Un parque infantil en desuso


                 El parque infantil del Puerto Deportivo

           Una tarde cualquiera de Melilla. Todos los parques infantiles están abarrotados de niños menos éste, el que debía y debe mantener la riquísima Autoridad Portuaria de Melilla. Varias cosas han colaborado a este grado de abandono y desuso. Durante la mañana y hasta bien pasado el mediodía, el parque es un infierno solar. No se puede estar allí más de 1/2 hora sin correr el riesgo de insolación y por la tarde es demasiado umbrío, lo que no estaría mal, sino fuera porque justo a escaso metros han permitido la instalación de un local de «copas y karaoke» que tiene las puertas abiertas, y la música muy por encima de los decibelios admitidos por las ordenanzas contra el ruido de cualquier ciudad de España, excepto Melilla. Estar allí con el ensordecedor ruido de la música y el vocerío de los cantantes y de los usuarios es un ejercicio imposible.

            Que jueguen niños justo al lado de un lugar en donde se consume alcohol no es una simbiósis recomendable. Además, el local de comida «mejicana» que estuvo situado en las inmediaciones y en donde se celebraban cumpleaños y fiestas infantiles, ha cerrado o se ha trasladado de lugar, imagino que la causa ha sido la alteración del ambiente infantil provocado por la instalación del «karaoke».

           Por si estas no fueran razones suficientes para el abandono de este parque, «una  lumbrera» tuvo la genial idea de sustituir la valla de madera que separa la zona de los columpios, por este murallón de piedra pura y dura, con lo que el riesgo de que los niños acaben escalabrados se ha multiplicado. Y como puntilla a todo lo anterior, está el pésimo mantenimiento, que ya es un mal endémico en la ciudad.

¿ En situación de derrumbe inminente ?


              La antigua Casa de Oficios

        La Casa de Oficios de Melilla ya hace mucho que no existe, solo queda el solar, sus antiguos muros y unos pocos recuerdos. Estaba situada en las confluencias de las calles Villegas y Querol, haciendo medianería con la sede de Las Consejerías de Juventud, Educación y Mujer y tambien de las Escuelas Municipales de Música y Danza.       Es una zona muy transitada, por las mañanas por todo tipo de personas y por la tarde, sobre todo, por los niños y niñas de Melilla que acuden a sus clases musicales y de baile.

            El estado de los muros es de absoluta ruina y peligro inminente de derrumbe, sin embargo, nadie parece advertirlo, nadie de los que están encargados de esas cosas, parece haber emitido el más mínimo informe sobre la peligrosidad del estado de esos muros, que se están desplomando y como se puede comprobar en la foto, uno de ellos tiene ya perdida la verticalidad y no es un efecto óptico.

           En esa zona hay que intervenir ya, desde el mismo momento de la publicación de estas fotos, porque un día, pueden derrumbarse, ocurrir una desgracia y no se podrá culpar a la oposición o al recurso de CpM sobre el resultado de las elecciones, por no haber dejado formar el nuevo gobierno.

        El problema es porqué los encargados y legalmente habilitados para evitar que las cosas lleguen  a este estado, no intervinen, ni se dan cuenta de la situación tan peligrosa de estos muros.    Probablemente siguen viviendo en su mundo idílico, que luego el ciudadano no ve ni percibe por lado alguno.

Atrapados sin salida en El Real


              El tormento de las obras sin la planificación debida, lo sufrieron en el Monte de La Libertad, en el Bº de La Victoria y ahora le ha tocado el turno al Bº del Real. No parece que haya un planificación demasiado cuidadosa, pues en la calle Jiménez e Iglesias se había pintado completamente la señalización vial hacía poco tiempo, con  lo que al realizar una obra tan devastadora, se arruina el trabajo anterior y se dilapida el dinero invertido en la señalización.

            Hay otro problema y es que se cierran las calles sin una advertencia previa a los vecinos o como mucho se avisa con un día de antelación. Este tipo de obras se debería planificar más e insertar en los parabrisas de los coches o en los buzones de los vecinos, hojas informativas con información de las obras, un plazo aproximado de su ejecución y un mínimo calendario de previsiones y calles, así como itinerarios alternativos. Se editan miles de folletos inútiles y cuando es necesario, no se hace.

       El lunes día 23 de mayo y sin aviso de ningún tipo se cerró la salida del barrio en la zona del Mercado y para colmo estaba cortado un tramo de la calle Gral Villalba y el sentido ascendente de Jiménez e Iglesias, con lo que los atascos para salir del barrio fueron espectaculares. Salir del barrio era tan dificultoso como encontrar la salida en el laberinto del Minotauro.

          Se debería respetar un poco más al ciudadano y evitarle el mayor número de molestias posibles. Si la circulación ya es difícil en Melilla, esta escasa planificación la convierte en un infierno. El resultado final es la peor condición posible del pavimento en toda la ciudad.

El alcorque del Ayuntamiento


 

             Cuando se anda se debe mirar de vez en cuando al suelo, primero para no pisar nada inconveniente y molesto, segundo para seguir en contacto con la realidad. El suelo es lo que se pisa de modo constante, no hay modo de despegarse de él, y ayuda a evitar caer en la autocomplacencia. El suelo de una ciudad dice mucho de ella y también del tipo de gestión realizada por los ediles municipales. Estos son los alcorques del Ayuntamiento, la verdad es que el suelo de entrada a nuestro, que no el de ellos, Palacio Municipal, está en un estado penoso, totalmente deteriorado. Los alcorques están especialmente degradados, todos, y con esa fea losa que le colocaron para tapar la tierra y que además, están resquebrajadas.

            Esto está a sólo 5 metros de ellos. La verdad es que una gestión así no es admisible. Mañana vamos a reflexionar sobre todo esto, sobre las cosas que hemos visto, no sobre las que hemos leído.

El tejado de la plaza de toros


   Melilla no es una ciudad tan grande. Es verdad que es una ciudad un tanto complicada y peculiar, pero no sería tan difícil de gestionar si se hiciese bien. Una ciudad permanentemente en obras es una ciudad en permanente negocio, una ciudad que nunca acaba de ofrecer un resultado óptimo. Es la cultura del parcheo, del ir tirando por la propia inercia administrativa, pero sin tener nada acabado.    Eso sí, de utiliza una partida presupuestaria tras otra para enfoscar, repellar, tapar agujeros, pero así nunca se ofrece un resultado completo y redondo.

          La sensación general que ofrece  la ciudad es de decepción. No hay una sola calle o zona que acabe de estar bien. Se mire por donde se mire, siempre hay un defecto, algo a punto de derrumbarse, o alguna cosa que no acaba de estar completa. Y si se piensa que se dispone de 250 millones de euros al año de presupuesto, entonces el asunto es mucho más grave. El trabajar dos,  tres o más veces sobre la misma zona, no sólo da la sensación de que no está acabada nunca, sino que supones un constante mal gasto del dinero público.

La otra cara de una gestión.


    Cuando el 80% del presupuesto se destina a gastos corrientes, pagos de personal y coste del Gobierno local, quiere decir que sólo hay dinero para un mantenimiento mínimo, diría que el imprescindible para que la ciudad no se desmorone. El derroche se lo lleva todo y dinero que sería muy necesario para el mantenimiento de La Ciudad, se pierde en gastos suntuarios. Melilla tendrá 3 pabellones de deportes, dos palacios de congresos, pero solo una piscina municipal para 70.000 habitantes. Las obra están descordinadas, los barrios periféricos dan pena y el centro de la ciudad conviven a la vez la excelencia con la ruina pura y dura. La propaganda repite día a día los proyectos de una ciudad virtual, porque estan imágenes son todas del centro de Melilla y si esto está así, que es el escaparate, es que sencillamente la gestión ha fracasado. Y nunca habrá tanto dinero como ha habido en esta última década y se va a lamentar y mucho, la acción de este Gobierno Autonómico. Son cuatro ejemplos de mil posibles y sólo en la zona de escaparate turístico.

Garita del baluarte de San José


               La garita de San José bajo

  El baluarte de San José bajo se ve desde la plaza de Las Culturas y se accede al mismo desde la plaza de Armas, justo en donde han situado un «cutre chiringuito». Fue una reforma/desfiguración de esa bonita plaza muy controvertida en su època, además de muy onerosa. Por ello siempre critiqué la equivocada iniciativa de instalar allí un chiriguito. Además, en el lugar no hay aseos públicos. Solo durante las horas en que permanece abierto el kiosco se abren los aseos de la escuela taller de cantería. Pero claro, si están cerrados, porque no hay vigilancia, y uno de nuestros turistas tiene un apretón fisiológico, no tiene más remedio que recurrir a lo que tenga más a mano y pueda preservar su intimidad en el momento de «la evacuación» y el único recurso es la garita de San José bajo.

       Cuando se gobierna sólo con titulares de prensa y no hay el más mínimo mantenimiento una vez cortada la cinta de inauguración, ocurren estas cosas. La foto es de hoy 15/05/2011.