ritual de muerte animal, en el que exponen su propia vida e integridad física, no cabe la opción de alegrarse de la muerte de un torero en plaza, ni de deleitarse en el sacrificio ritual de un animal. El toreo a pie es algo relativamente moderno, que data de finales del siglo XVIII, y se considera a la Real Maestranza de Ronda en Málaga como la plaza pionera del toreo moderno.

Por eso, el toreo se lleva a cabo con estrictas reglas que nadie puede, ni debe saltarse, porque todo se lleva a cabo con el permiso de la Autoridad de la Plaza y la Gubernativa. O sea, que si Morante de la Puebla no recibió el rabo del 4º toro, requisito imprescindible para salir por la Puerta del Príncipe de Sevilla, en la última Feria de Abril, no podía salir por ella. Lo que quiere decir, que la autoridad competente, que no la policía de Marlaska, hizo muy bien en impedirlo. Si se quiere defender una causa, no se la puede sacar del ámbito en el que tiene su sentido. No podemos hacer ahora una bandería, una más, de los toros, de la Tauromaquia, que es lo que es, pese a todos.

Acostúmbrate a sufrir con paciencia las contrariedades, a escuchar en silencio lo que desagrada, a estar sosegado entre los turbulentos y a permanecer tranquilo entre el estrépito del mundo.

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