Imágenes de podas en Melilla


El agente naranja en el Cerro de Camellos

         El agente naranja era un herbicida y exfoliante que utilizó Estados Unidos en la selva de Vietnam, para evitar los escondrijos y los túneles del Vietcong, en su guerra contra el invasor estadounidense. El agente naranja o napalm, salvando las distancias, dejaba en la selva una imagen similar a esta, la de la devastación absoluta. Es solo un símil, pero alguien que vive en las inmediaciones del Cerro de Camellos, me aconsejó que me pasara por allí para que pudiese comprobar qué tipo de poda se había llevado a cabo. Siempre digo que en Melilla hay que mantener la capacidad para la sorpresa intacta, pero no me esperaba una imagen como esta que ahora comparto en El Alminar.

                Se que la zona estaba muy sucia (lo hemos escrito aquí), que había abundancia de roedores, que era refugio y zona de paso de maleantes o de gentes sin techo, que se realizaban actividades poco decorosas, que algo había que hacer. Sin embargo, en nuestra ciudad no hay términos medios, o se abandona un determinado lugar hasta que los árboles se le caen encima a los vecinos (también está escrito en El Alminar), o se llega y se arrasa la zona hasta la misma raíz, como es el caso. poco más hay que decir, solo ver, contemplar y admirarse.

                       Las fotografías están realizadas desde el mismo lugar, una en noviembre de 2014 y otra en febrero del presente año.

          Nota: https://elalminardemelilla.com/2011/10/01/un-arbol-cae-sobre-una-casa-en-el-tesorillo/

Carnaval frente a Cuaresma


                Los enemigos de almas son tres: el mundo, el demonio y la carne. Eso es lo que decía y dice la doctrina cristiana desde hace 21 siglos. La Cuaresma, tiempo de ayuno, oración y penitencia empieza el próximo 18 de febrero, miércoles de ceniza, símbolo de aquello en lo que nos convertiremos todo. Sin embargo estamos hechos de carne, vivimos en el mundo y estamos enfrentados a las tentaciones. Tenemos que convivir con ellas, con el mundo y con el demonio y sus asechanzas. Todo esto es cierto o no, según desde el lado en que se quiera mirar.

             El carnaval es,  aparte de una fiesta inmediata a los rigores de la Cuaresma y del invierno, en la que se conjuraban todas estas amenazas; una fiesta transgresora en la que se criticaba sin tapujos, tanto a la autoridad civil como a la eclesiástica, que eran las dos potencias rectoras de la época. Hoy todo es un pálido reflejo de lo que en su día fue, aunque tampoco hay que mitificar las cosas. Casi nada ha sido nunca como nos han dicho. Ahora la autoridad impide la crítica obligando a entregar previamente las letras de las canciones o coplas satíricas, con lo cual es imposible la crítica despiadada y siempre merecida, al poder. En cuanto a los rigores del infierno o de la condenación eterna, ya casi nadie les teme, entre otras cosas, porque todo el mundo es bueno o se considera así, con lo cual el diablo no tiene trabajo, o le sobran candidatos/as a vender su alma a él, sin necesidad de las tentaciones.

                                                      El Carnaval en Melilla

                Domesticado todo, y desprovisto de sentido, nos queda al menos una hora de espectáculo visual y de entretenimiento. El frío y el viento concedieron una tregua al desfile de carnaval y al menos se pudo disfrutar un rato, en el ciudad con menos cosas que hacer del mundo. La carroza del infierno, con humo y llamas fue  muy vistosa y resultó una de las más atractivas, junto con la del hombre cocinado en la olla de los caníbales. También muy originales algunos disfraces individuales. En una de las fotografías, conseguimos que una de las diablesas (al diablo no se le puede ver nunca), nos mirase directamente. Pese a la falta de apoyo, a la domesticación de cualquier acto lúdico, hay cosas que se resisten a desaparecer, pese a que ponen todo su empeño en ello.

El temporal en febrero


       En febrero, a lo largo de la historia, los temporales han sacudido con fuerza la ciudad de Melilla. Las noticias recopiladas en las hemerotecas así lo reflejan. En la primera semana del mes central del invierno, el temporal de viento y frío ha azotado de modo inmisericorde la ciudad. En febrero debe llover, como dice el refrán: Que venga febrero lluvioso, aunque sea rabioso. Hay otro que dice que «el agua de febrero mata al usurero». Queda claro que el agua es importante en este mes. El agua empapa la tierra y su tenue sol no la evaporaEn febrero hay tempestades  y también calmas. Sin embargo, la tempestad siempre es más atractiva desde el punto de vista visual. Así es febrero, ya se sabe: En febrero un rato malo y otro bueno. 

             Febrero, el mes femenino, el único dedicado a una diosa y con un santoral plagado de nombres de mujeres (Purificación, Águeda, Candeleria, Apolonia, Brígida, Eulalia, Lourdes). Hemos visto y recogido imágenes interesantes, desde gaviotas con su plumaje mojado y que se resignaban a ser fotografiadas sin levantar el vuelo, hasta los humazos de Endesa (la productora melillense de electricidad), cayendo hacia el suelo y inundando nuestros pulmones de humo tóxico. Hemos visto al barco siendo empujado hacia el dique de amarre, para que el temporal no lo sacase de su posición, y las aguas del mar revueltas y agitadas. Los tiempos están así. Calmas y tempestades van siempre unas detrás de otras.

Liquidación de la Cooperativa Gráfica


                  Se ha escrito y opinado mucho en El Alminar sobre la historia y decadencia de la Cooperativa Gráfica de Melilla, una empresa a la que se ha dejado caer, mientras que se subvenciona sin fin a asociaciones y entidades que solo existen para formar la red clientelar del gobierno, y que casi no tienen actividad alguna. Los 60.000€ que necesitaba la centenaria empresa melillense, de la que vivían cuatro familias, siguen figurando en el correspondiente apartado de los Presupuestos de Melilla, pero ahora irán a parar a una empresa de Valladolid, pero que deberá radicarse de algún modo en la ciudad. Todo está ya dicho, todo está ya escrito. Lo publicamos y damos cuenta de ello, para que en algún momento, el pueblo melillense, no deje estas cosas impunes.

            El pasado 6 de febrero empezó la liquidación del mobiliario existente y la desaparición inexorable de una imprenta que era parte de la historia de la ciudad.

Problemas menores en Melilla


                       Inseguridad sensacional

           Los responsables políticos de las áreas de gestión de Melilla viven en el mundo irreal de la propaganda. Lo que el ciudadano percibe y ve en las calles es algo diametralmente opuesto. Grupos de menores no acompañados en situación de abandono institucional, deambulan a lo largo del día de una parte a otra de la ciudad, sin comida, sin lugar de refugio, sin ningún sitio en el que protegerse del frío o de otras inclemencias climatológicas.

     Esta es una realidad que no se ve desde los despachos de gestión, ni desde los lugares acotados a los que acuden las autoridades (Kursaal, fiestas  y homenajes, inauguraciones, locales de hostelería). En cualquier parte de la ciudad se producen incidentes de seguridad: hurtos, robos, agresiones, incendios de vehículos y contenedores, detención de menores; que son resueltos en primera instancia por los ciudadanos, que son los que alertan a los cuerpos y fuerzas de seguridad. Cuando estas intervienen, lo hacen, hasta el momento,  de modo escrupuloso. Lo que está fallando no son los cuerpos policiales, sino sus responsables políticos.

          Si hasta el momento no ha ocurrido ninguna situación grave para los ciudadanos, es por pura casualidad. La misera y la desesperación va en aumento, tanto en nuestro entorno, como en la propia ciudad. En 14 años de continuidad del presente gobierno de Melilla, no ha habido un solo cese o dimisión por incapacidad manifiesta, o por el propio cansancio y pérdida de interés en la gestión, pese a que hay más que sombras y sospechas sobre casi todas esas áreas.

         La ineficacia de algunas de las áreas de gestión ciudadana adquieren ya la categoría de certeza, como en la cartilla del servicio militar, en la que el valor pasaba del genérico «se le supone», al «demostrado. En Melilla la categoría de ineficacia institucional ha ha pasado del «se le supone», a la de  «demostrada».

Paralización de obras en El Real


                       Nadie pidió estas obras. Son solo un lavado de suelo de cara a las elecciones. Un millón de euros arrojados al pavimento. Idearon una fantasiosa idealización de «la ciudad de los peatones y de las bicicletas», se ampararon en asociaciones  surgidas «ad hoc», para justificar la necesidad de los injustificable. No contaron con el 90% de los vecinos del Barrio del Real, ni con ninguno de los comerciantes del barrio, a los que están ocasionando un gran perjuicio.

                                 El tráfico rodado en un caos en el Barrio del Real. La pérdida de aparcamientos para los residentes llegará al centenar. Las obras se decidieron de modo «dictatorial», como se hace todo en Melilla. El folleto lo dejaba muy claro: se aceptarán sugerencias, excepto en lo esencial. Todo se justifica virtud de necesidades inexistentes, no reclamadas por los vecinos, y bajo conceptos megalómanos. Son obras electoralistas, que alteran la vida del barrio, dañan su economía, crean más dificultades de las que pretenden resolver (aparcamientos, circulación), y sobre todo, benefician a las empresas constructoras, hinchan sus cajas, y apenas crean empleo.

                                    La paralización de las obras

               Las megalómanas obras del bulevar del Real llevan paradas una semana, y nadie se ha atrevido a hacerlo público (consejerías, medios de comunicación, justificadores de las obras). Las obras, licitadas por 1,2 millones de euros, se adjudicaron por una cantidad sensiblemente menor (algo ya sospechoso), se iniciaron con un considerable retraso (anunciadas en julio e iniciadas en octubre). El Real iba a contar con  una salida al mar, una idea delirante.

             Apenas tres meses después, como siempre, la realidad destruye la propaganda y hace enmudecer a los propagandistas. Las obras esta paralizadas, las calles del Real se han convertido en un almacén de losas de pavimento y depósito de escombros y materiales de obra. Las calles intransitables, el tráfico convertido en infierno, la búsqueda de aparcamiento en un ejercicio estresante, los comercios en graves problemas, y el barrio destruido en su fisonomía clásica. Estas obras son un despropósito y un error desde el principio, algo que dijeron muchos residentes, de verdad, del barrio. Es difícil hacerlo todo bien, pero se antoja más complicado hacerlo todo mal.

Nota: https://elalminardemelilla.com/2015/01/14/sobre-prohibir-obras-en-periodos-electorales/

Una historia bizantina


El cuento del gallo y del asno

          El Imperio Romano de Occidente cayó en 476, y la gran expansión árabe no llegó al Norte de África hasta el año 648, casi dos siglos después. Entre invasiones y desembarcos de los vándalos, los bizantinos y su imperio, apenas ejercieron su influencia en la zona a lo largo de dos siglos escasos. Sin embargo dejaron en la zona muchas leyendas (la del conde Don Julian) y un vocablo griego, parakaló (Παρακαλώ), que significa tanto «por favor», como «de nada», y que en el norte de Marruecos significa «gracias» y se pronuncia como barakalofi. Es la explicación más lógica a la presencia de este vocablo en el idioma del Rif, el tamazigh.

         Hay otro término conocido como aromi o arrumi, y que se cree que designa a los españoles, equiparándolos a los romanos. Pero esto no es correcto. El vocablo procede de los árabes, que jamás estuvieron en contacto con los romanos, pues su parte del imperio se hundió en el siglo V. Los árabes solo conocieron a los griegos, esto es, a los bizantinos, y es a ellos a los que llamaban así: rum o rumi, que eran los que profesaban la fe de Cristo.  Al llegar a la península, las crónicas árabes designaban como rumis, a los integrantes de las fuerzas que se les opusieron, pero es una palabra surgida de su contacto con los griegos o bizantinos.

               Al llegar las cruzadas a Jerusalén, en el siglo X, los árabes no llamaron a éstos rumis, que para ellos eran los griegos, sino que los conocieron como los «frany», los francos, y esto ya sí englobaría a todos los occidentales en general.  Los «frany» ofrecieron una imagen salvaje en Palestina, con sus caballeros cruzados. Al defender a Cristo con la espada, siempre desde el punto de vista árabe, corrompieron para siempre sus enseñanzas. Pese a todo, las cruzadas no fueron pensadas solo para combatir a los árabes, sino también a los propios cristianos. Hubo una cruzada contra las herejías cristianas de Europa y otra contra los cristianos de Constantinopla.

                       Genios y demonios en el mundo rifeño

        El norte de África es un territorio de mezclas, de historias, de leyendas y de gentes. Hay creencias y leyendas comunes. Una de ellas hace referencia a los genios, ángeles y demonios y a su manera de detectarlos. Son los seres invisibles o puramente espirituales. El profeta de los musulmanes, Mahoma, explicó en sus hadizes o dichos, algunos puntos oscuros de la revelación coránica, y también opinó de temas mundanos. Según el hadiz de Bujari y Muslim afirmó: Cuando escuchéis el canto de un gallo pedid a Al´lah sus bondades, porque el gallo ha visto un ángel, y cuando oigáis el rebuzno de un asno, buscad refugio en Al-lah, porque ha visto a un shaitán.

            En algunas casas de Melilla, todavía se pueden ver y escuchar el canto de los gallos. Hace no muchos años, podía oír un gallo desde mi casa todas las mañanas. También es verdad que los asnos rebuznan sin venir a cuento y provocan a veces más de un sobresalto. Si a nuestro paso escuchamos el canto de un gallo, o un rebuzno, podemos saber qué tipo de espíritu nos acompaña. En mis visitas al barrio hebreo de la semana pasada siempre cantó el gallo, y el asno permaneció en silencio.

           También, mi amigo Wally, el librero, me regaló una novela «El ángel sombrío» de Mika Waltari, sobre la caída de Constantinopla en 1453, y por fin he podido unir todas estas historias que debía contar. Nombres ya perdidos en la historia, como el del Megadux Lukkas Notaras, o el del último emperador de Bizancio, Constantino Paleólogo,  vuelven a aparecer ante nosotros.