El acoso a las clínicas radiológicas de Remartínez


                

                     Los melillenses acumulan más de 2500 firmas en su defensa

      El médico internista y radiólogo Mariano Remartínez Buera está luchando por su clínica y por su vocación, la médica, que lleva ejerciendo en Melilla más de 50 años. Lo primero que llama la atención cuando uno se acerca a su clínica a recoger la hoja de firmas en su apoyo, es la veneración y cariño que sienten por él sus ocho trabajadores.

     Mariano Remartínez solo pide que se respete el resultado del concurso público de prestaciones y servicios diagnósticos, en el que el Ministerio de Sanidad dictaminó en Madrid que el Scanner y Tomografía Computerizada de Melilla, era la mejor opción y la más asequible, en septiembre de 2015. Además de radiólogo es coronel en la reserva, tiene una amplia y constante formación en su especialidad, pero reconoce que el «genio radiólogo» es su hijo, del que dice le ha superado en todo. A pesar del apoyo que recibe a cada paso que da, a veces no puede evitar cierta depresión. A sus años podría estar al margen de todo esto, pero mantendrá su vocación sanitaria hasta el último momento, como le prometió a su padre.

     Para quien piense que estos contratos son una lluvia de oro, aclararemos que la Administración Pública paga casi lo justo para el mantenimiento de las instalaciones, y aquilata hasta el límite los precios de cada acto diagnóstico. El resultado del concurso, vigente entre 2015 y 2017, establecía una aportación máxima que no puede sobrepasarse en modo alguno. El adjudicatario del concurso debe pagar a los trabajadores  y operarios, el mantenimiento y cuidado de las instalaciones, los equipos y las pruebas diagnósticas, están tasadas entre 9€ y 115€, y también tienen límite, que en caso de sobrepasarse, no serán abonadas. El propio INGESA (Instituto de Gestión Sanitaria) reconoció hace días, que le era menos oneroso y cómodo el concertar estas pruebas con clínicas privadas, que dotar y mantener equipos propios, en referencia a la Resonancia Magnética y al Ortopantomógrafo.

                      La anulación de un Concurso Público

      Las Clínicas radiológicas de Mariano Remartínez y de Enrique Remartínez Escobar, habían sido las adjudicatarias del concurso prestaciones concertadas con Ministerio de Sanidad. Una denuncia de «terceros» por presuntas irregularidades urbanísticas, pide la revocación de la adjudicación. La denuncia se presentó ante la Consejería de Fomento, que dio un plazo a ambas clínicas para subsanarlas, pero sin especificar en principio de cuales se trataban. La orden de Fomento es recogida por la Consejería de Sanidad de Melilla, que solicita la paralización de la adjudicación de modo directo ante las autoridades del Ministerio de Sanidad en Madrid. La revocación de la decisión tomada en septiembre de 2015 se produce justo un año después, en septiembre de 2016, por el mismo departamento que avaló la competencia de ambas clínicas.

      Mientras tanto, y ante de que los radiólogos Mariano y Enrique Remartínez puedan subsanar las «presuntas deficiencias urbanísticas», desde la Consejería melillense de Sanidad y a través de la Dirección Provincial del INGESA, se solicita un dictamen al Consejo de Estado, que avale la revocación del Concurso, cosa que efectivamente hace en septiembre de 2016. Hay que decir que todas estas decisiones están recurridas antes los respectivos y correspondientes juzgados de los Contencioso y ante las áreas administrativas mencionadas.

                           Las irregularidades urbanísticas

       Las más llamativas de las irregularidades que motivaron la suspensión d ela adjudicación son el exceso de 8 cms. en la rampa de acceso para personas con discapacidad, y el exceso en 3mm en la elevación del espejo del aseo para minusválidos. La objeción técnica más acorde con el fin médico era la instalación en el sótano del Ortopantomógrafo, de la clínica de Imagen Diagnóstica de Enrique Remartínez. Esto se hizo así porque el criterio en el momento de su construcción era ese, para evitar la posible exposición de pacientes a radiación indeseada. Todas estas deficiencias fueron corregidas, pero el Consejo de Estado y la Dirección Nacional del INGESA dictaron su resolución sin esperar a su subsanación. Igualmente decimos que todas estas decisiones están recurridas.

         Hemos repasado y leído las exigencias imprescindibles del Consejo de Seguridad Nuclear para «La seguridad y protección radiológica de instalaciones médicas de rayos X para diagnóstico» y pensamos que las instalaciones los doctores Remartínez las cumplen a rajatabla, en caso contrario carecerían de la correspondiente licencia sanitaria. Las instalaciones, la oferta de aparatos y las condiciones económicas eran las mejores, según el Ministerio de Sanidad. Así pues, lo que está en juego en Melilla es algo que no se dice.

                          Melilla al borde de la catástrofe sanitaria

       El estrangulamiento económico es tan severo, todas las compañías privadas excepto DKV, Sanitas y Mapfre, les ha retirado de su catálogo de prestaciones, que están saliendo adelante con recursos propios, en espera que los tribunales les den la razón, con reducción de costes, y reducción de precios de los diagnósticos al mínimo posible, casi al mismo que paga el INGESA.

     La presencia del radiólogo es imprescindible en determinadas pruebas,  porque es él quien decide la implementación de la prueba con una «difusión» o un «contraste», junto al técnico operador del aparato. La presencia del radiólogo  tiene un coste, que muchas compañías pretenden ahorrarse con la emisión del informe de la prueba por parte de otro radiólogo no presente en la misma. Esto es legal, salvo que el radiólogo que firme la prueba esté trabajando para la Seguridad Social, en cuyo caso incurriría en incompatibilidad.

     El posible cierre de una o ambas clínicas incrementaría la aproximación al estado crítico sanitario al que nos acercamos, con la perenne paralización de las obras del nuevo Hospital, y la pérdida de no de los mejores radiólogos de Europa, Enrique Remartínez Escobar. Un radiólogo necesita estar en formación y actividad constante, y si no tiene pacientes queda desfasado, deja de estar en vanguardia. Enrique Remartínez podría tener trabajo en cualquier lugar del mundo en el momento que quisiera. El riesgo es que si no se le permite ejercer su profesión, podría irse de la ciudad, como ya han hecho otros especialistas.

          Lo que está en juego es la calidad de la asistencia sanitaria en Melilla, que muchos ya resuelven pagando o recibiendo tratamientos en la península. Aquí ya empieza a no quedar nada.

 

 

 

 

 

Ardiendo en Puerto Noray


              Mediodía en Puerto Noray. Los que miraban en esa dirección vieron un fogonazo que atribuyeron a un reflejo solar, luego una pequeña detonación, bam, bam, y la llamarada se hizo visible, potente, devoradora, rápida. Como si ver arder un barco fuese lo más normal del mundo, al menos en Melilla, los que estaban en el lugar del suceso no mostraron la más mínima señal de alarma. Solo se acercó al lugar la Guardia Civil, que siempre está, aunque no se la vea.

             En la ciudad que pretende cerrar clínicas médicas con minucias urbanísticas, comprobamos perplejos como el Puerto Deportivo carece de personal específico para la extinción de incendios. Hay bocas de agua y extintores, pero nadie encargado de operar con ellas. Hay decenas de barcos y miles de litros de gasolina repartidos por los pantalanes. El barco ardía, como una anticipada hoguera de San Juan, junto a un vehículo allí aparcado. No hacía aire, lo que evitó la expansión de las llamas. Junto al barco ardiendo solo había otro, que no pareció resultar afectado.

           Los bomberos llegaron con rapidez a la cita con el fuego, al que siempre logran dominar. El brazo automático de acceso a las instalaciones del puerto deportivo de Melilla se bajó accidentalmente, justo cuando el primer camión de bomberos se lanzaba por la carretera de acceso. No se comieron el barrote de milagro.

           Lo sorprendente, lo inesperado, siempre viene en ayuda de la monotonía, en una mañana gris y plomiza de levante. En esto también ha habido suerte. Con un vendaval de poniente las hechos narrados hubiesen sido muy diferentes. Siempre parece que arder en el agua es más difícil que cualquier otra cosa, pero en nuestra ciudad nada hay imposible. Lo que parezca que no va a pasar nunca, pasa. La semana náutica está llamando a la puerta.

 

Más allá de los baches


        Son muchos los que nos preguntan por qué prestamos atención a cosas aparentemente banales, como un bache, el derribo de un edificio, o a una farola devorada por la herrumbre. Siempre respondemos de igual forma: Para escribir sobre lo grande, debes también hacerlo sobre lo pequeño. No hay historia sin importancia y aquello de lo que no se escribe desaparece.

       Hay temas que acompañan al Alminar desde su origen, y uno de ellos es el de los baches y el estado del pavimento en la ciudad, más deteriorado que nunca. Las calzadas romanas, con sus 2000 años de antigüedad, están en mejor estado que algunas calles de la red vial melillense. Hemos localizado la entrada más antigua sobre las calzadas de la ciudad y data del año 2012. El estado actual de la zona no es mucho mejor, pese a que ha pasado un lustro.

     La falta de coordinación de obras en Melilla, hace que una calle recién asfaltada sea triturada por zanjas para inserción de toda clase de tubos, a poco de ser terminada. La falta de una campaña de cuidado de mantenimiento del pavimento, hace que haya barrios y calles sin revisar desde hace una década, como es el caso de este tramo de la avenida de las Infantas, en el barrio del Real.

     La mezcla de materiales (cemento, adoquines, asfalto), provoca que el agua se filtre y el terreno que sustenta el firme, o bien se levante o bien se hunda, como es el caso.. La falta de prisa en arreglar el desperfecto, hace que éste se mantenga durante semanas, hasta que se toma la decisión sobre el material de reparación: más cemento, o alquitrán.

     La última razón para escribir sobre todo tipo de cosas es la necesidad de dar continuidad al blog y a lo que pretende, que es mantener el contacto con los lectores/as, y servir de testimonio sobre lo que ocurre en la ciudad. Y lo que ocurre es lo que se ve.

   Nota:https://elalminardemelilla.com/2012/11/10/cuando-el-asfalto-es-puzzle/

 

Melilla hace aguas


             El pasado viernes, en unas declaraciones improvisadas junto a la destartalada e «inaccesible» fachada del Ayuntamiento, oí decir al Consejero de Medio Ambiente esta frase, mientras caminaba por la acera: «La realidad es que no hay agua para todos». En Melilla no hay nada para todos, ni deporte para todos, ni piscina para todos, ni aparcamientos para todos, ni empleos o viviendas para todos. La ciudad nunca ha estado tan deteriorada, con una sensación tan completa de abandono y de ausencia de una gestión eficaz, o siquiera de gestión. Las mismas caras, los mismos nombres desde hace 18 años, en una endogamia política como nunca se había dado antes. Desidia, abandono, dejadez, falta de ideas, pero sobre todo de motivación. También, porque es otra sensación que existe en las calles, es la falta de una alternativa clara y contundente, a una forma de gobernar, que empieza a parecerse ya a una condena (17 años y un día). Es una etapa política, que carece de la posibilidad de renovación; y a la que nada que conozcamos parece tener la capacidad suficiente, como para ponerle su necesario fin.

                                           La ciudad sin agua

               En la parte antigua de la ciudad sigue vigente el recuerdo de un pasado más cercano de lo que parece, los bidones de almacenamiento de agua, porque en esa Melilla de la caverna franquista solo había agua corriente entre las 8 de la mañana y las 3 de la tarde. A partir del mediodía había que economizar el agua, fregar lo justo y ducharse rápido, si no se quería quedarse sin agua, algo que ocurría a menudo; y sobre todo cuando el vecino que había sido menos previsor, levantaba la tapa, metía el cubo y te robaba agua del bidón. Los más sofisticados traspasaban el agua metiendo una manguera y succionando el aire.

                Todas las casas de nueva construcción tienen un aljibe en los sótanos, con sus correspondientes motores de extracción, porque el agua en Melilla no tiene presión. No es un problema de ahora. Esos aljibes evitaban quedarse sin agua, pero el mantenimiento de los motores suponen un considerable gasto  a las comunidades. La realidad es que la ciudad no tiene agua corriente al modo europeo. Tenemos agua con sistemas creados hace 5.000 años. Los aljibes en el subsuelo de los edificios tienen que ser higienizados anualmente. Nada de eso se ve o disfruta en Europa.

          Al principio de la gestión eterna, echaban la culpa a las fugas de agua. Luchaban contra la propia naturaleza del agua, porque ésta siempre tiene a fugarse. Las grandes pérdidas de agua se producen cuando les explotan las tuberías de conducción, incluso las recientes. Así pues hay que buscar un nuevo culpable, este vez es la ciudadanía en general, a la que responsabilizan del exceso de consumo.

         Autocríticas las precisas, como diría un ministro. Conceptos como ineficacia, incompetencia, incapacidad para gestionar el servicio de aguas, o buscar esos posibles consumos disparatados, o el rellenado de piscinas ilegales no entra en sus carteras de eficacia. Como máximo una nueva campaña publicitaria de concienciación sobre el gasto y consumo de agua, que costará un buen dinero, y que nutrirán las faltriqueras de los empresarios de la comunicación.

El último día del Banco Popular


                                  

                                          Génesis y ocaso del Banco de Dios

      En el mundo de la política, en el del deporte, y en otros muchos, el pez chico se puede comer al grande, incluso en el relato Bíblico David derribó a un gigante de una pedrada. En el mundo de las finanzas, y de la banca, de la economía salvaje, esto no sucede. El pez grande, el tiburón blanco, siempre se come al pescado pequeño y obtiene su botín.

      Ayer, 6 de junio, efeméride del desembarco de Normandia en 1944, el conocido como Banco de Dios, el que salvara al Vaticano tras la quiebra del Banco Ambrosiano, sucumbía en el precipicio de los activos tóxicos, los bonos basura y el ladrillo envenenado. Una intuición me llevó a hacer la foto, en un día que había sido muy agitado y en el que ya se barruntaba el gran zarpazo.

       En sus tiempos fue un bocado muy apetecible, pero siempre se resistió a las fusiones y al harén bancario que ha hecho desaparecer a tantos bancos y cajas (Caja Postal, Argentaria, Caja San Fernando, Caja del Duero, Caja de Ahorros de Antequera, Vizcaya, Meridional), incluido el  Banco Pastor, una filiar del Popular y que estaba lleno de toxinas.

      El Banco Popular Español nació en 1926, con el nombre de Banco Popular de los Previsores del Porvenir, siendo su fundador Emilio González LLana y Fagoaga, siendo sucedido por Millet Maristany. A partir de 1947, el Banco Popular recibió a consejeros y accionistas del Opus Dei (Obra de Dios).

      El año 2014 caía depredado en Portugal el Banco do Spirito Santo. En España el nombre del Banco estuvo asociado a los hermanos Valls Taberner, uno de cuyos familiares, Joaquín Navarro Valls fue durante dos décadas portavoz del Vaticano y de Juan Pablo II.

         Era un concepto de banca diferente, casi familiar, que apreciábamos hasta ayer, quienes hemos sido clientes del Banco Popular. A partir de hoy, ya es un banco más. La historia del Banco Popular, se acabó ayer 6 de junio de 2017.

 

Reencontrando a Encarna León


 

              Escribir exige  libertad y a la vez implica servidumbres, porque  no siempre se vive lo que se quiere, ni se consigue aquello que se anhela. La vida está llena de antítesis y de opuestos, entre los que a menudo hay que escoger.

         Aunque había leído cosas, nunca me había adentrado con profundidad en la poesía de Encarna León. La encontré en la pasada Feria del Libro y mantuve con ella una breve pero productiva charla, en la que me indicó que la edición de su obra entre 1984 y 2010, casi su obra completa, El Color de Los Ritos, contaba con un estudio introductorio de mi admirado profesor de Literatura José Luis Fernández de La Torre.

        Encarna León y mi profesor de literatura del Instituto. No podía concebir una tentación mayor, a la que sucumbí de modo casi instantáneo. Compre el libro y me lo firmó su autora. Lo primero que me vino a la cabeza es que el que fuera director provincial de Cultura en Melilla, entre el final de la década de 1980 y principios de 1990, no le dedica un estudio introductorio a cualquier obra. Hasta ahora, y que yo sepa, solo lo ha hecho con Miguel Fernández, un grande de la poesía contemporánea española.

                                     Recreando un tiempo

           «El mundo cantado» es el título que Fernández de La Torre escoge para dar forma a su soberbia introducción, en donde muestra su erudición, y su conocimiento casi completo sobre la literatura en castellano. Sin embargo, y sin enmendarle la plana al que todavía considero mi profesor, aunque también sea amigo, creo que le sería más ajustado el de «recreando un tiempo», porque Encarna León recrea el tiempo en el que convivió entre los grandes, con cimeras cumbres como el aludido Miguel Fernández,  y la académica Carmen Conde, ambos equiparados con la titularidad de un centro educativo, dedicados a la pervivencia de sus nombres y de su obra. Además, Encarna León recrea el tiempo en que convivió literariamente con Jacinto López Gorgé, Pío Gómez Nisa, Juan Guerrero Zamora y Antonio Abad.

         Para describir a Encarna León, Fernández de la Torre se lanza sin solución de continuidad a la búsqueda de sus influencias, entre las que destaca por encima de cualquier otra la del poeta, la de amigo, la del maestro e introductor, Miguel Fernández, del que su obra está completamente atravesada o transida. También señala, de modo original, las dedicatorias de sus libros, en las que está presente en sus primeras creaciones el poeta Walt Whitman, continuando luego con Luis Cernuda, Pedro Salinas, para volver definitivamente a ese padre literario que es Miguel Fernández, y del que no puede separarse. Su obra deriva de aquella, a la que está indisolublemente unida.

       De esos grandes maestros, toma muy grandes influencias y recursos, que despliega en una panoplia de imágenes literarias, descripciones, en las que intenta poner color y sonido a sus vivencias, emociones y recuerdos. Es una poetisa del «yo», en lo que tiene de racional y de irracional a la vez. Intenta describirse y explicarse a sí misma a través de imágenes escritas, a la vez que muestra esa parte de su espíritu a los demás, sin desvelarse demasiado, porque es a su vez, una autora muy intimista.

                                            Artificios de otoño

             El irreversible otoño alcanza a cualquiera. No vale revelarse contra la muerte, o hacer preguntas sobre la irreversibilidad del paso del tiempo. El otoño llega y nos va dejando solos. «Este contemplarse por encima de los cotidiano es la necesidad de escribir, de re-presentar, de sobrevivir al instante de lo vulgar o, de manera más abstracta, de la desdicha, ese ámbito en el que ahora no hay lugar para el elogio, excepto la empatía con el propio yo», dice Fernández de la Torre.

            En la dura faz del existencialismo no cabe la transcendencia. No hay más allá. Quedamos abocados al eterno presente con un pasado que se va alargando y haciendo más lenta la vida, más pesada. No hay un puente hacia la mística. Se nota en ambos, introductor y autora la carga existencialista, pese a un intento de incursión en la poesía religiosa, que coincide con su lectura del Pregón de Semana Santa en 2003. En este caso, es una poesía dirigida hacia las imágenes, que no transciende.

        Representaré siempre a Jose Luis Fernández de la Torre entre las densas humaradas de Benson & Hedges, con los dedos metidos en el cabello, mirando de soslayo, y  diciendo: Sr. Delgado, ¿qué tiene que decir del Siglo de Oro español?. Pues esto mismo.

                   Cualquier instante de la vida humana   
                   es nueva ejecución, con que me advierte
                   cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.    

Las guerras médicas de Melilla


               Los radiólogos Remartínez eliminados del sistema sanitario público

    Mariano Remartínez Buera y Enrique Remartínez Escobar además de padre e hijo, son dos de los profesionales de mayor prestigio en España, en el campo de la radiología clínica. Mariano dirige el Scanner o Unidad de Tomografía Computarizada, y Enrique la Clínica Médico Radiológica.

     Mariano Remartínez, radiólogo médico jubilado, ha visto como el INGESA (Instituto de Gestión Sanitaria), le rescindía el contrato de prestación de servicios con el Hospital público. Enrique Remartínez ha visto como todas las compañías de seguros médicos existentes en la ciudad, le quitaban del catálogo de servicios médicos. Además, éste último profesional (de los mejores del país), ha sido apartado de su puesto de trabajo de radiólogo jefe del Hospital Comarcal, tras una denuncia externa por una supuesta incompatibilidad profesional. Sorprende mucho más, que el INGESA se deshaga de su radiólogo en Melilla, con una sanción de 5 años para su puesto de trabajo, y deje el servicio de radiología en manos de interinos. Sorprende también la dureza de la sanción, inédita en la ciudad de Melilla. La decisión administrativa está recurrida en su correspondiente instancia judicial.

       El solo hecho de que todas las compañías de prestación de servicios sanitarios decidan prescindir de una servicio de radiología, con las mejores dotaciones posibles, y con profesionales radicados en la ciudad y dedicados las 24 horas a su profesión, debería provocar una investigación del Tribunal para la Defensa de la Competencia.

       Es todavía más sorprendente que ni el Colegio de Médicos de Melilla, ni los sindicatos de trabajadores sanitarios  hayan reaccionando ante la sanción a un médico y profesional melillense, insistimos, de gran prestigio, y que podría trabajar en cualquier Comunidad Autónoma de España, o en cualquiera de sus más prestigiosos hospitales. Ya decimos que los servicios de radiología de todo el país, están muy atentos a la situación profesional y humana de Enrique Remartínez. La suerte para Melilla es que éste profesional ama tanto a su ciudad como a su profesión, y mientras pueda (y puede) no piensa abandonar nunca ninguna de las dos cosas. Lo mismo sucede con su padre, Mariano, que pese a su edad, se mantiene activo y con una lucidez intelectual de la época de fin de carrera. El INGESA tiene que dar explicaciones y todos los partidos políticos de la ciudad pedirlas de modo inmediato, junto con el Colegio de Médicos y los Sindicatos Sanitarios. En una ciudad sin especialistas, no se puede permitir la exclusión de Enrique Remartínez.

                                    MUFACE como organismo rector

       ¿Qué ha ocurrido en Melilla, cómo puede haberse producido una situación así y que no se haya ofrecido la más mínima explicación?. La reacción ha surgido de parte de los usuarios, de la gente, que ha iniciado una campaña de recogida de firmas y apoyo a los centros radiológicos de la familia Remartínez.

       Román Dobaños Mourin, Director Provincial de MUFACE nos explica que «la obligación de presentar al menos dos especialistas por área ya no es un requisito del convenio de atención sanitaria», y que está al tanto de la situación pero que no puede intervenir.

     Eso sí, señala que: «las compañías que firman el convenio de prestación de servicios a través de MUFACE, ISFAS o MUGEJU, tienen la obligación de atender todo lo comprendido en la Resolución 13908 de 16 de diciembre de 2015, BOE num 303″. También recomienda que. «todos los usuarios que crean que no se les atiende adecuadamente, que crean que se les deniega una prestación a la que tienen derecho, o que antes de pagar una consulta privada, se acerquen a sus respectivas entidades, citadas arriba, y presenten las correspondientes reclamaciones». Las entidades son las citadas y las compañías de prestación de servicios son Adeslas, Asisa, DKV, SAU o cualquier otra.

    Las compañías se comprometen a prestar una atención eficiente y continuada a los usuarios. La presencia en Melilla de especialistas solo una o dos veces por mes, podría estar incumpliendo ese acuerdo. Para las citas con especialidades como traumatología o dermatología, las esperas pueden ser de hasta dos y tres meses, y la atención se suele necesitar en el momento.