11 de marzo, atentados en los trenes de Madrid


Un atentado terrorista checheno en un vagón del Metro de Moscú, llevado a cabo el 6 de febrero de 2004, causó 40 muertos y más de 100 heridos. Solo ese dato hubiese sido suficiente para dirigir las sospechas de los atentados de Madrid, en una dirección distinta a la del atentado terroristas de ETA, que por aquel entonces todavía seguía asolando a la sociedad española y condicionando la actividad política. ¿Por qué? Pues porque una organización o banda terrorista tiene una firma propia, un sello, al igual que los perfiles de «asesinos en serie». Sin descartar nada, las sospechas deberían haberse dirigido hacia una hipótesis de autoría islamista pura, sin colaboraciones o interacciones de ningún tipo. A lo largo de ese día, la intervención de Arnaldo Otegui, por entonces en el organigrama de la organización terrorista, dejó claro que descartaban cualquier implicación, aunque solo fuese en modo de colaboración. «Ni son sus métodos, ni sus fines«, fueron sus palabras y él sabia lo que decía y porqué.

¿Por qué se mantuvo el gobierno de José María Aznar en la hipótesis falsa? Un gobierno es la entidad mejor informada de un país.  Pasado el estado de shock, por la magnitud del atentado,  el gobierno debería haber reaccionado el día 12, y no dar lugar a la frase lapidaria de Rubalcaba: «España merece un gobierno que no les mienta». La realidad es que ningún gobierno debería mentir, en ninguna circunstancia.

Sobre el 11-M hemos leído todo: Lo bueno, lo falso y lo malo, como en el libro de Martín Gadner. Lo falso es lo que todavía intenta apuntalar la versión errada de la coautoría de ETA y de algunos sectores del Estado profundo,  para provocar un vuelco electoral, que sí se produjo,  fue por la actitud enrocada de un gobierno totalmente desbordado. Se contó en su día la anécdota,  no se sabe si cierta o aproximada, de Mariano Rajoy abriendo la puerta de Aznar en la calle Génova: «Tú y tus guerras», dicen que dijo, o al menos eso fue lo publicado. La realidad dice también, que en la reivindicación del atentado que realizó Al Qaeda, no mencionó en ningún momento al posicionamiento de España en la 2ª guerra de Iraq (2001). José Mª Aznar jugó a ser «señor de la guerra sin serlo«, y quedó políticamente condenado por un atentado espantoso en Madrid, una ciudad sacudida permanentemente por ETA. Hasta Tony Blair, ex primer ministro del Reino Unido pidió perdón por la foto de Las Azores, y por secundar una guerra con información falsa. Saddam Hussein era lo que era, y el mundo no ha sido mejor desde entonces, y a la vista están los hechos.

¿Por qué esa irreductibilidad en no reconocer un error tan manifiesto? Es incomprensible y la política española está lastrada y crispada desde entonces. El presidente Aznar rompió una tradición de un siglo, la del no alineamiento de España en conflictos internacionales, iniciada con Alfonso XIII. En ese sentido, guste a unos y no a otros, el actual gobierno de Pedro Sánchez, da continuidad a esa tradición de neutralidad de la política española, que Franco no cumplió, porque sí se alineó con el EJE, y envió tropas a la campaña contra Rusia. Esto son hechos históricos, independientemente del posicionamiento de cada uno. Esto es una guerra de Estados Unidos e Israel, frente a un Estado teócrata y homicida como es el de Irán, pero son los intereses de ellos, y los motivos no están expuestos.

Terrores y terrorismos en el 11 de marzo

El mundo en el año 2000 estaba sin reglar, ni vigilar. El acceso a teléfonos móviles y tarjetas prepago era ilimitado. España seguía luchando contra los zarpazos mortales de ETA, por eso el terrorismo islamista extendía sus tentáculos sin apenas control. Amer Azizi, ya era un nombre consolidado en los círculos terroristas de Al Qaeda en esa fecha. Fernando Reinares es uno de los autores que incluimos en la etiqueta de «lo verdadero», dentro de las investigaciones sobre los atentados de Madrid. Solo ponemos objeciones al título de su último libro: 11-M, pudo evitarse. No se pudo evitar ese atentado, como tampoco se pudo evitar el del 11 de septiembre en Nueva York en 2001. Como tampoco el muy posterior de la sala Bataclán en París, el 13 de noviembre de 2015. Francia y Estados Unidos son naciones mucho más solidas y de tradición democrática más consolidada que España, y no evitaron nada. A posteriori los indicios parecen mucho más evidentes.

El reencuentro de un libro, del grupo de lo malo, titulado A Tumba Abierta, de Fernando Múgica, motiva este artículo, que pretende ser aclaratorio. Se trata de una conversación con Javier Lavandera, uno de esos personajes al que el análisis marxista integraría dentro del concepto de Lumpen. El otro sería Jesús Tashorras, el vendedor de la dinamita. En ese año 2000 y posteriores, el desorden reinaba en las minas asturianas. En palabras de Lavandera: «Gijón era un mundo podrido». La dinamita se distraía con destino a sabe dios que fines. Todo eso lo captaron los organizadores de la trama islamista de Azizi y prepararon su atentado, con años de antelación. Probablemente, esto es suposición, decían que necesitaban la dinamita para ETA, pera encubrir sus verdaderos fines, o quizá ni siquiera eso sea creíble. Cuando se va a hacer algo así, no se da pista ninguna, ni falsa, ni por mucho menos verdadera.

El gobierno de Aznar entró en convulsión y no supo explicar nada. Del error inicial se pasó al sostenimiento de la mentira, y aún siguen, y eso fue lo que soliviantó a la gente, que provocó el vuelco electoral. Luego hubo otras cosas, pero la principal es esa. La verdad está ahí, aunque asociaciones, grupos y personas, busquen todavía la suya. El otro error, que se sigue cometiendo, es buscar relación entre las acciones terroristas y su atentados, y alguna causa original que lo justifique. Eso no existe. Es una ecuación falsa. Ningún grupo terrorista, ninguna guerrilla revolucionaria, ha mejorado nunca nada con su existencia y «luchas armadas».

Todo eso surge del erróneo concepto anarquista de que el problema es el Estado, y que hay que combatirlo con la violencia. Al Estado nunca se le derroca o derriba con violencia, todo lo más, se le conduce hacia algo peor. En los casos de las revoluciones triunfantes, esto es más evidente aún. El Estado de los Soviets, que fue fuente y modelo de inspiración para el mundo entero durante un siglo, fue infinitamente peor que la Rusia de los Zares. El paradigma del mal será siempre el nazismo. Han pasado 24 años, la herida política sigue abierta. Las 193 víctimas quedaron allí para siempre. Lo seguimos leyendo todo, pero nunca daremos cabida a lo falso.

Nota: Atentados de Madrid, 15º aniversario | El Alminar de Melilla

Acostúmbrate a sufrir con paciencia las contrariedades, a escuchar en silencio lo que desagrada, a estar sosegado entre los turbulentos y a permanecer tranquilo entre el estrépito del mundo.

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