La ciudad real, la otra melilla, se abre paso ante los ojos de los ciudadanos, día a día. Todos vemos lo que nadie refleja. Todos sufrimos una ciudad que no está en los folletos. El Mercado Cental languidece, se deshace, cada día cierran más y más puestos legales, que pagan sus contribiciones, sus impuestos, que mantienen a familias melillenses. Las causas y las explicaciones puende ser varias. El caso es que en la calle, a escaso 20 metros del Mercado, a 50 metros de la oficina de la Policia Local del Rastro, se pueden comprar gambas y cañaillas en la calle García Cabrelles, justo al lado de un Supermercado.
Esto es una zona turística. En ninguna ciudad de España, en ninguna ciudad de Europa, y de la mayor parte del Mundo, se puede comprar pesacado en la calle. Para ver algo semejante hay que ver los reportajes de TV2 y ver los mercados de Senegal, Tanzania, Kenia o de las zonas más depauperadas del Planeta.
Y esto sucede en las misma narices del Mercado Central, que si uno sube hacia la Plaza del General Martínez Campos, entonces lo que se ve allí son auténticas pescaderías en el suelo. Ocurre que el trayecto más largo que hacen los miembros del Gobierno de Melilla, es el recorrido que media entre el Palacio de La Asamblea y una céntrica cafetería, en donde se reunen todas las mañana. La imagen es más parecida a la película de Berlanga: «La escopeta Nacional», que a cualquier otra cosa.
Pescados de corte, lenguados, jureles, sardinas, rape, boquerones. todo se vende en el suelo. EL olor de la zona, en donde allí mismo se corta y limpia el pescado, inunda las pituitarias en el mes de marzo. Cuando entre el calor a partir del mes de mayo, lo que se dejará sentír en las inmediaciones será sencillamente el asco. La higiene no existe. la insalubridad es máxima. Esta es la gestión que tenemos en Melilla, la real. La otra no se la cree nadie, sencillamente porque no existe. El resto es propaganda, pero viven de ella y para ella. En eso son magos, la manejan como nadie.


