Al encuentro del Resucitado


La primera impresión fue de sorpresa, a las 13h 15´, al llegar a la avenida desde la parte alta y ver todo vacío, ya bien pasado el medio día. Ese primer pensamiento fue de que «El encuentro» se había producido ya, y que los tronos se dirigían a sus hermandades. Pero como sucede muchas veces, esa primera impresión puede resultar engañosa. La realidad es que ni siquiera había empezado. El Resucitado esperaba en la calle Ejército Español, y el palio del Rocío hacía lo propio en la avenida de La Democracia, por un lapsus temporal superior a una hora. Es un retraso muy grande que llevó el inicio del Encuentro, acto procesional que pone fin a la Semana Santa, a las 14h 00. Si se quiere proteger a la semana santa melillense, se debe actuar ya sobre el cumplimiento riguroso de los horarios. Las hermandades principales sacan muchos pasos a lo largo de la semana, y la única forma de amortiguar ese impacto, porque los costaleros son finitos, es ser exigentes con el horario. Hasta en Almería se edita las guías con las horas de paso por cada punto principal. Es una forma de respetar a todos los que participan en un evento trascendental para la ciudad de Melilla.

En los 15 años de existencia del Alminar de Melilla, no hemos faltado a ninguna Semana Santa, aunque sea al menos en su día final. Un año estuvimos presenciando todos los pasos, desde el primer día hasta el último. ¿Por qué?, pues porque su pervivencia es esencial para esta ciudad, por mucho más reducido que sea el formato, y eso que en estos últimos veinte años se han vivido episodios desconcertantes. Quien nos hizo ver la importancia de este evento religioso fue Pepe Vaca, y los aspectos interesantes del mundo religioso católico en nuestra ciudad, del que no conocíamos nada, muchas cosas no habríamos podido ni rescatarlas, ni contarlas. Por eso le prestamos atención, y no vamos a dejar de hacerlo, y porque este blog está indisolublemente unido a esta ciudad.

¿Quién vio al Resucitado?

Es un enigma histórico que no podemos resolver, pero lo que se conoce como «el encuentro» representa eso, aunque tampoco esté narrado cómo se reencontró Jesús con su madre, ni si ésta supo de su resurrección antes que nadie, en un modo no físico. Porque nadie que le vio pudo reconocerle luego. Pero eso ahora es igual. El caso es que este año 2026 no se ha suspendido ni una sola procesión en toda Andalucía, ni en Melilla, ni en Ceuta, y quizá tampoco en el resto de España. Es mucha la gente que vive de espaldas a la semana santa, a la Navidad, pero es que tampoco se obliga a nadie a ir, ni a participar, ni a celebrarlas. Pero tanto en una como en otra ocurre, que al final te acaba atrapando en algún momento, aunque sea solo por unos instantes.

Entonces, ¿Qué puede haber diferente en algo que se repite año tras año, de manera invariables? La gente, nosotros, el contexto vital y el social. No hay modo de sacar dos fotos iguales, no se vuelve a repetir nunca la misma experiencia, nunca nada es lo mismo, aunque se vuelva año tras año al mismo lugar. La Semana Santa suena, se escucha, se siente, se ve y también se huele, Incluye a todos los sentidos.

Nota:Los tesoros perdidos de Pepe Vaca | El Alminar de Melilla

El camino del Encuentro


Parábola del camino del Encuentro

Estaban todos/as los que han pasado la Semana Santa en Melilla y han seguido las procesiones. Estaban también todos aquellos/as que regresan a lo largo del fin de semana. Estaban todos los que acuden, como en un ritual, al encuentro de esta singular procesión, una de las más luminosas de Melilla, no solo porque se celebra a medio día, sino porque también suele marcar el inicio de la temperatura más cálida. Eso sí, cuando el fin de la Pascua cristiana acontece en la mitad del mes de abril, hecho que se repite cada tres años.

No hay otro camino que el del encuentro, cuya parte más vistosa es la que se produce en la plaza de España y en la Avenida principal de Melilla. Sin embargo tiene una parte menos visible, más dura, que es la del traslado de los tronos hasta su encuentro, y luego el regreso, casi en solitario, a sus templos de reposo y culto.

El simbólico encuentro de las imágenes del Resucitado y de la Theotokos (Madre de Dios), puede servir también como metáfora y parábola para la ciudad del «encuentro de culturas», que tiene una parte muy vistosa, y otra menos visible de trabajo constante para fomentar esa convergencia cultural sobre la ciudad común. Siempre existen roces y fricciones, unas casuales y otras con alguna intencionalidad, pero para el bien de todos, empieza a percibirse una naciente voluntad de superar todas esas dificultades y la intención de mantener ese espacio colectivo. No es un trabajo fácil y sí es una labor constante, muy exigente, diaria, en la que no se puede desfallecer, pero en la que pueden existir errores, como en toda actividad humana.

Este año han coincidido la celebración del Ramadán, junto con la Pascua judía y cristiana. El año que viene, que será electoral, se volverá a producir la misma circunstancia, porque la semana santa coincidirá con la última semana de marzo, y el adelanto anual del mes sagrado musulmán también tendrá una semana común con la conmemoración cristiana, que está indisolublemente unida a la Pascua del Pesaj. Es algo en lo que ya se puede ir pensando, porque una vez finalizadas, nos lanzaremos de modo irremisible a la cita electoral de mayo.

Las procesiones han vuelto a nuestras calles después de una ausencia, forzada por la pandemia, de dos años. Esperemos también que este año permita también el reencuentro de los melillenses con su Patrona, que no procesiona en la ciudad desde 2017, es decir, desde hace un lustro.

Detrás de cada Encuentro hay mucho trabajo, mucha labor callada y oculta, mucho esfuerzo constante y también la ley inexorable del azar. Todo es frágil. No siempre estaremos cerca, no siempre llegaremos a tiempo. Pero el encuentro siempre tendrá su camino.