En el día del juez Falcone


La corrupción en España

Desde hace 15 años, desde el mismo origen del Alminar, cada 23 de mayo lo dedicamos a la memoria del juez Giovanni Falcone, asesinado en 1992, en la autovía de Palermo. Reflexionamos también sobre el estado de la corrupción, de la que ya no permite albergar esperanzas. Existe un día mundial de la Justicia Internacional (17 de julio), y otro de la Justicia Social (20 de febrero), pero como tal, el día de la Justicia no existe.

La Justicia española lleva desde 1979 luchando contra la corrupción, muy asentada en el Estado, en las Autonomías (Andalucía, Madrid, Valencia, Cataluña) y en los Ayuntamientos poderosos. La escala va descendiendo conforme a la disminución del tamaño de las instituciones referidas, pero si algo esta firmemente asentado es el sistema clientelar concursos y asignaciones, sean de lo que sean. El principal signo del triunfo de la corrupción es que determinadas prácticas ya no sean percibidas como tal, o como máximo solo cuando las realizan «los otros», sean quienes sean. La historia de la España democrática está jalonada de episodios y escándalos de corrupción, que han afectado a todos los gobiernos, siendo el de José María Aznar, uno de los más salpicados, por la importancia y nivel de los cargos afectados, junto con el de Felipe González, tanto por la duración de su mandato (1982-1996), como por la importancia de las instituciones afectadas, como por ejemplo el Banco de España. En todos esos tiempos, cayese quien cayese bajo las miras de la Justicia, nadie hablaba de «lawfare», que resulta un término llorica, cuando lo utiliza un gobierno, o lo que es lo mismo, el Poder Ejecutivo, para defenderse a sí mismo. Ejecutivo y lawfare son términos antitéticos, porque un Gobierno cuenta con todo el aparato del Estado para su defensa, y créannos cuando decimos que es mucho.

En el Poder no hay lawfare

En la República de Francia un expresidente, Nicolás Sarkozy, ha sido juzgado, condenado y está en la cárcel, sin que nadie ose emplear esa palabra. Lo mismo ocurrió en Italia con Berlusconi, o con Betino Craxi, dos expresidentes de gobierno que fueron condenados. En Estados Unidos solo la elección presidencial, ha librado a Donald Trump del cumplimiento de una condena penal. Richard Nixon fue destituido por mentir. En Israel, Benjamín Netanyahu usa el poder del gobierno para evitar juicios y presumibles condenas, que le retirarían de la política, antes de que lo hagan las votaciones populares, siempre susceptibles de ser orientadas en determinadas direcciones. Ocurre, como en la novela Granja Animal, de George Orwell, que a los caballos se les olvidan las cosas, pero en España, el vicepresidente más poderoso de la historia democrática, Alfonso Guerra, tuvo que abandonar la vida gubernativa por las corruptelas de su hermano Juan Guerra, en la delegación del Gobierno de Sevilla. No solo es que se nos haya olvidado todo, sino que se hace por olvidar. Nadie contextualiza los informaciones, ni relaciona los casos, tramas, y prácticas corruptas, para que todo parezca nuevo y de esta época, y mantener la trifulca política, que enardece a las masas votantes, y las mantiene activas y tensionadas. Es todo una estrategia, en la que se delega un importante papel a la ciudadanía, lo que resulta un error inmenso. Realmente, como decía el propio presidente Pedro Sánchez, en una improvisada verdad: «realmente no conocemos a nadie», ni siquiera a quien se sienta a nuestro lado en el Consejo de Ministros. Pese a esta evidencia, son decenas las personas e intelectuales de relevancia, que en estos días se apresuran a poner la mano en el fuego por alguien a quien no conocemos de nada, ni sabemos en qué se ha convertido (José Luis Rodríguez Zapatero). La imagen pública,  que damos por verdad irrebatible, es solo un espejismo de los medios de comunicación.

  Cuando las sombras de la corrupción se acercan a las cúspides, ya es lícito sospechar de todo el entramado que está por debajo. Si existe un ente que no es inocente, en el sentido político, es el Poder.  En la esfera más alta,se sabe y conoce absolutamente todo, y créannos nuevamente. Allí no hay verdad ni mentira,  solo conocimiento riguroso,  pero son solo unos pocos los que acceden a él.

  Si no se contextualiza la información,  esto parece una batalla de cromos y de número de imputados y categoría de los mismos.  Pero no se trata de eso, es un colapso del sistema,  incapaz de regenerarse, de poner medios y límites a tantos desmanes. España es un país que ha reducido las penas por malversación, y que ha puesto límite temporal a las investigaciones  judiciales.

  Se trata de un círculo vicioso y cerrado,  como se refleja en Pestilencia y  Alteración, la corrupción política como dispositivo, de Víctor Samuel Rivera.  Si algo se debe poner a salvo de la corrupción es al Estado. Aunque ya nada se identifique como corrupción. Un año más,  desde nuestro mismo origen, seguimos creyendo en Giovanni Falcone y en Paolo Borsellino.

Siempre: Falcone y Borsellino


Mayo es el mes del Alminar, de sus conmemoraciones, aniversarios y recuerdos. Uno de ellos, el más importante, es el dedicado al aniversario del asesinato del juez Giovanni Falcone, un 23 de mayo de 1992, en la autovía de Palermo, en Sicilia. Cada año la actividad del Alminar se detiene para conmemorar su nombre y su servicio al Estado, en democracia, por supuesto.

En 2022 escribíamos esto, plenamente vigente: «La actividad ilícita, el campo gris en el que se mueve la mafia, está indisolublemente ligada a la corrupción, el gran mal que asola y azota al ejercicio de lo Público. Las pequeñas corrupciones acaban en las grandes, y el político o el servidor público que queda tocado por una dádiva, una prebenda, luego ya queda atado para siempre, ya no es independiente; es influenciable».

La ciudad de Melilla, nuestra ciudad, está abatida y expectante ante un presunto intento de asalto al sistema electoral, llevada a cabo por una trama que ahora se investiga, y que habría aprovechado un resquicio en la Ley Electoral, para introducir una cantidad masiva pero no determinada, de votos por correo, en las inminentes elecciones locales de 2023. Lo más importante en una Democracia es la libertad de voto, pero si esta se esclaviza o anula, aprovechando las dificultades económicas de una parte del electorado, o se le atemoriza mediante la difusión de falsedades, o se intenta agruparla bajo falaces doctrinas e identidades de todo tipo, se esta conculcando la propia esencia del Estado democrático, que es el voto en libertad y con conocimiento de causa. El escándalo y el susto han sido tan grandes, que ahora se pondrán en marcha las medidas legales necesarias para que esto no vuelva a ocurrir.

El legado de Falcone sigue ahí, y su vocación de servicio al Estado también. En el primer mes del año, Matteo Messina Denaro, uno de los jefes de la Cosa Nostra que ordenó su asesinato, y también el de su compañero y también juez Paolo Borsellino; tras pasar media vida en la clandestinidad. Ahora ya solo le espera la cadena perpetua, como a Salvatore Totó Rina, fallecido en la cárcel en 2017, en la que estaba recluido desde 1993, también a perpetuidad. La victoria del Estado ha sido en este caso completa, aunque ya hayan pasado 31 años desde los atentados que costaron la vida a los dos jueces antimafia.

En 2021 rescatábamos otras de las inolvidables frases de Falcone: «De nada sirven las leyes si no van acompañadas de una sólida voluntad política; y esta no nacerá mientras todo el país no sienta la necesidad de combatir el crimen organizado (corrupción). El marco y las estructuras existen, sobradamente; solo falta ponerlos en marcha con unos hombres profesionalmente competentes. Siempre que digo esto, mis interlocutores ponen los ojos en blanco, como si yo estuviera diciendo majaderías o blasfemando«.

Como cada año, además de dedicar todo el día a la memoria de los jueces Falcone y Borsellino, hay que ofrecer algo nuevo. Extraemos sus reflexiones del inagotable libro de conversaciones con Marcelle Padovani: «En mis momentos de melancolía me pregunto a veces (y sigue siendo vigente y actual): «¿Porqué unas personas que poseen cualidades intelectuales tan evidentes, se ven obligadas a inventarse una actividad criminal para poder sobrevivir? «Porque es más fácil», responderá más adelante.

Efectivamente, es más fácil rendirse que luchar, pero para hacer esto, para llevar a cabo esa lucha constante, hacen falta ejemplos. Con cada escándalo, con cada político o autoridad que cae, con cada caso de corrupción, o con cada partido que incumple sus promesas y se pasa al otro lado, al de la vieja política, al de las castas, aumentan el número de los descreídos en el Estado de Derecho, en la Democracia, que es lo único que nos salva y ampara a todos; y que es lo único que no puede ser puesto en discusión ni mermado.

Cada año también añadimos nuevos nombres de servidores del Estado caídos en su defensa. En 2023 incluimos el nombre de Carmen Tagle González, fiscal de la Audiencia Nacional asesinada por ETA el 12 de septiembre de 1989, de la que incomprensiblemente apenas existen fotografías ni biografías completas. Queda su nombre y poco más.

Giovanni Falcone & Paolo Borselino


Un año más, y ya son 11, toca recordarles. Cambiaron el concepto de lucha contra el Estado paralelo que es la mafia. Sus vidas fueron el ejemplo de que es posible aún, el concepto de servidor del Estado, estar a su servicio, y no servirse de él. Pero sobre todo, son el ejemplo de la dignidad que debe rodear a los integrantes del llamado Tercer Poder, la Justicia.

La actividad ilícita, el campo gris en el que se mueve la mafia, está indisolublemente ligada a la corrupción, el gran mal que asola y azota al ejercicio de lo Público. Las pequeñas corrupciones acaban en las grandes, y el político o el servidor público que queda tocado por una dádiva, una prebenda, luego ya queda atado para siempre, ya no es independiente, es influenciable.

El Poder Judicial debe separarse lo máximo posible del mundo político, porque una justicia pendiente y dependiente de la servidumbre política, ya no es una justicia útil a la ciudadanía ya no es útil a la causa que debe servir. Servirá a las causas menores, pero estará inhabilitada a la hora de enjuiciar las grandes causas. En España se roba al Estado, se desfalcan las arcas públicas, se produce un notorio incremento patrimonial en una parte significativa de los integrantes de la clase política, pero luego rara vez responden de esos actos.

Es una imagen devastadora que la corrupción llegue a la Jefatura del Estado, y también a presidentes Autonómicos, Ministros y Vicepresidentes de Gobierno, así como a partidos políticos. No hay nivel político, ya sea estatal, autonómico, municipal, que no haya quedado afectado por la corrupción. La justicia está politizada y la política judicializada. La separación de Poderes resulta difusa, en uno de los ámbitos más importantes para la restitución y salvaguarda de la actividad pública y la confianza en las Instituciones.

Los jueces/juezas y fiscales son los defensores del Estado, de la sociedad, el ejemplo del servicio público más visible, porque es la institución a la que representan y encarnan, es a la que recurren los ciudadanos/as para solicitar defensa y amparo, muchas veces de las actividades del Poder político. Por eso es tan necesario que sus integrantes sean ejemplos de independencia, de moralidad pública, y deben estar distanciados de la esfera política. Es posible y es un deber.

Desde el origen del Alminar en 2011, cada 23 de mayo no hemos faltado al recuerdo del Juez Falcone en el día de su asesinato en 1992, ni con el de su compañero y amigo Paolo Borselino. Este día nunca escribimos de otra cosa.

Nota:https://youtu.be/7AGVchFpG7k

Giovanni Falcone


              «Hay amigos íntimos, amigos, conocidos, adversarios, enemigos, enemigos mortales y… compañeros de partido». Giulio Andreotti

       Yo no soy Robin de los Bosques, no soy tampoco un kamikaze; ni mucho menos un fraile trapense. Soy, simplemente , un servidor del Estado en tierra de infieles¹.  Cada 23 de mayo, desde el año 2011, el tiempo se detiene en El Alminar, para dedicarlo al recuerdo de Giovanni Falcone, juez antimafia en Palermo, asesinado el 23 de mayo de 1992, junto a la salida de Capaci, en la autovía de Palermo. El misterio nunca resuelto es que solo una pocas personas, quizá menos de 5, conocían los desplazamientos de Gianni Falcone, uno era siempre Giulio Andreotti, presidente del Gobierno de Italia y uno de los personajes más impenetrables de la política europea.

                 Pese a todo, él estaba convencido de que tarde o temprano su deuda con la mafia solo se saldaría con su muerte. Su amigo y también juez, Paolo Borsellino fue asesinado apenas dos meses después, cuando acudía a visitar a su madre en la ciudad de Palermo.

                «Y lo que nosotros no podemos ni debemos hacer, es no querer darnos cuenta de hasta qué punto nos hemos habituado a tratar esta tendencia con indiferencia, a considerar como normales prácticas de apropiación que se están convirtiendo, un poco por todas partes, en cada vez más corrientes»².

                La actividad mafiosa, la acción corrupta es el reverso del Estado y de la Ley como concepto máximo. Nadie cree corromperse  cuando ayuda de manera ilícita y sin embargo lo hace. Y es en ese lado del reverso humano en donde la actividad mafiosa se asienta cómodamente, creando esa moral paralela que parece absolver siempre al correligionario, y condenar de manera implacable al adversario.

                 Es una obligación del Alminar hacer este receso anual, para detenernos en la memoria y el nombre de Giovanni Falcone. Es un rito que debe cumplirse, para recordar que existe una vía alternativa para el Estado, para la sociedad, para la política. Nunca hay que rendirse a las tinieblas. La luz, por débil que sea, siempre indica el camino. Son solo 24 horas al año, pero suficiente para mantener vivo el recuerdo, mientras sigamos aquí.

 Notas: 1 y 2. Giovanni Falcone, Marcelle Padovani. https://elpais.com/internacional/2013/05/10/actualidad/1368210149_944865.html

Siempre: Giovanni Falcone


 

             La Justicia es lo único que no puede fallar a los ciudadanos. Como cada año, desde el origen del Alminar en 2011, cada 23 de mayo detenemos el movimiento del blog por un día y descansamos, recordando al Juez antimafia Giovanni Falcone, asesinado en 1992. Si escriben el apellido Falcone en el buscador del blog, aparecerá casi el mismo texto, casi el mismo artículo, desde hace 8 años. Su amigo, compañero y también Juez Paolo Borsellino, fue asesinado en atentado el 19 de julio de ese mismo año.

            Los jueces y magistrados son el tercer Poder del Estado. Tiene un blindaje jurídico especial, reciben una formación específica para defender al Estado y a los ciudadanos de los delitos. Los magistrados y jueces deben mantenerse al margen de la contaminación ambiental y política. Es un deber que asumen ante la ciudadanía y ante el Estado, y también es algo que los ciudadanos pueden y debemos exigir a nuestros magistrados. No se puede actuar y juzgar con independencia, si antes se ha confraternizado con aquellos a los que luego puede llegar a juzgarse. Deben estar a resguardo de interferencias e influencias. Cuando uno/a escoge la carrera judicial, entonces hay cosas que no están permitidas o que están vedadas. Son parte de la sociedad, pero para preservarla a ella y al Estado.

                                   Una Ley La Torre en España

         Pío La Torre fue un parlamentario italiano, que impulsó una ley que permitía la apertura de una investigación judicial, solo con la sospecha del enriquecimiento ilícito de un político, de un empresario o de cualquier otra persona. La incautación de los bienes obtenidos de modo ilícito, y la no prescripción de ese tipo de delitos, eran otros de los instrumentos de la Ley la Torre, que fue asesinado el 30 de abril de 1982. La magnitud, extensión y profundidad de la corrupción en España, indican el camino hacia una ley de este tipo en nuestro país. Son demasiadas las causas archivadas y sobreseídas en España por delitos de corrupción, la lenidad de las condenas, y sobre todo, la no incautación de las cantidades robadas, defraudadas y malversadas al Estado. En Marbella apenas se ha recuperado el 1% de lo malversado.

        No sirve esconder la cabeza y mirar a otro lado, Giovanni Falcone lo vio claro: «Nosotros, los magistrados, hemos reivindicado frecuentemente nuestra independencia, pero durante mucho tiempo hemos cedido, en realidad, a las adulaciones del poder político. Al rodearnos de un mando de autonomía formal, el poder nos ha hecho olvidar que no poseíamos autonomía efectiva alguna”. Deberían cancelarse las jornadas y eventos jurídicos en donde magistrados de todos tribunales, acuden a diversas ciudades, a ofrecer charlas y conferencias en los límites del ámbito académico y con un apreciable componente de relaciones con el mundo político.

           Decía Falcone en sus conversaciones con Marcelle Padovani: «En Sicilia no puede decirse, que una persona conseguirá el éxito en la vida, o saldrá de sus apuros, aun estando dotada de inteligencia y de gran capacidad de trabajo. Sicilia se ha convertido en un sistema en el que  el proteccionismo y el nepotismo en una norma de vida. Lo que realmente cuenta entre nosotros es siempre el amigo o aquella relación que nos dará un empujoncito, un ayuda.. Lo que nosotros no podemos ni debemos hacer, es no querer darnos cuenta de hasta qué punto nos hemos habituado a tratar esta tendencia con indiferencia, a considerar como normales ciertas prácticas de apropiación (de los bienes públicos) que se están convirtiendo, un poco por todas partes, en cada vez más corrientes.

Un año más, Giovanni Falcone


 

                                        Il giorno maladetto

             Un año más y ya son siete, cada 23 de mayo lo dedicamos a la memoria del juez Giovanni Falcone, en el día de su asesinato, en la autovía de Palermo, junto a la salida de Capaci, hace ya 26 años. Hay algo diferente este 23 de mayo, y es que Salvatore «Totó» Riina (la bestia), el jefe de la mafia que ordenó asesinarle, murió el pasado noviembre en la cárcel en la que se encontraba preso desde 1993. Estaba condenado a 26 cadenas perpetuas. Murió en una omertá total, en un silencio absoluto en el que se sumergen los capos de la mafia, y que ya había previsto Falcone.

              Italia tiene una Comisión Permanente Antimafia, como España debía tenerla Contra la Corrupción. Cuando ministros del Estado, políticos de comunidades autónomas, presidentes autonómicos, consejeros y diputados aparecen implicados e imputados por delitos de corrupción, proliferan por todos los parlamentos autonómicos, es un claro indicio de la infestación del sistema político. Algunas acciones y defenestraciones que hemos visto en las últimas semanas en la vida política española, se asemejan mucho a los modos de acción mafiosos.

                                 Los servidores del Estado

             Giovanni Falcone se definía a sí mismo como «un servidor del Estado en tierra de infieles», o sea, un defensor de la ley en el territorio del crimen y de la corrupción. A lo lardo de estos 7 años de conmemoración, hemos ido recuperando muchos nombres de servidores del Estado, como el de Pio La Torre, diputado italiano, miembro de la Comisión Antimafia, e impulsor de la Ley Bognoni-LaTorre, para la lucha del Estado contra la actividad mafiosa y la corrupción. Una de las cosas previstas por esta ley era «la incautación de todos los bienes obtenidos de manera ilícita y que no puedan justificarse por una actividad legal». Esto era algo fundamental para el Juez Falcone: no permitir que los mafiosos y los corruptos, ni sus familias, puedan disfrutar de lo obtenido de modo ilícito. La Torre murió asesinado el 30 de abril de 1982. En Italia existe a día de hoy un centro de Estudios dedicado a su memoria, pero como decía también Falcone, el asesinato es la última opción de la mafia contra un servidor de Estado, porque éste responde.

           Un solo año después de la muerte de Giovanni Falcone (23 de mayo de 1992), y del también juez Paolo Borsellino (19/07/1992), Totó Riina, el jefe de la mafia que ordenó sus muertes, fue detenido y pasó el resto de sus días en prisión (24 años).

                                             Clases de Justicia

           Como ha dicho una jueza, Mercedes Alaya, se puede repetir y afirmar: «En España hay dos clases de Justicia, una para los poderosos y otra para los que no lo son». Los poderosos son una exigua minoría, el resto somos todos los demás. Esta diferencia la vemos a diario en la prensa, cuando se observa la diferencia de las penas con la que es castigado el que roba un establecimiento, o a una anciana al salir de misa y el que desfalca al Estado, vacía una Caja pública, o desvía fondos desde cuentas públicas a las personales. El primero es juzgado y condenado de modo inmediato, mientras que el segundo grupo puede esperar años la celebración del juicio y obtendrá al final, penas más leves proporcionalmente. Es fácil demostrar el robo de un pizza, o hurto de una bicicleta, pero no es tan fácil demostrar cómo y cuánto se ha saqueado un cuenta pública.

          A lo dicho por la jueza Alaya, habría que decir que la Justica española está desfasada con respecto al tipo de delitos actualmente existente y que causan mayor alarma social, como son todos los relacionados con la corrupción. La Justicia española se especializó en delitos de terrorismo, pero ahora debería especializarse en delitos de tipo económico, de malversaciones, de fraudes y blanqueo de capitales. La Justicia española es procedimental y sancionadora, y la tendencia actual es la de una justicia especializada. Ya se ha visto lo que sucede cuando la misma Audiencia que juzga hurtos, robos y amenazas, tiene que enfrentarse a un  caso de violencia sexual.

             «Lo que sirve para iniciar un proceso, decía el juez Falcone, puede mostrarse insuficiente para formular una condena». Es necesaria la especialización porque el crimen también lo ha hecho. Los poderosos, los políticos corruptos enmascaran sus patrimonios con mil y un artificios legales. En Marbella, de los 300 millones de euros desfalcados, apenas se han recuperado 3, el 1% de lo robado.

               Las fórmulas de Giovanni Falcone y de los que como él lucharon por poner coto a la actividad ilícita y entregaron sus vidas en  la defensa del Estado, eran sencillas. Un Ministerio Público (Fiscalía) fuerte, centralizado, y lo más independiente posible de las influencias del Poder político. Leyes especiales contra la corrupción y que vigilen las subrogaciones de los contratos del Estado, juzgados específicos y especializados en este tipo de delitos, con todo tipo de recursos a su disposición.

                 Como cada 23 de mayo, desde el año 2011, en El Alminar no existe otra noticia ni otro nombre que no sea el del Juez Falcone, acompañado cada año por otros nombres, como los ya mencionados, o el de Fernando Ciampi.

       Nota:https://elalminardemelilla.com/2017/05/23/25o-aniversario-del-asesinato-del-juez-falcone/

 

 

25º aniversario del asesinato del juez Falcone


 

                    La corrupción, al igual que la mafia, acaba pudriéndolo todo. La corrupción no existe sin el dinero: Tampoco existen los corruptos sin los corruptores, muchos vinculados al sector empresarial, y que acaban contaminando al sector público, que es el que está o debería estar al servicio de todos. Vivimos un intento de mitificación de lo privado y del empresario, pero lo que debería fortalecerse es la idea del servicio público. Sin el Estado, solo existe la selva. Sin el Estado, gran parte de la actividad empresarial no existiría. La última y más potente crisis ha sido una crisis empresarial.

              En abril de 2015, un empresario enloquecido por la quiebra, Claudio Giardiello, disparó en la sala judicial de Milán, contra su propio abogado, un testigo y contra el juez Fernando Ciampi. Es la última víctima judicial italiana frente a la actividad fraudulenta.

               Las lecciones de Giovanni Falcone y de su amigo y compañero el juez Paolo Borsellino son inmensas, tantas que siguen vivas a los 25 años de sus asesinatos, casi paralelos. En su libro de conversaciones con la periodista Marcelle Padovani, Falcone cuenta como un día Borsellino entró en su despacho y le pidió la combinación de la caja fuerte, y al preguntarle para qué la necesitaba, Borsellino le dijo: ¿Cómo quieres que la abramos cuando te maten?.

             Giovanni Falcone fue fulminado por una potente explosión en la autovía de Palermo el 23 de mayo de 1992. Desde la misma creación del Alminar en 2011, ese día se dedica solo a su memoria, y ya van transcurridos 6 años. El 23 de mayo no se encontrará en el El Alminar  otro tema que no sea el recuerdo y el homenaje a la «memoria del juez Falcone» y de su compañero Borsellino, abatido por un coche bomba apenas dos meses después, concretamente el 19 de julio.

             Italia es una de las principales economías mundiales y una República fuerte, pero hubo un tiempo en que estuvo a punto de ser rendida por la actividad económica fraudulenta. La obligación de un Estado, y del poder judicial es poner coto y límite a ese tipo de actividad. No es que se la vaya a vencer o hacer desaparecer, pero nunca debe situarse por encima del Estado ni contaminar o infiltrarse en el Poder público y político, lo contaminar la economía oficial. La mafia al igual que la corrupción, opera solo en beneficio de sus propios miembros, de la familia, del grupo. ¿Dónde acaba el Estado, dónde empieza la actividad ilícita? ¿Quién es el corruptor y quién el corrompido?. Son líneas de sombra en donde si no se tienen principios firmes, puede no llegar a saberse en qué lado se está. Como decía Falcone, «son dos sociedades, una enferma y otra sana, que conviven en completa proximidad, en contigüidad. Vive en perfecto equilibrio sobre la miríada de protectores, cómplices, informadores, deudores de todas clases, chantajistas, gentes intimidadas o a las que se ha exigido el pago de un rescate, que viven en todos los recovecos de la sociedad». Corrupción y mafia se parecen mucho.

       Hay varios errores que no se pueden cometer, uno de ellos es «creer que los mafiosos son monstruos, cuando en realidad son parecidos a nosotros». Son hombres de honor, con rígidos códigos morales. Tampoco se puede pensar que «el pagar o cobrar una comisión es un acto inocente, pues en realidad significa reconocer a la autoridad mafiosa » o ilícita.  El error definitivo es creer que estas prácticas se circunscriben a un área geográfica determinada. Los Estados deben defenderse en conjunto, eliminando paraísos fiscales, o áreas bancarias opacas.

     España debe tomarse en serio el problema de la corrupción. Italia estuvo a punto de ser vencida por la mentalidad y actividad mafiosa. Hay una pregunta que hacerse, y es que cómo hombres y mujeres totalmente corruptos, aparentan ser honestas personas de familia, sin contradicciones aparentes, sin ni siquiera conciencia de culpabilidad, o incluso religiosos. la respuesta la ofreció un juez italiano, Roberto Scarpinato: «El dios de los mafiosos es el familismo amoral. El reino de la ética se agota en el interior de la familia (del grupo). Fuera de ese grupo hay una total discrecionalidad ética. El estatuto de ser humano es solo reconocido a los miembros de la tribu”(1).

        Nota: (1) Los curas y la mafia, Isaia Sales. Ediciones Destino.