Rodríguez Zapatero regresa a Melilla


Las leyes que cambiaron nuestras vidas

La Ley 28/2005 llamada también Ley antitabaco, que prohibía fumar en centros de trabajo, transportes públicos y establecimientos de restauración. La Ley 3/2007 de Igualdad efectiva entre hombres y mujeres. La Ley 39/2006 de Atención a las personas en situación de Dependencia. La Ley 1/2004 de Medidas de protección integral contra la violencia de género. La Ley 52/2007 o de Memoria Histórica. La Ley 13/2005, de un solo artículo, sobre el derecho a contraer matrimonio entre personas del mismo sexo.

Todas conformaron un conjunto de leyes muy avanzadas que modernizaron la imagen de España y que el gobierno de relevo de Mariano Rajoy (2011-2018) se encargó de vaciar de contenido o de dotación presupuestaria. Pasados entre 15 y 17 años de la aprobación de cada una de ellas, siguen siendo objeto de inquina por parte de las derechas españolas, que prometen derogar al menos dos de esas seis leyes del Gobierno de Rodríguez Zapatero.

Todo ese cambio y adaptación de la política a la realidad social, se fueron casi al traste con la crisis financiera de 2008. El conjunto de medidas económicas aprobadas, con el Plan E como estrella, no lograron pararla, ni evitar sus más duras consecuencias. Por ello, un gobierno muy estable y con una mayoría amplia, quedó con una mala imagen final. El nuevo Estatut de Cataluña, ratificado por el Congreso y la Generalitat, que quizá hubiese evitado la deriva independentista, fue anulado de palabra y obra por el Tribunal Constitucional.

El gobierno de Rodríguez Zapatero y Melilla

El 31 de enero de 2006, tras 25 años de ausencia, un Presidente del Gobierno de España aparecía por segunda vez en Melilla y Ceuta. La visita, que pretendía normalizar las estancias de los presidentes del gobierno español en ambas ciudades, obtuvo la correspondiente y sempiterna queja del Gobierno de Rabat. El Presidente Rodríguez Zapatero dio un paso más, y en noviembre de 2007 autorizó el viaje de los Reyes de España a las ciudades españolas del norte de África, lo que supuso una primera retirada del Embajador de Marruecos en Madrid. En esos años del gobierno socialista, se produjeron los asaltos y saltos a la valla más numerosos hasta esa fecha, llegando en alguna ocasión a superar los 1000.

Aunque hoy, en su comparecencia ante la prensa hay querido quitar hierro a la conflictividad con el el vecino Alauí, la hemeroteca nos dice que la presión marroquí fue constante e intensa en esos años. Aún así, es muy bienvenida la presencia del 5º Presidente de la Democracia Española, en una jornada histórica, la de la apertura de la frontera hispano-marroquí, tras dos años, dos meses y un día de cierre.

Sin embargo, la principal medida que tomó el gobierno de Rodríguez Zapatero fue la de dar vía libre y presupuestar en 2006, el inicio de las obras del nuevo Hospital Universitario de Melilla, y que fue paralizado por el gobierno de Mariano Rajoy, en una de las primeras medidas de austeridad, tomadas tras su acceso al gobierno en 2012.

Hoy hemos enlazado un historia que no pudimos contar, porque en 2006 el Alminar de Melilla no existía, aunque ya era. Hemos tenido una intuición, porque no hemos hablado con nadie, y creemos saber cómo se llamará el nuevo hospital, cuando concluya la obra civil y se le asigne nombre. Una jornada histórica. Hoy también, se rindió Mariupol.

Frontera abierta


Dos años, dos meses y un día

Como una condena larga, en la que no ha habido el más mínimo resquicio para el tránsito. Marruecos cerró sus fronteras con España, en la ciudades de Ceuta y de Melilla, el 14 de marzo de 2020, comunicándolo con apenas unas horas de antelación, y dejó atrapados en la ciudad a varios miles de ciudadanos marroquíes, sin posibilidad de reacción. Nadie esperaba una medida tan contundente y sin alternativas. Entre los que se reintegraron a su territorio, y los que siguieron residiendo en Melilla, puede estimarse en unos 5000, los ciudadanos marroquíes residentes fuera de cualquier legalidad vigente.

Fue una medida profiláctica, pero no solo por la pandemia, que felizmente ahora acaba. La prisa por pasar a Marruecos se detectaba a las 20h 00 del día 16 de mayo, cuatro horas antes de que el paso fronterizo de Beni-Enzar abra por primera vez en 26 meses. Hace un mes se produjeron manifestaciones en la zona española de la frontera exigiendo su apertura. No tenían en cuenta que estando cerrado el lado marroquí, daba igual en qué situación se encuentre la zona española.

El primer Tratado de Paz y Comercio entre España y Marruecos se firmó un 28 de mayo de 1767. En todos se establecía que jamás debían interrumpirse esas relaciones, ni siquiera en épocas de Guerra. El cierre de la Aduana en 2019, supuso el fin de dos siglos y medio de relaciones comerciales. El de marzo de 2020, el cese de las relaciones familiares y sociales entre España y Marruecos, en las ciudades de Ceuta y Melilla. Ahora sabemos que la copia de esas llaves descansaban en algún lugar de la costa del Sáhara.

Hacia el otro lado no ha pasado nadie, pero desde el más allá fronterizo ha entrado todo el que ha podido, en dos oleadas de inmigración nunca vista, los 10.000 de Ceuta (18/05/2021), atentos a la coincidencia de la efeméride, y los 1000 del pasado mes de marzo en Melilla. La coincidencia y continuidad de saltos masivos, llevó al Gobierno de Pedro Sánchez a jugar la baza de la Autonomía del Sáhara, pero dentro del Reino de Marruecos, condición exigida por la Monarquía Alauí para el restablecimiento de relaciones entre ambos países.

De momento solo se ha decidido la apertura de los pasos fronterizos de Ceuta y Melilla (uno en cada ciudad), para personas y bajo condiciones muy estrictas de documentación. Es solo el primer paso, una efeméride que El Alminar de Melilla debía reflejar.