En el día del juez Falcone


La corrupción en España

Desde hace 15 años, desde el mismo origen del Alminar, cada 23 de mayo lo dedicamos a la memoria del juez Giovanni Falcone, asesinado en 1992, en la autovía de Palermo. Reflexionamos también sobre el estado de la corrupción, de la que ya no permite albergar esperanzas. Existe un día mundial de la Justicia Internacional (17 de julio), y otro de la Justicia Social (20 de febrero), pero como tal, el día de la Justicia no existe.

La Justicia española lleva desde 1979 luchando contra la corrupción, muy asentada en el Estado, en las Autonomías (Andalucía, Madrid, Valencia, Cataluña) y en los Ayuntamientos poderosos. La escala va descendiendo conforme a la disminución del tamaño de las instituciones referidas, pero si algo esta firmemente asentado es el sistema clientelar concursos y asignaciones, sean de lo que sean. El principal signo del triunfo de la corrupción es que determinadas prácticas ya no sean percibidas como tal, o como máximo solo cuando las realizan «los otros», sean quienes sean. La historia de la España democrática está jalonada de episodios y escándalos de corrupción, que han afectado a todos los gobiernos, siendo el de José María Aznar, uno de los más salpicados, por la importancia y nivel de los cargos afectados, junto con el de Felipe González, tanto por la duración de su mandato (1982-1996), como por la importancia de las instituciones afectadas, como por ejemplo el Banco de España. En todos esos tiempos, cayese quien cayese bajo las miras de la Justicia, nadie hablaba de «lawfare», que resulta un término llorica, cuando lo utiliza un gobierno, o lo que es lo mismo, el Poder Ejecutivo, para defenderse a sí mismo. Ejecutivo y lawfare son términos antitéticos, porque un Gobierno cuenta con todo el aparato del Estado para su defensa, y créannos cuando decimos que es mucho.

En el Poder no hay lawfare

En la República de Francia un expresidente, Nicolás Sarkozy, ha sido juzgado, condenado y está en la cárcel, sin que nadie ose emplear esa palabra. Lo mismo ocurrió en Italia con Berlusconi, o con Betino Craxi, dos expresidentes de gobierno que fueron condenados. En Estados Unidos solo la elección presidencial, ha librado a Donald Trump del cumplimiento de una condena penal. Richard Nixon fue destituido por mentir. En Israel, Benjamín Netanyahu usa el poder del gobierno para evitar juicios y presumibles condenas, que le retirarían de la política, antes de que lo hagan las votaciones populares, siempre susceptibles de ser orientadas en determinadas direcciones. Ocurre, como en la novela Granja Animal, de George Orwell, que a los caballos se les olvidan las cosas, pero en España, el vicepresidente más poderoso de la historia democrática, Alfonso Guerra, tuvo que abandonar la vida gubernativa por las corruptelas de su hermano Juan Guerra, en la delegación del Gobierno de Sevilla. No solo es que se nos haya olvidado todo, sino que se hace por olvidar. Nadie contextualiza los informaciones, ni relaciona los casos, tramas, y prácticas corruptas, para que todo parezca nuevo y de esta época, y mantener la trifulca política, que enardece a las masas votantes, y las mantiene activas y tensionadas. Es todo una estrategia, en la que se delega un importante papel a la ciudadanía, lo que resulta un error inmenso. Realmente, como decía el propio presidente Pedro Sánchez, en una improvisada verdad: «realmente no conocemos a nadie», ni siquiera a quien se sienta a nuestro lado en el Consejo de Ministros. Pese a esta evidencia, son decenas las personas e intelectuales de relevancia, que en estos días se apresuran a poner la mano en el fuego por alguien a quien no conocemos de nada, ni sabemos en qué se ha convertido (José Luis Rodríguez Zapatero). La imagen pública,  que damos por verdad irrebatible, es solo un espejismo de los medios de comunicación.

  Cuando las sombras de la corrupción se acercan a las cúspides, ya es lícito sospechar de todo el entramado que está por debajo. Si existe un ente que no es inocente, en el sentido político, es el Poder.  En la esfera más alta,se sabe y conoce absolutamente todo, y créannos nuevamente. Allí no hay verdad ni mentira,  solo conocimiento riguroso,  pero son solo unos pocos los que acceden a él.

  Si no se contextualiza la información,  esto parece una batalla de cromos y de número de imputados y categoría de los mismos.  Pero no se trata de eso, es un colapso del sistema,  incapaz de regenerarse, de poner medios y límites a tantos desmanes. España es un país que ha reducido las penas por malversación, y que ha puesto límite temporal a las investigaciones  judiciales.

  Se trata de un círculo vicioso y cerrado,  como se refleja en Pestilencia y  Alteración, la corrupción política como dispositivo, de Víctor Samuel Rivera.  Si algo se debe poner a salvo de la corrupción es al Estado. Aunque ya nada se identifique como corrupción. Un año más,  desde nuestro mismo origen, seguimos creyendo en Giovanni Falcone y en Paolo Borsellino.

10 comentarios en “En el día del juez Falcone

    • En absoluto. Los casos de corrupción se suceden de modo continuo desde el inicio de la Democracia. Pero el poder político es más persistente en poner palos en esas ruedas, antes que crear juzgados especiales para la lucha contra la corrupción.
      Ahí está el caso Pujol como gran ejemplo.

  1. Los tres Poderes: Legislativo, Ejetutivo y Judicial.
    El lawfare es imposible contra el Ejecutivo, por parte del Judicial.
    El forraje y la alfafa dialéctica emitida con cañones de agua desde los medios concertados, están nublando muchos entendimientos.

  2. Hace mucho que impera la paz en El Alminar. Y es veneración lo que aquí se siente por Giovanni Falcone. No vamos a consentir nada. El hacha del Bautista siempre está apoyada en la base del árbol.

  3. Cuándo va a terminar todo esto? Cómo consiguen aguantar? Supongo que será instinto de supervivencia política, pero hospitalario …esto ya es un auténtico sinvivir.

    • ¿Porqué alguien se mantiene junto al precipicio asido a una rama? ¿Cuánto puede durar?
      Hasta que se le agotan las fuerzas, hasta que cede la rama a la que estaba agarrado, o hasta que sucede algo más y te precipita al vacío.
      La caída ya no puede evitarse. Más allá de junio no aguantará nada, ni nadie.

Acostúmbrate a sufrir con paciencia las contrariedades, a escuchar en silencio lo que desagrada, a estar sosegado entre los turbulentos y a permanecer tranquilo entre el estrépito del mundo.

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.