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Un siglo de vino en Melilla


 

                   La civilización Mediterránea no se entiende sin el vino, ni sin el olivo, desde el Líbano hasta el cabo de San Vicente. Griegos y romanos tenías deidades dedicadas al vino, bien Dionisio o Baco, constituyendo las tabernas uno de los pilares más solidos de la romanización. Sin ellas, la expansión el latín no hubiese sido lo mismo.

                  Con el cierre de las bodegas El Gallo concluye un siglo de la historia del vino en nuestra ciudad. La Melilla de la expansión se extendió gracias al fruto de las parras. Es verdad también que fue causa de grandes tragedias, pero en conjunto define a una civilización. El vino tiene que ser tratado con mucho respeto, porque la línea que le separa de ser un buen a un mal compañero es muy tenue. La relación de los Hijos de la civilización del Desierto con el vino,  la islámica, fue muy ambigua, y aunque en el libro sagrado del Corán hay “suras” ambivalentes, prevalece la prohibición final: “ciertamente el vino es abominación y procede de la actividad de Satanás”*. Como norma general durante la etapa del califato, las autoridades musulmanas fueron tolerantes con el vino, y lo consideraron como algo propio de los cristianos. Tras el desembarco de los Almorávides en 1040, y posteriormente de los Almohades en 1147, concluyó cualquier tipo de tolerancia con respecto al líquido de las cepas.

          Los franceses tampoco se entienden sin el vino, y por ello, en la parte francesa del Protectorado de Marruecos plantaron y cultivaron vides, de las que solo persisten los vinos de Mequinez y los de Fez. Son muchos los melillenses que echan de menos los vinos de Berkan, que eran muy consumidos y apreciados en nuestra ciudad.

                                               Cierre de las Bodegas El Gallo

        José López Rodríguez es el último bodeguero de Melilla. En estos primeros días de junio pone fin a una actividad familiar de casi un siglo, la de distribución de vino a granel en barricas de roble. El cuidado de los barriles de vino es una de las faenas más laboriosas y delicadas. Antes de la llegada del vino en botellas de vidrio, no había otra forma de abastecerse de los caldos que no fuese la de acudir a las bodegas, con las propias garrafas de cristal generalmente de color verde, para preservarlo mejor.

       A lo largo de este siglo, son muchas las familias procedentes de todo el territorio peninsular, que han vendido vino a granel en barricas en Melilla, y que aparecen recogidas en el anuario del Protectorado de 1928: Luis Andujar, Pedro Albós (El As de copas), Francisco Albert, Salvador Buendía, José Cabo, Miguel Camacho, A. Espinosa, Escaño y Cía, Manuel González, Estanislao González, Samuel Benguigui, José López, Martínez Soto, Cristobal Muñoz, Francisco Mira, Antonio Ruiz.
José Lopez es descendiente por línea paterna (López Ventaja), del obispo mártir de Almería Diego Ventaja Milán († 30/8/1936), asesinado  junto al también obispo de Guadix, Manuel Medina Olmos, en el barranco del Chisme, en Vícar. Como anécdota, al desarmar las bodegas, apareció entre los barriles y estantes, la imagen de un santo, cuyo nombre parece desconocido, aunque por el hábito negro pudiera tratarse de un fraile hospitalario. El vino con el que se oficia la santa misa, también se compraba aquí.

                 Nota: El vino en el Islam: rechazo y alabanza; Paulina López Pita. El vino en el islam clásico; Eduardo Escartín González.

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