El último barco del viernes


    Todos los viernes , a las 15 horas, sale el barco de la ya casi inexistente  naviera ARMAS, reducida al mínimo para sanear sus desmesurados números rojos; en dirección al llamado puerto de Motril,  localidad que es está a 70 kms de Granada,  a 90 de Málaga y a 110 de Almeria, o lo que es lo mismo, en medio de la nada.

  Ninguno de los embarcados se queda en Motril,  que en su mayoría se dirigen a Almería o a Granada, porque  para ir a Málaga ya existe la línea propia, que opera Balearia. El barco se llena porque es la última oportunidad de salir de Melilla el viernes. La hora es irremediable y aunque en la sea en la última del día,  un poco antes de la media noche se está en la península.

  La otra opción es salir en el minuto cero del sábado en dirección a Málaga,  llegando a esta capital a las 07h 00 de la mañana. En la misma noche del sábado el barco de Motril regresa a Melillla,  imaginamos que sin pasaje, pero con carga, porque entonces no tendrían sentido alguno estás maniobras nocturnas. El volcán de Timanfaya queda amarrado en la ciudad hasta el domingo siguiente. El flamante Rusadir reposa en Málaga todo el sábado y no regresa hasta el domingo por la noche,  para retomar sus rutas. Esto es el sábado sin barcos en nuestra ciudad.

  El extraño reparto de líneas, destinos y horarios del «contrato salomónico», consensuado entre nuestras autoridades locales y estatales, con muy desigual calidad de los barcos, proyecta líneas de sombra sobre cualquiera de sus aspectos.  Dijeron que en épocas claves habría refuerzos y no se ven ni escuchan por ningún lado. La Operación Paso del Estrecho está encima, ha pasado semana santa, estamos inmersos en el Aid el Kebir y el verano está a las puertas, y la inquietud es máxima.

Se supone que los Comités de expertos son de gente entendida, pero qué es lo que tienen en cuenta y a quiénes, a usuarios o a navieras.

La pesadumbre de Pedro Sánchez


Cuando tenía un instante de descanso, cuando nadie se fijaba en él, en esos breves segundos, la imagen de Pedro Sánchez era la de la «pesadumbre», que es un estado anímico que lacera el espíritu, cuando la presión de la realidad circundante ya no permite respiro alguno. Agachaba la cabeza, nunca le hemos visto agacharla tanto, en alguien que, hasta la fecha, solía encarar y mira de frente en cualquier situación, de las muy difíciles que se ha atravesado con su gobierno, progresista para algunos y de demasiados zurcidos para otros. Los indudables logros económicos, están quedando en cuestión, o ni siquiera se habla de ellos, frente a una realidad muy adversa. El ajenjo del apoyo de JUNTS, nacioanalistas catalanes, está cubriendo de sabor amargo cualquier acción del gobierno, aunque sea la inauguración, parcial, de un complejo hospitalario en Melilla, que había que poner en marcha, mejor ahora, que no más tarde. El problema no es haber traspasado líneas rojas, sino el haber dicho y escrito que no se iban a traspasar determinadas posiciones.

En este aspecto, el relato de la disgregación de España, sea cierta o no, se está mostrando más eficaz que el de la pacificación territorial, a cambio de ciertas concesiones. Un socialista catalán gobierna en Cataluña, con el nacionalismo en el banquillo, pero el traslado de esa paz política está constantemente perturbado por Puigdemont, esté donde esté. La sensacion que se en cualquier lugar, desde los acólitos hasta los permanentemene airados, es que al ultranacionalismo de JUNTS habría que ponerle algún límite. La Ley de Amnistía para el Procés ha sido declarada constitucional, pero esa verdad ya tampoco vale, porque se ha conseguido que se dude de cualquier hecho, aunque sea evidente. En España todo el mundo sabe que la cuestión de la catalanidad permanecerá ahí, hasta otra ocasión más propicia. Un gobierno elaborar leyes anticonstitucionales, o contra la propia legalidad del Estado. Solo se cree lo que beneficia y da la razón, y se pone en solfa aquello que no conviene o nos refuta.

  Un gobierno lo sabe todo y mucho más su presidente, de ahí la indisimulable pesadumbre de Pedro Sánchez en Melilla, que sólo pudo espantar en los breves minutos de los selfies, cuando el protocolo, que no la seguridad, aflojó sus rígidos brazos. Él sabe perfectamente lo que le espera y conoce la respuesta  a esta situación insostenible. Esta cruz ya pesa demasiado,  y no hay hombros  capaces de ayudar asostenerla, porque nadie quiere el madero de otro, y Simón Cirineo solo apareció una vez. Todo empieza a ser un tormento insoportable, incluso para los ciudadanos. Ni existe una verdad, ni la espera ya nadie, pero el único camino es decirla, mostrarla.

   La estrategia crispada

En junio de 2016, el PP de Mariano Rajoy ganó unas elecciones en precario y sostuvo su gobierno hasta el 1 de junio de 2018, cuando una moción de censura de Pedro Sánchez extramuros, le arrojó fuera del Poder. Pero aquello fue zozobra y esto es pesadumbre.  Zozobra es cuando un barco, o el ánimo, se hunde sin una causa evidente; y la pesadumbre es cuando se sabe cuál es la razón del desastre presente,  pero no se conoce el momento del final, qué será más determinante, ni cuánto durará la agonía. El circo mediático lo domina todo. Los tres grandes crispadores fueron Pablo Casado, tras la caída de Rajoy, Albert Rivera, llegado para crispar y Pablo Iglesias, la crispación permanente. Como gran paradoja decir que los tres personajes políticos están desaparecidos, y en las aguas crispadas el que mejor navega es VOX, que pasó de la inexistencia en 2015, a su mayor y más voluminosa presencia en noviembre de 2019. No abracen confiadamente ese remedio.

  La encrucijada de Pedro Sánchez

No sabemos qué es verdad ni qué mentira,  en toda esta «pestilencia». Personajes terribles  pululan y viven en los pasillos de los partidos políticos. El oleaje político ruge en cualquier parte del mundo, y ante un mar embravecido, al que se oye mejor es al que mejor grita, que puede no ser el capitán del barco. El cántico de las sirenas siempre está presto a confundir. Esperar a que el temporal pase tampoco es ya una opción.

  Buscar puerto seguro, o el abrigo de un cabo. Variar el rumbo, fijar una orientación. El capitán debe subir al puente,  y contar la verdad, dar explicaciones,  de lo divino y de lo humano y pedir la opinión del pueblo,  pero solo tras haber contado la verdad. No sirven más retiros, ni cartas. En esta situación,  lo que está en riesgo es todo. Si cae la arboladura, el barco queda a deriva de las corrientes,  que son las más peligrosas.

  Hemos seguido a Pedro Sánchez en sus tres visitas presidenciales a Melillla. Nunca le habíamos visto en este estado. ! Acuérdate de mí,  cuando esta noche estés en el Paraíso ! Siempre preferir el lado de Dimas, que el de Gestas.

  

     

Pedro Sánchez en la historia de Melilla


   Los hospitales son muy importantes en la historia de Melilla, tanto, que cualquier melillense conoce los nombres de los  hospitales que han sido en la historia de la ciudad ( del Rey, Docker, Cruz Roja, Remonta y ahora el Universitario). Iniciar, y sobre todo culminarlo, hace entrar a un gobierno e incluso a una época, en nuestra historia. Inaugurarlo es un hecho histórico.

  Esto lo que ha ocurrido hoy, 2 de junio, festividad de San Pedro exorcista, actividad muy importante en un país lleno de demonios. La historia del ya vigente Hospital Universitario, recorre toda la existencia del Alminar, de este modesto blog, y atraviesa tres gobiernos, uno de los cuales (el de Mariano Rajoy), lo mantuvo paralizado y en estado de abandono durante casi 8 años. No vale pues,  echar la culpa de la inauguración, a quienes iniciaron las obras,  por presuntos defectos que tuviera el proyecto original, que nunca se han demostrado o puesto sobre la mesa. La infraestructura hospitalaria es imprescindible para Melilla. Este hospital nos integra en la sanidad del siglo XXI, y si se gestiona bien, su vida útil se prolongará hasta el VI Centenario de la ciudad en 2097. Las previsiones de gestión deben trascender con mucho, al propio momento histórico.

  Mandatarios del Estado en Melilla

  Pedro Sánchez ya es el presidente de gobierno que más veces ha visitado la ciudad, tres, con la presente, a la que hay que añadir la de mayo de 2021 (crisis de los 10.000), y la de marzo de 2022, para reiniciar las obras del hospital universitario varado, que ha sido inaugurado hoy mismo, 2 de junio de 2025. El primer presidente que visitó Melilla fue José Canalejas en 1911, acompañado al Rey Alfonso XIII, que también había visitado la ciudad en 1905, para dar comienzo a las obras del Puerto. Es algo más de un siglo de visitas de Estado, y en las que el monarca Alfonso XIII ostenta el haber sido el primer jefe de Estado en visitarnos, y también el que más veces lo ha hecho, tres, como Pedro Sánchez en la Presidencia del Gobierno. Aunque se han sucedido otras muchas obras a lo largo de la historia, estas dos (puerto y hospital), pueden considerarse como las más importantes, tanto en su magnitud, como en los recursos que ofrece a sus habitantes. Con una visita tenemos al Rey Juan Carlos I, y a los presidentes Adolfo Suárez y Rodríguez Zapatero. Debería ser obligada una visitas a las Ciudades Autónomas, al menos una vez por Legislatura, para cada presidente del gobierno de España.

Autoridades, invitados, público

El público, el pueblo, fue alejado del acto de inauguración, permaneciendo fuera del triple vallado del complejo hospitalario, imaginamos por los escándalos que suelen montarse en las visitas del Presidente Sánchez PérezCastejón, en cualquier lugar al que acuda. Apenas pudieron ver los coches y poco más. Los rectores del acto, obviaron que esas «manifestaciones airadas» están organizadas por sectores muy radicalizados de la política española, y que en Melilla no tienen una presencia determinante o articulada. Pedro Sánchez ha estado en el complejo hospitalario el tiempo justo para la recepción, la ruta guiada por el interior del hospital (Laboratorio, área de Tomografía y Resonancia), acto de inauguración de la placa conmemorativa, y discursos rituales. En total una hora y media, acompañado por la Ministra de Sanidad Mónica García, por fin en Melilla, y flanqueado por la Delegada del Gobierno Sabrina Moh y el Presidente de Melilla Juan José Imbroda. No hubo rueda de prensa, no suele haberlas, charlas con autoriades o gestores hospitalarios, ni encuentro con el público. Todo extraordinariamente rápido, en la ciudad más tranquila posible.

El desarrollo de la comitiva

Una comitiva de Estado es un tren que te arrolla. La labor de la prensa es muy ingrata, pese a que es la que da testimonio de todo. Primero hay que acreditarse, mostrar todo el equipaje y realizar una fotografía delante de un responsable de seguridad. Luego se reciben unas clases rápidas sobre como actuar en presencia de las autoridades. Se camina siempre delante de ellos, que no se detienen nunca, y no se entretienen demasiado en mirar las cosas. El tiempo es mínimo, las fotografías se hacen en bloque, y luego se mira para ver que ha salido. Se camina rápido de un lado a otro. La autoridades tienen otra ruta y siempre te las encuentreas de frente. Si ves una buena foto, tienes que hacerla en ese segundo o la has perdido. Suele haber nervios entre los escoltas y agentes de Seguridad del Estado, que establecen líneas imaginarias que no se pueden traspasar. Sus miradas cubre todo el espacio y vigilan los 360º en torno al presidente del Gobierno, o a la autoridad que corresponda. Es imposible pasar de un entorno a otro, por ejemplo del de prensa al de invitados. Todo el mundo parece estar revuelto, pero cada uno está en su sitio. Hoy, se ha podido fotografiar casi a discrección. El presidente Sánchez tenía el tiempo justo, pero no tenía prisa en algunos momentos.

¿Quién hace un hospital?

Las infraestructuras las llevan a cabo, además de los obreros, las líneas segunda y tercera del organigrama del Estado. Son gestores de todo tipo, ya se públicos o privados, secretarios de los ministerios participantes en el desarrollo del hospital. Los responsables del equipamiento, del personal. Existe una pléyade de personas trabajando en todas las áreas imagiables, que hacen posible que estas infraestructuras tomen forman y sirvan al ciudadano. Eso es el Estado. A los recalcitrantes les diremos que este no el hospital de Pedro Sánchez, aunque haya sido quien puso la voluntad política en su conlcusión y al que le ha correspondido inaugurarlo. En la acción política importa, sobre todo, el cómo acaban las cosas. Otros, que ahora se quejan, lo tuvieron paralizado durante casi ocho años, cuando no quedaban más de tres para su finalización.

Conclusión

Melilla y todos sus habitantes, estamos de enhorabuena porque este hospital esté ya en marcha. Se asienta sobre una superficie de 45.000 m2 y una capacidad para 256 camas. Es una infraestructura total, con capacidad para atender casi el 100% de las necesidades médicas de los melillenses. Es una obra visible desde cualquier punto de la ciudad. Su coste ha sido de 150 millones de euros y trabajarán allí más de 1200 personas. Es algo absolutamente necesario para esta ciudad. Una buena noticia. La gestión posterior será otra cuestión, pero necesitamos verdades. Hechos.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2015/10/20/hospital-universitario-cronica-de-una-paralizacion/