El último sol de junio


                                        Despedimos al mes de junio, el de los días más largos, el mes femenino. El mes en el que menos hemos escrito y en el que hemos estado ausentes más tiempo. La luz del Sol del último día de junio se asemejaba a una antorcha en su reflejo sobre el agua. El calor ya aprieta y no dará tregua en los próximos dos meses. Las tormentas de San Juan fueron inesperadas y la noche mágica acabó de manera abrupta y rápida. Todo sucedió antes de tiempo. A veces suelen ocurrir esas cosas.

                     Nos hemos alejados de la realidad en las últimas semanas, porque a veces resulta la única manera de protegerse de ella. Hemos prestado atención y dedicado tiempo a otras cosas. El Alminar ha seguido navegando solo en todo ese tiempo. Hay un universo escrito que llega incluso hasta donde no podemos imaginar. Siempre hay gente mirando, leyendo y descubriendo cosas perdidas. Tenemos cosas pendientes. Siempre se tienen cosas pendientes, aunque no son muchas. Hay historias que deben ser conocidas.

                 Es tiempo de calma. El calor invita a ello. El aire caliente adormece y eso es algo que siempre viene bien. Es una sensación cálida que envuelve el cuerpo y parece ofrecer protección. Esos segundos de sueño reparan más que algunas noches completas.  Estas entradas, eminentemente visuales, tienen muchas/os  seguidoras/es. A veces se producen efectos insospechados cuando no queremos escribir de nada concreto. Se han incorporado nuevos lectores, y se han despertado nuevas sensaciones a través de temas tan sencillos como el de las higueras.