Archivo diario: 24 febrero, 2013

Carlota Leret O´Neill


              La imborrable estela de Virgilio Leret

            Carlota O¨Neill dejó la llama de la memoria encendida con su libro ” Una mujer en la Guerra de España”. Allí quedó fijada para siempre la memoria de la represión franquista en Melilla, sobre todo la de la represión sobre las mujeres. Carlota anotó una recopilación de nombres, que de otro modo hubiesen desaparecido. Sobre su novela está siempre presente la figura y el nombre de Virgilio Leret y el de las hijas de ambos, Carlota y Gabriela. Carlota O’Neill se colocó en el lugar en que la calidad de su obra, su esfuerzo y su mérito merecían. Pero todo esto es de sobra conocido.

                                       El origen de la historia 

           Levantar el nombre de Virgilio Leret de la sombra a la que había sido arrojado, es un mérito único y exclusivo de su hija Carlota Leret. Hoy, tras la elaboración del documental “El Caballero de Azul”, de Euskal Irratia  Telebista, y la publicación de la última biografía sobre el comandante republicano y  aviador Leret, ha alcanzado ya, el lugar al que por sus propios méritos debería haber llegado por si mismo. Sin embargo, para llegar hasta este punto, hubo que partir de cero.

             En 1999 en Melilla no había nada específico publicado sobre el inicio de la Guerra Civil. Apenas un par de trabajos basados en la referida obra de Carlota, y unos pocos artículos sobre hechos concretos del Alzamiento. Todo era un mar de olvido. El libro de Carlota era una referencia poderosa, pero aislada.

            Cuando inicié la publicación en El Telegrama de Melilla de la colección de artículos que titulé como “La historia nunca contada sobre el Alzamiento en Melilla”, lo hice sin saber con claridad qué me iba a encontrar, ni que clase de fuerzas iba a desatar. Con el material proporcionado por Lidia Falcón preparé uno de los artículos estrella, el dedicado a la familia Leret-O’Neill, contando por primera vez con material gráfico. La historia debió empezar y concluir en aquel punto, pues nada se sabía de las hijas de Leret. Ocurre que cuando se abre una puerta, se suele desconocer qué hay al otro lado.

                                          Una carta desde Venezuela *

               Medio año después de haber publicado el artículo en El Telegrama de Melilla, recibí en casa una carta desde Venezuela, firmada por Carlota y Gabriela, las hijas de Carlota y Virgilio. Fue una auténtica conmoción, pues no esperaba que los artículos que había enviado a Venezuela, hubieran llegado a lugar alguno. La misma Carlota se sorprendió que la hubiera enviado a una dirección tan extraña, pues era una dirección de un club deportivo que apenas frecuentaban.

               Carlota me envió aquella carta, y un mail posterior a los que no contesté, en parte porque en lo que decidía qué hacer y qué decir, habían pasado varios meses y segundo porque me hallaba envuelto en un proceso judicial por esos mismos artículos y que me llevó 10 años cerrar. Sin embargo, el vendaval humano de Carlota Leret ya se había puesto en marcha y me iba a alcanzar de modo inesperado. La puerta de la historia ya estaba abierta, abierta firmemente por la hija de Leret. En el verano de 2000, una mujer se presentó en mi trabajo y me dijo que por qué me escondía de ella, era Carlota y me quedé absolutamente sorprendido. Yo me marchaba de vacaciones ese día y ella al siguiente. Le expliqué lo que acabo de narrar y desde entonces, nuestras vidas y las de nuestras familias, están entrelazadas de modo indisoluble. El destino no puede evitarse. Estaba escrito que Carlota me encontraría, de la misma y sorpresiva manera en que yo la encontré a ella.

                                           En el nombre de su padre

              La historia de Carlota en busca de la memoria de su padre, es la historia de la tenacidad. En apenas una década (2001-2012), removió 60 años de olvido. Registró todo los archivos existentes, y sacó a la luz todo lo existente acerca de Virgilio Leret, salvo el expediente judicial de su procesamiento (si es que llegó a hacerse), y la verdad sobre su “asesinato” o ejecución sumarísima. Todo eso acabará por aclararse, pero la realidad es que ya nadie olvidará jamás el nombre de Virgilio. La memoria de Melilla sigue teniendo demasiadas lagunas, y una de las principales es esta, la relacionada con los hombre y mujeres del periodo republicano.

                            Un instante en el cementerio de Melilla

                Carlota ha venido muchas veces a Melilla. En una de ellas, visitamos el cementerio, el llamado osario militar, en donde supuestamente yacen los restos de su padre, junto a los de otros centenares. Fue decretado así, pues en la parte trasera del oficio del enterramiento se puede leer: “Pasen sus restos a la fosa común, para que no puedan ser encontrados nunca”. Carlota nunca mira hacia el lugar en donde está enterrado su padre, al que tanto ella como su hermana Gabriela siguen refiriéndose como “papá”.  Esta es la parte humana de la historia, aunque no toda, que me quedaba por contar.

         Nota: * La carta está reproducida en el libro “Mujeres en Melilla” Mª Ángeles Sánchez, junto con toda la historia de Carlota y de sus hijas. http://www.stes.es/melilla/revista/mujer_melilla.pdf

         PD: https://elalminardemelilla.com/2011/09/20/la-memoria-seguira-esperando-en-melilla/