Al Ándalus, de la Invasión a la Reconquista


Parte del mundo académico arabista, el histórico, el político, y el pueblo llano al que todo llega finalmente, andan envueltos en una extraña polémica sobre si existió invasión y conquista musulmana de la península Ibérica en 711 (que es un hecho), y si existió la «reconquista» como tal (que también lo es). El problema radica que es un periodo histórico larguísimo, ocho siglos, con diferentes etapas bien definidas, pero que originaron un mosaico de realidades diferentes. El otro problema es que los hechos son muy anteriores a los términos que hoy debatimos. Nadie llamaba en el siglo VIII musulmanes a los sarracenos, término que sí aparece en la Crónica Mozárabe (CM), escrita en 754, pero sí llama «invasión» a la invasión. La CM describe conquistas muy violentas de algunas ciudades, que sirvieron para atemorizar al resto de ciudades de «Spanie«, a la que denomina con este nombre en la Crónica, que resulta un escollo difícil de sortear para los «neoandalusíes» y sus pretensiones

Quienes se enfrentaron a la invasión o quienes la llevaron a cabo, quienes resistieron, no estaban preocupados por recordar las cosas para poder narrarlas posteriormente. No tenían distancia ni perspectiva sobre la nueva etapa que se iniciaba, y que ni siquiera sabían que lo era

De Covadonga al Emirato

En el primer medio siglo tras la invasión de 711, las tribus o distintos grupos de los nuevos pobladores se fueron asentando en diferentes localizaciones geográficas, bien con resistencia o sin ella. El Estado Andalusí lo organizará Abderramán I en 756 y le dará 3 siglos de existencia. De no haber surgido su figura, la evolución de la invasión hubiese resultado totalmente distinta. En un momento indeterminado de esos 40 años, se produce la escaramuza, batalla o confrontación de Covadonga, en pleno centro del territorio Asturleonés. El triunfo de los indígenas astures, ayudados por mozárabes huidos tras la derrota de Rodrigo en La Janda, será ensalzado por unos y minimizado por otros, pero resultará decisivo a la postre. Las crónicas árabes posteriores denigrarán el episodio, calificando a Pelayo y sus resistentes como «asnos salvajes«. La fuerza invasora derrotada debía ser solamente una tropa expedicionaria, pero esa agresividad descriptiva le da visos de verosimilitud histórica. En cualquier caso, no pueden trazarse líneas de continuidad histórica con nada. Emilio González Ferrín, en su Historia General de Al Ándalus arremete duramente contra la Crónica y contra Covadonga, que sí parece reflejar el hecho: «Atacando con su ejército los lugares imprescindibles, vuelve a su patria (Córdoba) por lugares inciertos, habiendo perdido muchos guerreros, teniendo que reconocer el poder de Dios a quienes habían pedido misericordia los pocos cristianos que habitaban las cumbres». Ningún invasor debe dejar una sola zona sin conquistar, o lo acabará pagando, aunque sea 8 siglos después.

Lo que sigue, y simplificando mucho, es un dominio total de lterritorio conquistado, de Norte a Sur y de Este a Oeste, salvo el Norte. Jalonado eso sí, por constantes revueltas y luchas internas. Las líneas del Duero y Ebro, o Marcas Altas, se mantendrán estables durante siglos. Quien fuese Pelayo murió sin saber que iniciaba nada, y en el siglo y medio posterior a su muerte, no existió nada comparable a una «reconquista». La crónica anónima titulada Ajbar Machmuà, siglo XI, recoge ya la derrota en Asturias y el nombre de Pelayo y la data en la mitad del siglo VIII (750). Por tanto, es a la vez un hecho histórico y un mito, pero que resultará trascendente. Sobre todo porque creará un espacio en donde refugiarse, de las cosas que estaban ocurriendo al sur de la marca Media, del Tajo.

En su libro Mozárabes en el Origen de los Reinos Cristianos, Francisco de Borja García Duarte, documentará la idea de la emigración del Sur al Norte, como origen y fundamento de los reinos cristianos, cuando las cosas empezaron ponerse duras. Sin embargo, seguimos hablando de siglos, con lo que nadie que habitase aquellos tiempos, podía tener perspectiva alguna sobre lo que estaba sucediendo.

El ya Califato de Córdoba, no tenía rival ni freno posible pese a los ajustes de territorio, en el inicio del tercer siglo de dominación musulmana, aunque el término no sea todavía correcto. El Estado califal estaba plenamente asentado, pero sufrirán su primera gran derrota en la batalla conocida como Simancas-Alhandega en 939, según relata Margarita Torres Sevilla en Las Batallas Legendarias (2003). La situación estaba tan consolidad en ambos lados del Duero, que las derrotas o victorias no mermarán la capacidad de respuesta, ni de la Califal, ni de los Reinos del norte. Sin embargo, la marea ya estaba cambiando de sentido. Faltaba todavía siglo y medio para que las huestes cristianas llegasen a la que se constituirá como la gran frontera, la de Toledo, en el río Tajo en 1085, en pleno derrumbe de Las Taifas.

El último que atravesó el río Tajo, el Duero, llegando hasta la misma catedral de Santiago será Al Mansour, el victorioso, natural de Torrox, en 997. Almanzor arrasó el norte cristiano desde Santiago hasta Manresa. Sus aceifas eran una pesadilla que nadie consiguió detener en esos 30 años, ni en los 300 anteriores. Tras su muerte en Medinaceli en 1002, la suerte del Califato estaba echada. Hasta Las Navas de Tolosa quedaban todavía dos siglos, con derrotas durísimas para los Reinos del Norte. La primera se produce en Zalaca o Sagrajas en 1086, en las inmediaciones de Badajoz, frente a los Almorávides. La segunda tendrá como emplazamiento Alarcos, en 1195, frente a los Almohades. La vida y el país entero se jugaban en cada una de esas batallas, en una sola jornada. La fortuna y las disensiones en el campo musulmán, hicieron que esos dos derrotas se quedaran en esas localiades, y no arrastrasen a la península entera, aunque los Almorávides sitiaron Toledo tras su victoria de 1086, sin lograr reconquistarla.

Será en ese lugar y en ese momento (Toledo), que ya nadie volverá a rebasar, en donde la «reconquista» tome cuerpo y sentido, aunque en los conceptos y parámetros del siglo XI. Es prácticamente la mitad del periodo de la «Hispania musulmana», fecha intermedia entre la conquista de 711 y el final en Granada en 1492. A Sánchez Albornoz hay que leerlo, porque su gran acierto es nombrar su historia como España Musulmana, porque todo lo que sucede en la península Ibérica es hispano. Lo que que se da aquí no es comparable a ningún otro lado, sobre todo cuando Abderramán III proclama el califato y lo cierra a cualquier influencia e intromisión exterior. Una vez que desaparezca ya no existirá más. Es una etapa única en la historia del mundo, que solo es y pertenece a Hispania.

Marca Alta y Taifas

La resistencia existió siempre y Córdoba se dió cuenta e intentó quebrantarla una vez tras otra, pero las fronteras o «marcas» resultaron muy sólidas. Simancas (939) resultó importante porque por primera vez en dos siglos los ejércitos califales parecieron vencibles. El Reino Astur-Leonés llegó a la Marca Alta (Duero) al final del siglo X y ya no retrocedería más, con las ocupaciones o conquistas de León, Zamora y Toro. Un siglo después, estarán ya en la Marca Media, río Tajo en 1086. La situación en los Reinos de Aragón y Navarra, era totalmente distinta. Conquistarán Huesca en 1096, pero no llegarán hasta el río Ebro en Zaragoza hasta 1118, que conquistarán en el mes de diciembre, según cuenta María Jesús Viguera en Aragón Musulmán. Alfonso I de Aragón conquistará Zaragoza, pero será duramente derrotado por los almorávides en 1134, que habían recuperado Fraga en 1124.

Las Taifas eran todavía Al Ándalus, como cuenta la historiadora Viguera Molins. Los almorávides liquidarán todo resto andalusí tras su entrada en Hispania en julio de 1086, conquistando todas las taifas, que se opondrán duramente a ellos. En 1146 llegaron los almohades, pero ni unos ni otros eran ya hispanos, y los andalusíes lo sentirán así. Hasta Las Navas de Tolosa quedará todavía casi un siglo, y hasta el final completo de la presencia islámica en España, otros dos siglos y medio. Los últimos andalusíes serán y fueron, los nazaríes del Reino de Granada.

Las nuevas propuestas

Ochocientos años resulta ser una etapa histórica inmensa, que está bien segmentada en sus distintas etapas, pero ¿Cómo se denomina al hecho de la recuperación constante del territorio peninsular, desde el siglo X, si no se quiere usar la palabra reconquista? ¿Cuándo surge por primera vez la palabra reconquista? Si se pretende el fin de unos términos, deben proponerse otros que abarquen igualmente, ese periodo tan extenso. Invadieron unos, varias veces, conquistaron, mantuvieron, perdieron territorio y también reconquistaron, aunque menos. Los otros, resistieron durante siglos, sin opción. Fueron ocupando y conquistando territorio, perdiendo también en ocasiones, con el mismo objetivo que los hispanomusulmanes del sur, la dominación total. Sin la ayuda extranjera, el Sur musulmán no se hubiese mantenido tanto tiempo. Fue más determinante que la ayuda franca en el Norte.

La otra gran paradoja es que una parte significativa de la población hispano-romana aceptó la conversión (muladíes) al islam (aunque no existiese el término) cuando se les ofreció esa alternativa a partir de 711, a la de la sumisión mediante tributo, que les convertía en ciudadanos sin derechos (mozárabes). Cuando cambiaron las tornas en los territotorios «reconquistados» a partir del siglo XI, casi nadie aceptará la conversión al cristianismo (mudéjares), y preferirán la expulsión antes que la conversión.  Los nararíes eran musulmanes hispanos, esa fue su gran tragedia.

Otra bibliografía propia: Pedro Martínez Montávez, Europa Islámica. Memorias del último Rey Zirí de Granada, traducción de Emilio García Gómez. Mª Jesús Viguera Molíns, Los Reinos de Taifas. Sebastián Gaspariño, Historia de Al Ándalus según las Crónicas Medievales. Serafín Fanjul, La quimera de Al-Andalus y Al-Andalus contra España. Susana Calvo Capilla, Las mezquitas de Al Ándalus. Rafael Sánchez Saus, Al Ándalus y la Cruz. Luz Gómez García, Diccionario de islam e islamismo. Claudio Sánchez Albornoz, La formación del Reino de Asturias.

Conquista de Hispania, conquista de Al Ándalus (711-1492)


Enrique Delgado

La nueva ideologización del mundo recarga debates de solución imposible, dada la enorme distancia del momento en que se produjeron y también, al tratarse de un periodo de tiempo tan largo, superior al de la dominación romana, hay que secuenciarlo para poderlo entender en su enorme dimensión. Claudio Sánchez Albornoz, Mª Jesús Vigueras, Manuel Aznar, Emilio González Ferrín, Serafín Fanjul, Pedro Martínez Montávez, Emilio García Gómez, Carmen Ruíz Bravo-Villas ante, Rafael Sánchez Saus, son entre muchos, historiadores y arabistas que se han ocupado del estudio e interpretación, de la historia de «la España musulmana», o de Al- Ándalus, y que hemos leído y consultado. Como la historia está también ideologizada, los historiadores marcan tendencias o líneas de interpretación, a veces muy enfrentadas entre sí.

Tanto daño hacen a la verdadera historia las simplificaciones de VOX y la leyenda de Pelayo, como los bulos de la exministra Mª Antonia Trujillo, acerca de Ceuta y Melilla. No es que no existiese don Pelayo, o que no se sucediese «la escaramuza bélica» de Covadonga, en pleno centro de Asturias, solo que en una realidad muy distinta a la interpretación creada a posteriori. Del mismo modo, ni Ceuta ni Melilla han estado vinculadas nunca a Marruecos, aunque estén en territorio norteafricano.

Pelayo, el noble godo huido hacia el norte tras la conquista de Córdoba por la invasión norteafricana, murió sin conocer que había iniciado la reconquista, ni dado origen a un Estado que tomaría forma en 1492. En realidad, entre el año 711 y el 856, en el que Ordoño I ocupó la abandonada ciudad de León, los resistentes del norte no habían puesto un pie fuera de sus montañas. El nuevo poder del Sur, que ya era musulmán y emiral desde el 756, no encontraría oposición alguna en siglo y medio, salvo escaramuzas y conflictos fronterizos, algunas rebeliones, conspiraciones, revueltas internas y guerras civiles, como la de Bobastro, en 928.

711, ni árabe, ni islámica: Norteafricana

La aportación del historiador y arabista Emilio González Ferrín, en su Historia General de Al Ándalus, es tan sorprendente como novedosa. El norte de África, que todavía seguía siendo conocido como Mauritania, estaba compuesto por una amalgama de pueblos, autóctonos o bereberes en su mayor parte, a los que se habrían unido los judíos de la diáspora, pueblos procedentes de las invasiones bárbaras, como los alanos, y los restos de los pobladores de los diversos imperios dominantes, como romanos y bizantinos. En 711, los invasores o migrantes, que cayeron sobre la península ibérica y acabaron con el Reino Visigodo, en total descomposición, no eran ni árabes, ni islámicos, porque ni la religión ni el idioma, habían llegado hasta sus filas. Los ocupantes de Hispania hablaban probablemente latín y griego como lengua común, lo que habría facilitado la comunicación y asentamiento en las ciudades hispanas. Esto refuta en principio, la tesis de la gran inmersión cultural, religiosa y lingüística, defendida siempre por Serafín Fanjul, en su libro Al Ándalus contra España. Pero esto solo explica el primer medio siglo, porque el árabe y lo islámico, sí llegarían con Abderramán I y el Emirato de Córdoba, y culminarían con la islamización completa de todos los territorios, bajo el emirato de Abderramán II (822-852), cuando la «reconquista» no ha dado señales de aparición todavía. Es más, esa fue la época más esplendorosa de Al Ándalus.

También parece claro que la expedición exploratoria, y la participación en la contienda civil visigoda, tenía una doble cabeza rectora: el yemení Muza Ibn Nusair, y Tariq Ibn Ziyab, tenía unos límites establecidos por el Califato de Bagdad. ¿Por qué se convirtió en una conquista plena, con dos expediciones ordenadas por Nusair entre 711 y 712? Probablemente fueron las circunstancias, y el entendimiento verbal, entre las ciudades hispano-visigodas con los nuevos dominadores, pero no todas. En algunas, como Mérida, la rendición solo se consiguió tras meses de lucha. Aun así, no hay explicación suficiente para que en 718 esté dominada casi toda la Hispania visigoda, y que el último encontronazo bélico sea el de Covadonga, en 722. La Crónica Mozárabe, de 754, sí habla de árabes, sarracenos y mauros (bereberes), como elementos distintivos entre los conquistadores. La tesis de invasión y conquista tampoco queda refutada del todo, pese a que Ferrín afirme que «seremos la última generación que llame conquista a lo sucedido en 711», fuese lo que fuese. Tras la batalla de la laguna de La Janda, en donde desaparece el ejército visigodo de Rodrigo, se abre una continuidad muy diversa, en la historia de Hispania, y que en aquel momento no había tomado forma.

La cuestión del Norte y los mozárabes

Conforme un poder se asienta, comienza a defenderse, a volverse más intolerante, y ya solo se ocupa de su supervivencia y perdurabilidad. La creación del Emirato de Córdoba, luego califato, empiezan a generar una emigración hacia el Norte, en «los territorios no sometidos». Se va yendo la población arabizada culturalmente (mozárabes), pero no islamizada (muladíes), que permanecían como población de 2ª categoría, y en algún momento también la judía. Todos van repoblando las tierras del Norte, y llevando su cultura, conocimientos y lengua; lo que irá homogeneizando su identidad, muy diversa hasta ese momento. Al final, el desdén de las crónicas musulmanas hacia «Pelayo y su grupo de asnos«, resultará ser el mayor error estratégico de los conquistadores norteafricanos, entre otras cosas, porque no tenían conciencia de serlo. No podían saber que hasta el año 900, lo conquistado en 711, permanecería en sus mismas dimensiones territoriales, con muy pocas alteraciones. El Duero y el Ebro constituyeron las fronteras entre el Norte y el Sur, a lo largo de casi 4 siglos. La repoblación se irá asentando sobre las zonas que permanecieron sin habitar, al norte del Duero y hasta la cadena del macizo cantábrico y sus intricados valles y orografía.

El desplazamiento de las tropas de Tariq y Muza, que se dividen tras Guadalete para reencontrarse en Toledo en 712, sugiere una estrategia plena de conquista, que fueron variando, dada la facilidad de la misma. Hasta el año mil, las aceifas musulmanas y las expediciones cristianas, rebasarán constantemente las fronteras establecidas, hasta el mismo norte, Santiago en 998 (Almanzor), o Almería en 1147 (Alfonso VII).

En el año 1002, el de la muerte de Almanzor, el gran Visir de Al Ándalus, tanto los reinos del norte, como los del Sur, son reinos de población hispana, pero de religiones diferentes. Las interferencias, relaciones comerciales, familiares, bélicas, a uno y otro lado de las marcas altas, son tantas, que resulta imposible enumerarlas. Nadie lamentó la caída de los visigodos, y las crónicas posteriores sugieren que la población hispanorromana no vivió peor o más sometida que durante la dominación visigoda. Todo cambió, eso sí, con la desaparición del Califato, tras la muerte de Hisham II, el último califa, en 1031. En ese año sucumbe la unidad de Al Ándalus, surgen la Taifas que aguantarán relativamente bien, hasta la llegada en 1086, de los imperios extranjeros (almorávides y almohades), muy fanatizados y que activaron, lo que ya sí puede ser denominado como reconquista.

En 1085 Alfonso VI de León llega a Toledo, al río Tajo, que ya nunca volverán a rebasar los musulmanes hispanos. En 1086, este mismo rey es derrotado en Zalaca, en las inmediaciones de Badajoz, frente a un ejército almorávide en expedición temporal, comandado por Yúsuf ibn Tasufín. De no haber sido porque la repentina muerte de su heredero le hizo regresar a su reino, esta derrota podría haber salido muy cara para la incipiente «reconquista» del territorio de Al Ándalus. Casi 400 años fueron necesarios para volver al río Tajo, y habrían de pasar casi dos siglos más, para poder volver a pisar el Guadalquivir.

La enormidad de la expedición de conquista de Muza y Tariq en 711, solo tendrá equivalencia en la del Reino Nazarí de Granada, conquistado en tan solo 10 años, por los Reyes Católicos, en 1492. Entre un suceso y otro habrían de pasar 781 años. En ambos lados de Hispania, el azar y la mano del destino, también jugaron sus bazas.

Si la desorientada exministra Trujillo pretende homogeneizar la influencia marroquí en Al-Ándalus, considerando como tales a almorávides y almohades, habrá que decirle que esta se limitó a 162 años, quedando finiquitados como tales, con la conquista de Sevilla en 1248, año en el que puede considerarse culminada la fase más amplia de la reconquista. El Reino Nazarí de Granada sobrevivirá encerrado en sus límites geográficos casi 250 años, y opondrá una resistencia de tan solo una década. Al final todo acabó con la misma celeridad que empezó.

Turégano califal


 

Enrique Delgado

                  Turégano  es una villa segoviana situada en el centro de la provincia, apenas a 50 kilómetros del río Duero, la gran frontera durante dos siglos entre musulmanes y cristianos. Su emplazamiento no pasó desapercibido ni a romanos, ni a los árabes musulmanes. La colina que alberga el castillo, uno de los más bellos de la provincia, domina todos los accesos a la villa desde los cuatro puntos cardinales, lo que convertía el enclave de Turégano en un lugar ideal para vigilar el norte, e impedir los avances hacia el sur.

              Sorprenden muchas cosas en esta pequeña localidad de casi un millar de habitantes, de imprescindible visita. La más, es que haya conservado el perímetro, tres torreones y parte de los lienzos de las potentes murallas califales, erigidas hace más de mil años, probablemente por el califa Alhaken II en 964, cuando reconquistó parte de la provincia de Segovia.

                      La línea del Duero fue un frente inestable del que no hay demasiados datos, salvo en sus principales poblaciones, lugares y batallas míticas. A lo largo del tiempo muchas zonas pasaban de unas manos a otras en una alternancia casi pactada. Ocupados musulmanes y cristianos en mantener los territorios, conquistar otros nuevos, o recuperar los terrenos perdidos, casi nadie se dedicó a ejercer la labor de cronista.

                      Así pues, lo que alberga Turégano casi en silencio, no es un castro árabe, sino los restos de una potente alcazaba califal, casi con toda probabilidad del siglo X. Estas tierras fueron objeto de disputa entre el mítico conde castellano Fernán González, y uno de los últimos califas de Al-Andalus. Es muy probable que el inmortal gran visir andalusí Muhammad ibn Abí Amir Al-Mansour, utilizara como base esta alcazaba en sus aceifas anuales hacia el norte cristiano, y que solo acabaron tras su muerte en Medinacelli en 1002.

                   La villa de Turégano entra definitivamente en la historia cristiana en el año 1123, cuando la Reina doña Urraca y su hijo Alfonso VII, otorgaron el señorío de la villa al obispo Pedro de Agén, cuando ya quedó asegurado casi todo el territorio comprendido entre los ríos Duero y Tajo, tras la conquista de Toledo en 1085. Fueron necesarios casi dos siglos para hacer retroceder la frontera  de un río al otro. ¿Qué pasó en todo ese tiempo intermedio?. Es difícil de saber por apenas quedó constancia documental o física de un pasado, que quedó sumergido en la noche de los siglos.

                   Es sorprendente la preservación de estos torreones, que conservan todavía el paso interior de ronda, con arco ojival, muy similares a los que pueden verse en uno de los torreones de las murallas califales de Ceuta. Algunos de los elementos apuntan a una posterior reutilización cristiana del enclave, hasta la definitiva construcción del castillo de Turégano, en su forma y presencia actual. Está claro que la reutilización, e incluso la incorporación de algunos muros a las definitivas construcciones cristianas, explican la presencia de estos muros y torres, más de 1000 años después de su construcción.

                                              Turégano, la villa cristiana

                     En la iglesia de Santiago, en el ábside, se conserva el más espléndido Pantocrátor realizado en piedra de todo el arte románico español. Victoriano Borreguero en el cronista de la villa de Turágano, uno de cuyos libros «Piedras con alma», nos ha servido de guía para elaborar el presente artículo. Turégano tiene muchas cosas que ver, que descubrir y que contar, a través o desde sus piedras monumentales, que siempre hablan a quien quiera escucharlas.

La mezquita-catedral de Córdoba


 

               En todas las ciudades de España hay catedrales espléndidas, y en todas se puede decidir verlas o no. La visita a cualquier ciudad no cambia por este hecho. No sucede así con Córdoba, en donde irse sin ver el conjunto de la mezquita-catedral, sí cambia el resultado de la visita. La catedral de Córdoba es bonita y está integrada de modo mágico dentro de la mezquita, pero hay muchas catedrales muy hermosas en España, de hecho algunas elevarían preces por superar las 100 visitas diarias. Sin embargo, la mezquita omeya de Córdoba no es algo que puede verse ni en toda la península, ni siquiera en el resto del mundo. Es algo único, inigualable, majestuosa. No se comprende una estancia en la ciudad, que en algún momento no incluya una visita a la antigua mezquita de los omeyas, pese al excesivo precio de las entradas (10€).

              En el año 2014 no pudimos acceder a la mezquita-catedral por causa de los rígidos horarios impuestos por el Cabildo de Córdoba*, en los domingos. No debería ser así, y el culto podría coexistir con el  monumento, que también lo es. El Cabildo tiene que dar gracias el cielo por disponer de una joya arquitectónica única, que atrae de forma continuada a millones de personas de todo el planeta, y ser algo más generoso con el interés de los turistas por el monumento que custodian. Los domingos, en horario de culto, se podría reducir el itinerario de visitas por el interior, pero no cerrarlo de modo completo, y dejar a los turistas en el exterior. Córdoba entera  se ha desarrollado con la atracción de esta mezquita portentosa, y catedral desde 1236. No cabe ninguna duda en cuanto al carácter del edificio.

                                          Mezquita y Catedral

              Por alguna razón que se nos escapa, Fernando III, conquistador de Córdoba en 1236, protegió este templo. No ocurrió igual en tiempos anteriores o posteriores,  con las mezquitas aljamas de Toledo, Jaen, Granada, Sevilla, Toledo, Guadix, Almería y un largo etcétera. Es también claro que existió un consenso entre los conquistadores de Córdoba y su población para mantenerla en pie, mientras se derriban o caían en el resto de las ciudades. Este es un mérito que también hay que reconocer, porque la mezquita se mantuvo en su integridad.  En 1371 se edificó la Capilla Real y en 1523 Carlos V autorizó la construcción de la Catedral de Santa María, dentro de la antigua mezquita omeya. Dicen que el César español se arrepintió o dudó de la autorización, en estas palabras que se le atribuyen: «habéis destruido lo que era único en el mundo, y habéis puesto en su lugar lo que se puede ver en todas partes».

            Aceptando la veracidad de la frase de Carlos V, hay que decir que la catedral cordobesa se integra de modo perfecto dentro de la mezquita, sin derribarla, y en cierto modo la ha preservado hasta nuestros días. Una, la mezquita, es mantenida por la otra, la catedral, en una simbiosis casi perfecta. Los arquitectos encargados de construir la catedral, obraron un prodigio artístico. En la vecina Sevilla, el Cabildo hermano  no tuvo mayores problemas en arrasar con la mezquita aljama sevillana, dejando solo el alminar o Giralda. Es probable que en caso de no haber aceptado Carlos V la propuesta del Cabildo cordobés, la mezquita se hubiese desmoronado cualquier noche, como sucedió con la de Toledo tras la conquista. Gracias a todas estas extrañas circunstancias y suma de voluntades, hoy se puede disfrutar en un edificio sin parangón en el mundo; lo que demuestra que para preservar algo importante, a veces también es necesario ceder.

                          Chueca Goitia y la mezquita de Córdoba

           En su Historia de la arquitectura occidental, Chueca Goitia describe como:  Abderramán I inicia hacia el 780 la mezquita, un edificio de 11 naves perpendiculares a la quibla y 12 tramos, construido en solo 7 años y sin alminar. Para ello, los arquitectos omeyas tenían que solucionar dos problemas, uno el de las arquerías que sostienen el techo, junto con las canalizaciones de agua, y el otro el de la altura de la nave. «Para ello, levantaron sobre los capiteles una pilastra hasta llegar a la altura apetecida, donde podían arrancar los arcos sustentantes de la cubierta». Con el doble arco, lograron superar el problema del pequeño tamaño de las columnas disponibles de los antiguos templos y palacios romanos. Los arcos superiores son los sustentantes, y los más bajos cumplen la función de entibo, dando estabilidad y sujeción al plano sustentante. La altura de los arcos cordobeses es muy elegante, pero frágil. Los omeyas hallaron una brillante y esplendorosa solución, que distingue la mezquita de Córdoba de cualquier otra. Aún hoy, es la tercera más grande del mundo, con capacidad para 20.000 fieles, y es uno de los edificios en uso más antiguos del planeta.

       La doble arcada, con hileras que se cruzan en sentido longitudinal y transversal de modo interminable, permitió las sucesivas ampliaciones. La siguiente y más modesta, fue realizada por Abderramán II, que le añadió 7 tramos en dirección sur. Abderramán III, primer califa de Córdoba realizó obras de consolidación en la mezquita y construyó el gran alminar para la mezquita, hoy oculto por el campanario renacentista. La más esplendorosa arquitectónicamente, fue la ampliación de Al-Haken II (segundo califa de Córdoba) según refiere Chueca Goitía, que fijó el límite sur de la mezquita. El arco lobulado, las excelsas cúpulas de nervios, los arcos entrecruzados, la riqueza decorativa y el sublime Mihrab, son las aportaciones del segundo califa cordobés. La última ampliación y final fue la del gran visir de Al-Andalus, Almanzor, que casi la duplicó en superficie. Esta es solo una ampliación política, en palabras de Chueca Goitia, pues  ya no aporta nada desde el plano arquitectónico. Es una constante repetición de todo lo anterior, pero que la llevó a dimensiones únicas.

      Los gruesos muros exteriores que cierran la mezquita a modo de fortaleza, se han desplazado hacia el Sur y hacia el Este en varias ocasiones, en las arriesgadas ampliaciones. En realidad constituyen una muralla, con contrafuertes sucesivos y torres almenadas, que protegen el conjunto interior, desde hace 12 siglos.

     Nota:https://elalminardemelilla.com/2014/08/19/cordoba-cierra-su-mezquita-en-domingo/

 

 

 

La Ceca musulmana de Ceuta


       Ceuta fue el inicio del «gran paso», de la invasión árabe, con fuerte base poblacional bereber, a la península ibérica, en 711. Los árabes fueron llamados por una de las facciones visigodas en disputa por el trono de la monarquía visigótica, en clara descomposición y decadencia. El resto es conocido por todos. Ceuta es una gran ciudad desde los inicios de su historia, y bajo sus diferentes ocupaciones. Su posición estratégica la convertía en llave de cualquier movimiento de paso, tanto hacia un lado como hacia otro del Estrecho de Gibraltar.

         Ni portugueses ni ceutíes esconden su historia o la enmascaran bajo eufemismos. Los portugueses son los mayores navegantes de la Edad Media y del Renacimiento, en rivalidad solo con España. Exploraron y explotaron comercialmente la costa africana hacia el cabo Bojador, para lo que necesitaban una base militar en la retaguardia. El rey Juan I de Portugal preparó en gran secreto y sigilo, una gran armada, al mando del infante don Duarte, el condestable Nuño Álvares Pereira (vencedor de los españoles en Aljubarrota),  y en la que participó, entre otros, el padre de Beatriz de Silva.

        La Armada solo conoció su destino y misión unos días antes, cayendo sobre la ciudad el día 21 de agosto, venciendo cualquier resistencia y conquistándola en un solo día, del año 1415, casi un siglo antes de que España completara su «Reconquista». La empresa fue muy osada, pero es que tampoco había manera de oponerse a la flota de Portugal. Lo mismo ocurriría con Melilla en 1497 y la Armada enviada para su conquista.

                               La acuñación de moneda en Ceuta

         Ceuta tuvo Ceca propia, o fábrica de moneda, durante su etapa musulmana, que duró 7 siglos, uno menos que el Reino Nazarí de Granada. La razón de esa fábrica de moneda, probablemente debió de ser de carácter militar, con el fin de pagar a las tropas allí acantonadas de modo permanente. Almorávides, almohades y nazaríes acuñaron moneda en Ceuta. Hace ya algunos años hice esta pequeña colección de monedas, entre las que destacan las dos procedentes de la Ceca de Ceuta. Fernando Villada Paredes es el arqueólogo de la ciudad de Ceuta. Bajo su dirección y en colaboración con las Universidades de Málaga y Sevilla, se excavaron importantes restos de la época califal, tanto la puerta de la ciudad, encontrada en los sótanos del parador de turismo, como parte de la villa musulmana del centro de la ciudad. Tras la conquista de 1415, ni portugueses ni castellanos volvieron a acuñar moneda en Ceuta.

     Nota:http://www.numismaticamedieval.com/2015/01/el-dirham-almohade.html

Historia de Hita y su Arcipreste


   Paz, guerra y convivencia en la España musulmana (711-1492)             

                    Hita es una población de Guadalajara (río de piedra), que tiene en la actualidad 374 habitantes, según el último dato proporcionado por el INE.  Nos hemos fijado en ella, porque todo el mundo conoce esta población por la historia de su arcipreste, narrada en el Libro del Buen Amor.

                        Hace algunos años encontré un viejo  libro olvidado, en la ya casi desaparecida librería de Wally, Historia de Hita y su Arcipreste de Manuel Criado Val, en el que se explica la evolución del municipio, antes, durante y después de la dominación musulmana en España . Hita y su comarca resultan  un ejemplo perfecto, para ver que a lo largo de 8 siglos, hubo más paz que guerra, y más convivencia que intolerancia.

                            El historiador Fernando Aznar, en su libro La España medieval, explica como:  la dominación visigoda duró poco más de 200 años y supuso en retroceso en todos los aspectos de la vida cotidiana. Un buen número de ciudades fueron abandonadas y vieron diezmada sus población, la agricultura sufrió un estancamiento, y la mortalidad, especialmente la infantil, sufrió un aumento.

               Los ejércitos musulmanes atravesaron el Estrecho en 711, llamados por una de las facciones visigodas en lucha por el poder dinástico. El Estado visigodo no existía, por lo que salvo en la batalla de Guadalete, y en algunas otras pocas poblaciones, los musulmanes se limitaron a ocupar las ciudades existentes, sin oposición alguna, y con el consentimiento de las élites gobernantes locales. La musulmana fue una civilización urbanizadora, fundando muchas nuevas ciudades y haciendo resurgir a las decrépitas poblaciones visigodas. No hubo pues un cambio brusco y brutal, como afirma el arabista Serafín Fanjul, en Al-Andalus contra España.

                Manuel Aznar cita el documento de la capitulación de Orihuela, en la que se establece que: no podrán ser muertos sus hombres, ni cautivados, ni apartados unos de otros, ni de sus hijos ni de sus mujeres, ni violentados en su religión, ni quemadas sus iglesias.

                                     La historia de Hita

          La población, villa o castro hispanorromano de Hita siguió existiendo como tal, durante el periodo de dominio musulmán, bajo la fórmula del tributo a vasallaje. El algunos casos, como el de Hita, los musulmanes prefirieron fundar nuevas poblaciones en lugares más idóneos o que mejor se adaptaran a sus necesidades, y fundarán o utilizarán los cerros de Sopetrán, como base defensiva o de avance.

      Los reinos cristianos del norte, a donde también llegaban gran cantidad de refugiados, o de aquellos que no querían estar en territorios musulmanes, tardarán más de un siglo en iniciar una respuesta uniforme al poder de Córdoba. La situaciones de intranquilidad de intranquilidad se producían con las aceifas, o campañas de rapiña que los ejércitos musulmanes dirigían hacia el norte. La más célebre e inmortal de todas las aceifas,  fue la de Muhammad Inb Abí Amir, Almanzor, que alcanzó Santiago de Compostela en 997. Almansur murió en Medinacelli en 1002, después de asolar casi toda la península ibérica. A partir de aquí, los cristianos empezarán a organizar un frente común, y a hacer retroceder el territorio de dominio musulmán, hasta la conquista de Toledo por Alfonso VI en 1086.

         Salvo en esas etapas, los territorios conocidos como la Trassierra, en los que se incluía Hita, la vida no sufría alteraciones de las poblaciones mozárabes no sufrían alteraciones de ningún tipo. La inquietud a la zona de fronteriza que delimitaba el río Tajo, solo volvió tras la victoria musulmana en Alarcos, el 19 de julio de 1195 del Emir Yacub, frente a Alfonso VIII. La seguridad completa llegó 17 años más tarde, tras la victoria definitiva del mismo rey, frente a los almohades en Las Navas de Tolosa en 1212.       

       Las conquistas de Córdoba en 1236, y la de Sevilla en 1248, por el rey Fernando III, pondrán fin al periodo que suele denominarse como La Reconquista. a partir de ahí, y salvo pequeñas alteraciones del mapa hispano, en uno u otro sentido, ya nadie pensó en poner fin al Reino Nazarí de Granada, al que se consideraba como la provincia musulmana de España. Los reinos y condados cristianos obtenía muchos beneficios, cono los tributos e intercambios comerciales con el Reino Nazarí.

        Todo aquello, la esplendorosa civilización cordobesa, el islam de Al-Ándalus, desapareció con la irrupción del fanatismo almorávide en 1086, y las grandes quemas de las bibliotecas musulmanas de Sevilla y Córdoba. Como reacción a esto, los reinos cristianos se fueron haciendo cada vez más intolerantes, demoliendo a su vez todo lo que encontraban a su paso, como la mezquita de Toledo en 1090, o la de Sevilla poco después de la conquista, y de la que solo dejaron el alminar conocido como La Giralda. El triunfo de la intolerancia religiosa en el solar peninsular, alcanzó su punto máximo con el reinado de Los Reyes Católicos y la eliminación del Reino Nazarí entre 1482 y 1492, y sobre todo, con la gran quema de libros musulmanes en la plaza de la Bib-Rambla de Granada, ordenada por el Cardenal Cisneros, en enero/febero de 1500.

Nota:http://www.hita.es/web/index.php

El alminar de Bollullos de La Mitación


                            Bollullos de La Mitación

          Hay cosas, nombres o lugares, que llaman nuestra atención mucho antes de que nos encontremos con ellos. Son lugares, nombres, cosas, que nos están esperando de alguna manera.

         Bollullos de La Mitación es una pequeña localidad sevillana, situada en el centro del Aljarafe, comarca que era el granero de la Sevilla musulmana.  El asedio y conquista de Sevilla duró más de un año, desde agosto de 1247 hasta noviembre de 1248. Hay que decir que la reconquista cristiana fue completa, extensa y profunda. No quedó nada del Islam de Al Andalus, en ningún sentido.

          Las mezquitas o se cayeron o fueron derrumbadas. En una primera etapa fueron adaptadas al culto cristiano, pero en cuanto existió la posibilidad económica, se construyeron nuevas iglesias sobre la planta de las antiguas mezquitas. Solo en algunos casos sobrevivieron los alminares, transformados en campanarios. El caso más conocido es la torre conocida como La Giralda, que es campanario en un tercio de su edificación, y alminar en los otros dos.

            Encontrar un alminar completo, sin transformación alguna es difícil, pero más aún lo es que también conserve la antigua edificación de la mezquita, aunque adaptada al culto de Cristo. Este es el caso del alminar de Bollullos de La Mitación, y de la ermita de cuatrovitas.

             Las tradiciones cristianas en el Aljarafe de Sevilla tiene raíces profundas. En esta ermita, a unos cinco kilómetros del pueblo, celebran un romería con traslado de la Virgen de Cuatrovitas, que se lleva a cabo el día 25 de julio, día de Santiago. La imagen se transporta desde su ermita hasta la parroquia de Bollullos, sobre los hombros de las mujeres.

                                          La ermita de Cuatrovitas

              La antigua mezquita de Cuatrovitas parece proceder del principios del siglo XII ( en torno al año 1100), al menos su alminar, y está edificada en un paraje en donde no hay ninguna pequeña villa próxima. Está aislada en medio del campo, rodeada de olivos, en una localización bella,  insólita y mágica. El aspecto interior y su tamaño, son casi similares a los de la antigua mezquita de Fiñana (Almería), de la que también hemos escrito, aunque esta última no conserva el alminar.

           En septiembre del año 2011, en la etapa menos conocida del Alminar de Melilla, utilicé una imagen de este alminar para una entrada relativa a «los amigos» del blog, y su entonces incipiente comunidad. Cuatro años después, el tiempo nos ha colocado en la situación de poder verlo y visitarlo, incluso de encontrar la ermita abierta, algo no habitual, si se piensa en el lugar en el que está ubicada. La Virgen de Cuatrovitas será desde ahora nombrada como protectora del Alminar de Melilla.

        El lugar y el camino hacia la ermita y su milenario alminar no está suficientemente indicado. La zona es inhóspita. Parece más una pequeña ruta o camino iniciático. Algunos lugares se preservan mejor si no son demasiado conocidos. Esta ermita fue declarada Monumento Nacional en 1931. Es un lugar magnífico y que merece ser dado a conocer.

   Nota: https://elalminardemelilla.com/2011/09/05/los-amigos-de-el-alminar-de-melilla/