Imágenes de diciembre


       El sol frío de diciembre deja de verse en Melilla casi media hora antes de su puesta real. La ciudad está situada al nivel del mar, en el borde de la falda de una montaña de casi un kilómetro de altura. También está rodeada de mesetas, como la de Zoco el Had, y esto hace que la luz solar se apague sobre la ciudad antes que la meseta situada detrás del Monte Gurugú. La humedad del mar entra implacable sobre Melilla e inunda calles y plazas., tras el abandono de la protección solar.

         Hemos dejado de escribir sobre lo que acontece. Es tiempo de observar y de ver. Hay muchas más cosas de lo que podemos darnos cuenta. La realidad es más profunda, aunque la visión superficial lo domine todo. Es el ritmo frenético que nos imponen el que nos impide fijarnos bien en lo que sucede. Para poder observar la realidad, alcanzando lo más posible la verdad, hay que detenerse. Lo que nos muestran es mentira, un inmenso engaño. Hay otro modo de ver las cosas, pero las circunstancias no nos permiten contemplar siempre esa otra cara de la moneda que todos vemos.

          Acercarse demasiado a la verdad quema, la cercanía a ella altera para siempre nuestra visión. No es posible contemplarla cara a cara, del mismo modo que es imposible acercarse al centro de La Tierra. La superficie es fría y rígida, pero solo es una  apariencia; apenas una fina capa sobre el interior, compuesto de líquido ardiente.

            El Alminar es imagen y palabra, que existía desde el principio.

Las higueras del confín de Melilla


Las higueras del cerro santo de Melilla

  Y de la higuera aprended la parábola: cuando su rama ya se pone tierna y echa las hojas, sabéis que el verano está cerca.  Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, sabed que El está cerca, a las puertas. Mateo 24, 31-33.  Ἀπὸ δὲ τῆς συκῆς μάθετε τὴν παραβολήν· ὅταν ἤδη ὁ κλάδος αὐτῆς γένηται ἁπαλὸς καὶ τὰ φύλλα ἐκφύῃ, γινώσκετε ὅτι ἐγγὺς τὸ θέρος.

     Las higueras han florecido y anuncian el verano. Su primer fruto es la breva. Su denso, intenso y envolvente aroma viaja hasta muchos metros de distancia. Melilla es tierra de higueras , pero todas silvestres, pues no hay ninguna en los parques de la ciudad. Llevamos varios años escribiendo sobre las higueras y lo seguiremos haciendo, porque hay lugares a los que siempre debe volverse, de manera que existen otros a los que nunca llegaremos, o a los que no volveremos.

         En el cerro de la Palma Santa o Loma del Viento, en el confín de Melilla, existen algunas de las higueras más hermosas y desconocidas. Su incipiente aroma proporcionan una delicada  sensación. El entorno de las calles interiores es muy fresco y agradable, con abundante sombra. No es un lugar al que se suela venir comúnmente, aunque su oratorio/zawiya, es un lugar muy visitado e integrado en la ciudad a través de La ruta de los templos.

         En uno de los últimos días de mayo, en el cerro de La Palma Santa, que ya hemos visitado en otras ocasiones, hemos encontrado higueras, olivos, un viejo  y centenario pozo muy profundo,  un avión pasando por encima de nuestra cabeza, e incluso una excursión escolar que venía de visitar los viveros de Guelaya.

         También es hora de relajarse y no pensar ya en nada.

La Loma del Viento


         La Loma del Viento es el lugar conocido como cerro de la Palma Santa. La primera vez que leí ese denominación fue en el libro “La flora silvestre de Melilla” de los autores José Manuel Cabo, Juan Antonio González y Huberto García. Es un lugar que me gusta, pues conserva todavía una parte de su terreno sin alterar. El barrrio de la Zaouia está a escasos metros, pero todavía el urbanismo no ha hecho presencia en la zona, aunque se aprecian desmontes para  extraer arena y piedra para la construcción.

         Está dentro del territorio melillense surgido tras los acuerdos de 1860, pero físicamente no está dentro del casco urbano melillense. Es una sensación subjetiva, pero Melilla, la ciudad, está al fondo. La continuidad del casco urbano se rompe irremisiblemente al final de los últimos chalets de la carretera de Farhana. Es la única zona en donde se tiene la sensación de estar fuera de la ciudad. A esta sensación se añade la de estar a 63 metros de altura sobre el nivel del mar, lo que concede la posibilidad de obtener unas magníficas vistas de Melilla. Es uno de los puntos más altos de la ciudad, al que solo superan la parte alta de Cabrerizas y el cerro de Rostrogordo.

            Por esta zona se ubicó el primitivo poblado bereber de Farhana, que tuvo que desplazarse tras la firma de los acuerdos de Wad Rass. Hasta 1938 existió aquí una antigua mezquita, muy anterior a la ocupación española del territorio. Los lugareños, todavía recuerdan el emplazamiento de la misma. Las crónicas de la época dicen que fue derrumbada para erigir la actual Zaouía del Cerro de La Palma Santa, pero no se edificó exactamente sobre el mismo lugar.

            Este cerro debería ser preservado. Melilla necesita y debería realizar su propio catálogo de espacios naturales protegidos, aunque el nuevo PGOU (Plan General de Ordenación Urbna), prevé la transformación de casi todo el espacio rústico en urbanizable. Este lugar debería quedar a salvo de todo eso. Una higuera silvestre, cuidada y podada por los lugareños, es la señal natural que abre el paso hacia este entorno apacible, bonito, silencioso  y casi mágico.