El campo de Santa Elena (Jaén)


El Museo de Las Navas de Tolosa

Hace unos años, en las serpientes de verano, circuló la noticia de que el Ministerio de Cultura quería cerrar este Museo, y la chispa mediática encendió las redes. En la guerra política e ideológica cualquier campo es bueno para la batalla, en este caso fue el de Santa Elena, en la provincia de Jaén.

El Museo de La Batalla, nombre con el que las crónicas cristianas designan a la efeméride acaecida el 16 de julio de 1212, porque no existían los nombre de Santa Elena, Navas de Tolosa o La Carolina, fue erigido en el año 2009 para conmemorar el entonces cercano 8º centenario del evento bélico. Lo erigió la diputación de Jaén, en la localización más probable de la batalla, o al menos en el más importante escenario de la contienda, que ocupó todo el lunes 16 de julio, pues la batalla se desarrolló en todo en el entorno de la Mesa del Rey, y los cerros de los Olivares de Las Viñas. La creación de los nombres con los que hoy conocemos todos, se debió al Decreto de Nuevas Poblaciones, del rey Carlos III. Así pues, el problema de la España vaciada o despoblada, ya existía en el siglo XVIII.

El asunto del «cierre del Museo», fue rápidamente calificado como noticia falsa por uno de los segmentos ideológicos en liza, y como ataque a las señas de identidad hispanas, por el segmento opuesto. Ni defensores ni detractores, probablemente conocían la complejidad histórica de lo que se decidió allí. Las «fake news» han sustituido o son la evolución de los antiguos «globos sonda», utilizados para pulsar el estado de la opinión pública ante una posible iniciativa, cuya decisión estaba en fase de estudio. Si la reacción era abiertamente favorable se llevaba a cabo, y si era contraria o impopular, directamente se decía que «no se sabía de donde había salido» esa noticia.

Todo esto sucedió en el verano de 2024. El Museo de La Batalla de Las Navas de Tolosa estuvo cerrado unos días, pero solo por unas pequeñas reformas. La Diputación de Jaén se deshizo de él, y asumió su titularidad el ayuntamiento de Santa Elena, municipio de 866 habitantes, conocido también como «la llave de Andalucía». El presupuesto de Santa Elena, municipio dedicado a la explotación forestal del entorno y que ahora se ha convertido en una referencia para el turismo de naturaleza, es de 1, 2 millones de euros. Con ese presupuesto, en Melilla apenas asfaltamos y empedramos una calle, con su acera correspondiente.

Al igual que en 727, en Covadonga, Pelayo no fue consciente de la importancia de su victoria sobre Alkama, en 1212 los participantes en La Batalla, a la que se referirían como de Úbeda, o del Castigo en las fuentes árabes, aunque conscientes de la importancia de la victoria, no imaginaron lo decisiva que fue y la magnitud de la misma. El declive de los invasores almohades fue irreversible, y ya nunca más rebasaron la frontera de la antigua y desaparecida Al-Ándalus. Los vencedores, a cuyo frente estaban el reyAlfonso VIII y el obispo Jiménez de Rada, eran conscientes de haber taponado la brecha de Alarcos (1195) y de haber detenido el expansionismo almohade, pero no imaginaban que apenas 40 años después conquistarían Córdoba en 1236, y Sevilla en 1248, y que la frontera o marca, quedaría ya para siempre en el río Guadalquivir, 500 años después de haber rebasado el Tajo en 712.

Nota: Las Navas de Tolosa, CarlosVara Thorbeck. Edhasa

Guiomar-Segovia, la estación en el páramo


 

En una tarde clara y amplia como el hastío, cuando su lanza blande el tórrido verano, copiaban el fantasma de un grave sueño mio mil sombras en teoría, enhiestas sobre el llano. Antonio Machado

   Es un tema espinoso, porque la Estación Guiomar del tren de Alta Velocidad,  de Segovia-Hontoria , no se entiende emplazada en medio de un páramo,  a 5 kilómetros de la capital, y en una hondonada,  por lo que no resulta visible, hasta el mismo momento en que estás encima. Lo que quiere decir que, o sabes su localización precisa, o resulta difícil buscarla.

  Ese emplazamiento, pese a que la capital segoviana dispone de línea férrea y estación propia, no fue entendido por nadie. Aunque no se nos ocurre mejor homenaje a Antonio Machado, profesor de instituto en Segovia, que tirar una estación de AVE (Alta Velocidad Española), en medio del páramo castellano. En su actual ubicación se puede ver muchas de las soberbias descripciones del poeta sevillano, de su obra Campos de Castilla. Las montañas azules, los campos yermos, el rojo sol, el granito de Guadarrama, la llanura dorada. Todos esos reflejos están aquí en el páramo de la estación Guiomar-Segovia.

Por tus barrancos hondos y por tus cumbre agrias, mil Guadarramas ( río de piedra) y mil soles vienen, cabalgando conmigo, a tus entrañas. AM.

Pero seguimos en nuestra estación del páramo. Es evidente que no todas las ciudades tienen puerto de mar, y que no todas tienen acceso al tren (Teruel), pese al casi medio siglo de Democracia en España, y de distribución equitativa y solidaria, de las riquezas peninsulares. De igual forma, el acceso a la Alta Velocidad se está completando en el momento actual, en el que Badajoz o Almería, son ciudades equipadas todavía con el tren clásico. Pero Segovia tuvo la suerte de entrar en la segunda tanda de la Alta Velocidad, por su proximidad a Madrid, y por su conexión lineal con Valladolid, capital de la inexplicable autonomía de Castilla y León, cuando el Reino de León y el de Castilla, tuvieron reyes y coronas diferentes, hasta la unificación de todo, bajo las cabezas de Isabel y Fernando.

España es uno de los grandes países de la Unión Europea, con uno de los más altos PIB, que sin embargo, no se ve rentabilizado en toda su dimensión, debido al lastre de la corrupción, la malversación y el despilfarro. Estos males han atravesado toda la gestión de los gobiernos hasta la actualidad, con fases más o menos agudas. Los ejemplos más desaforados serían los aeropuertos de Castellón y Albacete. La ubicación de esta Estación Guiomar, en el páramo castellano, entraría dentro del epígrafe genérico de la mala gestión, y del despilfarro, en una infraestructura que era necesaria. Su excentricidad con respecto a la capital segoviana, la ha hecho estancarse, en lo que podríamos considerar una utilización media/baja. Para llegar hasta ella hay que utilizar el transporte público o el vehículo privado, lo que incrementa el coste del viaje, habida cuenta de que Madrid es la principal opción de empleo de Segovia. Existe un aparcamiento oficial, que pese a su bajo coste (5€ día), no es utilizado de forma mayoritaria, ni completa. También se utilizar la opción de aparcar en el descampado, que es gratuita, y en la que se hace la vista gorda, porque si no, la Estación Guiomar estaría en quiebra técnica. Los taxis esperan en vano a algún pasajero perdido. A la mayoría vienen a recogerlos sus familiares

Los políticos gestores de la infraestructura, idearon un palacio de congresos, que no se utiliza para ese fin. En el páramo no hay nada, salvo la Estación, ni probablemente habrá nada en las próximas décadas. Su evolución es muy incierta.. Junto a los andenes, hay dos vías por las que transitan, a velocidades descomunales, los AVEs que no se detienen en la estación. Hacen un ruido estremecedor al pasar, y mueven todo el aire a su alrededor. Tampoco homenajea claramente al poeta, ni a Pilar de Valderrama, la poeta y dramaturga que inspiró a Antonio Machado, bajo la advocación de Guiomar. Es algo parecido a intentar rendir culto a Lope, dedicando una calle a Elena Osorio. Es en definitiva, una filigrana política. En Málaga la estación AVE se llama María Zambrano, y en Madrid Clara Campoamor.