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Lo que se lleva la corriente


         Quince años de trabajo en la desembocadura del Río de Oro, décadas cubriendo el delta  del río sin ningún resultado ni objetivo,  y los cuatros últimos de trabajos forzados, para nada. Apenas unos días antes de la gran tormenta y aguacero, habíamos fotografiado el lamentable estado de las aguas del  estuario melillense. Todo ese esfuerzo inútil, toda esa inversión baldía en la depuradora de aguas residuales, para que dos días de lluvias, arrojen toda esa porquería a la bahía de Melilla, esa misma en la que nos bañamos en verano y que obtiene las banderas azules de un modo un tanto cuestionable. Esta es la gestión que tenemos en la ciudad. Muy propagandística, muy costosa, pero de escaso resultado. En estas aguas cristalinas y turquesas o de color esmeralda, nos bañamos durante toda la temporada estival.

   Si recopilásemos todos los lemas y proyectos suntuarios acumulados en el último decenio, no helaríamos por su simplicidad y sobre todo, por su falta de resultados. Costaría muy poco mantener limpio el pequeño tramo de la desembocadura, y convertirlo en un espacio de ocio para los melillenses, al menos en los meses sin precipitaciones, que son casi todos. Solo hacen falta tres cosas: Voluntad, ideas y dinero. Se carecen de las dos primeras y sobra y malgasta  en abundancia la tercera.

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Una desembocadura sin solución


El Río de Oro o de los meandros, que es su nombre autóctono, tiene más de cinco siglos de infecciones documentadas a la ciudad de Melilla. Sus devastadores efectos en forma de fiebres palúdicas se dejaron notar sobre varias generaciones de melillenses a lo largo de los siglos. La razón principal para desviar su curso fue alejarlo de la ciudad vieja, tras los acuerdos de ampliación del territorio en 1860. La expansión de la ciudad ha vuelto a situar el problema en el mismo centro del núcleo urbano, sobre todo tras permitir la construcción de viviendas junto a la desembocadura. Como no se ha conseguido resolver el problema de las aguas residuales, pese a la cercanía de una estación depuradora de aguas, se intentó una huida hacia adelante, en forma de megalómano y costoso  proyecto de cubrimiento del estuario, en donde suele verse algunas aves. Hasta hace poco podían verse carpas y lisas, pero la podredumbre vista el pasado domingo, el último de febrero del presente año, hace ya imposible la presencia de vida, salvo la mutante. Es muy difícil determinar si la situación hace  dos años era mejor o peor.

               La única solución alcanzada hasta ahora, ha sido la de cerrar con arena la punta del cauce. El problema es que con la subida de las aguas marinas durante los temporales, o con las crecidas del río durante las lluvias, toda esta agua embalsada se derrama sobre las playas de Fitur (Feria Internacional del Turismo), que son nuestro principal reclamo de captación de visitantes. El mes de febrero está acabando de modo irremisible. Entres días será solo historia y la temporada de playas nos espera a tres meses vista. Toda esta infección se mezclará de modo irremediable también, con nuestras paradisiacas aguas. Eso sí, las estadísticas dirán siempre que nuestras aguas son aptas para el baño, aunque la realidad confirma que cada vez en más difícil encontrar un día con la arena y el agua limpias. El viento de levante sabe mucho de eso.

          Nota:  (1) https://elalminardemelilla.com/2011/07/01/el-estuario-del-rio-de-oro/

                      (2) http://fotohistoriamelilla.blogspot.com.es/2011/10/aves-en-el-rio-de-oro.html

La desembocadura del Río de Oro en Melilla


                La parte final del río de Oro en Melilla es, con alguna desviación, un eje Este/Oeste, por lo que el Sol sale y se oculta sobre su cauce. La presencia de aves en su mínimo, aunque sucio humedal, produce imágenes hermosas, en una ciudad que apenas tiene contacto con la naturaleza. Cualquier zona en la que se asiente el elemento natural empieza a ser vista como una amenaza y ya solo se desea cubrirla con cemento. En los lagos y arroyos artificiales del Parque Forestal había una población de tortugas y de ranas que fueron eliminadas por la Consejería de Medio Ambiente porque el croar de las ranas molestaban a los vecinos. Fue algo insólito ver a una consejería eliminando  el medio ambiente. Solo se quieren decorados.

         Lo más fácil y barato sería conseguir que la estación depuradora de aguas consiguiese depurar y purificar el agua de la desembocadura del río. Es una cantidad de agua mínima, pero tras más de 10 años no han conseguido el más mínimo logro. Durante esta década la única acción que se realiza de modo constante e inutil es la de rellenar con tierra la desembocadura, en la línea de playa y volver a abrirla en cuanto la acumulación de aguas resulta demasiado infecta.    Quien quiera ver cómo puede gestionarse un cauce como espacio ciudadano, solo tiene que ir a Málaga y en el puente de Las Atarazanas ver de qué manera se recuperó el tramo final del río Guadalmelina, que en la década de 1980 era una escombrera.

                         Tardes de Alminar

        Son aquellas en las que el cansancio, la necesidad de relajarse y desconectar, o las condiciones climatológicas imponen el no hacer nada. No hay nada que hacer o no se puede hacer nada frente al asalto de la dura realidad cotidiana y se impone detenerse frente a cualquier actividad. Leer, ordenar cosas, rebuscar papeles perdidos o contemplar fotografías, en el refugio del Alminar.

   Nota: En el Blog de DaniJSR publicaron una entrada dedicada a las aves del Río de Oro. http://fotohistoriamelilla.blogspot.com.es/2011/10/aves-en-el-rio-de-oro.html