La casa más antigua de Melilla


                 Esplendor y ruina de la Casa Lafont

           Lo que está habitado y se mantiene en uso se conserva, lo que se olvida se desmorona. Casi nada escapa a esta ley inexorable. Hasta la década de 1980 la Casa Lafont se mantuvo en uso por sus dueños, los herederos de la histórica familia. La Casa Lafont era famosa por unas pinturas, algo toscas, existentes en el hueco en de la escalera, y que representaban a las cuatro estaciones climatológicas. Tras un cambio en la propiedad del inmueble, la Casa Lafont fue ofrecida en dos ocasiones a la Ciudad de Melila,  para que a cambio de que ésta corriese con los gastos de la rehabilitación, cederla por un periodo de diez años para usos culturales. No cuajó la iniciativa. El presidente de Melilla era entonces Mustafa Aberchán, y ni siquiera se tuvo en cuenta la propuesta, entre otras cosas, por ser demasiado onerosa la rehabilitación, y por ser una cesión temporalmente corta.

        Diez años después, en 2009, se intentó repetir la cesión, corriendo esta vez la rehabilitación a cargo del Ministerio de Cultura, asunto que originó un escándalo en La Asamblea de Melilla, con intervenciones muy agresivas por parte de los miembros del Gobierno. Como inmueble,  la Casa Lafont, carece de valor artístico, salvo por los sillares.  Lo único que la hacía llamativa era su antigüedad, y que  ha sido considerada siempre como el primer inmueble civil de la ciudad, y las pinturas de la caja de las escaleras, que ya el Cronista de Melilla señaló como toscas y de poco valor artístico. Nada justificaba pues, una rehabilitación (500.000€),  a cargo del erario público.  Hace ya tiempo, un correo advirtió al Alminar de que los frescos, o las pinturas, ya no estaban en el interior de la vivienda. No se sabe si han sido retirados para ser conservados, o simplemente se derrumbaron.

         En el interior ya no queda nada. El histórico inmueble ya solo es habitado por un gato, y dentro está todo diáfano. El derrumbe parece haber dejado al descubierto la existencia de un antiguo fuerte, pues en el fondo se puede ver lo que parece ser una tronera defensiva. Últimamente están apareciendo en la Ciudad Vieja,  restos históricos con los que nadie contaba, caso de la Capilla de La Enramada en la Casa del Reloj. Otra ley inexorable es que nada desaparece del todo, sino que todo aguarda su momento para volver a ser descubierto. Caso de hacer alguna obra aquí, habría que excavar primero y ser visada la propuesta por la Comisión de Patrimonio.

    Notas: (1) http://www.diariosur.es/20090130/melilla/imbroda-anuncia-casa-lafont-20090130.html,

                 (2) http://www.diariosur.es/20090130/melilla/sarompas-cuestiona-actitud-gobierno-20090130.html

11 comentarios en “La casa más antigua de Melilla

  1. Conocí esa cuando estaba aún habitada por sus antiguos propietarios. Me llamó la atención el ruido del mar que se oía desde una de las alacenas. Alguien me indicó que existía una bajada al mar, cosa que nunca se ha confirmado. Esta casa se relacionó con uno de los sacristanes de la iglesia parroquial,un tal “nosecuantos” de Simancas.
    Hablando de troneras, hace años ví unas pocas en el muro divisorio de las casas cercanas al antiguo hospital de San Francisco, frontero a la iglesia. Pienso que pertenecían al muro exterior de la Ciudadela; el último reducto de la Plaza de Melilla.

  2. Por lo que observo ya son tres “la casa ma antigua de Melilla” : Casa Lafont, Casa del Pagador y Casa Ledesma 2. ¡ Hagan juego señores!

  3. Disculpen los versados blogueros de El Alminar si entro en demasía en el portal, pero, con dos nuevos libros a punto de salir, estoy en eso que los escritores llaman ‘vacío de inventiva’, y cosas tan interesantes como lo que aquí se cuecen me sirven para hacer pluma.
    También antaño yo visité la Casa Lafont, no habitada pero sí en venta y mi encargo era adquirirla y rehabilitarla para otro -que a todo uno se atreve-. Conservaba tabiques, escalera, techo y esos frescos, no tan malos, pero que, a gritos, pedían una restauración.
    Su propietario de entonces me la mostró de arriba abajo -creo recordar que tenía un pozo y tal vez acceso a una galería-. Me dijo que, en tiempos, la casa había sido oficina de Correos y otras historias con las que el hombre intentaba justificar el elevado precio que pedía por ella. A falta de planos, yo mismo levanté uno aproximado; pero fue más bien para señalar al interesado que la casa no valía lo que pedían por ella y que su restauración con fines de vivirla iba a salirle por un ojo de la cara.
    Tiempo después supe que la casa, ya bastante arruinada, había sido adquirida por el abogado Blas Imbroda. El sabrá por y para qué.
    Con todo, es un edificio singular que merece ser restaurado.

  4. Restaurado sí, pero a costa de la propiedad y no del erario público. Por lo demás, afirmo que son muy interesantes los datos que se están aportado, y que aquí nadie entra en demasía. Esto es un “foro” abierto y libre. Gracias a todos.

  5. Soy de la opinión que los edificios emblemáticos, tal es la Casa Lafont, son parte del patrimonio cultural de la ciudad y, como tal, no puede ser abandonado y que se arruine del todo. O se exige, apoyándolo, la restauración a su propietario -al igual que se está haciendo con muchos otros- o se le expropia. No quiero entrar en polémica sobre argucias y apellidos. Cuanto busco -ha de buscar la Ciudad- es que ese valor cultural de Melilla no acabe desmoronado. Bastante hemos perdido ya.

  6. ¡Se expropia, se le paga al que la adquirió el doble de lo que pagó, se espera al proximo gobierno que pudiera venir cuando el que tenemos caiga KO, y se le exije la restauracion como bien historico de interes, y aqui paz y tambien gloria!! Eureka!!!!!!

  7. De presumir que en lo que apunta Ángel está el quid. Cuanto espero es que la oposición y el temor a un nuevo escándalo, hagan que así no sea. De los políticos espero poco, pero tal arde la cosa, diría que el atrevimiento no llegaría a ese extremo. De lo contrario, esa operación ya habría fructificado.

Acostúmbrate a sufrir con paciencia las contrariedades, a escuchar en silencio lo que desagrada, a estar sosegado entre los turbulentos y a permanecer tranquilo entre el estrépito del mundo.

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