Todo el Gobierno de Melilla lee El Alminar, aunque ninguno puede reconocerlo individualmente. Quizá lo hagan en secreto, a escondidas del compañero de bancada, girando lo justo el Iphone o el Ipad, para no ser descubiertos. Quizá lo hagan con la sana intención de descubir cosas nuevas, o simplemente por decir : «A ver que dice hoy este m…». Alguno puede que hasta tome ideas y se apresure a hacer alguna reparación sugerida por El Alminar, o incluso puede que hasta suspire aliviado porque todavía no nos hayamos fijado en su Consejería. Todo es posible.
Sabemos que nos leen todos por las caras con que nos saludan, aunque las más de las veces sabemos que nos leen por como no nos saludan. Es más numeroso este último grupo. Es curioso ver como gentes con las que hemos crecido y nos hemos desarrollado, dejan de saludar, perdiendo cualquier atisbo o resto de «educación para la ciudadanía», simplemte por el hecho de criticar una gestión deficiente y poco atenta con el ciudadano. Tenemos el derecho y el deber a exigir otras cosas, aunque ellos prefieran las hojas parroquiales, previamente pagadas, compradas y amordazadas.
En El Alminar de Melilla no criticamos sin dar o aportar una solución, sin sugerir una alternativa. Somos más baratos que cualquier «asesor», aunque tampoco «vivimos de Ave Marías». Lo que quiere decir, que no desdeñaríamos «publicidad Institucional» o cualquier donación u óbolo, para mejora de equipo informático y de comunicaciones, y así poder seguir cumpliendo con el derecho constitucional a: La libertad de expresión, a la transmisión de ideas y de información veraz, Artículo 20.1
La prueba de nuestra eficacia es que vemos las repercusiones de nuestros trabajos, de nuestras denuncias, como esta de la «terraza del garaje Estrada». Apenas pasados tres días desde la última denuncia sobre el lamentable estado de ese solar, hemos podido comprobar que han acometido una limpieza a fondo. No nos lo podíamos creer, pero aquí están las fotos. También ha procedido a reparar la torreta del parque infantil que amenazaba ruina. Todo un éxito que nos congratula, que significa que somos útiles y que nos leen. No es otra nuestra pretensión.
El halago es el arma del diablo. Con la adulación permanente se disuelve cualquier intención o ánimo , por muy rectos que estos sean. Solo el ejercicio de la crítica, evita caer en la autocomplacencia y en la molicie. En El Alminar ya hemos tomado nota, y lo seguiremos haciendo, de todo lo que ha sucedido y sucede.
Notas: (1) https://elalminardemelilla.com/2012/01/29/la-terraza-del-garaje-estrada/, (2) https://elalminardemelilla.com/2012/01/11/la-torre-herida-por-el-rayo/






