Sigue siendo «Aquel»
Fue una gran noche en el Kursaal. Había hasta un grupo de paisanos de Raphael, de la localidad jienense de Linares, que ya estaban entregados desde el principio. El regreso de Raphael a Melilla empezó con emoción contenida, había expectación ante un Raphael eterno. Empezó cantando canciones conocidas: «Mi gran noche; Digan lo que digan; Yo sigo siendo aquel», junto con otras que no lo eran tanto y su homenaje al Tango y el concierto pareció dormirse. Pero en un solo momento Raphael se lanzó de lleno a sus canciones de siempre, las que él calificó como sus «joyas» musicales, las escritas por su compositor talismán, Manuel Alejandro, y el Kursaal pareció venirse abajo. La gente se puso de pie, aplaudió, acompañó a Raphael en la interpretación de algunas canciones y las 756 personas del aforo fueron su «seducido coro». Ya todo respondía a us gestos y a sus guiños de complicidad. Desde ese momento ya sólo había una voluntad en el Kursaal y esa era la suya.
La apoteosis se mantuvo durante más de una hora con canciones como: «Qué sabe nadie; Estar enamorado; En carne viva; Laura; Escándalo y Te estoy queriendo tanto qué, o No puedo arrancarte de mí». Desde las lejanas gradas del anfiteatro la pasión podía sentirse igual de intensa y la voz de Raphael, su indudable don, llegaba e inundaba las filas del «entregado auditorium».
Casi tres horas, sin descanso, de un concierto espectacular, en una noche mágica, la primera, del regreso de Raphael a Melilla, aunque él consigue que cada noche sea «una gran noche». Como él decía en su presentación: «Ahora estoy bien». Se nota, lo demuestra y no quedó ninguna duda. El final esperado y exigido fue la interpretación de su clásico: «Yo soy aquel», ante un ya público rendido desde la mitad del concierto.
PD: Las fotografías son de Mª Ángeles Sánchez, mi mujer.



