Puente Verde, Granada Tumba del Gran Capitán Torre de San Jerónimo Iglesia del monasterioPuente Verde, aguas arriba
La historia del Puente Verde
Horace-François-Bastien Sebastiani, conde de La Porta, natural de Córcega, al igual que el Gran Corso, general y mariscal de Francia, llegó a Granada un 28 de enero de 1810, como gobernador de la antigua ciudad Nazarí, y nueva capital de la España cristiana, además de Toledo. Las tropas ocupantes se asientan sobre todo el recinto de La Alhambra, y permanecerán en ella hasta el 17 de septiembre de 1812. Los datos sobre la ocupación napoleónica de Granada están muy dispersos.
Uno de ellos es el del desaparecido Teatro Cervantes (1966), que fue terminado e inaugurado en 1810, precisamente por Horace Sebastiani, pero con el nombre de Napoleón. Lo que sí quedó de las obras de Sebastiani, aparte de la memoria del saqueo patrimonial de Granada, es este puente, que ya no es verde, sino que toma memoria de una anterior de madera pintada de ese color. Las constantes avenidas del río Genil se llevaban por delante todo lo que encontraban a su paso, como los puentes de madera. Así pues, se necesitaba piedra, porque este material sí permanece.
La gran cantera de piedra se encontraba en la torre del Real Monasterio de San Jerónimo, fundado por los Reyes Católicos en 1492 en Santa Fé, pero que será trasladado a su actual emplazamiento en 1502. La edificación correrá a cargo del Gran Capitan desde 1520. Tras la llegada las tropas napoleónicas en 1810, será usado como cuartel y caballerizas, iniciándose el deterioro y el expolio. La torre será demolidad y sus sillares servirán para la edificación del puente de Sebastiani, conocido hoy como «puente verde». El puente no necesitará reforma alguna hasta 1984. Tras la salida de los franceses en 1812, el Real Monasterio de San Jerónimo quedará abandonado y se iniciará su expolio sistemático, que tendrá su punto máximo con la Desamortización de Mendizabal en 1835. Desde esa fecha y hasta el incendio de 1927, no hay demasiadas noticias sobre lo que sucede en este vasto espacio de tiempo. Hasta el inicio de su restauración en 1958, tampoco, pero ya no quedaba mucho de su estado original. La recuperación se debe al empeño de la monja, historiadora y poeta sor Cristina de Arteaga.
Sin embargo, Sebastiani preparaba su gran venganza con Granada, la demolición completa de La Alhambra, que pudo ser evitada por la acción heroica del cabo de inválidos José García, soldado herido en Bailén en 1808. Eso sí, el monumento quedó en el miserable estado en que lo descubrió Washington Irwing.
Pero siempre hay algo más, en este caso, el Real Monasterio de San Jerónimo era el lugar de reposo de Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido como el Gran Capitán, vencedor de franceses y de turcos, como reza la leyenda de la fachada principal. Así que Horace Sebastiani decidió cobrarse su triunfo final sobre el legendario virrey de Napoles. Abrió su tumba, aventó los restos y se llevó su calavera a Francia.
Fosas de Paracuellos del JaramaCruz de Paracuellos desde BarajasCruz sobre las tumbas Procedencia de las fosas Explanada del cementerio
Enrique Delgado
Son 7 fosas de gran tamaño, para contener al menos 800 cuerpos cada una. Según los propios registros de las autoridades republicanas, responsables de las Prisiones y de las Juntas de Seguridad y Orden Público de Madrid en 1936, al menos 2400 presos fueron inscritos en los listados de «Chinchilla o Libertad», que equivalían a ser asesinados en la zona llana, bajo los pequeños cerros que dan acceso a Paracuellos del Jarama. Madrid era frente de guerra, y cualquiera que conozca algo de cómo debe conducirse en esas circunstancias, sabe que hasta para mover un simple carro de mulas, se necesitan los permisos de los responsables. Más claramente: cualquier movimiento en un frente de guerra debe estar vigilado y autorizado. Esto equivale a decir que el general José Miaja Menant, debía conocer que entre el 7 de noviembre y el 6 de diciembre, se iban a producir esos traslados de presos, y que algo más de la mitad no llegarían a ningún lado. Los 4000 detenidos del Madrid republicano fueron «evacuados» de las prisiones de Ventas, Modelo, San Antón y Porlier, con destinos a otros penales de la retaguardia, salvo los destinados a «Chinchilla» y a «libertad» inmediata.
Los listados republicanos, los que se conservaron, suelen ser exactos, porque los 400 presos que fueron asesinados en una balsa de riego seca junto a Torrejón de Ardoz, al ser exhumados en 1939 por las nuevas autoridades franquistas, se hallaron exactamente 414 cuerpos, que fueron trasladados a una de las fosas del «cementerio de los mártires de Paracuellos«. Según relata el hispanista Ian Gibson en Paracuellos (1982), el diário El Alcazar publicó un listado con los 2800 asesinados y enterrados en las fosas. En ese momento, la década de 1980, ya no había ningún interes en seguir manteniendo las irreales cifras del franquismo, porque la reales eran y aún son, lo suficientemente espantosas. Entre otras cosas, porque esta es una de las cosas que no puede suceder en un Estado democrático y en esos momentos, lo que quedaba de La República todavía lo era. Esto es: «personas retenidas bajo la custodia del Estado, no pueden desaparecer ni acabar así». Es una atrocidad que le costó muy cara al Gobierno republicano, porque tanto Francia como el Reino Unido, si pensaban prestar cualquier tipo de apoyo al gobierno republicano, encontraron la razon o excusa, para no hacerlo. Probablemente las fosas contienen entre cinco mil y seis cuerpos, porque recibieron los de los asesinados por los Comités Populares, o «chekas» de Madrid, y que ya no tenían capacidad en los cementerios de de la capital.
Las fosas de Paracuellos no fueron exhumadas nunca. Las cruces que se ven y los nombres, están situadas al azar, eso sí, sobre las fosas en los que fueron enterrados esos grupos y que estaban en los listados. Cualquier debate sobre cifras es estéril, salvo documentación en contra.
Santiago Carrillo, Ángel Galarza, Serrano Poncela, Manuel Muñoz. Responsabilidades.
Angel Galarza era Ministro de la Gobernación, Manuel Muñoz presidente del Tribunal Supremo, Santiago Carrillo, Consejero de Orden Público, y Serrano Poncela director General de Seguridad. Un reciente libro; Paracuellos, una verdad incómoda, de Julius Ruíz, desvela e indaga en los aspectos olvidados de Paracuellos, mucho más allá de la leyenda, porque mito no es, ya que fue real. El asunto es que la Justicia franquista, en su Causa General, no encontró la cifra de muertos que ellos habían imaginado (más de 10.000), ni la suma total del llamado «terror rojo», que aún alcanzado el extraordinario número de 80.000 víctimas, no completaba el medio millón que se buscaba. Este registro, aún siendo pavoroso, resulta ser solo la mitad, o la tercera parte de la «represión franquista», que se situó en torno a las 200.000 víctimas.
Esta es la segunda verdad que desvela Paracuellos, y que siendo horrenda, no solo resulta incómoda, tampoco sirve de justificación, ni es equiparable, a la inmensidad y extensión de la represión de Franco. Como ejemplo sirva decir que se fusiló al alcalde comunista de Paracuellos en 1936 (Eusebio Aresté), que no solo no tuvo nada que ver en los hechos, sino que acudió a Madrid para protestar y poner en conocimientos de las autoridades republicanas (las que todavía permanecían en Madrid), lo que sucedía por las noches en las inmediaciones de su localidad. Los varones de Paracuellos fueron obligados por los milicianos, a cavar las fosas que luego albergarían los cuerpos de los asesinados.
La mantanza en masa tiene complicaciones logísticas, y complicidades muy grandes, para empezar, la selección de las víctimas, era una actividad siniestra de la que se encargaban los CPIP (Comités Populares de Investigación Pública), entre los que se encontraba el Juez del Supremo mencionado. Sin embargo, los que firman, autorizan, conocen y saben, no son los que matan y tirotéan.
La realidad posterior demostró que la «justicia de Franco» no ofrecía más garantías a los detenidos, que los tribunales populares republicanos. La diferencia es que la represión franquista llenó de fosas pequeñas, medianas, y grandes, las cunetas y cementerios de España, y que todavía no están reconocidas, ni por supuesto cuantificadas y dignificadas, como sí sucede en Paracuellos del Jarama. Por supuesto que este cementerio es un espacio de memoria, pero todas las otras también lo son. Pese a todo, este cementerio se mantiene al margen de ayudas públicas, y no tuvo demasiadas durante la dictadura franquista.
Conclusiones
La conspiración militar contra La República se empezó a armar al día siguiente de la Victoria electoral del Frente Popular, por muy cuestionable que fuese. Lo que destruye el Estado y con ello cualquier posibilidad de proteger a los ciudadanos de «las milicias arnadas», es el golpe de Estado del 17 de julio. Todo esto, incluso la actividad chekista, solo se produce tras la eliminación del mismo. Esta es la 1ª cosa que no se puede hacer en un Estado democrático. El golpe suele tener consecuencias desastrosas.
El Estado republicano no se implicó en esas matanzas, ni siquiera organizaciones como el partido comunista o las organizaciones anarquistas lo hicieron en su totalidad. Muchas personas, de esos tres grupos, intentaron evitarlas. También hubo elementos de los tres referidos grupos, organizando y llevándolas a cabo, con la ayuda de delincuentes comunes y de psicópatas , que aparecen en cualquier guerra.
Esto no es así en el caso de la represión franquista (terror blanco), que creó un Paracuellos en cada provincia que caía en sus manos. La represión franquista fue organizada desde arriba, y puesta en marcha con su aparato judicial, del mismo calibre y calado que «los CPIP» , pero extendida a lo largo de dos décadas. Como dijera Alberto Oliart, Ministro de Defensa con Adolfo Suárez: «En España se le perdonó la cárcel a más de 2000 militares», no solo a Carrillo, que es el nombre que todos conocen.
Los demás si son mitos, como la «quinta columna » o la bolchevización de España. Ni Stalin ni la Unión Soviética tenían interés alguno en España, como afirma José Mª Faraldo en Las redes del Terror. En España se ensayó todo (matanzas en masa, bombardeo de ciudades (Guernica), campos de concentración, trabajo esclavo), pero las soluciones que se dieron fueron muy ibéricas. La verdad es así, siempre golpea. No admite escondites, ni disfraces.
Bobastro, la rebelión mozárabe CarmonaCovadongaTurégano, torreones califalesBaños de la Encina, alcazaba
Parte del mundo académico arabista, el histórico, el político, y el pueblo llano al que todo llega finalmente, andan envueltos en una extraña polémica sobre si existió invasión y conquista musulmana de la península Ibérica en 711 (que es un hecho), y si existió la «reconquista» como tal (que también lo es). El problema radica que es un periodo histórico larguísimo, ocho siglos, con diferentes etapas bien definidas, pero que originaron un mosaico de realidades diferentes. El otro problema es que los hechos son muy anteriores a los términos que hoy debatimos. Nadie llamaba en el siglo VIII musulmanes a los sarracenos, término que sí aparece en la Crónica Mozárabe (CM), escrita en 754, pero sí llama «invasión» a la invasión. La CM describe conquistas muy violentas de algunas ciudades, que sirvieron para atemorizar al resto de ciudades de «Spanie«, a la que denomina con este nombre en la Crónica, que resulta un escollo difícil de sortear para los «neoandalusíes» y sus pretensiones
Quienes se enfrentaron a la invasión o quienes la llevaron a cabo, quienes resistieron, no estaban preocupados por recordar las cosas para poder narrarlas posteriormente. No tenían distancia ni perspectiva sobre la nueva etapa que se iniciaba, y que ni siquiera sabían que lo era
De Covadonga al Emirato
En el primer medio siglo tras la invasión de 711, las tribus o distintos grupos de los nuevos pobladores se fueron asentando en diferentes localizaciones geográficas, bien con resistencia o sin ella. El Estado Andalusí lo organizará Abderramán Ien 756 y le dará 3 siglos de existencia. De no haber surgido su figura, la evolución de la invasión hubiese resultado totalmente distinta. En un momento indeterminado de esos 40 años, se produce la escaramuza, batalla o confrontación de Covadonga, en pleno centro del territorio Asturleonés. El triunfo de los indígenas astures, ayudados por mozárabes huidos tras la derrota de Rodrigo en La Janda, será ensalzado por unos y minimizado por otros, pero resultará decisivo a la postre. Las crónicas árabes posteriores denigrarán el episodio, calificando a Pelayo y sus resistentes como «asnos salvajes«. La fuerza invasora derrotada debía ser solamente una tropa expedicionaria, pero esa agresividad descriptiva le da visos de verosimilitud histórica. En cualquier caso, no pueden trazarse líneas de continuidad histórica con nada. Emilio González Ferrín, en su Historia General de Al Ándalus arremete duramente contra la Crónica y contra Covadonga, que sí parece reflejar el hecho: «Atacando con su ejército los lugares imprescindibles, vuelve a su patria (Córdoba) por lugares inciertos, habiendo perdido muchos guerreros, teniendo que reconocer el poder de Dios a quienes habían pedido misericordia los pocos cristianos que habitaban las cumbres». Ningún invasor debe dejar una sola zona sin conquistar, o lo acabará pagando, aunque sea 8 siglos después.
Lo que sigue, y simplificando mucho, es un dominio total de lterritorio conquistado, de Norte a Sur y de Este a Oeste, salvo el Norte. Jalonado eso sí, por constantes revueltas y luchas internas. Las líneas del Duero y Ebro, o Marcas Altas, se mantendrán estables durante siglos. Quien fuese Pelayo murió sin saber que iniciaba nada, y en el siglo y medio posterior a su muerte, no existió nada comparable a una «reconquista». La crónica anónima titulada Ajbar Machmuà, siglo XI, recoge ya la derrota en Asturias y el nombre de Pelayo y la data en la mitad del siglo VIII (750). Por tanto, es a la vez un hecho histórico y un mito, pero que resultará trascendente. Sobre todo porque creará un espacio en donde refugiarse, de las cosas que estaban ocurriendo al sur de la marca Media, del Tajo.
En su libro Mozárabes en el Origen de los Reinos Cristianos,Francisco de Borja García Duarte, documentará la idea de la emigración del Sur al Norte, como origen y fundamento de los reinos cristianos, cuando las cosas empezaron ponerse duras. Sin embargo, seguimos hablando de siglos, con lo que nadie que habitase aquellos tiempos, podía tener perspectiva alguna sobre lo que estaba sucediendo.
El ya Califato de Córdoba, no tenía rival ni freno posible pese a los ajustes de territorio, en el inicio del tercer siglo de dominación musulmana, aunque el término no sea todavía correcto. El Estado califal estaba plenamente asentado, pero sufrirán su primera gran derrota en la batalla conocida como Simancas-Alhandega en 939, según relata Margarita Torres Sevilla en Las Batallas Legendarias (2003). La situación estaba tan consolidad en ambos lados del Duero, que las derrotas o victorias no mermarán la capacidad de respuesta, ni de la Califal, ni de los Reinos del norte. Sin embargo, la marea ya estaba cambiando de sentido. Faltaba todavía siglo y medio para que las huestes cristianas llegasen a la que se constituirá como la gran frontera, la de Toledo, en el río Tajo en 1085, en pleno derrumbe de Las Taifas.
El último que atravesó el río Tajo, el Duero, llegando hasta la misma catedral de Santiago será Al Mansour, el victorioso, natural de Torrox, en 997. Almanzor arrasó el norte cristiano desde Santiago hasta Manresa. Sus aceifas eran una pesadilla que nadie consiguió detener en esos 30 años, ni en los 300 anteriores. Tras su muerte en Medinaceli en 1002, la suerte del Califato estaba echada. Hasta Las Navas de Tolosa quedaban todavía dos siglos, con derrotas durísimas para los Reinos del Norte. La primera se produce en Zalaca o Sagrajas en 1086, en las inmediaciones de Badajoz, frente a los Almorávides. La segunda tendrá como emplazamiento Alarcos, en 1195, frente a los Almohades. La vida y el país entero se jugaban en cada una de esas batallas, en una sola jornada. La fortuna y las disensiones en el campo musulmán, hicieron que esos dos derrotas se quedaran en esas localiades, y no arrastrasen a la península entera, aunque los Almorávides sitiaron Toledo tras su victoria de 1086, sin lograr reconquistarla.
Será en ese lugar y en ese momento (Toledo), que ya nadie volverá a rebasar, en donde la «reconquista» tome cuerpo y sentido, aunque en los conceptos y parámetros del siglo XI. Es prácticamente la mitad del periodo de la «Hispania musulmana», fecha intermedia entre la conquista de 711 y el final en Granada en 1492. A Sánchez Albornoz hay que leerlo, porque su gran acierto es nombrar su historia como España Musulmana, porque todo lo que sucede en la península Ibérica es hispano. Lo que que se da aquí no es comparable a ningún otro lado, sobre todo cuando Abderramán III proclama el califato y lo cierra a cualquier influencia e intromisión exterior. Una vez que desaparezca ya no existirá más. Es una etapa única en la historia del mundo, que solo es y pertenece a Hispania.
Marca Alta y Taifas
La resistencia existió siempre y Córdoba se dió cuenta e intentó quebrantarla una vez tras otra, pero las fronteras o «marcas» resultaron muy sólidas. Simancas (939) resultó importante porque por primera vez en dos siglos los ejércitos califales parecieron vencibles. El Reino Astur-Leonés llegó a la Marca Alta (Duero) al final del siglo X y ya no retrocedería más, con las ocupaciones o conquistas de León, Zamora y Toro. Un siglo después, estarán ya en la Marca Media, río Tajo en 1086. La situación en los Reinos de Aragón y Navarra, era totalmente distinta. Conquistarán Huesca en 1096, pero no llegarán hasta el río Ebro en Zaragoza hasta 1118, que conquistarán en el mes de diciembre, según cuenta María Jesús Viguera en Aragón Musulmán. Alfonso I de Aragón conquistará Zaragoza, pero será duramente derrotado por los almorávides en 1134, que habían recuperado Fraga en 1124.
Las Taifas eran todavía Al Ándalus, como cuenta la historiadora Viguera Molins. Los almorávides liquidarán todo resto andalusí tras su entrada en Hispania en julio de 1086, conquistando todas las taifas, que se opondrán duramente a ellos. En 1146 llegaron los almohades, pero ni unos ni otros eran ya hispanos, y los andalusíes lo sentirán así. Hasta Las Navas de Tolosa quedará todavía casi un siglo, y hasta el final completo de la presencia islámica en España, otros dos siglos y medio. Los últimos andalusíes serán y fueron, los nazaríes del Reino de Granada.
Las nuevas propuestas
Ochocientos años resulta ser una etapa histórica inmensa, que está bien segmentada en sus distintas etapas, pero ¿Cómo se denomina al hecho de la recuperación constante del territorio peninsular, desde el siglo X, si no se quiere usar la palabra reconquista? ¿Cuándo surge por primera vez la palabra reconquista? Si se pretende el fin de unos términos, deben proponerse otros que abarquen igualmente, ese periodo tan extenso. Invadieron unos, varias veces, conquistaron, mantuvieron, perdieron territorio y también reconquistaron, aunque menos. Los otros, resistieron durante siglos, sin opción. Fueron ocupando y conquistando territorio, perdiendo también en ocasiones, con el mismo objetivo que los hispanomusulmanes del sur, la dominación total. Sin la ayuda extranjera, el Sur musulmán no se hubiese mantenido tanto tiempo. Fue más determinante que la ayuda franca en el Norte.
La otra gran paradoja es que una parte significativa de la población hispano-romana aceptó la conversión (muladíes) al islam (aunque no existiese el término) cuando se les ofreció esa alternativa a partir de 711, a la de la sumisión mediante tributo, que les convertía en ciudadanos sin derechos (mozárabes). Cuando cambiaron las tornas en los territotorios «reconquistados» a partir del siglo XI, casi nadie aceptará la conversión al cristianismo (mudéjares), y preferirán la expulsión antes que la conversión. Los nararíes eran musulmanes hispanos, esa fue su gran tragedia.
Otra bibliografía propia: Pedro Martínez Montávez, Europa Islámica. Memorias del último Rey Zirí de Granada, traducción de Emilio García Gómez. Mª Jesús Viguera Molíns, Los Reinos de Taifas. Sebastián Gaspariño, Historia de Al Ándalus según las Crónicas Medievales. Serafín Fanjul, La quimera de Al-Andalus y Al-Andalus contra España. Susana Calvo Capilla, Las mezquitas de Al Ándalus. Rafael Sánchez Saus, Al Ándalus y la Cruz. Luz Gómez García, Diccionario de islam e islamismo. Claudio Sánchez Albornoz, La formación del Reino de Asturias.
Busto de Savonarola en San MarcoPlaca conmemorativa en FlorenciaConvento de San MarcoCapa de Girolamo SavonarolaCelda del prior Savonarola
Tragedia y fuego en Florencia(1498)
Enrique Delgado
La página oficial del Vaticano ofrece «cero» resultados públicos sobre Girolamo Savonarola. En Florencia las guías oficiales llevan al convento de San Marco, pero no a Savonarola. En la Galería Ulfizi no está su retrato, pese a que era el prior del convento, y que fue gobernador de la república popular de Florencia tras la expulsión de los Medici en 1494. Su incompatibilidad con la familia más poderosa de lla ciudad era total.
Atacó sin templanza ni mesura alguna, a dos pontífices corruptos, Inocencio VIIIy Alejandro VI Borgia, y persiguió todos «los pecados que asolaban Florencia», y que coincidían con los últimos 5 mandamientos, sobre todo del sexto en adelante. En una época difícil y violenta, llena de guerras y con un temor real a «las llamas del infierno», el predicador dominico tenía el campo abonado. La peste, las plagas, las necesidades y las enfermedades (sífilis) asolaban al común de la población, lo que se asociaba a castigos divinos por culpa de la iniquidad. El Nuevo Mundo ya había sido descubierto, pero todavía no era una realidad común. En muchos aspectos, la Tierra, o al menos Europa, era todavía plana.
El problema con Savonarola, como dice Marco Pellegrini en su trabajo sobre el predicador, es que «la falacia de la certeza human es una carga que llevaba consigo desde una edad temprana1«. La certeza rígida o su pretensión, conducen casi inevitablemente al error. La corrupción, ya en la proximidad del 1500, era universal. Sin embargo, las predicaciones de Savonarola, su célebre hoguera de las vanidades, que ardía el año entero en la plaza de La Señoría (Signoria), no libró a los florentinos de sus problemas, aunque sí de los Medici, pero solo por un periodo muy corto. Fueron repuestos en su dominio con la ayuda del rey español y emperador CarlosV.
Excomunión y asalto al convento de San Marco
En el Poder nada es inocente, esto está claro desde siempre, y tampoco es lugar para «almas cándidas». Era algo que sabía Savonarola y que le impidió frenar. Pese al carácter corrupto del Papa Borgia, queda la duda sobre sus intentos de reducir por la vía de la diplomacia a Fray Girolamo: bién tentándolo con el nombramiento cardenalicio o recluyendo y reduciendo sus predicaciones a la iglesia conventual. Sin embargo, la asistencia a sus sermones era cada vez mayor, y también el dominico tuvo la osadía de acercarse a la catedral de Santa María del Fiore y atacar desde allí al Papa y a la Sede Apostólica, a la que calificaba como «la Babilonia de todos los vicios«, que también era cierto. El asunto es que no tenía una alternativa, y que en aquella época, Roma era enormemente poderosa.
Es excomulgado el 13 de mayo de 1497 y declarado oficialmente hereje. Los movimientos y las intrigas políticas se suceden sin cesar. La multitud y los soldados del Gobierno de Florencia cerca el convento el 7 de abril de 1498, siendo finalmente asaltado en la noche del día 8. Son arrestados fray Girolamo Savonarola, fray Domenico Buonvicini y fray Silvestro Maruffi. El Papa Alejandro VI emite una bula especial para que puedan ser torturados. Todos será quemados (arso o brusciato) en la plaza de La Signoria el día 23 de mayo de 1498.
Cuatro siglos de olvido absoluto
Convertirlos en ceniza y nada. Fueron quemados hasta tres veces y arrojados al río Arno, para que jamás existiera reliquia o recuerdo alguno suyo. Solo 400 años después se pudo instalar una placa del hecho en la plaza principal de Florencia. Los monjes dominicos escondieron durante más de ese tiempo, las pocas pertenencias personales, que hoy puede verse en el convento de San Marco, fuertemente custodiadas y con la menor publicidad posible.
Una placa, enfrente de la fuente de Neptuno, sobre la que todo el mundo pasa y pisa sin la menor consideración ni atención. Nada indica que está allí. Solo algunos se percatan y leen, sin entender qué es lo que conmemora o quién fue Savonarola. Hay quien va a buscarla, pero nada más.
San Jerónimo, Altar Mayor Claustro renacentista Gran Capitán, lápida de la tumba Nave de la iglesia de San Jerónimo Real Monasterio de San Jerónimo, Dolorosa
El Gran Capitán y la joya menos conocida de Granada
¿Qué fue del Gran Capitán? Bajo la lápida con su nombre en el Real Monasterio de San Jerónimo en Granada no hay nada, o al menos nada que pertenezca a Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido con el apodo o sobrenombre del Gran Capitán.
La suerte de los poderosos es distinta a la del común de los mortales. No debemos pues compadecernos o lamentar que se les olvide, ni convertirlos en aquello que no fueron. Ni enaltecerlos en demasía, ni tampoco denigrarlos, salvo que se deba ajustar sus figuras y hechos a la verdad histórica real, y no a la legendaria. En 1503, sus tropas infligieron dos grandes derrotas a las fuerzas francesas en Ceriñola y Garellano, que están directamente relacionadas con el saqueo de su tumba en 1812, por parte del general francés Horace Sebastiani, cuyas tropas usaron como cuartel y caballerizas el Real Monasterio de San Jerónimo, desde la ocupación en 1810. Conocedor de que en su escudo de armas figuraba la leyenda de «vencedor de franceses y turcos», decidió profanar la tumba del Gran Capitán (1453-1515) que había permanecido inalterada desde su enterramiento en la Capilla Mayor, recién iniciada la segunda mitad del siglo XVI, tras ser trasladado desde su primer enterramiento en el convento de San Francisco en 1552.
Las guerras y las revoluciones suponen la mayor amenaza posible para el mundo de Arte, las bibliotecas y los archivos. Todo se quema, se destruye y saquea con fines nada encomiables. Los revolucionaros franceses aniquilaron en Saint-Denis 51 tumbas de Reyes de Francia y redujeron a polvo doce siglos de historia. Esta es la otra gran característica de las guerras revolucionarias, la profanación de tumbas con fines reprobables en casi todos los casos. Aniquilada gran parte del patrimonio cultural y artístico de Francia en 1789, las tropas napoleónicas entraron en España en 1808 con «lista de bienes y tesoros culturales a expropiar». Las tropas era todo lo iconoclastas y crueles que suelen ser las tropas. Sin embargo, los Generales de Francia solían ser cultos e ilustrados por lo general, y eran perfectamente conocedores de lo que «robaban» (Monasterio de San lorenzo de El Escorial) y de lo que destruían, que fue mucho, como el Real Monasterio de San Jerónimo en Granada.
España tampoco es un país parco en guerra civiles, revoluciones y destrucciones de diversa índole, por lo que su patriminio se ha visto sensiblemente destruido y evaporado. La invasión francesa abrió la puerta al saqueo de una de los edificos más espléndidos de Granada, equivalente a la catedral en magnificencia, y digno de una tumba y enterramiento casi real, el del Gonzalo Fernández de Córdoba, cuya gloria y fama estaba solo por debajo de los Reyes Católicos Fernando e Isabel. El Gran Capitán fue Virrey de Nápoles durante una década, e inició su imborrable gloria y fama en la Guerra de Granada (1482-1492)
El triple saqueo de San Jerónimo y del Gran Capitán
La gloria infame del saqueo de su tumba y del monasterio es atribuible en casi su totalidad al general francés Horace Sebastiani en 1812, que abrió su sepulcro, quemó y esparció sus restos y llevándose su «calavera» como trofeo de guerra a Francia. ¿Es posible cotejar archivos franceses y buscar el paradero de esta relíquia?. Sería posible.
En 1835 llegó la Desamortización de Mendizabal, la exclaustración de los monjes y el abandono total del monasterio, que fue expoliado por los granadinos, según afirman todas las crónicas, a lo largo de las décadas siguientes. Si algo sobrevivió al saqueo y destrucción de las tropas napoleónicas, no subsistió al expolio sistemático postertior. Como en toda historia de reliquias sagradas, hoy en día existen 5 espadas auténticas del Gran Capitán, aunque la que más probablemente sea la auténtica, está en manos de la familia, o en una de sus ramas, la de los Duques de Sessa.
El infortunio final de los restos de Gonzalo Fernández de Córdoba llegaría con La Gloriosa, la revolución española de 1868. No se sabe porqué, los saqueadores volvieron a San Jerónimo, en busca de lo que pudiera quedar del Gran Capitán en el semiderruido edificio. Por demoler, los franceses tiraron abajo el torreón original, para construir un puente sobre el Genil con sus piedras.
El inicio del mito
Perdido todo, solo quedaba salvar la leyenda, y a esa labor se aplicaron a partir de 1950. No hay un solo retrato original de Fernández de Córdoba. Al desaparecer el cuerpo ni siquiera se sabe su complexión. Se le erigieron estatuas épicas, se bautizaron con su nombre decenas de calles, se rehabilitó y reconstruyó el monasterio, el más antiguo de los edificios de la Granada cristiana. Pese a todo, resulta ser unos de los más magníficos monumentos de la renovada capital del antiguo Reino Nazarí.
La restauración del actual edificio se debe al empeño de la monja jerónima Cristina de Arteaga, que puso toda su voluntad en esta labor, a partir de 1958.
Sepulcro Real de los Reyes Católicos Isabel Reina, sierva de Dios Capilla Real de Granada Catedral de Granada
La sepultura Real de Isabel y Fernando
Hemos pedido los oportunos permisos al Obispado de Granada y el capellán RealManuel Reyes, que nos acompañó en la obtención de las fotografías del impresionate conjunto marmóreo bajo el que reposan los Reyes Católicos Isabel y Fernando, su hija la Reina Juana I de Castilla y el yerno Real Felipe el hermoso, padres del Emperador Carlos I de España, y también los de su otro hijo, el príncipe Miguel.
La conquista del Reino de Granada
La conquista del Reino de Granada (1482-1492), considerado inexpugnable, es un hecho de armas portentoso, equiparable a la conquista de todo el Reino Visigodo de Hispania (711-727), sucedido 8 siglos antes, pero con una notable diferencia. Caído Rodrigo en Guadalete con todo su ejército, apenas quedaba fuerza alguna para defender el resto del Reino. Los conquistadores o invasores musulmanes, salvo batallas muy localizadas, fueron tomando posesión casi sin resistencia, o en total ausencia de esta, de todo el territorio penínsular. No sucedió lo mismo con el Reino Nazarí. Desde que el Rey Fernando dirigiera su ejército contra Loja en 1482, el resto del territorio se conquistó con batallas muy cruentas, que se sucedieron casi sin interrupciones, a lo largo de 10 años. Se produjo pues una situación inversa, en la que rara vez se conquistó territorio sin lucha.
En contra de lo que dicen las leyendas, Boabdil defendió muy bien su reino, frente al primer ejército del mundo en el siglo XV y posteriores, el del Reino de España.
La Capilla Real de Granada
En sus disposiciones testamentarias dictadas en Medina del Campo, la Reina Isabel dispuso que tanto ella como su esposo, fuesen enterados en Granada, en donde sus cuerpos mortales reposasen eternamente, y que también fuese erigida una capilla en donde se celebrase culto. El que cumpliría todas estas disposiciones sería su nieto Carlos I, quien inauguró la capilla Real en 1521. Los Reyes Católicos están representados muchas veces, tanto a ambos lados del altar, como imágenes aisladas y orantes, y también en relieves y retablos. Su primorosa arquitectura, en la que destaca Diego de Siloé, pertenece a los evoluciones del gótico conocidas como estilo isabelino y flamígero. En el museo hay objetos y obras artísticas de primera magnitud.
La expulsión de los judíos
El 31 de marzo de 1492, dentro de un reinado lleno de luces y de dificultades, incluso familiares, apareció la gran sombra, que a día de hoy, 531 años después, sigue generando duras controversias históricas. Es sin ninguna duda, el mayor error de Estado de la historia de España. ¿Qué llevo a una pareja de Reyes prudentes, rodeados de notabilísimos consejeros, algunos de ellos judíos, a cometer un error de esta magnitud?
El nombre del dominico y gran Inquisidor fray Tomás de Torquemada aparece en cualquier cábala. ¿Pudo imponerse el criterio de un hombre, bastante obtuso en materia de fe, imponerse a consejeros muy notables y que le superaban en altura intelectual y moral? Salvo prueba o documento en contra, afirmaremos que sí. Está claro que tenía un canal de comunicación con Los Católicos del que no disponían los demás. El Decreto de expulsión fue redactado por él, pero firmando por los Reyes. El que gobierna firma, y el que firma es responsable. Es la esencia del Poder. Esto es lo que le distingue. La expulsion de los judíos, comunidad española que podía llevar asentada mil años en la península, constituyó un drama social y humano sin precedentes, además de una catástrofe política y económica, aunque muchos y notables historiadores lo nieguen.
Sierva de Dios Isabel Reina
Como monarca, su figura está a la altura de su nieto y emperador Carlos I. La Iglesia acaba de admitir su expediente de canonización, lo que la convierte en sierva de Dios. Esto quiere decir que como tal, puede recibir culto privado o personal. En Granada y en el resto de España son muchos los que abogan por su beatificación, pero en principio resulta difícil pensar que la Iglesia de un paso así, y que conoce como pocos qué momentos históricos son los adecuados. La controversia sobre ella es mucha, independientemente de sus virtudes personales. La Reina Católica tiene su propia leyenda negra, aunque diste mucho de la realidad. Pese a todo, su importancia y magnitud histórica no puede ser obviada en modo alguno. Es la única que creyó en Cristóbal Colón y su aventura de Las Indias, el hecho histórico que cambió el mundo.
AuschwitzFeldpost de soldados alemanesInterior de un narración de AuschwitzLos hermanos Vogl La Haya, Tribunal Penal Internacional
En 1998, Hollywood lazó al mundo la película Salvar al soldado Ryan, el 4º de los hermanos de una familia que había ido completa al frente, y en el que ya habían perecido tres de ellos. El hecho demuestra una mayor preocupación por la vida de los soldados americanos (400.000 fallecidos), algo que no existía en el ejército nazi, cuyas bajas alcanzaron los 5.000.000, ni tampoco en el soviético, cuya cifra muertos resulta extraordinaria (11.400.000). Los nazis cuidaban algo más a sus soldados, pero no por ningún sentimiento humano, sino simplemente porque la disponibilidad de efectivos era más limitada que en el ejército ruso.
La brutal invasión rusa de Ucrania, de la que se cumple ahora un año, ha puesto de moda a los nazis, porque esa fue una de las justificaciones de la bárbara agresión ordenada por Vlad Putin. Un año después, no se ha aportado ni una sola prueba de la existencia de esos «nazis ucranianos», ni se ha vuelto a hablar de ellos en el Estado ruso. Después de la conquista de casi 1/3 del territorio ucraniano, de lo único de lo que ya existen pruebas es de «crímenes de guerra» cometidos por el Ejército de Rusia, aunque resulta obvio decir que ya de por sí la propia guerra es un acto criminal. El que existan grupos paramilitares, bandas de mercenarios, o ejércitos paralelos que controlen territorios y actividades económicas criminales, no los convierte en «nazis». Los únicos que estuvieron en Ucrania y Rusia entre 1941 y 1944, dejaron una estela de crímenes imposibles de igualar. Los mercenarios rusos del grupo Wagner son probablemente criminales, pero nunca nazis. El abuso indiscriminado de ciertos términos dificulta la tarea de intentar esclarecer algo de lo que sucede, y de colocar a cada uno en el lugar que le corresponde.
¿Qué fue de los nazis?
Tanto en Aquellos hombres grises, como en Los verdugos voluntarios de Hitler, libros de gran resonancia, se extrae la inquietante conclusión de que miles de esos hombres que integraron las unidades nazis de exterminio o Einsatzgruppen, escaparon a toda acción de justicia, porque volvieron a sus vidas anteriores a la guerra, sin levantar sospechas sobre las labores que habían realizado en la destrucción de poblaciones. Probablemente no volvieron a mencionárselas a nadie. Como dice Andrew Nagorski en Cazadores de nazis: «Y se mire por donde se mire (los nazis que fueron juzgados), estos resultados no están ni remotamente cerca de lo que podríamos considerar «hacer justicia». Cualquiera que intente poner en la misma balanza los crímenes que se cometieron y el castigo que han recibidos sus responsables acabará frustrado». Estamos pues, sin comparación posible, ante la mayor categoría de crímenes perpetrados jamás por un Estado, en toda la Historia de la Humanidad.
El coleccionismo de antigüedades
Dentro de la categoría de los coleccionismos, los objetos originales de los nazis tienen un poderoso influjo, que les hacen ser más cotizados que cualquier otro de similar rango, como por ejemplo las del periodo soviético, que están en almoneda, esto es, se regalan por sacos. Nadie los quiere. No ocurre lo mismo con los objetos de soldados que pertenecieron a la Wehrmacht, ejército alemán, y a las unidades criminales de las Waffen SS.
Los hermanos Otto Vogl, Hidor Vogl y Anton Vogl murieron en en 1944, 1943 y 1941 respectivamente. Los dos últimos pertenecieron a unidades de infantería. Los soldados alemanes disponían de un Feldpost o correo de campaña que llevaba y traía las cartas y los paquetes desde cualquier parte de Alemania hacia el frente a a la inversa. Las cartas y postales de los soldados alemanes, convenientemente revisadas por las unidades de las SS, iban y volvía de los frentes de guerra con total puntualidad. El filósofoMartin Heidegger recibía también noticias por este medio, de su Jörg que combatió en el frente del Este. Un feldpost es un envío de correo desde el frente y es un objeto de coleccionismo muy buscado. Todo este comercio ha sido puesto en boga de nuevo por la invasión rusa de Ucrania, que ha reverdecido una época de la historia europea excesivamente dolorosa y relativamente reciente. Por supuesto que no queremos saber nada de él, porque sobre ese papel reposa todavía el mal en estado puro.
Cuando nadie había conseguido olvidar lo sucedido (en Ucrania junto con Polonia se llevaron a cabo las peores matanzas y crímenes nazis), Vlad Putin ha levantado el polvo de las tumbas y de las fosas ucranianas, en donde también han reverdecido los también espantosos crímenes estalinistas, pero que no están en la misma categoría, aunque sí muy próxima. Recientemente, un alto cargo del Estado ruso confirmó que siguen en esta línea de desprecio a las vidas de los soldados y dijo que «disponían de otro millón de soldados para enviar al frente de Ucrania. También , el máximo dirigente ruso ha hechos desafortunadas comparaciones entre esta guerra y la época de la invasión de Rusia en 1941 y el genocidio nazi.
Blog de Julio Alejandre, autor de las novelas Reporte de una boda y un entierro, Las islas de Poniente y La corona del marReporte de una boda y un entierro.