Saeideh Ghasemi en la UNED de Melilla


   Mientras EEUU e Israel bombardean Irán, intentado cambiar un régimen político con misiles, en Melilla la profesora de la Universidad Complutense, Saeideh Ghasemi, intenta cambiar algunas ideas y conceptos en la Casa de la Palabra, de Mohamed Hammu. Palabras frente a bombas y disparos, aunque en la sede de la UNED melillense, el tema del conversaciones era solo la literatura persa, de la que la profesora Ghasemi es experta.

  El problema del pelo femenino en el islam, es claramente una cuestión esencial, objeto de controversia en el momento presente. A lo largo de la historia cultural humana, la cuestión del pelo surge como instrumento político de dominación sobre las mujeres.  Hace unos años, en mayo de 2017, apareció otra profesora Sirin Adlbi, para defender el derecho y libertad para ponerse el velo o hiyab, en los países    de tradición occidental. En la mayoría de los países del oriente islámico, no es derecho alguno, porque se trata de una obligación. La dicotomía no tiene fácil solución, pese a que aparentemente resulta fácil posicionarse, ya sea en posiciones extremas, o tolerantes.

Saeideh Ghasemi, profesora universitaria de origen iraní, contó en el principio de su charla, el trauma que le supuso al ingresar en una escuela para niñas de Irán, la imposición del velo y el vestido reglamentario con pantalón y camisa larga. De repente ella «dejó de una niña rubia con el pelo rizado», y sus compañeras dejaron de distinguirte por el pelo liso, pelirrojo, o moreno. Todas fueron homogeneizadas por el rigorismo de los clérigos chiíes, desde 1979 hasta la fecha. Fue una «reducción física y espiritual«.

    El corte de pelo traumático es algo que sufrimos su día los varones, en los tiempos del servicio militar obligatorio. Es en esencia,  un ritual de insolación ritual,  ya sea individual y colectiva. Pero es verdad que de modo temporal.  Los ejércitos del mundo siguen sin permitir el pelo largo. Se alienta la uniformidad.

  ¿Qué nos queda pues? Nos queda la palabra,  la literatura y la poesía,  tanto para los convencidos,  como para los que no.  Una paradoja de estos tiempos, es el enquistamiento de la intolerancia. Por muchas concesiones en aras de la convivencia en democracia que se hagan,  esa otra visión se mantendrá inasequible, impermeable, y preferirá siempre el enfrentamiento y la tensión.

  Estas charlas de la Casa de la Palabra,  son pequeños oasis en este tiempo árido.

Nota:Sirin Adlbi frente al imperio decolonial | El Alminar de Melilla

Acostúmbrate a sufrir con paciencia las contrariedades, a escuchar en silencio lo que desagrada, a estar sosegado entre los turbulentos y a permanecer tranquilo entre el estrépito del mundo.

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