



Atentos a la llegada del sargazo
Rugulopteryx es el nombre de un alga invasora que ya ha aparecido en la bahía de Melilla en el mes de abril, bien flotando en pequeñas masas sobre el agua, o depositadas en montículos sobre la arena. Este tipo de alga, procedente de la costa asiática, invade ya desde 2015 la línea litoral y algunas playas del sur peninsular ibérico. En algunos puntos específicos, donde las corrientes son más propicias, la acumulación es de toneladas, que obliga a labores de control y limpieza incesantes. La Ciudad Autónoma de Melilla se ha incorporado a este mundo por primera vez, en el presente año, en un encuentro en la ciudad de Málaga.
Hace ya tiempo que las campañas de limpieza de nuestras aguas litorales, abandonaron esa necesaria labor, que parece va a retomarse, con motivo de la aparición de este alga, ya catalogada por el Gobierno de España como una de las especies invasoras de nuestro entorno. La estrategia de control del alga Rugulopteryx Okamurae, es un plan rector elabo0rado por el gobierno en 2022. La primera aparición del alga se produjo en la ciudad de Ceuta en 2015, punto clave de paso del Estrecho de Gibraltar. Desde ese año, el alga se ha ido extendiendo de modo gradual por las costas españolas, traídas y ayudadas por el continuo paso de barcos mercantes por esta puerta natural del espacio que conforma el mar Mediterráneo, común a gran parte de los países europeos, a los norteafricanos y a la zona de Oriente Medio.
«Se trata de una especie perenne que muestra un elevado esfuerzo reproductivo basado en la formación de propágulos vegetativos y monosporas asexuales», dice el documento gubernativo referenciado. El primer objeto de atención es la detección de nuevas introducciones y translocaciones, estudio de las mismas, coordinación de las actuaciones, transmisión de la información y diseño de actuaciones. Las mareas y corrientes son elementos claves para el transporte a diferentes litorales de las masas de algas, que está causando estragos en las redes de pesca, afectando al rendimiento del sector pesquero.
El muro de la vergüenza
Proliferan en las redes sociales las visiones idílicas de la Melilla de las décadas de 1960/70, pero como toda experiencia nostálgica tiene sus trampas. Era el ecuador del franquismo y el final de la pobreza de la posguerra, que en Melilla trajo también el fin del Protectorado de Marruecos en 1956. Es la etapa de mayor abandono poblacional de la ciudad con destino a Cataluña, Valencia y Andalucía. La ciudad perdió más de 20.000 habitantes en una década.
Ese resto de muro, que reaparece en la bajamar de abril, muestra el signo del apartheid social en la ciudad. El acceso a esa parte del litoral, estaba vedado a la población melillense por un muro, y la vigilancia de la Policía Militar. Solo la Democracia trajo consigo el final y la demolición de ese muro de la vergüenza, cuya imagen traemos al Alminar por primera vez. Separaba la playa de la Hípica de la del Hipódromo.