Lamento por los árboles perdidos


Nunca antes, en casi 11 años, habíamos estado fuera tanto tiempo, tanto como casi un mes. Son muchos/as los que nos han escrito y preguntado qué estaba pasando, y si El Alminar iba a iniciar el inexorable camino que conduce al lugar de los blogs perdidos. No hemos podido contestar con una afirmación exacta, con una respuesta única. Para observar el movimiento es necesario detenerse, y en ese momento el cansancio se acumula, y 11 años caen sobre los hombros en un solo mes. Entonces se percibe claramente lo que ha pasado y en qué punto no encontramos. Ahora se está más cerca del final que del principio.

Aquí arriba, en la parte alta del alminar, en donde todo se ve, la sensación es tal, que paraliza toda acción, todo movimiento. Hemos pasado 20 días repasando archivos, notas, fotografías, artículos, y la desolación se suma al cansancio. Nuevamente hemos recordado a todos los que han desparecido en este largo tiempo, y también en todo lo que ha desaparecido de nuestra vista.

El propósito era resistir, y se ha hecho. En una etapa mucho más extensa de la que pensamos inicialmente. Queríamos dar testimonio y lo hemos dado. La pretensión era que decenas de historias y sucesos no se perdieran, y hemos multiplicado esa cifra por varios cientos. Al menos quedan las imágenes y los relatos de todas ellas. Este blog ya es un legado a la rica historia de la ciudad, a la que es y a la que puede ser todavía. Aunque la realidad es que se pueden evitar muy pocas cosas.

Pero tenemos que quedarnos con alguna imagen clara, que muestre que en algunas cosas la senda es la misma, como la de la destrucción de árboles. No solo se han eliminado físicamente, sino que además se ha alterado un paisaje urbano que llevaba inalterado desde hace más de 5 o 6 décadas. Sirve de muy poco consuelo el hecho de que ese mal trato llevara haciéndose desde hace una década, porque la cuestión es que la obligación era salvarlos. No se ha hecho. Se ha optado por la tala, y por convertir esas mismas calles en algo hostil, sobre todo de cara a la llegada del calor. No volveremos a oír a los gorriones, ni a otros pájaros en las copas de esos árboles, que lo aguantaron todo, durante años. Incluso quemados por las podas salvajes, los gorriones se resistían a abandonarlos.

Lo sucedido en las calles Infantas de España y Paseo del General Villalba ha sido algo bárbaro, desconsiderado, porque había otras opiniones e incluso modo de haberlos mantenido vivos unos años más. Sin embargo, en estos tres últimos años han sido objeto de una abandono absoluto. Se partió una rama seca en uno, y talaron a los 30. De lo plantado, no sobrevivirá ni la mitad.

No son solo árboles, ha sido el modo de hacerlo todo. Los viejos fantasmas se agitan en lo sombrío. Queda mucho por hacer, pero deberán hacerlo otros. El Alminar seguirá siempre presente.

Parábola de los tres sobres


El antiguo edificio de Correos

Se vaya por donde se vaya, solo se ve desolación. Las campañas de obras solo son una huida hacia adelante. Todo parece que será mejor después de las obras, pero eso ya se ha intentado y padecido, y no ha dado resultado, porque seguimos sin modelo. Esto recuerda una antigua historia de la extinta Unión Soviética, en la que al acceder un nuevo Jefe de Estado accedía al Poder, recibía tres sobres numerados correlativamente con esta indicación: ¡ Ábrelos cuando tengas problemas !.

El solo cambio de gobierno no llegaba a contentar a la población pasados unos meses, así que el nuevo jefe del Kremlin abría el primer sobre, que tenía escrito el siguiente consejo : «Echa la culpa de todo al gobierno anterior». Se iniciaba una campaña intensiva de inmediato y surtía efecto durante un tiempo, pues la gente abría los ojos y entendía que se arrastraban situaciones y problemas muy difíciles de resolver, culpa del anterior gobierno. Eso apaciguaba la situación pero no resolvía mucho, así que había que acudir al siguiente sobre.

El sobre 2 decía: «Inicia una campaña de realizaciones, de obras y de transformaciones». Dicho y hecho. Se anunciaban proyectos sin fin, islas surgidas de la nada, aeropuertos estratosféricos. Vuelos a Marte, piscinas y estadios nuevos. Una transformación radical. La gente se ilusionaba, solo se hablaba de las nuevas realizaciones, se hacían cosas, se veían cambios. Sin embargo, no todo lo proyectado podía realizarse, y lo realizado no se correspondía con lo prometido. El desánimo volvía a crecer y ya solo quedada un sobre. Pasado un tiempo de duda, se abría el sobre 3 y este decía: «Prepara otros tres sobres».

La pandemia ha machacado el final de un año y el inicio de otro. No se ve salida al túnel y la recuperación económica y social dilata sus plazos. En Melilla todo parece torcerse, y la marcha de Air Europa de nuestras pistas de vuelo no parece el mejor augurio posible. El melillense necesita sobre todo, poder entrar o salir de la ciudad cuando necesite. Lo mismo ocurre con las familias o parte de ellas, que están fuera de Melilla. Estar estrangulados y condenados a una situación de embudo permanente, no nos beneficia, porque si algo necesita esta ciudad es dinamismo. Entrar y salir cuando se necesite y no cuando nos impongan, adaptando también los horarios a las necesidades y frecuencias más óptimas.

La vandalización de la ciudad

Nunca hemos entendido porqué es mejor abandonar y dejar arruinarse un edificio hasta su demolición, antes que mantenerlo en uso y reformarlo según las necesidades. La otra alternativa, la de la rehabilitación onerosa, ya se llevó a cabo con el edificio principal del hospital de la Cruz Roja, cuyo costo final decuplicó la obra original, e incluso el de derribarlo y volverlo a hacer de nuevo. Ha pasado más de una década desde el abandono del edificio de Correos nadie ha sabido proponer un uso adecuado en todo este tiempo. El edificio está vandalizado hasta el último metro cuadrado, y ya solo se usa para dejar allí cachivaches, troncos de árboles, o cualquier otro artefacto inservible, como las gradas utilizadas en Semana Santa. Las puertas de la zona exterior están abiertas y hemos encontrado un lugar difícil de describir.

Ahora sí queda ya solo un año, que es a la vez mucho tiempo para algunas cosas, y muy poco para otras. Todo va a cambiar, pero en sentidos difíciles de predecir, o no tanto. Que nadie de por seguro nada.

La iluminación navideña melillense


En manos del tenebrismo luminoso

Parece como si se hubiesen barajado las luces, cambiarlas de lugar y emplazamiento, pero sin llegar a ofrecer la sensación de que todo parezca nuevo. A nada que se tenga algo de memoria y fotos, se descubre el truco. Que podamos probar, estamos con el «cambiazo de las luces» desde el año 2014, aunque los ejercicios de memorias y algunas fotografías perdidas nos llevan hasta el año 2012, con algunos adornos iguales. La iluminación de los Reyes Magos puede datarse en el siglo XX.

Nos hubiese gustado calificar el resultado como «tetrismo«, pero al no estar admitido como vocablo en uso, debemos conformarnos con el calificativo de tenebrismo. Si hay luz en las calles es por las farolas, sobreabundantes en algunos sectores. No pretendemos que se sucumba a la locura consumista o al cambio constante, pero si al menos que exista una renovación y un diseño con significado para cada fiesta. Estas luces, algunas multifunción, como las de herradura, que según el momento y lugar en dónde se coloquen, iluminan una fiesta u otran, provocan cierta indiferencia estética. No somos ni Vigo, ni Málaga, ni Madrid o Sevilla, pero al menos debería intentarse algo diferente. La sensación que se ofrece es que «el iluminador» ha rebuscado en el fondo del armario y ha sacado todo lo que tenía allí guardado, que era mucho.

Melilla es la ciudad de las culturas en convivencia. Cada fiesta, cada celebración, tiene su significado y su sentido. Son fiestas de origen religioso, pero que tienen su reflejo social y cultural y su propia dinámica. También existe una sociedad laica. Salvaguardando cada esencia y especificidad, se debe alcanzar a todos/as.

Existía un blog sobre iluminación navideña (https://lucesdenavidadentuciudad.wordpress.com/) que facilitaba la dirección y nombre de decenas de empresas de iluminación, con diseños diferentes para cada ciudad y para aquello que se quiera resaltar. El problema no es que haya que hacer un contrato más caro para el año que viene, no queremos eso. La cuestión está en el contrato y en la empresa que lo gestiona, que es siempre la misma y a la que estamos atados como un barco a sus maromas. Unos de los muchos problemas que tiene esta ciudad, es el de los monocultivos empresariales, unos ya consolidados y otros en proceso. Al final del recorrido no habrá opción para la oferta y la demanda, en definitiva para la renovación.

Los contratos de servicios se están incrementado de modo progresivo, sin que esté en relación con el resultado final. Si ya se palpa en la ciudad cierta desesperanza, el tenebrismo de la iluminación navideña no ayuda a disipar las sombras del espíritu, ni a desvanecer la sensación de tristeza que flota en el ambiente. Son muchas las personas conocidas que han desaparecido con la «peste del siglo XXI», el Covid. Al menos se podría haber hecho una decidida apuesta por la luz, sin necesidad de derrochar, ni de pagar un potosí en la factura. el centro de la ciudad está vacío y en obras. Los locales de hostelería no lo llenan todo, y fuera de ellos y de las franquicias, hay poco mas en el centro comercial de la ciudad.

El que toda la zona centro esté blindada a los vehículos, sin zona azul, ni verde, sin opciones para los vehículos de servicio público, o para la carga y descarga, aumenta la sensación de solar, en el centro melillense. Quizá no pueda evitarse el abandono de los centros históricos de las ciudades.

Para el año que vienen nos prometen las luces del Paraíso, pero al precio del Dorado. Sin embargo, en donde estamos ahora, es en el presente. Ya mostramos en pasados años, sin éxito alguno, que las cifras de gasto en algunas capitales de provincia, son proporcionalmente menores que las nuestras. A veces las absolutas también. Las previstas para el año que viene, asustan.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2017/12/08/iluminacion-de-navidad-en-malaga/. https://elfarodemelilla.es/melilla-destina-4-millones-euros-iluminacion-fiestas-4-anos/

Imágenes para una década


Siempre hemos escrito que en El Alminar, la parte no visible es de mayor tamaño que la publicada. Miles de fotografías están en los archivos y no constituyeron nunca noticia o comentario. Con el tiempo y revisado, desde atrás hacia adelante, encontramos imágenes que se ven de otra manera, que tienen otro significado. Muchas son fotos casi repetidas, de los mismos lugares, a lo largo de los años, en este pequeño mundo en el que vivimos encerradod.

Comenzamos el repaso con una fotografía de Sabrina Moh en la Semana Santa de 2018, en el mes de marzo, como parte de la banda de la Cofradía Castrense, tocando la flauta travesera. Su vida iba a cambiar apenas unos meses después, pero nadie podía imaginarlo. La moción de censura contra Mariano Rajoy iba a triunfar el 1 de junio de 2018.

En otra imagen vemos la tensión de la conferencia del escándalo, la de Zoubida Boughaba, la escritora rifeña que recopila cuentos tradicionales, y activista contra el hiyab, prenda islámica ajena a la cultura tradicional del norte de Marruecos, del Rif. Elena Fernández entró con fuerza en la Consejería de Cultura y la conferencia provocó el rechazo de la Comisión Islámica de Melilla. La conferencia debía celebrarse, Zoubida decidió viajar hasta Melilla. La tensión se palpaba en el ambiente. Las sensibilidades siempre son epidérmicas y cada cual debe librar sus propias batallas, si es que desea hacerlo.

La tercera instantánea muestra al grupo municipal socialista. Acabábamos de salir del confinamiento y se decidía la retirada de la estatua de Franco. Comparecían Gloria Rojas, Elena Fernández, Mohamed Mohand y Francisca Maeso. El único integrante masculino del grupo, todavía consejero de Sanidad, se preocupaba por la distancia social y porque cada cual ocupase su lugar, sin imaginar que al final sería el mismo él mismo el que acabaría perdiendo el paso, pero de modo definitivo, y todavía no sabemos si el partido.

¿Cuáles son las fotos más antiguas del Alminar? Hay muchas. Una de las que más impresiona es la del vaciado de Isla de Talleres, para hacer los aparcamientos subterráneos y los cimientos de la urbanización Magma Melilla, que fueron contemporáneos con el origen del blog. En el año 2011 se inició la soledad de monseñor Buxarrais, con la marcha de las Hijas de la Caridad. Desde el mes de noviembre de ese año, empezó a ofrecer una misa pública cada día, a la que solo acudías algunas mujeres del Centro Asistencial. Les hacía participar en la misa, en las lecturas ordinarias previas al evangelio.

Una década, 2479 artículos para 3650 días. Muchas cosas vistas, muchos acontecimientos narrados. Tenemos que ir pensando en qué haremos con el archivo fotográfico, porque todo esto ya es patrimonio de la ciudad, y también su propia historia. Le abrimos paso a la Navidad, con el mismo adorno que llevamos viendo colocado toda esta década, sobre el baluarte de San Fernando. También es bueno que algunas cosas permanezcan.

La defensa del arbolado


Árboles en el Fuerte de Camellos

Ha surgido un grupo, asentado en Facebook, en «Defensa del arbolado en Melilla» y es un iniciativa sana, siempre que se mantenga en el tiempo, y no sea algo fruto de la coyuntura. Cualquier reacción ciudadana en defensa la ciudad propia es siempre digna de atención, siempre y y cuando contribuya al bienestar colectivo. Por tanto, les damos la bienvenida y les deseamos continuidad y perseverancia, sobre todo cuando vengan los tiempos duros, que llegarán.

Eso sí, hay que situar todo dentro de un contexto, para que no parezca que la destrucción del arbolado melillense se ha iniciado solo en estos dos últimos años. No es cosa de ahora, como tampoco lo es la destrucción y pérdida del patrimonio arquitectónico. Por eso recordamos siempre los antecedentes, aunque alguien piense que eso es politizar un tema.

Decimos esto porque nada de lo que existía en el inicio del Alminar en 2011, existe ya, salvo los blogs de La Otra Melilla y Al Sur de Alborán, y eso creo una sensación extraña, casi como de viaje en el tiempo. Hemos visto desaparecer tanto, que miramos ya las cosas de una manera más cautelosa. Aún así, este rebrote en la conciencia de ciudad propia, es algo muy saludable, porque prueba que la ciudadanía está ahí, aunque la aburran, y no siempre se manifieste de modo público.

Los árboles de Melilla llevan siendo maltratados dos décadas, y desde que podemos dejar constancia en este blog, la última década ha sido feroz, próxima a la devastación arbórea. Hoy volvemos a una arboleda abandonada, en un fuerte perdido, el de Camellos, y que solo utiliza la Asociación de Sordos de Melilla (ASOME). Escribimos ahora, porque lo hicimos hace exactamente un década, y la situación presenta el mismo grado de abandono.

Empieza a dar cierto miedo, el descubrir zonas de abandono a la Administración, porque lo primero en lo que piensan es en cerrarlo todo, hacer un proyecto costoso (un millón de euros) y llenarlo de losas de cemento, como hicieron en las dos zonas ajardinadas del Barrio de La Victoria, a un lado y otro del Mercado, en el que han situado enorme enlosado, y en el que han desaparecido los caminos de tierra.

Aquí de momento no ocurre nada, salvo que es una zona verde completamente abandonada, con aspecto de secarral, cerrado al público común, pero no a «los habitantes de la noche». Es una pena, porque con limpiar la zona, regarla, resguardarla de intrusiones, y controlar algún árbol cuyas raíces ya están visibles, sería suficiente, para que pudiese ser disfrutado por los melillenses. Eso sí, que mantengan los paseos de tierra y hagan crecer el césped, porque no hay un olor más sano, que el de la tierra y la hierba mojada.

El enlosado de los jardines y paseos del Barrio de la Victoria, tapando la tierra, es algo que no debe suceder más. La naturaleza no se puede convertir en maceteros.

Nota:https://elalminardemelilla.com/2011/12/01/el-fuerte-de-camellos/

Galápagos, espacio natural


Saltos libres y clavados

Conocemos de sobra que Melilla, al no ser comunidad autónoma, no tiene capacidad para declarar un espacio natural como protegido, pero sí puede solicitarlo. Antes que centrarse en hoteles y entornos que no veremos antes de una década, sería mejor cuidar y tener en estado óptimo lo poco que tenemos. Pero la gestión no da para tanto. Recordamos siempre que venimos de un estado de desidia y dejadez absoluta, que se extendió a lo largo de la década anterior, que es de la que podemos dejar constancia en este blog. Más allá del origen del Alminar está la hemeroteca.

La ensenada de los Galápagos es un espacio natural de gran belleza, que de estar limpio y bien cuidado, sería una de las «perlas turísticas» de nuestra ciudad, eso sí, cuando el viento dominante es el de poniente. Cualquier melillense al que le gusten los baños de mar, lo primero que hace es consultar cuál es el viento imperante, antes de decidir a qué lugar acude a bañarse. Pero antes de que lleguen los turistas, lo primero que hay que hacer es tener todo en el mejor estado posible, para que los ciudadanos puedan disfrutar de los pocos lugares que tenemos en la ciudad, para el ocio natural.

La política de comunicación con el ciudadano es esencial, y pese a que todas las consejerías tienen áreas de comunicación, no son todas las que informan de sus actos. Así sucede cuando se acude a un lugar y se encuentra cerrado, como es el caso de la ensenada de los Galápagos. Claro que hay derrumbes, ese es el proceso de transformación de los acantilados. Dentro de 10.000 años, el lugar será un espacio completamente diferente. Se han desmoronado dos grandes peñascos de caliza, que en un milenio, serán parte de la arena de la misma playa, cuando el proceso de meteorización haga su efecto.

Hoy todo se comunica y debate en las redes sociales y en las aplicaciones turísticas. Cualquier incidente será conocido por medio mundo en apenas un instante. Alguien que venga un fin de semana y se encuentre tal o cual cala cerrada, lo valorará de inmediato con una nota «negativa».

La ensenada, además de un lugar de baño y esparcimiento, se ha convertido en un lugar de saltos acrobáticos. Hay que decir que los niños y menores no molestan. Tienen sus propias rutas de acceso y entran y salen cuando quieren. Nadan muchos cientos de metros, realizan varias decenas de saltos y se van. La cuestión es otra.

La ensenada de los Galápagos, fuera de las horas públicas, las de dominio de la luz solar, se convierte en un suburbio lóbrego. La presencia de la caseta temporal en frente de la playa principal de la ensenada, constituye una imagen que no sería bien valorada por los posibles turistas. En cualquier lugar, una cala así se cuidaría en grado extremo, el año entero. Los gestores están deseando que llegue el mes de octubre, para poder cerrarla hasta junio del mes que viene. Sin embargo, hay gente que se baña a lo largo del año entero.

Hay más cosas sobre el estado de este espacio, pero no lo contaremos ahora, por que la Administración lo cerraría todo «sine die». Que conste que los saltos de agua son una de las grandes tradiciones melillenses. Nos hace falta una piscina olímpica.

Los cabalistas en el semicírculo


Un disparo de cañón desde el centro de la ciudad en 1862, con una pieza de artillería de a 24 libras y carga máxima de pólvora, fijó una distancia media de 2,8 kms. Los disparos se realizaron con un cañón llamado El Caminante, emplazado sobre una base circular. El trazado conforma un semicírculo, en donde el diámetro es una línea imaginaria con el mar como límite. El diámetro es el doble que el radio, lo que significa que desde un vértice a otro, la distancia máxima a recorrer es de 5,6 kms. Es lo que se llama la cuerda, que coincide con su diámetro o distancia máxima entre dos puntos puntos de una circunferencia

La longitud de una circunferencia se calcula con la fórmula 2πr ( dos veces el radio por 3,1416). Sin embargo habitamos un semicírculo, por lo que si recorremos toda la carretera de circunvalación, la distancia máxima que podemos recorrer se sitúa en torno a los 8 kms, porque es la mitad y no su longitud total. No hay más. Son distancias cortas. Los melillenses solo podemos recorrer con nuestros coches distancias cortas, como dicen las cabalistas, pero no porque estemos acostumbrados a ella, sino porque no existe otra posibilidad.

Si los melillenses quieren ir a la playa, tienen que coger el coche, pero ocurre que esa playa está dentro de la ciudad, por lo que tienen que hacer un trayecto urbano, salvo que se viva en el paseo marítimo. Si los melillenses quieren ir al campo o al monte, tienen que hacer un recorrido urbano, porque todo eso está dentro del semicírculo. No hay opciones. Los cabalistas hacen afirmaciones de perogrullo y las ofrecen como si fuese la fórmula de la pólvora.

La circulación entre las cuerdas

Todas las calles y avenidas de Melilla son «cuerdas» dentro de este semicírculo, una más largas y otras más cortas. Si se cierra o acorta una cuerda, se saturará otra, porque al estar encerrados en un espacio limitado, no hay alternativas posibles, salvo que se buscan vías de escape. Se asumen como verdades los 40.000 coches matriculados y circulantes, cuando ni lo hacen todos a la vez, ni todos esos están en la ciudad. Al menos un tercio de ellos habita y circula en la península. El tráfico se acumula en las horas puntas (idas y venidas de los trabajos y de los colegios), y en las rutas hacia las zonas comerciales. Cuando se cierran los colegios y los centros de trabajo, el tráfico se pacifica solo. Los domingos apenas hay circulación en las calles.

Si embargo se comenten errores que provocan saturaciones y colapsos de tráfico en las horas en las que es necesario que este sea ágil y pacífico, lo que no sucede cuando se hacen crecer los atascos. El cierre y cambio de dirección de la calle Calle Paco Benítez-Conde de Alcaudete, obliga a recorrer todo el Paseo Marítimo si se quiere cambiar el sentido del movimiento, y cierra una importantísima vía de salida hacia el nuevo hospital y el barrio de la Victoria. Las últimas reformas han convertido este importante vía de comunicación, que es parte del diámetro melillense, en inservible.

Lo mismo ocurre en la calle del Capitán Arenas del barrio del Real y que se cerró desde su arranque en la calle Mar Chica, lo que que cercena otra vía de escape hacia la carretera de Alfonso XIII y Aeropuerto, y obliga a llegar hasta la saturada calle Aragón, en donde se ha colocado uno de «los evaporadores de tráfico», uno de las medidas más absurdas que hemos podido ver, de entre todas las ciudades españolas. Nadie ha hecho algo tan ridículo e inúti.

El tercer punto de saturación está en la avenida de la Duquesa de la Victoria, en su punto central, junto a la Cruz de los Caídos. Se podía haber promovido la prioridad peatonal haciendo los pasos sobre-elevados, pero al menos permitiendo el giro. La situación actual obliga a recorrer la avenida entera, de rotonda a rotonda, sin solución posible, colapsando hasta el límite la zona de la avenida de La Democracia y plaza de Velázquez (el pintor). A esto, se añade que los vehículos que proceden de la calle del general Aizpuru y podrían girar en la Cruz, para ir hacia el barrio del Príncipe, se ven obligados a acudir también a la colapsada rotonda de la Duquesa, no la de Crono..

Insistimos en que hay dos maneras de equivocarse: la primera es cometiendo el error, la segunda no rectificándolo.