Archivo diario: 21 febrero, 2013

Como velas encendidas


 

                           Nos hemos metido en la boca del lobo para mostrar las cosas como nadie las había visto antes. Hemos subido hasta lo más alto para que nada estorbase la visión clara de las cosas, porque nada es lo que parece o como nos lo cuentan. Nos hemos metido hasta el fondo, si ha sido necesario,  para comprender y entender los hechos desde su mismo origen. Hemos llegado tan lejos como nos ha sido posible, o como nos han dejado. Nos han cerrado muchas puertas y nos hemos encontrado otras abiertas, incluso hemos mirado por el ojo de una cerradura. Hemos levantado el polvo a nuestro paso, y estado junto al cieno pero sin enfangarnos. Acompañados o en soledad absoluta. Rodeados de luz o en la penumbra. En la línea de la audacia, pero precavidos, en la frontera de la valentía, pero acompañados siempre por el temor. De otra forma nada de esto hubiese sido posible, y jamás habríamos llegado hasta aquí, ni de esta manera.

            La vida es equilibrio y arriesgarse al todo o nada, puede llevar aparejado que se pierda todo y no se gane nada; y no es la misma cosa. Cuesta mucho conseguir algo, porque vivimos en un mundo en donde se es generoso con el insulto, y cicatero con la alabanza, cuando debería ser al revés. Hemos creado un espacio nuevo, que es también de muchos, y hemos luchado línea a línea para consolidarlo y darle forma, con un estilo que es nuestra seña de identidad.

             Tenemos muy claro que todo es efímero, que lo que cuesta muchos años y esfuerzo levantar, basta un solo instante destruirlo, y que lo más difícil es mantenerse. Es la conciencia de esa debilidad, la que es también causa de esa sensación de fortaleza que nos acompaña, y esto no es una contradicción. Lo que se escriba es lo único que no borrará el olvido, que de modo inexorable se abatirá sobre casi cualquier cosa. Atravesar el tiempo es algo muy difícil y no está en manos de nadie decidirlo ni decretarlo. Los pensamientos que hayamos creado, aquello a lo que sin saberlo hayamos dado origen, será nuestra obra invisible y al final, el esfuerzo habrá valido la pena. Incluso aun cuando no escribiésemos  una sola línea más, ya habríamos  transformado suficientes cosas.     Todo esto, tendrá vida propia, independientemente de nuestra voluntad, y también hay que saber que hasta el más grande de los cirios, acabará consumido. La llama debe ser siempre alimentada y vigilada, y la cera repuesta

El humazo tóxico de Endesa


             

              Las Torres del V Centenario fueron un proyecto ideado para concentrar todos los servicios y dependencias de la Administración del Estado. En teoría se pretendía evitar el pago de onerosos alquileres de organismos administrativos instalados en inmuebles de la ciudad. Las Torres del V Centenario nunca resultaron ser lo que se pretendía. Fueron un fiasco, con un impacto visual demoledor sobre el entorno de histórico de Melilla, con grandes retrasos en las obras y un coste muy elevado. Nunca funcionó el ascensor  panorámico, ni el platillo giratorio para el restaurante y otros servicios de ocio.  Para evitar la quiebra del patronato de Las Torres, se obligó a todos los organismos administrativos del Estado a trasladarse a ellas. algunos ni siquiera lo intentaron. Lo escribí hace tiempo en una entrada, pero lo reescribo nuevamente. El envejecimiento de estos dos edificios es muy acelerado, para el poco tiempo que llevan construídas (1997). En menos del tiempo que llevan edificadas, deberán ser abandonadas, demolidas y buscar un nuevo emplazamiento para las dependencias de la Administración del Estado.

                                           El humazo negro de Endesa

                 Las Torres están orientadas como la Rosa de los Vientos, una de ellas hacia el Norte, la otra hacia el Sur y el pasillo central que las comunica, tiene la orientación Este/Oeste, la de los vientos dominantes de Melilla. Ese hace que la mitad de los días del año, cuando hay temporales de estos vientos, el tránsito por la zona sea difícil y complicado. La vida o el acceso a Las Torres se convierte en un ejercício inhóspito y desagradable. Lo peor, es que cuando el viento sopla desde el Oeste, el humo negro y tóxico de las chimeneas de Endesa, envuelve los edificios creando un ambiente molesto e insano. El hollín de los generadores de gasoil se mete en las vías respiratorias, en los ojos y produce instantáneos dolores de cabeza y afecciones respiratorias de diversa índole.

                 Al espacio existente entre Loas Torres se le conoce como “el pasillo del viento”. Es un lugar inhóspito y desagradable en cualquier época del año.