Enrique Palacios, el presidente olvidado


 

El ex presidente Palacios, víctima de la inseguridad ciudadana

     El que fuera presidente de Melilla en 1998, fue víctima el pasado martes de la inseguridad ciudadana, no reconocida en la ciudad, y  a la que se denomina como «sensación de inseguridad». Resulta paradójico que el que fuera concejal delegado de seguridad ciudadana, bajo el mandato de Ignacio Velázquez, haya resultado objeto de una agresión violenta, con el único fin de robarle el teléfono móvil. El hecho es también un síntoma. No existe ninguna zona segura en la ciudad.

          Como en los buenos tiempos del franquismo, o de la prensa soviética, hay que leer entre líneas para intentar atisbar la realidad. Cuando se dice que un dispositivo de 700 agentes vigilará la seguridad de la Feria, se está diciendo que la inseguridad es mucha. Esa cifra es la que desplegaron los golpistas de Turquía para intentar tomar el poder. Cuando el consejero de Seguridad Ciudadana dice que: las peleas en la Feria son las normales, se está reconociendo un grado de violencia normal. La realidad es que fuera del recinto blindado de la explanada de San Lorenzo, el resto de la ciudad es una boca de lobo.

            Enrique Palacios fue presidente de Melilla en 1998, durante ese año y el siguiente, el de la presidencia de Mustafa Aberchán, fuimos libres. Nos gobernaban las coaliciones y el cuatripartito y nadie imponía su concepción cesarista del poder.

             Enrique Palacios Hernández es sobre todo, una buena persona. Su situación actual es la de funcionario municipal jubilado y dedicado a las labores familiares. Cuida de sus hijas y nietos. Ha pasado duros trances en la vida, tras abandonar la política, relacionados siempre con la salud. Llevó de manera estoica su regreso a su puesto de trabajo en la Policía Local, y en esa situación, se ganó el aprecio de muchos, por la modestia con la se reintegró a su empleo de siempre. Esto es algo de lo que no serían capaces casi ninguno de los que vemos.

             Al salir a su paseo matutino, fue asaltado por una o varias personas. No pudo ver nada porque le intentaron asfixiar, le tiraron al suelo y le dieron un brutal puñetazo en un ojo, que le pudo ocasionar la pérdida de la visión. Tras pasar un día en observación, fue dado de alta y se restablece en su domicilio. El hecho no existe como estadística de inseguridad ciudadana, porque al no ver nada, no ha podido denunciar nada.

               Desde el Alminar le deseamos un restablecimiento completo.

Problemas menores en Melilla


                       Inseguridad sensacional

           Los responsables políticos de las áreas de gestión de Melilla viven en el mundo irreal de la propaganda. Lo que el ciudadano percibe y ve en las calles es algo diametralmente opuesto. Grupos de menores no acompañados en situación de abandono institucional, deambulan a lo largo del día de una parte a otra de la ciudad, sin comida, sin lugar de refugio, sin ningún sitio en el que protegerse del frío o de otras inclemencias climatológicas.

     Esta es una realidad que no se ve desde los despachos de gestión, ni desde los lugares acotados a los que acuden las autoridades (Kursaal, fiestas  y homenajes, inauguraciones, locales de hostelería). En cualquier parte de la ciudad se producen incidentes de seguridad: hurtos, robos, agresiones, incendios de vehículos y contenedores, detención de menores; que son resueltos en primera instancia por los ciudadanos, que son los que alertan a los cuerpos y fuerzas de seguridad. Cuando estas intervienen, lo hacen, hasta el momento,  de modo escrupuloso. Lo que está fallando no son los cuerpos policiales, sino sus responsables políticos.

          Si hasta el momento no ha ocurrido ninguna situación grave para los ciudadanos, es por pura casualidad. La misera y la desesperación va en aumento, tanto en nuestro entorno, como en la propia ciudad. En 14 años de continuidad del presente gobierno de Melilla, no ha habido un solo cese o dimisión por incapacidad manifiesta, o por el propio cansancio y pérdida de interés en la gestión, pese a que hay más que sombras y sospechas sobre casi todas esas áreas.

         La ineficacia de algunas de las áreas de gestión ciudadana adquieren ya la categoría de certeza, como en la cartilla del servicio militar, en la que el valor pasaba del genérico «se le supone», al «demostrado. En Melilla la categoría de ineficacia institucional ha ha pasado del «se le supone», a la de  «demostrada».