Los 18 segundos de Adamuz


El Último Tren, de Elena Fragío

La publicación de: Adamuz, El Último Tren, de Elena Fragío, viajera herida y superviviente del accidente del 18 de enero, junto a la localidad de Adamuz, en Córdoba, nos permite asomarnos a una tragedia reciente, ocultada por el insalubre clima de confrontación política, en el que se pasa siempre por encima de las víctimas.

A las 18h 10, sale de la estación de Atocha en Madrid, la composición Alvia 2384 de 4 unidades, con un peso aproximado de 1600t, y 187 pasajeros a bordo, en dirección sur. En dirección opuesta, norte, desde la estación María Zambrano de Málaga, inicia su trayecto a las 18h 40, la composición Iryo 6189 de 8 unidades, con 317 pasajeros y un peso aproximado de 4000t. Ambos trenes se desplazan a 200 km/h, o sea, que recorren 1 km en 18 segundos. La recta de Adamuz, en la que se van a cruzar los trenes tiene algo más de esa longitud, casi 2. El destino de todos los que viajan a bordo de los trenes, va a cambiar en ese brevísimo lapso espacio-temporal. Es tan breve que ni siquiera los supervivientes se van a dar cuenta de lo ocurrido. Ninguno es consciente de que el tren Alvia 2384, en el que viaja Elena Fragío, va a impactar contra el vagón 6 del Iryo 6189, descarrilado e interceptando su vía, junto con las unidades 7 y 8 (1500t en situación de inercia).

El alcance de la cabeza tractora del Alvia 2384 sobre la unidad 6 del Iryo 6189 se produce (según Adif), a las 19h 43´44″. Es un cruce más entre trenes, de las decenas que se producen a diario, de las centenas a lo largo de un mes, y de los miles a lo largo de un año. Nunca pasa nada, salvo oscilaciones, vibraciones, y traqueteos molestos, que refieren y graban cientos de usuarios. Pero esta vez iba a resultar diferente.

  Una tramo de rail llevaba probablemente meses, con su límite de resistencia de materiales rebasado.  El material aguantaba en su posición, pero comprometido, y cada día lo tensionaban más,  los pasos continuados de los trenes.

Elena se encuentraba en el Alvia 2384, regresabando desde Madrid con un grupo de amigas, que han realizado una prueba para Instituciones Penitenciarias. Salvo pequeñas inquietudes, ninguna advierte que la fatalidad ya ha marcado a esos dos trenes. Son las 19h 44′ 00″. Los trenes enfilan opuestos la recta de Adamuz,  que van a recorrer en 20″. Solo los maquinistas ven las luces de sus cabezas tractoras una frente a la otra.

  En el segundo 40, del minuto 44, de la hora 19, el fragmento del rail se parte por la presión y el traqueteo del Iryo, desequilibrando el tren, que descarrila a partir de la unidad 6, que se cruza sobre la vía contigua,  junto con los vagones 7 y 8. Los pasajeros notan una fuerte vibración y un zigzageo violento,  que desplaza a los pasajeros y los derriba, junto con los equipajes y objetos libres. En ese instante ya hay heridos y muertos,  pero nadie sabe que ha ocurrido.

  El rail se parte y saca de las vías a unidades que pesan 500t cada una. El vagón 6 intercepta la vía contigua,  justo cuando la cabeza del Alvia está en ese punto.  Y en ese momento,  la brutalidad de la física se adueña del esapcio.  Las 1600t del Alvia desplazándose a 200 km/h, o lo que es lo mismo, a 18m x sg, golpean al vagón 6 del Iryo, y lo devuelven a su vía,  junto con los vagones 7 y 8. El impacto desplaza 1500t como si fueran cajas de zapatos vacías. La fuerza del impacto alcanza los 4,8 millones de Newtons, y por la Ley física de acción y reacción, vuelven al Alvia pero en sentido opuesto. El tren empieza a deshacerse a 200 km/h, hasta incrustarse en el talud, cuando su energía en desplazamiento llega a cero. Lo describe perfectamente Elena Fragío: «De repente se apagó la luz, en la profunda oscuridad todo empezó a girar. Cabezazos. Golpes. Hierros retorciéndose. Cristales explotando. Gritos. Un estruendo imposible de describir y de olvidar. El vagón giraba sobre sí mismo a una velocidad descomunal. Durante dos kilómetros volamos por la vía…Seis segundos de no entender qué estaba pasando1«. «El impacto final fue distinto. Ya no girábamos. Estábamos cayendo, una detención violenta2«. Los 5 millones de newtons se habían consumido. 46 vidas se habían perdido, con más de 100 heridos de los 500 viajeros totales.

¿Porqué nadie vio al Alvia 2384?

El maquinista del Iryo advierte a la estación de Atocha de que ha sufrido un enganchón con la catenaria y de que han descarrilado, y avisa para que cierren la línea al tráfico, cosa que hacen, pero no menciona en ningún momento que acaba de cruzarse con un Alvia, del que nadie da referencias. Un pasajero de ese tren, en redes sociales, sí se da cuenta de que acaban de cruzarse con otro tren. Es Oscarteach en X y lo describe así: «Yo iba en el vagón 5 del Iryo. A los pocos segundos de notar las sacudidas  y de ver como el vagón 6 se tambaleaba, pasó el Alvia a toda velocidad. No fue un choque, fue un roce».

  Está describiendo el instante exacto. La rotura del rail, el descarrilamiento del Iryo y la interceptación del Alvia sucede en una fracción temporal de 6 segundos.  El maquinista del Alvia muere en ese instante y el tren se deshace hasta agotar la energía del impacto, y desaparece durante dos horas,  lleno de heridos y de fallecidos. Los pasajeros se rescataron a sí mismos, en la oscuridad y el frío de la noche,  hasta que dieron con ellos. Un guardia civil de servicio,  que se adentró en la oscuridad con un linterna, fue el primero en ver la magnitud de la catastrofe,  dos horas después.

  En el centro de control de Atocha dejaron de verlo,  ni siquiera preguntan a la interventora en dónde se encuentran, y le dicen que vaya a buscar al maquinista.  Y la olvidan y se olvidan del Alvia. Ni siquiera le preguntan qué ha pasado. ¿No hay el equivalente a un transpondedor  en lo trenes?.

  La cuestión final

¿Qué había ocurrido? La Alta Velocidad es una infraestructura ferroviaria que desplaza un tren a la  velocidad de despegue de los aviones. Si no estuviesen afianzados a la plataforma de rodadura con un diseño geométrico perfecto, saldrían disparados como misiles en las rampas de lanzamiento.  No puede haber descuidos, desidias,  tramos sin vigilancia. Es una infraestructura que no admite espacio para la corrupción.  No es una carretera, no vale un parche de asfalto,  un repintado. Entre 2018 y 2021 hubo una gestión obscena sobre el área transportes.

  Desde 2023, el nuevo ministro, Oscar Puente,  gestiona el caos ferroviario a su estilo, el de la conquista del Oeste. Eso le ha perdido, en una tragedia de la que no es responsable. Ha faltado humildad y empatía con las victimas, que son las que importan, tanto aquí,  como en otros lugares. Pero esta ha sido una tragedia en la que el deficiente estado de vigilancia de la infraestructura, ha generado la causa. Ha sido determinante. No es una catástrofe natural.

Notas: 1 y 2, Adamuz, El último tren. Elena Fragío. Editorial Niebla, 2026. Los nombres, de los trenes de Adamuz | Capilla de Juan el Bautista

Acostúmbrate a sufrir con paciencia las contrariedades, a escuchar en silencio lo que desagrada, a estar sosegado entre los turbulentos y a permanecer tranquilo entre el estrépito del mundo.

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